ECONOMISTA

10

– Buenos días, no esperaba veros.

– Nosotros tampoco, contesté.

Me estrechó la mano y le dió dos besos a Claudia. Cuanto menos me pareció ridículo el saludo después de lo que había pasado unas horas antes.

– ¿Os importa que desayune con vosotros?

– Ehhhh, no, claro, ningún problema, dije yo.

Le estaba ofreciendo desayunar con nosotros al tío que acababa de follarse a mi mujer. Y Claudia parecía abochornada, desde luego que no parecía cómoda con la situación.

– ¿Te parece bien Claudia?, dijo él.

– Si, no pasa nada.

Entonces se sentó en la mesa y levantó la mano para llamar a uno de los camareros del restaurante.

– ¿Me traes aquí el café?, voy a desayunar con estos amigos…

– Por supuesto señor.

Cuando se fue el camarero se quedó mirando nuestros platos llenos de comida.

– Ummmmmmmmmm, tiene muy buena pinta todo, tengo mucha hambre, voy a levantarme a coger algo, dijo Víctor.

Claudia y yo volvimos a quedarnos solos en la mesa.

– ¿Estás bien cariño?

– Si, sí, estoy bien.

– Es que parece que estás algo inquieta, si te molesta que desayune con nosotros se lo digo sin ningún problema, eh…

– No, por mi bien, si a ti no te importa…

– A mi no…

Cuando llegó Víctor a la mesa fue Claudia la que se levantó a preparar otra tostada.

– ¿Te importa traerme a mi otra, cariño?, dije yo.

– Vale, ahora vengo…

En ese momento me quedé a solas con Víctor que empezaba a untarse la mermelada en una de las tostadas. Estaba tan tranquilo, sentado con el marido de la mujer a la que acababa de follarse.

– ¿Que tal está Claudia?, me dijo de repente sin mirarme.

– Bien, bien…

– Vale, la he notado algo rara, digo a ver si está molesta por alguna cosa, espero…

– No, tranquilo, está bien…

– Me alegro, la verdad es que me gustaría seguir quedando con vosotros, dijo.

“Me gustaría seguir quedando con vosotros queda mejor que decir, me gustaría seguir follándome a tu mujer”.

– Eso lo decide Claudia.

– Entiendo.

Se giró mirando hacia ella mientras se agachaba a coger una de las rebanadas que salía de la tostadora. El culo de Claudia se le marcaba en el vestido de lana que llevaba puesto y se le notaban las braguitas a través de él.

– Está muy guapa hoy, ese vestido le sienta genial, dijo mirando la hora.

– La verdad es que sí.

Como un rayo y sin decirme nada Víctor se levantó y se dirigió dónde estaba ella, se pusieron a hablar, pero desde mi posición no podía escuchar que es lo que se estaban diciendo. No tardé en averiguarlo, Víctor salió del comedor y Claudia vino a la mesa. Me extrañó mucho porque él tenía el café humeante en la taza y la tostada a medio untar en el plato.

– ¿Que pasa Claudia?

– Ehhhhh, nada…es que Víctor me ha dicho que le gustaría verme otra vez, ahora por la mañana…

– ¿Ahora?…ehhhhhhh… ¿verte?…¿y el desayuno?, pregunté yo inocentemente.

Solo había que ver la cara de mi mujer. Víctor le había propuesto a Claudia subir otra vez a la habitación y ella se había mojado inmediatamente.

– ¿Te importa?, me preguntó.

– No, sube con él, para eso hemos venido a Madrid.

– Vale, espérame en la habitación, vete preparando la maleta, tenemos hasta las doce para salir del hotel…

Y sin decir más salió rápidamente, miré el reloj y eran las 10:15 y de repente me encontré solo en la mesa, con un hambre atroz y con tres tazas de café, rodeado de deliciosas tostadas y zumos por todas partes Aún así me acordé del número de habitación donde estaba Víctor, me lo había dicho Claudia, la 417, ahora lo sabía y la tentación de subir fue muy fuerte. Solo tenía que ir hasta allí y poner la oreja en la puerta.

Dentro estaría mi mujer follando con él.

Aunque me había corrido media hora antes volví a empalmarme con la situación. El muy cerdo no había tardado ni dos minutos en convencer a Claudia para subir con ella a la habitación. Parecía que todavía no estaba muy satisfecho después de haberse corrido tres veces la noche anterior.

Mordí la tostada y me palpitó la polla, le di un trago al zumo y tuve que controlarme para no agarrármela por encima del pantalón, notaba que ya me estaba babeando. De repente parecía que los pocos comensales que estaban allí me miraban todos a mí, incluso hasta el camarero se reía, solo le faltó acercarse a la mesa y decirme “¿ya le puedo recoger esto?, creo que su mujer está muy ocupada para desayunar, jajajajaja”.

Apuré el café, salí del restaurante con una tremenda erección y me subí a la habitación yo solo otra vez a esperar a Claudia.

Víctor estaba en la puerta del restaurante esperando a que Claudia saliera. No sabía que le había pasado, la noche anterior se la había follado dos veces y luego ella le había hecho una señora paja en la ducha, pero en cuanto la vio con ese vestido gris, las gafas, zapatillas blancas, gafas de pasta, en definitiva, un look más casual le puso casi más que cuando iba vestida tan pija y volvió a tener ganas de ella. Se levantó de la mesa y fue a hablar con Claudia. No tardó mucho en convencerla.

“Vamos a la habitación, todavía tenemos un par de horas” y aunque ella intentó decirle que no podía, que estaba con su marido, al final cedió sin poner mucha resistencia. Quería que se la volviera a follar mientras su marido la esperaba en la habitación. Quería volver a sentir su enorme y caliente polla dentro.

Se subieron juntos en el ascensor junto con otra pareja, por lo que no pudieron dar rienda suelta a sus instintos, pero se iban acariciando la mano y Claudia se fijó que bajo los pantalones Víctor ya marcaba un enorme bulto.

Entraron en la habitación y antes de sentarse se dieron un morreo a los pies de la cama, mientras Víctor pasó las dos manos por detrás y le agarró las nalgas con fuerza. No tardó en sacar un preservativo y se sentó en la cama, Claudia seguía de pies cuando Víctor apoyó la cabeza contra su pecho y poco a poco fue metiendo la mano bajo su vestido a la vez que se lo iba subiendo al recorrer sus piernas.

Claudia gimió y bajó la cabeza para agarrarse al cuello de él y apretar a Víctor contra su cuerpo. Se agachó y volvieron a besarse cuando ya tenía el vestido casi subido por encima de su culo. A partir de ahí llegó el desenfreno y la pasión.

Él tiró de sus braguitas hacia abajo y Claudia de un puntapié se quitó las zapatillas, al estar inclinada sobre Víctor comenzó a desabrocharle el pantalón y éste le ayudó subiendo las caderas hacia arriba.

Como un resorte saltó majestuosa la polla de él. Grande, dura y apuntando hacia arriba, Claudia se la sujetó, a duras penas podía rodearla con sus pequeños dedos y le pegó varias sacudidas, no hacía falta trabajarle más, estaba durísima. Ahora si se acordó de su marido e hizo la comparación, le pareció ridícula y sonrió levemente unos instantes, pero enseguida se olvidó de eso, solo quería disfrutar con semejante verga. En cuanto la tuvo entre las manos su enrojecido coño fluyó como un manantial y pasando las piernas sobre las de Víctor esperó deseosa a que él se pusiera el preservativo.

En cuanto lo hizo se dejó caer y sintió como se abría paso entre sus labios vaginales aquel inmenso trozo de carne plastificado. Tenía el coño sensible, hinchado y abierto de la noche anterior, pero cerró los ojos de placer mientras él se sujetaba la polla y ella descendía introduciéndosela poco a poco hasta que por fin la tuvo toda dentro.

Estaba literalmente ensartada.

Víctor sentado sobre la cama puso las manos sobre sus nalgas y ella abrazada a su cuello comenzó a moverse delante y atrás lentamente buscando el máximo de fricción contra el cuerpo de él sin apenas poder hacer el movimiento de mete y saca. Su cuerpo se tensó, apretándolo fuerte contra su pecho y contrayendo los músculos de sus piernas y los glúteos. Se corrió en apenas un minuto intentando ahogar los gemidos. Avergonzada giró la cara mientras recuperaba la respiración. Víctor hizo que le mirara y la preguntó.

– ¿Estás bien?

– Si, perfecta, muy bien. ¿Quieres terminar?

– Me encanta lo rápido que te corres, shhhhhhhhhh, tranquila, no tengas prisa, todavía tenemos más de una hora por delante, sube los brazos.

Claudia estiró los brazos hacia arriba y Víctor le fue sacando el vestido dejándola tan solo con el sujetador puesto, luego con un habilidoso gesto se lo quitó con la mano desnudándola por completo.

– ¡Tienes unas tetas de escándalo!, dijo acariciando sus pechos.

– Tú tampoco estás nada mal.

– Quiero que me sigas follando, a ver que tal te mueves, dijo Víctor ahora tumbándose en la cama todavía con la polla dentro de ella.

Dejó que Claudia marcara el ritmo en los primeros compases, pero se puso muy cachondo viendo como se le movían las tetas mientras le cabalgaba, así que cuando se cansó de que ella llevara la iniciativa de un golpe de caderas se le metió hasta dentro.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh, despacio…despacio, dijo ella.

Pero Víctor ya la tenía sujeta por las caderas y había empezado a taladrarla desde abajo.

– ¡Cállate zorra!

Era la primera vez que le faltaba al respeto insultándola, la noche anterior le había tratado de una manera muy diferente, pero de repente el tío educado, dulce y cariñoso se volvió un animal dispuesto a follársela sin contemplaciones. Eso la puso mucho, aunque normalmente ella era la que mandaba en su vida cotidiana quería que él llevara la iniciativa en el tema sexual. Recibió pollazos de todos los colores, a cuál más violento y Claudia perdiendo el control por completo tuvo que apoyarse contra su pecho sacando el culo hacia fuera.

Enseguida llegó el primer azote que estalló con fuerza contra sus nalgas. ¡PLAS!, pero no por ello dejó de recibir las embestidas del médico. Era la primera vez que se lo hacían. Incluso la noche anterior que habían follado dos veces él no le había dado ningún azote. Y no supo muy bien de primeras si le había gustado o no, solo sintió un leve dolor en su culo.

Pero no tardó en llegar el segundo ¡PLAS!. Y después el tercero. ¡PLAS!. Los pollazos cada vez eran más rápidos y duros y Claudia ya solo era una muñeca inerte en manos del médico. Aquella follada no tenía nada que ver con las dos anteriores.

– Ahhhhhhh, ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, decía con gemidos cortos y secos a cada sacudida.

– ¿Te gusta que te peguen en el culo?

– Ahhhhhh, ahhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhhh.

– ¡Contesta zorra!

– No.

– ¿Ah no?, ¡¡¡PLASSSSS!!!

El cuarto azote fue muy salvaje y el dolor le proporcionó a la vez un placer indescriptible a Claudia. Notó como un chorro de flujo le caía y empapaba los huevos de Víctor. Estaba a punto de correrse otra vez, pero el médico se quedó quieto.

– Tranquila, me acabarás pidiendo que te golpee el culo, sois todas igual de zorras, ¡date la vuelta!

– ¿Que has dicho?, dijo Claudia incrédula ante lo que acababa de escuchar.

– ¡Que te pongas a cuatro patas, joder!, hoy te voy a reventar…te voy a follar como te mereces…

Claudia apenas reaccionaba a las órdenes de Víctor, no entendía ese comportamiento tan agresivo y machista, tanto que incluso parecía otra persona. Estaba confundida porque no sabía si eso la estaba gustando o no. Solo sabía que se había corrido, que estaba a punto de hacerlo por segunda vez y que su coño literalmente chorreaba.

Sumisa se puso en la posición de perrito con las piernas juntas, la espalda hacia fuera y la cabeza agachada ofreciéndole el culo a Víctor que se puso de rodillas detrás de ella. Él se quedó mirando el glúteo derecho de ella enrojecido por los azotes y esbozó una sonrisa que Claudia no pudo ver. Le entraron ganas de volverla a azotar, pero pensó que era mejor ir poco a poco. Dejarla con ganas de más.

– Abre más las piernas, así, eso es…saca el culo hacia fuera y mete la espalda para abajo, quiero una pose más sensual, ponme cachondo joder, que con solo verte tenga ganas de metértela, ¿qué pasa que no te pones así para tu marido?

Se agarró la polla y le golpeó varias veces con ella en el coño a Claudia que se puso a gemir a cada contacto.

– ¿Te gusta esto, ehhh?

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh

– ¿Te gusta o no?…

– Ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh…

– No hace falta que contestes, porque ya sé la respuesta, dijo ahora frotando la polla entre sus labios vaginales.

– ¡Por favor!

– Por favor que…

– ¡Por favor!, ahhhhhhhhhhhhh….ahhhhhhhhhhhh…

– Lo de los golpecitos os encanta, pero que os restrieguen la polla ya os vuelve locas, jajajajaja…

– Ahhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh…

– ¿Tendrás que pedirme que te la meta, ¿no?, dijo ahora alternando el roce con los pequeños toques…

– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiii, siiiiiiii, por favor, hazlo!

– Así es como me gusta follaros, ¡y ahora dime que te la meta zorra!, ¡quiero oírtelo decir con esa voz de pija que tanto me pone!

– ¡Métemela, métemela!…por favor métemela…

– ¡Mírame, quiero ver lo cachonda que estás!

Y cuando Claudia giró la cabeza volvió a clavársela desde atrás.

– ¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!

– Así muy bien, mírame, ¡mírame mientras te follo!, a partir de ahora te follaré siempre así…

Sujetó a Claudia por la cintura y la embistió varias veces. Desde su posición la rubia tenía un cuerpazo y se quedó mirando como se bamboleaban sus nalgas a cada acometida. Cuando sacó más el culo hacia fuera vió el ano de Claudia abierto y no pude resistirse a la tentación de rozárselo con el dedo. Ella gimió, pero enseguida le apartó la mano. “Ya habrá tiempo más adelante para eso, está claro que tiene el culo virgen”, pensó él.

Le encantaba follársela en esa posición. Demasiado. El ruido de los cuerpos al chocar, junto con los gemidos de Claudia y el culo que tenía hizo que Víctor perdiera el control de la situación, se dio cuenta de que en esa postura no iba a aguantar mucho sin correrse.

Le sacó la polla y tras unos segundos observando cómo se le había quedado el coño le dijo que se tumbara de lado. Luego se puso detrás de ella y volvió a metérsela haciendo la cuchara mientras la magreaba las tetas a la vez que se la follaba con ganas.

– Ven aquí, dijo tirando de su cara hacia él para comerla la boca en un beso guarro y soez.

Tras unos segundos de entrelazar sus lenguas volvió a la carga y siguió follándosela sin descanso. Ya llevaban media hora dale que te pego y el médico no tenía ninguna intención de correrse todavía.

“Menudo polvazo me está pegando, me va a destrozar”, pensó Claudia antes de que Víctor la mandara ponerse boca arriba para clavársela otra vez en un misionero más convencional. Ahora a cada embestida los huevos de Víctor la golpeaban el coño, señal de que tenía dentro toda su enorme polla.

La estaba partiendo literalmente y Claudia no podía más, le sujetó por el culo para que no se saliera de ella e incrustada en él buscó frotarse contra el cuerpo de Víctor para correrse de nuevo.

– Asíiii, asiiiiiiiiiiii, espera que voy a correrme, voy a correrme, no te muevas, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Cuando Claudia terminó se quedaron abrazados besándose y acariciándose un rato.

– Me encanta cuando te corres, dijo Víctor sacando la polla de dentro de ella.

Se quedaron tumbados en la cama de lado, frente a frente mirándose y besándose, Claudia se dió cuenta de que él todavía no había terminado y le agarró la verga para comenzar a masturbarle.

– Mmmmmmmmmmmm, que rico, lo haces de maravilla, dijo él acariciando la mejilla de Claudia.

El dedo pulgar de él quedó muy cerca de la boca y le acarició los labios.

– Abre la boca, le ordenó.

En cuanto lo hizo Víctor le metió el dedo pulgar dentro y se miraron a los ojos. Era un gesto obsceno como si le estuviera chupando la polla y con la otra mano no paraba de masturbarle. Claudia avergonzada cerró los ojos.

– Mírame, ¿te da vergüenza hacer esto?

– Si, dijo ella.

– Pues no tienes porqué, quiero que pierdas la vergüenza cuando estés conmigo, quiero que te sueltes por completo, vamos a quedar más veces y me apetece que hagamos de todo, por supuesto también quiero que me la chupes, ¿te apetece hacerlo ahora?

– No, hoy no.

– Está bien, acabas de correrte y tenemos poco tiempo, esto quiero que sea con tranquilidad, quiero disfrutar contigo de una buena mamada.

Claudia seguía pajeándole, pero no le contestó, estaba muy cortada de lo directo que era el médico con estas cosas.

– ¿Porque a tu marido se la habrás chupado alguna vez, ¿no?

– No, mintió ella.

Es verdad que a David apenas le había practicado sexo oral, alguna vez y cuando eran jóvenes y más recientemente una vez que estaban muy calientes mientras estaban conectados con Toni, pero no se podía decir que Claudia le hubiera hecho nunca una mamada en condiciones.

– ¡No me jodas que nunca se la has chupado!, jajajajaja, dijo Víctor eufórico ante la posibilidad de que él fuera el primero.

– No.

Volvió a meter el dedo gordo en su boca e hizo que Claudia se lo chupara.

– ¡Mírame a los ojos, así, me gusta que me miren a los ojos mientras me la comen!

Ella hizo el esfuerzo por sostenerle la mirada, aunque no estuviera cómoda se estaba comportando como una guarra, con el dedo dentro de su boca y sin soltarle la polla. Víctor le sacó el dedo y se lo dejó pegado a los labios.

– Pasa la lengua por él, como si lo estuvieras lamiendo…

Ella volvió a obedecerle y lo hizo como él se lo había dicho. Sin dejar de mirarle a los ojos, varias veces le pasó la lengua arriba y abajo y luego él le volvió a meter el pulgar en la boca. Le estaba mamando el dedo. Claudia seguía excitadísima y mientras tuviera aquella polla dura y caliente en la mano podía pedirla lo que quisiera.

– ¿Quieres que te vuelva a follar?

– Si, dijo ella en un gemido volviendo a lamerle el dedo con la lengua.

– Mmmmmmmmmmmm, veo que aprendes rápido, ¿cómo prefieres que te folle?, ¿despacio como ayer o duro como hoy?

– Como tú prefieras…

– A mí ya sabes cómo prefiero, me gusta follarte fuerte, llamarte zorra y darte unos buenos azotes en el culo ese duro de pija que tienes, ¿tú que prefieres?

– Lo que tú quieras…de verdad, no me hagas elegir…me da vergüenza…

– ¡¡No!!, ¡¡quiero que me lo digas, quiero que me digas como te gusta!!

– Por favor, métemela, dijo Claudia pegándose a él y pasando una pierna sobre su cuerpo para acercarla hasta su coño…

– Quiero quedar más veces contigo, quiero que vengas todas las semanas a Madrid a follar conmigo…

– Mmmmmmmmmmmmmmm, por favor, métemela ya, dijo Claudia al sentir como le rozaba la verga los labios vaginales.

– ¡¡Así no vamos a follar zorra!!, ¡¡date la vuelta y ponte otra vez a cuatro patas joder!!…

Claudia sumisa le obedeció y esta vez sí que se abrió bien de piernas y arqueó la espalda hacia abajo para ponerse en una postura tremendamente erótica.

– Muy bien, aprendes deprisa, ¡ábrete el coño con los dedos!

Se metió la mano entre las piernas e intentó hacer lo que le pedía el médico sin rechistar.

– ¡Joder que puta!, ahora sí, así me gusta, desde aquí atrás pareces una cerda pidiendo polla… ¿eres una cerda pidiendo polla?, dímelo…

– ¡Métemela ya, por favor!

Le soltó otro azote tan fuerte que del dolor Claudia cayó hacia delante chillando, pero Víctor la cogió por las caderas para tirar de ella hacia arriba y volverla a poner a cuatro patas.

– ¿Te gusta que te azote el culo?

Claudia miró hacia atrás suplicante, aquello estaba siendo demasiado, pero cada vez estaba más y más mojada ante aquella humillación. Cada azote, cada insulto, hacía que se pusiera más cachonda y sin que él se lo pidiera volvió a meterse la mano entre las piernas y se abrió el coño para decirle a Víctor jadeando.

– Hazme lo que quieras…

Entonces Víctor entendió que en ese momento ya la tenía a su merced, cachonda y además confundida. Acercó la polla a la entrada de una Claudia vencida y de un solo golpe se la clavó desde atrás.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, chilló Claudia.

Luego Víctor puso una mano sobre su cadera y la otra encima de su hombro. Se la iba a follar bien fuerte.

– ¡Eres igual de puta que todas!, dijo con un nuevo azote sobre las nalgas de Claudia.

Se la folló con intensidad, rápido, penetrándola hasta el fondo. Quería que cada contacto con el cuerpo de Claudia sonara contundente, le encantaba ese plop de los cuerpos al chocar cuando se la metía desde atrás, la llenó de polla e hizo que gritara bien alto. Claudia era solo un cuerpo puesto a cuatro patas que se dejaba hacer. Cerró los ojos y se abandonó al placer. Nunca había disfrutado tanto.

Víctor se inclinó sobre ella con toda la polla dentro y por unos instantes dejó de follársela. Se apoyó sobre su espalda y notó el calor que emanaba el cuerpo de ella. Luego la rodeó con los brazos y la amasó sus bonitas tetas que la colgaban hacia abajo. Claudia ronroneaba y emitía pequeños gemiditos con la cabeza agachada.

Entonces Víctor volvió a ponerse erguido y jugueteó con la mano sobre la media melena rubia de su acompañante, haciendo un par de círculos sobre su pelo cogió lo suficiente y de un tirón hizo que Claudia levantara la cabeza para luego comenzar a follarla de nuevo.

Era la traca final. Follada como una cualquiera mientras la sujetaba con fuerza por el pelo. Y encima le gustó. Joder que, si le gustó, a cada embestida gemía todavía más alto y cuando él soltó el pelo para poner las dos manos sobre su cintura y darle más duro todavía ella supo que Víctor se iba a correr. Casi sin quererlo Claudia lanzó su cuerpo hacia atrás buscando el contacto a cada acometida de Víctor. Los dos se movían acompasadamente como si llevaron follando juntos toda la vida.

De repente Víctor le sacó la polla de dentro y Claudia ya estaba tan ida que estuvo un par de segundos moviéndose delante y atrás sin darse cuenta de que no tenía nada dentro. Aquello fue demasiado para Víctor que se quitó el condón y lo lanzó al suelo.

– ¡Voy a correrme encima de ti!, ¡venga zorra, métete la mano entre las piernas y acaríciate!, dijo Víctor pajeándose encima del duro culo de ella.

Por supuesto que Claudia le volvió a obedecer sin saber lo que se le venía encima. Cuando se estaba masturbando y ya estaba a punto de correrse le escuchó a Víctor.

– ¡¡Me corro, me corroooooooooooo!!, ¡¡joder me corrooooooooooooooo!!, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Y lo siguiente que notó fue como la leche caliente de Víctor le bañó la espalda, los glúteos y le caía hacia abajo por la raja del culo. Se puso tan cerda que ella también se corrió inmediatamente sintiendo como el semen le recorría la rajita del coño hasta terminar cayendo en las sábanas.

– ¡Que bueno!, dijo Víctor dejándose caer sobre ella.

Con el peso de los dos cedieron hasta terminar tumbados boca abajo, desnudos, sudorosos y llenos de fluidos, se quedaron unos segundos acariciándose y la polla de Víctor todavía goteaba por un cachete del culo de Claudia mientras que con la mano le sobaba el otro glúteo. Ella estaba extasiada y había hasta perdido la noción del tiempo, no sabía qué hora era, solo pensaba en el orgasmo que acababa de tener y como todavía le palpitaba el coño que estaba empapado de sus flujos y el semen de Víctor. Sentía los tiernos besos de él por la espalda y como su polla seguía restregándose en su culo mientras la seguía acariciando.

– Esto hay que repetirlo cuanto antes, dijo Víctor.

Volví a llamar a Claudia y seguía sin contestarme, empezaba a preocuparme pues ya tenía 4 llamadas perdidas mías, eran las 11:55 y había que abandonar la habitación. Tenía las maletas preparadas y eché una última ojeada antes de salir para no dejarnos nada. Bajé a la recepción y llamé otra vez a mi mujer. Ahora si me lo cogió.

– ¿Pero ¿dónde estás?, son las doce, me tenías preocupado…

– Espérame en la habitación que ahora bajo.

– No, ya he salido, estoy en la recepción para entregar las tarjetas.

– Vale, pues espérame ahí…

Me quedé más tranquilo al escuchar la voz de Claudia y después de entregar la tarjeta y pagar la habitación me senté a esperarla en el hall del hotel. No tardó mucho en aparecer, otra vez llevaba el pelo mojado por lo que estaba claro que se había vuelto a duchar.

– No pensaba que era tan tarde…

Se le había pasado el tiempo volando mientras follaba con Víctor, Claudia no es así, le gusta la puntualidad y las cosas bien hechas. En la vida habíamos abandonado fuera de tiempo la habitación del hotel, justo, al contrario, a ella le gustaba bajar casi media hora antes, pero esta vez si no llega a ser por mi estaba claro que no le hubiera dado tiempo a estar lista antes de las doce. Ni pregunté que había hecho ni donde había estado, porque no hacía falta. Era evidente. Al que no vi fue a Víctor, luego bajamos al garaje y cogimos al coche para volver a casa.

En el trayecto me apetecía hablar con Claudia, los dos íbamos cansados, solo habíamos estado un día en Madrid, pero era como si hubiéramos estado una semana. Volvíamos con el objetivo cumplido, por así decirlo, pero con muchas dudas e incertidumbres sobre el futuro y sin asimilar todavía lo que había pasado.

– Me tenías preocupado, te he llamado unas cuantas veces.

– Perdona, David, se me fue la hora…y también te pido perdón por haberme ido, me apetecía desayunar contigo…

– Eso no me importa, solo quiero que estés bien, solo que estaba preocupado, no sabía ni dónde estabas.

– Sabías que estaba con Víctor, ¿dónde iba a estar?

– No me refería a eso, ya sé que estabas con Víctor, lo que quiero decir es…bueno no sé, que me tenías preocupado…

– Tranquilo, para otra vez espero que no sea así…

– ¿Otra vez?, ¿vas a quedar más veces con Víctor?

– No me refería a él en particular, sino a que bueno si vuelve a surgir algo parecido no quiero que pase esto.

– Quizás nos ha faltado hablarlo más.

– Puede ser, ahora ya no hay vuelta atrás.. puede que haya sido muy precipitado todo lo que ha pasado, si te soy sincera no sé ni como estoy ahora, ¿tú cómo estás?, no sé dime algo, ¿es como lo esperabas?

– Yo también estoy raro, tampoco llevaba una idea concebida de cómo sería, si te digo la verdad ayer cuando os vi que os ibais juntos hacia el ascensor me excité muchísimo, estaba nervioso, alterado, una sensación muy fuerte, el corazón me latía a mil por hora y tenía una punzada en el estómago, luego me recorrí los pasillos del hotel de la cuarta planta y la séptima, realmente no sé qué esperaba escuchar, pero solo el hecho de hacerlo me daba un morbazo tremendo, no hacía más que pensar que dentro de cualquiera de esas habitaciones estabas follando con Víctor…

– No habíamos hablado que pasaría cuando llegara el momento… ¿entonces te gustó que me fuera así con él?

– Si, me gustó mucho, quizás me hubiera gustado más estar delante, pero entiendo que lo hicieras así…no sé si hubieras estado muy cómoda conmigo allí delante mirando como lo hacíais…

– Pues seguramente no David…si ya estaba cortada así a solas, contigo delante no creo que lo hubiera podido hacer…

– Si, lo entiendo, bueno Claudia, ¿y ahora qué?

– Vamos a dejar pasar un tiempo…no creo que sea bueno tomar ahora decisiones en caliente, deberíamos hablar y pensar que vamos a hacer…

– ¿Quieres volver a quedar con Víctor?

– ¿Y tú?, ¿quieres que lo haga?…

– No quería decir eso, sino si has disfrutado con él, ¿volverías a repetir?

– Ahora no sé qué decirte, si, sexualmente he disfrutado mucho, pero ahora estoy con la sensación esa de cuando has hecho una locura, que ha estado muy bien, pero no lo volverías a repetir…no sé si me explico…

– Creo que te entiendo.

– ¿Y tú quieres que volvamos a quedar con él?

– No tiene por qué ser él, pero si me gustaría que siguiéramos haciendo esto, puede ser con Toni, o con cualquier otro…

– Ya te he dicho antes que habrá que hablarlo bien…

– Estoy de acuerdo.

– ¿Cambiarías algo de lo que ha pasado?, me preguntó.

– Pues no sé Claudia, si, te dije antes que quizás estar presente, aunque sé cómo eres y que estarías muy cortada, pero para otras veces me gustaría ver algo, aunque sea poco a poco, un día ver como vais juntos de la mano, otro ver como os besáis, así hasta que cojas confianza y pueda verte follar con él…

– Vale, habrá que hablar de esto porque veo que es importante para ti…

– También me gustaría que me contaras todo lo que hiciste con Víctor, tranquila no tiene que ser ahora, pero si me gustaría saber los detalles, puedes decírmelo poco a poco, cada día una cosa y yo me iré haciendo una composición de los hechos.

– Si, te lo iré contando poco a poco…es justo…

– Quiero saberlo todo Claudia, como lo habéis hecho, donde, cuanto tiempo habéis estado, cuantas veces te has corrido tú, cuantas veces él, donde se ha corrido…creo que vamos a pasar unas semanas muy morbosas fantaseando y recordando este encuentro.

– Vale David y ahora vamos a cambiar de tema, tengo ganas de ver a las niñas, queda un rato para llegar donde mis padres, voy a cerrar los ojos, estoy muy cansada…

Puse una mano sobre su muslo y la dije que descansara. En 5 minutos ya estaba dormida.

Un poco antes de la hora de la comida llegamos a casa de mis suegros a recoger a las niñas, aunque les dijimos que no ya habían organizado una comida familiar con Pablo, Marina, Carlota y todos los niños. Era lo más indicado, volver de un fin de semana donde acaban de follarse a tu mujer que ni sabes donde tienes la cabeza y tener una comida familiar con los chicos correteando de un lado para otro. No veía el momento de irme para casa a descansar. Y seguro que Claudia estaba igual que yo, callada, cabizbaja, distraída y agotada.

Después de comer mientras tomaban café hicieron un pequeño cónclave familiar y yo aprovechando que me reclamaba mi hija pequeña me fui a la habitación donde jugaban los niños. No tardó en venir Marina también que detestaba esas reuniones de los “Álvarez”. Apenas me había fijado en ella, pero iba espectacular con una minifalda negra de cuero con unas medias que tenía dibujados unos cuadrados grandes y botas altas hasta las rodillas, llevaba el pelo suelto y un jersey verde donde se le marcaban sus tetas operadas.

Por un momento me pregunté si Marina sería capaz de hacer lo que había hecho Claudia, desde luego que Pablo no se lo permitiría, pero si ella hubiera sido mi mujer Marina encajaba perfectamente como hotwife, guapa, alta, educada, con clase. Candidatos a follársela no le hubieran faltado. Además, tenía una gran maestra, pues por lo que recordaba era muy amiga de mi ex Cristina. ¿Le habría contado los cuernos que me ponía?

Estando con ella se me hizo mucho más amena la tarde, pero estaba deseando irme para casa porque lo único que estaba consiguiendo era pillarme un buen calentón con estos pensamientos, además no podía quitarme de la cabeza que por la mañana Claudia había vuelto a follar con Víctor. Me había dejado plantado en el desayuno y sin dudarlo se había subido a la habitación con él.

Por suerte a media tarde nos fuimos, después de bañar a las niñas, darles la cena y acostarlas Claudia también cenó un yogurt y dijo que estaba muy cansada y se iba a dormir. Yo cualquier otro día que me hubiera dejado solo en el salón a las 22:00 de la noche me hubiera pajeado seguramente con mis fotos de Marina y Carlota, o hablando con Toni o leyendo algún relato de cornudos, pero ese día no me apeteció y me subí al dormitorio 20 minutos más tarde.

Claudia estaba recostada con el móvil y antes de que la preguntara me dijo que estaba hablando con Víctor.

– ¿Puedo ver la conversación?, pregunté.

– Claro, solo me estaba preguntando qué tal habíamos llegado y que qué tal estaba…y luego bueno me ha dicho que tenemos que volver a quedar…

– ¿Y qué le has contestado?

– Que eso es algo que tenía que decidir contigo y todavía no lo hemos hablado.

Al final no leí la conversación, pero estaba claro que se dijeron muchas más cosas porque estuvieron más de media hora wasapeándose antes de que Claudia dejara el móvil en la mesilla. Yo no tenía ninguna duda de que iban a volver a quedar, aunque Claudia me había dicho varias veces que teníamos que hablarlo bien antes de tomar una decisión. Cuando ella apagó la luz ya llevaba un buen empalme con solo Víctor iba a follarse otra vez a mi mujer.

Y efectivamente así fue unas semanas mas tarde.

11

El lunes por la mañana en cuanto tuvo un rato libre entre clase y clase llamó a su amiga Mariola, como le había prometido.

– Te lo digo en serio que pensé que no ibas a hacerlo, pero me parece estupendo…

– Yo tampoco pensé que iba a pasar.

– Venga Claudia, pues claro que sabías que iba a pasar, se te notaba en la cara que te morías de ganas por follar con Víctor.

– En serio, que tenía muchas dudas…

– Ya, ya, oyes quiero saberlo todo con pelos y señales, eh… ¿esta tarde quieres quedar y me lo cuentas?

– Pufffff Mariola, hoy quería pasar la tarde con las niñas y descansar, esta semana nos vemos un día, el jueves o viernes…

– Vale hecho, estás hecha polvo de tanto follar, ¿eh?, jajajaja…

– ¡¡Mariola!!

– Jajajajaja, era broma…

– ¿Y tú que tal el finde?

– Pues yo con Alba el sábado al centro comercial y el domingo al cine, jajajajaja, planazo…pero bueno, lo hemos pasado muy bien…

– ¿El finde que viene vas a quedar con alguno por el Tinder?

– Pues no sé, posiblemente no quede con nadie, estoy un poco plofff, posiblemente espere a que Lucas cumpla los 18, aunque todavía quedan tres meses…

. Uyyyyy, ¿tanto tiempo vas a estar sin sexo?, jajajajaja…

– Estoy tranquila ahora, así le voy a coger con más ganas a tu alumno…

– No quiero saber nada de eso, jajajaja, ¡no me cuentes nada!…

– Jajajajaja, venga hablamos guapa…y llámame esta semana eh…

– Eso está hecho…

Cuando terminó de hablar con Mariola se quedó en el despacho recordando su encuentro con Víctor. Había tenido el mejor sexo de su vida, no sabía ni las veces que se había corrido y era evidente que no tenía nada que ver el follar con Víctor a hacerlo con su marido. Pero no todo era perfecto, se había quedado preocupada e intranquila por el comportamiento de Víctor durante la mañana. La primera noche había sido tierno y cariñoso para luego follársela algo más duro, pero siempre con mucho respeto, sobre todo en la ducha donde se besaron y acariciaron hasta que terminó haciéndole una paja. Sin embargo, el domingo Víctor se había transformado y no quedó nada en él de ese seductor agradable y educado que conocía, de repente era un machista, un cerdo y como tal se la había follado, con insultos, azotes y un trato degradante hacia ella.

A Claudia no le gustaba que él se comportara así, pero sin saber muy bien porqué el domingo se había corrido tres veces, si, tres veces en una hora y eso que él la había insultado llamándola puta y zorra, “eres igual de puta que todas”, le había dicho tratándola como una más de sus ligues. Estaba claro que para él no era más que otro coño que follar. Nada especial. Y sin embargo eso la excitó. Se mojó solo con recordarlo. Todavía podía sentir el semen de Víctor escurriendo entre sus nalgas y atravesando sus labios vaginales hasta caer en las sábanas. Cruzó las piernas y las apretó con fuerza, ya estaba a punto de tener otro orgasmo sin tan siquiera usar la mano.

¿Y qué decir de esa polla?. Salvo en las películas solo había visto y tocado la de su marido, pero no tenían nada que ver. La verga de Víctor debía medir 20 cms, era grande, gorda y también muy bonita. Tenía una polla perfecta y solo con tocarla la primera vez se puso a mil. Podría haber estado pajeándole durante horas con tal de tenerla en su mano, le gustaba lo dura que estaba, su capullo proporcionado e hinchado que daban ganas de lamer. Se enfadó consigo misma, ¿porque no se la había chupado?, ahora lo pensaba y era lo que más le apetecía de este mundo. Tener esa polla en la boca y hacerle una buena mamada como no le había hecho nunca a su marido. Pero ella es una señora respetable, no podía hacerle eso, tenía que comportarse y guardar las apariencias, al menos en la primera cita. Y después de los previos y que él la comiera el coño follaron 3 veces y aquella polla la llenó por completo llegando todo lo profundo que podía llegar. No sabía que podía recibir rabos con semejante tamaño y además disfrutar de ellos. ¿Y qué pasaba ahora con su marido?, cuando has probado algo así lo que menos te apetece es volver al pequeño, flácido y feo pito de David. Podía dejarse follar por el mero hecho de sentirle dentro, pero ya nada iba a ser igual.

En sus oídos todavía retumbaban los azotes de Víctor, le había dado con ganas en el culo y hasta le había hecho daño, pero una vez que se acostumbró le resultó delicioso ese dolor mezclado con el placer, tanto que llegó a hacer que se abandonara perdiendo la vergüenza para finalmente quedar sumisa a cuatro patas y decirle “hazme lo que quieras”.

Con el recuerdo todavía latente se acarició los pechos y puso un pie sobre la silla de su despacho abriendo las piernas, no quería masturbarse, pero ya estaba jadeando y sudorosa. Si bajaba una mano a la entrepierna unos segundos se iba a correr.

“No puedo seguir así”.

Cogió su bolso y empezó a rebuscar en él sacando cosas que tenía dentro. Justo al fondo sacó como una bolsita de seda de color morado y extrajo de él un pequeño juguete de forma cilíndrica de unos 16×4 cms. Se le quedó mirando e inmediatamente lo bajó para ponérselo en la zona de la entrada de la vagina por encima de las medias. Hizo presión para intentar introducírselo, aunque sabía que era imposible, pero el simple hecho de estar tocándose así provocó que se excitara sobremanera.

¡Se estaba masturbando con un consolador en su despacho de jefa de estudios!

Tuvo que levantarse a echar el cerrojo, era mucho menos morboso, pero para lo que iba a hacer no podía arriesgarse a que alguien llamara a la puerta de su despacho y la pillara así. Cuando volvió a sentarse se desabrochó la cremallera de las botas altas que llevaba y se descalzó, luego levantando el culo de la silla se fue quitando las medias junto con las braguitas y cuando terminó volvió a ponerse las botas, aunque ya sin medias.

Solo tuvo que subirse la falda y poner los dos pies sobre el asiento para abrirse de piernas y volver a coger el consolador. Tenía su vagina extremadamente sensible todavía, incluso por la mañana cuando había hecho pis había sentido algo de escozor. No estaba acostumbrada a que se follaran su fino “coñito de pija” de esa manera.

Temblando ante lo que iba a hacer bajó el cilindro y se lo introdujo de un solo golpe sujetándolo por la base. Cerró los ojos y comenzó un mete saca suave con cuidado para no hacerse daño. Se dejó llevar sin pensar en nada, solo sintiendo placer hasta que llegó al orgasmo. Apenas quedaban 10 minutos para su siguiente clase.

Con rapidez guardó el consolador en su funda y después en el bolso, le tenía mucho cariño porque fue de los primeros que le regaló David y el que más solía utilizar cuando se masturbaba en casa a solas o en algún baño público. Luego se quitó las botas y se puso las medias y las braguitas y después las botas encima. Ya estaba vestida.

Justo un minuto después llamaron a su puerta, no se había dado cuenta de quitar el cerrojo y se levantó corriendo, era Don Pedro. Se sorprendió de verle allí de pies porque era la primera vez en tantos años que iba a su despacho, además se sonrojó sin querer porque pensó que si hubiera ido un pelín antes la hubiera pillado in fraganti.

– Don Pedro, ¿qué sucede?

– Nada, perdona que te moleste, te traía una copia del acuerdo del consejo escolar en el que se acuerda que seas la próxima directora, era solo para que la tuvieras. Lo mandaré esta semana a la Junta de educación y vendrá aprobado en un par de meses, ya solo faltará que yo te nombre directora del instituto al finalizar el curso escolar.

Claudia cogió la hoja y le dio las gracias al viejo que pasó después a su despacho quedándose de pies a punto de decir algo más. Ella se sentó en su silla detrás de la mesa y cruzó las piernas de manera sensual. Instintivamente el director le miró las botas y ella sonrió, había caído en su pequeño juego. Además “ahora está en mi terreno”, pensó Claudia.

– ¿Quiere algo más?, tengo clase en 5 minutos, dijo ella mirándole al viejo…

– Si, si, por supuesto, eh nada…eso que habíamos hablado el otro día que cuando quieras podemos quedar, para irte enseñando un poco la burocracia y las funciones de la dirección…

– Ah sí, es verdad, ahora voy a estar un poco liada con los exámenes y tal, si le parece bien empezamos a la vuelta de las vacaciones de navidad, dijo Claudia secamente poniéndose de pies.

– Me parece bien, cuando tu digas…

Apenas le dio tiempo a decir nada más, Claudia fue muy cortante con él y poco menos que le echó del despacho, no es que quisiera ser antipática o desagradable, simplemente estaba jugando con él y marcando los tiempos. Don Pedro se marchó a su despacho decepcionado y confundido, no es que pretendiera nada al ir a ver a Claudia, pero ella había estado mucho más “receptiva” en otros encuentros en su despacho y quizás se había hecho unas falsas expectativas que solo estaban en su imaginación.

Derrotado se sentó en su vieja silla. “Me ha utilizado para conseguir el puesto de directora y ahora que ya lo tiene se muestra conmigo como realmente es”, pensó Don Pedro. Apenas le quedaban 6 meses como director del instituto y se dijo que les pasaría lo más tranquilo posible. La fantasía que se había montado con Claudia fue muy bonita mientras duró.

Pensó que todo había terminado. Que equivocado estaba, no sabía lo que se le venía encima.

12

Aquel lunes por la mañana antes de que llegaran los pacientes un Víctor eufórico decidió al fin afrontar la situación con su amigo Andrés y dejar de esconderse de él. A primera hora fue a la planta del hospital donde trabajaba su colega y se presentó a la puerta de su consulta, tocando con los nudillos no esperó a que le contestaran desde el otro lado.

– ¿Se puede?, buenos días, dijo asomando la cabeza con las pulsaciones aceleradas.

Dentro estaban Andrés, otra médica, dos enfermeras y una auxiliar, Víctor se sorprendió, hubiera preferido más intimidad. Su amigo se quedó muy sorprendido al verle, se le cambió la cara por completo, no había vuelto a saber nada de él desde hacía más de dos semanas que le había mandado el mensaje en la noche de la cena de Santisteban cuando Paloma le contó lo de Barcelona. Se había estado escondiendo de él por el hospital.

– ¡Hombre, pero si está aquí mi mejor amigo!, dijo Andrés en voz alta poniéndose de pie con los brazos abiertos.

Las cuatro mujeres se quedaron extrañadas del comportamiento tan extraño de Andrés. Víctor se dio cuenta de que estaba algo alterado.

– ¿Podemos hablar en privado?, si te parece luego nos vemos…

– ¡No hombre hablamos aquí, dime lo que me tengas que decir!, ¡QUE LO SEPAN TODOS, NO ME IMPORTA!, dijo todavía más alto.

– Andrés no creo que aquí sea el sitio de habl…

– ¡QUE NO PASA NADA!, dijo su amigo chillando.

– Así no se puede hablar, mejor lo dejamos para otro día cuando estés más tranquilo…

– ¡DILO HOMBRE, DILO, ¡QUE LO SEPAN TODOS!

Una de las enfermeras se acercó a Andrés intentando calmarle, ya que parecía cada vez más alterado.

– ¡SI, OTRO DÍA HABLAMOS MEJOR Y CON MAS CALMA DE COMO INTENTASTE FOLLARTE A MI MUJER!, ¡¡QUE GRAN AMIGO!!, ¡¡MUCHAS GRACIAS VICTOR!!

– Me voy, estás muy nervioso y no se puede hablar contigo…

– ¡¡NO TE VAYAS JODER, CUÉNTANOS COMO TE INTENTASTE TIRAR A MI MUJER EN BARCELONA!!, dijo Andrés acercándose en actitud desafiante a Víctor.

Prácticamente quedaron con las caras frente a frente y las cuatro acompañantes tuvieron que intervenir para separarles.

– Pégame si quieres, dijo Víctor.

– Debería romperte la cara, pero no mereces la pena, ¡ERES UN MIERDA!

Víctor agachó la cabeza y salió de la consulta de su colega, Andrés tenía dos enfermeras delante y apartó a una con el brazo.

– Tranquila, no voy a hacerle nada, dijo saliendo al pasillo.

A unos 5 metros de distancia Víctor ya de espaldas se alejaba de allí.

– ¡NO VUELVAS, NO QUIERO VERTE MAS NI SABER DE TI Y NO VUELVAS A DIRIGIRME LA PALABRA, ¡SINVERGUENZA…!

Con cada insulto Víctor se ponía más colorado y agachaba más la cabeza, se le hizo eterno el pasillo hasta que alcanzó la escalera para bajar a su planta, todavía le escuchaba a su colega gritar a lo lejos cosas que ya no entendía.

Ni que decir tiene que fue la comidilla del día. Se enteró todo el hospital de lo que pasó. A las 10 de la mañana cuando todos bajaban a tomar el café no se hablaba de otra cosa en la cafetería, incluso el rumor que corría es que se habían peleado y Andrés le había partido la cara a Víctor porque se había acostado con su mujer.

Víctor no bajó a desayunar, se quedó en su consulta, al poco tocaron en la puerta y entró Teresa con dos cafés para llevar en vasos grandes de plástico.

– Te he subido un café.

– Gracias Teresa.

– Ya me he enterado de lo que te ha pasado esta mañana con Andrés, no se hablaba de otra cosa en la cafetería…dicen que os habéis peleado…

– Rumores, no nos hemos peleado, eso no ha pasado, ni tan siquiera hemos discutido, Andrés me ha insultado por lo que pasó en Barcelona, se ve que su mujer se lo contó a su manera la noche de la cena de Santisteban…

Teresa bajó la cabeza recordando lo que había pasado aquella noche, terminó en casa del médico haciéndole una paja, aunque Víctor no parecía estar pensando en eso.

– Gracias por el café Teresa, eres la mejor…

– Lo soy, pero me encanta que me lo digas, jajajaja

– Jajajajaja

Se fue dejándole solo en la consulta y al momento recibió un mensaje de Judith, la voluptuosa enfermera pelirroja también se había enterado del incidente y le preguntó que tal estaba.

– Hace tiempo que no quedamos. 10:18

– ¿Puedes escaparte esta semana alguna tarde?. 10:18, le dijo Víctor.

– Si, el miércoles o el jueves podría, cuando mejor te venga. 10.18

– Pues el jueves quedamos. 10:18

– De acuerdo, tengo ganas de verte. 10:18

– Y yo también, quiero hacerte de todo, aunque si te soy sincero el coño ni te lo voy a tocar. 10:19

– Y eso?. 10:19

– Porque solo voy a follarte por detrás. ¿Lo entiendes?. Voy a estar toda la tarde dándote por el culo, por ser tan zorra. 10:19

Judith no le puso nada mas de palabra, pero sabía que no bromeaba. Solo le mandó un último mensaje con tres emoticonos de caras sonrientes.

13

El martes por la noche habíamos quedado para conectarnos con Toni24. No me había dado mucho tiempo a pensar en lo que había pasado el fin de semana, el trabajo en la fábrica era frenético debido a que estábamos en época navideña y era cuando más zapatos vendíamos en todo el año. A pesar de ello me costaba sacármelo de la cabeza, me venían flashes de vez en cuando del encuentro. No hacía ni tres días que Claudia había estado follando con otro hombre.

Ya era un CORNUDO.

Bueno, antes también lo era porque Cristina me los había puesto de todos los colores, pero con Claudia era distinto, mi ex era una zorra morbosa sin escrúpulos que se follaría a quien se le pusiera por delante, pero mi mujer no, era una profesora respetable, madre de familia, la pequeña de los Álvarez, íbamos a misa todos los domingos, el único hombre con el que había estado era conmigo, no conocía otra cosa en el sexo hasta que estuvo con Víctor. Menuda diferencia en todos los aspectos, yo no tenía nada que ver con aquel atractivo y seductor médico que seguro que le había llevado a mi mujercita al séptimo cielo con su enorme polla.

Iba a conocer los detalles de su encuentro por la noche. A mi le daba vergüenza contármelo, pero sabía que con Toni si lo iba a hacer cuando se pusiera bien cachonda delante de la cam.

No veía el momento de acostar a las niñas, cenamos algo y vimos la tele tranquilamente un rato. Cuando llegaron las 23:00 en punto le dije a Claudia.

– Habíamos quedado con Toni.

– Ya lo sé…

– Oyes Claudia, ¿le vas a contar lo que pasó con Víctor?

– ¿Lo estás deseando, ¿verdad?

– Si.

– Me parece bien…así te enteras de todo para que no me lo estés preguntando cada hora…

– Mmmmmmmmmmmmm… ¿vas a ponerte algo especial para Toni?

– Lo de siempre, ¿o te apetece algo en concreto?…

– Si, hoy no te pongas sujetador, solo una camiseta de tirantes, me gusta cuando Toni me pide que te la quite para él…

– ¿Y debajo?

– Lo que quieras, unas braguitas, o un short con tanga, o solo un tanga…, sorpréndeme…

– Voy a subir a cambiarme, vete conectando…

– Baja algún juguete de la habitación también…

– ¿Qué quieres?…

– La polla de goma, me gustaría que te empalaras con ella delante de Toni, quiero que vea cómo te la metes…como follas con ella…

– ¿Hoy estás excitado, ¿eh?, dijo agachándose sobre mi para darme un beso.

– Puffff, estoy que no puedo ni tocármela ya…

– ¿Ya estás así?

– Si…

– Vas a tener que calmarte un poco, sino no vas a durar nada…

– Lo sé, pero no puedo remediarlo… cuando empieces a contarle lo de Víctor me voy a correr encima…

– Mmmmmmmmm, creo que, si nos va a hacer falta que traiga el juguete, porque metérmela ¿no vas a poder, ¿no?, dijo Claudia sonriendo antes de subir por la escalera.

Nervioso y empalmado abrí el portátil y luego el chat. Toni24 ya estaba conectado.

– Hola, chicos, cuantas ganas de hablar hoy con vosotros.

– Hola Toni, soy David, Claudia ahora viene, ha subido a cambiarse.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm, me encanta que se vista para mí…

– Lo sabemos…

– ¿Y qué tal por Madrid?, estoy con ganas de saber lo que pasó…

– Pues creo que muy bien, pero ahora te lo contará Claudia, yo estoy como tú, muchas cosas no las sé y espero enterarme ahora cuando te lo cuente a ti…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm…me encanta, que morbo…adelántame algo, ya puedo decir que eres un cornudo?

– Ya puedes decirlo, sí.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, menuda noche nos espera.

– No me la puedo ni tocar ya, te lo juro…

– Tan excitado estás cornudito?, jajajajaja.

– Si…

– Ya viene Claudia, te dejo con ella…

– Espera, espera, antes cuéntame cómo va vestida, quiero que me lo digas tú, que el cornudo me describa a su mujercita…

– Se ha puesto una camiseta de tirantes blanca, no lleva nada debajo…

– Va sin sujetador?

– Si.

– Mmmmmmmmmmmmmm, se le transparentan los pezones?

– Si, un poco…

– Mmmmmmmmm, que bueno, y debajo que lleva?

– Lleva las piernas desnudas, se ha puesto unas braguitas negras.

– Tanga?

– No.

– ¿Vale, algo más?

– En la mano lleva una polla de goma.

– Joder, vais fuerte hoy, ¿se lo has pedido tú?

– Si.

– ¿No puedes ni tocarte ya, eh cornudo?

– No.

– Anda quítate y deja a Claudia no sea que te me corras encima mientras escribes, déjame hablar con tu mujercita…

Claudia estaba sentada a mi lado leyendo lo que escribíamos y me apartó para ponerse ella delante como siempre y antes de empezar a escribir se giró y me dio un beso suave y sensual rozándome los labios con la lengua.

– Tranquilo…

Para estar tranquilo estaba yo. Pensé que solo con ese beso me corría. En la manera en que había sacado la lengua sabía que ella también estaba ya muy caliente. Conocía muy bien a Claudia. Comenzó a chatear con Toni y yo inmediatamente pegado a su espalda pasé las manos hacia delante y le agarré las tetas sobándoselas con ganas.

– Despacio, despacio, dijo Claudia casi jadeando.

Estaba más cachonda de lo que pensaba.

– Hola Claudia.

– Hola.

– Así que ya lo has hecho, ¿qué tal en general?, mejor de lo que pensabas?

– Yo creo que si…

– Y el cornudito como se lo ha tomado?

– Muy bien, aquí le tengo detrás jadeando como un perro, en cualquier momento se me corre en los pantalones…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm…bueno, pues cuando quieras cuéntame si quieres desde el principio, antes dime que llevabas puesto ese día, quiero imaginármelo bien.

– Me puse una camisa blanca y debajo una mini falda de cuero hasta la rodilla color granate, zapatos de tacón.

– Muy elegante y sexy a la vez.

– Si.

– Y debajo que llevabas?

– Un conjuntito que me había regalado el cornudo por la mañana…

– Ah sí?

– Si, muy bonito, semitransparente de color morado clarito…

– Joder.

– Entramos juntos a la tienda cuando lo vimos y me lo compró para la noche, tiene buen gusto el cornudito para esas cosas, jajajaja.

– Mmmmmmmmmmmm que bueno, le tienes bien enseñado, vale sigue contándome, donde quedasteis con Víctor?

– Quedamos en el mismo hotel, había reservado allí para cenar.

– Y que tal fue la cena?

– Bien, más o menos como la otra vez, aunque se notaba que era distinto.

– Distinto ¿por qué?

– Era como que ya estaba todo más definido los roles de cada uno, David estuvo muy callado y apartado durante la cena, estaba allí prácticamente mirando, casi no intervino en la conversación…

– Mmmmmmmmmmmmmm, y que pasó después de la cena?

– Antes de terminar me fui al baño y se quedaron hablando Víctor y David, cuando volví habían quedado en que Víctor y yo nos tomáramos una copa a solas mientras él nos esperaba en el hall del hotel.

– Y te pareció bien?

– Si.

– Y que pasó cuando fuisteis a tomar la copa?

– Pues ya sabes, intimamos un poco más y Víctor me propuso ir a su habitación, había reservado una en el mismo hotel donde estábamos nosotros.

– Buena jugada, el muy cabrón no quería dejarte escapar.

– Si.

– Y después?, se lo fuisteis a decir a David, ¿le dijiste que subiera con vosotros?

– No, prefería estar a solas, si él hubiera estado delante no sé si hubiera podido hacer nada, estaba muy nerviosa y si además estaba pendiente de David creo que hubiera sido un desastre.

– Entiendo, así que le dijiste a David que te subías a la habitación con Víctor.

– Si.

– Y que te dijo?

– Nada, que disfrutara, se notaba que estaba muy excitado.

– Seguro, lo mismo hasta ya se había corrido, jajaja, ¿y tú como estabas?

– Yo puede que también, pero estaba casi más nerviosa que excitada.

– Y entonces os subisteis a la habitación?

– Si.

– Que pasó luego?

– En el ascensor nos besamos, un beso normal, con lengua, yo estaba muy nerviosa y Víctor lo notó, me dijo que me tranquilizara.

Yo seguía detrás de Claudia leyendo lo que iba chateando con Toni24. Le iba dando besitos por el hombro y apenas le rozaba los muslos con las manos. No podía ni tocarme la polla y decidí volver a acariciarle las tetas. Solo que esta vez noté como mi mujer tenía los pezones tiesos, debían estar rozando con la tela y en cuanto se los apreté por encima de la camiseta Claudia gimió.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh, despacio…ufffffffffffffff…

Luego siguió chateando.

– Sigue.

– Por el pasillo íbamos agarrados y antes de entrar en la habitación nos dimos otro beso en la puerta.

– Te gustó el beso?

– Si, Víctor se estaba comportando muy bien, cuando entramos en la habitación abrió el mueble bar y me puso una copa sin que le dijera nada, luego nos sentamos en la cama.

– Y qué pasó?

– Estuvimos unos minutos hablando mientras tomábamos la copa y a la vez nos íbamos dando pequeños besos. Cuando terminamos la copa nos tumbamos en la cama y nos seguimos besando.

– Ya estabas más excitada?

– Si, mucho más, también me había tomado un par de copas junto con el vino de la cena y estaba más desinhibida, aunque siguiera nerviosa, entonces Víctor comenzó a desabrocharme la camisa muy despacio, luego me la quitó. Se levantó un poco para mirarme bien y me tocó los pechos muy suave, me dijo que estaba muy buena.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmm, ya la tengo bastante dura. Me estás poniendo cachondísimo con el relato, sigue…

– Pues seguimos igual y nos quedamos en ropa interior en la cama, mientras nos seguíamos besando y tocando, se fijó en la ropa interior, me dijo que era muy sexy…

– Ya le habías tocado la polla?

– No.

– Por qué?

– Me daba corte.

– Pero él si te tocaba a ti.

– Si y luego se puso encima de mí, como si estuviéramos haciéndolo ya.

– Se puso sobre ti?

– Si.

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, le notaste la polla contra tu cuerpo?

– Si, la tenía muy dura, se notaba bien grande bajo el bóxer, además.

– Joder y que pasó?

– Que después empezó a desnudarme…lo primero que me quitó fue el sujetador, me apretó los pechos con la mano y luego bajó a besármelos y lamerlos, siguió bajando con la lengua por el estómago y cuando llegó debajo me quitó muy despacio las braguitas. Ya estaba completamente desnuda.

– Puffffffffffff, que morbo, ¿cómo va el cornudito?

– Aquí está detrás jadeando, no pierde detalle de lo que te cuento, jajajajaja.

– Jajajajajaja, dile que aguante…

– Me dice que no le queda mucho para correrse.

– Jajajajaja, que patético, venga sigue contando, que me la estás poniendo durísima.

– Pues luego bajó más y me lamió ahí abajo, yo no quería que lo hiciera, me daba vergüenza, pero él insistió y me retiró las manos, así hizo que me corriera por primera vez.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, era bueno comiéndote el coño?

– Si, muy bueno, además a la vez que lo hacía me metió dos dedos y me encantó.

– Joder…sigue…

– Luego se desnudó él.

– Por fin le viste la polla.

– Si.

– Te gustó?

– Si, era muy bonita, grande, proporcionada, la tenía durísima, tenía el vello púbico cortito, se notaba que se lo arreglaba.

– Se la agarraste?

– No, enseguida sacó un preservativo, lo tenía preparado, se quedó de rodillas ante mi mientras se lo ponía, como mostrándome lo que me iba a meter, estaba muy seguro de sí mismo…

– Y tu seguías abierta de piernas, esperándole, ¿no?

– Si…

De repente mi polla volvió a palpitar, me resultaba morbosísimo leer como a mi mujer le acababan de comer el coño y como estaba abierta de piernas, desnuda, a punto de ser follada por Víctor.

– Claudia, voy a correrme, dije yo.

– No, espera, antes quiero que me desnudes para Toni…luego córrete si quieres…

Se puso a escribir de nuevo.

– Llámame Toni, quiero verte…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm, ya estás tan cachonda?

– Si, llámame…

…Toni24 llamando…

Claudia le contestó la video llamada y apareció la monstruosa polla de él en la pantalla del portátil. Como siempre tenía una erección de matrícula de honor. No podía estar más dura aquella verga. En un recuadrito abajo a la derecha salía el cuerpo de mi mujer y mis manos en sus costados.

– Vamos cornudo, ¡sóbale las tetas joder!, no ves lo cachonda que está?, dijo Toni.

Claudia en vez de hablar con él seguía escribiendo, yo le hice caso y pasé las manos hacia delante para ponérselas sobre los pechos, Claudia se giró para ordenarme.

– ¡Quítame la camiseta!

Levantó los brazos y la obedecí. Ahora le mostraba sus preciosas tetas a Toni.

– ¡Joder que tetazas tienes!, así me gusta cornudo, que la desnudes para mí, no me extraña que el tal Víctor te las comiera, yo hubiera estado horas jugando con ellas, diosssssss que tetas de pija tienes, son perfectas y el puto cornudo no te las puede ni tocar porque si no se corre, ¡manda huevos que desperdicio!, dijo sacudiéndose el pollón ante la cam.

– Dice que se va a correr ya, escribió Claudia.

– Ni tan siquiera va a aguantar a que me cuentes como te la metieron y le hicieron un puto cornudo?

– No creo que pueda aguantar.

– Pero dile que te sobe las tetas joder, no puedo ver esas dos preciosidades y el otro detrás sin tocártelas…¡¡¡vamos cuéntame cómo te folló!!!

Toni se masturbaba a un ritmo medio, otros días lo hacía bastante más rápido, se notaba que él también estaba muy excitado aquella noche y no quería precipitar su orgasmo. A mí la polla literalmente me palpitaba sin tocármela y Claudia comenzó a escribir, iba a contar como se la había follado Víctor por primera vez. Me apoyé en su espalda, le di un besito en el hombro y gimoteé. No podía seguir leyendo o iba a explotar.

– Claudia, creo que voy a correrme…

Mi mujer borró lo que estaba escribiendo y puso.

– David, dice que se va a correr.

– Joder, dile que deje de interrumpir ya, que no se la toque, no te merece ese cornudo…dile que se quite, que se siente en una silla y te mire…

Yo me quedé sorprendido de la petición de Toni, pero a Claudia no parecía importarle.

– Dile que se siente y que te mire, va a disfrutar como un buen cornudo.

– Se va a correr igual.

– Pues que no se la toque, ¡átale!, eso es, átale las manos con unos cordones de zapatillas en una silla y que mire como te tocas el coño para mí… ¿qué te parece?

Yo parecía que no tenía opinión en todo este asunto, Claudia y Toni estaban organizando el juego y yo solo era un monigote al que manejar a su antojo. Sin embargo, la idea me encantó, aunque aun así tampoco estaba muy seguro de si me iba a correr sin tocármela. Mi mujer se giró y me dio un beso en la boca.

– ¿Qué te parece?

– Vale, pero luego quiero ver como te masturbas delante de él, quiero que te folles la polla de goma para que lo vea…

– Busca unos cordones, dijo Claudia bajando la tapa del ordenador después de escribir “ahora vuelvo” …

Subí rápido a la habitación y a toda velocidad le quité los cordones a unas zapatillas de deporte, cuando volví a bajar Claudia había puesto una silla del salón a un lado entre el sofá y la mesa donde estaba el ordenador. Me senté y sin decir nada eché las manos hacia atrás, Claudia vino hacia mi tan solo con las braguitas puestas y me ató las manos a la silla por separado, no lo hizo muy fuerte, pero lo suficiente para que no pudiera soltarme y además me dejó con la polla dentro de los pantalones. Estaba a su merced. Luego me pasó las tetas por la cara unos segundos jugando conmigo y se volvió a sentar. Abrió la pantalla del ordenador, desde mi posición no podía leer lo que escribía, pero me daba igual.

Estaba a punto de asistir a un espectáculo morbosísimo.

– ¡Desnúdate!, dijo Toni.

Claudia se quitó las braguitas y luego se abrió de piernas mostrándose ante Toni.

– ¡¡Joder qué coño!!, ¡¡¡ábretelo cerda!!!

Mi mujer tiró de los labios vaginales hacia fuera mostrándole su interior que brillaba de lo excitada que estaba. Se acarició los laterales de su vagina subiendo y bajando por ella.

– ¡Tócate las tetas con la otra mano!

Claudia cerró los ojos y se sobó ella misma los pechos mientras cerraba los ojos y con la otra mano se masturbaba muy despacio. Había dejado de relatarle el primer encuentro con Víctor y ahora ya se pajeaban los dos frente a la cam. Sabía lo que venía a continuación.

– ¡Coge la polla de goma y empálate en ella!, ¿qué tal va el cornudito?, dijo Toni.

– Ahí sigue atado, dijo Claudia.

– Mmmmmmmmmmmmmm, me encanta tu voz y más cuando estás cachonda, quieres meterte el consolador?

– Si…

– Pues hazlo joder…yo te reconozco que hoy estoy como el cornudo, casi no puedo ni tocarme, dijo dándose un par de sacudidas al pollón que tenía las venas hinchadísimas.

Claudia cogió el juguete de goma y lo puso en el sofá apuntando hacia arriba, luego sujetándolo con la mano levantó las caderas y se lo puso a la entrada de su vágina. Tenía los pies apoyados en el sofá en una postura algo incómoda, pero era la mejor para mostrarle el coño a Toni. Nuestro ciber amante iba a ver con todo detalle como mi mujer se clavaba aquel consolador. Antes de hacerlo Claudia me miró y se lo fue metiendo poco a poco aguantándome la mirada. La cara de zorra que ponía era acojonante y la polla me dio una sacudida bajo los pantalones cuando en un gemido ahogado me confirmó que ya la tenía toda dentro.

– ¡¡JO-DER!!, fue lo único que dijo Toni que parecía que se había quedado sin palabras.

Claudia parecía concentrada en lo que estaba haciendo, en ese momento no había nada más en su cabeza. Solo sexo. Comenzó a cabalgar sudorosa aquella enorme polla de goma. Lo hacía lento y mirando a la pantalla del ordenador para verse ella misma. Se recreaba en el recorrido y cuando parecía que se le iba a salir volvía a bajar metiéndosela dentro por completo otra vez. Si me dicen hace meses que Claudia iba a hacer eso delante de un desconocido por la cam del ordenador no me lo hubiera creído.

En este caso la realidad superaba las expectativas.

Toni no decía nada, solo asistía al espectáculo que le brindaba mi mujer meneándose la polla muy despacio. Una de las veces que Claudia subió hacia arriba se le salió sin querer el consolador quedándose el pollón extendido a lo largo de su coño. Ella se siguió moviendo frotándose con él cuando lo tenía fuera.

– ¡¡Esto es la hostia!!, ¡¡que puta cerda eres!!, cógete la polla y date golpecitos con ella en el coño, dijo Toni.

Claudia le obedeció al momento. Me encantaba como le hacía caso en todo a las peticiones de Toni24. Era como si la excitara no llevar ella el dominio de la situación a la que estaba acostumbrada en su vida cotidiana. La polla de goma hizo un sonido característico al golpear contra el cuerpo de mi mujer. Yo cerré los ojos porque no podía seguir mirando, aunque seguía escuchando los golpes del consolador contra el coño abierto y chapoteante de Claudia y como ella gemía a cada contacto. O me tapaba los oídos también o iba a correrme viendo como salpicaba su vagina a cada impacto con el falo de goma, el estar atado y no poder tocarme no iba a ser impedimento para que lo hiciera. Aquello era una tortura. Por suerte Claudia volvió a introducirse el juguete en su interior, con un gemido que retumbó en el salón.

No quedaba mucho para que terminaran los dos. El gemido grave y ahogado de Claudia era típico en ella cuando estaba a punto de llegar al orgasmo. Sujetando la base de la polla de goma incrementó el ritmo de la cabalgada, levantando las caderas para mostrarse bien. Como buen cornudo me hubiera encantado sujetar el consolador para que ella estuviera más a gusto y pudiera sobarse las tetas, pero a mi mujer le daba igual.

El primero que se corrió fue Toni. La visión del coño abierto de Claudia también fue demasiado para él.

– ¡Que buena estás, que buena estás!, es todo lo que decía mientras llenaba de semen su cam con una corrida formidable.

La pantalla del ordenador nuestro se cubrió por completo con goterones que escurrían hacia abajo. A Toni ni se le veía detrás del blanco de sus fluidos. Claudia gimió un poco más alto y me miró sin dejar de follarse la enorme polla de goma. También se estaba corriendo ya.

– Ahhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhh….ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!

Cerró la tapa del portátil y se sacó el consolador para después caer tumbada en el sofá. Todavía jadeaba y tenía el coño abierto como ofreciéndoselo a alguien para que se la follara. Me miró a ver como estaba. Sabía que me acababa de dar un espectáculo maravilloso.

Pero aquello no había terminado.

Desnuda y sudorosa se levantó y vino hacia mí, el ambiente en el salón estaba cargado de humanidad, sexo y morbo. Las tetas se le bamboleaban a cada paso y Claudia era en ese momento la viva imagen de la sensualidad. Me dijo que levantara las caderas para poder bajarme el pantalón. Ni se molestó en quitármelo por completo, me lo dejó por los tobillos y con mi polla apuntando hacia el techo pensé que me iba a follar, pero inclinándose hacia delante me la cogió con la mano.

Yo seguía con las manos atadas en la espalda y me daba mucha rabia no poder tocar el cuerpazo de mi mujer, que ahora olía a sexo después de haberse corrido.

– ¿Te ha gustado?, me dijo con voz sensual a la vez que empezaba a pajearme.

– ¡Ha sido la hostia!

– Pues córrete cornudo…me ha encantado tenerte así, que me vieras como me tocaba para otro…

No tuvo que decir ni una palabra más. Yo tampoco estaba para mucho. Mientras el pecho de mi mujer me rozaba el brazo al masturbarme a la quinta sacudida estallé en una corrida que ella se encargó de que me cayera encima apuntando hacia mí. Después de limpiarse en mi muslo los escasos restos de semen que tenía por la mano comenzó a ponerse las braguitas y después el sujetador con toda la tranquilidad del mundo sabiendo que yo la estaba mirando.

– Jajajajaja, estás para una foto, me dijo en broma…

– Claudia…todo esto me está volviendo loco…

– Lo sé, dijo viniendo hacia mí y desatándome las manos.

– Quiero verte como follas con otro, me da igual si es Víctor o quien sea, ¡pero quiero verlo!, te lo digo muy en serio.

Con la polla de goma en la mano y en ropa interior me dijo antes de subir a la habitación.

– Tenemos que hablarlo más tranquilamente, Víctor me ha dicho que quiere volver a quedar cuando pasen las Navidades…

14

El último día antes de las vacaciones navideñas el director había invitado al resto de profesores a un pequeño convite con canapés y refrescos. Estaba hablando con otro profesor, pero no podía dejar de mirar a Claudia que llevaba una falda negra cortísima que realzaban sus fantásticas piernas. Con aquellas gafas negras de pasta y perfectamente maquillada estaba impecable, como siempre, ¿qué pensarían los alumnos al verla así vestida?, se dijo para sí mismo el viejo, la falda era quizás demasiado corta, muy poco apropiada para dar clase a jovencitos con las hormonas revolucionadas, el resto de compañeros hablaban con ella, algunos con envidia, otros por peloteo, sabiendo que iba a ser la futura directora del instituto. “Bajo aquella minúscula falda he tenido la mano metida en su coño calentito”, pensó Don Pedro relamiéndose, “Y ella lo preparó todo, seguro que sí, no podía haber sido casualidad lo que pasó, además se me insinúa constantemente con esas faldas y esas poses cuando viene a mi despacho”, “se pone junto a mi pudiendo estar tranquilamente al otro lado de la mesa”.

Claudia se dio cuenta de la mirada libidinosa de Don Pedro, pero le ignoraba por completo, como si no le viera. Ya le tenía en el punto del juego donde quería, le tenía en ese punto donde Don Pedro pensaba en ella constantemente, pero a la vez estaba confundido, mandándole mensajes contradictorios, un día era amable con él y al otro día una borde, un día una zorra calienta pollas y al otro una estrecha, un día era simpática y al otro desagradable. No había engatusado a Don Pedro para ser la próxima directora, no lo hacía por eso, además el puesto se lo merecía, nadie se había preparado mejor que ella, Don Pedro solo era un viejo inocente con el que podía tener un juego secreto muy morboso y excitante. Y nadie se enteraría jamás.

Sacaron una botella de champán y se llenaron las copas.

– Por la próxima directora y ¡felices fiestas!, dijo Don Pedro.

Luego brindaron todos y cuando terminaron cada uno se fue a su despacho a terminar de recoger. Claudia llevaba un maletín y el abrigo colgado del brazo y antes de irse a casa tocó en la puerta de Don Pedro que estaba de pie también preparándose para salir.

– Ya me voy, ¡felices fiestas!, dijo Claudia pasando dentro y dándole dos besos al viejo.

– ¡Felices fiestas, hija!

– Páselo muy bien con la familia y en unos días nos vemos…

– Lo mismo digo, aprovecha para descansar y disfrutar de la familia.

– Gracias, dijo Claudia andando hacia la mesa del director y sentándose en ella a la vez que cruzaba las piernas.

La pose era terriblemente excitante y la falda era tan corta que parecía que se le iban a ver las braguitas. Don Pedro no sabía que pasaba, aquello no venía a cuento ahora.

– Después de fiestas empezamos con las reuniones, quiero que me enseñe todo lo que tenga que saber para ser una gran directora como usted…

– Si, si, cuando quieras, dijo el viejo al que solo le faltó babear mirando los muslos de su jefa de estudios.

– Creo que lo vamos a pasar bien, dijo Claudia levantándose y rozando el brazo de Don Pedro al pasar a su lado, – Felices fiestas…

No pudo ni articular palabra, solo se quedó mirando como ella movía el culo al caminar hacia la puerta. Cerró los ojos y se recreó en el ruido de los tacones de Claudia mientras se alejaba por el pasillo. Se echó la mano a la bragueta sin poderse creer lo que le estaba pasando. Tenía una formidable erección.

Continuará…

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