GILDEROY

Parte 7

 Nos quedamos abrazados, unos minutos en silencio. Me sentía desahogado, como si me hubiesen quitado un peso de encima. Se me deshizo un nudo que tenía en el estómago.

 – Bueno- dijo Noemi levantándose de repente-. Qué te apetece hacer. ¿Te apetece guarrear un poquillo…?- dijo deslizando los pulgares por el borde interior de sus bragas, haciendo el amago de bajárselas.

  – La verdad es que sí. Pero si te soy sincero… preferiría salir a dar una vuelta. Tal vez cenar fuera. Tener una cita normal, de novios. Por primera vez. No paro de pensar en el sexo, y me quedaría aquí eternamente contigo… pero creo que nos vendría bien salir un poco. Ya sabes, conocernos- Noemi sonrió.

 – Si, yo creo que también. Será guay tener una cita. De todas formas esta noche si quieres puedes quedarte aquí a dormir. Hay tiempo para todo…- y me dio un beso en el cuello, al tiempo que me agarró la polla.

 Pasamos una excelente tarde juntos. Paseamos por el campus, luego fuimos a la ciudad, y no paramos de hablar en todo el tiempo. Me enteré de que estudiaba psicología, donde vivía, un poco la historia de su vida… También salió el sexo, como siempre.

 – Entonces al final no me has contado si te gustó lo de esta tarde – miré a mi alrededor, alarmado, por si alguien estaba escuchando.

 – Ya sabes que si ¿no?

 – Si bueno, al volver sí. ¿Pero antes de irme? Que te calentara, y te dejara allí atado.

 – Bueno… Me dio bastante coraje que no me dejases terminar la verdad. Estaba que iba a explotar, y al final casi consigo irme, pero me la soltaste y me quedé….

 – Jaja, sí, me di cuenta… Me di cuenta que estabas ya a puntito, y te la solté.

  – ¿Pero cómo podías saberlo?

 – No sé, eso se nota… Respirabas cada vez más fuerte, te movías más rápido… La polla se te puso durísima por un instante… ahí fue cuando supe que estabas intentando correrte, y te la solté. No debiste estar muy lejos creo yo.

 – Que va, vamos, a puntito – Noemi sonrió orgullosa.

 – Cuando un tío va a correrse se nota, pero cada vez voy acercándome más al punto…

 – ¿Qué punto?

 – Ya sabes, al punto de no retorno. Cuando aunque sueltes la polla, y no te la toques con nada, te corras igual.

 – Ah si- alguna vez me había pasado. Intentando evitar correrme, que he parado demasiado tarde, y ya, sin tocarme ni nada, salían algunos hilos. Sólo tenías medio orgasmo. Gustaba, pero sentías que te faltaba algo…

 – Según tengo entendido es bastante frustrante.

 – Si bueno… Es como que te falta la mejor parte.

 – Es lo que quería hacerte, pero todavía no consigo encontrar el punto exacto. Es lo que se conoce como un orgasmo arruinado. Traducción del inglés, como todas las guarradas.

 – ¿De verdad tiene nombre eso también?

 – Si, es muy conocido en las prácticas de sumisión y demás. Es como calentar al máximo, y cuando ya se va a correr, parar, y dejarlo agonizando… Se corre, se le baja la erección y todo, pero no ha sido un orgasmo pleno – la miré con miedo.

 – Eres bastante cruel, ¿no?

 – Jaja. Un poco sí… pero sólo me gusta calentar, luego siempre recompenso. ¿Te gustó entonces?

 – Sí. Me jodió bastante, pero tenía un calentón mental brutal para cuando volviste, y me corrí como una bestia… A ti también, por lo que vi.

 – Uf, no lo sabes tú bien. Manu lo sabe mejor, créeme…- se rio, y me besó en la mejilla-. Él se llevó todo el cariño que tenía acumulado.

 – Si te pusiste a tocarte y todo antes de irte…

– Si tío, es que no pude evitarlo. Y no me corrí ¿eh? Estuve a punto pero paré. Quería reservarme. Pero la simple imagen de tenerte allí suplicando, con la polla tiesa de verdad que vale 3 o 4 pajas. Y luego cuando te quedaste solo qué. En qué pensaste.

 – En ti, en lo que hacías. Y tú.

 – Yo no paré de pensar en ti ni un momento. Siempre imaginándote allí en mi cama, a mi merced, insatisfecho mientras yo disfrutaba… Eso es lo que de verdad me pone.

 – Yo me aburrí un poco la verdad- tenía esa espinilla clavada.

 – ¿Si?, ¿Por qué?

 – No sé, al principio fue genial, pero claro, no podía tocarme ni nada… te imaginaba allí, pero fue bastante tiempo, y me acabé durmiendo creo. Me habría gustado verte, u oírte.

 – No sé, también está bien dejar cosas a la imaginación.

 – Ya, pero siempre no me gustaría que fuera así.

 – Ya lo sé, pero es que otra manera… En mi cuarto no hay sitio para que te escondas, en el armario, o debajo de la cama. Se te vería. Y a Manu no creo que le hiciera gracia. Ni a ti que te vieran.

 – Ya, si lo sé. Y lo de la cam no me fío, paso de quedarme otra vez con las ganas. A parte no es lo mismo verlo en una pantalla que en la realidad.

 – Ya tío, ¿pero qué podemos hacer?

 – Nada, ya lo sé. Escuchar detrás de la puerta, pero claro empieza a venir gente y tengo que moverme, y tal. Lástima que vivas en un 6º.

 – ¿Y en tu casa?

 – ¿Qué le pasa?

 – Podríamos… no sé, probar allí ¿no? Al ser un piso privado. Puedo dejar la puerta abierta, y miras desde el fondo del pasillo o algo.

 – Puf, eso es muy arriesgado. Mi compañero de piso podría llegar en cualquier momento. Además, en mi casa… No sé, qué le vas a decir al tío. No, es que me prestan la casa.

 – No tiene por qué ser Manu, puede ser otro, no sé, uno cualquiera, que no sepa donde vivo. No te pondría, ¿que lo hiciese con otro en tu cuarto? ¿En tu cama? Uf, a mí me pone un montón.

 – No tienes remedio ¿eh?

 – Venga, si, si, dime que sí, me da mucho morbo.

 – Estaría bien, pero es que lo veo muy complicado. Si acaso alguna vez que mi compañero se vaya el fin de semana fuera o algo así. Pero con seguridad no lo sé nunca, a menos que se vaya a su pueblo.

 – Bueno, pero eso tenemos que hacerlo ¿eh? ¿Me lo prometes?

 – Jaja, ya veremos.

 – Bueno. Y respecto a lo de mirar, es que otra forma no se me ocurre. Alquilar un hotel o algo así, y te doy una llave.

 – Nah, paso. No voy a pagar por eso.

 – Pues no sé cariño. A no ser…

 – Verás…- no sé por qué pero me dio mal rollo.

 – No a ver, es sólo una idea. Digo, que realmente siempre tendrás que estar a una distancia, escondido o algo. No podrás ver bien, siempre tendrás miedo a que te pillen… Pero realmente a Jorge no le importaría que te quedases y mirases- ya estaba negando con la cabeza desde el principio de la frase-. De verdad, que a él incluso le gustaría, que estuvieras allí, sabiendo que eres mi novio.

 – Que no, que no.

 – Sería genial, de verdad. Él sabe lo que se hace, sería muy profesional. Te humillaría viendo como folla-

 – Que no quiero que me humille ese tío, que paso.

 – Te encantaría.

 – Que no Noemi, que paso. Me da vergüenza.

 – A mí también me da vergüenza que estuvieses allí, y vieras lo que me hace, pero al mismo tiempo sería morboso.

 – Que no de verdad. Hemos dicho de mantenerlo en secreto.

 – Si bueno, pero él tampoco se lo contaría a nadie. No le cuenta a nadie lo que hace conmigo.

 – Aun así de verdad, que no.

 – Bueno, pues otra forma ya… podría decirle a algún amigo de hacer un trío.

 – Puf, tampoco. Me daría mal rollo estar con otro tío al lado desnudo, no sé. Me pondría nervioso, y seguro que no se me levanta.

 – Que negativo eres.

 – Negativo no, pero me conozco.

 – Eso es al principio, pero luego se coge confianza, y te animas.

 – Nah, no me sentiría cómodo, con un tío que no conozco de nada.

 – ¿Y algún amigo tuyo?

 – Puf, peor. Luego tengo que verlo todos los días.

 – Chico pues más no puedo decirte.

 – Ya, ya. Me aguantaré y ya está.

 Seguimos paseando un rato. Al cabo de un rato a Noemi se le ocurrió una idea.

 – Oye una cosa que sí que podríamos hacer, no es lo mismo que verme follar, pero tal vez te gusta.

 – El qué

 – Pues verme ligar con otros. En una discoteca, por ejemplo. Me verías bailar, tontear, besar. Y luego quien sabe. Igual me lo llevo a casa. Ahí ya no podrías venir, pero verías gran parte del espectáculo.

 – Y yo que hago de mientras. ¿Os sujeto las bebidas?

 – No tonto. Iríamos por separado. Tú con tus amigos, y yo con las mías- me quedé un rato reflexionando esa idea-. Decimos de ir al mismo lugar. Nos sentamos cerca. Y luego, pues intentas mirarme todo lo que puedas. Si hay suerte, encuentro a alguien que me guste, y nos liamos- me gustaba esa idea… me excitaba.

 – No sé… puede estar bien.

 – ¿Si verdad? Jeje, es una fantasía que tengo de hace tiempo.

 – Tú tienes muchas fantasías, ¿verdad?

 – Pues sí. Y soy una insatisfecha porque no puedo realizarlas. Espero que contigo puedan cambiar las cosas.- sonreí.

 – Y cuándo sería eso.

 – Pues no sé, cuando quieras. Podríamos organizarlo para el finde que viene. ¿Tus amigos salen todas las semanas?

 – Normalmente sí.

 – Pues ya está. El sábado o el viernes.

 Seguimos paseando un rato, hablando de las posibilidades que tenía la idea, de los lugares y de otras cosas parecidas, hasta pasar por un callejón del centro. Noemi se paró en seco un instante, y miró al fondo de la calle.

 – Mira, ahí está el sex shop de Jorge- señaló con la cabeza al fondo del callejón-. ¿Quieres que entremos?   

 – Qué dices.

 – ¿Qué pasa?

 – No sé, me da cosa.

 – Pero si él no te conoce.

 – No pero a ti sí, y si vamos juntos, preguntará o algo.

 – Él sabe que tengo ligues. De todas formas no va a decir nada. Es muy discreto ya te lo he dicho. No mezcla la vida real con las fantasías.

 – Y qué, pero me sentiría incómodo. De todas formas estará cerrado ¿no? ¿Un sábado por la tarde?

 – No creo. Los sábados organizan otras cosas, no sólo es una tienda. Organizan algunos eventos eróticos, y otras cosas.

 – ¿Cómo qué?

 – Pues, por ejemplo tienen cabinas para ver porno y eso. Todas tienen un glory hole con ellas, y fines de semana es cuando más se llena.

 – ¿En- en serio?- nunca había visto eso más que en las películas porno muy guarras.

 – De verdad. Están en la segunda planta- seguimos andando, para no estar allí de pie a la entrada del callejón. Llegamos a la puerta del sex shop, pero estaba cerrado-. Pues no, hoy no habrá nada. Pero muchos fines de semana abren-. Regresamos por donde habíamos llegado, y en ese momento me asaltó una duda.

 – ¿Has entrado alguna vez?- se pasó el pelo por detrás de la oreja, y giró los ojos-. Pero a ver porno o ¿le has chupado la polla a alguien allí? ¿A través del agujero?

 – Sí… Sólo una vez. Jorge me dijo que lo hiciera, ya sabes. Él conoce a un montón de gente que va al sex shop y tal. Tiene contactos. Aquel día me dijo que entrara en una cabina, e informó a algunos amigos. Allí los que suelen entran son sobre todo gays. Tías suelen ir pocas. Y si él sabe que va a ir alguna, pues avisa a conocidos y demás. Total, aquel día empezó a llegar gente. La cabina tenía un agujero en cada lado, y no paraban de pasar un tío tras otro. De verdad, no recuerdo haber chupado tanto en toda mi vida- me había quedado de piedra.

 – Pero ¿cuántos?

 – No sé, no conté cuántos. Pero fueron bastantes.

 – ¿Pero no decías que sólo lo habías hecho con 30?- empezaba a parecerme poco la cifra.

 – No ya, pero esos no cuentan. A esos no me los follé, sólo se la chupé.

 – Ahí, ¿a completos desconocidos?

 – Sí. Tenían condón y eso, tranquilo.

 – ¿Y te gustó?

 – Me lo pasé bastante bien… Aunque al final acabé cansándome, y tuve que cerrar los agujeros.

 – ¿Cerrarlos? Pero eso cómo funciona.

 – Pues es un pasillo, lleno de cabinas. Como cuartos de baño públicos. Entras en uno, y allí pues hay un banco, y una televisión. Puedes coger DVD alquilados del sex shop y verlos etc. A cada lado hay un agujero, tapado con cerrojo. Si el de la cabina de al lado lo tiene abierto también, pues eso. Al cabo de una hora ya me cansé, y los cerré.

 – ¿Y saliste de allí sin más? ¿Por la puerta? ¿No había tíos por allí?

 – No, yo entré en la cabina 3. La 3 tiene también salida por detrás, que da a la oficina. Allí estuve en el baño limpiándome un poco, y luego ya subió Jorge a decirme que se había ido ya la gente. Salí de la oficina con normalidad, y me fui. En la parte de arriba hay más cosas parte de las cabinas, está el video club, así que si bajas de arriba no tienes que venir de ahí obligatoriamente.

 – ¿Y puede entrar más de uno en cada cabina?

 – Claro… Todo el que quepa, nadie te ve entrar. ¿Por qué?

 – No nada… por saberlo.

 – ¿Te gustaría entrar conmigo? ¿Y verme chupar alguna polla allí?

 – Podría estar bien. Sería otra manera de mirarte.

 – Sí. Me estoy poniendo muy cachonda. ¿Qué tal si dejamos ya el paseíto y vamos a mi piso?   

 – ¿En serio? Si no hemos cenado ni nada.

 – Yo sé lo que vas a cenar tú. Mi coño. Quiero que comas el coño, ahora mismo. Y no te lo estoy pidiendo.

 Fuimos a la primera entrada de metro, y regresamos al campus. Yo andaba bastante cachondo, y Noemi no paraba de besuquearme, siempre que no había gente mirando. Cuando por fin llegamos a la residencia, y subimos a su cuarto, perdimos poco tiempo en desvestirnos. Ella no dejaba de besarme, y nos tiramos a la cama. Sin pensarlo mucho, empezó a empujarme la cabeza hacia abajo.

 – Cómeme el coño. Cómemelo ya.- Obedecí sumiso, y bajé a su entrepierna. Le quité los pantalones, y las bragas y empecé a comérselo. Estaba empapado. Como era habitual, ella me agarraba la cabeza, y me la apretaba contra sí. Se corrió en poco tiempo-. Ahora quiero follar. Quiero que me la metan hasta el fondo…- yo estaba ya tieso y dispuesto. Me bajé los pantalones, la saqué y me acerqué a ella, pero justo cuando estaba a punto de metérsela, me paró-. No pero no tú. Tú no puedes follarme. Tú sólo me comes el coño. Yo quiero follar con una polla de verdad. Una polla gorda. Quiero follarme a Jorge, aquí, mientras tú me miras, y te pajeas.

 No sabía de qué hablaba. ¿Jorge? ¿Allí? Nunca he sido muy bueno para continuar estas conversaciones de cama. Estaba muy cachondo, pero no sabía qué decirle. Sin embargo no hizo falta decir nada. Ella fue al cajón, y sacó el consolador. La réplica de la polla de Jorge. Al ver que la miraba, me sonrió.

 – Si, esta es su polla. ¿Ves que grande es? Sigue con mi coño, mientras yo la chupo…- volví a bajar a su entrepierna, y seguí lamiendo sin parar. Mientras miraba hacia arriba, y no perdía vista de nada. Noemi estaba chupando el consolador, y hablándole, como si fuera de verdad-. M… sí, qué buena polla tienes Jorge… Sí. Quiero que me folles, m… quiero que me folles. Cómeme bien el coño, para que entre bien su polla. Prepara mi coño para que pueda follármelo…

 Estuvimos así un rato, hasta que después, ella se incorporó, y pegó el consolador a la tabla central del reposacabezas, con la solapa. Luego se puso a cuatro patas, y empezó a metérselo.

 – Dios… que grande la tiene… es enorme… menos mal que me has lamido bien para que entre- se la metió entera, y luego empezó a sacársela y a metérsela. Yo mientras estaba de rodillas frente a ella-. Cómeme el coño… Quiero que me comas el coño mientras él me folla… Vamos…

 Me tumbé boca arriba y me metí entre sus piernas. Era complicado, porque me daba la cabeza contra la madera, y ella no paraba de moverse. Pero pude darle unos cuantos de lametazos. Por fin, en esa postura, ella se metió mi polla en la boca y empezó a chupármela. Después de un rato, se sacó de golpe el consolador, y empezó a restregarme fuertemente el coño por la cara. Estaba empapado, entre el sudor y sus flujos. Luego se dio media vuelta, y por fin se clavó mi polla. Empezó a cabalgarme, al tiempo que se masturbaba. Yo no podría aguantar mucho tiempo.

 – ¿Quieres correrte?

 – Si…

 – Pídemelo. Pídeme permiso para correrte.

 – ¿Puedo correrme?

 – No.

 – Por favor, deja que me corra… por favor, no puedo más…

– He dicho que no…- pero no pude más. Ella no paraba, ni ralentizaba el ritmo, así que sin poder aguantarme más me corrí dentro suya. Ella lo notó, pero no paró. Siguió cabalgando, más lentamente, hasta que solté las últimas gotas. Después se quedó tumbada sobre mí, descansando-. No me has hecho caso, ¿eh?

 – Ya… pero es que estaba demasiado cachondo, y el que no me dejaras terminar, me excitaba aún más. Tú no has terminado ¿no?

 – No, pero estoy bien, no te preocupes. Así que te pone que te de órdenes, y permiso para correrte ¿verdad?

 – Un montón.

 – A mí también. Pero si luego no me haces caso.

 – Ya… pero es que es eso, si no me das permiso, me excito más, y claro, es contraproducente ¿no? Es raro, diciendo eso, consigues justo lo contrario. Pero la verdad es que me corro como nunca.

 – Pero por el hecho de desobedecerme o-

 – No, no. Yo quiero obedecerte y tal, pero no puedo evitarlo. Si no paras no puedo controlarlo. Tendría que parar un ratito para relajarme y luego seguir.

 – Lo tendré en cuenta la próxima vez- se quitó de encima, y se puso de pie, poniéndose la mano entre las piernas, para que no se le cayese mi lefa al suelo. Cogió papel y se limpió-. Bueno, ¿qué hacemos? Vamos a cenar o qué.

 – No sé, yo creo que debería irme ya. Mañana tengo clase a las 8, no he trabajado nada, y debería descansar.

 – Ya, yo también. ¿Me ayudas a recoger un poco antes de irte?

 Hicimos la cama, ventilamos un poco el cuarto, y limpiamos. Después nos dimos un beso y me fui. Había sido un fin de semana genial, no podía estar más contento. Estaba un poco deprimido porque ya había terminado, y tenía que volver a empezar con las clases, el estudio y demás. Los exámenes andaban cerca, y me iba a costar concentrarme con todo lo que estaba ocurriendo. Apenas había llegado a casa y ya estaba cachondo de nuevo. Paco estaba en casa, viendo la tele.

 – ¿Dónde te habías metido?- preguntó.

 – He estado con una chica. La que te dije.

 – Ah, ¿la que se liaba con otros tíos?

 – Eh… sí.

 – ¿Y has dormido allí y todo? ¿Eso es de ir en serio no?

 – No, no, he ido esta mañana- Paco asintió. Se solía levantar tarde cuando salía, así que seguramente no se habría enterado si yo hubiese salido temprano-. Bueno, y vosotros qué.

 – Nada, bien. Salimos con amigas de Ana. Está un poco enfadada contigo la verdad. Y Eva molesta también, pero creo que se ha creído que tenías que estudiar. Yo también me he tenido que comer un marrón de Ana por tu culpa ¿eh? No entiendo muy bien de qué vas. Cuando por fin encuentras una tía que se interesa por ti.

 – A ver, ya lo hemos hablado. Si el año que viene está aquí, la invitaré a salir. Pero paso de llevar una relación a distancia, y no quería pillarme demasiado este finde.

 – No sé tío, tú verás. Yo paso de buscarte más tías. Y de Ana no te vas a poder esconder eternamente, ya sabes cómo es. Querrá hablar contigo y echarte la bronca. Vete preparando una excusa mejor que esa.

 Paco parecía enfadado. ¿Debería decirle que tenía novia? ¿Que salía con Noemi? Visto desde fuera, sí que era un feo lo que le había hecho a Eva. Y no tanto a Eva, sino a Paco, que llevaba años intentando liarme con alguien. ¿Pero qué le decía, cuando vieran a Noemi con otro tío? Ahora, que teníamos pensado quedar con amigos, e ir al mismo local, para poder verla ligar… No era el mejor momento, sería mejor dejar las cosas así. Ya se le pasaría.

 Me fui a mi cuarto, y me puse a trabajar, pero no dejaban de venirme imágenes del día pasado. Tuve que parar para masturbarme. Escribí a Noemi por whatsapp para ver qué hacía.

¿Qué haces?

Pues aquí, me voy a poner a trabajar. ¿Y tú?

Aquí… que no puedo parar de pensar en ti.

Jm… ¿ya estás cachondo otra vez? Si acabas de terminar

Ya… Pero ya sabes… ¿me puedo hacer otra?

M… Pues no sé si dejarte, porque antes me desobedeciste.

                                                           Lo siento… no pude evitarlo. Pero es que no puedo concentrarme, ni estudiar ni nada…

Está bien. Háztela.

Gracias

 Seguí meneándosela hasta terminar. Sin embargo,  no estaba del todo satisfecho. Me había decepcionado ligeramente que me dejase. Habría preferido que me dijera que no… El hecho de que me lo negase me excitaba muchísimo.

 El resto de la semana transcurrió con normalidad. Pude evitar a Ana los primeros días, pero el jueves me encontró al llegar a casa, y me echó la charla. Le conté el mismo cuento que a Paco, que ya llamaría a Eva al año siguiente cuando viniera a estudiar aquí. Ella me dijo que más me valía que la llamase, porque la chica tenía ilusiones. Me estaba metiendo en un lío bueno sin darme cuenta. Confiaba en que el verano hiciese que se olvidara de mí, o poder anunciar que estaba con Noemi para entonces. Aún faltaba mucho tiempo, y no me preocupaba por ello.

            Ese fin de semana no pude quedar con Noemi, porque fueron a visitarla sus padres. Ya empezaba a echarla de menos, ya que durante la semana no habíamos podido vernos. Teníamos horarios muy distintos, en lugares alejados, y no coincidíamos nunca. Aparte había que empezar a entregar trabajos, y prepararse exámenes. Habíamos por whatsapp antes de acostarnos, y siempre le pedía permiso cuando iba a masturbarme. Siempre esperaba que me dijera que no, pero siempre me lo daba. Quizá tuviese Noemi razón, era un poco masoquista. Estaba deseando que me provocase, que me torturase un poco negándome el orgasmo y cosas así.

            La semana siguiente empezó mejor. Ese fin de semana había una fiesta en un local de la ciudad. Era una discoteca bastante grande, y a veces hacían fiestas especiales, con DJ’s famosos y demás. Iban muchos estudiantes Erasmus, y eran bastante populares, porque se anunciaban por Facebook a todos los universitarios. La mayoría de nuestros amigos iban, y quedé con Noemi en ir. Yo iría con Paco y mis amigos y ella con los suyos.

            Estuve cachondo toda la semana pensando en la fiesta del sábado, y le pedía permiso a Noemi para masturbarme 3 veces al día. El miércoles hasta me llamó la atención.

Ui hijo que pesado. ¿Cuantas llevas ya hoy?

Ay yo que sé… Es que estoy cachondo.

Ya, pero es que cada vez que me pides permiso, me excita, y me tengo que hacer yo otra… Y no puedo trabajar.

Jaja. Pues no me dejes…

Si bueno… eso me excitaría más. Y tampoco me harías caso.

Ya… pero no sé, si me dices que no, me gusta más. Me corro más.

Sí, pero a mí no me gusta que me desobedezcas. Porque pensar que estas queriéndotela hacer, y no puedes, me excita mucho. Pero si luego no es verdad, porque te la haces a escondidas pues…

Ya… no sé, podría intentar obedecerte.

¿Sí?

Sí.

Está bien. Pues por esta vez vale, pero a partir de ahora seré más estricta.

Ok…

Disfrútala porque no sé cuándo será la próxima.

Oh…

 Tuve un orgasmo mejor que los anteriores, y seguí trabajando. Sin embargo a la noche antes de acostarme, le pregunté de nuevo y esta vez no me dejó. Le supliqué un poco, pero ni así.  Esto me puso muy cachondo, y aunque intenté pensar en otra cosa, no pude evitar masturbarme, releyendo la conversación. Desde entonces no me dejó hacerme nada hasta el viernes que quedamos en su piso. Decidimos quedar solos porque al día siguiente ya había planes interesantes. Al entrar en su cuarto me recibió caliente y con solo una camiseta larga.

 – Hola cariño – me besó-. Qué, ¿estás muy cachondo verdad?

 – ¿Por?

 – No sé… Toda la semana aguantándote, debes de querer correrte…

 – Eh… – no le había dicho que no la había obedecido ninguna de las veces-. Si bueno.

– Bueno, no te preocupes- empezó a tocármela, y a calentarme-. Si te portas bien, igual tienes suerte esta noche…- empezamos a enrollarnos, y a comenzar lo que prometía ser un polvo inolvidable, pero me detuve. Hacía tiempo que estaba llevando una actitud sincera, y no quería cambiar.

 – En verdad – me separé de ella y me senté en la cama-. Si me he corrido. Todas las veces que me dijiste que no, no te hice caso.

 – ¿Qué? ¿En serio?- parecía enfadada. Más de lo que me esperaba. Ups

 – Si… perdona.

 – Pero por qué no me dijiste nada- el rollo se había cortado.

 – No sé… a ti te gustaba que te obedeciera. Los dos disfrutamos.

 – Si pero era mentira. Buah…

 – No te enfades… quería ser sincero ¿vale?

 – Deberías haber sido sincero antes- nos quedamos en silencio-. Mira… no estoy enfadada. Sólo un poco decepcionada, ya sabes. No sé, tenía pensado recompensarte esta noche por haber sido bueno y tal, todo ese rollo. Pero ya no tiene mucho sentido.

 – Si yo quería obedecerte de verdad. Pero es que cada vez que me  lo prohíbes me pongo…

– ¿Seguro? ¿Seguro que no te gusta realmente desobedecer?

 – No, no… A mí me gusta que me ordenes cosas, y cumplirlas, pero estando solo y tal… es difícil.

 – Ya, pero no puedo estar controlándote siempre.

 – Lo sé…

 – Te castigaría una semana sin hacer nada, pero seguro que no la cumplirías.

 – Ps… -seguimos un rato en silencio.

 – Aunque… no sé. Se me ocurre una manera de evitar que no me hagas caso…

 – ¿Si?

 – Sí. Es algo que… llevo queriendo hacer mucho tiempo, pero nunca he podido. Y contigo creí que era demasiado pronto la verdad. Pero ya que dices que hay que ser sincero y tal… pues me gustaría contártelo.

 – ¿El qué? – fue al armario, y tras rebuscar un poco trajo la llave del cajón de las perversiones. Lo abrió un poco para que no viera el interior y sacó una bolsa negra. Ya me había olvidado de ella.

 – Ábrela- hice como si no la conociera, y procedí a sacar el interior en la cama. Cayeron todas las piezas, la caja con forma de pene flácido, el anillo y el candado con la llave.

 – ¿Qué es esto?

 – Es… es un cinturón de castidad. Bueno un cinturón de castidad es para tías. Esto es lo mismo pero para tíos. En inglés tiene otro nombre que se ajusta más al objeto, pero en español no se usa. La traducción sería caja de castidad.

 – Y sirve para…

  – Bueno, es evidente no- dijo trasteando con las piezas-. Eso se pone en la polla, e impide que tengas erecciones, que te masturbes etc. A menos que se abra el candado, no puedes tener ningún placer sexual. Y la llave, pues en teoría la tendría yo.

 – ¿De dónde lo has sacado?

 – Lo… lo compré en el sex shop de Jorge- como no-. Él me aconsejó mucho. Ahí fue cuando empezamos a liarnos. Le gustó que me interesaran estas cosas. Yo cuando lo vi, me imaginé para qué era, pero nunca había pensado que existiese algo así. Él me explicó para qué era, me enseñó a usarlo…

 – ¿Él se ha puesto esto?

–  Hombre, este es nuevo. Él me enseñó videos, paginas etc.

 – ¿Nunca se ha puesto uno?

 -No. Esto no es para él. Seria para mi novio, mientras que el me folla.

 – Comprendo…- me quedé meditando unos instantes.

 – El otro día no, pero a veces fantaseamos que mi novio está presente, con eso puesto, mientras me folla. No sabes la cantidad de pajas que me he hecho simplemente mirándolo. Ya al cabo de los meses perdió el efecto, y ya mirarlo no me excita. Pero nunca he podido llegar más allá. – nos callamos unos instantes-. ¿Y bien? Qué piensas.

 Me miraba con una expectación abrumadora. Había contenido la respiración. Estaba claro que eso era muy importante para ella, y llevaba muchísimo tiempo poder compartirlo con alguien. Yo la verdad desde que lo vi me sentí interesado, y todo lo que me había contado me excitaba. ¿Pero sería incómodo de llevar? ¿Dolería al empalmarse? Y aunque todo eso excitase, era sin tenerlo puesto. Al tenerlo, él mismo cacharro evitaría que me pusiese cachondo.

 – Me gustaría probarlo- dije en un primer  momento. Noemi suspiró aliviada más alto seguro de lo que se habría propuesto, y no pudo evitar sonreír.

 – ¿En serio?

 – SI. Pero tengo algunas preguntas. ¿Duele?

 – No.

 – Cómo lo sabes si no conoces a nadie que lo haya usado.

 – Porque he leído muchos foros y me he informado. Notas la presión al empalmarte, pero no duelo. Y si estás empalmado mucho rato, duelen un poco los huevos porque el aro no deja de aplastarlos, pero eso es si estás empalmado mucho rato. También puede molestar a veces, pero hay muchos más modelos. De plástico, silicona, para que no apriete… En fin, sería cuestión de ir probando…

 – Parece que te has informado mucho. – se sonrojó.

 – Si bueno. Un poco. Así que… ¿Quieres probarlo?

 – ¿Ahora?

 – Sí.

 – Pues… bueno. Pero no creo que me quepa eso ahora mismo.

 – Jaja. A ver, desnúdate. Te explicaré como se pone.

Me quité los pantalones y me puse de pie. Efectivamente tenía la polla hasta el techo. Cogió el aro, lo abrió como una argolla, lo paso por detrás de mis huevos y lo cerró rodeando la base.

 – Esto es asa. Luego pones la caja, la unes arriba y en la unión pones el candado. Pero habrá que esperar que se te quite eso…

 Estuvimos un rato charlando de estudios y demás hasta que se me bajó. Entonces sin darme tiempo a pensarlo, cogió la caja, me metió el pene dentro, y la ajusto. Luego cerró el candado y sacó las dos llaves. Se me quedó mirando.

 – ¿Qué tal?

 – Bien… no sé, no molesta. Aunque… me está excitando un poco…- y en efecto, me puse cachondo de inmediato. Fue una sensación extraña. La polla ocupó todo el espacio, y dejó de crecer. Intenté hacer que creciera moviendo el músculo, pero sólo noté la presión de la caja, y empezó a tirarme de los huevos. Estaba firme, y no había manera de quitársela, ni de pajearse.

 – ¿Molesta?

 – No… Aunque cuanto más me crece, más tira del aro, y el aro me aplasta los huevos…

 – Ya, son los huevos los que contienen la erección. ¿Te duele?

 – No, doler no. Molesta un poco nada más. De momento.

 – Dios, que cachonda estoy… No te lo puedes ni imaginar… se acercó a mi polla enjaulada, y se la metió en la boca lentamente.

 – Ah…- mi polla intentaba crecer desesperada. La jaula la mantenía pequeña, y no dejaba que el capullo saliese. El prepucio seguía recubriendo todo, y sólo sentí un tacto caliente y húmedo de la boca de Noemi, ningún placer. Como si me chupara el brazo-. Dios voy a explotar… ¿Quítamelo ya no?

 – ¿Qué? Si hombre. ¿Después de todo lo que has hecho durante la semana? Ni lo sueñes-. Cogió la llave del candado, y la metió en el cajón. Luego cerró el cajón y puso la llave de nuevo en su escondite del armario. Yo me quedé allí con la polla palpitando-. No vas a usarla en toda la noche, así que vete olvidando. Te vas a concentrar única y exclusivamente en darme placer a mi…

 Se acercó y empezó a besarme como loca. Me agarró la mano y la llevó a su coño, para que se lo tocara. Puse un dedo en su raja, y esta me absorbió entero. Estaba chorreando. Le arranqué un gemido de placer en seguida, y tras un minuto acariciándola, se corrió, agarrándose de mis hombros para no caer al suelo, y gimiéndome al oído. Yo me di un apretón a la polla, pero la caja era firme, y no sentí nada. Era tan frustrante… me apetecía golpearla con fuerza, a ver si conseguía hacer llegar a mi pene algún estímulo.

 – Ahora quiero follar… sí, quiero que me follen. Y como tú no puedes pues que lo haga Jorge. Si… Jorge va a follarme, y tú vas a mirar… Trae su polla.

 – El cajón está cerrado.

 – Esta en el de arriba- lo abrí y saqué de entre las bragas la polla con solapa.

 – ¿La has estado usando?

 – Sí. Toda la semana. Jorge me ha estado follando, mientras pensaba que tú tenías que aguantarte. Pero me mentiste. Así que ahora te vas a enterar. Ponla ahí en la cama.

 Coloque la polla como ella lo hizo la última vez. La aplasté contra la madera y la solté. Se quedó allí pegada.  Noemi mientras estaba de rodillas sobre el colchón, masturbándose sin parar, y sin quitar ojo de mi entrepierna.

 – Eso es. Ahora mójala. Quiero que la mojes bien, para que me entre…- por lo que había tocado antes, sabía perfectamente que tenía el coño chorreando y no necesitaba más lubricación. Pero ella quería humillarme, así que obedecí. No quería chuparla, y como había dicho sólo mojarla, me escupí en la mano y lo extendí por el consolador. A decir verdad, estaba tan cachondo que si me hubiera dicho que la chupase lo habría hecho. Cuando la mojé bien, ella se dio la vuelta, se puso a cuatro patas y fue gateando hacia atrás-. Ahora ayúdame a meterla. Ayúdame… Mete su polla en mi coño, vamos…

 Ella era capaz de hacerlo solita, pero eso era parte del juego. Y la verdad es que me ponía a cien. Así que la agarre de las caderas y la hice retroceder hasta la altura del consolador. Luego lo cogí, y lo puse en la entrada de su coño. Después tire un poco más de ella, y la polla de plástico desapareció dentro suya, sin ninguna dificultad. Ella siguió retrocediendo por su cuenta hasta que su culo chocó contra la cadera, y luego empezó a moverse adelante y atrás.

 – Oh sí, dios… ¡sí!- gritaba y se movía sin parar, arrastrando casi la cama. Me quedé de pie a su lado mirando. Me di otro apretón a la polla con igual resultado. No sentí nada. Los huevos se me empezaban a poner azules, y tuve una punzada de pánico. Pero estaba demasiado cachondo para pensar en ello-. Mírame. Mira como me folla. Te gusta ¿eh? – decía mientras sin parar de moverse, y mirándome la polla-. Vamos, ven aquí debajo. Cómeme el coño.

 Me puse en la misma postura de la otra vez, y girando el cuello con dificultad pude darle algunos lametones. Me cayeron varios grumos de fluidos. Era impresionante como de mojado tenía el coño. La polla era negra, y se veía casi blanca de todo lo que la había manchado en esos segundos. Entonces noté que me cogía la polla y me la meneaba. Ahí fue cuando por fin pude notar un poco de placer. Al estar la polla tan tiesa, y el tallo se hundía hasta mi pubis, al menearla, conseguía provocarme unos escalofríos de placer, aunque al mismo tiempo hacía que me dolieran los huevos, cada vez más hinchados.

 – ¿Te gustaría follarme eh? ¿Verdad que sí?- se metió mi polla en la boca, sin parar de moverse.

 – Si… por favor…

 – No… Si te hubieras portado bien, ahora me estarías follando. Pero no… ahora sólo vas a mirar, y no te vas a correr. Ni lo sueñes…

 – No… por favor…- dije como pude sin parar de chupar.

 – Ah, dios, si, ¡sí!- dijo Noemi gritando. Seguro que la había oído en todo el pasillo. Se había corrido otra vez. 2 veces en apenas 5 minutos que llevábamos-. Dios, que gusto…- se sacó la polla, y se tumbó sobre la cama-. Vamos, ven aquí…- me guió hasta sus pies, y me acercó a su entrepierna, para que le comiera el coño-. Vamos, ahora límpiame… limpia toda la corrida que me ha echado dentro… Vamos…

 No era corrida, pero lo parecía. Tenía tantísima cantidad de flujos, que tuve que chupar y tragar un rato antes de tener sólo mi saliva en la boca. Estuve chupando sin parar, dándome de vez en cuando un meneo de esos que me dio Noemi antes, y cogiendo un poco de placer. Salivaba como loco, como si todo el placer que le negaban a mi polla, saliese por mi boca. Chupaba con fruición y literalmente la devoraba. En unos minutos se corrió de nuevo, gritando escandalosamente de nuevo, y me apartó la cara por fin. Me hizo tumbarme a su lado. Yo no quería parar, porque naturalmente aún estaba cachondo para morirme, pero le hice caso, y me tumbé, con la polla atrapada mirando al techo, y los huevos ya casi morados y doliéndome al moverme bruscamente.

  – Dios que maravilla… estoy agotada…

 – Ya me he dado cuenta que te ha gustado… yo y toda la residencia.

 – Jaja, ¿si verdad? Bueno que les jodan. Yo en mi cuarto hago lo que quiero- estuvimos unos segundos callados. Mi polla empezaba a remitir, aunque por dentro seguía ardiendo todo mi ser-. Bueno y tú que tal. Sigues cachondo y eso ¿no?

 – Joder claro. Si yo no he hecho nada. Estoy que voy a explotar…

 – Uf, es verdad… tú debes estar, como estaba yo hace un rato. Dios, es verdad, no lo había pensado… Estaba tan relajada, y tan a gusto, que no pensaba que tú estuvieras aun tan cachondo. ¿Qué guay no?

 – Para ti quizá.

 – Jaja. Es que es una sensación muy extraña. Siempre que estoy tan descargada, mi pareja está también descargado. Nunca había estado en esta situación, que estamos los dos en sitios opuestos… O sea que tú ahora mismo… estás deseando follar ¿no?

 – Claro.

 – Tan cachondo como nunca. Harías cualquier cosa por correrte… chuparías todos los condones usados que te pidiera ¿no? ¿Me limpiaras entera, si se hubiera corrido encima mía?

 – Supongo…- lo decía en serio. No sabéis lo cachondo que estaba.

 – Entonces, ¿me comerías el coño otra vez?

 – Claro… -de hecho eso no hacía falta ni que me lo ordenara. Lo deseaba.

 – Te gustaría ¿eh?

 – Si…

 – Pídemelo. Pídeme mi coño. Pídeme que te deje chuparlo.

 – Deja que te coma el coño por favor. Me muero por comértelo…

 – Oh dios… te tengo súper controlado ¿eh?- se reía, poderosa.-. Está bien. Adelante- me deslicé a los pies de la cama y empecé de nuevo, con la misma fruición que antes-. Con cuidado. Me duele un poco.

 Intenté no chuparle el clítoris directamente, sino por la parte superior. Esta vez tardó un buen rato en correrse. Estuve allí 15 minutos por lo menos. La polla ya no me molestaba, la erección había remitido, a pesar de que yo seguía cachondo mentalmente. Al final a los 20 minutos por fin se corrió, agarrándome la cabeza con fuerza.

 – Ay dios… me va a dar algo…no puedo más…

 – ¿No te apetece otro?- dije, aun con ganas de más. Al no obtener placer yo, sentía una curiosa sensación de satisfacción dándole placer a ella.

 – No de verdad. No puedo más. Me ha costado correrme ya, me escuece un poco. A ver si mañana no voy a poder hacer nada- cierto. Al día siguiente tenía que estar fresca. Me decepcioné un poco de tener que parar ya, pero lo entendí-. ¿A ti te apetece seguir chupándomelo?

 – Si…

 – Jaja… pues va a ser verdad lo que dicen.

 – El qué dicen.

 – Que los tíos que están así que no pueden tocarse, en una caja de castidad, comen mejor el coño.

 – ¿Qué? Venga ya.

 – Eso he oído. Y leído. Mucho. Jorge me lo contó. A parte de para que el tío no se toque y tal, esas cosas también sirven para hacer que el tío te coma mejor el coño.

 – Qué tontería. Y Jorge que sabe si no lo ha tenido nunca.

 – Él conoce a mucha gente pervertida. Vamos, todos sus clientes son pervertidos. Y está enterado de gente que ha tenido muchas experiencias de estas, y todas las tías lo afirman.

 – Pero a ver, eso no tiene ningún sentido.

 – Claro que tiene sentido. Los tíos únicamente tienen una fuente de placer. Y cuando te la niegan, pues intentas subconscientemente buscar otra manera. Y toda esa frustración contenida, se te va a la boca. En la infancia, cuando somos bebés, la boca era una fuente de placer. Freud lo denominaba fase oral. La comida, el mamar y todo eso era lo más importante para nosotros. No sólo de placer, sino de conocimiento. Todos los bebés se llevan cosas a la boca, para conocerlas. Hasta que los padres les riñen y aprenden a no hacerlo, lo chupan todo. Eso luego se reprime y se olvida, pero siempre queda algo. Lamer, besar y chupar siempre es algo morboso. Y cuando a un tío le quitan la posibilidad de recibir placer por la polla, pues yo creo que vuelve a esos instintos primarios, a querer chuparlo todo, como si le diera gustillo…

 – No sé yo…- aunque ahora que lo pensaba…

 – Vamos, ese es el razonamiento que he hecho yo, desde un punto psicológico. Es una teoría mía. No sé si será por eso, pero la cosa es que es así. Ocurre, y lo dicen muchos. Y yo misma también vamos, que me he dado cuenta. Que me has comido el coño mejor que nunca, que te ha faltado morderme.

 – A ver, no sé, supongo que porque estaba cachondo…

 – Pues eso digo. Ahí está la cuestión. No sé, tú que lo has probado, ¿no has notado nada?

 – Pues… ahora que lo dices puede que un poco… No sé… Me salivaba mucho más la boca ¿sabes? Como si no pudiera dejar de chupar. Se me hacía la boca agua.

 – ¿Ves? Jaja, que guay. Y eso que llevas nada más que 10 minutos con eso puesto. Cuando lleves semanas sin haberte hecho nada, imagínate…- y cerró los ojos, gozando en su imaginación…

 – ¿Semanas?- la miré con un poco de miedo.

  – Bueno, tú sabes. Depende de cómo te portes. Bueno y por lo demás qué tal estás.  ¿Sigues cachondo?

– Claro… ¿No vas a quitarme esto nunca?

 – Jaja. No, esta noche ya sabes que no puedes…-suspiré, desesperado-. No te preocupes, sé que ahora estarás ardiendo, pero túmbate un rato y verás cómo se te pasa-. Nos tumbamos un rato y descansamos. Al cabo de unos minutos es cierto que se me pasó. Seguía cachondo, y me la habría follado al instante de habérmelo pedido, pero ya no tenía la frustración de antes-. ¿Te ha gustado?

 – Muchísimo. Aunque ahora lo que pega es una descarga final, de todo lo acumulado.

 – Si lo sé. Si ahora tuvieras un orgasmo, sería brutal… Pero no. La próxima semana, pórtate bien, y podrás descargar. Así aprenderás a comportarte.

 – Jm.

 – Pero bueno, y todo lo demás qué. Aparte de la caja de castidad… lo del consolador y todo el teatrillo.

 – Eso fue genial.

 – ¿No te habría gustado más que fuera una polla de verdad…?

 – Puf – me miraba de reojo-. No. Me daría cosa.

 – Sí, pero sería genial.

 – No lo sé.

 – Bueno, ahora lo mejor será que te vayas. Prueba el cacharrito ese y ya me cuentas. Si vamos a salir mañana esta noche querría trabajar hasta tarde, y si te quedas a dormir, seguro que mañana por la mañana lo hacemos de nuevo. Y no estoy en forma para la fiesta.

 – Está bien, ¿pero tendrás que quitarme esto no?

 – ¿Por qué?

– Cómo que por qué. No voy a salir así a la calle.

 – No, así no hombre. Te vistes. Eso no se nota.

 – Como que no. Va a parecer que tengo un bulto raro.

 – Que no se nota.       

– Y encima te querrás quedar la llave ¿no?

 – Claro. De eso se trata. Porque si no sé qué en cuanto llegues a casa vas a cascártela.

 – A ver. Yo no voy a llevar esto por toda la ciudad, me da vergüenza. Es demasiado pronto. Déjame la llave, yo lo pruebo unos días y a ver si es cómodo. Pero tampoco tengas prisa, hay tiempo.

 – Está bien. Pero llévatelo puesto a casa al menos ¿no?- negué con la cabeza-. Mira vístete, veras que no se nota

 Me vestí, y me puso los vaqueros, si me la daleaba a un lado, y la ponía hacia abajo a lo largo de la pierna, sólo se notaba un bulto, que a mis ojos era evidente, pero Noemi decía que no.

 – Que no pasa nada. Eso es como los tampones y las compresas Al principio piensas que todos lo notan, pero no es así. Es sólo tu imaginación.

 – A ver que no, que se nota el bulto. Y si me pongo cachondo más. Esto no es para salir a la calle, no es como las bolas chinas.

 – Como que no. Eso es para llevarlo siempre. En eso consiste.

 – Venga ya. Eso será para el momento de follar y ya está.

 – No. Para follar no lo necesitas. Sirve para el momento anterior. Para llegar caliente al polvo.

 – No lo veo.

 – Ps. – Noemi bajó la cabeza triste.

 – Mira no sé. Voy a probarlo esta semana a ver qué tal me va. ¿Vale?

 – Mira… esto es algo que he querido desde hace mucho tiempo. Es importante para mí. ¿Vas a tomártelo en serio?

 – Si, ya sé que a ti te importa. Lo probaré ¿vale?

 – Pero pruébalo bien. Sal a la calle, verás como no pasa nada.

 – Que si… Pero ahora no. Dame la llave. – Noemi me la dio. Me quité el cacharro, y por fin pude volver a tocar mi pene. Pero ya estaba flácido, así que de nada sirvió. Guardé todo en su bolsita y me fui a casa. Al salir del apartamento, ocurrió una cosa extraña. Aunque el pasillo estaba solo, mientras esperaba en el ascensor del fondo se asomaron un par de cabezas de mujer. Las dos chicas que había visto el día anterior. Me miraron, y se escondieron de nuevo, sonriendo. ¿Nos habrían oído? Puf, menos mal que yo me iba ya.

 Nada más llegar, naturalmente lo primero que me hice fue una paja. Me corrí en un minuto,  y expulsé chorros de corrida. Había estado acumulando bastante. Después de eso me sentí como nuevo y me puse a trabajar, hasta que me cansé y me acosté. Al día siguiente por la mañana me levanté bastante caliente, por todo lo ocurrido el día anterior, pensando en que tenía la caja de castidad en el escritorio. Decidí probármela, a ver qué tal. Sólo el hecho de ponérmela y cerrar el candado ya me excitó. Se me puso dura y ya empezó a apretarme. Me puse encima el pijama, y se notaba un bulto enorme, parecía que tenía un palo en los calzoncillos. Estando tan dura era difícil ladearla, y no pensaba salir así del cuarto, así que me pajeé nuevamente, y me lo volví a poner ya más relajado. Ahora no se notaba tanto, y me atreví a salir. Paco estaba desayunando. Intenté andar siempre pegado a los muebles, y con las manos por delante. Me senté con cuidado, ya que aún no controlaba mucho la posición del aparato. Estuvimos charlando, luego vimos un rato la tele y después me retiré a mi cuarto, sin que Paco se percatara de nada. Al llegar vi que Noemi me había hablado.

Hola.

Qué haces

Pues nada, aquí probando tú regalo.

¿De verdad?

Sí.

Y qué tal.

Bien de momento, He estado por casa, y mi compañero no se ha dado cuenta.

Ya te he dicho que no se nota.

¿Vas a llevarlo esta noche?

¿A la fiesta? No

Jo, ¿por qué?

No sé… Es muy pronto. No me fio. Y si encima voy a estar cachondo.

Jm. Y seguro que te has hartado ya de pajas desde que nos separamos.

Un poco.

Ya, pues todas estas te las estoy guardando, que lo sepas. En cuando me des esa llave te vas a enterar.

Oh…

            El resto del día lo pasé trabajando, con el aparato puesto. En cuanto recordaba que lo tenía, me ponía cachondo, y me lo quitaba para masturbarme. Era relativamente cómodo, solo había que tener cuidado al hacer movimientos bruscos y rápidos, para no pegarte pellizcos en los huevos.

            Por fin llegó la esperada noche de la fiesta. Íbamos a ir el grupo de tíos de siempre: Paco y yo, Marco, Pablo (el que ligaba mucho), Sergio, Juan, Ana y Susana, la novia. Habíamos quedado a las 12 en casa de Sergio, que era el que más cerca vivía del lugar de la fiesta, así que sobre las 11:30 después de cenar y arreglarnos, fuimos para allá. Había bastante gente por la calle, y al llegar al club tuvimos que hacer cola. Noemi dijo que iría sobre las 11 con sus amigas, así que para cuando llegamos ya debía de estar dentro.

            Cuando por fin conseguimos entrar, el ambiente estaba bastante cargado. Había mucha gente, y costaba moverse. Nos fuimos a la barra, donde todavía había hueco. La parte de la pista estaba bastante petada, con todo el mundo saltando y moviéndose. Me iba costar encontrar a Noemi. Nos pedimos unas copas, y empezamos a beber, y a intentar hablar entre nosotros. Pablo miraba a su alrededor, buscando presa. Siempre hacía lo mismo. Al cabo de 10 minutos se nos acercó al grupo de solteros y nos dijo:

– Mirad esas nenas… no dejan de mirarnos- y señaló a un grupo de 4 chicas, que estaba al final del local, alrededor de una mesa redonda alta. Me llevé una sorpresa al ver que Noemi estaba entre ellas. Estaban también las 2 tías cotillas de la residencia y otra que no conocía. Tanto Noemi, como las dos de las residencia me miraban. Noemi al ver que la había visto, me sonrió. ¿De qué estarían hablando? Noemi estaba buenísima… traía un vestido con un escote tremendo, y la espalda al aire hasta casi la raja del culo. – Uf, la de la derecha está buenísima- esa era Noemi-. Qué, entramos ¿no?

 – ¿Tan pronto?- comentó Sergio, que también era más tímido, no tanto como yo pero sí un poco-. Espera a ver si han venido con alguien.

 – Que va, esas están buscando guerra. Vamos- y junto con Juan se acercaron a ellas. Que cabrón. Con la cantidad de gente que había no esperaba que los dos grupos se mezclasen. Al llegar saludaron, se acoplaron y se pusieron a charlar. Qué morro.

 Nosotros seguimos charlando, y bebiendo. Las parejas se habían ido ya a bailar, así que nos quedamos Sergio y yo solos. Yo no dejaba de mirar de reojo al grupo de Noemi. La chica que no conocía, y otra se habían ido ya, y Pablo hablaba sin parar con mi novia, mientras Juan hacía lo propio con la otra. Pablo no se cortaba pelo. Con la excusa del ruido, no dejaba de acercársele al oído, para hablarle, al tiempo que le ponía la mano en la rodilla. Noemi se dejaba hacer, así que Pablo no paraba de avanzar.

            Mientras Sergio ya se había puesto a hablar con una conocida de clase. Estábamos los tres, pero sólo hablaban ellos dos, así que poco a poco me fueron desplazando. No había contado con eso. En la mayoría de las fiestas pasaba lo mismo, yo siempre me quedaba solo, y me aburría. En esta estaba el aliciente de Noemi ligando, pero no podía quedarme allí de pie solo mirándola. Por suerte al cabo del rato vinieron las parejas, y estuvimos en grupo otro buen rato. A todo esto, Pablo había sacado a bailar a Noemi. La cosa se ponía interesante. Noemi de vez en cuando me miraba de reojo. Empezaron a moverse, juntos, tocándose las manos sin parar. Yo no podía dejar de mirar, cuando de repente alguien me llamó por detrás. Era una de las chicas de la residencia, que había venido con Noemi.

 – ¡Hola! Te he visto por la resi. ¿Qué tal?- ¿le apetecía charlar conmigo? Qué raro. Yo no tenía ganas de hablar, quería seguir mirando a Noemi, que ya empezaba a ponerse empalagosa con Pablo, así que contesté con monosílabos como siempre, pero la chica siguió sacando temas.

            Conseguí al menos ponerla de espalda a la pista, para poder seguir echando algún ojillo a Noemi, que ya estaba abrazada con Pablo, restregándole el culo por la polla. Él la tenía agarrada por la cintura, y la atraía hacia él… Los veía a ratos, porque se perdían entre la multitud. Juan llegó al rato, y se metió en la conversación conmigo y la otra chica. Al parecer la otra había pasado de él. Pensé que me la quitaría de encima, pero la tía pasaba sutilmente de todo lo que Juan decía y seguía dirigiéndose a mí. Estaba claramente ligando conmigo. Juan se hartó y se marchó, y fue cuando entonces me dijo de bailar. Puf. ¿Quería montar el numerito de Noemi y Pablo? Yo no podía hacer eso… ¿y si se calentaba la cosa e intentaba besarme? ¿Con Noemi al lado? No podía. Pero tampoco sabía decir que no.

 – Si, pero voy al baño, ahora vuelvo- le dije, y escapé.

            Para ir al baño tenía que atravesar toda la pista de baile, y pude apreciar como Noemi y Pablo se estaban enrollando. Me quedé allí entre la multitud mirando un rato. Me movía un poco al ritmo de la música, y entre la multitud tampoco se veía que estaba solo. Se estaban dando un buen morreo, Pablo le estaba tocando el culo con las dos manos, y ella le agarraba la cabeza. Entonces vi a la tía de la residencia que andaba buscándome, y tuve que moverme hasta el baño. Allí entré en un cubículo de esos asquerosos y sin mucho pensarlo empecé a pajearme, pensando en todo lo que había visto. Estaba muy cachondo, y en ese momento Noemi se estaba enrollando con otro tío… con un amigo mío. ¿Se lo quería tirar? ¿O lo dejaría e iría a por otro? No quise correrme, porque sabía que se me cortaría el rollo, y no quería. Me pajeaba hasta que encontraba el punto y entonces paraba. No estuve mucho rato, porque empezaron a meterme prisa llamando a la puerta así que me vestí de nuevo y salí. En la salida del baño me encontré a Pablo.

 – Ey, cómo va eso.

 – ¿Qué haces aquí?

 – Esperar a mi chica, que está en el baño.

 – Am. ¿Va bien la cosa por lo que he visto no?

 – Puf, ya te digo. Está caliente como una perra. ¡Esta noche mojo!

 – ¿Y eso? ¿Tú crees?

 – Joder, si me ha dicho hace un rato de ir a su piso.

– ¿En serio?

 – Ya ves. Estoy esperando que salga y nos vamos. No quiero que se me escape. Ahí viene.- En ese momento salió del baño Noemi. Al verme pareció un poco sorprendida, pero supo disimular- ¿Nos vamos?- Noemi asintió- Bueno tío, nos vemos mañana.

            Pablo se despidió de mí con un gesto de la cabeza y luego agarró a Noemi de la mano. Ésta, aprovechando que estaba yo allí, se acercó a él y le comió toda la boca, justo enfrente de mí. Luego lo cogió de la mano y lo llevó a la salida del local a través de la pista de baile. Pablo me echó una última ojeada, diciendo: uf, la que me espera. Noemi volvió la cabeza y me lanzó una sutil sonrisa mientras se iban.

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