AURORA MADARIAGA

Capítulo 30
Los agentes especiales y humanos se reunieron en la biblioteca de la agencia
acudiendo al llamado de última hora. Loreto y Nuada salieron de su habitación a toda
prisa y se les unieron. El doctor Tom Manning estaba posicionado a pasos de la entrada
con el informe en las manos. El agente Krauss tomó su lugar a su derecha y encararon
al grupo. El director abrió el sobre con la lentitud y el cálculo de quien debe decidir
cuál cable cortar en una bomba de tiempo. Sus manos tiritaban. A su lado, el agente
Krauss permanecía completamente inamovible. El Príncipe avanzó hacia su hermana y
se tomaron de las manos. El agente Sapien estaba a su otro lado como el verdadero
compañero de la Princesa en el que se había convertido. Loreto quiso tomar la mano
de Nuada pero la conversación que recién habían tenido la disuadió.
—¿Y bien, Manning?—el agente Hellboy dijo con tono ronco—. Ya hemos tenido
suficiente suspenso. ¿Lo lees tú o lo leo yo?—balbuceó ronco sujetando un Robusto de
Cohiba entre los labios.
La agente Sherman se lo arrebató enseguida y lo reprendió con la mirada mientras se
acariciaba la panza. El agente chasqueó la boca cabreado y abrió una barra de
«Snickers». El doctor Manning leyó el informe en silencio. Todos los ojos estaban en
él. Encaró al grupo con la mandíbula desencajada y le entregó el reporte al agente
Krauss. ¿Cómo podía siquiera leer sin ojos ni cerebro? Loreto ya ni se molestaba en
preguntarse lo lógico.
—Todas las pruebas de la savia de los semidioses del bosque y tejido cancerígeno de
distintos grados y naturalezas han sido positivas. Su icor sí puede influenciar las
células cancerígenas tanto humana como animal y exterminarlas en cosa de una
semana. La savia ha sido exitosamente sintetizada.
Todos exhalaron y sonrieron aliviados. Nuada seguía escéptico y en ascuas.
—¿Dónde viviremos?—la Princesa esbozó como un susurro lleno de congoja en la voz.
—Bethmoora volverá a casa—el doctor Manning anunció con orgullo.
Los agentes especiales estallaron en júbilo. Nuada quedó inmóvil. Apenas respiraba.
La Princesa tomada de su mano estaba en igual estado de shock. Loreto buscó su
mirada. Su corazón dio un vuelco. Ambos hermanos siquiera podían parpadear, las
lágrimas se agolpaban hasta caer por sus comisuras, las bocas entreabiertas, los labios
temblorosos, la vista al frente concentrada en la nada, las manos tomadas con tal
fuerza que los nudillos se sobresalían al esfuerzo. De pronto ambos voltearon y se
encararon. Se tomaron de ambas manos y se miraron.
—Antrim—susurraron al unísono como un sollozo ahogado.
Los gemelos se fundieron en un abrazo apretado. Sollozaron contra el hombro del
otro. Loreto tragó saliva y se secó sus propias lágrimas. El agente Sapien la encaró al
tiempo que una lágrima solitaria rodaba por su piel azulina hasta colgar de su quijada.
Estiró sus manos palmípedas hacia Loreto y suave tiró de ella hasta abrazarla. El gesto
la sorprendió pero se dejó hacer hasta rodear su esbelta espalda. «Seremos familia»
escuchó en su mente. No era Nuada ni la Princesa. Era el agente Sapien. Lento se
apartaron todavía tomados de las manos. De pronto el agente ladeó la cabeza y
parpadeó contadas veces. Posicionó una mano sobre su vientre.
—Loreto, estás embarazada—dijo.
«¿Qué?» Loreto gritó para sus adentros. De forma instintiva se llevó las manos al
abdomen y trató de buscar en los grandes ojos azules mar de Abraham la confirmación
de su pronóstico. Los hermanos elfos rompieron el abrazo, Nuada volteó y encaró a
ambos con los ojos incrédulos empapados de lágrimas. Interrogó a Abraham sin
palabras como si le apremiara telepáticamente a corroborar lo que acababa de decir.
—Si, estoy seguro, Su Alteza—dijo un tanto urgido—. Mis lecturas son cien por ciento
correctas—apuntó a la agente Sherman—, ¿no es así, Liz?
La agente sonrió y asintió con la cabeza.
Nuada volteó hacia Loreto y tentativo tocó su abdomen con la mano abierta. La miró a
los ojos. Las lágrimas habían empapado sus pestañas y cristalizaban su visión ámbar.
Exhaló entrecortado al hallazgo. Esbozó una semi sonrisa. Se abalanzó sobre ella y la
encerró en sus brazos. Loreto suspiró anonadada y se arrimó a su espalda con la cara
enterrada en su pecho. Echó afuera el llanto acumulado tras sus cuerdas vocales.
Nuada se encorvó contra su cuello y fue incapaz de controlar su sollozo. Los agentes
especiales y la Princesa celebraron a su alrededor. Acurrucada a su pecho y sujetada de
su fuerte espalda, escuchó los buenos deseos y felicitaciones de todos. Soltaron la
presión y se apartaron para encararse. Nuada tomó su rostro en ambas manos y sin
mediar palabras la besó en la boca. Todos vitorearon y rieron. Rompieron el beso y se
miraron profundo a los ojos. Nuada tomó su mano y encaró al grupo.
—Loreto será mi reina y la madre de mi primogénito, el heredero al trono de
Bethmoora—anunció con orgullo y miró a su hermana—. Y tú, Nuala, parece que
también has encontrado un compañero de vida—dijo sonriendo y miró al agente
Sapien.
La Princesa se sonrojó y agachó la cabeza. Tomó la mano de Abraham en la suya.
—No desearía nadie más a mi lado—dijo con la voz cargada de emoción. Elevó la vista
con el semblante serio y se dirigió a su hermano—. Sin embargo, el consejo real debe
primero aprobar estas uniones pues ambos estaríamos contrayendo matrimonio con
seres de otras especies, algo sin precedente en Bethmoora.
—Lo sé—Nuada dijo seco—. El consejo real debe recordar que cuando ascienda al
trono, deberé jurar sobre una corona incompleta, lo que tampoco tiene precedente en
nuestra historia. Si están de acuerdo con eso, ¿por qué no lo estarían de aceptar una
reina humana?
—Después de lo que has logrado por tu pueblo asegurando su retorno a la superficie,
no creo que tengan las agallas de negarte nada, Príncipe—el agente Hellboy dijo y le
dio una palmada fuerte en el hombro que casi lo tambalea.
Loreto no pudo evitar reírse a la mirada asesina que Nuada lanzó al agente rojo.
—El matrimonio interespecies no ha sido aprobado por las leyes humanas todavía—el
agente Krauss intervino—. Claro que la ley de Bethmoora funciona independiente a la
nuestra, mas es bueno que Sus Altezas sepan que, de no ser aprobadas sus conexiones
por el consejo real de Bethmoora, tampoco lo serán afuera de este.
—Este tipo no sabe divertirse—el agente Hellboy soltó burlesco y lo apuntó despectivo
con el pulgar de su mano de piedra—. ¡Deja que los novios disfruten el momento,
bolsa de gas!
El agente alemán soltó el humo por las branquias mecánicas y salió de la biblioteca. La
agente Sherman reprendió divertida a su compañero por siempre referirse al líder del
equipo con sobrenombres a lo que él simplemente respondió con un chasquido de la
boca.
El fuerte impacto que se escuchó desde la puerta principal puso a todos en alerta.
Loreto se arrimó al brazo de Nuada. Lo que sonó a continuación no dejó duda de su
naturaleza. La explosión remeció las instalaciones como un terremoto. El piso vibró
bajo sus pies y los oídos quedaron sumidos en un pito ensordecedor. Su corazón latió
despavorido dentro de su pecho hasta hiperventilarla. El doctor Manning corrió hacia
el interior de la biblioteca al tiempo que gritaba ordenes a través de su transmisorreceptor
portátil y sacaba su arma de servicio. Los agentes especiales corrieron al
pasillo ya con las suyas empuñadas y apuntando al frente. La Princesa Nuala rogó a
Abraham que no la dejara sola pero Nuada la tomó del brazo y la arrimó junto a Loreto
mientras él se posicionaba frente a ambas como un escudo viviente. El hedor a pólvora
entró por sus fosas nasales y la hizo lagrimar. Aguantó la súbita arcada que aguó su
boca de ácido y amargo. Loreto tomó la mano de la Princesa e intercambiaron miradas
de horror.
—¡FBI! ¡Alto! ¡Las manos a la cabeza!—se escuchó desde el pasillo.
Los disparos paralizaron a la Princesa en un cubo de hielo. No paraba de tiritar. Desde
las afueras se escuchaba al agente Hellboy en plena batalla con los intrusos. El umbral
abierto de la biblioteca dejó entrever a Loreto el halo de fuego de la agente Sherman.
«¿Dónde está Abraham?» Un grupo de agentes de traje y corbata cubrieron a los
especiales, el tiroteo era ahora cruzado y total. Nuada atinó a producir su lanza y
espada pero no las llevaba a cuestas. Rápido estudió los alrededores y corrió hacia una
gran estatua de piedra que coronaba la biblioteca en cuyo centro sostenía una espada.
La empuñó y forcejeó hasta sacarla de un tirón. Volteó rápido hacia ambas y con la
mirada inyectada y alerta se cercioró que estaban bien. Tomó posición frente a Loreto y
la Princesa encarando la puerta y giró la espada en el eje de su muñeca.
—¡Sabemos que tienen secuestrada a Loreto Clair!—gritó uno de los agentes dela FBI
por encima de palizas y tiros.
Loreto abrió los ojos estupefacta.
—¡No estoy secuestrada!—gritó a todo pulmón.
El fuego cesó. Los agentes de la FBI se abrieron camino dentro de la biblioteca. El
agente Hellboy y Abraham los apuntaron con sus armas y siguieron de cerca cada uno
de sus pasos. La Princesa Nuala exhaló aliviada al ver a su compañero con vida. Loreto
apretó fuerte su mano y la sostuvo del brazo. La agente Sherman y los agentes de traje
y corbata rodearon a los intrusos.
—Ese es el hombre que buscamos—dijo uno y apuntó a Nuada—. ¡Depón el arma!—
gritaron y lo apuntaron a la cabeza a pocos metros de distancia.
Por un instante, un lapso por detrás del segundero del reloj, Loreto vio en su mente a
Nuada morir. Las balas entrando en su cráneo, la sangre derramándose, su orgullosa
estatura cayendo al suelo como una torre, su cuerpo sin vida inerte sobre el piso. El
grito interno la remeció hasta temblar de pies a cabeza. Su corazón se apretó y un frío
gélido la envolvió. La muerte la rodeaba por todos lados. Primero el tumor
cancerígeno, la bala que impactó su brazo, luego la metástasis, la guerra entre elfos y
humanos que no llegó a ser, las vidas que la venganza de Nuada había cobrado. Se llevó
una mano temblorosa al vientre. Una nueva vida. Una nueva oportunidad para ella,
para Nuada y su gente, para Abraham, para todo quien sufre de cáncer en el mundo.
Una luz débil y lejana que por una grieta se colaba con fuerza dentro del abismo total.
Pestañeó. Nuada, el padre de su futuro primogénito, el ser que más amaba, seguía
estoico e inamovible a las armas de los agentes. Loreto corrió. La Princesa trató de
contenerla por el brazo, llamó a su nombre que se perdió en la lontananza. Corrió
hasta cubrir a Nuada con su cuerpo. Él la agarró del brazo y le ordenó apartarse.
Abraham y los agentes especiales también se lo ordenaron.
—Bajen las armas—dijo con voz plana—. Me han venido a buscar a mí. Aquí estoy.
Los agentes de la FBI se miraron entre sí. Uno a uno enfundaron sus armas mas
siguieron a la defensiva. Loreto miró a los agentes especiales.
— Ustedes también, por favor.
Dubitativos, la agente Sherman extinguió su fuego y los agentes Hellboy y Sapien
dieron un paso atrás y reticentes dejaron a apuntar a los intrusos. Abraham corrió
hacia la Princesa y se abrazaron.
—Estoy bien—Loreto comenzó todavía inamovible frente al equipo de agentes de la
FBI—. Ahora lo estoy al menos. Hace un mes atrás todavía tenía cáncer. Si ahora estoy
con vida se lo debo a esta agencia quienes extirparon mi tumor maligno y a Nuada—
hizo el ademán de voltear y gesticuló hacia sus espaldas—. A quien estuvieron a punto
de disparar es el príncipe de los elfos y mi futuro esposo.
Los agentes de la FBI no supieron cómo reaccionar. Nuada la tomó por los hombros y
se posicionó frente a ella. Todavía empuñaba la espada de la estatua. Los agentes
acercaron sus manos hacia la funda de sus armas. Loreto lo tomó por el brazo y apoyó
su frente contra su espalda. «No más enfrentamientos, por favor» le rogó en silencio y
esperó que la escuchara en su mente. Nuada giró leve hacia ella y dejó caer la espada.
El doctor Manning apareció desde la parte trasera de la biblioteca y se largó a explicar
la situación y los eventos de las últimas semanas. Los agentes de la FBI habían dado
con el paradero de Loreto por la señal de su celular, aclararon. Loreto hizo memoria.
Durante su estadía desde el viaje de Nuada y la Princesa a Irlanda del Norte que lo
mantenía sin batería. Se recordó cuando, luego de haber sido sanada de la metástasis,
le mostró a Nuada allí mismo en la biblioteca de la agencia las fotografías de su
departamento rodeado de Paparazzi. Su representante le había escrito y mandado los
enlaces a los portales de noticias en línea. Mitch no tenía la culpa de esta operación. La
investigación de su desaparición deber haber llegado a él en busca de pistas, Loreto
concluyó.
—El-el-el Príncipe Nuada es un elfo de cinco mil años de edad, no-no-no pueden
apuntarle así con las armas. ¡Es la realeza más antigua del planeta!—el doctor
Manning se esforzó en decir con creciente nerviosismo.
Los semblantes de los agentes de la FBI se desencajaron y de inmediato estudiaron a
Nuada de pies a cabeza con igual medida de extrañeza y curiosidad.
—Nuada no es el culpable de mi desaparición—Loreto interrumpió y enseguida sintió
todos los ojos sobre ella—. Yo lo soy. La historia es larga y el director de la agencia la
sabrá contar mejor que yo. Es gracias a la medicina elfa que estoy ahora con vida.
El doctor Manning volteó hacia Loreto, la apuntó con el dedo y sonrió. Recorrió a los
agentes especiales con la mirada.
—El poder de la palabra, ¿ven?—apuntó a Loreto cada vez más enfático—. Todo se
puede solucionar hablando—dijo con tono victorioso y satisfecho consigo mismo.
El director de la agencia volteó hacia los agentes de la FBI y los escoltó hacia la salida
mientras les explicaba porqué Loreto todavía no podía hacer pública la verdadera
razón de su desaparición.
El agente Hellboy rezongó una risa y negó con la cabeza. Abrazó por los hombros a su
compañera la agente Sherman y caminaron hacia la salida mientras que Abraham
todavía sostenía la mano de la Princesa Nuala. Todavía se la veía afectada y superada
por la situación. Abraham la escoltó hacia la salida a paso calmado como si tratara de
evitar mayor esfuerzo a la Princesa.
Nuada volteó hacia Loreto. La profundidad de su mirada dorada no conocía límites.
Todo en él gritaba alivio, ira y alegría al unísono mientras sus facciones permanecían
duras e inamovibles. Los puños apretados, los labios entreabiertos, los ojos achicados,
el ceño apretado.
—No deberías haberte puesto frente a la línea de fuego—dijo con la voz ronca y fría.
Dio un paso más hacia ella.
—Y tú no deberías haberlos desafiado cuando te apuntaban a la cabeza con las armas
cargadas y listos para disparar—Loreto dijo con su voz a punto de quebrarse—. Ya no
estás solo, te necesitamos—esbozó como una exhalación y se tocó el vientre.
El semblante del Príncipe se desarmó. Disminuyó la distancia invadiéndola con su
presencia y agachó la cabeza contra la suya. Cerró los ojos y exhaló entrecortado como
si por fin echara afuera el peso inmensurable sobre sus hombros. Loreto se abrazó a su
cintura y Nuada la envolvió en sus brazos. Inhaló profundo la esencia que su gabán
despedía. Era su perfume propio y único. Un abrazo a los sentidos con toda el alma,
una caricia en la madrugada oscura, un beso profundo hasta levitar al cosmos y de
vuelta.
—No lo hagas nunca más—Nuada susurró encorvado y anidado a su cuello.
Su aliento contra la piel desnuda erizó sus poros y produjo un escalofríos que nació en
la nuca y bajó hasta las piernas como onda expansiva. Nuada se separó de ella y tomó
su rostro en ambas manos. La miró incisivo a los ojos con los suyos aguados y
destellantes desde las pupilas doradas.
—Después de todo el camino que he recorrido en tinieblas, luego de cargar con la
oscuridad que se apoderó de mi corazón, ahora que te he encontrado, a un paso de
volver al hogar y de convertirme en padre y rey, perderte sería una broma de muy mal
gusto—dijo en voz baja con su frente apoyada en la suya. Exhaló y cerró los ojos.
El agente Krauss irrumpió en la biblioteca y rompió con su presencia la pequeña
burbuja que los envolvía. Buscó a Nuada y avisó que los ingenieros de la agencia
habían logrado abrir la caja fuerte de tecnología duende traída desde Antrim.
—De seguro Su Alteza querrá revisar su contenido—dijo y gesticuló hacia la puerta.
Nuada giró hacia Loreto y ofreció su mano. Ambos siguieron al agente alemán hasta
llegar a una de las oficinas en el pasillo. Un grupo de especialistas esperaban alrededor
de la mesa de trabajo expectantes. La caja dorada tenía todo un rompecabezas de
engranajes en la tapa y los bordes de su apertura. Estaba abierta de par en par. Nuada
se acercó y enseguida los ingenieros y el agente Krauss se alejaron del artefacto. El
Príncipe tragó saliva y su mandíbula se desencajó tan pronto mirar dentro de la caja.
—No puede ser—balbuceó apenas con un hilo de voz.
Aventuró una mano dentro de la caja y produjo una corona. Era dorada con finos
brazos de oro en formas de enredadera y puntas. En su centro tenía una gran piedra
ovalada de ópalo con todo un cosmos atrapado en su interior y hacia los costados
cascadas de finas cadenas de oro. Nuada volteó hacia Loreto y lentamente y con
cuidado la puso sobre su cabeza. Ella lo interrogó con la mirada completamente
estupefacta. Acto seguido, lo vio hurgar concentrado. Loreto se asomó y sujetó la
corona temiendo dejarla caer. Quedó boquiabierta a lo que descubrió. Entre el mar de
destellos y brillos reconoció toda una colección de joyas. La caja fuerte de oro opaco
parecía un tesoro descubierto luego de una eternidad latente en las sombras. Nuada
sacó un grueso anillo. Era de oro gastado y trabajado con similares detalles simétricos
como las formas de las hojas de los árboles. En el centro lucía un ópalo ovalado de
similares dimensiones que el de la corona. Tomó su mano derecha y lo puso en su dedo
anular.
—Estas son las joyas de la reina de Bethmoora, la última que las vistió fue mi madre—
dijo con emoción en la voz—. Bethmoora por fin tendrá nuevamente una reina.
Besó el dorso de su mano y bajó una rodilla al suelo.
—Hazme el honor de reinar junto a mí por lo que nos queda de vida. Unamos nuestras
razas en un solo pacto de amor y así nada ni nadie podrá nunca más amenazar nuestra
nueva paz.
Loreto tomó sus manos en las suyas y besó sus dorsos. Lo impulsó a ponerse de pie. El
nudo en la garganta no la dejaba respirar en paz. Hace un instante temía por él en la
mira de los agentes del FBI dispuestos a matar. Hace pocos minutos atrás Nuada se
había medido de igual a igual contra la tecnología bélica humana armado solo con una
espada de decoración y toda su experiencia de miles de años en el campo de batalla.
Todo para protegerla a ella y a su hermana gemela. Quien está dispuesto a dar la vida
por los suyos es un héroe. Se recordó de la primera vez que escuchó hablar de él. Lo
habían descrito como un peligroso terrorista. Sus manos, ahora entrelazadas con las
suyas, daban y quitaban vida como el Elemental. Su corazón se abría o cerraba para
siempre. Su mirada destellaba con igual fuerza la sed venganza como el amor eterno.
Nuada no sabía de medias tintas. No estaba hecho para nada menos que reinar o vivir
en el exilio. Vivir o morir. Amar u odiar. Su camino en las tinieblas llegaba a su fin.
Comenzaba ahora entonces el retorno a la luz.

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