MOISÉS ESTÉVEZ

Seguro que iría al infierno, pero por motivos de otra índole…
Tanto su pasado como su día a día estaban repletos de actos que
traspasaban los límites impuestos por la ley.
Sobornos, corrupción urbanística, tráfico de influencias, prevaricación,
estafa, blanqueo de capitales… un largo etcétera, pero nunca, bajo ninguna
circunstancia, había incurrido en ningún delito en el que el derramamiento de
sangre tuviera un atisbo de aparecer.
No hace tanto que tuvo la oportunidad de emprender un atractivo
negocio relacionado con la compra-venta de armamento. Atractivo en lo
económico, claro. Sencillo, sin complicaciones, poca inversión y suculentos
beneficios, aunque la paupérrima parte de conciencia que le quedaba medio
decente se lo impidió. Hubiese multiplicado su ya ingente fortuna, a buen
recaudo en diferentes paraísos fiscales a lo largo y ancho de todo el mundo,
pero decidió seguir con lo que tenía, que tampoco estaba nada mal.
Con respecto a Rachel, su plan estaba saliendo bien. El supuesto matón
que en teoría había contratado para cumplir los deseos de Robert, le pasaría
un hipotético informe en el que dejaría claro que de la señora Fox no había ni
rastro, y no por su trabajo de sicario precisamente. Era la idea, idea que Eric
esperaba que calara en la mente de Robert, de manera que este cambiara de
actitud, cejara en su empeño y no siguiera adelante con aquella turbia historia,
y así, su viaja amiga, disfrutara de su anónimo retiro, fuera de todo peligro.

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