ALMUTAMID

Me sobraban todas las horas del día hasta que Óscar se fuera y poder dormir todas las noches con Claudia. Es sorprendente como te cambia la vida en unos días. Tres semanas antes era feliz con Marta, después se había acabado el mundo para mí y ahora rebosaba mayor felicidad. Aun no entendía qué habría visto una chica como Claudia en mí pues para mí era estar con una diosa, con la chica soñada. Y eso que aún no habíamos tenido nada.

Radio Residencia funcionaba a todo volumen, pues Vanessa le llegó con el cuento a Claudia de que Óscar me había pillado con una chica en la cama, pero no sabía quién era. Claudia se hizo la nueva con Vanessa diciéndole: “Este chico va como Óscar, siempre con una nueva en la cama”. Con el comentario consiguió dos cosas: que Vanessa se molestara y que la dejara tranquila con el tema sabedora que la compañera de cama desconocida era ella misma.

Aun así pasábamos muchas horas juntos. Yo no tenía examen hasta el lunes pero Claudia sí tenía uno el viernes, por lo que nos pasamos todo el jueves estudiando. Yo la ayudaba a repasar a ratos y su premio por acertar era un beso mío. Pero no os voy a engañar si os digo que no encontraba hora para que ese cuerpo fuese mío.

El fin de semana habíamos decidido hacer la misma trampa. Meteríamos a Lourdes después de comer para que se quedara dentro por la noche y ya saldría con el cambio de turno de conserje. Pero esta vez como las chicas tenían examen el viernes lo adelantarían a ese día. De modo que Víctor y yo las recogimos de la facultad de Medicina a la salida del examen para comer juntos en los comedores universitarios. Pasé un leve momento de tensión cuando al ponernos a la cola para recoger el buffet vi a María sentada comiendo. Claudia me lo notó y me dijo que pasara. Que la evitara sin más.

-Tienes razón-respondí- ya tengo lo que siempre he deseado.

Y la besé. No sé si María me vio, pero ojalá lo hubiese hecho. Sé que suena feo decirlo pero mi felicidad seguramente era su mayor castigo.
Después Víctor y yo casi obligamos a las chicas a ir a tomar un café a una plaza para que les diera el aire. No habían terminado de hacer un examen que ambas decían que les había salido bien cuando ya querían ponerse con el siguiente. Conseguimos convencerlas para que salieran un par de horas. Hacía calor pero no nos importaba por estar sentados al aire libre en una terraza.

A media tarde regresamos a la residencia. Al entrar llegando al dormitorio de Víctor nos cruzamos con Óscar que ya sacaba todo su equipaje. Como no sabíamos si coincidiríamos cuando el viniera a sus gestiones me dio un fuerte abrazo. Pero como la cabra tira al monte le soltó un pildorazo de los suyos a Claudia. Si supiera que era ella mi compañera de cama…

El dormitorio estaba libre así que ya podíamos dormir juntos todos los días. Dormir y con suerte algo más…Pero Claudia y Lourdes querían estudiar juntas de modo que nos metimos los 4 en el dormitorio de Víctor. Yo entonces decidí que iba a salir a correr antes de la cena. Claudia me recordó que tenía examen el lunes y yo tras asentir con un “Sí, mamá” le dije que correr me relajaba y así estudiaría mejor después. Ella fue a ponerse ropa cómoda mientras dejaba a la parejita haciendo lo propio en el cuarto de Víctor.

Yo salí a correr evitando cualquier recorrido anterior sin terminar de creerme mi buena suerte. Volví a la hora. Avisé a los chicos y me fui a ducharme. Repetimos la jugada de la semana anterior. Nos subimos platos de la cena para los cuatro y botellas de agua. La verdad es que los 4 lo pasábamos bien. Ellos habían pasado casi todo el curso juntos y yo había sido el díscolo, pero ahora éramos inseparables. Tras le cena nos pusimos a estudiar cada uno de lo suyo. Las chicas encima de la cama de Víctor, Víctor en su mesa y yo en la mesa del compañero que daba a la ventana y me dejaba de vez en cuando mirar a la calle. Hicimos un descanso pasadas las 12 de la noche y Lourdes nos contó lo que se le había ocurrido para cuando fuésemos a la playa.

El apartamento estaba en la costa del Sol oriental en una zona relativamente tranquila pero bien comunicada. La playa era de chinos, muy habituales por esa zona, pero ella conocía algunas calas cercanas de arena oscura más tranquilas. De modo que podríamos elegir entre salir de marcha a los chiringuitos o dar paseos por la playa. Claudia propuso empezar por la marcha, que nos haría falta después de tanto examen. Todos reímos. El problema era la fecha. Más bien. Yo era el problema. Yo terminaba los exámenes al final de junio por haber esperado a los finales y el torneo de fútbol sala era a principio de julio. Si queríamos que fuese colofón a nuestro curso tenía que ser en cuanto yo terminara los exámenes pero entonces no me daría tiempo a volver a mi ciudad. Quedamos en que lo negociaría con mis padres pues desde luego prefería pasar esos días con Claudia a estar con mis padres.

Quedamos en que yo lo resolvería y volvimos al estudio. Yo veía pasar los minutos y no encontrar el momento de irnos al dormitorio. Así di la vuelta a la silla y me quedé mirando a Claudia que estaba frente a mí sentada sobre la cama de Víctor. Se dio cuenta y su cara de estudiosa fue tornando a una sonrisa sonrojada. ¡Se ponía colorada por como la miraba!

Y es que iba con uno de sus pantaloncitos de deporte que dejaban todas sus piernas a la vista y ese día llevaba un top ajustado de tirantes beige que sólo dejaba a tu imaginación el color de la piel de sus pechos pues el resto se marcaba en la prenda. ¿Serían por fin míos? Me moría de ganas por verlos, tocarlos chuparlos…¿se moriría de ganas ella también? No lo sabía pero el color que había subido a sus mejillas y cómo había dejado de mirar fijamente sus folios de apuntes para mirarme de vez en cuando a mí indicaban que yo era la causa de su rubor.
Hice de macho seguro y levantándome de la silla recogí mis apuntes y me fui donde estaba Claudia. La tomé de la mano y dije: “Chicos, nos vamos a dormir…” A lo que Lourdes respondió:

-¿A dormir?- con una sonrisa maliciosa.

Claudia no dijo nada, pero recogió sus apuntes y me dio la mano para salir al pasillo despidiéndose de Víctor y Lourdes. Yo ni me despedí, mi mente estaba en otra cosa.

Tiré de ella hasta el dormitorio, apenas 10 metros de puerta a puerta. Entramos y me dijo que tenía que pasar por su cuarto a por el neceser y lavarse los dientes. Al quedarme solo se me ocurrió una idea. Quité el colchón desnudo de Óscar y bajé el mío de la litera, volviendo a colocar el de Óscar arriba. Después rehíce la cama intentando colocar las sábanas con las dobleces típicas de los hoteles y apagué la luz de arriba dejando sólo el flexo de la mesa de Óscar para que quedase medio en penumbra. Velas, tenía que haber comprado velas, y cerillas, como no fumo no tengo mechero.

Entonces regresó Claudia con todo medio en penumbra solo con la luz del fondo.

-Siento no haber podido prepararte algo mejor…
-¿Prefieres dormir abajo?-dijo al ver los colchones cambiados.
-Más cómodo para entrar y salir…-respondí.
-A mí los adornos me sobran, Luis, no me hacen falta…
-¿Y qué necesitas?
-Sólo a ti…-respondió.
-Ya me tienes…

Por fin se acercó a mí para besarme y yo pude posar mis manos en su cintura. Me dio un escalofrío cuando sentí su lengua en mi boca y su piel en mis dedos. Sin prisas, los dos solos allí de pie en el dormitorio besándonos despacio. Claudia no tenía prisa y yo iba a contenerme. Quería desnudarla pero iba a esperar a que ella me lo indicara de alguna forma. También quería apretarla contra mi cuerpo pero temía romper el instante. Sólo era la primera vez de muchas ya habría tiempo de correr.

-Besas bien…-me dijo.
-¿Lo dudabas? Ya lo habías comprobado…
-Pero entonces no podía decírtelo, ahora sí…
-¿Y qué más hago bien?-pregunté.
-Masajeas bien. No sé cómo aquella vez no me fui por ti. Me tenías nerviosísima acariciándome la espalda…
-Qué mala eres…me pusiste atacado…
-Lo sé. Eres de empalme fácil, jajaja-y me dio otro pico mientras nos hablábamos allí detenidos en el dormitorio.-El peor día fue el de la clase de anatomía…
-Para mí, ¿no?-le dejé caer.
-No. Para mí. Te veía, te tocaba…pero no eras mío.
-Peor fue para mí, que me pusiste como una moto…
-Tú te pones así con nada…yo tuve que contenerme para no acariciarte…
-Pues ahora ya puedes…-dije quitándome la camiseta.

Claudia se quedó mirando mi torso desnudo y como si rememorara aquella clase dibujó con su dedo índice la forma de mi hombro, el bíceps, y por fin bajó por mi esternón pero en vez de dibujar mi pecho abrió la mano apoyando toda la palma sobre mi piel. La piel se me puso de gallina y los pezones se me erizaron al contacto de su mano. Tomó su otra mano y la puso en mi cara. La pasó por mi boca y la besé.

-Todavía no me creo que tú y yo hayamos llegado aquí- me dijo bajando la mano de mi cara por el hombro y el costado hasta mi cintura sin levantar la mano de mi pecho.

Yo cerré los ojos y dije muy bajito:

-Llevo soñando esto desde septiembre…
-No abras los ojos-me pidió Claudia quitando las dos manos que cubrían mi piel.

Obedecí esperando alguna sorpresa aunque adiviné parte de ella al escuchar su cremallera bajar. Ya imaginaba sus braguitas como las había visto unos días antes. ¿De qué color serían?

-Ya puedes abrir los ojos…

Lo primero que vi fueron sus pies descalzos en el suelo del dormitorio, sus largas piernas de piel blanca que terminaban en unas braguitas de color oscuro, no sabría decir si verdes o azules por la escasa claridad, muy similares a las que ya le había visto, pero sobre ella lo que había era piel, piel blanca de su barriguita delgada y lisa con un ombligo pequeñito en medio y por fin…por fin las tetitas que me traían loco desde mi primer día en la residencia aparecían ante mis ojos desnudas. Dos pequeñas tetas cónicas muy blancas rematadas en dos pezones puntiagudos con aureolas oscuras. Terminé de subir hasta su cara encontrándome primero con su sonrisa y después con sus ojos negros expectantes. No sabía qué decir. Tampoco era capaz de abalanzarme sobre ella. Así que habló Claudia primero:

-La de veces que te he pillado embobado mirándome y después disimulando por miedo a que te pillara…pues te pillaba…-dijo acercándose a mí para besarme mientras nuestros cuerpos se pegaban y sus pezones se clavaban en mi piel como dos puntillas incandescentes haciendo que se me erizara de nuevo el vello corporal. Por fin la abracé pegándola cuanto podía a mi cuerpo para sentir al máximo las sensaciones que el roce de nuestras pieles me proporcionaba y suspiré:

-Ohhh, Claudia, por fin te tengo en mis brazos…

Su respuesta fue apretarse más a mí y buscar mi boca para enlazar nuestras lenguas en un largo morreo.

Cuando sólo buscas un polvo tienes prosas por ir al grano. Estás deseando que te agarren abajo y mojar rápido el churro. Es como si todas las sensaciones del cuerpo se concentraran en un solo punto. Ver y tocar a la chica sólo llevan a la excitación para obtener el placer propio de sentir como tu polla es tocada, chupada o hundida en su sexo hasta obtener un orgasmo.

Cuando más allá del deseo sexual sientes una atracción total por la otra persona es como si todos los poros de tu piel se abrieran a sentir, desde el dedo gordo del pie hasta el último pelo de la cabeza. Los sentidos se agudizan, no sólo la vista y el tacto, también el olfato, el gusto y el oído. Todo tu ser está dispuesto a sentir lo que el otro cuerpo te ofrece y tu mente se encamina a proporcionar todas las sensaciones posibles al otro cuerpo. Más que sentir es vivir el momento. Por eso un polvo rápido en un baño, aunque sea el primero de tu vida se puede olvidar mientras el primer roce con la persona deseada se queda grabado en tu piel y en tu memoria para siempre.

No tenía prisa por ir al siguiente paso. Tenía el cuerpo por el que bebía los vientos apretado contra el mío. Mi piel contra su piel sintiéndonos. No sé si Claudia experimentaba los mismos escalofríos que yo en ese momento aunque me pareció sentir que su piel se ponía de gallina y sus pezones se clavaban en mi carne. Benditos pezones por los que llevaba suspirando meses y por fin había visto y ahora sentía apretarse contra mi pecho. Nuestras bocas se explotaban sin prisa mientras nuestros brazos apretaban fuertemente al otro para que no se escapara.

Pero no fui yo quien rompió el momento. Fue Claudia la que me dijo al oído que quería pasarse la vida apretada a mi cuerpo. Para unos instantes después mutar el romanticismo de su frase por la picardía del sexo para decir en tono más jocoso:

-¿Algo se ha despertado aquí debajo?
-Si me empalmé masajeándote la espalda o “estudiando” mi anatomía imagínate cuando tengo a la niña de mis sueños pegada contra “ella”…
-¿Ella?-me preguntó Claudia sin despegarse de mí.
-Claro, jajaja. Ahí debajo llevo a una chica y sus dos guardaespaldas…
-Jajaja, qué ocurrencias…pues ya tengo yo ganas de conocerla…
-Ya la conoces…-le recordé.
-Pero estaba caída y arrugada…digo yo que si tienes tantas pretendientes tendrá mejor pinta que esa vez…-respondió Claudia explorando con su mano el elástico de mi pantalón pareciendo dudar si meterme la mano dentro.
-¿Desde cuándo no ves una polla?-pregunté sin pensar.
-¿Cuándo fue la partida de póker?
-En octubre creo…-dije sin seguridad.
-Pues desde octubre, jajaja-respondió ya atreviéndose a meter su mano por dentro del elástico y alcanzando mi nalga.
-Ahí viste dos…-dije con guasa.
-Pero sólo me interesaba una…
-Bien que lo disimulaste…-ataqué yo agarrando su culo por encima de la braga descaradamente.
-Me gusta tu culo, Luis…
-¿Tampoco te habías fijado antes?-dije con sorna.
-Desde el primer día que te conocí, pero es la primera vez que te lo palpo-dijo apretándome las nalgas-es lo bueno que tenéis los que hacéis deporte, el culito duro…
-El tuyo tampoco está mal-imité su movimiento metiendo la mano dentro de la braga para agarrarle también la nalga.
-Bueno vamos a ver como es tu amiguita…-dijo tirando de mi calzoncillo hacia abajo desnudándome sin despegarse de mí.

Yo colaboré y mi polla saltó fuera como un resorte. No estaba tan hinchada y esplendorosa como en otras ocasiones pero marcaba una fuerte erección con medio glande asomando por el prepucio.

-Vaya, Luis…
-¿Vaya qué?
-Esto es lo que les enseñas a las niñas para que se vuelvan locas por ti, ¿no?
-No es mi único encanto…-repondí sacándome la ropa por los pies y tirando de Claudia para que se volviera a pegar a mí.

Al ser los dos casi de la misma altura mi polla le quedaba casi entre sus piernas largas. Me besó pero se separó rápidamente con una sonrisa y se sentó en la silla. Me acerqué a ella quedando mi nabo a la altura de sus pechitos. Claudia alargó la mano y por primera vez agarró mi polla por el tronco pero en vez de hacer algo sexy la miró y dijo:

-Hola polla de Luis, encantada de conocerte, espero que seamos buenas amigas…

Y poniendo sus dedos en el orificio de la uretra lo abrió y cerró respondiéndose ella misma con voz más aguda:

-Hola Claudia, yo también tenía ganas de conocerte…
-Qué payasa eres…-dije.
-Espera, que no ha terminado la presentación-respondió Claudia, e inclinándose hacia adelante me besó el glande retirándose sonriéndome después mientras yo había pasado a la mayor de las excitaciones al sentir sus labios apenas rozarme la punta del nabo.

Pero Claudia repitió el movimiento de sus dedos en el orificio y con la voz aguda dijo:

-Ya somos amigas, ya podemos jugar juntas…

Desde luego no tenía nada que ver a lo que me había imaginado para nuestra primera vez. La chica de mis sueños vestida sólo con unas braguitas charlaba amistosamente con mi polla totalmente hinchada.

-Bueno, yo también quiero conocer a alguien- dije cuando Claudia me soltó la polla.-¿Me dejarás darle dos besos?
-Eso habría que preguntárselo a él…-respondió.

La cogí de la mano y la levanté de la silla sentándome yo en la cama. La puse frente a mí quedando su ombligo a la altura de mis ojos. Subí las manos despacio desde sus rodillas por sus muslos hasta sus bragas. Me detuve un instante pero seguí subiendo por sus caderas y cintura. Iba a tocar sus pechos pero me contuve. Bajé de nuevo a sus caderas y tomé el elástico de las bragas mirándola a los ojos. Tiré de ellos bajando la prenda que resaltaba tan oscura sobre la blancura de su piel. Sentí agitarse su respiración. Le excitaba que la desnudara. Por fin asomó un pubis tal y como lo había imaginada tantas veces en mis fantasías: un triángulo invertido perfectamente recortado con el vello negro muy corto coronando un monte de venus muy prominente entre el arranque de sus muslos. Me quedé embobado mirándolo y Claudia terminó de quitarse las bragas. Por debajo del vértice del triángulo asomaban unos labios muy redondos entre los que arrancaba su raja sin dejar ver sus labios menores. Por fin dije:

-Encantado de conocerte…

Pero no me atreví a tocarlo como ella había hecho antes con mi polla. Lo único que se me ocurrió fue decir:

-Tengo una amiga que también quiere conocerte….

Me levanté de la cama y abracé de nuevo a Claudia pegando nuestros cuerpos al fin totalmente desnudos pero con mi mano dirigí mi polla encajándola entre sus piernas quedando pegada a su raja. Ambos suspiramos al sentir el roce exterior de nuestros sexos. Y le dije al oído excitado:

-Encantada de conocerte, ¿me dejas entrar?
-Lo estoy deseando-respondió Claudia al oído igualmente excitada.

Me separé de ella y me fui a buscar un condón al cajón de mi mesilla. ¡La caja estaba vacía!

-No, no, no…-dije nervioso.
-¿Qué pasa Luis?- respondió Claudia abrazándome por la espalda.
-Oscar debió gastarme los que me quedaban…

-Mierda…-exclamé- espera me visto, salto la vaya de la residencia para buscar una farmacia de guarda…-dije nervioso.

Claudia me hizo girarme frente a ella y cogiéndome con sus dos manos por la cintura me dijo:

-No seas loco, jajaja…no pasa nada.
-¿Cómo que no pasa?-dije lastimosamente- te tengo aquí delante, desnudita, tan bonita, con ganas de hacerlo, ¡por fin! Y ese desgraciado me ha dejado sin condones…
-Oye, como si tú no tuvieras ganas, jajaja…
-Por eso quiero buscar donde sea…¿le pido a Víctor?
-Jajjaaj, ay Luis…

Claudia apagó la única luz del dormitorio, el flexo sobre la mesa junto a la ventana. Y tomándome de la mano me llevó a la cama. Me hizo acostarme y se tumbó pegada a mí, yo boca arriba y ella de lado acariciando mi cara.

-Shhh, Luis…llevamos mucho tiempo esperando este momento no pasa nada por esperar un día más…

Pasé mi brazo bajo su costado para acomodar mejor nuestros cuerpos y de paso tener acceso a su culo.

-Pero yo soñaba con entrar dentro de ti…(qué finos nos ponemos cuando estamos románticos cuando en realidad lo que quería era meterle la polla de una vez).
-Y lo harás…Luis, yo también lo estoy deseando, pero un día más, cuando tenemos los días que nos quedan en la residencia, y en la playa…y los que tengan que venir.-me dijo acariciándome el pecho.
-Cuando crees que vas a conseguir algo y te quedas sin eso es mucho peor que desearlo sin más-me quejé-apenas he disfrutado de tu cuerpo.

Claudia se giró aún más sobre mí recostándose sobre mi pecho acercando su cara a la mía y pegando sus tetas a mí. Me besó de nuevo con lengua durante unos instantes mientras yo descaradamente amasaba su culo con una mano y acariciaba su espalda con la otra.

-Dime que quieres…-me preguntó.
-Tenerte…
-Ya me tienes.
-Tus labios…-dije y al instante Claudia me besó de nuevo ofreciéndome sus labios que mordí ligeramente.
-…y tu lengua…-y me besó clavando su lengua dentro de mi boca.
-…y tu cuello…-mientras Claudia levantaba su cara permitiendo que mis labios besaran su cuello de cisne. Ella además me ayudó recogiéndose el pelo con la mano.
-…Me encantaría probar tus pechos…

Claudia se incorporó apoyándose en sus brazos lo suficiente para que sus pechos quedaran a la altura de mi cara. Apenas los veía por la oscuridad pero subí una mano para poder agarrarlos y acercarlos a mi boca hasta atrapar uno de sus pezones con mis labios escuchando a Claudia gemir. Continué mamando de su tetas sintiendo la dureza de su pezón y cambiando varias veces de pecho mientras Claudia agitaba su respiración y gemía hasta decir:

-Mama, Luis, mama. Son tuyos…disfrútalos…

Sus palabras me animaron a sorber, chupar y lamer sus pezones con más brío hasta que dije:

-…y quiero tu ombliguito…-y diciendo esto empujé su cintura delgada obligándola a pasar una pierna sobre las mías a la vez que yo me escurría por el colchón de modo que quedó su barriga frente a mi cara mientras Claudia se sentaba sobre mi pecho. Lamí su ombligo jugando con él y haciendo círculos unos instantes, breves ya de impaciencia pues mientras mi lengua se paseaba por su vientre mis brazos había tomado posiciones bajo sus piernas para que en el preciso instante en el que dije:

-…y quiero tu chochito…-la empujé haciendo que su entrepierna quedara a la altura de mi boca y más cuando mis manos empujaron su culo haciéndola caer sobre mi rostro y obligándola a agarrarse a las barras de la litera para no caer sobre mí.

Yo no veía nada pero perfectamente descubrí en la oscuridad el final de uno de sus muslos y la forma de sus labios mayores de modo que pude recorrerlos con mi lengua consiguiendo un profundo gemido y una respiración profunda. Con las manos acomodé su culo para poder recorrer perfectamente su raja con mi boca y di otra lamida mezclando su humedad con mi saliva.

-Ahrg, Luis…-fue su aviso de que disfrutaba mi comida.

Entonces recordé cuando me hablaba de su masturbación y en una larga lamida encontré el pequeño bultito de su clítorix. Gimió muy largo cuando lo alcancé así que me lancé a atraparlo con mis labios y sorber cuanto podía.

-Arg, ay, arg….mmmmm, Luis, mmmm-era lo único que se oía aparte de mis ruidos chupatorios centrados en su botóncito- siiiii, mmmmmm, Luiiiiiiisssss….

Claudia no ocultaba el placer que le proporcionaba. Quiso girar el torso para agarrarme la polla pero con mis manos se lo impedí. Entonces sus caderas empezaron a moverse como si se estuviera follando mi cara mientras yo no abandonaba su clítorix. Se iba a correr e iba a ser todo para mí. Pero lo que más me animaba a seguir es que no callaba:

-Mmmm, ay, ay, ay…Luisssss….que rico, mmmmmm, argghhhh

Y noté la contracción de sus caderas y como mi barbilla se empapaba mientras yo no dejaba de estimular su centro de placer hinchado hasta que entre jadeos Claudia de un movimiento brusco se descabalgó de mi cara quedando apoyada entre la barra de la litera y la pared mientras seguía contrayendo la cara y no dejaba de gemir con “mmmmmmm” largos seguramente diacrónicos a las contracciones de su orgasmo.
No pude evitar decir:

-Encantado de conocerte, chocho de Claudia…

Claudia estaba hecha un ovillo pegada a la pared con los ojos cerrados y mojándose los labios con la lengua como si se le secaran. Incluso se había recogido las piernas con los brazos. La poca luz permitía ver su piel perlada de pequeñas gotitas de sudor mientras podía comprobar su piel de gallina. Aún tenía ligeros temblores como consecuencia de su orgasmo.

Me incorporé para sentarme a su altura y la abracé. Su cuerpo estaba frío en comparación con el mío. Se relajó al sentir el calor de mi piel y soltó sus piernas para poder devolverme el abrazo.

-Ufff, Luis…ya ni me acordaba lo que era esto…
-¿Te gusta mi boca más que tus deditos?
-¡Qué tonto eres!
-Ven vamos a tumbarnos…

Nos volvimos a acomodar tumbados con mi cabeza en la almohada y su cuerpo recostado de lado sobre el mío en la posición inversa de un rato antes. Claudia me peinaba con su mano mientras sus ojos brillaban en la oscuridad apoyada con su codo para poder tener la cabeza más alta. Una vez entendió que había acomodado mi pelo me besó con dulzura.

-Sabes rarito…-me dijo.
-Tengo el sabor de tu chochito…

Su mano acariciaba mi pecho haciendo círculos con su dedo alrededor de mis pezones y marcando mis costillas mientras me decía:

-Yo todavía no sé cómo sabes tú…

La besé.

-Sabes a mí…jajaja-respondió mientras su dedo dibujaba mis abdominales.

Entonces besó mi pecho aspirando fuerte y levantó la cabeza para decirme:

-Tienes un olor muy característico…
-A sobaquillo, jajajaja.
-No tonto- respondió golpeándome el abdomen-todo el mundo tiene un olor especial. Y el tuyo me llamó la atención desde que te conocí.
-Esos son mis feromonas que te atrajeron como hembra en celo….

Claudia se apretó a mí apoyando la cabeza en mi hombro y como si hubiera obviado mi broma respondió:

-Tienes un olor fresco, sano, no sé cómo describirlo…
-A mí se me acaba de quedar en las narices el olor de donde acabo de meterlas…
-Pero ¿por qué eres tan tonto? Jajajaja-me golpeó el pecho- Menos mal que me he lavado antes de venir contigo…
-Pues a mí me ha gustado mucho como olía…no sé cómo describirlo, fresco, sano, limpito…
-Jajajaja, mi payasito…-respondió inclinándose para besarme.
-Me ha encantado como te estremecías…-cambié el tema.
-Hace mucho que no sentía uno así, Luis…
-¿Nunca te lo habían comido?-curioseé.
-Sí, pero mi ex no era precisamente delicado…
-¿Y por qué estabas con él?-quise saber.
-Verás. Jonathan era el matoncillo del barrio. El malote que gusta a todas las adolescentes. Con sus camisetas de tirantes luciendo músculos y tatuajes se paseaba por la puerta del instituto con su moto. Después supe que para trapichear. Pero todas nos volvíamos locas por subirnos en su moto. Por algún motivo yo le gusté más y salimos varios meses hasta que la policía lo pillo por tercera o cuarta vez vendiendo droga y terminó en el talego. Pero mientras estaba con él me hacía regalos, me llevaba a restaurantes. Una vez nos escapamos un fin de semana. A mi madre casi le da algo…
-No te pega nada con tu forma de ser…
-La rebeldía…bueno he aprendido algo, pero tuve una adolescencia difícil. Mis padres me sacaron y sobre todo mi tía…yo estaba muy confundida. Me dejé impresionar por Jonathan. Él mostraba el mismo papel en la intimidad y en la calle. Es que él es así. Y era brusco. Pero a mí me gustaba. Pero yo estaba tan tonta que cuando acabó en la cárcel empecé a salir con Migue. Parecía cortado por el mismo patrón…los musculitos, los tatuajes…y el trapicheo. Aunque era menos brusco en la cama. Yo con esa edad pensaba que para retener a tu novio contigo bastaba con dejar que hiciera lo que le gustaba, ya me entiendes…
-Buena idea, me apunto…

Me dio otro golpe en las abdominales mientras se me escapaba una risilla tonta.

-Luis-me dijo incorporándose para poder mirarme- lo que me gusta de ti es justo lo contrario. ¿No te das cuenta?. Cuando intentaste parecerte a Óscar la cagaste, porque tú no eres así. Has tenido que llevarte varios palos para darte cuenta que tú eres más inteligente, mejor persona, y que puedes estar con una chica sin ir de malote…

La apreté contra mi cuerpo y dije:

-No quiero estar con una chica…quiero estar con esta chica…

Claudia se apretó de nuevo a mí pegándome sus pechos y nos besamos unos instantes. Al separar nuestras bocas me dijo:

-¿Cómo está mi amiga?
-Tranquila…ha estado alterada mucho rato pero ahora está más relajada…

Bajando su mano haciendo con los dedos como si anduvieran por mi piel se dirigía ya por mi ombligo cuando le agarré la mano:

-¿No quieres jugar?-me preguntó.
-Puedo esperar…ya he tenido bastante con que te corras en mi boca…

Otro golpe de su mano en mi pecho y sus palabras:

-Que bruto, jajaja. No lo digas así que me da corte…
-Es la verdad, voy a dormir toda la noche con un gustillo agradable…
-Calla, calla, jajaja…-dijo apretándose otra vez más a mí- Luis, no la cagues, por favor-se puso más seria- he roto mi promesa de no estar con nadie mientras no terminara la carrera y no quiero equivocarme…
-Espero estar a tu altura…

Nos besamos y Claudia acomodó su cabeza entre mi hombro y mi pecho acariciándome quedando ambos en silencio hasta quedarnos dormidos.

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