ISA HDEZ

Todas las tardes esperaba su mensaje como quien espera una reliquia que alimentara su alma, como si fuera lo más importante que acaecía en sus días largos, desconsolados y solitarios. Liria miraba desde la mesita que estaba bajo la ventana de la estancia como con nostalgia de cuando la observaba al llegar, en aquellos lejanos días del ayer, cuando la luz iluminaba sus ojos ahora cansados por el paso del tiempo. Se había marchado lejos y, solo deseaba saber que todo seguía en orden y que era feliz en su destino, y, por ello miraba el reloj esperando sentir el sonido de ese mensaje esperado. Era como si ello le diera la paz, tranquilidad y esperanza que necesitaba para que el día vivido tuviera aliciente y pudiera conciliar el descanso que requería cada noche. Si algún día se olvidaba de enviarlo y no lo recibía, se apesadumbraba, entristecía y hacía más intensa la distancia, pero rara vez ocurría. Kala, en la lejanía, también la necesitaba, acusaba la distancia que las separaba y ansiaba un día no lejano regresar para estar cercana al calor del hogar y de la persona que más la quería. ©

Un comentario sobre “La distancia

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