MARC MELLADO

tratando de pensar como el adulto

al que siempre aplaudía me tatué

los recuerdos, como quien viste

una pared con otra pared, y derivé

mis manías a un socio fantasma,

de esos que plasman el nombre

de un hijo ficticio en los contratos

importantes. verme ahí fuera,

sentirme en otro lugar, en otras vidas

donde se acentúan las consonantes, revisitar

camino a otra casa las matrículas de los coches

de ambas aceras, es lo más parecido

a la ausencia de un reloj:

lo que el tiempo, decían, iba a acabar extinguiendo

crece, incesante, demoledor

como el propio tiempo.

y a la palabra me gustaría esconderle

todos sus cauces, desoírla desde

esta noche hasta el confín de mi existencia.

porque me huele a verdad

y es tan cierta: cada palabra

que nace, sea vil o reconfortante,

es más verdadera; y bajo

su sombra evocadora valoro

descoser todas las redes

que la protegen y convertirme

en letra cuando me caiga encima

como granizo, como esta madrugada.

el vértigo es lo único que ahora merezco.

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