AURORA MADARIAGA

Capítulo 29
Nuada despertó de golpe. Se impulsó de la cama y en la oscuridad total palpó el suelo
hasta hallar su lanza. Se quedó completamente quieto. Alerta. Los iris dilatados
tragando la poca luz disponible y sus pupilas doradas reflejándola hacia el frente.
Silencio. Nada.
—¿Nuada?
Volteó brusco. La voz somnolienta de Loreto lo trajo de vuelta a la realidad. Le tomó
dos segundos recordar. No estaba en su refugio en las cloacas de Nueva York sino en la
agencia de investigación paranormal de los humanos. No estaba solo sino que con
Loreto. En su habitación. En el medio de la noche. Dejó su lanza fuera del perímetro
de la cama y se volvió a acostar. Enseguida Loreto se arrimó a él y lo abrazó por la
cintura mientras se acurrucaba a su pecho bostezando leve contra su piel. La suavidad
y el calor de su cuerpo desnudo contra el suyo le estremecieron. La abrazó fuerte por la
espalda contra sí y besó su mollera. Evocó las últimas horas. Habían hecho el amor. No
recordaba cuándo fue la última vez que había amado y lo habían amado con tal
intensidad. Probablemente cuando Bethmoora todavía estaba intacta en toda su gloria
y honor y su mayor preocupación era cómo hacer espacio entre sus largas sesiones de
entrenamiento para verse con la elfa que le quitaba el sueño. Su recuerdo se
desvaneció con el tiempo, ella fue una de las tantas víctimas de la Gran Guerra.
Entonces no podía pensar en formar una familia pues su padre todavía reinaba y lo
haría por muchos milenios más. La guerra lo cambió todo. Su corazón otrora abierto y
bondadoso se llenó del veneno de venganza y el dolor de la traición. Nunca había
vuelto a pensar en el amor con el pecho ahogado de ira y resentimiento. La tentación
de la carne logró doblegar su voluntad en muchas ocasiones. Su sangre dorada todavía
corría caliente por sus venas y el corazón siempre siguió latiendo lento y fuerte en su
pecho. Sin embargo, en las raras oportunidades que se permitía sentir compasión por
sí mismo en largas madrugadas debajo de algún puente o encaramado en algún ático
del mundo a oscuras y a solas, siempre llegaba a la conclusión que no estaba destinado
a amar sino llamado a luchar. Y la vida de un guerrero no deja espacio para promesas
de amor. Cualquier día puede ser el último, cualquier encuentro puede ser letal.
Loreto gimió apenas audible y se acomodó más arrimada contra su torso. Nuada
sonrió. ¿Qué había hecho para merecer una nueva oportunidad para amar? La
emoción subió hasta agolpar su garganta y ahogar su vista. Tragó saliva y cerró los ojos.
Las lágrimas rodaron por sus sienes hasta aterrizar sobre la almohada. Envolvió a
Loreto con todo su cuerpo y enredó sus piernas con las suyas. Besó su frente y aguantó
en silencio el nudo testarudo de su garganta. Cada día desde hoy en adelante, cada
instante, segundo, cada sonrisa suya, cada roce de su piel, cada beso… Se iría, Loreto
era humana, tenía siquiera unas pocas décadas más con ella antes de perderla. Su
cuerpo se daría por vencido al paso del tiempo hasta envejecer. Enfermaría. Era el
destino de los humanos. Nuada la abrazó fuerte hasta sentirla gemir. Loreto se
impulsó y lo encaró en la oscuridad. Veía sus facciones perfectamente. Absolutamente
hermosa. Ella acarició suave su rostro y se detuvo en sus ojos humedecidos.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?—susurró alarmada contra su boca y secó sus lágrimas con
los dedos.
Nuada besó sus labios y tragó las lágrimas en silencio. Sus cabellos cosquillaron su
rostro. Podía leer su creciente preocupación por él.
—No quiero despertar un día y no encontrarte aquí—susurró gutural contra sus labios.
Acarició su mejilla—. Ahora que te he encontrado… Te irás un día y me dejarás por la
eternidad solo.
Loreto lo abrazó fuerte con todo su cuerpo. Sollozó en su oído. Discreta sorbió la nariz
y se apartó para encararlo.
—Antes me verás convertirme en una abuelita arrugada y encorvada—susurró entre
sollozos y rió con amargura—. No es justo—besó sus labios—, tú seguirás igual que
siempre mientras yo me haga una señora mayor—dijo divertida y sorbió la nariz.
—Y sin embargo, hasta el último día de tu vida, allí estaré, tomaré tu mano y seré el
último a quien verás.
Se fundieron en un beso sazonado de llanto. Loreto lo abrazó por el cuello y llegó a su
oído.
—No hablemos de muerte. Hagamos el amor.
*
Una semana avanzó en un abrir y cerrar de ojos. El tiempo se escurría entre los dedos
en los brazos de Loreto. No tenía noticias de los druidas que quedaron en Antrim
como tampoco de los habitantes de Bethmoora en las cloacas de Nueva York ni de los
líderes humanos. El mundo parecía haberse detenido en su ajetreo para dar paso a un
tipo de paz en ascuas que Nuada no estaba del todo convencido le gustaba. Sin
embargo no se podía quejar. Los residentes de la agencia ya se habían percatado del
vínculo entre él y Loreto. Lo veían entrar y salir de su habitación y cruzar miradas
cargadas de deseo a lo largo de la biblioteca. No comprendía la facilidad con la que el
demonio Hellboy y su compañera humana se demostraban su afecto tan abiertamente
a vista y presencia de los demás. Anung Un Rama quizás fuera el hijo del Caído y por lo
tanto, una nobleza del bajo mundo, no obstante su edad y comportamiento se
acercaba más al de un humano joven. Nuada y Nuala no habían sido criados así. Muy
por el contrario. Los afectos son para la intimidad, a las afueras, nada ni nadie ha
poner en riesgo el respeto ni la dignidad de su posición frente a los ojos del mundo.
Loreto no parecía comprenderlo. Un día se dejó caer sentada sobre su regazo, lo abrazó
por el cuello y le robó un beso de su boca. En la biblioteca frente a todos. Nuada quedó
paralizado al tiempo que tragaba el enfado y la vergüenza lo mejor que pudo. Los
comentarios y risas no se hicieron esperar. Fue humillante. La apartó de sus piernas, se
puso de pie y salió al pasillo. Loreto partió tras él. Preguntaba a viva voz qué era lo que
le pasaba. Nuada entró en su habitación y espero a que ella se le uniera en el interior
para cerrar la puerta tras de sí.
—No lo harás nunca más—ordenó y la clavó con la mirada—. No estamos casados, y
aunque así fuera, aquel no es el comportamiento digno de un rey y su reina.
Loreto rezongó una risa burlesca.
—No me des ordenes que no soy uno de tus lacayos—ladró y lo apuntó con el índice—.
Además, ¿Qué tiene de indigno un beso, me quieres explicar?
Nuada exhaló cansado y, brusco, se restregó el rostro.
—¡No es como un príncipe ha de comportarse! No eres mi…—se paseó por la
habitación de un lado al otro buscando la palabra correcta—, mi meretriz, mi
concubina, ¡eres mi futura reina! Y así quiero que te vean.
Loreto lo observó con el rostro desencajado. Rió para sí mientras negaba con la cabeza
y se sentó en el borde de la cama.
—Supongo que tendría que haber previsto esto—dijo como un pensamiento en voz
alta. Suspiró con agotamiento y lo encaró—. Entiendo a lo que te refieres pero ahora
haz el esfuerzo de entenderme a mí—gesticuló a su costado y dio palmadas en la cama.
Dubitativo, Nuada se sentó a su lado.
—¿Nunca has estado enamorado antes? ¿Nunca has sentido la urgencia de gritar a los
cuatro vientos y a toda voz tu amor por alguien?
El Príncipe esbozó una sonrisa y acarició su mejilla.
—¡Nunca pensé que me sentiría así otra vez!—Loreto confesó y lo miró con los ojos
llenitos de estrellas.
—¿Así cómo?—Nuada dijo y apoyó su frente contra la suya.
—Como si fuera la primera vez—dijo y besó sus labios.
Suspiró y tomó su rostro en sus manos. Rompieron el beso y sonrieron todavía con los
ojos entrecerrados.
—Sí me enamoré una vez hace una eternidad—Nuada confesó y se acomodó para
encararla—. Eramos jóvenes y la situación con los humanos todavía estaba bajo cierto
control. Yo no tenía otra cosa que hacer que instruirme en el arte de la guerra, entrenar
de mañana a noche, acompañar a mi padre a sus compromisos y aprender de él. Y
ella…—, el Príncipe cerró los ojos y se esforzó por recordar—, ella era la doncella elfa
más hermosa del reino. Era una de las damas de compañía de mi madre. Mientras mi
padre reinara, se nos estaba prohibido casarnos y comenzar nuestras familias a Nuala y
a mí. Ella lo sabía, mas la idea de algún día convertirla en mi reina como heredero al
trono me parecía entonces atractiva y tenía el apoyo de mi madre para ello.
Loreto lo observaba con detención y completo silencio. Tomó su mano y besó su dorso.
—¿Cómo se llama?—preguntó con un hilo de voz.
Nuada la quedó mirando a los ojos.
—Se llamaba, cayó en la guerra—esbozó apenas audible—. No me recuerdo de su
nombre.
Loreto lo abrazó despacio hasta anidarlo en su cuello y hombro. Nuada se dejó hacer y
exhaló cansado.
—¿Qué pasó con tu madre?—preguntó en un susurro y lento se separó de él hasta
encararlo.
—Los humanos la tomaron prisionera y la asesinaron.
Nuada tragó saliva y apretó la mandíbula. La punzada de las lágrimas asomándose por
las comisuras de sus ojos quería traicionarlo. Loreto echó afuera el sollozo
completamente anonadada. Se tapó la boca entreabierta y lo interrogó con la mirada
rebalsada de llanto. El corazón del Príncipe se apretó de dolor por su recuerdo y por
ella. No quería recordar, la memoria de esos años le hacía daño y revivía el
resentimiento contra la raza humana del que tanto le estaba costando sanar. Secó las
lágrimas de Loreto y la abrazó contra su pecho. Colapsaron sobre la cama. Ella se
impulsó en su codo y con delicadeza acarició sus cabellos y rostro. Era capaz de sentir
su tristeza como suya, algo inaudito en los humanos.
—¡Cuánto lo siento! No sé qué decir—balbuceó todavía en shock y suave besó sus
labios.
El Príncipe respondió el gesto y leve peinó sus cabellos con los dedos.
—Mi madre no hubiera permitido el tratado de paz con los humanos. Era ella la
verdadera líder de Bethmoora, no mi padre. Él era débil y terminó cediendo. La
consecuencia de su error la sufrimos hasta hoy.
Tres golpes a la puerta los hizo dar un respingo. Se impulsaron de la cama. Loreto
abrió. Era el agente Krauss.
—Perdone por interrumpir su privacidad, señorita Clair—dijo solemne—. La comisión
científica de la OMS ha terminado su investigación y pruebas en el icor de los
descendientes del Elemental—dijo con la voz metálica de fuerte acento alemán—. Los
líderes humanos han llegado a una decisión sobre el futuro dominio de Bethmoora.

https://www.wattpad.com/user/Aurora_Madariaga

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s