ANGIE P. RAINBOW

Esas ganas de mirarme reflejada en tus ojos,
de darte lo que está en mi alma,
lo que esconde mi boca,
lo que guardan mis manos.
Ese vértigo de querer comerte los labios,
de jugar con los mechones de tu cabello,
de escuchar tu risa en las noches de lluvia,
de sentir tu cuerpo en los sábados dementes.
Esa sed de querer atrapar estrellas en el aire,
de beber de la sangre que brota en tu río,
de caminar por las rosas que conforman tus latidos,
de curar el dolor de mi corazón hambriento.
Esa hambre de tener la primavera en el pelo,
de dar mi vida entera con los domingos incluidos,
de volar acompañada más allá del cielo,
así, sin una fecha de regreso.
Ese deseo de apagar la soledad que cubre el invierno,
de llorar sumergida en la alegría,
de deshacer las telarañas de mi alma,
de no querer ya nada más, yo que siempre quiero.
Ese anhelo de imposibles.

Un comentario sobre “Un corazón hambriento

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