ALMUTAMID

Me desperté solo y con resaca. Y no era de alcohol. Las sábanas manchadas, el olor a babas, la cara y la polla pringosas e incluso cierta molestia en la polla como si la tuviera un poco escocida. El sexo también cansa…pero no se quitan las ganas de más. Cuando cobré conciencia de por qué dormía con la cabeza a los pies de la cama y por qué estaba solo me sobresalté. ¿Dónde estaba Claudia? ¿Se habrá ido sin mí?

Me levanté de la cama rascándome el vello púbico recortado y fui a ponerme algo de ropa para buscarla en su dormitorio. No hizo falta. Ella entró pillándome desnudo en medio del dormitorio rascándome y bostezando. Su sonrisa me iluminó la mañana a pesar de que mi imagen en ese momento sería de todo menos sexy.

-Venga dormilón, dúchate que no llegamos a la estación…-dijo dándome un beso rematado en cachete en mi nalga desnuda.

Me cubrí para salir a las duchas. Me vino muy bien para despejarme. Desayunamos en el comedor de la residencia ya casi vacía y la acompañé a la estación ayudándola a cargar las maletas. Claudia tiene poca ropa y de pequeño tamaño. La despedida fue más sentida por mí que por ella con la tranquilidad de vernos en unos 10 días para pasar 5 días juntos de playa sin estudios de por medio con nuestros amigos. Me costó soltarla para que se subiera al autobús. Y sentí un enorme vacío cuando la vi saludarme tras el cristal diciéndome adiós y mandándome besos.

¿Y ahora qué? Me quedaba solo son amigos durante unos días y tenía que retomar una rutina difícil sin Claudia. Regresé a la residencia y me tiré un rato en la cama. Aun olía a nuestro último encuentro. Por fin me puse a estudiar un rato solo en mi habitación hasta la hora de comer. Salí sólo. En la cola, bastante mermada ya, no encontré a nadie conocido así que comí solo. Claudia me envió un mensaje de que ya estaba en su casa y que me echaba de menos. En este caso el típico “Y yo más” que respondí era totalmente sincero.

Después de comer me eché una siesta. Ya recuperaría el tiempo de estudio por la noche. A media tarde eché un par de horas más de hincar codos y salí a correr. Me despejaría. Una ciudad mediana con una universidad grande se apaga cuando los estudiantes se van. A pesar de su belleza ahora veía la ciudad triste. Aunque el triste seguramente era yo. Exageraba. Pero era lo que sentía.

Ducha. Cena con un conocido por hacernos compañía y a estudiar. Antes llamé a Claudia. Me contó las nuevas en su casa y yo le prometí que estaba estudiando aprovechando el tiempo. La despedida rara. ¿Te quiero? Me daba miedo decirlo. Se quedó en un “Te echo de menos” mutuo. Bueno. Pensé. Pasado mañana examen. Por la tarde recojo. Por la noche fiestecita que estaban organizando los compañeros del equipo que aún quedaban y al día siguiente en tren a casa. No había conseguido billete en el bus directo. Y el tren salía a mediodía dejándome dormir si se prolongaba la fiesta.

Lo peor fue acostarme. Sólo habíamos dormido juntos unos pocos días y me parecía que siempre había sido así. Nostalgia. Y sólo eran unos días. Si Claudia me dejaba me moría viendo como estaba llevando yo esta separación temporal.

-La cama está vacía sin ti.-le escribí en el móvil.

Era muy tarde. No me iba a contestar. Estaría durmiendo. Me costó dormir pero lo conseguí. Levantándome a media mañana. Había respuesta de Claudia:

-Yo también estoy vacía sin ti. TQM.

¿Lo había dicho? ¿Me quería? ¿O era una frase hecha?

Conseguí pasar el día con mi rutina de estudio y ejercicio. Aunque en el comedor comí con un compañero con el que quedé para no estar tan aburrido como el día anterior. Era uno de los organizadores de la fiesta final que más bien era una quedada. Claudia ya me había advertido que no bebiera mucho acordándose de las malas resacas que me había visto.

Como el examen era al día siguiente me acosté temprano. A la mañana siguiente me levanté fresco y con más energía y me planté en el examen. Me podía haber salido mejor pero yo creo que para aprobar me daba. Al salir de la clase me encontré dos mensajes. Uno de Claudia para saber cómo me había ido. El otro de Marta. Había ido a entregar papeles al registro y su autobús no salía hasta la tarde. Le pregunté si comida o café. Me dijo que estaba libre que lo que yo quisiera. Quedamos en una pizzería para comer.

Como tenía tiempo me fui a la residencia a empezar a recoger mi dormitorio para poder salir de fiesta esa noche y tenerlo todo listo para la mañana siguiente. Me puse un pantalón corto y un polo y me fui a buscar a Marta. A pesar de haber llegado 5 minutos antes ya me esperaba en la puerta de la pizzería donde habíamos quedado para comer. Independientemente de que mis pensamientos estaban en Claudia la ví guapísima pues se notaba que había tomado el sol y estaba morenísima en comparación con mi moreno de salir a correr, o sea, brazos y piernas. Se veía el buen color que había cogido en sus piernas hombros y barriguita pues como ya había comprobado mientras estuvimos juntos a Marta le gusta lucir su cuerpecito y me recibió con una camiseta de tirantes ajustada que dejaba su ombligo adornado con un piercing de argolla a la vista y una minifalda de esas ajustadas de talle baje hasta medio muslo y sandalias.

Demasiado guapa para echar papeles me dije para mí mientras llegaba a su altura intentando disimular el repaso que le estaba dando desde lejos. Dos besos y un abrazo y nos sentamos a la mesa.

-Qué guapa estás, ¿ya has ido a la playa?-le pregunté.
-Claro, mi ciudad tiene playa. Me relaja tomar el sol. ¿Cómo te han salido los exámenes?
-Bien, yo creo que este verano descanso de estudiar, que buena paliza me he dado. Bueno, nos hemos dado. ¿Ya has hecho lo que venías a hacer?
-Sí. Me he tomado un café con las chicas que todavía quedan, he hecho el papeleo y te he avisado a ti.
-Me alegro de que no me odies…-dije con sorna.
-Luis, no digas eso…
-No voy a echarte en cara que acabáramos porque si no estabas segura de mí era lo mejor…

Evidentemente esta frase se dice con mucha más serenidad y aplomo cuando el día anterior la chica de tus sueños te ha hecho correrte cuatro veces.

-…pero que no quisieras escucharme cuando ni yo sabía que había pasado me dolió.
-Por eso quería verte, Luis. Lo he estado pensando mucho…

Me puse tenso. ¿Me iba a proponer volver?

-…sé que me porté mal contigo-continuó- y me gustaría reconocerte que no te lo merecías.

Ufff. Respiré. No quiero dar explicaciones.

-¿Hablaste con María?-pregunté.
-Me reconoció que me había engañado. No sé qué tienes, niño, pero esa chavala estaba obsesionada contigo…
-Pues ni me llegué a liar con ella…
-Yo sí, jajaja, y no haría lo que ella ha hecho por ti…
-No te gustaría tanto como a ella…-dije de sobrado.
-Eres un tonto creído-me sonrió.
-La culpa la tenéis las niñas guapas-no lo podía evitar pero me estaba saliendo el zalamero que llevo dentro- ¿tú te crees cómo vienes a ver a tu ex? ¿Ex qué somos, Marta? Porque estuvimos cuatro días…
-¿Estás tonteando conmigo o me estás echando en cara algo?-me respondió algo molesta.
-Perdona, no quería molestarte, pero después de cortar conmigo como lo hiciste me ha impresionado verte tan guapa…
-Me han hablado bien de ti-me respondió cambiando de tema.
-Qué raro, ¿quién?-pregunte curioso.
-Silvia…

Me puse tenso aunque intenté disimularlo.

-¿Y eso? ¿Qué te ha contado?
-Me ha dicho que te ha tirado la caña y no has picado…
-¿Eso te ha dicho?-pregunté asombrado.

Tirar la caña. Ja. Se la comió ella entera…pensaba, pero se ve que no se lo ha contado.

-Me ha dicho que te ha invitado varias veces a salir y no has querido-respondió Marta sin importancia.
-Estaba de exámenes y además me intimida un poco…
-Jajajaj, ¿Silvia? Es muy divertida, eso sí demasiado ligera a veces, ya me entiendes…

Ligera no era la palabra que pasó por mi mente en ese momento pero mejor dejar el tema.

Trajeron la pizza y empezamos a comer mientras seguíamos charlando de exámenes y compañeros. Me relajé al saber que Silvia no se había chivado de nuestro encuentro. Al final entre pizza, postre y café llegó la hora de acompañarla a la estación.

Por el camino muchos tíos la miraban con descaro. Recuerdo el ataque de celos que me dio cuando bajamos a hacer aquellas fotocopias y todos los tíos la repasaban por su ropa corta y ajustada. Que distinta de Claudia. Una alta y otra baja. Las dos delgadas de poco pecho aunque Claudia con más cadera. Las dos inteligentes aunque Marta más sensible y Claudia más racional. Una tan morena de piel y la otra blanca como yo. Y las dos habían estado conmigo. Mi autoestima estaba por las nubes. Eso sí. Claudia no se podía enterar de que había pasado la tarde con Marta a solas y sobre todo de lo que no se podía enterar es de que justo antes de subirse al autobús nos abrazamos como dos buenos amigos pero cuando le puse la mejilla para darnos dos besos ella buscó mi boca y me besó los labios sin tiempo para una cobra y me dijo sonriendo:

-Luis, te veo en septiembre…

Contrariado por lo que acababa de sucederme volví a la residencia para cambiarme de ropa para salir a correr. Evidentemente no dejaba de darle vueltas a la cabeza. Yo le seguía gustando y de no estar el verano de por medio habría venido de frente a por mí. Y perdonadme si parezco machista, las mujeres saben perfectamente cuál es nuestra mayor debilidad, de modo que cuando van a por ti saben que con sexo te cogen por las pelotas. Literalmente.

Por otra parte dudaba si contarle a Claudia lo sucedido. No quería que se enfadara conmigo por quedar con Marta. Pero no quería engañarla tampoco. Nuestra relación se debía basar en la confianza. Marta no sabía que yo estaba con Claudia, de saberlo no me habría lanzado la caña. Pero yo no quería que supiera que apenas unos días de acabar con ella entre tantas muestras mías de desconcierto me encamaba con Claudia y casi ni me acordaba de ella.

Cuando salí de la ducha para vestirme lo tuve muy claro. Se lo contaría a Claudia. Bajé a cenar a un comedor vacío y camino del bar donde había quedado para mi última noche universitaria del curso la llamé por teléfono:

-¡Qué sorpresa, Luis! No me esperaba tu llamada.
-Necesitaba hablar contigo.
-¿Ha pasado algo?-preguntó preocupada.
-No. Nada grave pero prefería contártelo…
-A ver…
-Me he encontrado a Marta…

Silencio incómodo.

-…y me ha dado a entender que se equivocó dejándome.

Claudia seguía en silencio.

-Bueno- terminé- Pues quería que lo supieras.
-¿Lo has entendido tú o te lo ha dicho?-preguntó al fin.
-Lo ha dicho…pero no me ha dicho nada de querer volver conmigo.
-No hacía falta. Eso ya es suficiente…pero Luis ¿por qué me cuentas esto?
-No quiero ocultarte nada.
-Mira, eso es algo tuyo. Tienes dos chicas por ti. Sólo tú puedes decidir con cual quieres estar…-respondió seria con la voz entrecortada.
-Que imbécil eres Claudia.
-Te vas por ahí de tonteo con tu ex ¿y yo soy la imbécil?
-Ya he elegido ¿no te das cuenta?
-No Luis. No has elegido. Ella te dejó y llorando conmigo por ella acabamos sacando nuestros sentimientos mutuos guardados. Pero llorabas por ella.
-Claro que he elegido. ¡Te lo estoy contando! No te escondo nada.

Se escuchó un suspiro al otro lado del teléfono.

-Es verdad, Luis. Perdóname. Le he dado más importancia de la que tú le dabas. Verte tan mal por esa chica fue lo que me hizo descubrirme contigo y la temo. Y tú me lo cuentas y me pongo borde contigo. Si eres un cacho de pan en el fondo. Qué ganas tengo de achucharte y de comerte…
-¿A besos?
-Como tú quieras…tú ya sabes…

De nuevo el gancho sexual.

-Bueno. ¿Qué vas a hacer esta noche?-cambió de tema.
-He quedado con los dos compañeros del equipo que quedan aquí y más gente.
-No bebas mucho que ya sabes…
-Sí mamá, jajaja.
-Pásatelo bien que en una semana estamos juntos. Un beso, gordo.
-Un beso princesa…que yo también quiero achucharte y comerte…
-Venga cuelga…
-No cuelga tú…
-No tú…
– Tú…
-Jajaja, un beso Luis…

Terminado la conversación llegué al bar donde habíamos quedado para tomar unas cervezas y como punto de reunión. Localicé el grupo donde estaban mis compañeros. Vaya, había sorpresa. Estaban Marina y Silvia…

Saludé a todo el mundo con naturalidad con las típicas preguntas sobre cómo habían ido los exámenes y tal entre abrazos y dos besos y chocar de manos. La primera en pararse conmigo fue Marina.

-Hey Luisinho, ¿todavía por aquí?
-Me voy mañana.
-Bien disfruta tu última salida…si no te veo luego dame un abrazo y que tengas buen verano.
-Igualmente, Marina.

Nos abrazamos y al separarme me dijo:

-Quien vio al pardillo de los primeros partidos del equipo no te reconoce Luis. Estás hasta más guapo…diviértete…

Habíamos coincidido en el mismo bar pero íbamos con grupos diferentes. Terminé de saludar a todos y llegué hasta Silvia.

-Hombre el responsable Luis de marcha…
-Ya he terminado los exámenes y me voy mañana. Un ratito de diversión ya tocaba…

Me abrazó pegándome sus tetazas y me preguntó después:

-¿Qué tal con Marta?
-¿Te ha dicho que había quedado conmigo?
-Claro. Nos contamos todo. Bueno-me guiñó un ojo-casi todo. ¿Bien entonces?
-Sí claro. ¿Hay algo especial en que hayamos comido juntos?
-¿Y estás contento?-insistió.
-Hemos quedado como dos buenos amigos…
-¿Amigos?
-¿Sabes algo que yo no sepa?-pregunté con cierto mosqueo.
-No, no. Que soy muy cotilla…-eludió contestarme.-Pero venga vamos a divertirnos ¡Que corra esa cerveza!!

Pasamos un buen rato allí entre anécdotas y bromas y después nos fuimos a un local de copas donde cayeron varias rondas de chupitos. Entre la cerveza, los chupitos y el ambiente de euforia me lo estaba pasando bien y cuando quise darme cuenta me habían cerrado la residencia. Se lo comenté a un compañero del equipo y me dijo que en su piso había sitio de sobra pues él estaba solo ya. Continuamos la marcha entre bailes, más rondas de chupitos y mucha alegría hasta las 3 de la mañana que cerraron el último sitio donde estábamos. De los 15 o 16 que habíamos empezado quedábamos unos 8. Mi compañero y yo, Silvia, una pareja de erasmus ella belga y él italiano, el chico que se había liado con Silvia la noche que pasé con Marta en su piso, otro que no conocía y una chica de mi clase con la que había coincidido con Marta alguna vez pero con la que no tenía mucha confianza.

El italiano propuso ir a su piso, un ático viejo en la zona antigua de la ciudad pues decía que le quedaba cerveza. Subimos al piso intentando hacer poco ruido pese a la borrachera y las risitas. Le ventaja de ser ático es que tenía una terraza muy grande y si no gritábamos ni poníamos música fuerte no molestaríamos a nadie.

El italiano ofreció cerveza y puso música extraña, a mitad de camino entre el jazz y la psicodelia. Después empezó a liar un porro que fue pasando de boca en boca. Yo no había fumado nunca pero en ese ambiente me dejé llevar y probé. Novato no fumador, me lo eché a pecho y empecé a toser consiguiendo además que se me subiera rápido a la cabeza. Recuerdo que las cosas ocurrían más lentamente a mi alrededor. Más aun cuando al acabarse un porro el italiano liaba otro.

Yo estaba sentado en el sofá entre el amigo de Silvia y el chico que yo no conocía hasta esa noche. El italiano se daba paseos por la habitación. Silvia estaba sentada en el suelo mostrándonos su escotazo con conversaciones picantes y jugando con dobles sentidos. Mi compañero y la chica de la clase se estaban enrollando en el balcón. No veía a la chica belga. La busqué por la habitación con la mirada. Estaba frente al aparato de música bailando sola con los ojos cerrados desnuda de cintura para arriba.

Era una chica delgada y alta, rubia con dos pechos pequeños con los pezones muy claritos, tanto que casi no destacaban coronando sus tetitas. Estaba colocada entre el alcohol y el hachís y parecía como ausente. El amigo de Silvia dijo:

-Vaya pedo que lleva ésta…Silvia sácate las tetas y le enseña a á belga como son las tetas españolas…
-Tan desesperado estás por verme las tetas…-le respondió Silvia.
-Ya te las he visto, reina…es para competir…
-Pero si yo me quito algo aquí tiene que haber más carne, jajaja.-respondió la futura enfermera.

El chico se levantó del sofá y se quitó la camiseta y se puso a bailar con la belga pero ésta ni reparaba en él absorta en su baile. El italiano al verlo lo imitó pero se quedó directamente en calzoncillos, unos slips bastante apretados.

Mi compañero y la chica de mi clase seguían comiéndose la boca en la butaca de la terraza. Tenía ganas de irme. Pero ¿dónde?
Silvia entonces se sacó el top que llevaba quedándose en sujetador. Uno negro que apretaba bastante sus pechotes hasta que se soltó el broche y los liberó. Dos tetas muy grandes algo caídas por el peso con dos pezones enormes, de esos que llaman galleteros. Nunca había visto dos tetas tan grandes al natural. El italiano empezó a aplaudir y bailar delante de Silvia. El chico que no conocía y yo nos miramos con cara de no saber qué hacer hasta que Silvia se vino donde yo estaba y tiró de mis brazos para que me levantara.

-Vente a bailar Luis…
-No me apetece Silvia, en serio…
-No seas tonto, anda diviértete que es el último día…

Me arrastró detrás del sofá y me abrió la camisa. El italiano se pegaba a ella y le refregaba el paquete por el culo. Silvia se dejaba querer mientras me cogía por la cintura y se me pegaba rozándome con sus pechos. Literalmente estábamos haciendo un bocadillo entre el italiano y yo. La belga pasaba de todo y el amigo de Silvia se interpuso entre ella y yo liberándome de su acoso. Yo me senté de nuevo en el sofá. Estaba algo mareado.
El chico que no conocía se escabulló sin despedirse bastante cortado. Si tuviera donde ir haría lo mismo. Entonces el italiano y el amigo de Silvia vinieron a sentarse al sofá mientras el italiano liaba otro porro. Silvia se sentó frente a nosotros en el suelo de nuevo sin taparse los pechos y charlaba como si tal cosa. La belga seguía a lo suyo. La situación me parecía surrealista.

Entonces Silvia dijo:

-Una polla, dos pollas, tres pollas…y sólo he visto dos, jajaja…
-¿Dos?-dijo extrañado su amigo.
-La de Luis, la tuya…pero la de Giuseppe no la conozco…

El chico me miró mal. Estuve tentado de avisar a mi compañero para irnos pero le iba a cortar el rollo. Además eran las 5 de la mañana. No merecía la pena acostarme. Aguantaría hasta las 7 y me iría a la residencia. Estaban fuera metiéndose mano. Vaya plan. ¿Por donde nos saldría Silvia? Mientras pensaba aquello dijo Silvia:

-¿Y si hacemos una fiesta de pollas? Jajajaja.

-¿E come e questo gioco?-preguntó el italiano con micho acento.
-Vosotros me enseñáis las pollas y yo decido, jajaja. A lo mejor me gustan las tres…-respondió Silvia.

El italiano, que era alto y delgado con mucho vello en el pecho y barriga se levantó y se quitó el slip enseñándonos una polla circuncidada morcillona bastante colgona. Silvia aplaudió cuando el chico le dio el slip. El otro chico, por contraposición al italiano era más fortote y más bajo. Se levantó y se abrió el pantalón para después proceder a bajárselos junto con el bóxer. Su polla era gruesa y corta y ya estaba semierecta.

-Venga Luis, te toca…-pidió Silvia aplaudiendo de nuevo.

Un sudor frío me recorría la frente y la espalda. Estaba algo mareado de tanto alcohol y porros así que aproveché y me fui al baño dando tumbos. Meé abundantemente y cuando me les estaba guardando me mareé y tuve que agacharme. Empecé a vomitar sudando profusamente. Eché todo lo que llevaba en el cuerpo con grandes arcadas. La chica belga debió oírme. Llamó a la puerta:

-¿Todo ok?-preguntó.
-Si…

Pero no debí resultar muy convincente pues abrió la puerta. Debí tener muy mala cara pues la chica me ayudó a sentarme en el wáter. Cogió una tolla la humedeció y empezó a pasármela por la nuca y el cuello.

-¿Tú nunca fumas porro antes?-me preguntó.
-No…
-No pasa nada es sólo mareo.

Me costaba trabajo levantar la mirada sin encontrarme con sus pechos desnudos tan cerca de mí. Ella actuaba con naturalidad.

-Echa agua en tu cara…

Me levanté y me lavé la cara. Me cerré los botones de la camisa y miré la hora. Eran las 6. Si caminaba despacio me despejaría y llegaría a las 7 a la residencia. Dormir un par de horas. Coger el tren y dormir todo el camino. Ese sería el plan. Agradecí a la chica los cuidados y ambos salimos del baño. Ella como poseída empezó a bailar otra vez con los ojos cerrados indiferente a la escena del salón.

Silvia se había sentado en el sofá y agarraba la polla tiesa del italiano diciendo:

-Me gusta porque es larga, jajaja.

Pero sin soltarla se giró a su amigo agarrándola la suya mientras decía:

-Y esta me gusta porque es gorda, jajaja. No me decido chicos. Voy a tener que probarlas…

Yo empezaba a alucinar con esa chica. Crucé el salón para avisar a mi compañero en la terraza. La chica y él se habían quedado dormidos totalmente acaramelados en una butaca. No lo molesté. Al regresar al salón la escena ya me sobrepasó: Silvia les chupaba la polla a ambos chicos por turnos y cuando cambiaba decía:

-No me decido…me da que me voy a quedar con las dos…

Entonces me vió asomar y levantando la cabeza me llamó:

-Luis, faltas tú ¿no juegas?

Mientras los chicos con descaro le agarraba cada uno una teta amasándola con descaro y pellizcándola. Su amigo la tomó por la cabeza y la empujó para que volviera a mamar:

-Que impaciente…ven anda…

Y se metió el nabo del chico en la boca. Yo ante aquello me di media vuelta, me despedí de la belga con dos besos agradeciéndole de nuevo sus cuidados en el baño y me retiré mientras los dos chicos terminaban de desnudar a Silvia. Estaba claro que se la iban a follar y ella encantada.

Yo llegué a la residencia cerca de las 7 más despejado con el fresco del amanecer. Me desnudé y me acosté tras poner el despertador. Me alegraba de no haber tenido nada con Silvia. No la juzgo. Yo mismo me habría apuntado corriendo a ese juego unos meses antes. Pero ahora mi cabeza sólo estaba en Claudia.

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