MOISÉS ESTÉVEZ

Vivía solo. Después de un par de relaciones tormentosas, en las que se
incluía un complicado divorcio, decidió que no compartiría su vida con ninguna
otra persona. Estaba cansado y se había rendido. No seguiría buscando ese
amor ideal en el que tanto había creído siempre.

  • Ni con un perro. – Se decía cuando sus pensamientos se retrotraían a
    un pasado bastante oscuro desde el punto de vista sentimental. Estaba harto
    de tolerar y respetar. No podía creer que la mayoría de las personas que
    habitaban este jodido mundo se negaran desarrollar estos dos conceptos tan
    básicos.
  • Aunque un perro no sería una mala opción de compañía, por lo menos
    ellos si son capaces de respetar y tolerar, frecuentemente más y mejor que
    cualquier persona, y además siempre están ahí, meneando el rabo para
    mostrar su complicidad para con su dueño –
    Se sirvió un café, muy caliente y bien cargado en una taza con la cara
    de Han Solo, regalo friki que su hija le hizo en su último cumpleaños, atrapó la
    novela que empezó anoche, se tumbó en su sofá con los pies apoyados en el
    alféizar de la ventana por la que entraba un tímido rayo de sol, y se dispuso a
    disfrutar de aquel momento. Qué más podía pedir: buen café. gran libro,
    silencio…

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