MOISÉS ESTÉVEZ

Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de
compases, descubrió que aquello le daba una pasmosa seguridad, al igual que
los auriculares silenciosos. Que paradoja, pero un efecto sinérgico era el
resultado. No dejaba de ser un misterio, y de esa forma se abstraía del mundo
exterior, del ruido, del qué dirán, de zafios comentarios sobre su vida y su
comportamiento atípico, una visión envidiada por el mero hecho de que no se
dejaba influenciar por una sociedad aborregada, una sociedad que no le iba a
marcar el camino a seguir, una sociedad mugrienta y contaminada a la que dio
la espalda hace tiempo…

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