Mª CARMEN MÚRTULA

Por aquellos días vivíamos en el casco antiguo de Nueva York. En un piso de alquiler más bien pequeño y de poco lujo, pero a pesar de ello conservábamos el piano que me servía para aportaba mi apoyo económico con clases particulares.

Habíamos vivido tiempos de mejor economía, pero aquella época fue de las más penosas.

Una tarde de verano, estaba yo preparando las clases del día siguiente mientras Javier leía ensimismado el periódico sentado en su butaca preferida. Nuestras relaciones no estaban en su mejor momento. Yo me sentía sola, aburrida y desganada. Recordaba con nostalgia otros tiempos en los que él me pedía con ilusión que le tocara bellas melodías. Javier esperaba que terminara y entonces me obsequiaba con una flor.

  • Sin embargo, ahora todo es tensión, -pensaba- no nos ponemos de acuerdo en casi nada. Yo creo que el problema está en que nos sentimos fracasados y no sabemos cómo asumir esta realidad.

Él seguía muy concentrado en la lectura del periódico, ajeno a mí y al sonido del teclado del piano que yo iba marcando con desgana.

  • ¿Cómo cortar esta tensión? -seguía preguntándome- ¿Qué hacer para restablecerse su interés por nuestra relación?

Me sentía impotente, incapaz de romper el hielo de esa indiferencia, de encontrar una motivación para recuperarle.

  • En el pasado yo le esperaba a la vuelta del trabajo con ilusión y nos contábamos las novedades del día, pero ahora él me ignora.

De pronto sonó el timbre de la puerta. Era nuestra hija que pasaba por la ciudad y quería subir a saludarnos. Venía con su marido y su hijito de dos años.

María era una pianista muy reconocida entre sus colegas de profesión, venía a ofrecerme una oportunidad de participar con ella en un concierto que se celebraría dentro de un mes. Ella, con un grupo de compañeros iban a ofrecer un recital en favor de los enfermos de sida y querían contar conmigo como persona experta y conocedora de esos eventos.

Vi el cielo abierto, esto me tendría entretenida e ilusionada. La apatía de aquella temporada murió en aquel momento.  

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