AURORA MADARIAGA

Capítulo 20
El súbito escozor de su piel en el rostro, cuello y manos despertó a Nuala de un salto.
Se impulsó de la cama y quedó sentada al borde alerta a sus alrededores. Prendió la
lámpara de su velador. Sintió la luz del día quemarle la piel. Apretó los dientes y los
ojos. «Nuada». Su corazón dio un vuelco. Abrió los ojos y tragó saliva. Se sobó las
mejillas y los dorsos de las manos desesperada por rascarse. Los pinchazos
disminuyeron de a poco. Su hermano se había expuesto a la luz solar. ¿Qué estaba
haciendo? Nuala intentó concentrarse y conectar con sus pensamientos. Lo llamó una
y otra vez. Algo había cambiado. Donde antes solo percibía oscuridad en su corazón,
ahora una luz enceguecedora la detenía de acceder a él. El ardor pasó. Exhaló agotada y
se dejó caer sobre el colchón.
Los días y noches viviendo en las instalaciones de la A.I.D.P. no distaban mucho de las
cloacas de Nueva York. A más de un mes de haber llegado a la agencia, Nuala todavía
no había encontrado siquiera una sola ventana que mostrara el intemperie. Su piel y
ojos se lo agradecían pero con amargura debía aceptar la ironía de estar sobre la
superficie de la Tierra mas sin ser capaz de avistar aunque fuera desde el interior de la
construcción un poco de flora y paisaje. Los rayos de sol a través de un cristal también
podrían dañarla. Era mejor así. Pasaba horas en la soberbia biblioteca donde Abraham
vivía. Compartían tardes y noches leyendo juntos, escuchando música y conversando.
El agente Hellboy y su compañera la agente Sherman se habían mudado a unos
aposentos más amplios dentro del edificio a la espera de sus primogénitos. Serían
gemelos. Desde aquella vez que había presenciado el poder de Piroquinesis de la
agente Sherman que la pareja no se la escuchaba discutir. Revisaban catálogos de
muebles para los bebés, debatían opciones de nombres, y se preguntaban cómo eran
de lucir siendo los frutos del amor entre un demonio y una humana con poderes
sobrenaturales.
Los agentes de traje y corbata como también el equipo de científicos y profesionales
seguían con sus labores rutinarias. Haber destruido su pieza de la corona de
Bethmoora había neutralizado la amenaza que su hermano representaba. No sabía de
él. No le escuchaba en sus pensamientos. Ausente. Allí donde estaban sus memorias
más felices creciendo juntos, invadía ahora una nostalgia y melancolía enfermiza que
le apretaba el pecho tan pronto recordar. Le extrañaba. No sabía si estaba bien, solo
sabía que todavía estaba vivo, pues ella también lo estaba. Todas las noches rogaba a
los dioses en su nombre. Elevaba una prediga a la Madre Tierra, protectora y matriarca
de los elfos, en nombre de Nuada. Todavía al cerrar los ojos podía ver los suyos
inyectados de ira y dolor en el momento que Nuala entregó su pieza de la corona a las
manos envueltas en llamas de fuego de la agente Sherman. Mantener la paz con el
mundo de los humanos le estaba costando el desprecio de su propio hermano. Su
única familia viviente.
Conversaba una tarde con Abraham en la biblioteca cuando volvió a sentir su
presencia. Temió lo peor cuando las súbitas estocadas por millones en su piel la
hicieron retorcerse y lagrimar de dolor. Le llamó con todas sus fuerzas. «¡Nuada!»
Abraham acudió a su lado y trató de socorrerla. A duras penas Nuala se puso de pie.
Abraham la imitó y preguntó una y otra vez si estaba bien. Escuchó su voz en su mente
tan clara como ayer. «Nuala». La Princesa se afirmó de los muebles y se dirigió hacia el
pasillo, Abraham salió tras ella. Apoyándose en las murallas, Nuala luchó contra el
constante ardor de su piel y sorteó a duras penas las esquinas y vueltas hasta llegar a la
puerta que la separaba con el exterior. Estiró su mano con la palma abierta y cerró los
ojos.
—Nuada está cerca, viene hacia aquí—dijo con un hilo de voz.
Enseguida escuchó el pitido ensordecedor de la alarma de emergencia. Volteó y encaró
a Abraham. No le culpó por haberlo presionado. Su hermano todavía era considerado
una amenaza latente. Los agentes Hellboy, Sherman y Krauss llegaron a la entrada y
preguntaron qué pasaba. Abraham los puso al corriente.
—¡Pero si son las cinco de la tarde!—el agente Hellboy observó en un alarido—. ¿Qué
quiere? ¿Rostizarse allá afuera?
¿Qué hacía su hermano a plena luz del día en las afueras? ¿Estaba acaso suicida? El
impacto se escuchó desde el techo, tanto los agentes de traje como los especiales
prepararon sus armas de fuego. Abraham llegó a su lado y con su cuerpo la cubrió
como un escudo. Se arrimó a su brazo y descansó sobre él todo el peso de su cuerpo. Su
rostro se calcinaba tanto como su cuello y manos. Otro golpe en la lontananza les avisó
a todos que venía desde el elevador. Todos corrieron en esa dirección. Allí estaba.
Nuada. Nuala tragó aire de la impresión al verlo al igual que todos los demás. Las
puertas del ascensor estaban abiertas de par en par y él, desplomado en el suelo entre
la cabina y el piso de la planta baja. Nuala corrió a socorrerlo. Abraham gritó a sus
espaldas e intentó retenerla pero se zafó con la poca fuerza que le quedaba. Aterrizó a
su lado de rodillas y sollozando lo tomó en sus brazos. Llamó su nombre. Las fuerzas
la abandonaban, perdió el equilibrio y cayó sobre su hermano. Desde algún lugar se
sintió elevar. Abraham y la agente Sherman la tomaron por los brazos y la alejaron de
su hermano. Nuada comenzó a retorcerse en el suelo. Todos los agentes apuntaron sus
armas contra él. Nuala rompió en llanto. Su dolor lo estaba matando por dentro. Los
estaba matando a ambos. Se zafó de Abraham nuevamente y corrió a su lado justo
cuando Nuada se reincorporaba de pie. Lo atajó y abrazó fuerte.
—Hermana—susurró entrecortado y se apoyó en ella con todo su peso.
Sus piernas tambalearon casi incapaces de soportarlo pero logró afirmarlo hasta
mirarlo a la cara. Nuada la encaró y apoyó su frente con la suya. Ambos cerraron los
ojos.
«Vengo en paz. Ayúdame, Nuala. Loreto se muere».
La Princesa volteó hacia los agentes.
—¡No disparen! ¡Mi hermano viene en son de paz!—rogó entre sollozos.
Dubitativos, los agentes bajaron las armas pero no las guardaron sino que las
sostuvieron todavía en las manos. Nuada se irguió de a poco hasta pararse firme en
ambos pies. El escozor en la piel comenzó muy de a poco a disiparse.
—¿Qué has venido a buscar, Príncipe?—el agente Hellboy increpó con voz seca y dio
un paso al frente.
Nuala lo sujetó por la cintura y le dio una mano como soporte.
—Es Loreto Clair. Su cáncer ha vuelto—dijo con esfuerzo todavía jadeando por aire y
con el rostro contraído de dolor—. Por las pasadas horas ha estado bajo los
tratamientos de mis druidas pero ellos temen que nuestra medicina no sea suficiente
para sanarla. Me contó que el agente Abraham Sapien detectó primero su enfermedad
y que fue intervenida aquí por especialistas humanos.
Abraham caminó hacia ambos gemelos, la agente Sherman se puso a un paso de él a la
par que encendía sus manos de llamas ardiendo.
—Eso es correcto—Abraham dijo.
Nuada se soltó de su hermana y caminó hacia el agente. Todavía no estaba del todo
recuperado.
—Por favor, ven conmigo y trae a tu equipo de médicos humanos. Loreto se muere. Yo
mismo sentí su enfermedad en su vientre—su voz se quebró.
Nuala se remeció de pies a cabeza. Una sensación cálida y abrumadora abrazó su
pecho y sus ojos se rebalsaron de lágrimas. Avanzó hacia su hermano y sin mediar
palabras, tomó su mano y la conectó con la suya. Cerró los ojos. La amaba. Nuada
amaba a la humana Loreto Clair. Había viajado bajo el sol otoñal hasta la agencia para
implorar por ayuda para ella. Nuala conectó su mano libre con Abraham. Los tres
crearon una cadena telepática. Su nuevo amigo leyó lo mismo que ella. Parpadeó
contadas veces y ladeó la cabeza. Volteó hacia el agente Hellboy.
—Hermano Red, el Príncipe está siendo honesto—dijo.
—Me parece una trampa—el agente balbuceó y accionó el gatillo de su arma.
—¿Para qué, demonio?—Nuada dijo y se soltó de Nuala—. Yo no juego sucio, sino que
batallo de frente.
—Si lo que dice es cierto—la agente Sherman intervino—, ¿no sería mejor traerla acá
junto con los druidas elfos? Aquí tenemos el equipo médico para examinarla.
Los gemelos y Abraham intercambiaron miradas. El agente Krauss dio un paso
adelante. Nuala sintió en su núcleo el pavor nauseabundo de su hermano al encararlo.
Él había sido el culpable de torturar a ambos por casi un mes completo. Nuada produjo
su lanza de la espalda y tomó distancia.
—Mis disculpas, Sus Altezas—el agente alemán dijo con su escalofriante voz metálica
—. Debo reparar en algo el daño que causé y creo que sé la forma cómo hacerlo.
Comenzó a caminar hacia el elevador.
—¿No vienen conmigo a Brooklyn? Una paciente nos espera.

https://www.wattpad.com/user/Aurora_Madariaga

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s