GILDEROY

Parte 8

 Después de que salieran del local me quedé un rato solo en la pista de baile sin saber muy bien qué hacer. Ya no tenía ningún interés por estar allí, y con la tía aquella acosándome era mejor largarse cuanto antes. Eran las dos, no era una hora mala para irse. A esas alturas de las fiestas mis amigos ya están todos colocados, hablando con amigos o tías así que no solían echarme de menos. Me despedí de Paco, que intentó convencerme de que me quedase y después me fui. Volviendo a casa me sonó el whatsapp. Era Noemi.

– Ey, ¿cómo lo has pasado? ¿Has mirado bien?

– Sí. ¿Vas a tu piso?

– Si… con Pablo. ¿Te parece bien?

– Supongo, no sé.

– Si te parece mal que lo haga con un amigo tuyo, le digo que se vaya y punto. Hay mucha más gente.

– No, no es eso. Si caliente estoy. Pero es lo de siempre. Que ya de aquí hasta que quedemos para que me lo cuentes pues… estoy solo. No puedo mirar ni nada.

– Ya, A mí también me gustaría que nos vieses. Pero bueno, te prometo que algún día lo haremos. Hasta entonces, tendrás que conformarte en imaginarnos. Imaginar cómo me folla, cómo voy a chupársela…

 – Uf.

 – Y tú ten cuidado con Vanesa. Quiere acostarse contigo.

– ¿La de la resi?

– Sí. Ya he visto como hablabais.

– ¿Y quiere que nos acostemos?

– Sí. Eso me ha dicho. Va a piñón por ti. No quiero ni que te toque.

– De todas formas ya me he ido. Estoy llegando a casa. Solo.

– Am. ¡Qué guay! Yo a casa con un tío para follármelo, y tú a casita solo, a esperar que yo termine.

– Sí.

– No te preocupes que no voy a dejarte al margen de todo. Quiero que participes. Ya encontraré la manera. Y bueno te dejo, que Pablo no para de meterme mano y de intentar besarme.

 Así que yo tenía razón, la tía aquella quería rollo. ¿Por qué? O sea que si quisiera, ahora mismo podría estar yo con otra tía también. Y sin embargo estaba solo en casa, mientras mi novia iba a acostarse con otro. Era tremendamente excitante. Para más inri, cuando estaba llegando ya, Noemi me envió una foto. Un selfie. Salía ella con Pablo besándose. Estaban sentados en el metro, y Pablo le comía la boca. No era un pico, le estaba metiendo la lengua. ¿Eso quería decir Noemi con no dejarme al margen? Era un detalle la verdad… ¿Me mandaría más de esas? Nada más entrar en mi piso empecé a cascármela. No quería correrme, pero también estaba muy impaciente, porque no sabía si me mandaría más o no. Ella tardaría más tiempo en llegar que yo, pero cuando empezaran a follar, no se iba a poner a hacer fotos… ¿o sí?

 Yo mientras me había cambiado y metido en la cama, sin parar de pajearme. Al cabo de una media hora, me llegó otra foto. Esta era mucho más específica. La había hecho Pablo. Estaban en el cuarto de Noemi, que yo tan bien conocía ya. Él estaba sentado en la cama, y Noemi estaba de rodillas en el suelo, entre sus piernas, con su polla en la boca, y mirando hacia arriba, al objetivo. Nunca la había visto, pero Pablo tenía una buena polla. Muy larga e imponente. La luz de la habitación estaba encendida, Pablo tenía los pantalones por los tobillos, y Noemi todavía estaba vestida. Con esa ya sí que no pude aguantarme. Le di, le di hasta que me corrí, sin parar de mirar la pantalla. Inmediatamente después me volvió esa sensación de tristeza característica. Quité el móvil me limpié y me acosté pensando en ello. ¿Siempre iba a pensar así? No podía estar toda la vida excitado, para que aquello me pareciese bien. ¿Eso era que no me gustaba realmente? La verdad es que preferiría estar con Noemi en ese momento, que allí solo. O con la tía de la disco, tirándome a una nueva. Como Pablo, que con Noemi ya debía haber estado con 11 por lo menos. Yo también  quería ser así de guay… ¿Qué estaría haciendo Noemi? Uf… ya empezaba a calentarme de nuevo, así que me concentré, me di la vuelta e intenté dormirme.

            Sobre las 5 me desperté de nuevo. Creí que ya era de día, porque había sonado la alarma, pero cuando miré el móvil, vi que no era la alarma, sino un mensaje de Whatsapp. De Noemi. ¿A las 5? Entonces recordé la noche anterior, y lo abrí rápidamente. Era un video. Le di y con el wifi cargó rápido. Duraba unos segundos. Grababa de nuevo Pablo, que estaba de rodillas sobre la cama, con Noemi a cuatro patas delante suya. Se la estaba metiendo, al tiempo que con una mano grababa, con la otra le agarraba el culo. Noemi tenía la cara apoyada sobre el colchón, con los ojos cerrados y gemía. Pablo también gemía fuertemente, dando embestidas fuertes. Noemi tenía los brazos hacia atrás, y se agarraba a las piernas de Pablo, para ayudarlo con las embestidas. En unos segundos, Pablo la sacó, se quitó el condón rápidamente, y empezó a correrse sobre la espalda de Noemi, y su culo. Un gran chorro le llegó hasta el cuello. Ella sonreía de placer, y Pablo daba los últimos barridos mientras se la escurría del todo. Justo ahí paró el video. Eran unos 15 segundos, pero sirvió para conseguir empalmarme y casi correrme. ¿Aún estaban liados? Y Pablo era el que grababa, ¿pero quién me mandaba las cosas? ¿No sería él no? ¿Sabía a quién se lo mandaba? En ese momento me dio igual. Me metí la mano en el pantalón y empecé a meneármela, mientras veía el video de nuevo. Casi me corro, pero se terminó, y fue entonces cuando me di cuenta que seguía escuchando gemidos. Estos venían de fuera del móvil. Paco y Ana también estaban chingando. Todos estaban follando en ese momento, menos yo porque mi novia estaba con otro. Eso me excitó muchísimo, así que le di al play de nuevo y en esa pasada sí que me corrí. Estaba tan cansado que me quede dormido sin haberme limpiado y con el móvil encima.

            A las 7 y media sonó de nuevo el móvil. Esta vez me desperté más rápidamente por tenerlo al lado, y lo abrí rápidamente. La casa ya estaba silenciosa, pero Noemi seguía liada con Pablo. Esta vez era solo una foto. Pablo estaba tumbado sobre la cama,  Noemi estaba encima, cabalgándole, con los pelos por la cara. Pablo le agarraba una teta. Todo el pecho de Noemi brillaba en sudor ante el flash del teléfono. Ya habían apagado las luces. Me hice otra paja. Me noté un poco pegajoso de la anterior, pero me dio igual. Me dolía incluso un poco la polla, la notaba como cargada. Vi un poco la foto, y luego vi de nuevo el video, y terminé. Ya apenas salía nada, así que me limpie un poco con papel y volví a dormirme.

 Ya no sonó más el móvil, y me desperté por mi cuenta sobre las 12, a causa del calor del sol que entraba por la ventana. Tardé de nuevo unos segundos en recordar lo sucedido la noche anterior. Miré rápidamente el móvil pero no tenía más mensajes. La última vez que Noemi se conectó fue a las 7, para enviarme la foto aquella. ¿Debería llamarla? ¿O mandarle un mensaje? Ya debería estar despierta. Aunque sí había estado follando hasta las 7, quizás no. Decidí mándale un mensaje. Tardó un minuto en contestar.

¿Qué haces?

Durmiendo. Pablo está aquí aun. Te aviso cuando se vaya.

Lo dicho, que estaban reventados de tanto follar. Me hice otra paja viendo el material que me había enviado Noemi la noche anterior, y después me levanté. Paco y Ana estaban desayunando.

 – Ey que tal anoche. ¿Por qué te fuiste tan temprano?

– Estaba cansado.

– ¿Pero qué paso con la tía aquella? Estaba detrás tuya ¿no?

– Nah, no creo.

– Como que no. Si estuvo todo el tiempo buscándote, y después cuando te fuiste, nos preguntó que dónde estabas.

 – Que pesada la tía.

 – ¿Pesada por qué? Si estaba buena.

– Si bueno, pero no quiero nada con ella.

– ¿Y eso?

– Pues… no sé. Me gustaría empezar en serio con Eva el año que viene, y no quiero estar con nadie más hasta entonces.

– ¿De verdad?- dijo Ana ilusionada. No era verdad, pero servía para salir del paso.

– Menudo idiota.

– Hombre… a mí me parece bien que quieras estar con mi hermana… Pero ya te digo desde ahora, que aunque ella también quiere algo contigo el año que viene… no va a reservarse. Vamos que se ha liado ya con un tío desde que volvió al pueblo.

– Ah- eso era bueno. A ver si me olvidaba.

– Pero no te preocupes, que ella quiere seguir estando contigo. Te digo esto para que si es por eso, no te preocupes. No hay de malo en desahogarse un poco.

 – Hay que ser guarra… -saltó el Paco.

– Ah claro, si las tías nos liamos con muchos tíos, somos guarras, pero los tíos no ¿Verdad?

– No los tíos también. Mira a Álex. Un tío honorable. Leal. Qué es eso de querer estar con alguien y liarse con otro.

            El resto del desayuno transcurrió así, debatiendo el asunto. Después me fui a duchar y regresé a mi habitación, a ver si se sabía algo de Noemi, pero nada. Hasta la 3 no volví a saber nada de ella. Acababa de comer, y cuando regresé a la habitación, vi que me había hablado.

Pablo ya se va a ir. ¿Quieres que quedemos ahora?

Sí.

Vale, pues vete viniendo. Si no estoy en el cuarto, estaré en el comedor.

Tarde un poco en llegar, porque los domingos hay pocos metros. Noemi estaba ya en el comedor, terminando de almorzar su desayuno.

 – ¡Hola!- me saludó alegre.

 – Hola. Te has levantado tarde ¿eh?

 – Joder tío, si es que no dormí nada… Hasta las 7 no paramos.

 – ¿Toda la noche… ahí liados?

 – Sí.

 – Pero os acostabais y os levantabais ¿no?

  – No. Sin parar… ya te contaré. Es que tu amigo es todo un semental- miré alrededor, por si alguien nos miraba-. ¿Te gustaron las fotos?

 – Si… Me despertabas a cada rato, y no podía parar de hacerme pajas.

 – ¿Si? Esperaba que te gustasen.

 – Pero, ¿cómo las mandabas? ¿Él sabía algo?

– No. La verdad es que no fue nada fácil, pero no quería dejarte al margen. Le dije de hacernos unas fotos, y le gustó porque le dije que se las iba a pasar, pero obviamente no lo haré. Así que de vez en cuando le pedía que me hiciera alguna. Él no las mandaba. A ti te llegarían con un poco de retraso. Porque hacía la foto, y dejaba el móvil, y seguimos. Y cuando íbamos a hacer la siguiente, yo cogía el móvil y aprovechaba para mandar la anterior, antes de dárselo y que me grabara. La última por ejemplo, ya hacía rato que nos habíamos acostado. Esperé que Pablo se durmiera para enviártela. ¿Has visto cómo me preocupo por ti?- sonreí.

 – ¿Y cuántos echasteis?

 – Pues… 3. Uno con cada foto que te mande. Bueno, y otro esta mañana antes de irse. Pero esta mañana no te mande nada porque quería acabar pronto. Estaba cansada, lo hice un poco por cumplir. Pero es que este chico es insaciable- me empecé a poner celoso.

 – ¿Pero fueron seguidos? No descansasteis ni nada en medio o cómo.

 – Qué va. Si es que al parecer, Pablo cuando se corre, no pierde la erección. Según me contó, le pasa desde chico, y ha tenido varios problemas con eso, ya me entiendes, porque es que además el tío la tiene grande, se le nota el bulto. Entonces si se ponía cachondo, pues tenía que ir por ahí una hora con eso marcando hasta que se le pasaba, y se metían con él en el colegio. Pero dice que lo superó, y aprendió a usarlo en su favor.

 – Que no pierde la erección como.

 – Pues que una vez se empalma, no se le cae, aunque no se toque. Según él dice que tarda 1 hora en que empiece a bajarle. Si quiere que baje antes tiene que hacerse por lo menos dos o tres pajas. Después del primero me estuvo contando todo esto un rato y no se le bajó ni un poco, cuando fuimos por el segundo, seguía tan tieso como al principio. Y al tercero igual. Vamos cuando nos dormimos, él seguía teniéndola dura. Y esta mañana igual, después del primero, quería más. Y ya le dije que no, que tenía que trabajar y tal, pero es que en verdad estaba cansada. Entre lo de ayer, y esto… Es la primera vez que estoy con un tío que es más insaciable que yo- me tuve que dar un apretón en la polla-. Y luego además que el tío aguanta bien, ahí estuvo dándome, pum pum pum una hora sin parar y el tío no se corría. Y le dije: grábame corriéndote encima mía. Y coge el móvil, zas zas y se corre en un segundo. Impresionante el control que tiene- bajé la cabeza, cada vez más celoso-. ¿Estás celosillo?

 – Hombre.

– Que pasa, te gustaría ser así ¿no?

– Porque no lo soy ¿no?

– Eres distinto, tienes otras cosas buenas. Pero no me negarás que eres capaz de aguantar, porque por más que te prohíbo-

– Es que me pones muy cachondo.

– Ya, si yo lo sé. No me estoy quejando. Te sigo prefiriendo a ti mil veces. Pablo folla bien y tal, pero de personalidad, es un poco pavo la verdad.

 – Si, supongo. A nosotros ya nos había contado lo de que no se le baja. Pero creíamos que era un cuento. Es un poco fantasma, y decía que él fabricaba viagra de forma natural.

 – Es que es eso. Yo cuando me lo dijo, no me lo creí. He estado con muchos tíos, y me han contado de todo. Pensé que habría tomado viagra, y por eso la tenía siempre dura. Pero que va, no es un cuento. Por la noche mientras dormía, la tenía normal, morcillona, pero no empalmada. Y cuando vi que a la mañana siguiente, tras el primer polvo seguía igual… No se tomó nada mientras estaba conmigo. Me emocioné un poquito la verdad. Hasta le di mi número. El auténtico quiero decir. Me gustaría quedar otra vez con él. Podría pasarte más fotos interesantes.

– Estaría bien.

– Y respecto a las fotos. Quiero que las borres.

 – ¿Por qué?

– Porque no me gusta tener el móvil lleno de cosas de esas. No te preocupes, yo te voy a pasar muchas más. Pero cuando las veas, las disfrutas un par de veces, y luego las borras, ¿vale?

 – Está bien. Aunque me da mucha pena. Eran geniales.

 – Si, pero ya te digo, te voy a pasar muchas más.

 – Bueno.

 – Entonces qué hacemos hoy- dijo, haciendo el amago de levantarse. Hacía rato que habíamos terminado.

 – Pues yo llevo ya con ganas de quedarme a solas contigo un tiempo.

 – Uf no por favor… Estoy muerta de verdad. Si es que me he tenido que poner chándal, porque hasta con un vaquero apretado me molesta. Voy a tener que quedar con Jorge, porque el coño lo tengo ya de verdad que fatal. Pero no te preocupes, vamos arriba y te haré algunas cosillas, que te has portado muy bien- subimos a su habitación. Por el camino estuvimos hablando-. ¿Has probado el cacharrito más veces?

–   No, ayer me lo puse un poco por la mañana y ya está. Esta semana quiero probarlo a ver qué tal.  Oye y la tía esta de la residencia… Vanesa. ¿Cómo sabes que quiere acostarse conmigo?

 – Porque me lo dijo anoche cuando salimos. Al parecer nos oyó el otro día, y di la impresión de que estaba disfrutando mucho… asique están interesadas en ti. Les dije que yo quería seguir liándome contigo, que no fueran a por ti, pero no les importo mucho. Ni aunque fueras mi novio se cortarían un pelo creo yo.

 -Pues vaya amigas.

– No son amigas. Son compañeras de juergas. Con ellas sólo quedo para salir de marcha y eso. Así que ten cuidado, porque puede que las dos vayan detrás tuya. Pero vamos, que ni se te ocurra.

–  Jaja. Bueno, no sé. Tal vez me apetezca, ya que tú estás tan cansada…- me echó una mirada asesina, y paré la broma en seguida.

– Vamos es que ni se te ocurra tontear con esas. Ni con esas ni con nadie. No voy a pasarte otra como la de la guarra aquella. Anoche cuando me fui, estaba preocupada por lo que pudiera pasar, pero confié en ti. No vayas a decepcionarme.

– Ya lo sé, era solo una broma.

 – Pues no bromees con eso, porque no me hace ninguna gracia.

 – Vaaale…- y dejamos el tema.

            Al entrar al cuarto, vi que estaba todo aun revuelto. La cama sin hacer, la caja de condones y un montón de clínex usados en el escritorio, envoltorios de condones por el suelo, e incluso los condones usados todavía en la mesita. El ambiente estaba cargado hacía calor y olía aun un poco a sexo, porque no había abierto las ventanas. Anda que Pablo iba a ayudar a ordenar antes de largarse.

            – No me ha dado tiempo a ordenarlo. En realidad no me apetecía. Anda sé bueno, y límpialo todo un poco, mientras yo me ducho. Sé un buen cornudo, y comprueba los condones, no sea que estén rotos o algo. No querrás que tu novia se quede embarazada de otro, ¿verdad?- ella además de los condones tomaba la píldora, así que eso sólo lo dijo para calentarme.

 Me dio un beso en la mejilla, cogió las cosas para ducharse y se fue. La verdad es que sabía cómo calentarme la tía… Me tocaba recoger la habitación donde mi novia y su amante había pasado la noche follando. Tiré todos los papeles a la basura, y luego comprobé los condones. Los 4 aún estaban húmedos, pero de los flujos de Noemi. No se habían roto ni nada, así que los tiré todos. Aquello me estaba excitando muchísimo, así que me puse a pajearme, mientras seguía trabajando. Abrí las ventanas, hice la cama, y doblé y guardé la ropa de Noemi de la noche anterior, que estaba por el suelo. El tanga que había llevado era una minúscula pieza negra, mojado en la zona del coño. Olía a sus flujos. Sujetador no encontré.

 Cuando acabé, me tumbé en la cama y seguí masturbándome hasta que ella llegó, que me tape de nuevo. Iba envuelta en una toalla, y el pelo mojado le chorreaba por los hombros. Miró a su alrededor satisfecha.

 – Muy bien… Así me gusta. Aun me duele el coño, pero si quieres, puedo hacerte un trabajito…

 – ¿Y el culo?- dije de repente, sin pensarlo.

 – Qué pasa.

– Que podría darte por ahí, ¿no?- recordé su comentario anterior respecto a que tenía que llamar a Jorge, y tampoco habíamos hablado nunca de darle por el culo-. Dijiste que eso no te dolía.

 – Si bueno. Pero mi culo… no es para ti. Es sólo para Jorge.

 – ¿En serio?- no sabía si flipar o ponerme cachondo.

 – A ver… Es que con Jorge siempre estoy de ese rollo, él es el único que me da por culo, y desde que empecé a hacerlo con él, no lo he hecho con nadie más. Ahora que estoy contigo… ni siquiera me había puesto a pensarlo la verdad. Claro tú eres mi novio, tienes derecho también. Aunque me excita que tengas restringida esa zona… que sólo sea para mis amantes… Pero es sólo una fantasía, si quieres lo hacemos y punto.

 – No sé… Por un lado te entiendo, es excitante que me lo prohíbas… Pero luego en la realidad, no sé. No me gusta que alguien conozca cosas tuyas que yo no. Quizás debería probarlo una vez, sólo para decir: eh, yo también lo he hecho. Y si eso luego ya pues me lo prohíbes, pero al menos lo he probado.

 – Vale, como quieras.

– A ver… no es que quiera. Porque es mejor no haberlo hecho nunca, está claro. Que me provoques con eso, que me tortures, diciéndome lo guay que es, y yo sin saberlo… Pero no sé, creo que es algo que debo hacer.

 – Oh claro. Ya estamos con las normas sociales de nuevo, ¿no?

 – Un poco.

 – A ver, eso es una tontería. Yo siempre voy a estar aquí. Y mi culo también. No tengo ninguna intención de dejarte escapar.  Así que puedes pedírmelo cuando quieras. Si quieres podemos seguir jugando a eso, y disfrutar del placer de no haberlo probado nunca, y que otros sí… Y si un día te hartas, y te apetece mucho probarlo, pues lo hacemos y punto. No es ahora o nunca ¿sabes? Puedes tener las dos cosas. Que te humille, por no saber cómo es. Disfruta un tiempo de esa sensación, de esa humillación, porque una vez que lo hagas, ya no podrás tenerla de nuevo. Y luego más adelante, en un tiempo, me lo dices en serio: oye mira, que quiero probarlo. Y ya está.

 – Si supongo. Eso pinta bien. ¿Y cómo es?

 – Para mí o para ti.

 – Para el tío.

 – Bueno… pues gustar os gusta más. Está más apretado y tal. Os da más placer, al menos los primeros minutos, luego ya se dilata mucho, y es lo mismo. Aunque tienes que echar mucho lubricante, sino puede estar áspero y molestaros. Pero claro, no es algo para hacer todos los días. Es más coñazo. Yo tengo que haberme limpiado bien previamente, e incluso así, alguna vez, puedo llegar a mancharte la polla un poco. Y quieras que no, dolerme me duele, aunque me excite. Al terminar siempre me molesta un tiempo. Es sólo como un aliciente, para añadirlo de vez en cuando.

 – O sea que mola más.

 – Sí. Bastante más. Pero eso no es para ti. Eso es sólo para mis otros amantes. Tú tienes que conformarte con mi coño. Y hoy está cansado, así que ni eso. Te voy a dejar que te hagas una paja, y ya está.

 – ¿Pero házmela tu no?

 – ¿Eres muy exigente sabes? Voy a tener que corregir eso. Ya te he dicho que estoy cansada. Da gracias que te dejo hacerte algo. Ponte de rodillas- obedecí. Ella se apoyó en el borde del escritorio, y levantó su pierna, a la altura de mi cara, para que le lamiera el pie-. ¿Qué has hecho con los condones usados?

 -Los he tirado.

 – Trae uno.

 – Para qué.

– Que lo traigas- obedecí. Busqué en la papelera y le llevé uno-. Puedes tocarte si quieres. Pero no pares de lamerme.

            Me bajé los pantalones, y volví a ponerme de rodillas, aguantándole el pie a la altura de mi boca, mientras me pajeaba. Mientras miraba hacia arriba, para ver qué estaba haciendo ella. Sacó el condón de los papeles donde yo lo había metido, le quitó el nudo, y puso la punta sobre su rodilla. Después la apertura, la fue bajando a lo largo de su pierna, hasta que empezó a soltar algunos hilos, que fueron bajando hasta su pie. Algunas gotas se deslizaban por el lado hacia su muslo, pero otras llegaron hasta donde yo estaba chupando. No paré, y ella siguió vaciando poco a poco el contenido. Estaba tan cachondo que me daba igual. Mientras se puso a hablarme.

 – Eso, no pares de chupar. ¿Ves esto? Es uno de los condones que ha usado Pablo para follarme… Me estuvo follando toda la noche. Qué bien lo hacía. Me follaba sin parar. Te gustaría follarme a ti también ¿eh? Pobrecito… Mírate, ahí pajeándote sin más. Tienes un minuto para correrte. Si no terminas, tendrás que parar.

 No sabía si lo decía en serio, pero esa orden me puso a cien. No la tenia del todo dura, porque estaba ya cansado, pero empecé a meneármela todo lo rápido que pude, concentrándome. Antes de lo que yo pensaba, ya dijo:

 – 30 segundos.

 Ahí fue ya cuando empecé a darme al máximo, que me empezaba a doler la mano. Al ratillo empezó con la cuenta atrás desde 10. Pensaba que esa presión igual me cortaba y no conseguiría acabar, pero lo cierto es que fue al revés. Me motivó y me excitó muchísimo, hasta tal punto que al 5 ya estaba echando la corrida al suelo.

 – Por los pelos…- dijo riéndose, y tirando el condón al suelo-. Ahora limpia todo esto, mientras me visto.

 Eso hice. Le limpié la pierna, luego yo y después el suelo. Luego me vestí, y volvimos a la normalidad.

 – ¿Qué hacemos, salimos o algo?-  Decidimos dar un paseo, y a la tarde ya nos separamos para seguir estudiando etc.

 La siguiente semana estuve probando la caja de castidad. Además lo primero que hice el lunes fue ir a hablar con Pablo. No es que fuéramos íntimos y realmente sólo nos veíamos para salir. Era un compañero de juergas y en el campus no quedábamos nunca pero esa vez quería saber qué opinaba de la noche anterior, que me contara cómo le fue etc. Tenía que ser muy morboso que él me contase sin saberlo cómo se había acostado con mi novia. Así pues a la 1 fui a almorzar al comedor de su facultad. Lo busqué por la zona y pasé por su lado como quien no quiere la cosa para que me viera. Estaba comiendo con amigos.

 – Ey Álex- me dijo al verme-. ¿Y tú por aquí?

 – Hola, es que tenía que hablar con un profesor aquí y ya pues me quedo a comer.

 – Aham. ¿Te sientas?

 – Si claro-. Y continuó charlando con los amigos. En una pausa aproveché para preguntarle-. Oye y la tía de la otra noche qué.

 – ¡Puf! Impresionante tío. Eso le estaba contando a esta gente antes. Guarra pero guarra. Y viciosa como ella sola tío. Me pidió que la grabara y todo. Haciéndolo.

 – ¿Si?

 – Ya ves tío. Me dio su número también. Este finde la llamo. A ver si me pasa las fotos y eso y te las enseño. Estaba buena que te cagas y estuvimos dándole toda la noche. Vamos yo no recuerdo ninguna tía como esa. Y mira que he probado, tú ya sabes.

 – Que cabrón. ¿Y vas a llamarla de nuevo? Eso es raro en ti.

 – Ya tío pero es que esta pava no es como cualquiera. Yo creo que me estoy enamorando y todo.

 – ¿¿Que qué??

– Illo es que es una tía de puta madre y en la cama es la bomba. Yo voy a ir a piñón fijo.

 – Pero, ¿ella también está por ti?

 – No me extrañaría. Estaba encantada. No sabes cómo gritaba la perra. Y flipando cuando le conté lo de que puedo estar horas empalmado. Vosotros os reis de mí, pero a ver si os la presento y que os lo cuente ella. Vamos al principio también me miraba en plan: mira el fantasma. Pero luego pudo comprobarlo ella misma en persona, Jaja. La tía flipando. Seguro que no la han follado así en su vida.

 – ¿Pero qué hicisteis?

 – Venga yo esas cosas no las cuento. Solo diré que echamos por lo menos 5 que recuerde jaja – y me miró riendo auto suficiente.

 Seguimos comiendo sin sacar más el tema y luego me fui a mi facultad. ¿Tanto le había gustado a Noemi? Es cierto que Pablo era un poco fantasma pero, lo de las erecciones al final era cierto. ¿Y eso de que se estaba enamorando? Tendría que decírselo a Noemi, para que anduviera con cuidado. ¿O no debería decírselo? Si se enteraba que Pablo estaba por ella… ¿No querría estar ella con él también? ¿Y si me dejaba por él, viendo la posibilidad de que Pablo quería establecer una relación seria? ¿Y si se enamoraba de Pablo?

 Esas preguntas me rondaron toda la semana. Al mismo tiempo, fui probando la caja de castidad. Me la ponía siempre que estaba en casa. Pude probarla en la ducha, se limpiaba y se secaba bien, no se notaba si estaba flácida… Incluso lo probé con vaqueros, y hallé la forma de que no se notase, daleándola hacia un lado y poniéndola junto a la pierna. El problema eran las noches. La primera no me lo esperaba. Me desperté de repente eso de las 4, con un dolor tremendo. Era un malestar general, y tardé unos segundos en descubrir que era. Me dolían los huevos muchísimo. La erección nocturna había estado apretándolos hasta que me despertó el malestar. Me lo quité, y se pasó en seguida. ¿Era eso normal? Porque así desde luego no podía dormir.

  A la noche siguiente pasó lo mismo, de modo que por la mañana se lo comenté a Noemi. Me dijo que era normal los primeros días, pero que luego uno se acostumbra. Las erecciones nocturnas no eran completas, sólo se hinchaba un poco el pene, y la caja se estiraba lo suficiente para eso. Únicamente había que acostumbrarse y que el escroto fuera un poco más elástico. Yo no me lo creí mucho, pero lo seguí intentando. También me dijo que no me lo quitara por la noche, que me levantara diera una vuelta, meara y luego me acostase. Eso hice esa noche. Me desperté como siempre pero fui al baño, y a la vuelta se me había pasado. Pude dormir ya hasta el día siguiente.

            El miércoles salí con él a la calle. Fui a comprar y a hacer algunos recados. Llevaba la llave del candado en el llavero, por si acaso. Y el jueves lo llevé a la universidad. Fui bastante acojonado, dispuesto a ir al baño corriendo, y quitármelo si hacía falta. En el metro, y en las clases me daba la impresión de que todos podían descubrirlo. Pero no ocurrió nada extraño. Apenas se notaba, podía andar sin problemas, y al mear simplemente entraba en una cabina, por si acaso el de al lado echaba un ojo en el urinario. Naturalmente, me hacía pajas a cada rato. Me lo quitaba, me pajeaba y me lo volvía a poner. Imaginé, que si no podía quitármelo, la cosa no sería tan sencilla. El viernes lo tuve puesto todo el día, y después de la facultad, quedé con Noemi, y lo llevé puesto. Nos saludamos, nos besamos, y no se dio cuenta.

 – Cómo está ese coño.

 – Mejor.

 – ¿Podré usarlo este finde?

 – Tú no sé. Pablo seguro.

 – ¿Y eso?

 – Me ha llamado hoy. Para quedar este finde- decidí contarle mi conversación con él.

 – Deberías tener cuidado. Me contó el otro día que se estaba enamorando de ti.

 – ¿¿En serio?? ¿Y eso?

 – No sé. Yo no veo a Pablo de ese estilo. Pero al menos seguro que quiere tener un rollo largo contigo.

 – ¿Tanto le gusté?

 – Bastante. Y según me contó él, a ti también te gustó mucho. Flipaste bastante con su polla, dice.

 – Jaja. Tanto como flipar no diría yo. Pero sí que me resultó interesante- bajé la cabeza-. No estarás celosillo ¿no?

 – Claro que estoy celoso. ¿De eso se trata todo esto no? Estoy celoso y eso es lo que me excita. Si no me pusiera celoso, si no me importara con quien te lías, no me pondría cachondo.

 – Cierto.

 – Pero, no sé. Me preocupa que si insiste mucho, puedas querer tener algo con él.

 – Qué tontería. Yo estoy contigo. Ya te he dicho que Pablo me gusta, pero no querría tener nada serio con él. Ni loca.

 – Ahora mismo no, quién sabe más adelante. Si seguís liándoos, si sigues flipando con él…

 – La gente no se enamora porque follen. La gente suele enamorarse de personas que no conocen. Y si les impides tenerlos, más aún. Más tienden a idealizarlos. Las expectativas suelen bajar al enrollarse y follar, porque ya no queda nada más. Ya has visto todo lo que hay. Cuando piensas en alguien, con quien no puedes estar y tal, sueles pensar: seguro que es bueno en esto, seguro que es romántico, agradable etc. Luego generalmente no suele ser así. Yo de Pablo ya tengo todo lo que quiero. ¿Para qué voy a querer estar con él? ¿Enamorarme? Para qué, si lo único bueno que tiene es el sexo, y eso ya lo tengo.

 – No sé.

 – No te preocupes por Pablo. Yo quiero estar contigo. Si empezara a salir con Pablo, ¿crees que me dejaría hacer las cosas que me dejas hacer tú?

 – No, desde luego que no.

 – Pues ya está. Ya te conté como soy, lo que necesito. Sólo contigo puedo ser feliz. – le sonreí-. Y con Pablo… bueno tendré cuidado. Si veo que se pone demasiado cariñosito pues pasaré de él un tiempo. Le dejaré claro cuando quede con él que sólo quiero rollo- anduvimos un rato, hasta que me acordé.

 – Pues tengo una sorpresa para ti.

 – ¿Ah sí?

 – Sí. ¿No te has dado cuenta?

 – De qué

 – De que tengo un bulto ahí abajo- me miró la polla.

 – No… qué pasa… ¡ah! Tienes eso puesto- asentí-. ¿¿En serio?? Se me acercó allí en medio y me tocó la polla, dando un apretón y notando efectivamente que tenía la caja de acero alrededor de mi pene-. M… ¿y qué tal?

 – Bien, no me molesta mucho.

 – Nadie se ha fijado, ¿no?

 – No. Pero aun así me siento un poco inseguro, tú sabes. Traigo la llave por si acaso.

 – Por si acaso qué.

 – No sé. Por si tuviera que desnudarme o algo, me vería todo el mundo. Con la llave en un momento dado, puedo quitármelo rápido.

 – Dime una cosa, ¿cuántas veces en tu vida te has tenido que desnudar en público?

– Pues… nunca, supongo.

 – Y por qué vas a tener que hacerlo ahora. Eso son paranoias que nos hacemos. Yo al principio me depilaba las piernas siempre. Incluso en invierno. Siempre iba perfecta, por si acaso en algún momento tenía que quitarme los pantalones, no quería que me vieran ahí con los pelos. Obviamente eso nunca pasa, así que al final me harté, y en invierno, si no voy a quedar con algún tío o algo, no me depilo y ya está.

 – Tampoco es lo mismo. Porque te vean con pelos una vez, tampoco te vas a morir. A mí como me vean con esto…

  – Que no te va a ver nadie. Bueno, ¿vamos a mi casa? Me he puesto cachonda de repente.

 Fuimos a su piso casi corriendo, Noemi tirándome de la mano. Nada más llevar me hizo quitarme los pantalones, para verme la polla atrapada.

 – Dame la llave- la cogí del llavero y se la di. La guardó en el cajón-. Ahora cómeme el coño.-   Obedecí, y se lo comí con fruición y pasión, notando de nuevo la presión en la entrepierna. Se corrió en un par de minutos. Nos tumbamos uno junto al otro en la cama, jadeando.

 – Y hoy qué, ¿vas a quitarme esto?

 – No sé, contéstame tú mismo. ¿Esta semana que has estado probándolo… lo has llevado siempre puesto, o te has hartado de pajearte?- callé-. Pues eso- maldije. Era bastante dura la tía…- ¿Esta vez me vas a dejar que me quede con la llave?

 – Pues, no lo sé.

 – Vamos, así tendrás que venir a verme continuamente, si quieres descargar. No nos veríamos sólo los fines de semana. Y tampoco vivimos muy lejos, cualquier cosa que pase.

 – No sé, por las noches me sigue molestando.

 – Bueno… si quieres probamos esta semana que viene. Si no te convence, lo dejamos.

 – Vale. Pero de todas formas tengo la otra llave en casa.

 -Ah, por eso no te preocupes. Tampoco te iba a dejar quedarte con ese candado.

 – ¿Por qué?

 – ¿Y si le habías hecho una copia a la llave? ¿Y si lo fuerzas? La verdad es que es bastante malillo, es el que venía con la caja, que siempre lo meten por cumplir- se puso a buscar en su cajón.

 – ¿No te fías de mi o qué?

 – No, de un hombre cachondo no se puede una fiar nunca. Aquí está- sacó otro candado, que tenía 3 llaves. Era un pelín más grande-. Este es mucho mejor, sin ser demasiado grande. Es mucho más duro y la cerradura es más compleja. No es fácil de forzar. Al menos no tan fácil como el otro. Bueno qué. ¿Puedo?

 – Supongo- no puedo negar que me daba un poco de miedo todo aquello.

 Sin embargo Noemi estaba encantada. Abrió el otro candado, apretando con fuerza para que no se separara la unión del aro con la caja, ya que con la polla dura, estaba ejerciendo presión. Cerró con el otro candado, y me miró, satisfecha.

 – Pues ya está. Dos llaves las voy a guardar aquí en el piso, bien escondiditas. La tercera me la llevaré siempre conmigo- cogió un collar de plata, fino, sin ningún adorno. Lo abrió, metió la llave, y se lo colgó al cuello. Ver aquella llave, colgando justo en medio de su escote, casi hace que me diera un infarto. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, y me dieron ganas de follármela allí mismo-. Te gusta, ¿eh?

 – Sí. ¿Pero vas a llevarlo ahí siempre?

 – Claro.

 – La gente preguntará. Es un colgante raro.

 – Pues mentiré. Le diré que es la llave de mi hucha, o de una caja de música que me regaló mi abuela, o vete tú a saber. Eso es lo morboso. Lo oculto a plena luz del día. Nadie sabe qué significa, pero todos lo ven. Lo único…

 – Qué.

– Jorge seguramente sepa lo que significa. Puedo mentirle, pero vamos, que no va a colar.

 – Bueno, no hace falta que la lleves por fuera. Te la metes por dentro de la camiseta.

 – Ya. Pero cuando me acueste con él, qué- no había pensado en eso. Todavía mantenía en mi cabeza conversaciones de pareja normal.

 – Pues no sé, cuando vayas a verlo te lo quitas y ya está.

 – Hoy quería pasarme por el sex shop, quiero comprar algo. ¿Te vienes?

 – Ps. Mejor no. No quiero verlo en verdad. No quiero que sepa que estoy contigo o terminará atando cabos. Qué vas a comprar.

 – Ya lo verás. Es una sorpresa.

 – Miedo me das – me sonrió.

 – Y con Pablo qué. Cuándo quieres que quede. ¿Qué vamos a hacer este finde?

– Nada especial supongo que puedes quedar cuando quieras. Pero preferiría dormir contigo. La semana pasada me sentí solo.

 – Bueno. ¿Saben con quien vive?

 – Si con Juan, otro colega. ¿Por?

 – Es que he estado pensando la manera de que puedas estar cerca. Y si es tu colega podrías quedar con Juan allí en su casa y yo que sé, jugar a la play o algo mientras yo estoy en la habitación con Pablo.

 – Ojalá, pero no, quedaría raro. Nunca he estado allí salvo una vez que montaron una fiesta. No suelo ir de visitas, sería raro.

 – ¿Y Paco sabes cuándo se va a su pueblo?

 – De momento no ha dicho nada. Pero Pablo conoce mi piso de todas maneras.

 – Ya, eso sería para hacerlo con otro. Pero no sé, me da cosa por ti, que te tengas que quedar sin participar.

 – Ya. Si tú vivieras en un piso grande sería más fácil.

 – O… si viviéramos juntos- me quedé parado, y la miré-. ¿No sería genial? Imagínatelo. Un piso para los dos. Con dos habitaciones. Una para ti con una cama normal, y otra para mí, con una cama grande. Dormiríamos siempre en mi cama, pero si alguna vez traigo a alguien, pues tú te irías a tu cuarto, y yo me quedaría con mi chico en mi cama… Podrías escuchar todo lo que quisieras, incluso esconderte en el armario, o debajo de la cama alguna vez. ¿Te das cuenta de todas las posibilidades…?- me daba, me daba. La presión de mi polla contra las paredes de la caja lo demostraba. Siempre había visto el paso de vivir con tu novia muy lejano, quizás para antes de casarse, a los 30 o así, pero en ese momento, la idea no me asustaba. Sólo me daba coraje porque no podía ser real.

 – Sería complicado. Como justifico yo dejar de vivir con Paco para vivir contigo. Que somos novios. Tendría que admitirlo, y entonces ya no podrías traer a nadie.

 – Bueno, a alguien que no conozcamos sí. Pero si es verdad, lo mejor sería decir que somos compañeros.

 – Sí. Pero yo no sabría cómo decirle a Paco: Oye que me voy con una amiga. Sospecharía seguro. Además ahora acabando el curso y eso.

 – No, a ver, no te asustes. No decía de hacerlo, era sólo una idea. Entiendo que no quieras vivir conmigo aun.

 – No a ver. No he dicho eso. Digo que es complicado.

 – Si pudieras, ¿lo harías?

 – Creo que sí.

 – Querer es poder.

 – No, en realidad no.

 – Yo qué sé, Paco se querrá ir a vivir con su novia algún día ¿no?

 – Si, pero siempre hemos tenido la idea de que cuando yo me eche novia, pues cada uno iría por su camino, o nos alquilaríamos un piso para los cuatro.

  – 4 personas en un piso es demasiado. Tú convéncelo de que se vaya a vivir con Ana, así te dejaría solo, y tú tendrías que buscar otro compañero. Quizás para el curso que viene pueda hacerse.

 – Puf, no creo.

 – Lástima que yo no conozca a la novia. La podría convencer.

 – No si Ana ya lo ha mencionado alguna vez. Pero Paco no quiere, le agobia mucho.

 – Pues entonces lo tiene más fácil. Tú ve metiendo el tema poco a poco.

 – No lo sé, de todas formas de momento está claro que no, así que tenemos que buscar algo para ahora.

 – Pues para ahora difícil. Como mucho, te tendrás que conformar con fotos. Y Pablo es uno de los pocos que estaba de acuerdo. Y ya me ha pedido una vez que se las pase, cuando vea que no lo hago, creo que tampoco querrá hacer más.

 – Bueno, de momento algo es algo.

 – Vale y qué quieres que haga hoy con Pablo.

 – Puf. No sé, lo de siempre.

 – No sé, hoy me siento más traviesa. Podría, decirle que me diese por el culo. Así sí que lo volvería loquito.

 – ¿No decías que Jorge no te dejaba?

 – Si, pero Jorge no es mi padre. Además, no tiene por qué saberlo. No sé, a mí me apetece. Seguro que le encanta. Me acaba de conocer, y ya va a probar mi culito, antes que tú, que eres mi novio. Y como es tu amigo, puedes preguntarle, qué tal fue, y cómo es. Para hacerte una idea. ¿Qué te parece?

 – No sé.

 – En realidad no sé ni para que te pregunto. Haré lo que quiera. Y a mí me apetece hacer eso, así que. Tú te vas a casita y te pones a estudiar o algo. Y esperas que te mande alguna foto.

 – ¿Pero me vas a dejar esto puesto?

 – Sí.

 – No sé si voy a poder aguantar.

 –  Aguantarás, créeme. Principalmente porque no tienes más remedio. Madre mía me estoy poniendo de un cachondo. Pero no quiero hacer nada más ahora tengo que reservarme. Pablo es un auténtico macho, y tengo que estar a la altura. Esta vez voy a agotarlo yo a él.

 – No creo. Pablo es un salido.

 – Me lo follaré tantas veces como haga falta. Bueno, vete ya, que voy a quedar con él, y antes tengo que pasar por el sex shop. Si quieres que durmamos esta noche juntos, será mejor que quede temprano con él.

 – ¿Qué vais a quedar nada más para eso?

 – Él me ha dicho de salir a dar una vuelta y eso, pero bah, paso. Tampoco creo que le importe. Eso lo hace por ser un caballero. Pero en cuanto vea que soy una chica fácil, verás que contento se pone.

 Así que nos despedimos, y me fui a casa, con caja de castidad puesta. Estaba un poco preocupado, teniendo en cuenta que ahora no tenía ninguna posibilidad de quitármela hasta la noche. Mientras mi novia se quedó en la residencia, preparando su maratón sexual con Pablo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s