MARC MELLADO

la tarde al fin se hizo palabra. cuando

llegó, al estilo de la policía o los malos amantes,

yo andaba ya medio desnutrido de tanto racionar

mi apetito, pero con más empeño

que cuando lo único que hacía era esperarla.

porque me la tuve que inventar: fueron los años

sin calendario y de enterrar, tampoco a mucha

profundidad, las pistas del sueño. dormir

cuando la madrugada es un casino era imposible;

escribir con la cabeza mirando al suelo,

el más absurdo de mis desvaríos; tratar

de que el futuro se me enquistara entre los dedos, algo

tan inoportuno como pensarse siempre en la infancia…

y por primera vez alcé los brazos como respuesta al cansancio.

me acerqué un poco más hacia esa esquina

por donde sabía que vendría su sombra

para advertirla, aunque fuese medio minuto, antes.

pero en lugar de su estela, me encontré con que el silencio empezó

a perseguirme, y no dudé más:

en ese hueco donde hasta la tierra calla puse mi nombre.

desguacé la moto, encendí otro cigarro

y empecé a posponer mis planes.

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