ALMUTAMID

Me desperté sólo en el dormitorio. Claudia ya no estaba. Necesitaba una ducha. Me olía la polla a semen y babas. Recordando la mamada de mi chica era imposible que se me bajara la erección matutina. Por fin haciendo la cama y recogiendo la ropa para ir a las duchas se me bajó y pude salir al pasillo.
Me acerqué al dormitorio de Claudia, era temprano y estaría allí. Me puse unas calzonas y salí con el torso desnudo. Aquellos días era algo habitual cruzarse por la residencia con los chicos desnudos de cintura para arriba y las chicas con camisetas, tops o sujetadores deportivos por la residencia debido al calor. Algunas chicas se ponían la parte de arriba del bikini con un short. Parecía a veces más un ambiente de playa que de universidad, pero con los exámenes el personal pensaba más en la comodidad que en la estética. Llamé, efectivamente estaba dentro. Tenía el pelo mojado de recién duchada y me sonrió al verme.
-Shhh, Vanessa está dormida. Yo ya me voy para la facultad. Qué guapo amaneces…-y me besó saliendo por la puerta con su mochila vestida con un pantalón vaquero negro y una camiseta suelta blanca. Se me hacía raro que llevara sujetador.
-¿Cómo has dormido?-pregunté.
-Muy bien…me relajas…
-Tú a mi más…-le guiñé el ojo.
-Me he despertado tempranito me he puesto a repasar y me he duchado para salir pitando…
-¿Y cómo estás?-indagué.
-Muy bien-me abrazó-Menos mal que me quité al agobio contigo.
-Mucha suerte, que verás como te sale muy bien…
Claudia se fie andando ligera dejándome en el descansillo al que dan las duchas. Me duché tranquilo y bajé a desayunar al comedor. Estaba casi vacío porque el personal solía levantarse tarde estudiando por las madrugadas.

No me quedó más remedio que ponerme a estudiar y esperar que Claudia volviera. Como el comedor de la residencia no daba comidas al medio día fui a buscar a Víctor. Esperé que se duchara y nos fuimos juntos a comer a los comedores universitarios. Estando en el bar recibimos sendos mensajes de las chicas, cada uno de su novia. Las dos nos decían que les habían salido bien y que comían en el comedor de la facultad como otros días. Así que tras felicitarla me fui a echar la siesta. Regresé al dormitorio y me tiré en calzoncillos en la cama.

No llegué a dormirme creo pero al rato llamaron a la puerta. Era Claudia le dije que pasara. Me incorporé pero me dijo que no me levantara. Me dio un abrazo. Estaba muy contenta. Había aprobado otra asignatura anterior con nota y este último le había salido mejor de lo que esperaba. Se quedó sentada en el filo de la cama contándome los detalles mientras yo volví a tumbarme hasta que le dije:

-¿Por qué no te echas conmigo y me lo cuentas más cómoda?
-Es verdad-respondió acelerada por los nervios.

Se quitó los pantalones viéndola por primera vez con unas bragas blancas de tipo deportivo sin dibujos ni costuras como ella solía usar. Le hice sitio y se tumbó a mi lado.

-Bueno, ¿y qué te falta?-pregunté.

-Pasado mañana tengo que defender una práctica que hicimos y se acabó, pero ya no tengo que matarme a estudiar si está todo aprobado.
-Vaya, a mí me faltan tres exámenes, el de pasado mañana, y dos la semana que viene si todo va bien.
-¿Qué tienes un examen pasado mañana y estás aquí tirado?-dijo haciéndome cosquillas en la barriga.-Venga a levantarse, jajajaja.

Intenté sujetarla para que dejara de clavarme los dedos en la barriga y cuando lo conseguía sujetándole las manos echándome sobre ella dejó de reírse y se puso seria:

-Luis, estoy pensando una cosa.

La solté y me eché de lado esperando lo que me iba a decir.

-Si termino me voy a casa, pero-hizo una pausa- ¿quieres que me quede contigo?
-Me encantaría, pero si voy a estar estudiando…
-Yo te vigilaré y cuando necesites relajarte…-hizo otra pausa y de nuevo se lanzó a hacerme cosquillas.

De nuevo conseguí sujetarle los brazos y volcado sobre ella como antes le dije:

-Quiero estar siempre contigo…

Claudia abrió mucho los ojos y dejó de hacer fuerza con los brazos. La solté y sacando sus brazos por mis lados me cogió la cara y me besó. Pero al instante se detuvo y dijo:

-Venga en marcha, que te conozco, jajaja.

Con resignación me levanté de la cama y subí la persiana para iluminar la habitación mientras Claudia se quedó tirada en la cama con cara de felicidad.

Teniendo en cuenta su buen criterio y sus ganas de estar conmigo me puse a estudiar un rato mientras ella repasaba en su ordenador la bibliografía que utilizó para hacer el trabajo que ahora tenía que defender. Cuando llegó mi hora me fui a correr y la dejé en mi dormitorio trabajando. Afortunadamente fue una salida sin sobresaltos.

De vuelta allí seguía. Envidiaba su capacidad de trabajo y concentración.

-Cómo sudas…-dijo al verme.
-Es que me he dado caña al final…
-Estás guapo…
-Si me ves así todos los días…-repliqué.
-Pero así sudadito con el pelo revuelto y la barbita de pocos días estás muy sexy…
-Tú que me miras con buenos ojos, jajaja. Sexy estás tú sentada con esa camiseta sabiendo que debajo sólo está tu ropa interior…
-Venga, dúchate, que tengo hambre y cenamos pronto…

Tiré la camiseta empapada en sudor a un rincón y cogí toalla, neceser y muda.

-No me provoques…-dijo Claudia-jajaja, que te he dicho que estás muy sexy…
-Todo tuyo…-respondí guiñándole un ojo desde la puerta.

Regresé de la ducha y de camino avisé a Víctor. Claudia ya me esperaba con el pantalón puesto. Cenamos los tres comentando los resultados del día. A Víctor le habían suspendido matemáticas y no sabía si presentarse al examen final o esperar a septiembre. Claudia le comentó que ella se iba a quedar unos días más así que le podía echar una mano, pues Lourdes regresaba a su casa en cuanto terminaran el último examen.

Yo habría preferido estudiar sólo con Claudia pero ella se empeñó en juntarnos los tres y acabamos en el dormitorio de Víctor. Esta vez fue ella a la que le entró el sueño antes debido al madrugón y que no había echado siesta como yo. Cuando dijo que ya no podía más aproveché para cortar yo también.

Como otras noches fuimos a las duchas, cada uno a la suya y de allí al dormitorio. Claudia se había cambiado de ropa para estudiar después de la cena poniéndose uno de sus pantaloncitos deportivos y un sujetador deportivo a juego. Entramos al dormitorio pero aunque yo siempre tengo ganas de fiesta sus bostezo me indicaban que estaba realmente cansada así que yo me quedé en calzoncillos y ella en braguitas para dormir. Unas que me sorprendieron pues eran del mismo tipo de siempre pero de color fucsia. Sus tetas ya eran mis compañeras diarias.

-¿Tú nunca usas tanga?-pregunté mientras se quitaba la ropa.
-Es incómodo. Sólo lo uso si llevo ropa tan ajustada que se marque la braga…
-¿Entonces tienes?
-Tengo dos o tres…-me sonrió- jajajaja. ¿A mí niño le ponen los tanguitas?
-A tu niño lo pones tú. Pero ese culito en tanguita tiene que ser….jajajaja…
-Descarado- respondió Claudia con un bostezo.
-Venga, anda vamos a dormir…

Nos metimos los dos en la cama con la postura habitual y en menos de 5 minutos ya sentía su respiración fuerte en mi pecho. Yo tardé más en dormirme disfrutando del tacto de su piel fría sobre la mía.

Así pasamos el día siguiente repitiendo la rutina y los gestos de complicidad entre Claudia y yo pero quedándose más en deseo que en realidad. El día anterior a mi siguiente examen me acosté temprano esperando algún gesto de relajación pero ni yo lo pedí ni de ella salió por lo que me acosté unas horas antes que ella. El cambio con respecto a mi examen anterior fue que amaneció dormida a mi lado cuando sonó el despertador. Se inquietó pero la besé y le dije que siguiera durmiendo mientras yo me preparaba para irme.

Mientras me vestía no podía dejar de admirarme por la pedazo de hembra que dormía en mi cama en ese momento entregada a los brazos de Morfeo y en postura abandonada con la cabeza ladeada en la almohada en sueño sereno. Sus piernas recogidas de lado con el culillo en pompa y el torso en extraño escorzo que acentuaba la estrechez de su cintura empequeñecida pos sus caderas en esa postura. El colofón eran sus pechos ligeramente caídos hacia el mismo lado que sus piernas agitándose con la respiración cadenciosa y sosegada del sueño. ¿Qué había visto ese mujerón en mí?

Con la felicidad de esos momentos me encaminé al examen.

Al ser un examen final nos presentamos pocos así que cuando salí del examen avisé a Claudia para comer juntos y agradecerle que me obligara a estudiar pues me había salido bastante bien. Comimos los dos solos en el comedor universitario y casualidades de la vida nos encontramos a Silvia en la cola del bufet.

-Hola, Luis…
-Hola, Silvia. ¿Qué tal?
-Muy bien, guapo…-me respondió sobándome el hombro y el brazo.

Entonces me llegó la gran duda ¿cómo presento a Claudia? ¿Mi novia? En dos segundos se lo va a contar a Marta y la va a hacer sentirse peor. ¿Una amiga? Seguro que Claudia se molesta. No hizo falta. Claudia se presentó sola:

-Hola, yo soy Claudia, la compañera de dormitorio de Vanessa. ¿La conoces de tu facultad, no?-dijo Claudia evitándome el trance.
-Claro, claro. Estás en la misma residencia que Luis.- respondió Silvia.
-¿Has comido ya?-preguntó Claudia.
-Sí, ya me iba. Bueno, Luis. Llámame para dar una vuelta o por si quieres pasar por casa…-se despidió de mí con dos besos u de nuevo sobeteo de espalda que casi me coge el culo.-Encantada Claudia…-y le dio dos besos.

Cuando se fue me suelta Claudia al oído:

-Esta es la que te comió la polla…
-Shhh, que nos van a oir…-le pedí.
-Te comía con la mirada. Pues con ellas te ibas a hartar Luisito…
-¿Por qué?
-¿Has visto el par de melones que tiene?

Me acerqué a su oído y le dije:

-A mí las que me gustan son tus tetitas…
-¿Te parecen pequeñitas?

No sabía que contestar entre la sensación de que alguien en la cola oía nuestra conversación o si me estaba poniendo a prueba, o tenía complejo por eso. ¡!!Ay las mujeres¡¡¡ Nunca sabes en qué piensan. Por fin respondí:

-Me parecen deliciosas…

Claudia chasqueó la lengua y sonriendo se acercó de nuevo a mi oído para decirme:

-Justo te iba a decir que tu pollita me parece deliciosa…

Me dio la risa y la rematé cogiéndola por la cintura y dándole un beso. Si Silvia nos había visto ya sabía que teníamos algo. Pero es que esas salidas de Claudia me encantaban, ¡yo sí que me la habría comido a ella allí en medio!

Por la tarde la “jefa” me dio permiso para descansar del estudio. Así que me pegué una buena siesta a la que no conseguí arrastrarla. Cuando vino a buscarme después de la siesta me levanté tontorrón. Así que cuando vino a buscarme me encontró con el paquete abultado y buscando el roce con ella pero se pasó rápido el tema: la regla nos visitaba a los dos. A ella con bajada de tensión por el calor y dolor menstrual y a mí dejándome con el calentón y sin poder quejarme pues evidentemente lo suyo era peor.

Vaya. La maldita regla que acababa de descubrir que la de Claudia era de las malas: vientre hinchado, mareos, dolor en vientre y pecho, muchas veces dolor de cabeza también. Como buen novio mi función tenía que ser no molestar y acompañar. Pero sí le pedí una cosa que me aceptó con algún regañadientes: quería dormir con ella. Y cuando esa noche nos acostamos entendí sus reticencias. Esos días usaba unas braguitas más altas que ejercían cierta presión en el vientre, como una especia de faja. No quería que la viera así a pesar de parecerme igual de sexi que con sus braguitas habituales. De hecho me extrañó que se acostara con una especia de pijama de verano con short y camiseta de tirantas a juego. Cuando fui a abrazarla metí mi mano bajo la camiseta del pijama y me encontré con la faja y además dormía con sujetador. Fue cuando me explicó lo jodida que era su regla y cómo la faja ayudaba a pasarla y el sujetador hacía que no le dolieran los pechos.

Le pregunté que como dormiría más cómoda y nos pusimos en posición de cuchara con mi mano abrazándola con cuidado de no tocarle el pecho. La segunda noche conseguí que se quitara la camiseta para pegar mi pecho a su espalda y aceptó. Lo que más me preocupaba es que le afectara de cara a su presentación. Cuando se lo dije le dio la risa: “Ains, estos machitos blandengues…no aguantaís un dolor. Si cada vez que tenemos la regla tenemos que dejar de hacer algo no podríamos competir con vosotros…y aquí estamos”.

Mi relación con Claudia me estaba haciendo evolucionar como persona. Y sobre todo traspasar la línea de lo que hasta entonces habían sido mis relaciones. Cuando hacía memoria de mis sentimientos y mis intereses con mis chicas anteriores siempre llegaba a una conclusión: no estaba enamorado de ninguna. Estaba encaprichado de todas. Y mi capacidad de comprensión de sus decisiones se basaba más en mi interés por conseguir algo, por supuesto relacionado con el sexo, que en verdadera empatía.

Yo no iba al cine con Viqui o a pasear por el gusto de estar con ella. Lo hacía con la única idea de terminar liándonos y que me vaciara los huevos. Por eso fracasé con ella. Ella esperaba en mí algo más de lo que yo le daba. Y yo era incapaz de estar a la altura de lo que ella esperaba porque mi única intención final era meterle la churra por cualquiera de sus agujeros para saciar mi deseo.

Esa misma situación se me había dado con María. Yo no estaba pillado por ella y ella sentía un amor puramente platónico. Yo la forcé en situaciones que ahora recordaba esperpénticas para empujarla a tocarme en mi intención de que las chicas satisficieran mis impulsos. Ella se dejó arrastrar pese a su educación contraria y al conseguir que yo iniciara una relación con ella ambos teníamos planes muy diferentes: yo, acompañar nuestra amistad de sexo; ella, a través de nuestra relación “purificarme” en una relación más cercana pero menos carnal. Aun así su venganza no está justificada aunque yo me mereciera su rencor.

Marina y Silvia eran como yo en ese momento. Sólo les interesa el sexo. Su ventaja: ellas lo consiguen. Yo al no conseguirlo me metí en relaciones sin sentido que acabaron mal. Pero siempre eran una tentación cuando se ofrecían. De hecho si Claudia no me muestra sus sentimientos yo habría acabado follando con Silvia.

Mis dudas estaban en Marta. Comparando nuestra breve relación, ya superada en tiempo con la mía con Claudia, ahora yo ya creía darme cuenta que me había encaprichado de ella. ¿Y quién no? Su cuerpo menudo, su sonrisa casi permanente, su personalidad…una chica muy atrayente pero, quizá con el tiempo habría alcanzado con ella la complicidad que tenía con Claudia, pero a pesar de cuanto me dolió la ruptura al comparar ambas relaciones me daba cuenta que no habíamos conectado tanto. De hecho si ella no se me sienta aquella noche en las rodillas yo no habría reparado en ella más que en el resto de preciosidades que nos agasajaban tras los partidos. Su forma de ponerme la zanahoria con el palo delante me hizo ir por ella con más brío. De hecho yo ya la daba por agua pasada cuando definitivamente se decidió por mí, pero como poniéndome a prueba me hizo dormir con ella sin sexo para entregarse después a una sexualidad que yo no había tenido antes. Su increíble forma de tragarse casi entera mi polla, el sexo a pelo y su forma de expresar el placer sin duda me engancharon a ella más de lo que en realidad yo habría sentido por ella sin ese sexo.

Por eso con Claudia todo era diferente. Me gustaba su fortaleza, pero también su debilidad. Su tozudez y a la vez sus explicaciones racionales. Me admiraba su determinación pero a la vez sus temores. Disfrutaba de sus abrazos para saludarnos, para dormir, para follar o para consolarnos. Era mi mejor confidente y yo creía ser el suyo.

Me alegraba de no haberme liado con ella a principio de curso. De haberlo hecho habría mandado lo físico por encima de todo lo demás. En ese momento sus tetitas y su cintura delgada habrían sido mi mayor reclamo. Pero ahora era mucho mejor. Nos conocíamos el uno al otro dentro de nuestras mentes y nuestros corazones. Y tras dar el paso estábamos conociendo nuestros cuerpos. Y esa dicotomía aparecía también ahí: de la fogosidad del sexo practicado hasta entonces, nada sosegado, con una mamada con final feliz y un polvazo que sólo recordarlos me empalmaban al instante. Pero también con la caricia, el abrazo, el cariñito y la sensibilidad del traro al cuerpo dolorido de los últimos días. Siempre había ocultado las molestias de su menstruación, o al menos yo no recordaba escucharla quejarse. En aquella ocasión tuvo que explicármelo y seguramente mi reacción de cariño hacia ella y de mantener todo, incluido el contacto físico evitando sólo el sexo, la habían hecho abrirse, dejarme saber y lo que seguramente más demostraba su confianza en mí: dejarse ver. A pesar de ser reacia en un principio terminó mostrándoseme con la faja y el sujetador a la hora de dormir. A mí ni se me ocurrió tocar sus pechos o su vientre y mucho menos su entrepierna aprisionada esos días por las compresas que absorbían su flujo menstrual. Pero no perdía ocasión de acariciar su barriga, su espalda o besar su hombro.

De hecho, estos pensamientos me vinieron a la cabeza la tarde que Claudia había terminado sus exámenes. Estábamos los dos tirados en la cama. Yo en calzoncillos y ella con su fajita y el sujetador. Yo tenía los brazos detrás de la cabeza y ella estaba echada en la almohada acariciándome el pecho y jugando con los custro pelos de mi esternón. Hacía calor. La habitación estaba en penumbra con las persianas bajadas. Ella al rato se quitó el sujetador.

-Ya me molesta esto más que el propio pecho…

Me giré hacia ella enfrentando nuestros cuerpos y puse mi mano en su cintura con intención de llegar a sus pechos.

-Todavía mancho un poco, Luis…
-Perdón, es que hacía mucho que no los veía…
-¿Mi niño quiere que lo toque un poquito?-me preguntó.
-No hace falta, prefiero esperar a que yo también pueda…
-Ains , Luis-dijo volviendo a acariciar mi pecho- qué distinto eres.
-¿De quién?
-De mis ex…ellos se cabreaban cuando me venía la regla.
-¿Por qué?

Me puso cara de evidencia.

-Ya-respondí- pero no es culpa tuya.
-Pero ellos querían y yo no podía.
-¿No te enfadabas?-pregunté.
-Me sentía mal, pero creía que eso era así.
-¿Y lo hacíais?-pregunté extrañado.
-No. Pero tenía que “aliviarlos…”. Ahora me doy cuenta lo que yo en realidad significaba para ellos.

La atraje hacia mí y se recostó en mi pecho acariciándome el abdomen. Ahora en vez de jugar con mis cuatro pelos del pecho lo hacía con los que me bajaban del ombligo al elástico del calzoncillo.

-Estabas antes muy callado…-comentó- ¿en qué pensabas?

En mis ex…y en ti. Por eso respondí:

-En lo feliz que soy ahora…

Con la convivencia con Claudia estaba aprendiendo mucho de los ciclos femeninos. Debe ser difícil con esos cambios hormonales tan bruscos soportar los picos de euforia o depresión. Pues tras el bajón que tuvo antes de que le bajara la regla se tornó en euforia cuando dejó de manchar después de haber pasado por cierto abatimiento durante la fase de más dolor. De hecho fui testigo de sus cambios físicos con la hinchazón del vientre de sus tetas. No me dejó verlas durante esos días pero se las notaba más grandes bajo el sujetador. Claudia me explicó que tras la fase de expulsión de los óvulos muertos, el sangrado, viene la fase en que los nuevos óvulos se van a situar en la mucosa del útero. Esa fase, conocida como ovulación va acompañada de una nueva explosión hormonal y un aumento de la líbido.

¿Qué por qué se esto? Porque tras Claudia dejarme seco con un polvo bestial me explicó los cambios en el deseo sexual que experimentan muchas mujeres provocados por los vaivenes de la producción de hormonas asociada a la menstruación. Lo que aprende uno acostándose con una futura médico…

Pero vamos al principio. A mí me quedaban dos exámenes. Claudia ya había terminado pero se quedó conmigo unos días más en la residencia antes de pasar por casa. El día que ella había terminado lo pasamos dormitando en mi cama como antes he contado. Se la notaba más dispuesta al contacto físico pero sin dar el paso y ya tampoco quería forzar la situación. Así llegamos con Claudia vigilando mi estudio intentando que yo no cambiara mi rutina por ella al día de mi penúltimo examen. Era un lunes. Y ella se iba al día siguiente. Desde la mañana la noté más dada al contacto buscando permanentemente el roce conmigo, pero la prisa por llegar al examen no dio para más. Al salir del examen me estaba esperando en la puerta de la facultad para comer juntos. Estaba especialmente cariñosa abrazada a mi cintura por la calle y con más gestos de cariño de los habituales cuando paseábamos.

Al volver a la residencia me preguntó si estaba cansado y yo le dije que me apetecía echarnos una siesta como los días anteriores. Aquellas siestas en ropa interior con sus tetitas a mi vista se habían convertido en una delicia. Pero aquel día estaba juguetona y desde el principio aparentaba disimularlo pero se le notaba.

Nada más echarnos en la cama puso su pierna sobre las mías llegando su muslo muy cerca de mi paquete. Igualmente al abrazarse a mí su mano jugaba con mi piel como los días anteriores pero se detuvo algo más en rozar furtivamente mis pezones. Se la notaba algo inquieta, esperando mis reacciones. La reacción se hizo evidente en un par de minutos con una tienda de campaña descomunal e incontrolable.

-Lo estás consiguiendo…-le dije.
-¿Qué estoy consiguiendo?-preguntó haciéndose la inocente.
-Que tenga que follarte…

Puso los ojos en blanco aparentando escándalo y bajó su mano colándola dentro de mi calzoncillo y me dijo:

-Una señorita no puede escuchar ciertas cosas….pero mmmmm ¿qué tiene usted aquí caballero? Esto es un escándalo…

Me eché de lado para apoyar mi cuerpo en el suyo y la besé, y automáticamente subí mi mano a su pecho atrapando su pezón con mis dedos y apretando su contorno.

-Disculpe usted señora…pero usted me está agarrando el cipote y no me va quedar más remedio que tener que usarlo contra usted…

Bajó su mano a mis pelotas y siguiendo el juego respondió:

-Caballero me ofende usted…voy a tener que castigarle…

-Yo soy quien debería castigar su atrevimiento. Debería azotarla…
-Oh, sí, por favor…azóteme¡¡¡¡ Jajajaja-rió hasta que mi boca tapó la suya clavándole la lengua.

Me levanté de ella y sin miramientos le quité las bragas negras que llevaba. A diferencia del pudor de mis chicas anteriores Claudia dejó sus piernas semiabiertas flexionadas ofreciéndome su sexo que me lancé sin miramientos chupar. En cuanto mi lengua traspasó sus labios saboreando la sal de su flujo dio un respingo pero empujó con sus manos mi cabeza:

-Luis, no, no. Que acabo de pasar la regla…ven.

Casi me arranca los pelos tirando de mi cabeza hacia arriba mientras yo intentaba lamer el chocho que se me me ofrecía. Su respuesta una vez apartada mi cabeza fue salirse de debajo de mí para ir a por mis calzoncillos. Yo no puse reparos y menos cuando tras sacarlos por mis pies se montó encima de mí para clavarse mi polla. Pasaba de preliminares.

-Claudia que no tengo condón…
-Estos días no hay peligro, Luis…

Maravillosa medicina y el saber contar los días. Pero de todos modos había que tener precaución. Para entonces el coño de Claudia se había tragado mi polla. Maravillosa estrechez caliente y viscosa. Se había engullido con facilidad mi nabo demostrando lo caliente y mojada que estaba mi chica. Que una vez acomodada se empezó a mover con intensidad cabalgándome haciendo crujir los mueles de la cama con una violencia que no me esperaba. Lo que ya sí era habitual era escucharla:

-Ohmmm, sí, Luis…que ganas te tenía….mmmmm….

Con mi novia follándome a pelo cabalgándome succionando mi polla con su chocho y sin dejar de gemir y decirme cuanto le gustaba el polvo pensé que no duraría ni 5 minutos. Pero para mi sorpresa la que empezó a gemir y encoger la cara apoyándose en mi pecho porque con las contracciones y temblores no la dejaban seguir cabalgando. Sus gemidos se ahogaron en un “ay” prolongado y podía sentir como el cuello de su útero comprimía mi glande en cada contracción. De no ser porque me faltaba un puntito aquello habría sido suficiente para empezar a lanzar chorros en su interior que le llegarían hasta la garganta. Pero me limité a acariciar sus muslos mientras el prolongado e intenso orgasmo de mi chica la dejaba ausente entre temblores y extrañas contracciones de su rostro.

Entonces recordé el polvo mañanero con Marta y como gritó de placer y quise proporcionárselo también a Claudia. Hice que se levantara de mí de forma pasiva gimiendo al sentir deslizarse mi polla por las paredes de su coño. Seguía ausente centrada en las sensaciones de su cuerpo. Al salirse de mí quedó en una postura casi fetal boca abajo sobre sus piernas dejando. Me quedaba muy baja para penetrarla desde atrás de rodillas, pero se me ocurrió bajarme de la cama y arrodillarme en el suelo. La arrastré por la sábana como un cuerpo muerto dejando su culo a mi disposición. Me coloqué y dirigí mi misil a su raja.

Cuando me sintió entrar gimió de nuevo muy flojito. Pero se limitó a facilitarme el acceso separando los pies que tropezaban con mis muslos.
Una vez comprobé que mi polla entraba con facilidad empecé a bobear agarrándola por las caderas haciendo que nuestras pieles sonaran hasta clavarme sus huesos en mis ingles. Era sorprendente escuchar sus gemidos ahogados contra las sábanas pero a ellos esta vez sí se sumaron los míos. El puntito que me faltaba me llegó en poco minutos pero tuve esta vez la cabeza de sacar rápidamente la polla de su coño cuando sentí el cosquilleo evidente de mi corrida. La saqué y me masturbé con fuertes gruñidos hasta que empecé a soltar chorros sobre su espalda. Mirando como me corría ví como asomaban sus dedos por debajo de su piernas. Se estaba autoestimulando. En el momento en que yo dejé de soltar lefazos ya cada vez menos densos el cuerpo de Claudia se agitó de nuevo entre temblores y “ayes” ahogados. En un impulso clavé mi dedo en su coño obteniendo un sonoro “arghhhhhh”. No pude evitar taladrarla con él hasta que entre temblores me rogó que parara.
Derrotado por el esfuerzo breve pero intenso me tiré en la cama a su lado mientras mi polla de desinflaba entre espasmos y la explosión de estremecimientos y temblores de Claudia se iba apagando muy poco a poco.

Claudia seguía en la misma postura con su cara pegada a la sábana mientras sus temblores iban perdiendo intensidad y periodicidad. Envidiaba la duración de sus orgasmos y como pasaba largos minutos después recuperándose. De mi orgasmo sólo quedaban los restos de semen en mi polla y la respiración agitada mientras ella parecía ausente, y más sin poder verle la cara, sin cambiar de postura en posición fetal con mi lefa pegada a su espalda.

Por fin giró la cabeza sin cambiar de postura. Parecía haber mordido la sábana en el clímax p haber salivado mucho. Aún con ligeras contracciones de su rostro probablemente provocadas por otras contracciones más íntimas me miró intentando sonreírme.

-Siento haberte pringado ente, me daba miedo correrme dentro…-me disculpé.
-Tranquilo, ha estado muy bien…-dijo aun con gesto extraño- ya echaba de menos a tu amiguita.
-Y mi amiguita a ti… dije girándome para poder besarla.

Empresa complicada porque Claudia no cambiaba de postura. Por fin dijo:

-Vas a tener que buscar algo para limpiarme pues vamos a pringar todas las sábanas, ya se me escurre un poco…

Me levanté ligero, me puse el pantalón corto que había usado esa mañana sin calzoncillo para ganar tiempo y salí rápido al baño. Tomé un rollo de papel higiénico. Cuando regresé seguía tal cual la había dejado. Daban ganas de empezar a penetrarla desde atrás de nuevo pero mi polla en ese momento estaba floja dándose un descanso. Los polvos que Claudia hasta ahora eran siempre agitados.

Le limpié la espalda como pude y me volví a desnudar para echarnos en la cama. En ese momento es cuando me dio la charla sobre los ciclos hormonales. Mi duda surgió en qué pasaba cuando no tenía paraje y se le disparaba la líbido. Su respuesta fue sencilla: “El deseo va en proporción a la posibilidad de concretarlo”. Si no tienes a nadie con quien te apetezca no experimentas el mismo deseo. Al tenerme con ella todos esos días su deseo había ido creciendo hasta poder concretarlo en el polvo que acabábamos de echar.

-¿Y cuando yo te gustaba pero no estábamos juntos que hacías?-pregunté.
-No lo sentía tan fuerte.
-¿No te picaba aquí?-pregunté acariciando su vello púbico haciendo que se estremeciera.
-Sigo muy sensible Luis…ains…, pero te digo que los hombres sois más visuales y las mujeres más sensitivas…
-Explícame eso-le dije subiendo mi mano por su cadera y cintura.
-Tú me has confesado que te masturbabas pensando en mí aunque nunca has estado conmigo…
-Sí-respondí.
-…pues a mí me costaba trabajo porque me faltaba un recuerdo sexual tuyo a pesar de haberte visto desnudo…es difícil de explicar. Al final lo que hacía era intentar ponerle tu cara a mis recuerdos sexuales, pero no conseguía. Terminaba siendo un gesto más mecánico que sentido…fisiológico diría yo…
-Yo ahora lo voy a tener muy fácil recordando tu carita cuando te corres…
-¿Y qué carita pongo?-preguntó apoyándose en sus codos para levantar la cara y poder verme y de paso dejar que mi mano bajara por su espalda hasta su culo.

Intenté imitarla apretando mucho y emulando la forma de su boca mordiéndose los labios y los ojos cerrados.

-Jajaja, Luis. Parece que estás apretando para cagar.
-Es que no me sale como a ti. ¿Qué cara pongo yo?-pregunté.
-Entrecierras los ojos y dejas la boca medioabierta y entremedias cuelas algún resoplido. Después te relajas de golpe y sueltas todo el aire cuando tu amiguita deja de soltar.
-Pero volviendo al tema. Cuando nos separemos y me haga una paja pensando en ti recordaré todo tu cuerpo-dije amasando sus nalgas.
-Luis…
-Dime…
-¿Qué es lo que más te gusta de tu mi cuerpo?, y no me digas la cara…
-Es lo más bonito desde luego-dije para quedar bien- pero me vuelven loco tus pechos…
-¿No te parecen pequeños?-dijo girándose de nuevo a mí para que los viera- todas tus ex que conozco menos Marta los tenían más grandes…
-Pero a mí me gustan estos…-dije bajando la cabeza para pasar mis labios entre sus pechos.
-Yo estaba superacomplejada. Me ponía sujetadores con relleno…-me decía mientras yo daba buena cuenta de sus pezones con mis labios-…hasta que pasé de tíos y cada vez lo uso menos, total no me hace falta salvo para hacer deporte o cuando me viene la regla.

Ella hablaba mientras yo seguía dándome un buen festín de tetas entre las caricias de Claudia.

-Es verdad que tienes que aguantar miradas de babosos-siguió diciendo- en cuanto se dan cuenta que vas sin sujetador pero a veces te mira el chico que te gusta. Aunque dudas si te mira por salido o porque realmente le gustas…

Yo asentía con “ajams” a lo que contaba sin perder el tiempo a chupar y sorber sus pezones.

…aunque creo que realmente te gustan, jajaja. Porque te tengo babeándome…

Me corté un poco y para no quedar mal le pregunté:

-¿Y qué es lo que más te gusta de mi cuerpo?
-Te va a parecer una tontería…
-Seguro que no.
-Me encantan los pelillos que te bajan por aquí…-dijo dibujando mi esternón- ….y estos de aquí…-continuó dibujando mi ombligo y la línea de pelo que terminaba ensanchándose recortada en mi pubis pero no se detuvo y con su dedo alcanzó la base de mi polla relajada diciendo- que cuando no se ve imaginas que llegan hasta aquí.
-Eso no me lo esperaba…¿y cuándo te fijaste en eso?-pregunté.
-El día que me dejaste la camiseta pero sobre todo el día del póker…
-Pero si ni me mirabas…-me quejé.
-Eso es lo que tú te crees, jajajaja.

Pese a la charla, el madrugón para el examen y el polvo me había cansado y al poco me quedé dormido mientras mi chica seguía acariciando esos pelitos que me acababa de confesar que tanto le gustaban.

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