AURORA MADARIAGA

Capítulo 28
Comenzó como un pequeño gesto. Como las notas tentativas de una sonata. El roce de
sus labios sobre su cuello, el beso cálido y húmedo en la clavícula, el leve tirón de su
jersey por el hombro. Nuada la envolvió con su presencia imposible de obviar. Loreto
se dejó abrazar por su calor y perfume. Buscó su boca con sed y hambre moribunda, la
atrajo por la cintura hasta elevarla a su nivel. La tomó en los brazos. Loreto se sintió
levitar y se colgó de su cuello prendida de su boca insaciable. Aterrizaron sobre la
cama amalgamados completos en la oscuridad de los ojos sellados. La música de su
respiración agitada, las palmas de sus manos explorando su piel, desnudándola.
Desató su cinturón de seda, los broches de su pechera, los botones de su gabán. Había
tiempo y a la par, no alcanzaba la paciencia a esperar por extinguir el fuego
descontrolado de sus entrañas por él. Nuada se lanzó a besar sus pechos así como
besaba su boca, profundo y lento. Loreto gimió de placer a la exquisita cosquilla que
atacó su sexo como un latigazo de placer. Todos los poros de su piel se erizaron. Cada
célula de su cuerpo estaba en sintonía con él. Se abrió paso hasta su abdomen y bajó
besando su vientre mientras desataba sus jeans. Su calma la estaba torturando. Loreto
lo atrajo hacia ella, lo volteó sobre el colchón y se montó sobre él a horcajadas. Abrió
su gabán y se lo arrebató hasta tirarlo al suelo. Besó su cuello, bajó por sus pectorales y
abdomen a los gemidos entrecortados de Nuada. Loreto reparó en las grandes
cicatrices que cruzaban su pecho y bíceps. Las rozó con las yemas de los dedos
temiendo hacerle daño y lo interrogó con la mirada. Nuada la tomó por la nuca y le
comió la boca con ansias. Dejó sus manos recorrer la geografía cincelada de sus
músculos hasta llegar a su pantalón. Su erección punzó dura contra su vientre a través
de la tela. Aventuró a acariciar su entrepierna y lo hizo gemir abandonado a tan simple
toque. La giró contra la cama y diestro se deshizo del resto de sus prendas y las suyas.
Sentir su cuerpo desnudo sobre ella la terminó por derretir por completo. El río de su
entrepierna corría ahora fuera de su cauce. Él aventuró una mano hacia sus
profundidades con sus pupilas ámbar concentradas en ella. Sus iris dilatados
penetrando su alma, su frente apoyada en la suya, sus largos cabellos oxigenados
cerrando el paso al mundo exterior a su alrededor. Su intromisión la tomó por sorpresa
y sin embargo, un hambre bestial por él la invadió. Le imploró con la boca voraz
enredando su lengua con la suya en un vaivén frenético. Se separó de ella un instante,
la miró incisivo por debajo de su prominente ceño como el depredador a punto de
devorar a su presa. Se hundió en ella lento hasta sentirlo llenarla por completo. Loreto
arqueó la espalda al cielo y gimió abandonada. Lo abrazó por la espalda y glúteos con
brazos y piernas y con el alma entera hinchada de querer. Lo recibió dentro suya con
todo lo que podía darle. Besó su boca oscura entre los gemidos guturales de ambos con
el pecho palpitando fuerte de amor. Sus arremetidas tentativas y torturadoras al
principio pronto dieron paso a un desenfreno despiadado. Su peso sobre ella la
sofocaba, jadeó por aire y gimió a su oído cada vez más alto incapaz de detener la
presión abrumadora que sus profundas embestidas estaban provocando. Se abrazó a
sus fuertes hombros como un náufrago en alta mar. Nuada gemía ronco y entrecortado
a su oído, sus gotas de sudor aterrizaron sobre su frente. Sus cuerpos bien lubricados
de sudor seguían su pasional baile apretado como un solo ser batallando consigo
mismo. Nuada lamió su cuello sudado, bajó a sus pechos y atacó sus pezones erectos
con dientes y lengua. Su ritmo se intensificó aún más, en su núcleo la cuenta atrás
comenzó a punto de ebullición. El universo entero dejó de existir, la Tierra de girar, el
reloj de avanzar. Las olas de su orgasmo la paralizaron en una apnea suspendida entre
exquisito dolor y lacerante estremecimiento. Tres embistes más tarde Nuada culminó
atrapado en deliciosa agonía escrita en sus facciones. Jadeó por aire dentro de su boca.
Dentro de sus ojos, en el abismo de sus iris dilatados, Loreto vio su reflejo.
Despeinada, sonrojada, con la boca irritada, el sudor perlado sobre la piel. Rió. Rió
como un desahogo. Nuada la imitó. Todavía temblaba muy dentro suya. Se apartó
hasta abandonarla y colapsó de espaldas sobre el colchón.
*
—¿Desde cuándo tienes estas cicatrices? ¿Qué te ocurrió?—Loreto susurró contra su
piel abrazada a su pecho.
Besó las marcas apenas rozando los labios. Parecían el resultado de profundos cortes.
Su corazón se apretó por él y el dolor que debe haber sentido.
—Demasiado viejas para recordar—Nuada susurró ronco—. Aquella no fue la primera
vez que los humanos me capturaron, te lo dije—acotó al tiempo que acariciaba su
cabello y espalda.
Su voz grave retumbó dentro de su torso. Su corazón palpitaba lento. Demasiado lento.
Se elevó a encararlo y acarició las cicatrices.
—¿Los humanos te hicieron esto?
Nuada asintió leve y parpadeó una vez. Acarició su rostro y sonrió leve por las
comisuras de su boca negra.
—¿Por qué no sanaron como mi herida de bala entonces?—Loreto preguntó todavía
concentrada en las prominentes cicatrices en su piel blanca grisácea.
Nuada sonrió con empatía. Acarició su rostro con los nudillos al tiempo que recorría
sus facciones con la atenta mirada dorada. Sus pupilas se dilataron hasta abrir sus iris
al máximo.
—Estaba lejos de Bethmoora cuando ocurrió—dijo ronco—. Abandoné el reino luego
que mi padre decidiera transar la paz con los humanos. No faltó mucho para que me
reconocieran y tomaran prisionero. Sanaron por sí solas.
Habló con un tipo de resignación y aceptación que heló sus huesos. Le habían
torturado, y en aquella oportunidad nadie le había ayudado, Loreto supuso. Sus ojos se
rebalsaron de lágrimas y el llanto por su dolor se agolpó violento contra su garganta.
Lo abrazó fuerte hasta envolverlo completo con su cuerpo. Nuada la abrazó de vuelta.
Exhaló fuerte a su oído como un suspiro agotador. Loreto se volvió a arrimar a su pecho
y se quedó así por un largo rato. El pulso de su pecho era lento y constante, como un
segundero atrasado.
—¿Por qué tu corazón late tan lento?—Loreto preguntó y posicionó su mano sobre su
pectoral izquierdo—¿Estás bien?
Nuada sonrió.
—Nuestros cuerpos funcionan distinto a los vuestros. Todo en nuestros organismos
avanza lentamente. Estoy bien—dijo en voz baja y rozó la boca irritada de Loreto con
el pulgar.
De pronto la volteó a su espalda y se arrimó a su pecho. Se abrazó a su cintura
encorvado contra ella como si implorara un abrazo suyo. Loreto no pudo evitar
enternecerse. Enredó los dedos en su larga melena y rascó su cuero cabelludo mientras
que con la otra mano acariciaba su fuerte brazo sobre su abdomen.
—El tuyo es una batería de guerra—Nuada dijo con fascinación en la voz y la oreja
pegada a su pecho.
Besó sus pechos como pequeñas caricias y avanzó su camino hasta su vientre.
—Pronto el fruto de nuestro amor comenzará a crecer en ti—susurró contra su piel.
Recorrió su piel lamiendo y rozando todo a su paso hasta llegar a su boca. Se besaron
con sabor a ilusión desmedida, ingenua y nueva. Lo miró a los ojos. Lo amaba con toda
el alma. Nunca había querido tanto a un hombre en su vida. Nuada no era un hombre
y quizás por esa misma razón sentía el imperativo avasallador de protegerlo con su vida
si fuera necesario. De pronto el recuerdo de su aborto natural le apretó el pecho de
angustia. Entonces la duda se plantó en su mente y oscureció el momento. Él lo notó.
—¿Y si los hijos que pueda darte no heredan tu inmortalidad? ¿De qué te serviría un
heredero mortal para el trono de un reino elfo?—Loreto susurró dentro de su boca con
la voz entrecortada. Tomó su rostro en las manos—. ¿Y si mi cuerpo no es capaz de
albergar vida?—dijo reducida al miedo de perderlo.
Nuada la abrazó fuerte contra su hombro.
—Entonces será Nuala quien tendrá que convertirse en madre de un heredero—
susurró a su oído. Se apartó para encararla—. Si solo buscara un heredero hubiera
tomado a cualquiera elfa del reino como mi esposa y no habrían podido negarse. Yo te
amo a ti y es contigo con quien quiero volver a empezar. Con o sin el trono, con o sin la
corona, con o sin heredero, ya soy incapaz de imaginar mi existencia sin ti, Loreto.

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