GILDEROY

Parte 5

  – ¿De qué conoces al Jorge este?

  – Lo conozco de hace unos años ya. Trabaja en un sex shop de aquí. Deseo y placer se llama, ¿lo conoces?

  – No.

  – Está en el centro. Está un poco escondido en un callejón, pero luego por dentro es bastante grande. A mí siempre me han gustado mucho los cacharros eróticos y eso, pero en mi pueblo sólo hay un sexo shop, es una mierda, y la dueña es amiga de mi madre, así que… una vez entre con mis amigas de cachondeo, pero nunca pude comprar nada. Así que cuando vine a estudiar aquí, lo primero que hice fue buscar en internet el sex shop más grande de la ciudad, y todos decían en los foros que era ese. Así que fui, y él estaba allí en el mostrador. Nada más entrar me saludó, y me preguntó si podía ayudarme y tal. Le dije que sólo quería mirar, pero luego al cabo de un rato se volvió a acercar, a preguntarme tal y cual. Empezamos a charlar y eso, me recomendó algunas cosas. Desde entonces he estado yendo. He comprado un montón de cosas la verdad- no hacía falta que lo jurara.

  – ¿Y cuándo os liasteis?

  – Pues un par de meses después de conocernos.

  – Pero es mayor ¿no?

  – Bueno, un poco mayor sí, pero tampoco se le nota apenas. Además, eso me pone un poco también.

  – ¿Y cómo surgió?

  – Pues él estaba tirándome los tejos desde el principio.  Un día me propuso enseñarme como se usaban unas bolas chinas, que yo andaba buscando. Las que tu conoces. Y nada,  acepté.

  – ¿En serio?

  – Si. La verdad es que me gustaba, y me apetecía ver si sabía tanto en la cama como de aparatos sexuales. Él se quedó también algo sorprendido de que aceptase, pero al final quedamos y bien. Nada serio, nos hemos estado viendo desde entonces de vez en  cuando.  

  – ¿Y siempre en el mismo plan?

  – No, no. Eso fue mucho después. Cuando ya teníamos confianza, me contó que le gustaba ser dominante sobre todo. Yo le dije que me gustaría probarlo un día, me gustó y desde entonces.

  – Qué bien. Y siempre te da por el culo.

  – Si… Desde que empezamos con ese rollo, me dijo que yo sólo servía para darle placer a él… en fin lo que habrás oído ya. Y que yo no debía disfrutar, sólo él. Desde entonces sólo me folla el culo, y  no me deja correrme.

  – ¿Y por qué te gusta entonces?

  – Pues porque si, es excitante. El sexo no es sólo correrse, eso es lo mejor y lo culminante, pero es sólo un instante. Todo lo que viene  antes también es genial, y dura mucho más. De hecho puedes alargarlo todo lo que quieras, y cuanto más lo alargues, el orgasmo después es mayor. Con Jorge he aprendido a apreciar  esta parte, y que es igual de importante que el orgasmo.  A parte, me gusta cómo me domina, cómo hace conmigo lo que quiere, que me diga lo que hacer y lo que no… si puedo tocarme o no, si puedo correrme… ¿A ti no te pone eso?

  – Hombre… – pensándolo bien, sí que me ponía bastante-. Ya te lo dije el otro día, claro que me pone que me digas que no puedo masturbarme, o correrme pero  que me lo digas hace que me ponga más cachondo, y al final acabo corriéndome. Que me digas que no me corra, sólo hace que me corra antes.

  – Si claro, porque estás solo en tu casa, o estando conmigo, yo no podría impedírtelo si tú quisieras. Pero es que yo no podía correrme, y eso es lo mejor. Yo me moría de ganas por tocarme y correrme de gusto, pero es que él no me dejaba. ¿No lo viste? Es mucho más fuerte que yo y sabe lo que me hace. Por eso me gusta tanto hacerlo con él, porque sé que pase lo que pase, y esté lo cachonda que esté, me va a impedir que me toque y que llegue al orgasmo, alargando al máximo esa fase que te he dicho. Es genial que te digan que no puedes correrte, el único problema, es que cuesta cumplirlo. Pues con él puedo estar segura de que lo cumpliré.

  – ¿Y dándote por el culo no podías correrte?

 – No, por el culo no puedo. Me pongo cachondísima, pero sin tocarme nada no me corro. Estaba tan caliente que un simple roce con las sábanas o algo habría bastado, pero él lo impedía. Además atada como estaba… No siempre me pone las esposas. La mayoría de las veces cuando ve que me llevo la mano entre las piernas, y para no tener que estar agarrándome el, me las pone y ya está, sabe que no puedo hacer nada. Casi prefiero tener las manos atadas. No sabes lo frustrante que es morirse de deseo, y encima tener las manos sueltas. No sabes qué hacer con ellas, cuando te arde el coño, y todo tu ser desea llevarse una mano entre las piernas y tocarse, arañarse… Pero cada vez que lo intentó, él me aparta la mano, una y otra vez, hasta que dejo de intentarlo, o se harta, y me ata.

  – Pero le pediste correrte ¿no? Parecía que lo pedias en serio

  – Si, en aquel momento lo decía en serio.  Ya te he dicho, que si por mi fuera… Pero él, diga lo que diga, y haga lo que haga, no va a dejarme. Tiene una personalidad y una autoridad imponente en la cama. A veces en el momento hasta me enfado con él, pero luego en realidad me alegro, porque el orgasmo que tengo es brutal. En cuanto se va, me masturbo y dios… Es como acumular mucha excitación, y luego expulsarla toda de golpe.

  – ¿Y todo eso de lo que hablabais? De tu novio y tal. ¿No le has dicho que estábamos juntos no?

  – No, no. Intenté hacer que vieras que no hablábamos de ti, diciendo que estabas trabajando y eso. Es una fantasía que yo tengo de hace tiempo, y él la sabe, qué engaño a mi novio y tal. Entonces fingimos que tengo novio, y que lo engaño con él etc.

  – Pero esta vez ha sido cierto ¿no?

  – Si, en parte… Por eso estaba tan cachonda. Más que nunca yo diría. Me apetecía tantísimo correrme… pero claro si te corres en el polvo, luego te desinflas un poco, y cuando estás haciendo cosas así, se te quitan las ganas de hacerlas. Después de correrme no habría dejado que me tratase así. Tengo que estar muy cachonda para eso, él lo sabe, y por eso me lo deniega, para poder seguir tratándome como una zorra.

  – Ya… A mi me pasó algo así también. Una de las veces que me corrí, te vi allí y me deprimí un poco.

  – ¿Si?

  – Si, no sé. Me sentí triste, como traicionado, no sé. Me sentí mal.

  – Ay pobrecito… Ahora estás conmigo, ven aquí…- y me abrazó-. ¿Y por qué te sentiste así?

  – No sé, por todo. Lo que estabas disfrutando con él, como te trataba y eso. Eso es justo lo que mi ex quería que hiciera con ella, y nunca fui capaz. No soy tan dominante para hacer esas cosas. Yo creía que a ti no te gustaba eso, sino que te gustaba dominar, y por eso estabas conmigo.

  –  A ver, no te rayes, esto es algo que hago yo no muy de vez en cuando. Esta vez lo he hecho especialmente por ti, hacía tiempo que no quedaba con Jorge. A mí no me gusta un tío así siempre. Eso es algo puntual. A mí también me gusta que me dominen a veces, pero en general, prefiero dominar yo. Si tuviera que elegir una cosa u otra lo tengo claro. Te prefiero a ti. Pero por suerte puedo tener las dos cosas ¿no? Más razones para querer estar contigo.

   – ¿Seguro que prefieres estar conmigo? No quieres un tío así, que sea tan dominante y seguro de sí mismo y…

  – A ver, estoy contigo aquí y ahora ¿no? Sé muy bien lo que quiero. – pensé en sacar también el tema de que él la tenía más grande, pero no me atreví.

  -Hubo momentos en los que me preocupe… Se pasaba un montón.

– ¿Cuándo?

– Pues insultándote, y cuando te puso las pinzas esas… Porque no apretabas ¿no?

   – Ah sí… Ay qué vergüenza por favor. Nunca había hablado de esto con nadie.

  – Venga ya. A qué se refería.

  – Pues que cerrara el culo. Así le estrujo la polla, y le da más gusto.

– ¿Y no pudiste apretar más? O te las puso porque quiso.

– No… en realidad no apreté más porque no quise. A veces me porto mal, para que me castigue más. Es muy bueno, se da cuenta de todo, y sabe perfectamente que era capaz de apretar mucho más, y darle más gusto. Pero estaba tan cachonda, sabiendo que mirabas, que quería que hiciera de todo.

  – ¿Y qué más hicisteis? Se cortó la conexión poco después de taparte la boca.

  – Pues poco más. Siguió follándome un rato, y luego me dio la vuelta, me quito el gag y me hizo que se la chupase de nuevo. Luego se dio la vuelta, y le tuve que chupar también el culo.

  – ¿¿En serio??

  – Si…- se puso muy colorada-. Por haber estado tan rebelde, como castigo. Y luego nada, se corrió encima mía. En mi cara y mis tetas. Luego me restregó todo el semen por el cuerpo con la mano, la cara, el cuello, las tetas… se limpió en mi barriga y piernas y luego se visitó y se fue, dejándome allí. Tal cual. Y claro en cuanto se fue me quité las esposas  y me masturbé a gusto, mirando hacia la cámara. Creí que aún estarías mirando…

  – Joder… Qué pena no haberlo visto.

  – Pues sí.

  – ¿Y tardaste mucho?

 – Qué va, si estaba que me moría ya… Me metí el consolador, un par de veces, y me corrí.

  –  ¿Qué consolador? – pregunté como si no lo supiera.

  – El mío. ¿No te lo he enseñado aún?- fue a la mesita y lo sacó del primer cajón-. Este es el que uso siempre. Es una réplica de la polla de Jorge.

  – ¿¡Que qué!?- eso sí que no me lo esperaba. Noemi se rio. Tenía que estar de coña-. Venga ya…

  – En serio…

  – ¿Pero eso como va a ser?

  – Me lo regaló él. En el sex shop hacen consoladores a medida, y réplicas de pollas de verdad. Son bastante caras, pero como fue un regalo…

  – ¿Y eso cómo se hace?

  – Pues se toma una viagra, y después hace el molde con la polla totalmente dura. Cuando la masa se seca, él la saca, y a partir de ahí, hacen el consolador. Queda bastante realística, la verdad…- dijo mirándola por encima y por debajo, supongo que comparándola con la polla de Jorge en su mente. Me sentí súper intimidado por ella. Noemi se dio cuenta.-. ¿Qué pasa?

  – No sé, es violento… Es como tener la polla de ese tío aquí siempre presente, en tu cuarto…

  – A ver, es un consolador normal y corriente. Sólo que es igual que la suya. Cuando me masturbo no pienso en ello, simplemente estas veces que he estado con él, y se va dejándome súper insatisfecha y cachonda… pues sí que lo pienso, es como tomarme mi pequeña venganza. ¿Con que no me querías follar el coño no? Pues ahora lo vas a hacer, y no vas a poder impedirlo… Es muy gratificante, la verdad es que me gusta bastante. Es muy realista, ligeramente blanda, como una polla de verdad, grande, un poco doblada hacia atrás, con el glande fuera… vamos, como la suya, sólo que en negra, pero porque este material es más barato. Antes tenía otro, pero era muy pequeño, y ahora que tengo este, lo uso siempre. Es mucho más… placentero, tú me entiendes… El otro lo tiré hace tiempo.- ya salió a relucir el tema del tamaño.

  – Pues si que es grande… ¿Así la tiene él de verdad? O está ampliada.

  – Si, igual. Igual que tu ¿no?

  – Qué dices… Yo no la tengo así.

  – Como que no. Más o menos igual.

  – Qué va, la tengo más pequeña.

  – Yo creo que no ¿eh? Vamos yo no me he dado cuenta. A ver…- e intentó bajarme el pantalón, para comparar el consolador con mi polla. Obviamente me negué.

  – Qué haces, quita, quita. Ahora que no la tengo ni dura ni nada…

  – Venga ya, no seas tonto. Además, sí que la tienes dura, pillín…

  – Que no que me da vergüenza…

  – Venga ya Alejandro, que te he contado un montón de cosas sobre mí, ¿eh?- y me bajó los pantalones. Yo la tenía morcillona, de toda la conversación que habíamos tenido. No al máximo, por lo que se notaba aún más la diferencia de tamaño al ponerla junto al consolador. A la mía ella podía darle la vuelta con la mano, incluso estando al máximo. Al coger el consolador no le daba la vuelta y no llegaba con las puntas de los dedos al pulgar por el otro lado. También era más larga-. Pues sí que es más grande…. Pero bueno, tampoco mucho más. Además, está hecha tomando viagra, cuando más dura está. Tu ahora tampoco estás del todo empalmado.

  – Aunque lo estuviera…

  – Bueno… pero eso es guay ¿no?

  – ¿Que es guay?

  – Sí… ¿no te pone? Que me haya follado a un tío que la tiene más grande que tú… Que me llena más, que me satisface más que tú… Me dijiste que te gustaba que te humillara ¿no? Pues ese es un recurso bastante bueno…

  – Supongo, no sé…- la verdad es que me excitaba, pero al mismo tiempo…- Supongo que como fantasía está bien, y pensarlo y eso, pero en la realidad siempre uno se siente mejor si la tiene más grande que los demás. Sino, no soy suficientemente placentero.

  – A ver no seas tonto. El consolador este que te he dicho era mucho más pequeño que tu polla. Tú la tienes grande. Más que la mayoría de los tíos con los que he estado. ¿Recuerdas la noche que nos conocimos? Pues los dos tíos con los que me acosté antes que tú, la tenían más chica. También fue por eso por lo que me interesé por ti.

  – ¿En serio?

 – De verdad. También es verdad que no eres el tío con la polla más grande el mundo. Eso tampoco creo que sea bueno. Siempre habrá quien la tenga más grande que tú, pero tú tienes un tamaño bastante bueno, por encima de la media.  ¿Para qué quieres más?. Con eso eres capaz de satisfacer perfectamente a cualquier mujer. Además, yo creo que siendo como eres, con tus fantasías y fetiches y demás, te viene bien no tenerla enorme. Créeme. Yo también lo prefiero. No lo había pensado, pero ahora que lo has dicho me pone mucho liarme con tíos que la tienen más grande que mi novio… de qué sirve ponerte los cuernos, si es con pollas más chicas. Hay que buscar cosas mejores ¿no?

  – Supongo…

  – Venga, mírala- me dijo, enseñándome el consolador-. No me digas que no te pone… Mira tu polla, y mira este pollón… Que me ha estado follando hace sólo un rato….

   – No si poner me pone, ya te lo he dicho…

  – Pues déjate de preocuparte por ser un machito, y disfruta. ¿Quieres tocarla?

  – ¿¿Qué??

 – Vamos cógela, verás lo grande que es…

  – Quita, quita anda…

  – ¿Qué pasa? Sólo es plástico.

  – Y qué. Ahora que lo has dicho, sólo la veo como la polla del Jorge ese.

  – Bueno, y qué pasa…

  – Pues que no voy a tocarle la polla a un tío

  – Vale,  vale, voy muy rápido… Todo se andará- Noemi sonrió maliciosamente.

  – Ui, que miedo me das.

  Eran ya las 3 de la mañana. Yo me había desnudado, nos habíamos arropado y apagado la luz, pero seguíamos hablando.

  – Bueno, y tú qué opinas de mí. Ya hemos hablado de tu polla, pero ¿qué pasa conmigo? Mis tetas y mi coño. ¿Te gustan?

  – Claro que me gustan…

  – Tampoco las tengo muy grandes…

  – A ver tienes unas pedazo de tetas. Además siempre con el pezón salido, como debe ser.

  – Pero se caen.

 – Se caen porque son grandes. Las tetas que son grandes y no se caen, son operadas, y  eso sí que me da asco. Se ve súper falso.

  – ¿Y mi coño te gusta?

  – Claro

  – A la mayoría de tíos no le gustan los pelos… ¿Preferirías que me depilara el coño?

  – No, no, para nada. Me gusta así.

  – ¿Si? – me sonrió-. A mí no me importa…

  – Que no, que no, de verdad.

  – Bueno… la verdad es que a mí también me gusta más así. No sólo porque es más cómodo, que también. Sino que no me gusta depilármelo, me resulta muy extraño no tener pelo ahí… Me gusta mira abajo y decir, ahí está mi coño. No, que para verme el coño tengo que coger un espejo, o agachar la cabeza mucho para poder verme los labios. No sé, para mí el vello púbico forma parte del coño, y si te lo quitas pues es casi como quedarse con medio coño nada más. ¿Sabes lo que digo?

– Si, si te entiendo, si yo pienso lo mismo.

– Me depilo la ingle y todo lo que queda fuera de la braguita, y el bañador. Y en verano también me lo corto un poco para que no se note el bultito en el bikini.

– Pues a mí me gusta ese bultito… Me recuerda constantemente lo que hay debajo…- Noemi sonrió-. Aunque he oído que dicen que cuando estás depilada, te gusta más cuando te lo chupan, ¿es verdad?

– Hombre… Sí que es cierto, notas más el tacto de la lengua. Con un novio que tuve, que no le gustaba así y me lo tenía que depilar, sí que noté la diferencia. Pero no merece la pena la verdad. Porque eso es el primer día, prácticamente al segundo o tercero ya te empieza a salir de nuevo, y te pincha y molesta, hasta que crece lo suficiente como para ablandarse. Y entonces ya es igual que tenerlo más largo. Habría que hacérselo con cera para que dure más, o con láser, pero entonces empezaría a salirme cada vez menos, hasta que los perdiese del todo, y eso sí que no me gusta. Nunca se sabe lo que me puede apetecer dentro de unos años. Y además… a mí me excita mucho que tengas que lamerme todos los pelos, y tengas que buscar… Que no sea tan fácil, sino que haya un esfuerzo, ya sabes… que te tengas que tragar algún pelillo mío, en el cumplimiento del deber y eso…- siempre conseguía ponerme cachondo con cualquier cosa que dijera- Además también tengo comprobado que a los tíos cuando follan un coño con pelo, les gusta más. El roce del pelo a lo largo de su polla, y luego en los huevos cuando la tienen metida hasta el fondo… Me han dicho que les gusta mucho. Lo notan más cuando están depilados ellos.

– Sí, eso sí es verdad. Es como una cosquillita que hace, da mucho gustillo- yo me afeitaba la polla desde antes que empezase a follar. No totalmente, en el pubis me los dejaba como barba de 4 días, y luego los huevos y demás sí que me los quitaba del todo. Lo empecé a hacer cuando vi la perspectiva de que podía empezar a follar con mi novia, para quedar bien. Luego me daba pereza dejármelos crecer de nuevo porque pinchaban al principio y picaba. Así que como tampoco era complicado y lo hacía mientras me duchaba, seguí haciéndolo-. ¿Preferirías que yo también tuviese más pelos?

– No, tú estás bien. Me gusta que te depiles.

– Yo sí, y tú no, ¿no?

– Así es- desde luego esta chica sabía ponerme cachondo.

  Seguimos hablando de cosas, cambiando de tema aquí y allá, hasta que sobre las 5 nos dormimos.

  Lo que a mí me parecieron 5 minutos después, me volví a despertar. En realidad era ya de día, por la claridad que entraba por la ventana. Tardé unos segundos en darme cuenta por qué me había despertado. Había alguien chupándome la polla. No supe cuánto tiempo llevaba allí abajo, pero debía ser ya un buen rato, porque yo tenía la polla enorme, y estaba a punto de correrme. El placer me había hecho despertar. Apenas me dio tiempo a mirar hacia abajo. Debajo de las sábanas, un bulto se movía arriba y abajo a gran velocidad. Cerré los ojos, gemí y me corrí entre escalofríos. Qué buena manera de despertar. Noemi empezó a subir, sacó la cabeza de debajo de la manta, relamiéndose. Se tumbó sobre mí.

  – ¿Te ha gustado?- una oleada de aire caliente con olor a semen me llegó a la cara. Me dio un poco de asco, y miré hacia arriba. Ahora que terminaba de correrme, no me apetecían esos juegos.

  – Claro que si… Ojalá despertara así todos los días.- Ella sonrió y se acercó a besarme, pero yo me aparté.

  – ¿Qué te pasa? ¿No quieres besarme?

  – No, que me da cosa…

  – Venga ya, no seas tonto- insistió pero yo le hacía la serpiente-. Si es tuyo.

  – Ya pero me da un poco de asco ahora…

  – Porque ya te has corrido o qué.

  – Supongo que será por eso. Ahora me da grima.

  – Pues vaya…- y se apoyó sobre mi pecho. Sin darnos cuenta nos dormimos de nuevo.

  A las 12 yo me volví a despertar, empapado en sudor. El sol entraba fuertemente por la ventana, y hacía un calor horrible. Noemi dormía todavía a mi lado, así que busqué el mando del aire, lo puse y me volví a tumbar. Ya no me pude dormir más, así que para no despertar a Noemi, me puse con el móvil. Eva me había vuelto a hablar por whatsapp, diciéndome que ya al día siguiente ya se iba a su pueblo, y que si podíamos quedar esa noche solos. Lo bueno es que al día siguiente podría estar por fin tranquilo. Lo malo es que iba a tener que decirle de nuevo que no. Le envié un mensaje diciéndole que esa noche iba a ser imposible, y para que no se enfadase, le dije que me lo había pasado muy bien, y que ese verano seguramente fuera con Ana a su pueblo, así que podríamos vernos de nuevo. Me pareció buena forma de ser cortés. Esperé que eso fuera suficiente. Seguí tumbado un rato, cuando vibró un móvil; Pero no era el mío, era el de Noemi, que estaba en su mesita. Curioso como soy por naturaleza, y viendo que Noemi seguía dormida, alargué el brazo y lo cogí, para ver quien le hablaba. Pero el móvil tenía una contraseña para desbloquearse, así que me tuve que aguantar. Tenía que estar atento para cuando Noemi la pusiese poder verla, así podría desbloquearlo yo en otro momento, estando solo.

  Seguí allí tumbado un rato, pensando en la nada, hasta que por fin Noemi se despertó.

  – Buenos días…- me dijo con los ojos aun cerrados-. ¿Cómo has dormido?

  – Bien, ¿y tú?

  – Poco… me gustaría dormir más, pero tengo un hambre… ¿tú no?

  – Si, deberíamos levantarnos ya, es tarde. Por cierto, te ha sonado el móvil antes…- dije, impaciente. Quería saber quién era el que le hablaba tan temprano por la mañana…

  – ¿Si?- ella lo cogió y lo abrió. De reojo pude ver el patrón que había que dibujar, una M. Ya lo sabía para la próxima vez. Abrió el whatsapp, leyó y empezó a escribir, pero a esa distancia no podía distinguir qué decía. Sin embargo ella me miró un momento y pareció leerme el pensamiento-. Es un amigo. Dice de quedar hoy. Le voy a decir que no puedo.

  – Am. ¿Por qué?

  – ¿Que por qué? Porque estoy contigo.

  – Pero… voy a estar aquí todo el día o como.

  – Si ¿no? Podemos salir o algo, no sé- yo permanecí en silencio, y ella pareció comprender algo-. A menos, que quieras que quede con él- sonrió-. ¿Te gustaría eso?

  – No a ver, a mí me da igual… Como tú veas- en realidad no era una mala idea. Me apetecía repetir lo de la semana pasada, poder acostarme con ella, justo después de que lo hiciese con otro, ya que lo del día anterior no había funcionado. Tampoco quería decírselo tan claramente, no fuera a molestarse, o a decirme: joder, ¿no te cansas nunca? Pero en realidad no hacía falta decirle las cosas, ellas las entendía sola.

  – Pues no sé… la verdad es que me apetece follar. Pero tú ya te has corrido antes, supongo que no tendrás más ganas ¿no?

  – No mucho, ya estoy cansado- en realidad no, en ese momento se me estaba empezando a poner dura, pero le seguí el juego.

  – Pues vaya. Y yo qué. A mí me apetece correrme también…

  – Puedo comerte el coño si quieres…

  – No, no, a mí lo que me apetece es una buena polla. Si tú no puedes dármela, pues… quizás debería quedar con él. Ya que me lo ha preguntado…

  – Bueno, como quieras, no sé… -me hice un poco el ofendido, y ella se confundió un poco, creo. No sabía ya si hablaba en serio o no.

  – Ya sé que estas preguntas cortan un poco el royo y la fantasía, pero tampoco quiero confusiones… ¿quieres que quede con él de verdad o no?- me reí.

  – Que si tonta. Pero vamos, como tú veas, si no quieres no, nos quedamos juntos.

  – No, no, si a mí me apetece. Yo era porque como estabas aquí, no iba a echarte a la calle. Además eres mi novio, también quiero pasar tiempo contigo y eso. Pero si a ti te gusta pues adelante. Ya habrá tiempo de estar juntos.

  – Si, eso pienso yo. No sé mira, a partir de ahora, vamos a dejar de hacer las cosas que creemos que el otro quiere. Simplemente decimos lo que queremos hacer nosotros, y llegamos a un acuerdo. De todas formas, creo que vamos a coincidir la mayoría de las veces – Noemi se rió.

   – Vale, me parece muy bien. A mí me apetece pasar el día contigo, pero escaparme un ratillo para poder liarme con otro.

  – A mí me apetece pasar el día contigo, que te folles a otro, y liarme contigo después.

  – ¿De verdad?- Noemi sonreía contenta y esperanzada.

  – Si.

  – Jeje- me besó en la mejilla-. Bueno, pues quedo con él- empezó a teclear en el móvil-. Vete vistiendo, que vamos a ir a desayunar.

  – Quién es, por cierto. Con el que vas a quedar-dije mientras me levantaba y empezaba a prepararme.

  – Ah, ya lo conoces. Manu, vive abajo. Es el que viste el otro día en el ascensor, después de que saliera de aquí. Ya has probado su semen, ¿recuerdas?

  – Ui hija. Tampoco hace falta que lo digas así en voz alta…- la verdad es que sonaba fatal aquello.

 Bajamos al comedor, pero ya el desayuno se había terminado, así que almorzamos. Nos pusimos en una esquina, no sea que bajase el tal Manu, que también vivía allí, y nos viera juntos. Habría sido raro. Él sabía que ella tenía otros ligues, pero no creo que le gustase saber que iba a acostarse con ella el mismo día que otro. Terminamos de comer y subimos de nuevo al cuarto.

  – ¿A qué hora has quedado con él?

  – Ahora en un rato.

  – ¿Y cómo lo vamos a hacer? Me voy a mi piso o…

  – No, no. Voy a ir a su cuarto. Tú quédate en el mío, y me esperas allí. Subiré en cuanto termine…- me puse cachondo de inmediato.

  – ¿Cuál es su cuarto?

  – Jaja, ¿para qué? ¿Vas a ir a escuchar?

  – Puede que pase por allí…

– Es el 4F. Está en mitad del pasillo, no es tan fácil de espiar como el mío, porque es sospechoso ver a alguien parado allí. No tiene cerca ni el baño, ni la escalera, ni el ascensor…

  – Bueno, pero aunque sea un momento, quizá pueda pasar cerca, y escuchar algo…

  – No lo sé… De todas formas tengo otros planes.

  – ¿Ah sí? ¿Cuáles?

  Entramos en su cuarto, cerró la puerta y empezó a liarse conmigo.  Totalmente pasional, me comía la boca, y me agarraba por todas partes. Me tiró a la cama y se puso encima mía.  

  – Estoy muy cachonda… quiero que me calientes bien… vamos…- me llevó la mano a su coño-. Tócame, venga… mójalo bien. Quiero estar muy caliente para Manu… quiero que lo encuentre bien mojado y preparado para meter su polla dentro…- todo esto lo decía en susurros, con una voz muy sensual, a escasos centímetros de mi cara. Le metí la mano por dentro de la ropa y la masturbé. Ella empezó a gemir, mientras me bajó el pantalón y empezó a meneármela. Yo ya estaba totalmente tieso-. Si… sigue, vamos… ahh… si… quiero estar bien cachonda…

  El coño se le empezó a mojar mucho. Entonces fue a la mesita, y sacó las esposas. Me ató las manos de nuevo al somier sobre la cabeza, y del cajón de abajo, cogió otro par, con la que me ató también un pie a la pata de la cama. Las patas inferiores terminaban en una bola, tras hacer algunas curvas y formas. La cerró en un estrechamiento, justo debajo de la bola para que no pudiera sacarla hacia arriba. Luego volvió a prestarme atención, y empezó a chuparme la polla con rapidez. Yo ya estaba por correrme, empecé a mover mi pelvis para darle más velocidad, pero entonces ella paró levantó la cabeza, absorbiendo babas que se le resbalaban por la comisura de los labios.

  – No pares…

  – Si, que no quiero que te corras.

  – ¿¿Por qué??

  – Porque luego no tienes ganas de hacer cosas guays. Te quedas aquí, cachondo y atado, mientras yo voy abajo a entretenerme con Manu.

  – Venga ya, no me vayas a dejar así…- mi polla palpitaba de emoción.

  – Sí, sí. Porque si te suelto, sé que te vas a pajear, y no quiero. Cuando vuelva, quiero que estés nuevecito para mí.

  Fue entonces al armario, y se desnudó. Cogió una faldita de vuelo corta, y una camisa de botones. Se la puso encima sin sujetador, y dejó un par de botones sueltos, para que se le viera bien el escote. Después se quitó las bragas que llevaba, y se restregó con ellas un poco el coño, para secárselo. Yo la miraba, con la polla palpitante, todavía tiesa como un palo.

  – Mira que mojada que estoy… -me acercó las bragas a la nariz. Pude oler sus fluidos, y al pegarla contra mi piel, pude sentir el tacto frío y mojado de las manchas que había dejado-. ¿Te gusta verdad? Pues mi coño está enterito lleno… Pero no es para ti. Es para Manu, seguro que le encanta… – me pasó las bragas por encima de la cabeza y me las puso como collar, dejándolas apoyadas sobre mi pecho, para que me llegase el aroma de su sexo. Luego abrió el cajón y revolvió entre la ropa interior, hasta que sacó un tanga blanco, de bordados muy transparente, de media nalga-. Creo que este le gustará ¿no?- no supe qué decir. Estaba demasiado cachondo para poder hablar-. Si, éste irá bien.

  Se lo puso, se ajustó bien la falta y se puso unas sandalias con tacón. Cogió un bolso, metió las llaves, y el móvil, y me miró, mordiéndose los labios de deseo. Realmente no estaba jugando, me iba a dejar allí atado mientras iba a follarse a otro tío. Encima con la polla tiesa de haber estado chupándomela y calentándome. Era mi última oportunidad antes de que se fuera.

  – No me dejes así ¿no? Hazme terminar aunque sea…- me miró con un poco de lástima. Se acercó a mí y se sentó en el borde de la cama a mi lado. Me agarró la polla con fuerza, parecía que iba a ceder… pero no movía la mano. Solamente la agarraba.

 – No cariño. No vas a poder correrte- yo aproveché para mover la pelvis, arriba y abajo, para que subiera y bajara el prepucio, ya que aunque ella tuviese la mano quieta, la tenía cerrada con fuerza. Me moví lo más rápido que pude, y empecé a recibir placer. Estaba tan cachondo que unos meneos serían bastantes para correrme, si me daba prisa… Ella se acercó y me besó. Pude sentir el sabor de mi polla, de cuando me la había chupado antes. Eso fue el culmen, la gota que colmaba el vaso… con eso y el movimiento de mi pelvis, conseguí coger el punto, lo tenía ya agarrado, ese momento en el que sabes que vas a correrte, que sólo te falta un poco de movimiento para conseguirlo, aceleré la pelvis, y le agarré la lengua con mis labios… Y en ese momento me soltó la polla y apartó la mano.

  – ¡Ahh, noo….!- se me escapó un grito de desesperación. ¡Dios! Era increíble, había faltado tan poco… ya había dado por hecho que iba a correrme, estaba seguro, estaba esperándolo… seguí moviendo mi pelvis por instinto, pero sólo encontraba aire y no era suficiente. El más mínimo roce habría bastado para correrme, sólo un toque… pero no recibí nada, y lo perdí. Se me bajó ese punto, y el orgasmo retrocedió.

  Abrí los ojos con dificultad, para enfrentarme a la realidad. Mi polla como una estaca me miraba, como suplicando. De la punta salía una pequeña gota transparente. Noemi a mi lado, respiraba agitadamente, y me miraba sin pestañear, ardiendo en deseo. Vi como tenía una mano entre las piernas, y se tocaba por encima de la falta. Había estado mirando retorcerme de deseo y desesperación, sin perder un sólo detalle. Entonces, como la primera vez que nos acostamos, tuvimos una de esas conexiones, en la que hablamos sin mover la boca, nos entendimos con la mirada. La miré a los ojos, suplicándole “Por favor…”. Y en respuesta pude entender como con un deje de lástima, negaba con la cabeza, con un mínimo movimiento imperceptible. O tal vez no la movió en absoluto, y fueron sus ojos los que me lo negaron. Independiemente de cómo, la cuestión es que entendí lo que quería decirme. Y fue entonces cuando lo comprendí. No iba a correrme. No iba a dejarme, bajo ningún concepto, y dijera lo que dijese. Porque era exactamente así como me quería. Al borde del orgasmo, sin conseguir llegar. Quería hacerme sufrir y torturarme, porque era lo que le gustaba. No había más que mirar sus ojos para comprenderlo, ardían en deseo ante lo que veía. El calor de su cuerpo me llegaba desde la distancia. Cuanto más suplicase más la haría disfrutar. Y si no tuviese que irse, supe que me daría todo el placer del mundo, pero no dejaría que terminase. Me chuparía todo el cuerpo, sin acercarse a mi miembro. Haría que le comiera el coño, teniendo especial cuidado de no rozar mi polla con nada, para evitar que me corriera. Disfrutaba haciéndome sufrir, como le había hecho sufrir Jorge el día anterior. Esa era su venganza, su forma de desahogarse, hacerme pasar lo que ella había tenido que pasar. Y le encantaba verme así. Entendí entonces por qué había actuado así con él. En ese momento yo estaba tan cachondo que habría hecho cualquier cosa que me hubiera pedido. Le habría suplicado, y habría hecho todo lo que me pidiese por correrme. Estaba rendido al deseo y no me importaba nada. Habría cogido el consolador réplica de la polla de Jorge, lo habría tocado, incluso lo habría chupado, si me lo llega a pedir. Pero no me pidió nada, porque tenía que irse. Pero me tenía justo donde quería. Estaba totalmente sometido a ella.

  – Ahora me que tengo que ir…- me lo dijo con el tono que se dan las peores noticias del mundo. Y en aquel momento lo era. Sabía que tenía que irse, pero a pesar de eso, sus palabras me rompieron el alma. No negaré que incluso me entraron ganas de llorar. Había terminado recurriendo al instinto más básico del ser humano para conseguir sus intenciones. Ese instinto que adquirimos cuando nacemos y durante años lo usamos. Quería ponerme a lloriquear como un bebé y suplicarle que no se fuera, que terminara lo que había empezado… Porque esas palabras confirmaron mis temores. Iba a dejarme allí, sin dejarme terminar. En el fondo ya lo sabía, pero por muy seguro que estés de una cosa, ella seguía allí a mi lado y al fin y al cabo aún podía agarrarme la polla, darme un par de meneos y hacer que me corriera. Aun había una mínima esperanza. Pero en cuanto se fuera, se acabó. No habría nada que hacer. Obviamente no lloré, pero os juro que estuve a punto. Para que veais en el estado en que estaba. Y ella lo sabía. Me hablaba como disculpándose -. Te prometo que merecerá la pena. En cuanto vuelva, nos lo vamos a pasar genial- ya nada me consolaba. Nada de lo que me dijera podía ayudarme. No me importaba el después, quería mi orgasmo en ese momento, lo quería ya.

  Para más inri, Noemi limpió con el dedo índice la gotita que había conseguido escapar de mi pene. La olió, y después la puso debajo de mi nariz, para que yo también la oliese. Era semen. El famoso “chispeo”, la gotita que ha provocado tantos embarazos indeseados, que desmontaba por completo la técnica de la marcha atrás. Luego me lo puso en los labios, para que abriera la boca, y me metió el dedo dentro, para que se lo chupara. Noté el sabor un segundo, pero luego se deshizo entre mi saliva. Sin embargo seguí chupándole el dedo. Era curioso, pero obtenía un curioso e indescriptible placer chupando. Todo ese placer que se me negaba, salía por el único sitio que podía. No me daba gusto físico ni nada parecido, pero curiosamente no podía dejar de chuparle el dedo, sin parar de salivar… Hasta que me lo sacó de la boca. Hasta ese mísero e insignificante placer me lo quitaba. Se limpió la saliva del dedo en mi camiseta, se levantó, cogió el bolso y se acercó a la puerta.

  – Por favor…- se me escapó, en un último intento desesperado. Noemi, ya con la mano en el pomo, se volvió y me miró de arriba a abajo, apoyándose contra la puerta. Un tío atado con las manos sobre la cabeza, vestido, con los pantalones a medio muslo, y la polla tremendamente tiesa y suplicando. Supongo que debía de ser para ella una imagen de lo más erótica. El control total sobre el placer de otra persona. Normalmente en una pareja eso no puede hacerse, porque si le niegas el placer a tu novio, te lo estás quitando también a ti. Si acaso puedes hacerte una paja, pero no es lo mismo que follar. Si ves a tu novio con la polla así de tiesa y estás igual de cachonda que él, lo que más te apetece es clavártela hasta el fondo. Si le niegas el placer a él, también te jodes a ti misma… Pero claro, en nuestro caso, no era así. Ella no iba a renunciar al más mínimo goce sexual. Tenía otra polla que clavarse. Por eso estaba tan cachonda. Se levantó la falda, se metió la mano dentro del tanga, y empezó a rozarse con fuerza, sin apartar la mirada de mi polla roja y palpitante. Suspiraba y se tocaba con rapidez, sin pestañear. Yo me quedé allí quieto sin saber qué decir.

  – Quieres correrte ¿verdad?- murmuró. Parecía que hablaba consigo misma-. ¿Verdad?- dijo más fuerte, mirándome a la cara.

  – Sí…

  – Pídemelo. Vamos, pídemelo…

  – Por favor, deja que me corra.  

  – Puedes correrte si quieres…

  – Pero no puedo solo… no puedo, no llego. Ven y hazme una paja. Por favor, sólo sería un minuto…

  – ¿Si?

  – Sí por favor, por favor… te lo suplico…

  Ya no dijo nada más. Empezó a retorcerse y a mover la pelvis adelante y atrás, al tiempo que se daba grandes rascones en el coño. Gemía y jadeaba sin parar, hasta que de pronto se sacó la mano del tanga, y se apoyó en la puerta para no caer, temblando. ¿Se había corrido? ¿O había parado justo antes de acabar?

  – Ahora sí que estoy a punto. Es justo lo que necesitaba…- dijo sonriendo. Otro jarro de agua fría de deslizó por mi garganta hasta mi estómago. Me había hecho ilusiones de nuevo, creí que lo decía en serio, que iba a venir y masturbarme… pero no era más que otro juego para su propio disfrute. Nada para mí. -. Muchas gracias cariño… Ahora voy a lavarme la boca, e iré al cuarto de Manu. Ya sabes, no quiero ir oliendo a polla… eso a él no le gusta. Él me quiere limpita.

  Entonces sin más abrió un poco la puerta para asomarse y comprobar que no había nadie. Luego salió, y mientras cruzaba el marco, se levantó la falda por detrás un poco enseñándome su culo embellecido por el tanga. Después se giró, echó una última mirada a mi polla, me sonrió y cerró la puerta. Oí la cerradura girar, la puerta del ascensor abrirse y cerrarse, y después, sólo el sonido de mi corazón, palpitando salvajemente. Nunca en mi vida había estado tan cachondo.

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