ALMUTAMID

Despertarte con tu chica al lado siempre es un buen despertar. Despertarte con una chica como Claudia es rozar el cielo. Pero desperezarte y abrir tus ojos para encontrarte con los suyos y su sonrisa es vivir ya en la gloria.

-Buenos días dormilón…
-Mmmmm, ¿qué hora es?
-Casi la una…venga, que hay que ponerse en marcha, que tenemos que aprovechar bien el día para que por la noche…-me guiñó un ojo.
-No me has dado ni un besito…-me quejé.
-No me atrevo-dijo extrañándome hasta que desvió su mirada hacia mi erección matutina totalmente visible por mi desnudez.
-Ven aquí tonta…-y la tomé de la barbilla para que me besara.

Bajamos de la cama y Claudia se vistió para ir al baño y a su dormitorio por ropa limpia. Yo también fui al baño a asearme y espabilarme. Después pasé por el dormitorio de Víctor a avisar a la parejita.

-Llevamos un rato esperándoos-me dijo.
-Y ¿por qué no habéis avisado?-pregunté.

Víctor me sonrió dando a entender todo.

Esperamos a Claudia abajo y salimos disimuladamente los cuatro a nuestra cafetería. Las chicas iban atrás hablando muy bajito con risitas y abrazos. Nunca he comprendido qué se cuentan las mujeres en esos casos para que les de tanto tiempo de charla. Pero por fin una vez recogidos los bocadillos y cafés hicimos nuestro desayuno-almuerzo (eso de brunch me suena muy raro) ya habitual desde que empezamos los exámenes. De nuevo empezamos a hacer planes. Íbamos a intentar estar de lunes a viernes en la playa y hacíamos tantos planes que no nos iba a dar tiempo a todo.

En la residencia hacía mucho calor. Más que en la calle. No sé quién diseñaría ese edificio en el que nos cocíamos en invierno y nos seguíamos cociendo en verano. En mi habitación daba el sol por la tarde así que nos metimos los cuatro en el de Víctor para estudiar, pero el calor era insoportable. Y no queríamos tener la puerta abierta aunque hacía corriente con la ventana por disimular la presencia de Lourdes. Así que estábamos los 4 tirados en el suelo, los chicos sin camiseta, Claudia con un top cortito de deporte y Lourdes optó por anudarse la camiseta bajo el pecho para dejar la barriga y la espalda al aire.

A media tarde recibí un mensaje de Silvia:

“Hola guapo, ¿cómo estás? Te escribo por si te apetece dar una vuelta esta noche para despejarte. Te prometo que seré buena.”

Se lo comenté a Claudia. Me pareció una forma de demostrarle que no le escondía nada.

-Déjame que yo le conteste…-fue su respuesta.
-A ver qué le vas a poner…

Tomó mi teléfono t empezó a escribir lo siguiente:

“Hola. No te preocupes por mí. En la residencia he encontrado a alguien que la chupa…”

Le quité el teléfono de la mano diciéndole: “¿Pero que escribes loca?” mientras Claudia se partía el culo y Víctor y Lourdes nos miraban extrañados.

Contesté educadamente:

“Hola. Tengo examen el lunes y me toca estudiar todo el fin de semana. Gracias por la invitación.”

Al minuto respondió:

“Si necesitas relajarte, ya sabes…”

-¿Qué te dice?-preguntó Claudia.

Y le enseñé la pantalla.

-¿Ves? Si me hubieses dejado contestar no insistiría…
-Pero es que eso no es verdad-le respondí con cara maliciosa.

Claudia sonriéndose me dijo al oído:

-Porque anoche no me dejaste…-y se volvió a sentar con sonrisa maliciosa.
-Secretitos en reunión son de mala educación-dijo Víctor.
-Nada- contestó Claudia- éste que tiene una tipa que se lo quiere beneficiar y no le da largas del todo…
-No es eso- me quejé.
-Es broma, Luis…-se defendió.

Entonces cogí el móvil y delante de Claudia escribí:

“Gracias por el ofrecimiento pero últimamente estoy muy relajado”.

Claudia me besó la mejilla y le dijo a los chicos: “Qué educadito es mi Luis”.

Sin nada más interesante llegó mi hora de correr. Dejé a los chicos en la residencia pues Lourdes había avisado en la su residencia que tampoco dormiría esa noche pues era el último fin de semana de los cuatro en la ciudad así que fueron a las duchas para ducharse las dos y que Claudia le dejara ropa. Aunque Lourdes era más alta le valdría seguramente.

Yo tenía que salir obligatoriamente pues tenía que pasar por una farmacia. De hecho fue la primera parada. Caja de 24, que nunca se sabe y a seguir corriendo. Volví a la residencia. Guardé los condones y me fui a la ducha. Cuando yo salía entraba Víctor así que espere que terminara para bajar con Claudia al comedor y llevarnos comida para los cuatro. Regresamos al dormitorio de Víctor donde nos esperaba Lourdes y cenamos los 4 en buen ambiente. Después nos pusimos a estudiar aunque yo estaba bastante impaciente y hacía ruiditos con la pierna por los nervios deseando que Claudia viera el momento de irnos a mi dormitorio. Hasta las 3 de la mañana me tuvo calentándome mandándome sonrisas y besos cuando nuestras miradas se cruzaban. Por fin no pude más y me levanté:

-Ya no me caben más fechas y nombres en la cabeza-dije-voy al baño a echarme agua y al dormitorio a descansar.

Claudia rápidamente recogió sus cosas y me dijo:

-Espera que te acompaño…

Nos despedimos de la parejita y soltamos los apuntes en mi dormitorio antes de irnos al baño. Yo salí antes que ella que pasó antes por el suyo para coger el neceser. La esperé y regresamos por el pasillo entre carantoñas y golpecitos en los respectivos traseros.

Llegamos a la puerta del dormitorio y le pedí que esperara un instante fuera. En realidad cuando fui a correr no sólo había pasado por la farmacia cuando salí a correr. Cuando la dejé pasar se sorprendió por mi montaje. Había comprado velas y las había dispuesto encendidas sobre las mesas el suelo y alrededor de la cama dándole un ambiente íntimo al dormitorio y había puesto en el ordenador un mix de baladas de rock como música de fondo. Claudia se sorprendió por el montaje pero parecía también algo conmovida.

-¿Por eso estabas impaciente?-dijo al fin.
-¿No te gusta?-pregunte.
-Me parece cursi…-respondió dejándome planchado-…pero sé que querías agradarme y que todo fuese bonito y por eso ¡me encanta!-dijo finalmente echando sus brazos a mi cuello para besarme.

Yo la abracé por la cintura.

-Quiero que nuca olvides nuestra primera vez…-le dije abrazándola fuerte.

Entonces sin decir nada se soltó de mí y me quitó la camiseta mirándome a los ojos. Yo colaboré levantando los brazos. Después separándose de mí se quitó su sujetador deportivo liberando sus pechos que lucían a la luz trémula de las velas con sus aureolas oscuras y sus pezones puntiagudos. Los pechos de Claudia tienen la particularidad de ser pequeños y firmes con lo cual su pezón no queda abajo sino que está centrado de modo que sobresalen notablemente sin necesidad de que estén endurecidos de modo que tienen una presencia de cono rebajado rematados en sus dos pitones. Tumbada se aplanan de modo que tienen una forma de meseta rematada en la cumbre de sus oscuros pezones. Los mismos que me habían martirizado durante todo el curso marcados en sus camisetas al libre albedrío de la falta de sujetador y su negación de la ley de Newton, y que al fin desde el día anterior eran míos…

No se detuvo Claudia con el sujetador y de un golpe se bajó shorts y bragas ofreciéndome su desnudez como premio a mi “performance”. Con la luz de las velas su blancura se tornaba anaranjada, sus pezones negros y su vello púbico recortado cobraba vida al titilar de las llamas.

Imitándola me quité calzonas y calzoncillo regalándole la visión de mi polla morcillona en contraprestación por su desnudez. Me repasó de arriba abajo haciéndome sentir deseado y nos quedamos unos instantes mirándonos a los ojos hasta que me acerqué a ella para besarnos de nuevo y pegar nuestros cuerpos. Su piel estaba fresca, a diferencia de la mía que en ese momento debía arder.

La cercanía de su piel y nuestros besos con mucha lengua obraron de nuevo la oposición a la gravedad de la Tierra impulsando mi polla hacia arriba apretada contra su cuerpo. Entonces sentí como su mano la agarraba con suavidad, casi con miedo y Claudia me preguntó:

-¿Has comprado condones?
-¿Crees que me olvidaría de eso?-repliqué.
-Por si acaso Lourdes me ha dado uno, jajajaja…hoy no te escapas.-respondió acariciando mi nabo ya totalmente tieso.

Se separó de mi cara un momento para mirarme y me confesó:

-Luis hace mucho tiempo que no lo hago…¿tendrás cuidado?
-¿Quieres esperar a estar más segura?-le pregunté temiendo su respuesta afirmativa.
-Llevó toda la tarde con cosquilleo ahí abajo cada vez que te miro, tonto…
-Pero ¿ya estás lista?
-Creo que sí…
-Casi ni te he tocado…
-Es que tengo muchas ganas, Luis-respondió bajando la mirada avergonzada.

Nos besamos de nuevo abrazándonos y acariciando hasta donde nuestras manos llegaban. Entonces fui al cajón a por un condón mientras Claudia se tumbaba en la cama. La luz de las velas le daba un aspecto de cuadro antiguo como esas Venus recostadas o reflejadas en espejos. Aunque su blancura y su delgadez me recordaban más a Boticelli que a Velázquez o Tiziano.

-Ven, déjame que te lo ponga yo…

Me recosté a su lado y ella se sentó para ponérmelo. Al sentarse con las piernas flexionadas y abiertas su raja quedaba totalmente a mi vista. Sus labios mayores ligeramente entreabiertos dejaban asomar sus labios menores. Mientras Claudia rompía el envoltorio yo tuve el impulso de tocar su raja con mi mano. Primero la apoyé en su muslo y después alargué mi dedo para acariciar su vello púbico. Claudia dio un respingo.

-Me haces cosquillas…

Pero como si nada agarró mi polla, bajó mi prepucio descubriendo mi glande hinchado y apoyó el condón para empezar a desenrollarlo.

-Se te da bien…-dije.
-A Jonathan no le gustaba ponérselo. A pesar de mi mala cabeza por estar con alguien como él, no me fiaba de que se acostara a la vez con otras y siempre lo engañaba de alguna forma para terminar poniéndoselo…-explicaba mientras desenrollaba el preservativo envolviendo mi nabo en él.

Yo a la vez bajé el dedo con el que acariciaba su vello hasta rozar sus labios mayores. Se estremeció de nuevo pero en vez de moverse acarició también mi vello recortado en la base de la polla y con el mismo dedo paseó por mis pelotas haciéndome estremecerme a mí también.

Giré mi mano y la apoyé sobre su coño rozando con mi dedo corazón sus labios menores. Hice ligera presión entre ellos y mi dedo se coló sintiendo su humedad y un calor muy superior al de su piel. Claudia gimió más de sorpresa que de placer por la invasión de mi dedo y soltó mis pelotas apoyando su mano en mi vientre. Entonces no sé por qué cogí el dedo que había mojado en su flujo y lo llevé a mi boca chupándolo.

-Creo que estás lista…y muy rica…
-Eres un cochino…pero me gusta este cochino-reaccionó a mi ocurrencia para encaramar una pierna sobre mí para sentarse encima de mí.
Se puso de rodillas con sus brazos a ambos lados de mis costados quedando mi cuerpo entre sus piernas y mirándome a los ojos me dijo:

-Ahora me toca sentirte…

Cuando Claudia se acomodó sobre sujeté mi polla por la base para que quedara vertical acercándola a su coño. Ella la tomó con la mano y la dirigió a sus labios menores. Noté cuando mi glande se acercaba a su abertura por el calor que desprendía en contraste con su piel más fría. Yo observaba como mi chica se acomodaba adelantando su pelvis para poder controlar la penetración apoyando mis manos en sus muslos.
Por fin noté como mi glande entraba en ella abriéndose paso. Estaba suficientemente lubricada pero su vagina estaba cerrada así que Claudia esperó a que las paredes internas de su sexo fuesen acomodándose a mi nabo invasor. Yo sentía su calor y miraba su cara. Contraía la cara cada vez que ella misma se dejaba penetrar un poco más con movimientos cortos arriba y abajo que me proporcionaban un roce delicioso en parte tan sensible de mi cuerpo. Íbamos despacio. Mejor dicho, Claudia iba despacio controlando como poco a poco se ensartaba un poco más con respiraciones cortas como si estuviera haciendo deporte. Por fin se dejó caer del todo sintiendo mi polla totalmente dentro de ella, apretada aunque no tanto como con Marta hasta sentir sus nalgas apoyarse en mis muslos.

Claudia había exhalado todo el aire de sus pulmones a la vez que tensaba sus brazos sobre mi barriga echando la cabeza hacia adelante con el pelo tapándole la cara. Estaba como en trance, bastante rígida. Cuando por fin dijo:

-Ayyyy, Luis…mmmm, ya estás dentro…
-Ven-la empujé con mis brazos para que se echara sobre mí-abrázame.

La rodeé con mis brazos mientras al echarse hacia adelante un trocito de mi polla se salió de ella, suspirándome en el oído:

-Uhmmmm, Luis, estoy supersensible…

Yo la estreché fuerte pero a la vez empecé a mover ligeramente mis caderas para rozar mi polla contra las paredes de su vagina. Cada leve movimiento mío era un suspiro, un quejido, un gemido de Claudia por lo que mis caderas empezaron a ganar ritmo y profundidad y los sonidos que su boca emitía también. Ya había descubierto cuando le comí el coño y ahora al penetrarla que el sexo con Claudia no era silencioso.

A pesar de ello busqué su boca girando la cara y nos besamos mientras mis caderas no dejaban de percutir. Me encantaba sentirla gemir dentro de mi propia boca. Entonces Claudia se separó de mi pecho sentándose de nuevo sobre mí. Echó la cabeza hacia atrás para quitarse el pelo de la cara y apoyó sus brazos en mi pecho de modo que sus dos tetas a pesar de ser pequeñas y tersas colgaban. Levanté la cabeza para alcanzarlas con mi boca pero no llegaba por lo que mi chica bajó los brazos de mi pecho al colchón. Con el cambio de postura sus pezones se convirtieron en el alimento de mis labios. Habían ganado grosor y dureza. Pero en realidad lo que más cachondo me estaba poniendo en ese momento era la voz de Claudia desde arriba diciéndome entre gemidos a cada golpe mío de cadera:

-Mmmmm, Luis, cómeme, vamos, mama, son tuyas…..sí, sí, ahrggg. Me estás matando, sí…

Jamás había estado con una chica que me hablara así al hacerlo y me ponía mucho más burro. Tanto que en un movimiento rápido la hice caer sobre la cama para encajarme rápidamente entre sus piernas en un misionero. Claudia rápidamente abrió sus piernas para que me pudiera acomodar e incluso tiró de mis nalgas para que volviera a penetrarla ahora ya con más facilidad que la primera vez deslizándose mi polla con facilidad hasta dentro. Empecé a follarla bastante más duro de lo que yo había imaginado para nuestra primera vez pero es que ella me lo pedía:

-Ahmmm. Luis, síiii, así. Clávamela, mmmmm, que bien lo haces…..sí….

En otras chicas yo adivinaba su placer en gemidos, gestos o reacciones en sus cuerpos, contracciones. Sólo aquella mañana en que pillé a Marta desde atrás recordaba gemidos y grititos. Pero es que Claudia me estaba radiando el polvo y cada una de sus sensaciones mientras yo me afanaba en darle placer y aumentar la intensidad de sus expresiones.

-Sí, sí, ahmmmm, que bien, arghhh, Luis. Sigue así, mmmmm, sí, sí, me tienes loca…

Así era imposible un polvo sosegado.

-Mmmmmm, me encanta, dame fuerte, machote, mmmmm, me encanta como te mueves, mmmmmm….

Yo mismo empecé soltar gruñidos a cada arremetida mientras sus manos empujaban mi culo para provocar el choque de nuestras caderas que sonaban al ritmo de mis golpes de cadera. Entonces Claudia levantó las piernas hasta mis hombros en una contorsión imposible para mí pero fácil para el cuerpo flexible de una chica. Con el movimiento mi penetración se hizo más profunda y mis pelotas chocaban en cada una de mis envestidas. Al liberar mis brazos en gran medida de tener que sujetarme podía aplicar más fuerza a mi penetración y como resultado los gemidos de Claudia se agudizaron transformando en un constante “Sí, sí, sí…” Yo sentía que me quedaba poco ya. Tenía la polla a reventar de dura y el cosquilleo de las pelotas ya me subía por toda la espina dorsal anunciando una corrida inminente que no estaba dispuesto a evitar. Entonces Claudia empezó a gemir muy agudo y entrecortado, más un jadeo que un gemido y empecé a sentir como sus piernas se contraían. Yo no paraba de penetrarla al mismo ritmo potente hasta que empecé a correrme entre voces como no recordaba antes:

-Ya, yaaaaaa. Claudia, yaaaaaaaaaa…..

No sé cuántos chorros y pulsaciones daría mi polla llenando el condón de semen hasta que me fallaron los brazos y caí sobre Claudia que escurrió sus piernas por mis hombros dejándolas muy abiertas a ambos lados de mi cuerpo. Yo jadeante intentaba recuperar la respiración y el ritmo cardiaco con mi cabeza pegada a la suya, mis jadeos en su oído y los suyos en el mío totalmente sudoroso cuando de golpe empezó a temblar de nuevo con “ayes” muy agudos, y otra vez pude sentir las contracciones de su sexo con mi polla aun clavada en él. ¿Se estaba corriendo de nuevo? ¿En apenas un minuto?

Levanté la cabeza para verla. Claudia tenía el pelo alborotado, el rostro congestionado, mordiéndose los labios y los ojos apretados. Y de golpe, por tercera vez ¡empezó a temblar! Bajo el peso de mi cuerpo sentía sus piernas temblando y su vientre estremecerse. Quise salirme de ella pero volvió a hablar para pedirme que me esperara.

-Espera, espera, no te salgas todavía…que estoy muy sensible…mmmmm, déjame sentirte un poco más…

Así permanecimos unos 5 minutos con Claudia mordiéndose los labios con los ojos cerrados aunque el temblor de sus piernas había cesado hasta que temiendo tener problemas con el condón lleno de semen me salí de ella tumbándome a su lado…

-Ufff, Claudia…

Pero mi chica parecía ausente aun concentrada en las sensaciones de su cuerpo…

No recordaba tal agitación en mi cuerpo tras un polvo, ni siquiera cuando lo hice a pelo con Viqui y fui incapaz de controlar la corrida. Mi diafragma subía y bajaba llenando y vaciando mis pulmones mientras mi polla seguía palpitando y sensible varios minutos después. A ello sumaba el esfuerzo físico de haber estado bombeando tantos minutos sin parar azuzado por la voz de Claudia.

Pero si yo estaba agitado Claudia seguía como en éxtasis con los ojos apretados, la boca tragando saliva constantemente y sin cambiar de postura. De hecho cuando me giré para abrazarla se estremeció como si se asustara o le diera repeluco aun de tanta sensibilidad.

Entonces me acordé del condón y me lo saqué con cuidado de no derramar su contenido. Había sobrepasado la capacidad del depósito y mi glande estaba empapado de mi semen denso y viscoso. Hice un nudo y lo arrojé fuera de la cama.

Me incorporé de lado y Claudia seguía exactamente igual como se había quedado tras salirme de ella. Sus piernas seguían flexionadas y abiertas dejando su chocho totalmente expuesto y su rostro repetía las mismas contracciones. No me atrevía a tocarla pero estaba deseando hacerlo. Puse mi mano en su muslo y se estremeció de nuevo. ¡Le temblaban las piernas!. Por fin habló echándose las manos a la frente para retirarse el pelo:

-Ummmmm, Luis…uffff, ya ni me acordaba…que rico, ven….

Por fin me acerqué de nuevo a Claudia poniéndome de lado para pasar mi brazo por su cintura. Estaba fría y sudada. Yo estaba también sudado pero muy caliente. Se estremeció al sentir mi mano pero no cambiaba de postura. Me atreví a acariciar su vientre mientras su rostro se contraía más. Era increíble el postorgasmo de mi chica. Ya sin disimulo acaricié su teta sintiendo el pezón aún muy duro.

-Mmmmmm, cuidado, que está muy sensible…-se quejó.

Bajé mi mano por su vientre hasta el muslo. No pude reprimir acariciar su raja. Se estremeció como si le hubieran dado una descarga eléctrica.
-Ay, Luis…para, para, no sabes qué sensible estoy…cómo me has dejado…mmmmm.

Bajó su mano hasta toparse con mi polla que permanecía dura y también muy sensible en el glande. Y la acarició…

-Te vas a pringar de semen…-le dije.
-Mmmmm, no me importa- respondió agarrándola suavemente para acariciar el glande con la yema de su dedo recordándome sensaciones de la corrida reciente- sigues excitado…que bien se ha portado nuestra amiga…
-¿Siempre eres así?-pregunté.

Por fin abrió los ojos para mirarme:

-¿Así cómo?
-Claudia te has estremecido como no recuerdo a nadie y además me has excitado hasta el punto de no poder controlarme…

Por fin bajó las piernas para girarse a mí cambiando la mano con la que acariciaba mi nabo.

-¿Te ha gustado?-me preguntó.
-Ha sido el mejor polvo de mi vida…y eso es porque ha sido contigo.
-Tú has estado muy bien…he tenido un orgasmo superintenso, Luis…todavía me tiemblan las piernas, jajaja.
-Me pegaría una ducha ahora mismo, que sudada tengo…
-No te vayas por favor, quédate aquí conmigo…
Me tumbé de nuevo y Claudia se recostó en mi hombro acariciando mi pecho.
-¿No te huelo a sobaquillo?-le pregunté.
-Es tu sobaquillo-respondió abrazando mi cintura para acomodarse a la forma de mi cuerpo. –Vamos a dormir Luis, que mañana hay que estudiar…
Con esas palabras nos quedamos los dos en silencio. En menos de 5 minutos sentía su respiración fuerte de sueño profundo. No os miento si digo que en ese instante era la persona más feliz del mundo.

A nadie tengo que explicar ese miedo tan masculino de defraudar a nuestra pareja en la cama. Muchos follamos obsesionados con conseguir el orgasmo de nuestra chica para ya después relajarnos y que pase lo que tenga que pasar. El miedo es mayor además por la regla de la inversa duración: el amante novato tiende a correrse más rápido que la amante novata e incluso experimentada. Y aunque algunos nos recuperamos rápido para reiniciar la penetración siempre hay un sentimiento de culpa o vergüenza por más que la otra parte se alegre de tu orgasmo. Que la primera vez que te acuestas con tu chica ella esté supersatisfecha hace que tú lo estés doblemente, por el polvo y por la conciencia.

Con la satisfacción de tener a la chica de mis sueños dormida entre mis brazos y mis huevos vacíos me quedé dormido. Me desperté y me sobresalté por no encontrar a Claudia en la cama. La busqué con la mirada y la encontré desnuda de pie frente a la ventana. Ne levanté sigilosamente y la abracé por detrás pegando mi erección matutina a su culo. Se estremeció al sentirme y giró la cabeza para que le besara la mejilla.

-Buenos días princesa mía…
-Te levantas contento…-me contestó moviendo el culo a ambos lados frotando mi polla.
-Estás helada, ¿no tienes frío?
-Un poco pero ya se me ha quitado..
-¿Qué haces aquí?
-Han salido las notas de los primeros exámenes que hice…-su voz parecía preocupada, me alarmé.
-¿Y qué tal?
-Bien, muy bien.-respondió.
-Entonces ¿por qué te preocupas?
-Tengo miedo de bajar el listón estos días…

La abracé más fuerte y le dije:
-Vamos a estudiar y centrarnos. Ya queda muy poco para que termines…
-Pero tengo miedo de cagarla al final. Podía haberte esperado más tiempo…

La solté y la giré para mirarnos a los ojos y muy serio le dije:

-Claudia, van a salir bien. Vas a estudiar las horas que sean necesarias y yo te voy a ayudar a hacerlo…
-Ese es el problema Luis, que contigo al lado pienso en otras cosas…
-¿En qué cosillas piensa usted?-pregunté pegando mis labios a los suyos.
-En lo de anoche, en esto…
-¿Y si te dejo estudiar sola?
-Prefiero tenerte cerca, jajajaja. Nada, Luis tonterías mías que pienso demasiado…-terminó sonriéndome y abrazando su desnudez a la mía.- Oye-se separó otra vez- las tuyas habrás salido, vamos a verlas.

Efectivamente había salido la nota de mi primer examen. Aprobado aunque no con notas tan buenas como las suyas. Ese es el que llevaba más flojo, así que mi verano empezaba a tener buena pinta.

Nos pusimos la ropa de la noche anterior y nos fuimos a las duchas. Habíamos sudado mucho y a mí la polla me debía apestar a semen. Recogí el condón y los restos de las velas, consumidas pues no las habíamos apagado y salimos del dormitorio. Nos despedimos en la puerta de las duchas con un beso.

Cuando salí fui a avisar a Víctor y Lourdes. A pesar de lo tarde que era los había despertado. Cuando Víctor abrió la puerta en calzoncillos pude ver a Lourdes tendida en la cama tapándose con una sábana. Debían haber tenido fiesta también hasta tarde. Me mandaron avisar a Claudia para que Lourdes se pudiera duchar de extranjis y en media hora estábamos los 4 desayunando como en el día anterior repitiéndose la escena de los cuchicheos y abrazos de las chicas entre sonrisas. Admito que me mosqueaba un poco así que remedando la tarde anterior al sentarnos los chicos a la mesa dije:

-Secretitos en reunión son de mala educación…

Las chicas se miraron y empezaron a reír. Por fin Lourdes dijo:

-No te mosquees Luis, estamos comentando que tenemos los mejores novios del mundo, jajaja.

Ambas rieron ante la cara de orgullo de Víctor mientras Claudia me acariciaba la espalda y me decía como a un niño pequeño:

-Ay que mosqueoncillo es mi niño. Tranquilo que te estoy dejando en buen lugar, jajaja- mientras se miraba con Lourdes con una sonrisa.

¿Qué se contarán las chicas en esos momentos?

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