ARTURO FERNÁNDEZ

Ya estaba en el ascensor a punto de cerrarse las puertas cuando de pronto unos dedos aparecieron como por arte de magia cuyas uñas pintadas de rojo intenso iluminaron la estancia cuando impidieron que la puerta se cerrara. Cuando entró, tal vez por la increíble belleza de aquel animal salvaje, tal vez por el olor que empezó a embriagar el habitáculo, o tal vez por esa preciosa silueta que se adivinaba bajo el diminuto vestido, hizo que la sangre le bombeára de manera frenética.- Piso?- inquirió el con voz amable- lo más lejos posible- contestó ella en un tono susurrante que penetró en su cerebro cómo una invitación a la lujuria…Sus ojos se encontraron y ya no pudieron dejar de mirarse como si un fino cable de acero uniera sus miradas. La atmósfera de ese pequeño ascensor desprendía un olor caliente a sexo desenfrenado.Todo ocurrió muy rápido cuando, ella ya se encontraba de rodillas frente a él, con sus ojos que juraría que habían cambiado de color,fijados en los suyos desde donde podía observar la precisa perspectiva de su generoso escote dejando adivinar unos grandes y turgentes pechos.

Cuando el se quiso dar cuenta, sin saber cómo ni de qué manera, las manos de aquella diosa estaban sobre la verga dura y venosa, del hombre que aún perplejo no daba crédito de lo q estaba ocurriendo. Las uñas Rojas de aquellas manos recorrían y manoseaban aquel miembro a punto de estallar y de pronto vio como una lengua húmeda y caliente se deslizaba por el tronco erecto viendo como la cara de la mujer no dejaba de mirarle de manera lasciva. La lengua llegó hasta el final donde su capullo brillante y rosado vio como unos carnosos labios se posaban sobre el a punto de engullirlo. Su boca se entreabrió para dejar paso a esa polla dura que poco a poco fue entrando en aquella boca sensual hasta que tras no pocos esfuerzos desapareció en el fondo de su garganta. El hombre cogió la cabeza de la mujer con las dos manos y poco a poco fue llevándola hasta su verga que empezó a follarla la boca viendo cómo sus labios se abrían a su paso.Las embestidas del hombre hacían que los ojos de ella se llenaran de lágrimas ya q a duras penas podía tragar aquél enorme puñal de carne que se abría paso a través de su garganta. Ella en cuclillas dejaba ver su hermoso culo que a penas cubría el diminuto vestido, que reflejado en la pared metálica del ascensor, ofrecía al hombre unas vistas que hacían que cada vez estuviera más y más cachondo. Tal era el frenesí que se había apoderado de ellos en ese pequeño cubículo que ninguno de los dos reparó en el señor de mediana edad y cabello gris, que se había subido en la planta 26 y que debido al espectáculo que estaba presenciando estaba masturbando su enorme polla sin dejar de observar como la estaba mamando la polla esa mujer a ese hombre tan afortunado.


Mientras ella se afanaba en comerse aquella verga que la volvía loca y el mamado seguía sujetándola la cabeza con firmeza obligándola a tragarse aquel enorme sable, el señor de pelo gris se había acercado a ellos sin mostrar pudor alguno y se masturbaba frenéticamente mirando la sensual escena, cuando de pronto la feladora abrió ligeramente los ojos y pudo ver aquella otra polla muy cerca de ella y lejos de asustarse le invitó con la mano que se acercara un poco más. Cuando estuvo a su altura ella asió aquella enorme verga con la mano y con la otra comenzó a masturbar a ambos afortunados mientras se iba introduciendo en la boca las dos pollas que pacientes esperaban su turno. Ella intentó meterse las dos vergas en la boca ayudada por los hombres que empujando su cabeza la invitaban a abrir la boca para llenar su garganta de carne dura.
De pronto ella se puso de rodillas y no la hizo falta decir ni una palabra cuando el primer hombre ya estaba colocado tras ella y empezó suavemente a embestir aquel precioso y chorreante coño que se mostró solícito a ser penetrado. Acto seguido el señor del pelo gris se puso frente a la dama que empezó a chupar aquella polla hasta que, como por arte de magia, desapareció en el fondo de su garganta haciéndola emitir unos sonidos que excitaban a los hombres.Nadie hablaba…la única banda sonora de aquel diminuto cubículo era el de los jade0s y gemidos que los tres proferían disfrutando de una manera tórrida de aquella inusual situación. Después, la señora de dió la vuelta para cambiar de pollas, no hizo falta decirlo pues ambos entendieron la propuesta y ahora era el señor de pelo gris quien acometió casi con violencia el coño húmedo y caliente mientras el otro era de nuevo engullido por esos labios que invitaban al mas ardiente de los pecados.
Pero lejos de estar satisfecha la caliente señora quería mas…
La señora estaba cachondisima, caliente como una perra ya la daba igual todo solo quería disfrutar de esos dos sementales que la providencia puso sobre su camino.le instó al señor del pelo gris que se tumbara en el frío suelo del ascensor sobre el cual sin esperar un segundo se subió encima suya y de un solo golpe se introdujo su verga en el húmedo coño que la recibió sin problema alguno. Ella empezó a follar como una loca mientras atrajo hacia si al otro hombre y  escupiendo en su mano se introdujo dos dedos en su culo y con malicia le miró y le dijo:
-Entra por favor.
El hombre no se hizo esperar y entendió perfectamente la orden a la que no puso objeción, y después de poner algo de saliva sobre su sonrosado y caliente capullo se acercó por detrás y poco a poco fue entrando por la puerta trasera. Ella lanzó un pequeño gemido a modo de queja que pronto transformó en unos enormes gritos de placer suplicando a los dos hombres que no dejaran de follarla.Con dos pollas una en su coño y otra en su estrecho culo la señora cabalgaba sobre uno de sus jinetes mientras el otro la rompía el culo con un ritmo frenético. Ambos estaban a punto y ella se puso de rodillas e invitó a los dos maromos a ponerse en frente suya, momento que aprovechó para coger ambas pollas con sus dos manos que empezó a masturbar al mismo tiempo que pasaba su lengua sobre ellas intentando en vano introducirlas en su boca al mismo tiempo. No tardaron mucho en llegar y ella notó el momento en que los dos hombres descargaban sobre ella una enorme cantidad de espesa leche caliente que resbalaba sobre su mejillas lo que no había conseguido tragar notando como el liquido viscoso recorría su garganta. Pasó la lengua por aquellas vergas que aun mantenían parte de su firmeza y las limpió hasta que no quedó ni una sola gota. Cuando el ascensor llegó a la planta baja los tres estaban perfectamente vestidos aunque algo sudorosos y despeinados.
Ella se despidió de ellos con un guiño cómplice, y viéndola alejarse el hombre del pelo gris preguntó al otro:
-Sube?

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