ECONOMISTA

7

Como siempre Víctor iba impecablemente vestido, llevaba un pantalón vaquero ajustado con una de sus camisas blancas y americana azul marino. Cuando llegó al restaurante donde se celebraba la cena de despedida de Santisteban ya estaban allí casi todos los colegas. Llamó con la mano Andrés que estaba al otro lado de la barra y mientras iba a su encuentro por el camino se cruzó con Santisteban al que estrechó la mano y luego se dieron un abrazo.

– Te echaremos de menos, hemos aprendido mucho de ti, eres un referente no solo en lo profesional sino también en el trato personal.

– Gracias Víctor, se agradecen las palabras.

Después de darle dos besos a la mujer del homenajeado prosiguió su camino hacia Andrés, aunque antes tuvo que detenerse con Teresa, la supervisora de las enfermeras, a sus 57 años estaba muy apetecible, se había puesto una falda larga y oscura que le favorecía mucho, con un jersey blanco en el que se adivinaban dos buenos pechos y llevaba un pañuelo alrededor del cuello.

– ¡Pero bueno Teresa, que guapa estás!

– Gracias, tú también vienes muy elegante.

– ¿Que tal, donde está Salvador?, preguntó Víctor.

– Al final no se ha animado.

– Eso es que no le has dejado venir para tener vía libre conmigo, eh, jajajaja.

– Jajajajaja.

– Pues luego nos tomamos esa copa que habíamos quedado.

– Por supuesto.

– Venga ahora nos vemos, voy a saludar a Andrés.

Siguió avanzando hasta su amigo y a cuatro metros de llegar por fin vió a Paloma entre la gente, había pasado medio año desde lo del congreso de Barcelona y se puso un poco nervioso nada más verla.

– ¿Que tal chicos?, dijo estrechando la mano de Andrés para luego dar dos besos a Paloma.

El recibimiento de ésta fue más bien frío, rozando la indiferencia, aunque con un forzado disimulo para que Andrés no sospechara nada de lo que había sucedido entre ellos. Desde luego que Paloma destacaba entre los presentes, alta, morena, pelo largo, muy guapa, llevaba un vaquero azul oscuro súper ajustado que a duras penas contenían sus voluminosas curvas, parecía que iban a reventar, unos zapatos de tacón alto muy elegantes y en la parte de arriba un jersey negro fino de cuello alto que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel. Si no hubiera llevado sujetador se le podría haber visto los pechos a través de la tela. Aquellas tetas eran magníficas. Y por si fuera poco llevaba el pelo suelto lo que le daba un aire más juvenil. Aquella mujer era imponente.

En cuanto la vió Víctor no pudo evitar pensar lo que había pasado en Barcelona entre ellos, como había conseguido que Paloma le correspondiera el beso en su habitación de hotel y como había terminado sobando y mamando aquellas tetazas pesadas y calientes. Todavía se acordaba de la imagen de sus pechos desnudos prácticamente cada día, ¡estuvo tan cerca de follársela!. Sabía que era difícil volver a tener una oportunidad como esa, por no decir imposible.

Aquella noche en Barcelona hubiera cruzado la línea roja, esa línea que Víctor solía proclamar de no acostarse con las mujeres de los amigos. Aquella noche se hubiera follado sin ninguna duda a Paloma y habría esparcido su leche caliente en la cara de la mujer de su mejor amigo.

– ¿Que tal todo Paloma, donde habéis dejado a los chiquillos?

– Se han quedado con mis padres esta noche, Santisteban fue profesor mío en la universidad y tenía ganas de venir a su cena de despedida.

Apenas pudieron hablar nada más, enseguida les avisaron de que fueran pasando para el comedor. Les dispusieron en dos mesas alargadas y Víctor tenía al lado a Teresa y al otro a una celadora y justo enfrente estaban Andrés y su mujer Paloma. Desde el principio la cena estuvo muy animada, Víctor se arremangó la camisa para que se le viera bien su reloj de 3000 euros y no dejó en ningún momento de tontear con las dos mujeres que tenía a sus lados, sobre todo con Teresa.

Estaba claro que Víctor estaba en su salsa rodeado de mujeres y actuaba con esa seguridad que le era característica. Durante la cena se bebieron varias botellas de vino y aunque Andrés si participaba de la conversación Paloma se mantuvo muy discreta durante toda la noche. Víctor no dejaba de tontear amistosamente con Teresa y ésta le seguía el juego siempre con mucho cuidado de no decir nada inapropiado o actuar de manera indecorosa.

Al terminar la cena incluso Teresa pareció darse cuenta de que Paloma les miraba con gesto serio.

– No sé qué le pasa a la mujer de Andrés, nos ha echado un par de miradas que no me han gustado nada, le dijo la jefa de enfermeras a Víctor.

– Nada no te preocupes, Paloma siempre ha sido muy seria.

– Ya, pero es una cena informal y hemos venido a pasarlo bien, a este paso le va a amargar la noche a Andrés.

– Tú no te preocupes por ella y preocúpate por mí, que hoy que no ha venido Salvador lo mismo tengo posibilidades contigo…

– Lo mismo si, pero muy poquitas, jajajaja.

– Jajajajaja.

Al salir del restaurante se fueron a un pequeño local que estaba cerca para seguir con la fiesta. Cuando entró Víctor en el bar Paloma estaba hablando con otras médicas y se acercó al lado de Andrés que estaba apartado.

– Oyes como sigas así me voy a tomar en serio lo de que te quieres follar a Teresa, jajajaja, le dijo a Víctor.

– Pues no lo descarto, si te digo la verdad siempre estamos medio en broma, pero no me importaría que pasara y hoy creo que se puede dar la ocasión.

– ¿Pero lo dices en serio?

– ¿Y porqué no?

– No sé tío, es mayor y además trabajas con ella hace muchos años…

– El conocerla hace tantos años hace que al final te acabe dando morbo y tiene pinta de follar de maravilla…aunque tenga 57 tacos…

Justo se acercó Teresa donde estaban Andrés y Víctor.

– Bueno que, ¿nos tomamos esa copa?, oyes te lo robo unos minutos, dijo Teresa.

– ¿Como que una?, de eso nada, vamos a la barra que te invito, ¿quieres algo Andrés?

– Nada, no te preocupes, pasadlo bien, voy a preguntarle a Paloma y ahora voy a pedir yo.

Otra vez Víctor y Teresa volvieron a quedarse solos, estuvieron largo rato hablando, mientras se iban tomando sus copas, estaban muy entretenidos hablando sobre todo cosas del trabajo.

– Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con una mujer, muchas gracias Teresa.

– Yo la verdad es que también me lo estoy pasando bien…eso que me dices viniendo de ti es un halago…porque con la fama que tienes…

– ¿Que fama tengo?

– Jajajajaja, como que no lo supieras, pues de que va a ser, de mujeriego…

– Tampoco es para tanto…

– Seguro, seguro, jajajaja, ya sabes que en el trabajo nos gusta mucho hablar, la gente se fija…en fin, que te voy a contar.

– ¿Ah sí?, y que se rumorea ahora…

– Pues nada que no sepa todo el mundo, lo de Judith…es más que evidente, le han visto muchas veces por nuestra planta e incluso alguna vez saliendo de tu consulta.

– Nos llevamos bien…somos amigos…

– Si, eso no lo dudo…jajajaja

– Jajajaja, como sois las enfermeras…

– Por la noche si hay poco trabajo tenemos muchas horas para hablar…jajajaja, y seguro que hay más como Judith por el hospital y las ha habido y las habrá, ¿verdad?…

– En el lugar de trabajo pues al final es donde más gente conoces…

– Y a las enfermeras siempre nos han gustado los médicos por tradición, o eso se dice y más si viene una joven a trabajar es normal que se sienta atraído por un médico como tú…

– No solo enfermeras, también he estado con varias compañeras, o bien ahora, o cuando estábamos en la facultad…pero vamos tampoco me gusta mucho hablar de estas cosas…vas a pensar que soy un fantasma…o algo así…

– ¿Te puedo preguntar algo por curiosidad?, si no quieres no tienes por qué contestar…

– Claro, pregunta.

– ¿Andrés y tú erais compañeros en la facultad, ¿no?

– Ya sé por dónde vas…

– Si, su mujer.

– Paloma, también es de nuestra promoción, éramos todos del grupo de amigos…

– Ahhhh, es que no sé, te mira algo raro, ¿también has tenido algo con ella, ¿verdad?

– Pues no, mira Paloma ya era muy guapa en la facultad, llamaba la atención como ahora, pero Andrés era mi mujer amigo y estaba muy pillado, así que hice el esfuerzo de no tener nada con ella.

– ¿El esfuerzo?…

– Se puede decir así, Andrés estaba enamorado de ella aunque Paloma al principio pasaba de él y a mi claro que me gustaba, pero yo casi cada fin de semana estaba con una distinta, por supuesto que me hubiera apetecido estar con Paloma, pero al final muchas veces acababa con otras solo por no acabar con Paloma, yo creo que de su grupo de amigas estuve con todas…menos mal que por fin empezaron a salir como novios Andrés y ella y bueno ahí les tienes 25 años después…

– ¿Y ahora os lleváis bien?

– Si, Paloma y yo tampoco tenemos mucha relación, hace tiempo que no veo a sus hijos, pero con Andrés si me sigo llevando bien…

– ¿Y ella estaba por ti?…

– Pues no lo sé, pero yo creo que si le gustaba y además la fastidiaba que estuviera con sus amigas y con ella no, seguro que se preguntaría porque no intentaba nada con ella si era la más guapa, ya sabes cómo sois las mujeres…

– Si, me hago una idea de la situación…es que no sé durante la cena te miraba así, como que hubiera algo pendiente entre vosotros todavía, he notado algo raro…

– Bueno vamos a dejar de hablar de Paloma que no me interesa, hoy me interesan otras cosas, por cierto, ¿sabes que nunca he estado con una supervisora jefa de planta?

– Jajajajaja, pues hoy tienes pocas posibilidades, solo han venido dos a la cena, una ya se ha ido a casa y la otra la tienes delante…

– Pues lo tendré que intentar con la que no se ha ido para casa, jajajaja.

– Ala, vamos con el resto, que al final se van a pensar que estamos liados, ya sabes que hace falta poco para empiecen a hablar si nos ven mucho rato juntos…

– Ojalá…

Teresa le dio un pequeño manotazo en el hombro antes de dirigirse a un grupo donde estaban 3 enfermeras hablando y mirando hacia donde estaban ellos. Víctor fue donde estaban Paloma y Andrés que se encontraban con otro médico. Estuvieron un rato hablando los 4, pero Paloma se seguía mostrando muy fría y apenas participaba de la conversación. Víctor pensó que era mejor retirarse de allí antes de que Andrés empezara a sospechar que sucedía algo, sin embargo, su amigo le dijo que iba un momento a la barra junto con el otro colega y entonces de repente se quedó a solas con Paloma.

Ella estaba en actitud cerrada, con los brazos cruzados y sosteniendo una copa en la mano.

– Paloma, no me gusta que estemos así, de verdad que siento lo que pasó en Barcelona.

– No sé ni como tienes la vergüenza de sacar el tema y de seguir hablando conmigo, se lo tenía que haber contado todo a Andrés para que sepa la clase de amigo que tiene.

– Pues haberlo hecho, ya te dije que asumía las consecuencias…

– Es muy fácil para ti decirlo, yo estoy casada con él, tenemos una familia, el contarle lo que pasó en Barcelona sería poner todo eso en peligro y además hacerle daño, para mí no significó nada así que preferí no decírselo, pero es algo que llevo dentro y cada día que pasa me gustaría que supiera lo que hiciste.

– ¿Lo que hice yo?

– Si.

– Está bien, yo asumo mi culpa, pero tú creo que también hiciste algo, ¿no?

– Eres un impresentable, debería contarle todo a Andrés.

– ¡Pues cuéntaselo!, pero cuéntaselo bien, cuéntale la blusa que te pusiste aquella noche, como ibas sin sujetador, como te miraba todo el mundo…

– Puedo ir vestida como me dé la gan…

– Cuéntale que me dejaste que te acompañara a la habitación, aunque ya sabías que es lo que pretendía y más llevando unas copas de más los dos…

– Te pusiste muy pesado, ¡sabes que no quería que fueses conmigo a la habitación!

– Cuéntale que me dejaste pasar dentro, como nos besamos, ¿o tampoco querías?, porque creo que me correspondiste.

– No quiero seguir hablando de esto, dijo Paloma agachando la cabeza.

– ¡Ahora me escuchas joder!, porque parece que yo tengo la culpa de todo, cuéntale como después de besarnos me dejaste que te tocara las tetas, como me dejaste que incluso te las chupara, ¡sí, me dejaste que te comiera las tetas!, cuéntale como gemías, ¿o eso también es culpa mía?, cuéntale que me dejaste subirte la falda…

Justo en ese momento llegó Andrés con su colega, Paloma miraba hacia abajo con la mirada perdida y temblaba ligeramente, aunque se recompuso dignamente ante la presencia de su marido.

– Bueno chicos os dejo, dijo Víctor saludando con la mano en el codo de su amigo.

Se fue él solo a la barra y se pidió una copa, quería calmar el estado de nervios en el que se encontraba. Quizás se había pasado con Paloma, pero no le gustaba la actitud de ella intentando echarle toda la culpa de lo que pasó. Luego pensándolo fríamente Paloma no se merecía eso, él sabía que desde joven a ella siempre le había gustado y Paloma no buscó ningún tipo de encuentro en Barcelona, que todo lo había provocado él insistiendo en subir a su habitación y en acostarse con la mujer de su mejor amigo. Se arrepintió mucho por decirle esas cosas tan feas a Paloma, se sintió fatal y de repente una mano le tocó en la espalda.

– ¿Qué haces aquí tan solo?

Se giró y era Teresa, por lo menos una cara amiga.

– Aquí pensando en mis cosas.

– Te he visto hablando con la mujer de Andrés, ¿todo bien?, ya sabes que las mujeres somos muy observadoras y las enfermeras más, jajajaja.

– Si, todo bien… ¿tú me vigilas mucho hoy, ¿no?, jajajaja.

– Claro, como voy a perder de vista a mi ligue.

– Jajajajaja, bueno Teresa, pues tu ligue creo que ya se va a ir para casa…

– Ohhhhhhhhh….con lo bien que lo estábamos pasando.

– Pues te invito a mi casa, así lo seguimos pasando bien…

– Yo prefiero que nos tomemos otra copa aquí…

– Te lo digo en serio Teresa, prefiero irme, pero me gustaría que vinieras conmigo, te invito a mi casa…

De repente ella se puso seria, una cosa era el juego y tonteo que se traía con Víctor y otra cosa era esto. Le estaba invitando de verdad. No había medias tintas, así que ella le lanzó un órdago sabiendo que él no lo iba a aceptar.

– Acepto esa copa en tu casa si me cuentas que te traes entre manos con la mujer de Andrés, pero me lo tienes que contar todo, con detalle y tienes que contarme la verdad.

Víctor esbozó una media sonrisa triunfal.

– ¡Como eres Teresa!, pues mira, me parece bien, si vienes te lo cuento…

– No, jajajaja, que lo decía de brom…

– Has dicho que si te lo contaba venías a mi casa, así que no te dejo que des marcha atrás…

– ¿Como nos vamos a ir juntos?, la gente se va a pensar lo que no es.

– Que piensen lo que quieran, ya somos mayorcitos.

Cogieron sus cosas y se fueron despidiendo de la gente, cuando llegó donde estaban Andrés y Paloma su amigo le dijo en bajito.

– ¿No fastidies que te vas con Teresa?

– Si, la voy a acompañar a casa, nada más…

– Si, si, ya…

– Nos vemos.

Le dio dos besos a Paloma y después de despedirse del resto Teresa y él se fueron juntos. Cogieron un taxi y en unos minutos llegaron a su casa. Teresa estaba muy nerviosa, estaba claro que Víctor le parecía muy atractivo, pero no veía muy correcto ir a su casa a esas horas de la madrugada y más después de una cena de trabajo en la que llevaban unas copas encima.

Le estaba dando todos los indicios de que quería follar con él y en verdad sí que quería, pero no le parecía bien ponerle los cuernos a su marido. Tampoco sabía que buscaba Víctor, al fin y al cabo, ella tenía 57 años y seguro que él podría estar con chicas mucho más jóvenes y guapas que ella, lo mismo no quería nada y debido al tonteo se había hecho una idea equivocada de las intenciones del médico.

Le sirvió una copa y juntos se sentaron en el sofá. Estuvieron hablando casi dos horas más, se les pasó el tiempo rapidísimo, lo normal cuando estás a gusto con otra persona. Víctor cumplió su promesa y le contó a Teresa todo lo referente a Paloma, empezó por la época universitaria, como eran amigos los tres, del mismo grupo, como Andrés estaba enamorado de ella y Víctor se follaba a todas las amigas de Paloma y pasaba de ésta, le contó que quizás siempre habían tenido una especia de tensión sexual no resuelta y por último, aunque dudó, le terminó contando lo que pasó en el congreso médico de Barcelona, cuando terminó en su habitación enrollándose con Paloma y estuvieron a punto de llegar hasta el final.

– Buffff, vaya historia, dijo Teresa.

– Si, por un lado, me siento mal porque considero a Andrés mi mejor amigo, pero en Barcelona me equivoqué, es que Paloma iba tan guapa…aquella noche llevaba una blusa sin sujetador debajo, ¡estaba imponente!, y después de tomarnos unas copas, vi que ella me seguía el juego y la entré, ni por asomo me imaginaba que aquella noche iba a terminar con sus tetas en la boca, perdona por la expresión…

– No hace falta que seas tan explícito, ya me hago a la idea.

– ¿Qué opinas como mujer de esto?

– Pues creo que le sigues gustando a Paloma, pero ella tiene una familia y no lo va a echar todo a perder por un polvo, en cuanto a ti, no me parece bien que ni tan siquiera te plantearas acostarte con ella, ¡Andrés es tu mejor amigo!, eso no se le hace a un amigo, en su momento decidiste que no querías saber nada de Paloma y le dejaste a Andrés con ella, ahora 25 años después no puedes entrometerte por un capricho, como si fueras un chiquillo…has actuado muy mal, aunque Paloma tiene también su parte de culpa, no tenía que haberte dejado subir a la habitación, si lo hace después de unas copas y a altas horas de la madrugada puede dar lugar a malas interpretaciones, yo creo que realmente si quería acostarse contigo, pero luego se arrepintió.

– Eso pienso yo.

– Ummm que tarde es, dijo Teresa mirando el reloj, va a ser mejor que me vaya para casa…

– ¿Ya?, no tienes por qué irte tan pronto…me pasa contigo igual que con Paloma, además lo acabas de decir, si vienes a mi casa a altas horas de la madrugada y después de unas copas me supongo que no habrás venido solo a hablar…

-Mira Víctor cariño, si esto me pasa hace 15 años, te aseguro que tú y yo no terminamos la noche charlando, pero ahora es mejor que no pase nada entre nosotros…

– ¿Y por qué hace 15 años si y hoy no?, dijo Víctor acercándose a ella.

– Porque creo que ya no toca, eso es una etapa de mi vida que ya superamos Salvador y yo, si te digo la verdad esto no tiene nada que ver con mi marido, de hecho es una fantasía que me ha propuesto y le ha rondado en la cabeza desde hace muchísimos años, lo de verme con otro hombre, estuvimos a punto de hacerlo, pero ahora ya no, además si hiciéramos algo luego coincidiríamos en el trabajo y sería muy incómodo para los dos…prefiero que sigamos como hasta ahora…

– No tienes que sentirte acomplejada por tu edad, te aseguro que estás muy bien Teresa y me encantaría estar contigo.

– No tengo ningún complejo, jajajaja, estoy estupenda, es simplemente que no creo que esto sea una buena idea y no es por falta de ganas…

– No perdona, no quería decir eso, claro que estás estupenda, más bien diría que estás muy buena…

Víctor se acercó más pegando casi la cara a la de Teresa y le acarició la mejilla.

– No vamos a tener más oportunidades como ésta…

– No me lo pongas más difícil.

– Solo déjate llevar, si tú quieres hacerlo y a tu marido no le importa, ¿cuál es el problema?

– Pues ninguno, pero no me veo contigo, además no sé dónde terminó el juego entre nosotros y donde hablas en serio.

– ¿Esto te parece un juego?, mira cómo me tienes desde hace un buen rato, dijo mostrándole el bulto que tenía en los pantalones.

– ¿Estás…?

– Claro, desde hace un rato, si quieres puedes tocar, dijo cogiendo la mano de la enfermera y poniéndola sobre su paquete.

– ¿Qué haces?, dijo Teresa sorprendida, sin embargo palpó el miembro del médico bajo el pantalón…

– Por favor, no me dejes así…

Mientras Teresa negaba con la cabeza su mano no había dejado de acariciar suavemente el falo de Víctor. Debía tener una polla bien grande por lo que se apreciaba bajo el pantalón, cuando fue a retirar la mano Víctor se lo impidió.

– Termina lo que has empezado, por favor…por favor Teresa, aunque luego no quieras llegar a más…pero termina esto…

– Pero si no he empezado nada…

– Claro que sí, me has estado acariciando ahora, no lo niegues…me encanta como lo haces, te prometo que nadie se va a enterar…

– Me lo he pasado muy bien esta noche como hacía tiempo, no lo vamos a estropear al final…

– No lo vamos a estropear, vamos a culminar la noche como se merece, por favor, dijo Víctor desabrochándose los botones del pantalón.

El ruido de los tres botones abriéndose puso un poco nerviosa a Teresa que estaba a punto de darle al médico lo que le pedía. Seguían muy pegados y con la cara a escasos centímetros, solo necesitaba otro pequeño empujoncito y éste se produjo cuando Víctor volvió a coger su mano para meterla dentro de los pantalones. En cuanto notó el calor de la verga del médico su entrepierna se mojó.

Tenía en su mano la polla caliente, enorme y dura de Víctor.

– ¿Siempre te sales con la tuya, ¿verdad?, dijo ella cerrando los dedos sobre aquel palpitante tronco.

– Ummmmmmmmm, Teresa, tienes una mano encantadora, dijo Víctor en cuanto la jefa de enfermeras comenzó a meneársela suavemente.

Lo hacía de maravilla acariciándole a la vez con el dedo gordo por el frenillo, ella no pudo reprimir mirar hacia abajo para contemplar lo que estaba tocando. Los rumores que corrían por el hospital de que Víctor dotaba bien y tenía un miembro perfecto eran ciertos. Aquella polla parecía hecha a medida para aquel seductor.

Las caras de los dos seguían pegadas y Teresa puso una pierna sobre los muslos de Víctor, casi inconscientemente se frotó contra ellos, no pensó que hacerle una paja a su compañero de trabajo iba a ponerla tan cachonda. Las bocas se juntaron casi por instinto y se dieron un pequeño beso en los labios. Víctor respondió echándose un poco hacia atrás y abriéndose la camisa, de repente aquella enorme tranca que sujetaba Teresa apuntaba hacia el techo en todo su esplendor. Parecía todavía mas grande de lo que realmente era.

– Puedes hacer lo que quieras, dijo Víctor en una clara invitación a que ella se la chupara.

Pero Teresa siguió a lo suyo pajeándole a buen ritmo sin dejar de mirarle. Cuando Víctor se dio cuenta de que no se la iban a mamar estiró el brazo sobando las enormes tetas de su compañera de trabajo.

– Shhhhhh, nada de tocar, le dijo ella retirándole la mano.

– Vamos no seas así, llevo años deseando tocarte esos pechos tan bonitos, dijo él insistiendo y ahora tratando de meter su mano bajo el jersey de Teresa.

Pero ella no estaba por la labor de dejarse meter mano, así que mientras continuaba con su paja le amenazó a Víctor.

– Si no te estás quieto te la terminas tú solito…

– Está bien, lo que tú digas, dijo Víctor abriendo los brazos en son de paz.

Teresa continuó meneándole la polla sin dejar de mirársela, seguía con su pierna sobre el muslo de Víctor y la situación cada vez la estaba poniendo más y más caliente, le gustaba el ruido que hacía la empapada polla de él cuando le pajeaba, cada vez estaba más roja y más dura y se le empezaban a marcar las venas por todo el tronco.

Ahora se podía decir que tenía a aquel seductor en sus manos y más cuando él empezó a jadear cerrando los ojos, entonces cambió la mano con la que le estaba pajeando pasando a hacerlo con la izquierda y se metió el dedo corazón en la boca para chuparlo bien en un gesto obsceno que él no vió, luego le acarició los huevos y le dijo a Víctor.

– Levanta un poco las caderas….eso es…

Víctor pensó que iba a acariciarle los cojones, ni se imaginaba lo que venía a continuación, pero lo adivinó en cuanto la uña de Teresa le rozó el ano.

– ¡Joder que haces!?

– Tú disfruta, déjame a mí, dijo Teresa metiéndole la primera falange en el culo.

– Ahhhhhhhhhh joder!!, hostia puta!!!!

– ¿Te gusta, ¿verdad?…

– Ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…joder, ¿que hacesssss?, ahhhhhh…

Víctor no iba a contestar a eso, no podía permitirse que dudaran de su hombría, pero cuando Teresa tuvo todo el dedo incrustado en su culo y aceleró la paja con la izquierda empezó a gimotear como un chiquillo moviéndose arriba y abajo. No pudo reprimirse en volver a sobarle las tetazas a Teresa que esta vez sí se dejó tocar sabiendo que la corrida de él era inminente.

– ¡¡¡Joder cabrona, que gustazoooo!!!, ahhhhhhhhhhhhhhhh…

– Eso es nene, córrete si quieres…mmmmmmmmmmmm….

La polla se le hinchó más si cabe y en las siguientes sacudidas reventó, la primera ráfaga salió disparada y le cayó a Teresa en medio de la cara y entre las tetas provocándole un espasmo por el susto, pero no se la soltó y se la siguió sacudiendo exprimiéndole por completo.

– Diossssssssssssss, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, me corrooooooooooooooo, me corroooooooooooooooooooo….ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…, que buenoooo!!!!

Teresa continuaba meneándole la polla que soltaba leche en todas las direcciones como un aspersor manchando también su falda oscura, así que ella tuvo que apuntar hacia el cuerpo del médico para que no la cayera más encima. Cuando terminó de correrse Teresa disminuyó la velocidad, pero siguió jugando con el ano de Víctor.

– Para, para, estate quieta, ahhhhh, mi culito, joder, dijo cogiéndola de la mano para que la quitara de dentro de su esfínter. Luego miró a Teresa y vio el lechazo que tenía en plena cara y comenzaron a reírse los dos.

– Como me has puesto, serás cabrón, ¡te me has corrido encima!, dijo mirándose el cuerpo y tocando el semen que tenía en su rostro.

– Perdona Teresa, de verdad que no quería, espera que voy a por papel para limpiarte.

Subiéndose los pantalones se fue al baño a coger un poco de papel mientras Teresa en el sofá se miraba la mano completamente pringada del semen de Víctor.

– Anda trae, dijo quitándole el papel de las manos y limpiándose un poco la cara, – Dime donde está el baño que me has dejado bonita.

Cuando Teresa regresó ya estaba recompuesta, aunque se notaba el goterón en medio de su camiseta y sobre todo el de la falda oscura.

– Voy a irme ya.

Víctor se puso delante de ella abrazándola con cariño.

– No tienes por qué irte, podemos seguir…me ha encantado lo que me has hecho, tienes que ser una diosa en la cama…

– Llámame a un taxi, anda…y oyes te pido discreción por favor, yo nunca he estado aquí…

– Eso por supuesto, te prometo que nadie lo va a saber nunca, Salvador no se va a enterar de lo que ha pasado.

– Me refiero a discreción en el hospital, a mi marido se lo pienso contar en cuanto llegue a casa, le va a encantar, ha sido una forma de cumplir su fantasía, yo le dije que no quería acostarme con nadie y él quería que probara otro hombre, así que los dos satisfechos…

– Me alegra haber ayudado…

– Jajajajaja, que cabrón eres.

– Jajajaja y si quieres repetir ya sabes donde vivo…

– ¿Me acompañas abajo hasta que llegue el taxi?

– Por supuesto, lo iba a hacer sin que me lo pidieras, vamos que estará al llegar…

Una vez dentro del taxi Teresa recordó lo que acababa de pasar, llevaba una extraña sensación de euforia y no veía el momento de llegar a casa para contarle a su marido lo que había hecho. Se miró el chorretón de semen que llevaba en la falda negra y casi sin querer mojó más la entrepierna si cabe (no pudo evitar en pensar en Salvador lamiendo ese trozo de tela). Le había encantado tener la polla de Víctor en la mano e incluso se arrepentía de no habérsela metido en la boca, pero por otra parte estaba orgullosa de cómo le había manejado a aquel seductor y como había hecho que se corriera metiéndole un dedo en el culo. Él se había comportado también muy correcto, tan solo le dejó que le sobara un poco las tetas por encima del jersey cuando estaba a punto de correrse y aunque no lo habían hablado, estaba bastante claro que no iba a volver a repetirse ningún tipo de encuentro sexual entre ellos y además sabía que la relación en el hospital iba a seguir igual de bien. Solo había sido un pequeño tonteo y nada más.

Luego pensó en su marido, estaría dormido en casa y le iba a dar la mejor sorpresa de su vida. Tantas veces queriendo ser un cornudo y al final había sucedido cuando menos se lo esperaban, a sus 57 años. Volvió a frotarse los muslos con fuerza e hizo un serio esfuerzo en no meter la mano entre sus piernas en el taxi, aunque lo estaba deseando. Su pobre marido ni se imaginaba la que se le venía encima…

Mientras tanto en otro taxi volvían para casa Paloma y Andrés, ella estaba muy callada, pero su marido con unas copas de más y eufórico por el alcohol no dejaba de hablar.

– Anda que ya le vale a Víctor, ¿has visto?, se ha ido con Teresa, joder, ¡si tiene casi 60 años!

– ¿Y qué lo mismo te da a ti?

– ¡Vaya noche llevas Paloma!, no sé qué te pasa.

– No me pasa nada…

– Pues no lo parece, a mí me da igual lo que haga, pero es que no puedo con él, no va a cambiar nunca…creo que nos tiene hasta envidia, hoy estabas espectacular, todos te miraban y yo encantado de que vean la suerte que tengo de tener un mujerón como tú…

– Pues eso, deja de hablar ya de Víctor, que haga lo que quiera.

– Tienes razón, nada de Víctor, no vamos a discutir por él, dijo Andrés acercándose a ella y besándola en el hombro.

Luego le susurró en el oído.

– Estoy deseando llegar a casa…

Está claro que Andrés deseaba tener sexo con su espectacular mujer y en cuanto entraron por la puerta la besó apoyándose en la mesa del salón.

– Andrés…

– Vamos Paloma, hoy estamos solos, una noche sin niños, dijo acariciando sus pechos por encima del fino jersey.

Luego empezaron a besarse y cuando Paloma quiso ir al dormitorio Andrés no la dejó.

– Quiero hacerlo aquí, de pies, como cuando éramos jóvenes, más salvaje, dijo desabrochándose el pantalón.

– Estás borracho…

– Shhhhhhh calla…

Hizo lo mismo con el vaquero de su mujer, pero estaba tan ajustado que apenas se lo podía bajar, en cuanto lo hizo la dio la vuelta apoyándola contra la mesa, Paloma le ofreció el voluptuoso culo a su marido que estaba como loco metiendo la polla entre sus piernas. Tuvo que ponerse de puntillas para llegar a su objetivo de podérsela meter por el coño desde atrás.

Hacía años que no se follaba así a Paloma, que recibía las embestidas de Andrés con los vaqueros a medio muslo, la cabeza agachada, con tímidos gemidos y con la mente en otra parte deseando que terminara. Si no hubiera estado borracho se hubiera corrido más rápido, pero debido al alcohol estuvo casi 10 minutos follándosela en esa postura.

Se inclinó sobre ella y agarró sus pechos sobre la camiseta.

– ¡¡Voy a correrme Paloma, voy a correrme!!, ven aquí quiero besarte…

Paloma se giró hacia atrás y sacó la lengua para recibir la boca de su marido que empezó a descargar dentro de ella con un último golpe de cadera.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, que buenooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, que gustoooooooooooooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Unos minutos más tarde, estaban los dos en la cama y Paloma con gesto serio le dijo a Andrés que tenían que hablar.

Recibió un mensaje de Teresa que había llegado bien a casa y Víctor dejó el móvil sobre la mesilla. Se levantó a mear por última vez y a lavarse los dientes antes de acostarte. Cuando se metió en la cama le volvió a vibrar el móvil y por curiosidad antes de poner el modo avión miró la pantalla. Se quedó blanco cuando vio que era un mensaje de su amigo Andrés.

ERES UN HIJO DE LA GRAN PUTA. 4:18

8

Llevaba dos días en los que no se había atrevido a bajar a la cafetería del hospital por miedo a encontrarse con Andrés. El mensaje que había recibido era muy duro. “Eres un hijo de la gran puta”. No cabía duda de que Paloma le había contado su versión de lo que había pasado en Barcelona y seguramente no saldría muy bien parado en la historia.

Tarde o temprano tendría que asumir sus actos y afrontar las consecuencias, pero no se encontraba preparado todavía. Prefirió quedarse en su consulta y llamó a Claudia. Ahora alternaban el hablar por teléfono o mandarse mensajes por WhatsApp y ya estaban ultimando los detalles para un segundo encuentro. Habían concretado la fecha para mediados de diciembre. Solo quedaban 10 días.

Claudia estaba en su despacho de Jefa de estudios en el instituto, cuando tenía alguna hora libre entre clase y clase se metía allí y le gustaba acariciarse el coño un buen rato sin llegar a correrse, hasta que se ponía extremadamente cachonda. En ese estado de calentura acudía a dar la siguiente clase con sus alumnos con el miedo de que pudieran notar como estaba, pero el dar la clase así hacía que saliera mas excitada todavía pavoneándose entre los jovencitos con sus vaqueros ajustados, sus faldas cortas o sus estrechos suéter. Era una bola de nieve que se iba acumulando durante la jornada y a última hora antes de irse para casa se acababa masturbando en su despacho para pegarse una corrida con mayúsculas, liberando la tensión acumulada durante toda la mañana. Aquel día estuvo 5 minutos hablando con Víctor por teléfono y cuando colgó puso un pie sobre la silla y abrió las piernas. Era una postura inapropiada e indecente. Siempre se imaginaba que un alumno abría la puerta y la pillaba así, que sucia se sentía, ¡era la jefa de estudios!, e incluso se estaba volviendo cada vez atrevida, pues había dejado de cerrar la puerta con el cerrojo y ahora algunas veces hasta se sacaba las tetas cuando se acariciaba el coño.

Si alguien tocaba en su puerta tendría el tiempo justo de bajarse el jersey y bajar la pierna, si es que no pasaba sin llamar, donde entonces la pillarían haciéndose un dedazo.

No podía dejar de pensar en su siguiente encuentro con Víctor, sabía que si volvía a Madrid era para follar con el médico, no podía seguir poniendo más excusas, sin embargo, cuando se masturbaba pensaba en cosas más impúdicas y lascivas, no en Víctor. Se le venían a la cabeza sus alumnos, aquellos jovenes debían tener bajo sus pantalones unas pollas tiernas y duras, ¡qué suerte tenía Mariola que se iba a follar a Lucas en apenas tres meses!, le gustaba hacerse la ofendida delante de su amiga cuando ella sacaba el tema, pero en el fondo deseaba saber todos los detalles de sus futuros encuentros y sabía que Mariola tarde o temprano se los acabaría contando si ella se lo pedía. Su mejor amiga iba a follarse a uno de sus alumnos. ¿Qué opinarían en el consejo de dirección del instituto si se enteraban de esa relación?

Luego pensaba en su cuñado Gonzalo, muchos días lo hacía, no podía olvidar como le había masturbado en la boda de su prima y ella le había dejado que lo hiciera ¡¡en su sitio público, lleno de familiares y con su marido mirando!!, en cuanto metió la mano debajo de la falda perdió los papeles lo mismo que le había pasado con Don Pedro, el director del instituto. No podía creerse que en las últimas semanas hubiera terminado con la mano de Gonzalo y del viejo metida en su coño. Y además le había encantado.

Esos pensamientos hacían que se mojara más y más. Antes de irse para casa decidió que ese día iba a volver a pasarse por el despacho del director. Era un buen momento para intentar retomar los juegos con él.

Cogió sus cosas para ir a dar clase y de camino tocó en la puerta de Don Pedro.

– Si, pasa, ah hola Claudia, eres tú.

– Nada Don Pedro, era solo una cosilla, como me dijo que estos días le llegaba el informe del consejo escolar para…

– Si, si, justo me llegó ayer.

– Ahora tengo clase, ¿le parece bien si me paso luego a última hora y lo hablamos?

– Vale, perfecto, pero no te preocupes Claudia, ya está casi todo hecho, te puedes considerar la próxima directora del instituto para el año que viene, el informe del consejo para que seas la nueva directora no puede ser más favorable.

La directora del instituto, que bien sonaba eso, es para lo que se había estado preparando estos años. Sin duda alguna era merecido, era una profesora respetada y reconocida y con un expediente intachable. Dió las dos siguientes clases y a última hora de la mañana se pasó de nuevo por el despacho del director.

– Hola Don Pedro, ¿puedo pasar?

– Si, pasa por favor.

Claudia entró y se quitó el abrigo dejándole en el perchero de la entrada. Llevaba una camisa blanca con una minifalda muy corta como de lana y medias negras, con botas altas hasta las rodillas. El director sacó una hoja y se la mostró.

– Aquí está el informe preceptivo del consejo escolar, después de las fiestas de Navidad tendremos un par de reuniones sin importancia y se formalizará tu nombramiento y a finales de curso antes de jubilarme te nombraré personalmente la nueva directora.

– Que bien, la verdad es que estoy muy ilusionada.

Pasó al lado de la mesa donde estaba Don Pedro y cogió una silla para sentarse a su lado, cruzó las piernas y la mirada del viejo se fue instintivamente a sus piernas. No sabía si le había llamado más la atención la falda tan corta que llevaba o las botas a la altura de las rodillas, pero enseguida al director le entraron los calores.

– Me gustaría mucho seguir su camino, lo ha hecho usted tan bien, quiero que me aconseje en todo lo que pueda y que antes de jubilarse me ponga un poco al día en lo que tengo que hacer, dijo Claudia cariñosamente poniendo unos instantes la mano sobre el huesudo muslo del viejo.

Luego se inclinó hacia delante apoyando los codos en la mesa y descruzando las piernas miró la pantalla del ordenador que estaba apagada.

– Seguro que el puesto tiene mucho trabajo burocrático.

– Nada tranquila, al final te acostumbras, es siempre lo mismo.

El contacto de Claudia puso en alerta a Don Pedro y se acordó inmediatamente de cuando tuvo la mano bajo la falda de su jefa de estudios. Durante unos días se sintió culpable y temeroso de que aquel acto pudiera tener alguna repercusión en forma de denuncia por acoso o algo así y ahora de nuevo ella había propiciado un nuevo contacto entre ambos.

Desde luego el comportamiento de Claudia era cuanto menos extraño, pensaba Don Pedro, ¿podría ser algún tipo de trampa o algo similar que ella le estuviera tendiendo?. No tenía ningún sentido que ella hiciera eso, él siempre se había comportado de manera muy cordial y había sido su principal valedor para que fuera la futura directora del instituto.

¿A que venía ese comportamiento?

La única explicación posible es que Claudia quería tenderle una encerrona para que él volviera a meter la mano bajo su falda y así denunciarle por lo que pasó la anterior vez. Bien pudiera ser eso o la otra posibilidad es que aquello que pasó no fue algo fortuito y ella lo buscó. Estaba claro que Claudia no le dio ninguna importancia porque sino no hubiera vuelto a su despacho como si nada y menos volviendo a poner la mano encima de su pierna. Ahora le tocaba a él.

– ¿Usted cree que seré buena directora?, dijo haciéndose un poco la inocente.

– Desde luego que si hija, vas a ser una estupenda directora, yo además te voy a ayudar en todo lo que pueda.

Don Pedro al pronunciar esas palabras puso su mano sobre el muslo de Claudia. Entonces volvió a suceder, ella notó como un pequeño flujo mojaba sus braguitas inconscientemente. No sabía porque se excitaba tanto simplemente con que el viejo le tocara la pierna. Pero no retiró la mano, la dejó sobre su muslo unos segundos. Claudia pensó que sin duda Don Pedro era de la vieja guardia y hacía eso de manera cordial, a nadie en su sano juicio se le ocurriría hoy en día poner la mano encima de una profesora y menos estando a solas en su despacho.

– Pues se agradece.

– Tú ven las veces que quieras y pregunta lo que se te ocurra, dijo Don Pedro ahora dando pequeñas palmaditas cariñosas sobre el muslo de Claudia.

Para ella cada palmadita era una pequeña punzada en medio del estómago, una especie de cosquilleo agradable y morboso que hizo que se excitara más, “quizás he venido demasiado caliente hoy”, pensó Claudia. Le correspondió poniendo también ella la mano sobre Don Pedro.

– Es usted muy buena persona, si le parece bien podríamos quedar, no sé, un par de veces al mes, por ejemplo y me va poniendo al día y enseñando todo, dijo Claudia.

– Por mi perfecto, dijo él ya poniendo la mano sobre la cara interna de su muslo.

“Hoy está más lanzado el viejo”, pensó Claudia que no quería que la situación se le escapara de control el primer día. De un pequeño salto se puso en pies y se alisó la falda.

– Será mejor que me vaya, se me está haciendo un poco tarde.

Don Pedro se puso de pies también y le acompañó hasta el perchero, ahora pasó una mano por detrás de la espalda suavemente mientras con la otra le señalaba la puerta de salida en un gesto cortés.

– Por supuesto, aquí tienes tu despacho, vuelve cuando quieras…

– La semana que viene vamos concretando y me dice que días le vienen bien para poder quedar y me va enseñando un poco el trabajo que hace…

– Me parece perfecto Claudia, pues hasta la semana que viene.

Claudia salió del despacho rápidamente y se metió en el suyo. Esta vez sí cerró la puerta con el cerrojo, no podía aguantarse más. Jadeando y deprisa se desabrochó los botones de la camisa y tiró del sujetador hacia arriba para sacarse las tetas. Se apoyó sobre su mesa, sacando el culo hacia fuera y se subió la falda para luego meterse la mano entre las piernas y frotarse el coño por encima de las braguitas.

Al notar el frío de la mesa los pezones se le pusieron duros y le encantó esa sensación, movía el culo en círculos y estaba empezando a salivar, “Don Pedro, es usted un viejo verde”, se le escapó jadeando, “¿usted cree que seré una buena directora?”, dijo cuando le empezaron a temblar las piernas en el momento de correrse.

Recuperándose del orgasmo se sentó en la silla, no se molestó ni en taparse las tetas, estaba sofocada y todavía se acariciaba los pechos de manera suave. Cogió el móvil y le mandó un WhatsApp a su marido.

– Dentro de 10 días hemos quedado otra vez con Víctor. Ya confirmado. 14:21.

9

El sábado 16 de diciembre viajamos a Madrid para tener un segundo encuentro con Víctor. Y pongo el día exacto porque hay fechas que no se olvidan. Claudia y él habían seguido teniendo contacto telefónico desde la primera cena y estaba claro que mi mujer deseaba volver a quedar con Víctor.

Dejamos a las niñas en casa de mis suegros y a la familia pusimos la excusa de las compras navideñas para viajar a Madrid. Las semanas anteriores habían sido muy intensas en lo que a sexo se refiere, Claudia estaba especialmente caliente, supongo que sería por la idea de encontrarse con el atractivo médico.

El martes y el jueves de esa misma semana nos conectamos con Toni, fueron dos sesiones salvajes de cibersexo donde fantaseamos con lo que podía ocurrir en la cena entre Víctor y Claudia. El martes me tumbé en el sofá y mi mujer terminó restregándome el coño por la cara con el culo puesto hacia la cam, el jueves se puso a cuatro patas en lencería y se masturbó delante de Toni mientras yo a su lado veía la escena y para correrse Toni nos pidió que mi mujer se metiera un consolador en esa postura. Encantado se lo busqué en la caja de nuestros juguetes y lo hizo.

Yo este viaje iba más nervioso que la primera vez y curiosamente a Claudia le pasaba lo contrario, era como que estaba más relajada. A mí lo que más me preocupaba era el sentimiento de vergüenza que pudiera tener delante de Víctor. Cuando tuvimos la primera cita con él podía haber alguna duda acerca de mi condición de cornudo, pero esta segunda vez ya no la había después de lo que había pasado en su piso. Le estaba poniendo a mi mujer en bandeja de plata a ese cabrón para que se la follara y además me gustaba hacerlo. Seguramente durante la cena el sentimiento de morbo y humillación fuera muy superior al primer encuentro, pero también era mayor la vergüenza que iba a pasar.

Además, íbamos a ciegas, Víctor se había encargado esta vez de organizar todo, la cena y lo que pasara después, nos dijo que lo dejáramos en sus manos y no teníamos ni idea de sus intenciones, ni del plan que tenía.

Llegamos a Madrid a media mañana, aunque había sido la excusa con la familia de ese viaje, realmente no me iba a librar de ir a un centro comercial a pegarnos unas cuantas horas de compras. Cuando casi habíamos terminado pasamos por una tienda de ropa interior, tenían en el escaparate unos conjuntos muy sexys de braguitas y sujetador y Claudia se quedó mirando desde fuera.

– ¿Quieres comprarte uno para esta noche?, dije yo.

Fue la primera mención que hicimos al encuentro con Víctor y yo pensaba que Claudia me iba a contestar que no, que si se compraba algo era para mi o porque le gustaba a ella, más o menos lo que siempre me decía, pero esta vez no. Se quedó pensativa y me dijo.

– Entra y cómprame algo, lo que más te guste…elígelo tú….

Aquella simple frase me provocó una tremenda erección. Claudia iba a por todas y por como lo dijo aquello me confirmaba que mi mujer no contemplaba otra posibilidad que no fuera tener un encuentro íntimo con Víctor.

– Me encantaría comprarte algo para esta noche, por si Víctor y tú…

– Vamos entra…

Llenos de bolsas entramos en la tienda y nos atendió una chica morena que rondaría los 30 años, era muy atractiva y tenía un físico imponente.

– ¿Puedo ayudaros en algo?

– Si, mi marido quiere hacerme un regalo y hemos visto cosas muy monas en el escaparate, dijo Claudia.

La chica enseguida captó por donde iba nuestra idea.

– ¿Quieres algún conjunto, una bata, algún salto de cama…?, me preguntó.

Claudia se quedó un poco al margen con una media sonrisa, la muy cabrona me iba a hacer pasar un mal rato sabiendo que soy muy cortado para esas cosas.

– Habíamos pensado más en un conjunto, braguita y sujetador, dije yo.

– ¿Color?

– Había unos morados en el escaparate muy bonitos.

Me acompañó fuera y le dije cuál era el modelo que me había gustado, un conjunto morado medio transparente de sujetador y braguita brasileña. No tuve que decir las medidas de Claudia, la chica sacó una cajita y nos la dio.

– Este te va a quedar perfecto, le dijo la dependienta a Claudia.

Después de pagar dejamos las compras en el coche y buscamos un restaurante para comer, para luego ir a descansar un rato al hotel. En cuanto entramos en la habitación recibimos un mensaje de Víctor.

– Quedamos a las 22:00 en el hall del hotel. 15:44.

Nos quedamos sorprendidos de que viniera a buscarnos en persona al hotel, le habíamos dicho dónde nos hospedábamos simplemente para que se organizara y el restaurante para cenar no quedara muy lejos, pero no pensamos en que se iba a acercar hasta allí.

Era parte de su plan.

Sobre las 20:00 de la tarde Claudia empezó a prepararse y se metió en la ducha y cuando terminó lo hice yo para vestirme en 5 minutos. Como de costumbre me tumbé en la cama a esperar casi una hora a que mi mujer estuviera lista. Lo primero que hizo fue salir del baño con el conjunto puesto de lencería que yo la había regalado.

La chica de la tienda tenía razón. Le quedaba perfecto.

– Es muy bonito, gracias por el regalo, dijo delante del espejo apretándose las tetas y poniéndose de medio lado para ver como le quedaba la parte de atrás.

Yo en cuanto vi a mi mujer así vestida volví a tener una erección. Como un buen cornudo le había comprado a Claudia la ropa interior que iba a llevar para otro hombre. Sus tetas lucían poderosas delante del espejo y su culazo parecía estar más en forma que nunca.

Mi mujer estaba tremenda.

Se puso una camisa blanca y en la parte de abajo una falda de cuero granate por encima de las rodillas con una pequeña abertura con cremallera, por un lado. Las medias eran negras normales y llevaba unos zapatos de tacón muy alto. Como siempre iba impecable y se estuvo dando retoques de maquillaje hasta las 10 en punto. Ya estábamos listos.

Bajamos al hall del hotel y Víctor estaba de pies esperándonos. Su vestimenta era muy parecida a la del primer día, americana azul, camisa blanca y vaqueros y otros zapatos italianos también de color azul.

Después de dar dos besos a mi mujer y estrecharme la mano nos preguntó por las compras durante el día.

– Agotador, dije yo.

– No tengo ninguna duda, no hay nada más agotador que pasar un día de compras con una mujer, dijo Víctor en tono bromista para que no sonara muy machista su comentario.

– Pues tú dirás, dijo Claudia, ¿dónde vamos?

– Esta noche he reservado en el restaurante del hotel, así no tenemos que movernos, me han dicho que aquí se cena muy bien.

Nos volvió a sorprender y mucho que hubiera reservado en el mismo hotel donde nos hospedábamos, pero no le llevamos la contraria y le seguimos hasta el restaurante. Entramos en un salón bastante elegante y nos sentaron en una mesa cuadrada con 3 cubiertos. Si en la primera cita ya participé poco en esta directamente Víctor hizo como que si no estuviera. Tengo que reconocer que toda la comida estaba buenísima, una ensalada de frutos secos, un plato de jamón y unas carnes a la brasa poco hechas que pude degustar mientras veía como Víctor flirteaba con mi mujer.

– Tenía muchas ganas de volverte a ver, después de cómo nos despedimos en mi casa, le dijo a Claudia.

Mi mujer no sabía ni que contestar, sin duda ahora estaba cortada de que yo estuviera delante y no quería decir nada que me dejara en mal lugar.

– Luego me gustaría invitarte a una copa y estar los dos solos en un sitio más tranquilo…

Claudia me miró en un último intento de que yo participara.

– Podemos ir los tres, dijo ella.

– Prefiero que estemos a solas, dijo Víctor.

– Por mí no hay problema, lo que tú prefieras, dije yo a mi mujer.

– Voy al baño un momento, dijo Claudia levantándose.

Estaba claro que querían estar a solas y yo solo era un estorbo ya, pero mi mujer no se atrevía a decirlo abiertamente y menos delante de Víctor, así que se fue a ver si nosotros decidíamos que hacer, además con la excusa podría retocarse en el baño, aunque no hiciera falta porque estaba perfecta. La elección de la falda de cuero granate hasta las rodillas fue todo un acierto, los dos nos quedamos mirando su culo mientras se alejaba entre las mesas. Luego Víctor me habló casi por primera vez en toda la cena.

– Cuando terminemos quiero tomar algo con Claudia en el bar del hotel, me gustaría que nos dejaras a solas…

– Si Claudia quiere, me parece bien…

– Mira David, vamos a ser sinceros, los dos queremos lo mismo, pero si estás tú delante va a ser más difícil que ocurra, como el otro día en mi casa por ejemplo, si estás tú Claudia se corta bastante, pensé que no la iba a cohibir tanto tu presencia pero si lo hizo, si el otro día no hubieras venido Claudia y yo habríamos llegado hasta el final…ya me entiendes…me parece bien que vengas a la cena, así ella está más tranquila, pero para “lo otro” nos tienes que dejar a solas…¿lo entiendes, verdad?

Desde luego que el cabrón estaba siendo directo. Me estaba diciendo que le dejara vía libre para follarse a mi mujer.

– Tú déjame a mí, después de cenar la voy a invitar a tomar algo en el bar de aquí, dile a Claudia que nos esperas en el hall del hotel…

– Vale, dije agachando la cabeza.

Justo en ese momento llegó Claudia.

– Bueno, ¿qué estabais hablando?

– Nada, cosas nuestras, dijo Víctor.

Si hasta ese momento había pintado poco, después pinté ya menos, Víctor sabía que yo no me iba a interponer en sus planes de follarse a mi mujer. Y cumplió su palabra.

Cuando terminamos de cenar salimos al hall del hotel y entonces Víctor le dijo a Claudia.

– Te invito a tomar una copa aquí en el hotel.

– Vale, dijo Claudia, vamos David…

– Yo, si no os importa os espero aquí, dije mirando hacia los sillones del hall.

Claudia me miró extrañada.

– ¿Y eso?

– Vete tranquila, que yo os espero aquí, dije sentándome para no tener que dar más explicaciones.

– Vale, como quieras, ahora venimos, dijo mi mujer dirigiéndose con Víctor de nuevo a la zona del restaurante.

Miré hacia ellos y él pasó la mano por la cintura de Claudia. No era algo sutil, la llevaba bien sujeta e iban hablando como si fueran pareja. De repente sobre las 00:30 de la noche me quedé solo, allí sentado en aquel lujoso hall del hotel. Saqué el móvil y le eché una rápida ojeada, pero estaba intranquilo, pensando que estaría haciendo mi mujer con aquel seductor. A pesar de eso en ningún momento me arrepentí de lo que estaba pasando y no me entraron ganas de ir a buscar a Claudia para dar por finalizada aquella locura. Eso lo tenía claro. El morbo me superaba por completo y no veía la hora de que al fin Víctor se follara a mi mujer.

Sabía que tenía que ser esa noche. En caso contrario quizás ya nunca se repetiría tal ocasión.

Cuando llevaba media hora esperando volví a mirar el móvil y nada, ninguna noticia de ellos. ¿Que estarían haciendo?, ¿de que estarían hablando?…

Estaban sentados en la barra del bar prácticamente pegados, Víctor tenía una mano sobre el respaldo de la silla de Claudia, la otra sobre su muslo y le acercaba su cara cada vez que decía algo.

– No sabes las ganas que tenía de volver a quedar contigo, hoy espero que no salgas corriendo como el otro día.

Claudia agachó la cabeza como una chiquilla pequeña y se pasó el pelo por detrás de la oreja.

– No sé qué pasará hoy Víctor.

– Solo déjate llevar, los dos queremos lo mismo, dijo dando golpecitos con la mano sobre su muslo y acercando su boca a la de ella.

– Aquí no Víctor, alguien puede vernos…

– Quiero volverte a besar…

– Aquí no, de verdad.

– Tranquila, no te conoce nadie.

– Nunca se sabe.

– Es que no me puedo controlar contigo, hoy vienes espectacular, quiero que estemos a solas…

– No sé Víctor… ¿Y qué pasa con David?, no hemos contado con él…

– Por tu marido no te preocupes, hablé antes con él y no ha tenido ningún problema en dejarnos solos, mira Claudia ya somos adultos y los tres queremos lo mismo, sabes que David te deja hacer lo que quieras…

– No sé…

– Tengo una habitación reservada aquí en el hotel, para terminar lo que empezamos el otro día, solo tenemos que volver y le dices a tu marido que te subes conmigo.

Aquellas palabras le pusieron a Claudia todavía más nerviosa. Víctor ya no se andaba con rodeos, le estaba proponiendo directamente subir a una habitación a pasar la noche con él. A follar.

– Debería hablar antes con David…

– Me parece bien, vamos si quieres, nos estará esperando en el hall, ¿qué le vas a decir?

– No sé, ¿y que le digo?

– Dile que te subes conmigo a la habitación y ya está, no tienes que darle más explicaciones, seguro que ya lo tenéis muy hablado, sabes que va a estar encantado…

– Víctor…

– Tranquila, todo va a ir bien, cóbreme, por favor, le dijo al camarero poniéndose de pies.

No pudo contener una leve erección al ver como Claudia ya estaba totalmente convencida y no se negaba, intentó de nuevo acercarse para besarla, pero otra vez ella le rechazó.

– Me encanta que seas así, que me lo pongas tan difícil, venga vámonos…

Unos 40 minutos más tarde los vi aparecer, me puse de pies y Claudia se acercó sola donde estaba yo mientras Víctor se nos quedó mirando a unos 20 metros de distancia.

– Víctor ha reservado una habitación en el hotel, dijo mi mujer.

Aquellas palabras me sonaron como una punzada en el estómago. Nervios y excitación a partes iguales. Estuve a punto de preguntarla si estaba segura, pero a media frase me quedé callado, no tenía sentido la pregunta ahora que Claudia parecía decidida a subir con él.

– ¿Estás ser…?…¿voy con vosotros?

Claudia negó con la cabeza, como si le diera vergüenza contestar.

– Vamos solos, espérame en la habitación, me dijo

– Vale, entiendo, quiero que lo pases bien, sube con él, sin problema y cualquier cosa me llamas por teléfono…

Hice el gesto de echar a andar con ella, pero Claudia no me dejo.

– Espérate aquí, por favor no subas con nosotros, sería violento despedirnos en el ascensor, no me lo pongas más difícil..

No me dio ni un beso en la mejilla, solo una caricia en la mano. Luego se giró y se dirigió donde Víctor, pero antes de llegar volvió a mirarme por última vez. Me quedé de pies mirando la escena con una erección de campeonato. Y después mi polla palpitó, dura como nunca había estado cuando Víctor volvió a coger a mi mujer por la cintura y echaron a andar hacia los ascensores.

Estuve esperando 2 o 3 minutos y luego fui en la misma dirección que ellos. Uno de los ascensores marcaba el número 4 y el otro el 7. Llamé y me subí a nuestra habitación que estaba en la quinta planta. Entré solo y me senté en la cama, nervioso, con las pulsaciones a mil y sin saber muy bien que hacer. En esos instantes mi mujer estaba en el mismo hotel encerrada en una habitación con otro hombre. Seguramente a punto de follar.

Me los imaginé desnudos, en la cama, besándose, Claudia gimiendo, excitada, mojada, tocando la polla de aquel seductor sin importarle nada más en el mundo. Sin saber muy bien donde ir salí de la habitación y bajé a la cuarta planta como indicaba uno de los ascensores. Recorrí el pasillo muy despacio intentando escuchar algo, pero todo estaba en silencio, no tenía ni idea donde podían estar porque solo en esa planta había más de 40 habitaciones.

Excitado y con la polla tiesa andaba por los pasillos, intentaba captar algún ruido, incluso una vez me pareció escuchar algún leve gemido y me acerqué a la puerta de la habitación. Me quedé de pies escuchando, pero nada y no se me ocurrió otra cosa que pegar la oreja a la puerta. ¿Que estaba haciendo?, parecía un pervertido a la 1.30 de la mañana allí plantado y por un momento pensé que alguien pudiera verme y decidí irme de nuevo a mi habitación.

Sin embargo, una vez dentro del ascensor no me pude resistir en darme otro paseo por la séptima planta a ver si por casualidad escuchaba a Claudia y Víctor follando. Pero nada, estaba todo en silencio. Saqué el móvil y estuve a punto de mandarle un mensaje a mi mujer para preguntarle en que habitación estaba, aunque al final desistí de esa idea.

Sabiendo que así no iba a conseguir nada me volví definitivamente a la habitación. No me quedaba más remedio que esperar a que regresara Claudia.

Me puse el pijama y me tumbé en la cama a ver la tele, bueno más que ver la miraba, porque no podía pensar en otra cosa que no fuera en lo que estaría pasando entre Claudia y Víctor. Estaba bastante nervioso y necesitaba hablar con alguien. Se me ocurrió abrir el chat y le mandé un mensaje a Toni24 desde mi cuenta privada. No parecía estar conectado.

Al rato me vibró el móvil y era la respuesta de Toni.

– ¿Qué haces despierto a estas horas?

– Pues ya ves, aquí estamos en Madrid.

– Es verdad, que hoy habíais quedado con el tal Víctor, bueno y que tal todo?

– Estoy aquí solo, esperando en la habitación, Claudia se ha ido con él.

– Hostia, ¿no fastidies?, al final lo ha hecho?, ¡¡¡¡¡joder que bueno!!!!!

– Estoy súper nervioso, es muy fuerte.

– Normal, puedo entenderte perfectamente, ¿cuánto tiempo llevan?

– Pues hace una hora que se fueron más o menos.

– ¿Y no has ido con ellos?

– No me han invitado, preferían estar solos, yo creo que Claudia no hubiera estado cómoda conmigo delante.

– Si, puede ser normal, pero tranquilo, que si se la folla ya tendrás más ocasiones para poderlo disfrutar en persona. Qué bueno David, no me lo creo, posiblemente te estén haciendo ahora un buen cornudo.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm, no me digas eso.

– Te estás pajeando?

– No, no me la puedo ni tocar, sino me correría, estoy esperando que vuelva Claudia.

– Joder, me imagino como tienes que estar.

– Una pasada, esta espera es insoportable, pero a la vez muy morbosa…

– Me lo tenéis que contar todo, el martes habíamos quedado para conectarnos.

– Si.

– Bueno David, hoy voy a dejarte que estoy muy cansado, vengo ahora de casa de Marta, hemos estado follando.

– ¿Perfecto, todo bien con tu novia?

– Si, como siempre.

– Vale, el martes hablamos.

– Cuídate y tranquilo.

– Adiós.

Después de esa conversación rápida dejé el móvil en la mesilla y seguí tumbado en la cama viendo la tele. Sobre las 3:30 de la mañana no había cambiado de posición, ya cansado y haciendo el esfuerzo para no dormirme, la adrenalina me mantenía despierto, la habitación estaba oscura y solo se iluminaba con las imágenes de la pantalla, cuando al fin escuché como se abría la puerta. El corazón se me puso a mil pulsaciones y me incorporé un poco.

Claudia entró y nada más hacerlo se quitó los zapatos viniendo hasta mí.

– Sigues despierto, dijo tumbándose a mi lado y dándome un cariñoso beso en la mejilla.

Aunque iba igual vestida se había quitado el maquillaje y llevaba el pelo mojado. Estaba claro que se acababa de pegar una ducha.

– ¿Que tal estás?, dije yo.

– Bien.

– ¿Bien, bien?

– Si, muy bien.

– ¿Lo has hecho, ¿verdad?, pregunté con miedo.

– Si, lo he hecho, ¿eso queríamos no?, contestó Claudia en bajito, casi en un susurro.

No hacía falta que me lo dijera porque en cuanto la vi supe que algo había pasado, pero cuando escuché el “si” de su boca me volví a empalmar. De repente en mi cabeza se me vinieron multitud de preguntas.

– ¡Joder!, buffffff Claudia, necesito saberlo tod…, estoy muy nervioso, me tiembla el cuerpo…

– Shhhhhhhhhhh, dijo ella poniéndome un dedo sobre la boca y bajando la mano para sacarme la polla del pijama.

Comenzó a masturbarme despacio mientras me daba besos por la mejilla, el cuello y la oreja.

– Shhhhhhhhhhhhhh relájate, hoy no…

Estaba claro que Claudia no tenía ganas de contarme lo que había pasado entre ella y Víctor, pero como premio de consolación al menos iba a hacerme una paja para aliviarme. De repente me llegó el olor de mi mujer a recién duchada y tengo que decir que me encantó. Había leído mucho sobre el tema y sabía que a los cornudos les vuelve locos el olor corporal de su mujer cuando vuelven a casa recién folladas oliendo a sexo, sin embargo, a mí me pareció lo mejor del mundo esa sensación de limpieza de Claudia. Incluso se me vino a la cabeza la imagen de ella y Víctor en la ducha, juntos, desnudos, no era nada descabellado que hubiera ocurrido y me excitó más eso que fantasear como había sido el sexo entre ellos.

– ¿Te has duchado con él?

– Si.

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhh Claudia estoy a punto de correrme, más despacio…

– No puedo más despacio…estás excitadísimo…noto hasta como te late con fuerza el corazón…

– Si, estoy muy excitado…mucho, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…cachondo, nervioso, no sé describirlo…

– Pues córrete…no te resistas más…

– Ohhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhh…dime lo que soy Claudia, por favor, ¡¡dímelo!!

– ¿Quieres?

– Siiiii, ahhhhhhhh, ahhhhhhhh, por favor…

– ¡Eres un cornudo!, ¡¡hoy por fin te has convertido en mi cornudo!, dijo Claudia en un sensual gemido en mi oído.

– Me corro, me corro, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Ni que decir tiene que aquella paja de dos minutos que me había hecho Claudia después de venir follada por Víctor fue lo mejor del mundo. Luego nos dimos un pequeño beso y me levanté a limpiarme. Una vez descargada la tensión tengo que reconocer que no me vino ningún bajón o arrepentimiento por mi parte. Y Claudia parecía que estaba igual que yo. Se había puesto tranquilamente el pijama para dormir y me eché a su lado.

Apagamos la luz y me puse detrás de Claudia rodeándola con los brazos, ella puso los brazos sobre los míos y así sin decirnos nada más nos dormimos acurrucados.

De madrugada me desperté, no sé qué hora sería, pero supongo que no llevaba mucho rato dormido. Seguía pegado a mi mujer y volvía a estar con la polla dura. Se había follado a otro y no pude evitar acordarme de mi ex, Cristina, la época en la que estuve con ella, como me puso los cuernos con muchos tíos y luego me lo contaba con todo detalle. Ella fue la que despertó mi lado cornudo. Sabía que Claudia no iba a ser así, eran distintas, a mi mujer le había costado mucho dar el paso de follar con Víctor y no iba a contarme los encuentros tan detalladamente como lo hacía la zorra de Cristina. A partir de aquí no sé qué pasaría, supongo que querría quedar más veces con Víctor, lo de follar con otros todavía lo veía lejano, pero estaba seguro que si quería detalles de sus relaciones no me quedaba más solución que una. Tendría que estar presente cuando follaran.

Volví a cuando tenía 20 años, cuando Cristina me relataba como la noche anterior había follado con éste o con el otro, la mayoría de veces tíos que acababa de conocer y al final nos cogíamos tal calentón cuando me relataba sus infidelidades que terminábamos follando en el coche o en su casa, o en el portal…daba igual. Fueron los mejores orgasmos de mi vida, igual que el que acababa de tener con Claudia, solo con un par de detallitos mientras me hacía una ridícula paja me había llevado al cielo. Y esto solo era el principio, estaba súper nervioso.

¿Como se comportaría Claudia a partir de ahora?. Para mí lo principal es que no quería que esto influyera en lo cotidiano, solo esperaba llevar la misma vida, seguir igual de bien con mi mujer y las niñas y que cuando ella quisiera hacer un paréntesis para viajar a Madrid y follar con Víctor. De momento no me planteaba nada más. Me costó dormirme otra vez porque seguía con mucha tensión acumulada, estaba excitado y me volvía loco no saber lo que había pasado entre Claudia y Víctor. ¿Cuántas veces habrían follado?, ¿se la habría chupado?, ¿dónde se habría corrido Víctor?, ¿cuántos orgasmos habría tenido mi mujer?

A primera hora de la mañana me volví a despertar y cuando abrí los ojos sobre las 8:30 Claudia estaba mirándome.

– Buenos días, ¿qué horas es?, dije yo.

– Pronto.

Me di la vuelta y le eché una ojeada al móvil para ver la era. Luego me volví hacia mi mujer y nos quedamos frente a frente. Claudia estaba tranquila y relajada, o eso al menos aparentaba.

– ¿Que tal estás?, dije yo.

– Bien, ¿y tú?

– Pues bien, todavía asimilando lo de ayer, no me creo que al final lo hicieras…

– Ni yo tampoco, ¡vaya locura!

– Lo sé, pero lo importante es que lo disfrutaras, a mí me encanta que lo hayas hecho, me dejaste a mil cuando te fuiste con él.

– Ya, ya me di cuenta.

– Bueno ¿y qué tal?, ayer no me contaste nada.

– Y qué quieres que te cuente.

– Pues todo Claudia, ¡quiero saberlo todo!, que me cuentes hasta el más mínimo detalle.

– Poco a poco te lo iré contando, la verdad es que me da mucha vergüenza ahora hablarte así en frío de lo que pasó anoche.

– Tenemos tiempo de sobra…

– No sé ni por dónde empezar.

– Bueno, si quieres te pregunto alguna cosa y me vas contestando, dije yo para intentar que Claudia se fuera soltando.

– A ver, dime que quieres saber.

– Por ejemplo, cuando viniste anoche tenías el pelo mojado y me dijiste que te habías duchado con él.

– Si, nos duchamos juntos antes de irme de su habitación…

– Desnudos supongo…

– Claro, vaya pregunta, ¿cómo quieres que nos duchemos?

– Ya, ya, es que es solo imaginarte desnuda en la ducha con él y bufffffffff, joder Claudia ya estoy excitado, dije yo.

Mi mujer me tocó la polla sobre el pijama para comprobar efectivamente que la tenía dura.

– Todo esto te estás volviendo loco, ¿verdad?, me dijo.

– Ni te lo imaginas Claudia, si me dicen que ibas a hacer esto no me lo hubiera creído jamás.

– Ni yo tampoco, no sé cómo hemos llegado hasta aquí.

– Y lo mejor de todo es que esto es solo el principio, porque supongo que querrás quedar más veces con él, ¿no?

– Pues todavía no lo sé David, esto lo tendremos que hablar, habrá que ir viendo que hacemos en un futuro, ahora mismo no sé qué decirte…

– Vale, tranquila, no quiero agobiarte, por favor sigue contándome lo de la ducha… ¿ya os habíais acostado?

– Si, claro, fue lo último que hicimos.

– ¿Víctor se había corrido?

– Claro.

– ¿Donde?

– Dentro del preservativo, dos veces.

– ¿Estando dentro de ti?

– Si

– ¿Y tú te habías corrido?

– Si, también.

– ¿Cuantas veces?

– Pues no lo sé exactamente.

– ¿No sabes las veces que te corriste?

– Pues no sé decirte, tuve algún orgasmo más grande, otros más pequeños…dos o tres veces me correría…

– Mmmmmmmmmm Claudia…o sea que te hizo disfrutar.

– Si, estuvo muy bien.

– Vale, ¿y en la ducha también follásteis?

– No, en la ducha no.

– ¿Por qué?

– Pues no sé, no surgió supongo, estábamos a gusto así, besándonos, tampoco teníamos preservativo…así que solo nos tocamos el uno al otro.

– ¿Le hiciste una paja?

– Si.

– ¿Y él a ti?

– También me estaba tocando, sí.

– ¿Y te corriste otra vez?

– No.

– ¿Por qué?

– Pues no sé, supongo que estaba muy sensible todavía…estaba algo…no sé cómo decirte…si, sensible es la palabra, lo tenía un poco enrojecido ahí abajo…

“Escocida, jodida puta, estabas escocida porque te habían llenado bien de polla”, pensé para mí. Ya la tenía palpitando solo de pensar en Claudia desnuda meneándosela a aquel tío bajo la ducha.

– ¿Y él se corrió con tu paja?

– Si.

– ¿Y después viniste a la habitación conmigo cuando salisteis de la ducha?.

– Si, al poquito.

– Entonces me hiciste una paja poco después de habérsela hecho a él.

– Si, se puede decir así.

– Y claro, comparaste…

– No, no lo pensé realmente.

– Claro que lo pensaste Claudia, como no lo vas a hacer, acababas de tener su miembro en la mano y luego tuviste el mío, las tuviste que comparar.

– De verdad que no, David.

– ¿Como la tenía?

– Lo sabía que me lo ibas a preguntar.

– ¿Ah sí?, ¿y porque lo sabías?

– Porque te encanta que te lo diga.

– Pues dime como la tenía.

– Ehhhhhh, grande…la tenía grande.

– ¿Mas que la mía?

– Si.

– ¿Cuanto?

– Pues no sé David, más grande.

– ¿Mucho más grande?

– Si, bastante más, te lo he dicho…

– ¿Cuánto más, unos tres dedos?, dije juntado tres dedos y poniéndoselo delante de la cara.

– Un poco más, cuatro o cinco…

– ¡¡Joder, menuda polla!!, le debe medir unos 20 cms…

– No sé, no le pregunté cuanto le medía…

– ¿Y la tenía grande?…¿ancha?

– Si, también, casi no podía cerrar la mano sobre ella…

– Uffffff, Claudia, cógemela por favor, la tengo muy dura.

Mi mujer obedeció y me sacó la polla. Aunque me había hecho una paja unas poquitas horas antes parecía dispuesta a hacerme otra por la mañana. Yo intenté meter la mano entre sus braguitas, pero ella me lo impidió.

– No, ya te dije antes que lo tengo muy sensible…

Y se puso a masturbarme despacio debajo de las sabanas. Estaba muy excitado con todo lo que me estaba contando, es verdad que Claudia parecía estar bastante cortada y la tenía que preguntar todo para sacarla la información, pero me gustaba mas así, que me lo fuera contando poco a poco y luego yo ya me haría una reconstrucción de los hechos desde el principio. De momento lo único que sabía es que Víctor se había corrido dos veces, mi mujer dos o tres y que habían terminado en la ducha masturbándose mutuamente.

– Sigue contando Claudia, ¿entonces le hiciste una paja en la ducha?

– Si.

– Y se corrió…

– Si, ya te he dicho que si…

– Pero ya se había corrido dos veces antes, entonces esta vez fue la tercera.

– Si, fue la tercera.

– Mmmmmmmmmmmmmm…que morbo Claudia, ¿os estabais besando mientras le hacías le paja?, ¿él te tocaba?

– Si, me estaba tocando, me metió los dedos y también nos besábamos, si…

– Mmmmmmmmmm, voy a correrme otra vez Claudia, ¿quieres que te la meta?

– No, tranquilo, córrete si quieres, no me importa, dijo mi mujer mientras me seguía masturbando.

– Me hubiera encantado follarte ayer cuando viniste, después de estar con Víctor apenas hubieras sentido mi pollita dentro de ti…

– Jajajajaj, puede ser…

– ¿La tiene mucho más grande que yo?

– Ya te lo he dicho antes…no seas pesado…

Claudia no quería entrar en el juego de la humillación conmigo aquella mañana y eso que otras veces no la había importado hacerlo, pero parecía que después de follar con Víctor no iba a enseñarse, aunque a mí me apetecía muchísimo que lo hiciera. Así que insistí.

– Dime que tenía la polla mucho más grande que la mía…

– Ya lo sabes David…no te lo voy a decir.

– Claro que me lo vas a decir, estás deseándolo…

– ¿Ah sí?, dijo desafiante con voz sensual.

– Si…

– Como prefieras cornudo, tú lo has querido…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm….

– Tenía la polla mucho más grande que tú…

– ¿Mucho más?…ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh…

– Muchísimo más cornudito…

– ¿Y más dura?

– Por supuesto…la tenía durísima, a ti apenas se te pone dura…¡¡la tenía mucho más grande y dura que tú!!, ¿eso quieres oír cornudo?…

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh Claudia…

– ¿Que te pasa, ya te vas a correr?…

– Ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….

– Además aguantaba muchísimo, me costó hacer que se corriera en la ducha, a ti si quiero te hago terminar en 10 segundos, dijo acelerando su paja.

– Diosssssssssssssssssss, Claudia, ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhh, sigue, sigueeeee….

– Estuve más de media hora meneando aquella enorme polla…me encantaba hacerlo, joder, al final hasta me dolía el brazo…

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh….

– Luego de pies pegamos los cuerpos y se corrió sobre mí, en mi estómago mientras nos besábamos… ¿me has oído?, ¡se me corrió encima!

– Me voy a correr Claudia, me voy a correr…

– ¿Ya, cornudo?, jajajajajajajajajaja…

Bajo las sábanas eyaculé manchando la cama y la mano de mi mujer que siguió masturbándome bajando el ritmo mientras descargaba. Sonreía de satisfacción pensando que esto solo era el principio de nuestro juego y que además Claudia apenas me había contado nada del encuentro. Era mejor de lo que imaginaba, estaba reviviendo de nuevo lo que me hacía la zorra de mi ex novia Cristina, solo que ahora me lo estaba haciendo Claudia, mi mujer y madre de mis dos hijas.

Le dije que me iba a pegar una ducha antes de bajar a desayunar al restaurante del hotel. Cuando salí Claudia ya estaba vestida, se había puesto un vestido gris de lana de estos ajustados de cuerpo entero hasta las rodillas y abajo unas zapatillas blancas junto con unas gafas negras de pasta. Era un look muy informal sin maquillaje, debajo tampoco llevaba ropa interior elegante, un conjunto normal de sujetador y braguitas blancas.

Nos sentamos tranquilamente en una mesa de la cafetería y se acercó el camarero a preguntarnos qué es lo que queríamos. Le pedimos café con leche para los dos y luego nos dijo que podíamos coger lo que quisiéramos de un pequeño buffet que tenían preparado. Estábamos con el café en la mesa, unas tostadas, un zumo y un par de bollos cuando de repente entró. No contábamos con verle otra vez, al menos ese fin de semana. Estaba detrás de Claudia y ella de primeras no le vio.

Víctor le dijo al camarero que venía solo y le preparó una mesa individual. También llevaba un look más informal que la noche anterior, con jersey azul clarito, polo blanco, vaqueros y unas zapatillas New balance de color granate.

– Ha entrado Víctor, dije yo.

Creo que Claudia se puso roja de la vergüenza y miró a los lados como buscándole.

– Está detrás de ti…

Justo cuando Claudia se giraba él también nos vio. No dudó ni un segundo en venir hacia nosotros…

Nota: Durante unos días estará gratis en Amazon la primera parte de Cornudo y seguirá disponible también la segunda parte, El placer de mirar.

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