ISA HDEZ

Cuando se marchó su padre pasaba las noches en vela, y sentada en la cama miraba a través de su ventana el cielo estrellado. Contaba las estrellas por si alguna de ellas le respondía, y en las noches de luna llena esperaba para verla pasar y mandarle el poema que le escribía esa semana. Tenía la esperanza de que la luna o alguna estrella fugaz le enviara la respuesta. Pero la respuesta no llegaba y las noches pasaban sin respuestas y sin compasión para Lucía. No sabía aún que la tristeza, la pena y el lamento solo llevaban a la desidia, y era necesario avivar el cuerpo y el alma para prepararse y, que la próxima embestida te encontrara con fuerzas para que, el abatimiento no te recluyera en tu propio cerco, —pensaba su madre. Todo hay que ir aprendiéndolo a medida que lo vivas, no valen los cuentos o los consejos ni lo que le pase a otra persona porque nada es comparable, ni siquiera nos comportaríamos de la misma manera ante escenarios similares. Precisaba expresarse y echar afuera su sentimiento constreñido, necesitaba averiguar los medios precisos que relajaran su mente, convenía dejarse ayudar. Su madre se lo repetía una y otra vez, pero Lucía no la escuchaba, su pensamiento seguía perdido en alguna estrella. Solo el amor, la comprensión y el tiempo serían testigos de lo que debería acontecer. ©

Un comentario sobre “El desvelo

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