SARA LEVESQUE

Me mostraste parte de las heridas de tu Corazón y pude ver tu Alma fragmentada. Contemplé cómo te mantenías en equilibrio con un pedazo de ella en cada mano, con tus hombros agachados, cansados, decaídos, hundidos… No me gusta pensar que has sufrido. Tu Corazón se lleva bien con el mío porque ambos tienen una cicatriz que cose sus válvulas. Son capaces de empatizar el uno con el otro.

Yo no quiero estar con un Corazón perfecto que no sabe una mierda. Quiero estar con un Corazón herido que ha aprendido de sus hostias y ha llorado sangre hasta ponerse en pie. Uno que tiene tantas ganas de vivir que late a puñetazos, haciendo todo el ruido posible. Como el tuyo. Solo se aprende del fracaso. Y la mejor lección que tu Alma podrida de desilusión entendió fue que la Vida, con sus cuestas y pozos, merece la pena convertirla en canción.

Solo quiero besar cada uno de los puntos de tu cicatriz para remendarlos bien y que no se te escape de nuevo la alegría por ellos. Que no te vuelvas a quedar sin aire, que el viento sople siempre a tu favor, alejando de ti el pavor. ©

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