AURORA MADARIAGA

Epílogo
Condado de Antrim, Irlanda del Norte, 2013
La luz de la mañana todavía producía ansiedad en Nuada tan pronto despertar y ser
consciente de los rayos de sol sobre la piel y los ojos. Esos primeros segundos de vuelta
a la realidad y todavía con un pie en el mundo onírico debía hacer el esfuerzo de
recordarse que todas las ventanas y cristales del palacio real de Bethmoora estaban
fabricadas con la más alta tecnología de bloqueo UV. La claridad lo cegaba incluso a
través de las gruesas cortinas rojo vino y las capas de visillos. Estiró la manta más
arriba de la cabeza hasta quedar a oscuras y buscó a Loreto en la cama. Se arrimó a su
cuerpo desnudo hasta pegarse a su espalda y la encerró en sus brazos. Acarició su
vientre abultado y enterró la nariz en sus cabellos y cuello hasta embriagarse con su
aroma. La Reina ronroneó acurrucada contra él y giró la cabeza hasta robar un beso de
su boca. Rieron y se dieron los buenos días entre arrumacos y besos.
El día comenzó especialmente ajetreado esa mañana en el palacio. Se cumplían cinco
años desde su construcción comisionada entre el gobierno irlandés, las autoridades de
la UE, la OMS, la ONU y en conjunto con la A.I.D.P. Los representantes de Irlanda del
Norte habían dado la bienvenida al clan Bethmoora de vuelta a su tierra con los brazos
abiertos argumentando inmenso orgullo y honor de tener a tan selecto grupo de seres
milenarios viviendo en sus tierras como siempre debió ser. La comisión de autoridades
humanas no escatimó en gastos. La medicina elfa sanadora del cáncer les abrió la
puerta de par en par para volver con dignidad a la superficie y reclamar su tierra
originaria. El éxodo de Bethmoora desde las cloacas de Nueva York a su hogar original
en Antrim fue una operación delicada llevada a cabo en la oscuridad de la noche y
trasladados a sus nuevas residencias a lo largo y ancho del condado construidas al
unísono con el palacio real. Hoy sería la primera vez que Bethmoora abriría sus puertas
a las autoridades humanas en una recepción oficial. Los elfos encargados de la gran
cena programada para esa tarde transitaban diligentes de un lado a otro mientras
intercambiaban ordenes e instrucciones en su gaélico nativo.
Después de la boda entre el ahora Rey Nuada y Loreto celebrada en la cámara real
original de Bethmoora rodeados de los descendientes del Elemental y oficiada por los
druidas elfos, ella comenzó a tomar clases particulares diarias con uno de los sabios
milenarios para dominar el idioma materno de su esposo y su gente. Su gramática
presentaba un desafío importante al igual que su nuevo rol como la Reina de
Bethmoora. Todavía no se acostumbraba a ser tratada y descrita como tal. El
nacimiento del primogénito de ambos, el Príncipe Éon, Goldenspear, la había
motivado aún más para estudiar las raíces y la cultura que su hijo era de heredar. De su
padre heredó sus ojos originales ópalo y esmeralda y sus marcas de nacimiento en las
sienes y los pómulos mientras que de su madre, el cabello castaño claro ondulado y su
piel blanca con tintes sonrosados. Con un poco más de cuatro años de edad, el
príncipe ya había comenzado su entrenamiento para seguir los pasos de su padre. Él
mismo lo llevaba a cabalgar todos los días después del atardecer y lo instruía en el arte
del combate con lanzas, arpones y espadas. Loreto trató de oponerse pues la sola idea
que su pequeño saliera mal herido de una lección de batalla le apretaba el corazón de
angustia, pero pronto se dio cuenta que era la tradición en la familia real de
Bethmoora y el destino de Éon como primogénito del Rey era seguir sus pasos. Todavía
no sabían si su hijo había heredado la inmortalidad de Nuada. Más allá de lo que se
esperaba de él, para Loreto era simplemente un niño hermoso que crecía feliz rodeado
de amor y protección. Su prima la Princesa Celestia, Seawhisper, nació casi un año
después. Sus padres, la Princesa Nuala y el Príncipe Abraham vivían en el ala izquierda
del palacio. La pequeña heredó la piel azulina y los ojos de mar de su padre mientras
que de su madre, sus cabellos lisos rubios originales, sus marcas en las sienes y
pómulos y sus rasgos faciales. Con tres añitos de edad la pequeña apenas hablaba pues
su poder mental era tal que sin mediar palabras se comunicaba con fluidez y claridad
con todos a su alrededor. El Rey ordenó instrucción telepática y psíquica para su
sobrina tan pronto se dieron cuenta de sus capacidades. Sin prejuicio de ello, con su
primo Éon jugaban y corrían por los pasillos y escaleras del palacio como dos niños
normales. Sus risas y gritos daban aún más vida a la orgullosa construcción.
Los días transcurrían llenos de actividades para Sus Majestades Reales. Nuada y Nuala
estaban en conversaciones con las autoridades humanas de la ONU así como también
con científicos y académicos especializados en el cambio climático. En conjunto con
los druidas elfos estaban desarrollando un híbrido de descendientes del Elemental y el
arce europeo para reforestar áreas con gran densidad demográfica. Los expertos y
consultores legales de la ONU redactaron una normativa de protección internacional
para los nuevos bosques que los resguardaba de toda tala y castigaba con fuertes
sentencias el incurrir en dañar o incendiar tales espécimenes. Por su lado, el Príncipe
Abraham, el otrora agente Sapien, seguía ayudando a la agencia en Nueva York cuando
su experiencia y capacidad eran requeridas. Le iban a buscar en su avión privado y
pasaba semanas en la agencia trabajando codo a codo con los agentes Hellboy,
Sherman y Krauss como en los viejos tiempos. Loreto dividía su tiempo entre la
crianza de Éon, sus clases de gaélico y su flamante estudio de música construido en el
gran sótano del palacio real. Seguía componiendo música, mas había decidido cortar
todos los lazos con la disquera y convertirse en cantautora independiente como al
principio de su carrera. Sus conciertos eran escasos. A cinco años de los eventos del
otoño en 2008, la prensa seguía pisándole los talones, ahora como la Reina del reinado
mágico de Bethmoora. Las pocas oportunidades que tenía para reencontrarse con su
público eran ocasiones íntimas con una selecta pre-venta y reserva de entradas para
asegurar su seguridad. Rara vez solía volar a los EE.UU. y cuando lo hacía, decidía
mantener el anonimato y viajar en el avión privado dispuesto para ellos por el gobierno
de Irlanda del Norte. La cura contra el cáncer sintetizada exitosamente por los
científicos de la OMS ya estaba al alcance de la población mundial en formato de
fármacos e inyecciones a obtener en cada farmacia y centro de salud público. La
reacción fue masiva. Miles de vídeos en Internet y la televisión con emotivos
testimonios de sobrevivientes quienes entre lágrimas agradecían a los elfos de
Bethmoora por una segunda oportunidad de vivir. Muchos viajaban hasta el Condado
de Antrim en Irlanda del Norte y dejaban arreglos florares, velas y cartas arrimadas a
las altas murallas protectoras como símbolos de su gratitud.
El otrora reducto donde esperaban latentes los soldados del Ejército Dorado, era ahora
el hogar del vigoroso bosque de descendientes del Elemental. Los druidas elfos y Sus
Majestades Reales eran los únicos con acceso a la cámara real original de Bethmoora.
Los duendes escondieron los soldados dorados en su estado pasivo en las entrañas de
la cámara hasta hacer espacio donde ahora la vida vegetal florecía con fuerza. Los
duendes también abrieron un par de grietas en las paredes para dar paso a vertientes
de agua que alimentaban el bosque subterráneo. Por su lado, los elfos comenzaron a
exponerse a débiles dosis de luz y calor solar cada amanecer y atardecer por unos pocos
segundos. Cada día sus pieles y ojos parecían resistir un poco más de tiempo, sin
embargo, el tratamiento los dejaba extenuados y doloridos. Nuada y Nuala también se
unían a sus hermanos en esta práctica mas sus organismos todavía no podían resistir la
fuerza del sol.
Tanto el palacio real como las viviendas construidas a su alrededor en los amplios
predios del Condado de Antrim contaban con un espacio subterráneo como un sótano
habitable. Las criaturas mágicas de Bethmoora todavía no se confiaban de las ventanas
con bloqueo UV por lo que pasaban gran parte del día en sus aposentos bajo tierra. La
noche seguía siendo su hábitat natural. El mar y su dramática costa contra los
acantilados de Antrim se había convertido en su nueva fuente de alimento y diversión.
Cada vez que podían, el Rey Nuada y su cuñado el Príncipe Abraham se les unían y
nadaban por horas en la marea alta bajo la luna. El gobierno irlandés no estaba muy
contento con la multitud de ogros, duendes y variedad de seres paranormales
pululando libres por las noches en el Condado pero el Rey fue claro que el retorno de
Bethmoora a Antrim debía ser para todos los miembros del clan. Los humanos locales
se mantenían alejados del Condado y aún no lograban acostumbrarse a sus nuevos
vecinos, no obstante, el interés por ellos aumentaba con el pasar del tiempo. Los
medios tanto nacionales como internacionales trataron la noticia como un hecho
histórico y se agolpaban contra las altas murallas protectoras de Bethmoora por días y
semanas con tal de fotografiar o grabar a algunas de las criaturas o captar con sus
cámaras a los elusivos y discretos elfos. De quien también anhelaban con ahínco lograr
una instantánea era de la reina humana de Bethmoora.
La historia de su desaparición, cáncer, recuperación y compromiso de boda con el
príncipe heredero del trono elfo de Bethmoora había cautivado a todo el mundo. Por
meses los medios en todos los idiomas trataron en vano de conseguir una entrevista
con ella. Variados eran los reportes sobre su diagnóstico y el verdadero alcance de la
medicina elfa, especulaban sobre el futuro de su carrera como músico y vaticinaban su
vida como reina de un pueblo mágico y milenario como la única humana entre ellos.
Muchos bromearon que su compromiso con el entonces Príncipe Nuada había dejado
pequeña a cada boda real de la historia de la humanidad. Tanto el comunicado público
como la conferencia de prensa hecha en conjunto con el director de la A.I.D.P. no
contaron con Nuada. En conversaciones privadas Loreto le trató de hacer entender que
la gente simplemente quería verle y saber a quién le debían el regalo de la cura
definitiva contra el cáncer. También intentó explicar el creciente interés de las
personas por su boda. Su entonces prometido rayó la cancha en ese mismo instante.
No daría entrevistas, no se dejaría fotografiar ni filmar, no hablaría con nadie más que
no fueran las autoridades involucradas en el retorno de Bethmoora a Antrim. No era
un ser exótico que posaría a la mirada morbosa de los humanos. Loreto respetó su
posición y apenas siquiera se refirió a él durante aquella conferencia de prensa. Su
hermetismo había tenido el efecto contrario al deseado. El interés de la opinión
pública por ella y su boda con un ser mágico milenario aumentó a niveles
estratosféricos. Los únicos humanos aparte de Loreto que asistieron a su boda fueron
el director de la A.I.D.P., Tom Manning, la agente Sherman acompañando al agente
Hellboy, y sus padres. Haber explicado la situación a ellos y todo lo ocurrido en el
otoño de 2008 también fue desafiante. Su reacción inicial fue de horror y pánico.
Luego los invadió una curiosidad casi infantil por Nuada y su pueblo. El nacimiento de
Éon los terminó por ablandar. Loreto los había hecho abuelos y eso no tenía
competencia. Visitaban Bethmoora con frecuencia y se quedaban por semanas cada
vez.
El Rey terminó de abotonar su gabán y ajustó el cinturón de su espada a la cintura.
Loreto arregló su cuello mao, peinó sus largos cabellos en dos mechones que caían por
sobre sus hombros y acomodó su corona incompleta hasta cerciorarse que no se
movería. Nuada apoyó su frente contra la suya y con los ojos cerrados exhaló lento y
largo. Loreto tomó su rostro en las manos y se elevó en puntillas para besarlo suave en
los labios.
—Son solo un par de horas, luego se irán—susurró y trató de sonar casual y risueña.
Nuada acarició su vientre a través del vestido y la miró a los ojos.
—¿Te sientes bien? Si en el transcurso de la velada te sientes agotada, terminaremos la
recepción antes y podrás retirarte a descansar—dijo con el ceño apretado y la mano
abierta sobre su abdomen.
Loreto dio un respingo. Puso su mano sobre la suya.
—¿Sentiste eso?—preguntó con una sonrisa en los labios.
El Rey asintió y robó un beso de su boca.
—Ha estado muy inquieta hoy, sabe que tendremos visitas—dijo divertida.
—¿Inquieta?
—Será una niña, estoy segura. Quisiera que Éon tenga una hermanita, ¿no te gustaría
tener una hija?—dijo al tiempo que acariciaba su mejilla y mentón.
Nuada la abrazó fuerte hasta encorvarse sobre ella y esconder el rostro en el hueco de
su hombro y cuello.
—Me encantaría—susurró contra su piel y depositó allí un beso.
Se separaron. Nuada ajustó su corona y peinó sus cabellos como borrando la
consecuencia de su abrazo en ella.
—Yo estoy bien. Tú lo que quieres es una excusa para zafar del compromiso de hoy—
Loreto bromeó.
Nuada tomó su rostro en las manos abiertas y la besó profundo. El piso tembló bajo
sus pies y las rodillas amenazaron con rendirse a su peso y dejarla caer. Se arrimó a su
espalda y se colgó de su cuello entregada a la caricia de sentirlo tan suyo. Se apartaron
suspirando en sus bocas y sonrieron al reconocerse a los ojos.
—Luego no podré besarte frente a extraños, no así al menos—Nuada jadeó contra su
boca y mordió su labio inferior.
—Sí puedes, nadie te juzgará mal por un beso. Tenemos un hijo, ¿qué crees que
piensan? ¿que ha nacido de la Tierra como tus padres?
Su esposo se carcajeó. Trató de recobrar la compostura, se irguió orgulloso en su
estatura y se arregló el gabán. Ofreció su brazo hacia ella.
—¿Mi reina?—dijo con el brillo picaresco en la esquina de su mirada ámbar.
*
—Sus Majestades Reales, sabios druidas, elfos y humanos reunidos hoy—comenzó el
Secretario de Estado de Irlanda del Norte de pie en su puesto en la cena dirigiéndose a
los anfitriones e invitados—. Es con gran orgullo y honor que hoy podemos volver a
declarar a Irlanda del Norte como el hogar de Bethmoora, como siempre fue y será.
¿Cuánta sabiduría y conocimiento amasan los seres que desde hace miles de años viven
en nuestro planeta? ¿Qué descubrimientos e invenciones podremos lograr en alianza
con ellos en beneficio de todos? ¿Cuánta historia han presenciado, de cuántos altos y
bajos de la humanidad han sido testigos y víctimas? Tales fueron algunas de las
interrogantes que me asaltaron al saber de la existencia real de los elfos y sus
miembros mágicos del clan Bethmoora. Como simple humano entregado al servicio de
mi país nunca me detuve a cuestionar la naturaleza mitológica de las leyendas que
contaban de seres milenarios originarios de esta hermosa región del mundo. En los
últimos cinco años me he tomado el tiempo para aprender la historia del pueblo que
hoy nos recibe aquí en su casa. Una palabra viene a la mente y una respuesta que nace
del corazón. Vergüenza. Perdón—miró al Rey y a sus pares elfos—. La historia entre
nuestras razas está marcada con sangre a ambos lados del espectro, sin embargo,
mientras nuestros antepasados pudieron seguir viviendo sobre la Tierra beneficiados
por el tratado de paz ofrecido por el padre de Su Majestad, el Rey Balor, Bethmoora
debió huir bajo tierra para sobrevivir. El daño ha sido inmensurable y la herida que nos
divide es casi imposible de sanar, mas hoy tenemos una oportunidad única para
recuperar algo del tiempo perdido y aprender a vivir en paz.
El aplauso a lo largo de la gran mesa fue unánime. Dignatarios de todas las esquinas
del mundo y de las organizaciones internacionales involucradas activamente en el
retorno de Bethmoora a Antrim se encontraban entre los invitados.
—He propuesto a Su Majestad la Reina Isabel II del Reino Unido sugerir la cámara real
original de Bethmoora aquí en Antrim como candidato para ser Patrimonio de la
Humanidad de la Unesco y he obtenido Su apoyo en la moción—. El aplauso volvió
con fuerza a retumbar por el alto techo del salón de gala del palacio—. Propongo un
brindis por la paz y por una sociedad multiespecie en la que todas las razas puedan
vivir con respeto y dignidad.
Todos se pusieron de pie y alzaron sus copas al frente al unísono. Los asistentes
volvieron a tomar asiento y dirigieron las miradas al Rey Nuada quien permaneció de
pie.
—Usted y yo podemos ser esencialmente diferentes, Secretario de Estado, pero en el
fondo queremos lo mismo para nuestros pueblos: una vida en paz y dignidad. La
corona incompleta que cargo en mi cabeza es el recordatorio constante del camino que
por miles de años pensé era la única solución para Bethmoora: la exterminación total
de los humanos—los invitados abrieron los ojos en shock y se revolvieron incómodos
en sus asientos. El Secretario de Estado de Irlanda del Norte seguía concentrado en el
Rey—. Es esta corona la que mi hijo heredará a sabiendas del camino sanguinario que
ha desembocado en el día de hoy. La historia no debe olvidarse puesto que son sus
cicatrices las que no nos permiten hacerlo, pero tampoco deberíamos dejarla dictar
nuestro camino hacia adelante. El futuro luce hoy esperanzador para nuestras
sociedades si la consigna seguirá siendo el respeto y la dignidad a todas las criaturas,
humanas, animales, vegetales y mágicas, que habitan la Tierra. En algo debo discrepar
con usted. La cámara real de Bethmoora no puede ser Patrimonio de la Humanidad.
No solo porque no fue construida por manos humanas, sino que porque tampoco
pertenece a la humanidad, sino a nosotros, Los Hijos de la Tierra—. El murmullo
general dejó el aire tenso por encima de la larga mesa—. Acepto el gesto como
simbólico mas mi negativa perseverará. El verdadero vínculo que afianzará nuestro
nuevo pacto está sentado a la derecha de la Reina Loreto—gesticuló hacia Éon.
El pequeño príncipe se llevaba en ese momento un puñado de arvejas a la boca
completamente ajeno a la situación. Todos vociferaron su ternura colectiva. Loreto
atrajo la atención de su hijo entre risas a la par que limpiaba su boca con una servilleta
de tela. Éon recorrió la longitud de la mesa con sus grandes ojos ópalos y esmeralda y,
al verse el centro de atención, se arrimó a su madre y se largó a llorar. Todos rieron
enternecidos. Nuada no pudo evitar esbozar una risa a la escena.
—¿Qué mejor lazo entre nuestras estirpes que la familia?—dijo con la voz llena de
emoción mientras observaba a Loreto a su derecha sentar a Éon en sus piernas e
intentar consolarlo—. Helo ahí, en cuyas venas corre sangre elfa y humana, mi hijo, el
príncipe Éon, será el heraldo de nuestra nueva paz. Heredará no solo el trono de
Bethmoora, sino también el delicado equilibrio de la raza humana en sus manos. No
permitirá amenaza alguna a la raza de su madre tanto como defenderá la autonomía y
honor de la raza de su padre. Será mi misión asegurarme de inculcar en él los mejores
valores de ambos mundos para que su descendencia siga sus pasos y garantice así la
continuación de nuestra alianza.
La ovación fue unánime. Los invitados seguían prendidos al pequeño príncipe
mientras que otros observaban con creciente curiosidad a su prima, la Princesa
Celestia sentada al frente al lado de su madre, la Princesa Nuala. El Rey Nuada elevó su
copa y miró por encima de la mesa hasta que todos se le unieron.
—Por la Madre Tierra, una sola, poderosa dadora y destructora de vida sobre el
planeta, que a todos nos abraza por igual. Por el retorno a la luz.
—¡Por el retorno a la luz!
FIN

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