CLAUDIO SEMAN

Tuuuu…tuuuu…tuuuuu…tuuuu.

Tuuuu…tuuuu…tuuuuu…tuuuu.

-Editorial.

-Hola, sí. Por favor con mi editor.

-Y ¿usted quién es?

-El escritor.

-Muy bien, pero ¿qué escritor es usted?

-Usted dígale que habla el escritor y que quiero hablar con el editor. Él ya sabe quién soy.

-¿Por qué asunto es?

-Quiero pedirle que me cambie al lector. Es insoportable.

-¿Qué le cambie el lector? ¿Y cómo se le ocurre que se puede hacer eso?

-No me la complique, por favor. Dígale al editor que habla el escritor y listo. Lo que yo tengo que hablar con mi editor a usted no le incumbe.

(-Acá hay un loco que dice que es el escritor y que quiere hablar con el editor.

-Ah…sí, pasamelo)

-Hola.

-Hola, habla el escritor. Querría hablar con el editor.

-Soy yo.

-No. Usted no es.

-Le digo que soy yo, señor.

-Discúlpeme pero usted no es. Mi editor es un hombre y usted, por la voz, es mujer.

-El editor hombre que usted menciona renunció y yo lo reemplacé y es verdad soy mujer. ¿Le molesta?

-¿Molestarme? No, no. Para nada, es que…ya tenía confianza con él. Me sorprendió, nada más. Vio cómo es esto, uno con su editor, al cabo de un tiempo, establece una relación con un nivel de confianza…pero, está bien, si renunció…

-No será usted uno de esos misóginos a los que les molesta que una mujer ocupe espacios que se cree que son solo para hombres.

-No. No. No. De ninguna manera señora. Me complace que una mujer…

-Su sorpresa no fue de complacencia.

-No, solo fue sorpresa. Pero me parece bien que una mujer…

-Lo que a usted le parezca no tiene ninguna importancia. Y su machismo no me cae bien.

-Pero es que no soy machista señora. O, bueno, quizá sí. Mi generación es una generación que creció en el machismo, pero que no pretende subestimar a la mujer. Por lo menos, no en mi caso…

-Mire, el machismo es machismo. Y siempre subestima.

-Sí, es verdad, el machismo es machismo y siempre subestima. Pero no es mi caso. Simplemente soy el resultado de una época, pero no soy un abusador ni un maltratador, ni violento…

-Usted es machista. Lo acaba de reconocer. Así que sea como sea, resultado de una época o no, usted es en algún sentido un maltratador, un abusador y un violento.

-No señora, no. ¡Cómo me dice eso! Por favor… Quise decirle que los hombres de mi edad crecimos en una sociedad machista, pero ¿cómo le explico? Veneramos a nuestras madres, a nuestras hermanas. No voy a decirle que tengo amigas mujeres, jajajaja…es como el acusado de nazi que dice que tiene amigos judíos, ¿no? Claro, la respuesta correcta es decir que uno no sabe qué son sus amigos, si judíos o musulmanes o ateos. Simplemente que tiene amigos. Pero en el caso de una mujer es distinto, ¿no? Porque uno ve que es mujer, aunque no quiera uno ve que es mujer, la ropa, la cara, no sé, entonces…Aunque debo reconocerle que no tengo amigas mujeres. Déjeme pensar… No. No tengo, hubo una chica con la que…

-Basta, me está hartando. Está diciendo cualquier cosa.

-Es que usted me acusa de machista, abusador y violento pero yo no soy nada de eso señora, y uno no sabe defenderse de lo que no es o de lo que no hizo. ¿Cómo me defiendo de la violación que no cometí? ¿Con el silencio?

-Sí, mejor cállese la boca.

-Bueno…pero es que no tengo ningún problema con el género señora. Y usted me acusa de lo que no soy. Y además llamé yo así que no puedo callarme la boca. Yo llame para hablar con mi editor, en este caso editora…

-Y si no llamaba usted lo iba a llamar yo.

– ¿Si?

-Si. Me llamó su lectora…

-Perdón, no la escuche bien…

-Me llamó su lectora y me planteó un rosario de quejas…

-¿Dijo lectora?

-Si. Una sola. Y se me ha quejado de una infinidad de temas de su novela que no termina de definir. Primero, no sé qué de un tal Cacho Gamulán. Dice que usted no fue claro sobre si se murió en un accidente de moto o algo así. Segundo, ¿hay un manco serio, que tiene las dos manos?…bueno, no entendí bien, pero ¿ese manco fue a la guerra y ahí lo dejo? Su lectora dice que unos muertos no quisieron donarle la mano…No sé, un intríngulis que me imagino que lo explicará más adelante. Tercero, la casucha de Don Santiago. Se queja de que no le quiere contar qué pasa alrededor de esa casa. ¿Hay un secreto o no hay nada? ¿Qué pasó, se le escapó, lo puso, se arrepintió y después se olvidó de borrarlo? Por favor escritor, invente algo para lo de la casilla si es que no pasó nada, pero usted no puede generar una expectativa y después olvidarse del tema. Cuarto…esta sí que es buena, muertos que no se van. Escritor…ya está inventado todo eso y encima esta no es una novela de terror. Hola, escritor, ¿me está escuchando? Vaya tomando nota de todos estos puntos.

-…

-Hola escritor. ¿Se cortó?

-…

-Hola escritor, ¿me escucha?

-No, no. Sí, la escucho…Me quede pensando. ¿Dijo lec…

-¡Conteste hombre!

-Si señora, acá estoy. Discúlpeme, pero ¿dijo lec…

-Espere que no terminé. Quinto, Toby. ¿Quién es Toby? Toby, el romántico. ¿Es un perro? ¿En serio es un perro romántico? No se entiende bien. Quizá sea una buena idea lo del perrito, me encantan los animales, pero trabájela un poco más. Por qué no saca todo lo demás y escribe solo del perrito. La idea del perro romántico me gustó. Hágame caso, trabájela escritor. Sexto, ¿a qué van al bar todas las tardes? ¿Sus personajes no trabajan? Usted mismo, ¿no trabaja? Dios mío… con gente así este país está condenado…Séptimo, lo tengo todo anotado, pero hay cosas que no entendí, séptimo, dice que viene anunciando que va a hablar de un tal Casimiro y no lo hace. ¿Otra vez lo mismo que con don Santiago, escritor? ¿Qué pasa, se olvida de las cosas? Usted tiene que hacerse un esquemita de lo que va escribiendo aunque sea una estructura muy sencilla. No confíe solo en su memoria. Hágame caso escritor. Sigo. Octavo, ¿usted además de despreciar a las mujeres, desprecia a los viejos que hacen aquagym? Mire…mi madre hace aquagym y esa imagen de los…labios vaginales envolviendo los flotadores como babosas enormes…por favor, ¡asqueroso! ¡Asqueroso y sin necesidad!

-Editora…yo no hable de babosas… “estirados labios de vaginas incontinentes”, esa es la frase exacta. Pero quería preguntarle… ¿dijo lect…

-¡Por Dios! ¿No se da cuenta de que está hablando de la vagina de su madre también? Repugnante…Noveno y me da vergüenza a mí decirlo… ¿se masturbó una vez con Olga Zubarri? ¡Dios mío qué antigüedad! ¿Por qué cuenta esas cosas escritor? ¡Es desagradable! ¿Qué necesidad tiene? ¿Hace a la historia semejante confesión?… Décimo, ¿cómo se juega al juego del corcho? ¿Qué es eso del juego del corcho? ¿Dónde lo venden? Lo único que su lectora elogió fue algo del otoño, pero que después lo mezcló con unos que desaparecieron, el humo, un gendarme… En fin, como le dije, un rosario de quejas.

-…

-Hola. ¡Hola!

-…

-¡Escritor! ¡Hola! ¿Está ahí? ¿Se cortó?

-Discúlpeme, si aca estoy, ¿dijo lectora?

-¡Pero conteste hombre, por favor! Sí, dije lectora. Una sola. No tiene mucho de que alegrarse. Una sola. Y con tantas quejas no sé cuánto más le va a durar.

-No, no es por la cantidad. O mejor dicho no es solo por la cantidad. ¿Es una mujer? Siempre la trate como si fuera un hombre…

-Me dijo que no era machista y ahora se queja de que su único lector no sea lector, sino de que sea lectora. Es decir que le molesta que sea una mujer. Escritor, discúlpeme, pero usted es peor de lo que me imaginaba.

-No sé qué se imaginaba…pero se lo ruego, cámbieme la lectora. Yo llamé para pedir que me cambien al lector, pero ahora sabiendo que es mujer, con más razón, por favor, cámbiemela.

-¿Qué dijo?

-Que por favor me cambie la lectora.

-¡Le molesta que se haya quejado!

-No me molesta que se haya quejado. Ni tampoco me hace feliz. Pero por favor, cámbiemela. No quiero que una mujer sea la única persona que me lea. No quiero.

-Pero, ¿cómo se le ocurre? Usted no solo es machista, violento y abusador, ¡es un troglodita! ¿Se cree que porque es mujer no va a entender las pavadas que escribe? ¿Usted escribe para hombres, solamente? Siempre la misma historia, esta es una lucha que las mujeres debemos sobrellevar en soledad. Hombres como usted son los que se vanaglorian de la cantidad de mujeres con las que se acostaron. ¿No es cierto? Usted cree que puede decidir quién lo lee. Sépalo, somos dueñas de nuestras decisiones y podemos decidir, no solo qué leemos, también decidimos a quién no leemos y usted, no lo dude, va camino a esa lista. Y deje de vanagloriarse de sus conquistas sexuales. Nosotras decidimos que hacemos con nuestro cuerpo, nosotras decimos si queremos hacer el amor, con quién y cuándo…

-Pero…

-¡No me interrumpa desgraciado, misógino, machista! No se lo quería decir, pero su lectora, desde este momento “mi amiga”, me contó la historia esa que escribió y que anda ventilando cómo traicionó a esa pobre chica a la que lo único que usted hacia era mirarle las tetas y que se reía de un forúnculo que tenía en el muslo y de lo desparejo de su dentadura…

-No señora…

-No me interrumpa. ¿Por qué dejo a esa mujer?  ¿Por qué? ¿Por qué anda contando los detalles de su cuerpo? Entérese, nuestro cuerpo, el cuerpo de las mujeres, nos pertenece, no es un objeto de placer. No es para su goce machista e inmundo. Cuando no nos consiguen se encierran en un baño a masturbarse pensando en nosotras… ¡sin nuestra autorización!

– Espere, por favor, espere. Aclaremos un poco todo este berenjenal. Primero, perdóneme, pero para masturbarme no voy a pedirle permiso a la musa que me inspira, ¿no sé si me explico? Segundo, yo no ventile nada, señora. Si hay alguien que ventila detalles del cuerpo femenino, ahora, son precisamente ustedes, las mujeres. Yo no sabía que se les secaba la vagina hasta quedar de cartón o que van caminando por el parque y se les escapa el orín, o que tienen unos olores tan nauseabundos que parecen salir de una tumba abierta, hasta que las publicidades de sus benditas toallitas higiénicas inundaron las pantallas de la tele. No me parece mal. Lo entiendo. Supongo que es una manera de hacer que el hombre destierre esa idea de la mujer como objeto de placer. Es un cuerpo que transpira, sucio, que se degrada. Estamos aprendiendo a mirar al cuerpo femenino de otra manera. Pero no estamos hablando de eso. Sólo le pido que me cambie a la lectora.

-¿Qué mi cuerpo es sucio?

-No señora. Haga de cuenta que no le dije nada. Solo quise explicarle lo que pienso del cuerpo femenino. Siempre lo vimos como un regalo, una ofrenda hacia el hombre. Como un objeto que solo proporciona placer, y hoy, al conocer todos los… inconvenientes con los que convive la mujer con su cuerpo, le hace también al hombre verlo de otra manera. Es una nueva concepción del cuerpo, paradójica en la era en la que el cuidado del cuerpo parece ser lo más importante, pero nueva al fin y al cabo. Nos están enseñando a nosotros, los hombres, a construir otra forma de convivencia con el cuerpo de la mujer, ya no hedonista. O al menos no solo para el placer masculino.

-Usted no entiende nada. Nada de nada.

-Mire, solo le pido una cosa, cámbieme la lectora por un lector o póngame otra lectora más. No quiero estar a solas con ella.

-Le tiene miedo, ¿no? Se da cuenta del poder de las mujeres. Y vamos a tener más todavía. Mucho más, siempre y cuando terminemos con imbéciles como usted. ¿Entendió?

-…

-¿Entendió?

-Sí señora. Entendí. Y además, es cierto, le tengo miedo. Pero no es el miedo que usted supone. Por favor, cámbiela. Se lo suplico.

-¿Qué clase de trauma tiene usted, escritor?

-Mire, no sé si es un trauma y si lo es, es consecuencia de los tiempos que nos tocan vivir. Pero no quiero estar a solas con ella.

-Usted está enfermo.

-¿Cómo saberlo? Puede ser. Estoy convencido de que la salud es un concepto subjetivo que está atado a la idea de felicidad. Y se supone que a todos no nos hace feliz lo mismo. O no debería. A veces me pregunto si Baudelaire sin drogas era sano o Bukowski sin su cerveza. ¿Cuál es el verdadero Sabina o el verdadero Charly García? ¿La salud tiene algo que ver con lo verdadero? Bueno… ¿me la cambia por favor?

-No.

-Pero es que no se da cuenta que un hombre a solas con una mujer está expuesto a cualquier tipo de abuso.

-¿Qué dice? ¡Es al revés!

-Era al revés…ahora no.

-¿De dónde saca tantos disparates?

-Señora, si a esa lectora se le ocurre decir que yo le insinué o le hago una propuesta, digamos, indecente, aunque ya no sé qué es la indecencia en materia de propuestas a mujeres…

-Será porque algo le habrá insinuado…

-Ve, eso es lo que le digo, cargo con la sospecha de miles de años de machismo abusador, de un patriarcado dictatorial, que nadie creerá que la acusación es un invento. Tendría que salir yo a demostrar mi inocencia y no solo sería inútil, sino que además entraría en un debate sexista en el cuál hoy el hombre tiene todas las de perder. Y eso sin mencionar que todo argumento masculino es propenso a caer en el menoscabo de lo femenino y no por machista, sino por una reminiscencia de 20 siglos de dominio.

-¿Qué?

-Cámbiela o agrégueme otro lector, por favor. Si me acusa de querer abusarme no tengo manera de defenderme sin exponerme a un juicio mediático del que ningún hombre en estos casos, sale bien parado.

-Usted es un machista de los peores.

-¿Y si ella es una botinera de la literatura?

-¿Qué? Por favor, no sea ridículo. ¿Qué es una botinera de la literatura?

-Una botinera, las novias de los futbolistas. Los denuncian por abusos que muchas veces no cometieron y muchas veces sí, para sacarles plata, para hacerse famosas o simplemente por maldad, aunque creo que la mayoría de las denuncias son sobre todo con la intención de buscar notoriedad. Hoy la maldad por si misma nadie la usa. No hay malvados por el simple hecho de hacer daño. Hasta los malvados han hecho un negocio de la maldad. Ya ni malos quedan… solo interesados.

-¿Y entonces?

-Si es una botinera de la literatura me puede denunciar para hacerse famosa a costa de mi nombre.

-¡Pero si a usted no lo conoce nadie! Usted ES un don nadie. Nunca publicó nada. Ni piojos le puede sacar. No me haga reír que bastante indignada me tiene ya…

-No importa que hoy no me conozca nadie. Una denuncia de esas se la pueden hacer 20 años después, o en Hollywood no pasó así con las denuncias contra ese productor que no me acuerdo como se llama.

-Harvey Weinstein. Y no fueron acosos de hace 20 años.

-Dios mío…está bien señora tiene razón.

-Usted toma para escribir, ¿no? O se droga. Por eso habló de Baudelaire y de Bukowski. No le hace bien…hágame caso, no le hace bien.

-Está bien señora, gracias por su tiempo. Buenas tardes. Ah…una cosa más, no me masturbé con Olga Zubarri, me masturbé pensando en Olga Zubarri. Y no una vez, varias veces…muchas veces…y sin pedirle permiso.

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