GILDEROY

Parte 6

  Un minuto después de que se fuera, cuando estaba claro que no pensaba volver, mi polla seguía tiesa. Nunca había estado dura tanto tiempo sin ningún tipo de estímulo físico. Aunque yo estuviese muy cachondo, mi polla si no se la tocaba de forma continua se desinflaba. Esta vez no, y empezaba a dolerme. Parecía que fuera a explotar. No quería rendirme aún, así que miré a la mesita, donde había dejado las llaves de las esposas. Tenía el pie izquierdo aún libre, pero no podía retorcerme y estirarme lo suficiente para llegar. Con las manos o la boca tampoco llegaba, así que me di media vuelta, y aplasté mi polla contra el colchón. Un escalofrío de placer me recorrió todo el cuerpo. Que gusto da, cuando con la polla bien dura, te das un buen apretón. Era casi como medio orgasmo. Pero sólo ocurre cada cierto tiempo. No sé muy bien por qué, pero los tíos que lean esto entenderán de qué hablo. Si te das otro apretón seguido, ya no te da el mismo gusto. Así que empecé a rozarme contra el colchón, a ver si conseguía correrme. Pero las sábanas estaban rasposas, y me causaba el mismo dolor que placer. Intenté en vez de rozarme, usarla para bajar y subir mi prepucio, pero al salir la cabeza, volvía a rozarse con las sábanas y me cortaba el rollo. Qué impotencia, era tremendamente desesperante. Mi polla empezó a deshincharse, y finalmente me rendí. Me di la vuelta de nuevo, y permanecí allí un rato, pensando en todo lo ocurrido.

  Eran la 1 y cuarto cuando Noemi se fue. El tiempo pasaba muy lento, y aquello empezaba a ser aburrido. A la 1 y media, empecé a pensar que estaría pasando dos plantas más abajo. ¿Estarían ya follando? No me cabía la menor duda. En ese momento estaban follando seguro, con lo cachonda que había salido Noemi del cuarto… Empezó a ponérseme dura de nuevo. Estuve más de una hora, con erecciones espontáneas, y alguna cabezadita que di. Conseguí buscar una postura cómoda de lado, apoyando la cabeza sobre el brazo y creo que me dormí un par de veces.

  Por fin a las 2 y media oí el ascensor, la llave girar y Noemi entró por la puerta. Estaba igual que cuando se fue, sólo que mucho más despeinada.

  – Hola cariño… ¿te lo has pasado bien?- la miré sin contestar-. Porque yo si…- se quitó los tacones y dejó el bolso en el escritorio. Se quitó las bragas y las dejo a un lado-. Ahora vas a comerme el coño. Mi coño recién follado. Manu me lo acaba de estar follando, y quiero que lo limpies, que lo chupes hasta que me corra…

  Se puso sobre mí, colocando su coño en mi cara, y mirando hacia mis pies, con lo que su culo quedó sobre mi nariz. Podía ver claramente cómo se contraia su ano, cuando ella apretaba el esfínter, buscando aumentar el placer. Empecé a chupar, y mi polla se puso dura de nuevo, aunque ella no le prestó atención. Permanecía erguida, y su boca no estaba ni remotamente cerca de mi miembro. Mi polla palpitaba, y estaba seguro que Noemi la estaba mirando fijamente. Yo mientras me concentraba en su coño, descargando toda mi excitación a través de mi lengua y mi boca. Chupaba con fruición y sin parar ni un instante, como bebiendo agua de un río, después de pasar días en el desierto… La postura era incómoda, pero no tenía que tener el cuello levantado, ya que ella aplastaba su culo contra mi cara. Sólo tenía que sacar la lengua y casi ni siquiera moverla, porque ella también se movía para rozarse. Mientras no paraba de hablar.

  – Si eso es, cómetelo entero… oh dios, sí, qué gusto… no sabes lo bien que folla Manu… que bien que me lo he pasado… Me he corrido un montón de veces, no ha parado de follarme ni un segundo… Me ha besado y me ha sudado todo el coño con su gran polla… me ha besado y lamido entera, me ha acariciado mis pechos como ha querido… si… mientras tú estabas aquí atado sin poder hacer nada, él ha disfrutado de mi cuerpo, me ha follado como un auténtico semental…- mientras ella había empezado a masturbarme, pero con movimientos muy lentos, suficientes para calentarme y que se me quedara dura, pero insuficiente para correrse. Y si yo empezaba a mover la pelvis para acelerar, ella me soltaba la polla-. Como he disfrutado, sabiendo que tú estabas aquí, sin poder hacer nada, mientras follaban una y otra vez a tu querida novia… Ese coño que chupas ahora, si… me lo han follado bien… ¿qué te parece eh, cornudo? ¿Te gusta que me follen? Te gusta chupar mi coño usado ¿verdad? ¿Verdad? Ahh… ¡Ahh! Si… ¡Si…!- empezó a temblar, y se corrió sobre mi cara. Se quedó quieta, jadeando.

  Estuvo ahí un minutillo, y después se tumbó a mi lado, aun respirando agitadamente. Mi polla seguía dura y palpitante, pero ella no le prestaba la menor atención.

  – Uf, que gusto… – permaneció en silencio unos instantes-. Bueno cariño… ¿tú quieres correrte?

  – Claro…- dije rápidamente, para dejarlo claro. Estaba tan desesperado que no podía arriesgarme a tardar mucho en contestar, y que se lo tomara como una negativa.

  – ¿Si verdad? Pues te he traído un regalo… Para que veas que soy una buena novia…- me subió la camiseta, me la sacó por la cabeza y la llevó tan arriba como pudo, hasta las muñecas. Después fue un momento a su bolso, y volvió con una bola de papel. Me miraba sonriente, como una niña que da una sorpresa. La puso sobre mi pecho-. Sabes qué es esto, ¿no?- empezó a desenvolver el papel higiénico, y sacó de él un envoltorio de condón abierto. Agarró de dentro la punta del condón, y estiró hacia fuera. Era un condón usado, lleno de semen-. ¿Ves esto? Es el condón que he usado para follarme a Manu. Mira que mojado está por fuera, de mi coño… ya te he dicho que me ha gustado mucho…- me restregó el condón por la cara, y efectivamente estaba muy mojado. Con la otra mano estaba masturbándome, esta vez más rápido. Yo estaba ya a punto de explotar-. Te gusta ¿eh? ¿Y has visto lo lleno que esta? ¿Has visto todo lo que ha echado? Le habrá gustado mucho ¿verdad? Le ha gustado mucho follarme, follarse a tu novia ¿no crees?

  Le quitó el nudo de la parte superior, y le dio la vuelta, vaciando el contenido sobre mi pecho. Lo escurrió bien para que saliera todo. El semen estaba bastante líquido ya. En aquel momento no me pareció una locura, estaba tan cachondo que me gustó incluso que lo hiciera. Después empezó a extenderlo todo por mi pecho y mi barriga, como dándome un masaje. Noemi estaba también excitándose con aquello. Se acercó y empezó a chuparme el pecho, de abajo a arriba, terminando en mi cuello, mi barbilla y en mi boca, dándome un enorme beso, pasándome todo lo que acababa de chupar. Fue un largo beso, en el que me dio toda su saliva, con sabor a semen. Después se separó, y me acarició la cara, con la mano pringosa de haber extendido la corrida sobre mí. Con la otra mano, también mojada, empezó a meneármela fuerte y rápido.

  – ¿Quieres más? ¿Eh? ¿Quieres más?

  – Si…

  – Sabía que te gustaría… – dio otro chupetón a mi pecho, y se acercó a mi cara, procurando echar todo el aliento posible sobre mí-. ¿Quieres más? Vamos pídemelo…

  – Si, dame más…

  – Pídemelo, vamos…- y me dio otro lametazo.

  – Dame más, por favor…- yo estaba ya en un punto en el que había perdido toda vergüenza. Sólo hacía lo que ella me pedía, y me dejaba llevar por la excitación…

  – Claro que sí, toma…- y me volvió a besar, dándome de nuevo sabor a semen-. ¿Te gusta verdad? Te gusta la corrida del tío que acaba de follarse a tu novia, ¿verdad?

  – Si, me gusta…

  – Pídeme más venga…- volvió a lamerme.

 – Dame más por favor… – al levantar Noemi la cabeza, era yo el que le buscaba la boca-. Dame más, dame más, vamos, dame más…- seguí repitiendo esas palabras como un tonto, sin parar mientras dejaba que el orgasmo inundara todo mi cuerpo. Esta vez Noemi no paró, sino que me dio meneos más fuertes aún, mientras yo explotaba de placer. Ella me calló con un beso, pero apenas duró, porque justo entonces me corrí, y no pude evitar gemir y gritar de placer. Ella siguió lamiéndome los labios, y echándome el aliento a la cara, mientras salían de mi chorros y chorros de placer.

  Noemi cayó a mi lado, rendida. Ambos jadeábamos, cansados. Yo permanecí con los ojos cerrados un par de minutos, totalmente satisfecho y relajado, pero también con miedo a abrirlos por lo que pudiera encontrar. Finalmente tuve que hacerlo, y miré a mí alrededor. Yo estaba empapado, entre sudor, restos de semen y mi propia corrida, que había sido abundante, y se distinguía de la otra, por estar todavía espesa y en grumos blancos. Noemi estaba a mi lado, con los ojos cerrados, y a mi otro lado tenía sobre el colchón, a escasos centímetros de mi brazo el condón usado de Manu. Fue entonces cuando me di cuenta de todo lo que había ocurrido, y empecé a sentirme bastante asqueroso. Mi boca estaba pastosa, y los labios los tenía pegajosos. Arrugué la cara asqueado, por el olor y el sabor que me rodeaba. ¿Qué había hecho? Había estado chupando y jugando con un condón usado… ¡de otro tío! Qué asco por dios. Fui a levantarme para intentar ocultar los hechos lo más rápido posible, pero me di cuenta que seguía atado.

  – ¿Suéltame ya no?- lo dije un poco más brusco de lo que pretendía, pero la verdad es que estaba ya cansado de tener que estar en esa postura.

  – Ui sí, perdona- dijo Noemi levantándose y yendo a buscar la llave. Tenía las manos un poco en alto, e intentaba usar sólo un par de dedos para mover las cosas. Quería manchar el cuarto lo menos posible. Me soltó manos y pies, y en seguida me puse en pie, evitando cuidadosamente el condón. Noemi se dio cuenta que yo lo miraba de reojo, por lo que lo cogió  y lo puso a un lado en la mesita. Luego se sentó en la cama, y me vio moverme por la habitación. Cogí un rollo de papel higiénico del escritorio, y empecé a limpiarme la boca, escupiendo, y el pecho, de espaldas a ella para que no me viera.

  Noemi veía que yo me sentía incómodo, así que no me habló, y se puso a limpiar un poco las sábanas, de algún chorro de mi corrida y gotas de semen que se habían deslizado por mi pecho hasta las sábanas. Yo al terminar de limpiarme lo mejor posible, seguía sintiéndome bastante sucio, y no me atreví a ponerme la ropa. Ella me miró, y comprendió mi situación.

 – ¿Quieres ducharte o…?

  – Claro. Pero a ver cómo voy al baño así.

  – Coge mi toalla, y te tapas un poco… De todas formas no suele haber mucha gente en los pasillos, y el baño está a dos puertas. Mira antes de salir- la miré con un poco de inseguridad y desconfianza, pero no tenía más remedio-. ¿Quieres que nos duchemos juntos?

  – No, mejor no- quería alejarme de ella lo más pronto posible, y estar a solas tranquilo.

  Cogí su toalla, que por suerte era de un color unisex, me la puse por encima, abrí la puerta, y miré al pasillo. Estaba vacío, así que fui corriendo de puntillas, entré y cerré la puerta con pestillo. Noemi me había dejado su neceser, así que tenía todo lo imprescindible para asearme, y estaba seguro, a salvo y con todo el tiempo que deseara. Por fin pude relajarme. Me sentía bastante incómodo en la habitación, me sentía muy avergonzado estar en esa situación frente a Noemi, mirándome todo el rato, sabiendo que sabía todo lo ocurrido.

  Me duché tranquila y concienzudamente, sin parar de escupir cada dos por tres. Me lavé también los dientes (no quise usar su cepillo así que usé el dedo). Estuve por lo menos media hora allí, durante la cual al menos hubo dos intentos de entrar al baño. Durante este tiempo, ya más relajado, me sentí un poco culpable por cómo me había dirigido a Noemi desde que me había corrido. Había sido bastante saborío, y ella no tenía la culpa de nada… Simplemente me sentía violento con ella a mi lado, pero decidí que al regresar intentaría estar normal. Me habría quedado más tiempo, pero tampoco quería molestar, así que salí, me sequé un poco y regresé al cuarto de Noemi. Al salir del baño no había nadie en el pasillo, pero a mitad de camino del cuarto, se abrieron las puertas del ascensor, y salieron de él dos chicas. Fue un momento súper violento. Tenía la toalla alrededor mía desde la cintura, por lo que estaba medio desnudo. No es que tenga pectorales ni sea especialmente musculoso, pero no suelo avergonzarme de mi cuerpo. Sin embargo, fue como si las dos chicas me miraran y supieran lo que había estado haciendo, como si pudieran oler y verme todavía empapado en semen de otro tío. Sin embargo fue todo producto de mi imaginación, porque al cruzarnos, llegando al ascensor, las miré de reojo y ellas ni siquiera se fijaron en mí. No supe después muy bien qué hacer. Estaba claro que al ascensor no podía ir, y no había más cuartos a partir de aquel punto que el de Noemi, así que me quedé en la puerta, y llamé. Ella abrió rápido y yo entré velozmente, mirando hacia el fondo del pasillo. Las dos chicas seguían andando, pero una volvió la cabeza, para mirarme y ver dónde entraba. Zorra cotilla.

  Al entrar en la habitación, vi que estaba todo más limpio y ordenado. La ventana estaba abierta, y olía a aire fresco. Las sábanas estaban estiradas, para ventilarse, y el condón y todo el papel higiénico usado habían desaparecido. Noemi me miraba un poco expectante a ver que hacía. Había un elefante en una esquina de la habitación, pero intenté hacer que no lo había visto.

  – Me han visto dos chicas al salir del baño- dije, intentando mantener una conversación normal.

  – ¿Si? ¿Quienes?

  – No sé… Una era morena, y la otra rubia. La rubia estaba rellenita.

  – ¿Con gafas?

  – Si.

  – Serían Elena y Ana. Viven al fondo del pasillo. ¿Han dicho algo?

  – No, ni me han mirado, pero se volvieron para ver dónde entraba. Saben que he entrado desnudo en tu cuarto así que…

  – Bueno, no pasa nada. Aquí suelen venir muchos tíos y tías que no son de la residencia. Yo también he visto algún ligue suyo. Además, ya les había hablado de ti.

  – ¿Si?

  – Sí, me preguntaron el otro día. Debieron haberte visto alguna vez conmigo.

  – ¿Y qué les has dicho?

  – Nada eso, que me lie contigo.

  – Am.

  – Tuve que decirles que eras muy bueno en la cama.

  – ¿Y eso?

  – Sí, para que no se extrañaran cuando te vean mucho por aquí. Si repito mucho con un tío, o es mi novio o es porque es bueno en la cama.

  – Lo dices como si no fuera cierto.

  – Jaja, no, es verdad, eres genial en la cama… Sobre todo tu boca, me encanta- me sonrojé-. Lo que quería decir es que nunca es muy inteligente decirles a otras tías que tu novio es bueno en la cama. Podría hacer que se interesaran por él, y que te lo intentaran quitar. Pero no tuve más remedio. Si no puedo decirles que eres mi novio,  tarde o temprano iban a sospechar, si te ven a menudo por aquí.

  – ¿Entonces no sueles repetir mucho con los tíos?

  – No… Bueno no sé, Manu porque vive al lado. Es fácil, rápido y cómodo. En la cama es normalito, pero ya te digo, es muy fácil ir y volver en cuestión de media hora, puedes hacerlo incluso teniendo muchos exámenes y tal, porque no tardas nada… Luego con Jorge también suelo quedar de continuo, y luego, fijos, alguna vez he tenido algo, pero no duran mucho. Algunos intentan llegar más lejos, otros se echan novia, unos se cansan, de otros me canso yo… No sé.

  – Hablas como si te hubieras acostado con cientos de tíos…- Noemi se quedó callada, con una extraña expresión en la cara, mirando al suelo-. ¿Lo has hecho?

  – A ver, cientos no creo… Simplemente digamos, que he perdido la cuenta.

  – ¿En serio? ¿No sabes con cuantos tíos te has acostado?

  – No…- Noemi se sonrojó.- Si me pongo a pensar mucho, tal vez consiga dar una cifra muy aproximada… Pero aun así, de muchos seguiré sin acordarme del nombre, o de qué hacen o dónde están ahora.

  – ¿Y así, a bote pronto, no puedes decir una cifra, en serio?

  – A ver, ahora mismo así, sin pensar demasiado…- Noemi miró a la nada con los ojos entrecerrados, pensando, murmurando para sí, y contando con los dedos. Debía ser genial haber tenido sexo con tanta gente distinta.- Pues…  diría que… ¿20?- puf-. 20-25 o así tiene que ser. Antes de venir a la universidad sé que fueron 4. Luego, los tres años que llevo aquí, digamos que 4 o 5 por año… más el verano que me fui a la playa con mis amigas, que sé que fueron 3…  Más los dos chicos de la otra noche, tú… Un poco más de 25, pero vamos a 30 no llega seguro- tragué saliva. Me asaltó una duda.

   – Pero eso dices… con los que te has acostado, o así en general, también sin llegar a…

  – Ah no, no. Esos son con los que he tenido sexo, claro- puff-. Luego, tíos con los que me haya enrollado, o guarreado un poco, ahí ya sí que ni idea…- madre mía, madre mía. Nunca había conocido a ninguna tía que hubiese estado con tanta gente. Vamos, ni tía ni tío. Al menos que me hubieran dicho. Un colega, Pablo, que es el ligón del grupo, sabemos que ha estado por lo menos con 10 diferentes, y ya todos flipamos con él… Noemi pareció leer mis pensamientos, como de costumbre-. Bueno, y tú qué a ver. Que siempre estamos hablando de mí.

  – Jaja. Yo no tengo mucho que contar.

  – Venga ya, dime. ¿Así aproximadamente?- me volví a reír.

 – Aproximadamentísimamente te lo puedo decir. Me he acostado con 3 tías diferentes, y enrollado con 3. Y contando mini mini mini picos pues 4.

  – ¿Contándome a mí?

  – Claro

  – ¿En serio? ¿Quiénes?

  – Pues la cuarta esta, que en realidad no cuenta, una chica del colegio, con la que salí un par de veces y eso, y creo que nos dimos un pico así delante de los amigos y tal, por ser guays en el recreo. Mi ex, Vanessa, con la que estuve 3 años. Luego tú, y Eva, hace poco claro.

  – Ah sí, Eva, cómo no. Se me olvidaba la tonta esa- puso cara de asco y miró a otro lado. ¡Era increíble! ¡Estaba celosa y sólo habían sido 3!, ¡10 veces menos que ella!-. Bueno, ¿pero en realidad ha sido porque no has querido no? ¿Cuánto hace que cortaste con tu ex?

  – Hace ya dos años por lo menos.

  – ¿¿Y has estado 2 años sin hacer nada??- me encogí de hombros, un poco avergonzando. Ella se dio cuenta y bajó el tono.- Bueno eso ha sido porque no has querido, está claro.

  – No sé, querer si he querido… Pero no se me dan muy bien las mujeres…

  – Bah, tonterías. Simplemente porque eres tímido. Si en vez de conocerse la gente hablando, lo hiciese follando, seguro que tendrías más éxito – eso me animó un poco-. Pero bueno, mejor para mi ¿no? ¿No te excita? Que tú eres prácticamente virgen, estás como nuevecito, y todito para mí…

  – Psé… ¿Y tú cómo has conocido a tanta gente? O sea, yo es que no creo ni siquiera que conozca a 30 tías diferentes…

  – A ver, no es justo que intentes compararte conmigo. O sea, no hay comparación. Una tía siempre va a ligar más que un tío. Aunque no quiera. Cuando salgo con mis amigas de fiesta, no hay día que no se nos acerquen por lo menos 4 o 5 tíos que quieren que nos sentemos con ellos o algo. Y no sólo de fiesta, en cualquier lado, para todo. Incluso para dejarte un boli en clase, ves que le estás pidiendo el boli, y el tío te lo está dejando para quedar bien contigo, y ligar contigo. Si fuera otro tío seguro que decía que no tiene bolis de sobra. Es facilísimo ligar con los tíos. Sin ni siquiera intentarlo ya te digo. Si simplemente eres un poco salida como yo, y aceptas todas las proposiciones que te hacen, ya con eso uno cada fin de semana tienes seguro. Claro que no vas a liarte con cualquier desgraciado, que los hay muchos por ahí, pero si quisieras, podrías.

  – Si, supongo…- entre tanto yo ya me había terminado de vestir. Nos quedamos un instante en silencio, sin saber qué decir.

  – Bueno, que me voy a duchar. Quédate aquí, y luego hacemos algo ¿no?

  – Vale.

  – No tardo, no voy a lavarme el pelo.

  Cogió las cosas y se fue. Yo me quedé allí, pensando en todo lo que habíamos hablado. En realidad, conocía a Noemi tremendamente poco. ¿30 tíos? Qué barbaridad. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? Tenía tantas preguntas… Tampoco conocía a esas amigas con las que salía de fiesta, ni ese verano en la playa que comentó, que parecía que había sido bastante brutal… Desde que nos conocíamos, sólo habíamos hablado de sexo. Ninguna pregunta personal normal había salido a la luz. No sabía ni de dónde era… Joder, no sabía ni qué estudiaba. Y era mi novia… ¿o no? ¿Hasta qué punto era mi novia? ¿Que define a una novia? Normalmente se suele decir que una persona con la que tienes exclusividad sexual. Según esa definición no lo era. Una persona a la que conoces mejor que nadie, tampoco. Una persona con la que puedes contar, y con la que te gusta estar la mayor parte del tiempo… Ahí sí un poco, pero realmente, sólo nos veíamos los fines de semana, y se pasaba bastante tiempo liándose con otros. Nadie conocía nuestra relación, nadie sabía que estábamos juntos… ¿Por qué era mi novia entonces? Me deprimí un poco, y me senté en la cama, reflexionando sobre todo eso. Aún estaba deshecha, así que decidí hacerla, y terminar de ordenar el cuarto. Cerré la ventana también, que ya empezaba a entrar calor, y tiré un papel a la papelera, que descubrí escondido entre las sábanas. Al tirarlo, me di cuenta que ya estaba bastante llena de otros papeles sucios, y me quedé un poco pensando en todo lo ocurrido. Rebusqué un poco, y envuelto en uno de ellos, estaba el condón. Habíamos obviado todo lo ocurrido, pero al estar allí y volver a mirarlo, volví a excitarme. Me recordó lo que había estado haciendo hacía apenas una hora, en la habitación de Manu… Me di cuenta que no le había preguntado por nada, y no sabía lo sucedido. Cachondo de nuevo, lo dejé todo en su sitio, y regresé a la cama a esperarla. Noemi regresó al poco tiempo, envuelta en su toalla, Estaba realmente buena… me apetecía agarrarla desnudarla y follarla de nuevo. Olía a jabón de frutas, estaba tan sexy… pero realmente no me atrevía a abalanzarme sobre ella sin más. ¿Y si me rechazaba? Si no le apetecía… Ojalá me leyera el pensamiento, como hacía tan a menudo. La mire con deseo, a ver si era ella la que se lanzaba a por mí… Pero no lo hizo. Abrió el armario y empezó a vestirse. Se puso las bragas por debajo de la toalla, y luego al quitársela, estuvo de espaldas abrochándose el sujetador. Tenía una espalda increíblemente sexy…

  – Bueno y… ¿qué ha pasado hoy entonces? Con el tío ese digo- saqué el tema. La verdad es que es difícil hablar de temas sociales y amistad para conocer a alguien, cuando me ponía tan cachondo, cualquier cosa que hacía, decía o recordaba de ella. Noemi giró la cabeza, y me sonrió.

  – Creí que no querías hablar de ello…

  – Por qué.

 – Cómo que por qué. Desde que terminaste estás súper saborío. No has querido ni ducharte conmigo.- me encogí de hombros-. Qué te pasa, ¿estás cachondo otra vez?- miré al suelo. Parecía que me estaba recriminando, y no le contesté-. Te pones muy tonto después de correrte. Si sigues así, tal vez no debería dejarte terminar nunca…- levanté la vista, y vi que me sonreía. Yo también sonreí-. A ver, qué quieres saber…

  – Pues no sé… qué habéis hecho y eso.

  – No sé, lo normal. Estaba muy caliente, así que realmente no hubo ningún preliminar… Nos empezamos a liar, lo tumbé sobre la cama, se la chupé un poco… luego le puse el condón y me lo follé. No tardé nada en correrme.

  – Pero normalmente no lo haces con condón ¿no?

  – Normalmente no. Con gente a quien conozco no. Lo tuyo aquella noche… bueno, la verdad es que fue una imprudencia por mi parte. No sé, fue una noche un poco loca. La píldora la tomo, pero nunca se sabe… Espero que la guarra esa que te tiraste no te haya pegado nada…

  – Con Eva lo hice con condón.

  – Ah, menos mal. A ver si por su culpa voy a infectar a medio campus yo.

  – No creo que tuviese nada.

  – A saber.

  – Bueno, el caso. ¿Por qué lo hiciste con condón entonces?

  – Pues… por lo evidente, ¿no? A Manu le gusta correrse en mi boca, y bueno, entre que bajaba y no… Además siempre se pone muy pesado después de follar, que si me quede, no sé qué… No sabía cuándo iba a poder volver, y quería que tuvieses tu regalito de modo que… no sé me pareció una buena idea. Y acerté creo yo…- me puse colorado, y bajé la vista-. ¿No te gustó?

  – A ver, prefiero no hablar de nuevo de ello.

 – ¿Pero por qué?

  – Joder, porque no… Me da vergüenza yo que sé. Es asqueroso.

  – Ya, pues nadie lo diría…

  – Es que estaba muy cachondo… pero a ver, eso no es normal.

  – El qué

  – Como que el qué, pues… que yo chupe el condón de otro tío.

  – Ya. Pero creí que lo normal entre nosotros había quedado en segundo plano.

  – Si, pero hay unos límites…

  – Límites los que nosotros queramos ponernos. Si a ambos nos gustó no veo el problema.

  – Pues que eso es de gays. Hay que ser muy marica para eso, y tampoco, es de ser cerdo muy cerdo vamos. De un tío que ni conoces así ala…- me desahogué al menos, y dije lo que pensaba. Noemi se quedó un instante callada.

  – Vamos a ver… Es como hablar con un niño chico. No tiene nada que ver con ser gay. Es como el sexo anal. Ui, no eso es de maricas. ¿Te gustaría tener sexo anal?

  – ¿Pero qué dices ahora?

  – Conmigo digo.

   – Pero si tú no tienes…

  – Con los dedos por ejemplo.

  – Venga ya… – me lo tomé a guasa.

  – Claro que no, porque eso no es de tíos ¿no?

   – ¿Estás hablando en serio?

  – Si, muy en serio. Sexo anal no es de gays, es sólo sexo de otra manera. Lo haces conmigo, con una tía. ¿Dónde está lo gay? Y lo otro igual, lo has hecho conmigo. Por qué es de gays.

  – Coño porque-

  – A ver si te enteras de una vez, si fueras gay, no me gustaría hacerlo. No se trata de complacerte, sino de humillarte. Que chupes el condón del tío que acaba de follarse a tu novia, es la cosa más humillante del mundo. Por eso te gustó. No te gustó porque fueras gay y te guste el semen, no seas idiota. Te gusta que te humillen, y a mi humillarte. Así de simple- me quedé en silencio, pensando en ello. Volvía a estar excitado, simplemente con sus palabras-. Y si nos gustan esas cosas, pues se hacen y punto. Nadie tiene por qué saberlo. Es una cosa privada, entre tú y yo. ¿Qué te da vergüenza? Pues sí, supongo que es normal. ¿Crees que a mí no me dio vergüenza que me vieras con Jorge el otro día? ¿Lo que me hizo? ¿Cómo me trató? ¿Crees que eso no es humillante para mí, como mujer? No porque me convierta en gay, sino porque es un maltrato y un abuso, una falta de respeto, y eso para mí es mucho peor que me consideren lesbiana o algo así. Sin embargo sólo era un juego, no la vida real. En la vida real, Jorge es mi amigo, y charlamos de cosas normales. Eso sólo fue una fantasía, una simulación – Vaya la que me estaba cayendo…- Es que no te entiendo, creí que eras diferente, que no te importaban las normas sociales. En fin, cuando nos conocimos me comiste el coño, y acababan de follarme dos tíos, ¿eso no te pareció gay? O besarme, después de que se la haya chupado a otro, ¿tampoco te parece gay? No veo  la diferencia con lo de hoy, la verdad…

  – Bueno ya vale ¿no?- dije un poco harto. Me salió solo en realidad, y me sorprendí a mí mismo. Noemi se detuvo en su acalorado discurso, respirando agitadamente, Comprendió que se había pasado.

  – A ver… Vale lo siento… Me he pasado. Pero es que me da muchísimo coraje todo esto, es lo de siempre, siempre me pasa lo mismo… No puedo ser feliz simplemente porque la sociedad lo ve mal. Tengo que hacer lo que hace todo el mundo, lo que está bien visto. Sólo lo que ellos consideren que está bien. Putas zorras hipócritas, mucho criticar pero luego bien que leen Cincuenta sombras de Grey…- se me escapó una risa.

  – ¿Pero zorras quiénes?

  – No sé tío, todo el mundo. El libro más vendido de España en 2013, ¿puedes creerlo? Hay cientos de páginas webs con relatos eróticos de bondage y dominación mucho mejores que ese, y sin embargo, nadie los lee. Sólo leen ese, porque está socialmente aceptado, y lo lee tanta gente porque son todos unos amargados reprimidos, que necesitan permiso para hacer lo que les gusta- nos quedamos un rato en silencio-. Mira, mi intención no es obligarte a hacer cosas que no quieres ¿vale? Normalmente te diría adiós y ya está. Pero el problema es que veo que sí que te gustan las mismas cosas que a mí, y me jode muchísimo, porque veo que podríamos estar tan bien juntos…  pero te reprimes porque te da miedo y vergüenza-

  – Claro que me da vergüenza joder.

  – ¿Pero por qué tío? ¿De qué? Si sólo estamos tú y yo.

  – Pues de eso precisamente. Me da vergüenza estar así delante de mi novia, tan…

  – ¿Tan gay? ¿Tan calzonazos?

  – Pues si – Noemi suspiró.

  – ¿Quieres ser un machote delante de mí no? Preferirías ser como Jorge, un tío duro que me domina y me dice lo que tengo que hacer.

  – Pues sí, eso está mucho mejor visto.

  – Tratar a la mujer como una esclava está bien visto.

  – Por desgracia sí.

  – Mira, pues eso a mí no me gusta. Si fueras como Jorge no estaría contigo. Quedaríamos un par de veces, para que me dieras una dosis de masoquismo que necesito a veces, pero ya está. No siempre, yo no soy masoca, soy una sádica. Y necesito un masoquista en mi vida.

  – Yo no soy masoquista… a mí no me gusta el dolor, los azotes y todas esas cosas-

  – Masoquista no significa que te guste sólo el dolor. Hay muchos tipos de masoquismo. Por ejemplo, ver como se follan a tu novia, es un sufrimiento. La humillación, también. Que te obliguen a lamer el condón que ha usado tu novia con otro… también. A eso me refería antes, que si te gustase no sufrirías. Está claro que no te gusta. Es un sufrimiento muy suave y psicológico, no físico, pero lo es al fin y al cabo. Yo tampoco soy una sádica, en el sentido típico que entiende la gente, de sangre y sufrimiento que sale en las películas. Simplemente disfruto haciendo sufrir un poquito a la gente. A ti por ejemplo. Provocándote, calentándote, y después no dejando que te corras, obligándote a escuchar mis aventuras… no sé sólo es un poco de dulce tortura.

   Permanecí en silencio, reflexionando. ¿Era un masoquista? Desde luego me gustaban todas esas cosas que ella había dicho pero ¿por qué tenía que tener nombre? Dios, hoy todo tiene que tener un nombre, todo tiene que estar diagnosticado. Masoquista era una palabra feísima. Noemi veía como mi cerebro trabajaba, pero no era capaz de saber que pensaba.

  – Qué.

  – No sé…

 – Venga dímelo. Seamos sinceros. ¿Estás de acuerdo conmigo no? No me dirás ahora que no te gustan estas cosas.

  – No es eso. Es que… No me gusta que se me etiquete. No me gusta ser un masoquista…

  – Ya, es verdad. Prefieres ser un sádico.

  – No, tampoco. Son palabras que no me gustan, ninguna de las dos.

  – Vale está bien. Si tampoco tienes que serlo. Es muy difícil etiquetar a alguien. Normalmente la gente no es sólo de una manera. A ti habrá cosas que te gusten y otras que no, y serás único en la combinación de tus gustos. Es igual, no nos llamaremos de ninguna manera. Simplemente haremos lo que nos apetezca, y ya está. Y olvida ya el rollo ese de machito. Sé que prefieres ser un machito, que está muy bien visto y demás. ¿Pero vas a vivir reprimido e infeliz, porque esté bien visto? De todas formas, no digo que no seas un machito. Estamos hablando del sexo, de la cama. Lo que ocurra en un dormitorio, no sale del dormitorio. Luego en la vida real, pues seguro que eres valiente, emprendedor, decidido, que haces bien tu trabajo, que no dejas que nadie te pise… Eso no tiene nada que ver con lo que pase en el sexo.

  – Ya bueno, si la gente se entera de que ando chupando condones usados-

  – Nadie se va a enterar de eso Alejandro. Yo no pienso por nada del mundo contárselo a nadie. Sé que tú tampoco, y nadie más lo sabe. Lo que ocurra aquí, se quedará aquí. Yo tampoco quiero que se sepa lo que hago con Jorge. ¿Recuerdas cuando estuvo aquí? ¿Que casi se pone a gritarme zorra y demás? Le tuve que decir que bajara la voz, porque no quería que nadie se enterara. Él se dio cuenta, y mira como me obedeció. Dentro del juego, dentro de la fantasía que habíamos montado, hizo como que no, pero en realidad lo hizo, ya no volvió a hablar alto.

  – Si, eso sí me di cuenta…

  – Pues ya está- se sentó a mi lado. Seguía en bragas y sujetador-. Seamos nosotros mismos, y ya está, sin limitaciones de lo que dirán. Seamos libres, hagamos lo que nos dé la gana. Nadie lo sabrá nunca. Podemos confiar el uno en el otro, contarnos nuestras fantasías, mantenerlas en secreto, y realizarlas cuando queramos. Dentro de estas paredes, puedes decir y hacer lo que te dé la gana, sin ningún miedo porque nunca nadie lo sabrá. Siéntete libre y tranquilo, cuéntame todo lo que quieras hacer, todas tus fantasías, y yo las realizaré contigo.

  – ¿No le contarás a nadie lo que hemos estado haciendo hoy?

  – Nunca.

  – ¿Y no te avergüenzas de mí?

  – … simplemente no puedo creer la suerte que tengo.

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