GILDEROY

Parte 2

Estuvimos un rato más en la cama, y después nos vestimos. Yo tenía que irme, había quedado con mis amigos esa noche para salir, y ella también tenía planes. Le di mi número de móvil para poder hablar por whatsapp y me fui. Yo no vivo en el campus, sino en la ciudad. No me es difícil llegar a mi piso, ya que cojo la parada del metro que está en el centro del complejo universitario y en 15 minutos me deja en mi parada, que está a un par de manzanas de mi piso. En primero de carrera sí que estuve viviendo en una residencia, pero sinceramente no me gustó. Ya sabéis como soy, tantas fiestas, tanta gente junta me asusta un poco. Siempre me invitaban a salir, a hacer cosas juntos, a estudiar, y yo soy más de estar solo y tranquilo. En segundo ya me fui a vivir con un amigo de clase, Paco, nos alquilamos un piso de dos habitaciones muy bien situado, que no sale muy caro porque es bastante viejo y además en un 6 sin ascensor. Luego hay que pagar el transporte para ir a la Universidad, pero la mayoría de los estudiantes que viven en el Campus también acaba comprándolo, así que pagábamos al final más o menos lo mismo. Y teniendo en cuenta que el Campus es tan gigantesco, el cuarto de hora que me hecho yo en metro se lo hace la gente andando desde la residencia a clase. Así que estaba satisfecho.

Esa noche había quedado con mis amigos para comentar la noche anterior, así que fui a casa a almorzar, y estudiar un poco por la tarde. Al llegar llamé a Paco a ver si estaba. Me apetecía contarle mi aventura, y decirle que por fin había encontrado una tía con la que veía un futuro. No me contestó, así que me acerqué a su cuarto a escuchar. Escuché la cama crujir rítmicamente, y a Ana gimiendo. Ana es su novia, una chica bastante expresiva cuando folla. La noche anterior había venido a la fiesta, así que supuse que después pasaron la noche en el piso. Me quedé escuchando, acariciándome el paquete hasta que ella se corrió. A Paco nunca se le oye, así que suelo disfrutar mucho escuchándola a ella. Es bastante atractiva y sus gemidos son muy sensuales. Cuando vi que se hizo el silencio fui a mi cuarto a terminar el trabajo. A pesar de haber follado hacía poco con Noemi estaba bastante cachondo, así que me corrí y luego me puse a comer. Lo primero es lo primero. Mientras comía, salió Ana, se despidió y se fue. Luego vino Paco y se sentó en la cocina conmigo.

– Qué horas de comer son éstas. ¿Dónde has estado todo el día?

– Dormí en la residencia, con una tía que conocí en la fiesta.

– ¿En serio? Vaya, vaya… no veas. Cuéntame- le conté todo lo que pasó, al menos la versión censurada. Que la conocí fuimos a su cuarto y nos acostamos. No hacía falta dar más detalles-. Bueno y qué, vais a salir, o qué pasa.

– Pues me pidió mi número, y sí, me pareció entender que estamos juntos. Hemos dicho de vernos otra vez y eso.

Paco se alegró mucho por mí, y me dijo que haber cuando se la presentaba. Yo tampoco quería hacerme muchas ilusiones, porque realmente no habíamos hablado de la relación ni nada, pero sí que había entendido cuando hablé con ella esa mañana, que íbamos a quedar más, y divertirnos. No quería hablar de novia aun, pero esperaba que así fuera. Me pasé el día estudiando, y por la noche salimos a tomar algo, donde contamos nuestras aventuras de la noche anterior. Yo fui el centro de atención, ya que no era habitual que yo tuviese nada que contar. Al día siguiente me dijeron de quedar de nuevo para una fiesta, pero les dije que no, porque esperaba que Noemi me llamara. Quería volver a verla, pero tampoco iba a presentarme en su casa. Sin embargo no me llamó, así que me pasé el sábado solo en casa.

La semana siguiente siguió con naturalidad, y sin noticias de Noemi. No la vi en el campus ni nada, pero sí que vi a Manu el martes. Se sentó igual que siempre delante de mí, y no pareció reconocerme. Fue un poco violento, ya que de algún modo, el fin de semana anterior me había tragado la corrida que había dejado en Noemi… Fue un poco vergonzoso, pero me tranquilizó pensar que no sabría nada. La situación era morbosa y me excité un poco, pero tenía que hablar con Noemi y decirle que no contara nada a nadie al respecto.

El siguiente fin de semana llegó, y tampoco quise salir el viernes con mis amigos por si Noemi me llamaba, pero siguió sin dar señales de vida. El sábado hablé con Paco de ello.

– A ver, ¿tú estás seguro que ella quería verte de nuevo y eso?

– Que sí coño, que hablamos y me dijo que le gustaba estar conmigo, y que nos viéramos más que lo íbamos a pasar bien y tal…- eso creía yo, aunque empezaba a pensar que tal vez la había mal interpretado como con lo de comerle el coño.

– Pues entonces, quizá le diste mal tu número. Cuando una tía te pide el teléfono, tienes siempre que pedirle que te dé un toque allí delante de ti, para asegurarte. Si pone una excusa para no hacerlo, olvídate de ella. No sabe dónde vives, así que quizá te haya estado llamando toda la semana, pero no tiene otra manera de contactar contigo- esa idea me preocupó. ¿Y si pensaba que no quería saber nada de ella? O que le había dado un número falso… Me entró el miedo a perderla.

– ¿Y qué hago?

– Pues ve a verla. Tú sí que sabes donde vive, no tienes excusa.

– Pero a ver, si voy a verla, y no me había llamado porque no quería verme ¿qué? Voy a agobiarla y me va a mandar a la mierda.

– No empieces ya ¿eh? Si te manda a la mierda pues te jodes, pero si tú entendiste que quería verte más, tienes derecho después de una semana a ir a verla. Sólo ve y llama a su puerta. Es mejor que te mande a la mierda, que no ir y que ella esté esperándote – decidí ir. Al menos a dar una vuelta, quizá la viera por la zona. Después dependiendo del ánimo ya vería.

– Y cuándo voy.

– Pues ahora.

– ¿Ahora? ¿Tan temprano?- eran las 11-. A ver a lo mejor está dormida, si anoche salió.

– Si vas más tarde, seguramente ya habrá hecho planes para hoy, y te tendrás que volver sin nada. Ve ahora, y queda con ella para esta noche antes de que sea tarde.

Total, que allí estaba yo a las 11:30. Tal vez la viera desayunando, o dando una vuelta por la zona. Paseé por los alrededores de su residencia pero ni rastro, tampoco en el comedor. Sin embargo en una de las pasadas pille a un grupo de estudiantes en la puerta hablando. La tenían abierta, así que aproveché para entrar como quien vive allí, y subí a su piso. Quizá le podría dar una sorpresa. A lo mejor estaba ocupada estudiando y no podía llamarme, quedaba poco para los exámenes finales. Salí del ascensor y comprobé el pasillo. Estaba todo vacío y limpio, totalmente diferente al día de la fiesta. Avancé hasta la puerta y justo cuando iba a llamar, escuché un golpe dentro. Una especie de guantazo. Escuché más atentamente, y sin duda eran golpes de cuerpos chocando, no palmas, pero si otra parte del cuerpo… Los acompañaba el movimiento de la cama y los gemidos de Noemi. ¿¡Estaba follando!? Comprobé que era el piso de la noche anterior. Sin duda, era el 6 A, primera puerta del pasillo junto a la ventana del fondo, que daba a la escalera de incendios. De edificio no podía haberme confundido… Pensé que quizá no era ella, hasta que la oí hablar…

– Si… Si… Ay, cuidado…

Era ella claramente. La recordaba de la vez anterior. Me sentí ridículo. Había pensado que era especial para ella, que teníamos algo juntos. Sin embargo estaba claro que sólo había sido un rollo para ella. Y ya se había buscado otro. Quizá me llamara, cuando le fallara algún ligue, pero estaba claro que ese día estaba cubierto. Probablemente habrían dormido juntos, y esa mañana lo había despertado chupándosela o algo así. Me lo podía imaginar perfectamente.

Me sentí bastante triste, me gustaba mucho la chica esa. Quizás después de nuestro desayuno descubrió que era un plasta, como siempre. Se habría aburrido quizá. ¿Y entonces para qué todo el rollo de las esposas y demás? No entendía nada. Pensé en irme, pero seguía oyéndola gemir, y me puse cachondo. Me la maginaba allí dentro, esposada, o con cualquier otro aparato de los que tenía en el cajón… Me gustaría ver que estaba pasando dentro, pero por debajo de la puerta no se veía nada, la cerradura tampoco y la puerta estaba cerrada esta vez, así que tuve que conformarme con oírla. No dejaba de gemir, y los golpes seguían constantes, más un cachetazo que escuché de repente, seguramente en su culo… Me estaba poniendo malísimo, era horrible estar allí sin poder ver nada. Sin embargo, mirando a la ventana, tuve una idea. Su cuarto también tenía una ventana en la pared derecha, paralela a la que yo tenía al lado que daba a la escalera de incendios. Si pudiera abrirla y salir a la pasarela tal vez podía llegar hasta su ventana. ¿Merecía la pena? Escucharla también estaba muy bien, era muy excitante… Pero yo necesitaba ver quién había dentro. Quizá estuviera sola masturbándose con el consolador… O con otra tía. Tenía que verlo.

Me acerqué a la ventana y la abrí hacia dentro. Miré hacia abajo, la verdad es que la altura impresionaba. El viento era bastante fuerte en un 6º piso. Pero la pasarela de la escalera de incendio, llegaba justo hasta la cornisa de su ventana, de modo que estirándome podría echar un vistazo. Eché un vistazo al pasillo para asegurarme que no había nadie, y salí al andamio, sujetándome con fuerza en la barandilla. Me moví bruscamente y salté un poco para comprobar la estabilidad. El edificio era relativamente nuevo, así que no creía que fuera a caerse sin más. Avance un par de pasos hasta la barandilla de la izquierda, que me llegaba por la cintura. Pasé mi cuerpo por encima, y me apoyé con ambas manos sobre la cornisa de su ventana, para no perder el equilibrio o volcar por encima de la pasarela. La persiana estaba casi cerrada, solo quedaba un hueco de un palmo en la parte inferior. El viento me agitaba con fuerza, y la estructura de la escalera se movía ligeramente. Me asomé a través de la ventana, pero con la iluminación exterior, sólo podía ver mi reflejo. Tuve que pegarme al cristal, soltando una mano de la cornisa para ponerla alrededor de mis ojos y conseguir un poco de oscuridad y evitar el reflejo. La cortina del lado por el que estaba mirando, estaba recogida en el lado, así que puede ver la habitación. Se veía bastante poco, pero pude distinguir unas siluetas negras sobre la cama. Entrecerrando los ojos pude verla a ella, a cuatro patas, y un tío detrás, de rodillas embistiéndola. De ahí los sonidos, era su culo chocando contra la pelvis del tío.

Me costaba mantenerme estable, cuanto menos hacer una foto con el móvil. De todas formas dudaba que se viese nada. Me retiré hasta el andamio de nuevo, y miré hacia abajo. Había bastante gente paseando por el campus y los jardines, si me quedaba más tiempo allí podrían verme. La imagen se me había quedado en la cabeza, no necesitaba más, así que volví dentro, y mientras recordaba a Noemi a cuatro patas, la escuché gemir, hasta que se corrió. Ambos respiraban de forma agitada, y se acomodaron en la cama hasta que se hizo el silencio.

– Qué tal, ¿te ha gustado?- preguntó él.

– Si claro… ¿no se me ha notado?

– Jaja, sí, pero me gusta oírtelo decir.

– Me ha encantado…- y se oyó un morreo- Pero habrá que levantarse ¿no? No nos podemos quedar todo el día en la cama.

– ¿Por qué?

– Cómo que por qué. Pues porque hay que trabajar, moverse. Venga, arriba.

– Bueno, pero me quedo un rato, y luego vamos a almorzar ¿no?

– No… No mejor no, contigo aquí no voy a poder trabajar- Noemi parecía que quisiera que se fuera, pero el tío insistía.

– Pero si yo no molesto. Mira yo me duermo otro rato, y tú haces lo que quieras.

– Está bien… – cedió finalmente Noemi- Bueno pues voy a ducharme.

– Ah pues voy contigo. Y nos duchamos juntos ¿no?

– Pero no ibas a dormirte…

– Me duermo luego, ya ves tú.

Menudo idiota. Hay gente que no sabe cuándo parar. Empezaron a moverse, y a oírse pisadas, así que decidí irme. Como no había nadie, me fui al fondo del pasillo, a la cocina, a esperar. Cuando oí una puerta abrirse, me asomé, y vi a Noemi saliendo de su cuarto con un pijama de verano, bastante sexy. Me escondí rápido para que no me viera. En la cocina comedor también había una puerta que llevaba a un baño comunitario, de modo que si Noemi decidía ir un momento a la cocina tenía donde esconderme. Pero no, oí como se metió en el aseo del pasillo. Me asomé otra vez y vi al tío saliendo. No era ni Manu ni Luis, los tíos de la otra noche. ¿Quién coño era ese entonces? No lo conocí de nada. Al verme me saludó con la mano, y entró en el cuarto de baño. Iba en calzoncillos por medio del pasillo. Un rato después de que ambos entraran me fui. Intenté abrir la puerta del cuarto de Noemi por si acaso, pero estaba cerrada. Escuché en el baño unos minutos por si acaso se ponían a hacer algo, pero sólo distinguía el sonido del agua, así que me fui. Seguía bastante cachondo, así que entré en el baño del recibidor de la residencia, y me hice una paja rápida, pensando en lo que había visto y oído.

Después de correrme las cosas se veían diferentes. Estaba algo triste, por haber perdido a Noemi. Había depositado muchas esperanzas en esa relación, me había gustado mucho esa chica. Su forma de hablar, su cuerpo, su personalidad… Pero claro, a mí y a todos los tíos les gustan las chicas así. Creí que tendría alguna oportunidad por lo que me dijo que yo era especial, pero me equivoqué. Fui a casa sin muchas ganas de nada.

Al entrar, Paco estaba viendo la tele. Me preguntó qué tal fue la cosa. Le conté todo como siempre, censurado. Le dije que la oí, y que me fui.

– Buah, vete a saber si era ella, cuando hay fiesta, ningún cuarto es de nadie…

– No a ver. Era ella. Punto.- Paco se quedó un instante pensando.

– Bueno, está claro que la mal interpretaste en lo de llevar una relación, pero eso no significa que no tengas oportunidad. Una tía siempre se lía con más tíos que nosotros con tías. Evalúa cual le gusta más, y con ese se queda.

– A ver pero yo no voy a liarme con ella, sabiendo que el día anterior ha estado con otro – obviamente eso no me importaba, pero quería saber su opinión.

– Anda este. Pues como esperes salir con una virgen inmaculada vas listo. Tú también haces un montón de guarradas, pajas y todo, ¿no? Y luego le das la mano a la gente.

– Si pero yo me lavo.

– Pues ella también. Tú lo que tienes que pensar es que si se ha duchado y tal, está limpia y punto. Como te comas la cabeza con todo lo que ha hecho una persona en su vida, no vas a poder tocar a nadie nunca más.

– Yo qué sé. ¿Y qué hago?

– Pues sigue insistiendo. Ve de nuevo allí más tarde u otro día, organiza un encuentro casual… Te la encuentras, la saludas y habláis.

– A mí eso de hablar ya sabes que no…

– Joder de algo hablaríais el otro día ¿no? Si no de qué te va a pedir tu número. Normalmente nunca llegas tan lejos con nadie- sí, tema de conversación sí que tuvimos, al fin y al cabo.

– ¿Y si me llama?

– Pues si te llama mejor coño, más fácil. Le dices de quedar, claro. Salís, e intentas estar mejor que los otros tíos con los que sale. Así te elegirá a ti. La vida es competición Álex.

– A ver…

– Y no le vayas a decir que estuviste espiándola, ¿eh? Que te conozco- espiándola dice, y no le había contado ni la mitad.

Al menos me animé un poco. Mis amigos siempre me ayudaban con el tema de las mujeres, que nunca lo he llevado bien. En realidad Paco tenía razón. Podía liarse con quien quisiera. Lo que me había jodido es que juraría que me comentó algo de iniciar una relación, pero si quitaba eso, era normal que quisiera salir con más gente. Aunque conmigo no se había duchado… También era verdad que sólo nos conocíamos de un día, el otro tío quizá llevase ventaja. No soy bueno iniciando una conversación para ligar, mucho menos ir detrás de una tía y hacer que le gustase más que los demás.

No veía mucho más que pudiera hacer. Tal vez debiera ir pensando en olvidarla, y con ese propósito quedé con mis amigos para salir esa noche, y me puse a trabajar. Sin embargo a media tarde, me llegó un mensaje al whatsapp. ¡Era Noemi! O sea, que no me había llamado en todo ese tiempo porque no le dio la gana. Tenía mi número correcto. ¿Me habría visto esa mañana por la ventana? Qué vergüenza, me daba algo… Decidí dejar de especular y leer el mensaje.

¡Hola!

Ey

¿Qué tal?

Aquí trabajando. Y tú

Igual.    

  Qué de tiempo – toquecito de atención.

Sí, perdona, es que he estado liada- ¿se disculpaba y todo?

¿Me has echado de menos?

  Un poco. Creí que te habías olvidado de mí.

No seas tonto, como me voy a olvidar de ti. ¿Te apetece quedar hoy?      

No sabía muy bien a qué jugaba. Estaba de nuevo encantadora. A pesar del mosqueo que tenía porque no me hubiera llamado antes, y se hubiera liado con otro, me apetecía un montón verla. Pero había quedado con amigos… Bueno, ellos lo entenderían.

Vale, ¿qué hacemos?

Pues vente a mi piso, y ya vemos. ¿O te apetece salir?

Me da igual, como quieras.

Bueno pues vente aquí.

¿Cuándo?

¿Ya?

¿Ya?

¿No puedes?

Si bueno, sí. Pero me tengo que duchar y eso.

Vale vale, Ven cuando acabes. Dame un toque cuando estés llegando.

Ok, xao.

Hasta ahora.

Otro de mis problemas era que no sabía nunca qué hacer. En realidad me daba igual todo, no me importaba hacer una cosa u otra. Pero a la larga el “me da igual”, acababa cansando. Noemi al menos sabía qué hacer, y lo decía claro. Ojalá fuera siempre así…

Merendé rápidamente, me duché y me fui para allá. Fui a su edificio lo más rápido que pude, y llamé al telefonillo, pero nadie contestaba. Llamé otra vez e igual, así que le pregunté por whatsapp que donde estaba.

– ¿Ya estás aquí? Pero si no me has dado un toque ni nada- me contestó a través del móvil. Tenía razón, lo había olvidado-. Bueno espera un segundo, que me arreglo y te abro.

Mujeres. Que me importaba que estuviera en pijama o en ropa de estar por casa, si ya la había visto desnuda… Y tampoco me importaba mucho lo que se pusiera, mi idea era quitárselo lo más pronto posible. Estuve esperando por lo menos 10 minutos, hasta que me volvió a avisar por whatsapp.

– Ya estoy. ¿Te abro?- me acerqué de nuevo al portal, porque estaba paseando, y le dije que sí. La puerta se abrió y fui al ascensor.

Cuando se abrió la puerta, me sorprendió ver dentro al tío de esa misma mañana, que estaba en el cuarto de Noemi, que se había duchado con ella.

– Buenas- me saludó amistosamente, y se fue.

¿Vivía allí también? Viviendo en el mismo edificio que Noemi, no le sería difícil ir a verla cuando quisiera, y estar en su círculo de amigos. Parecía contento, desde luego no era para menos, después de haber dormido esa misma noche con semejante bellezón… Me recordé a mí mismo la semana anterior, cuando me iba finalmente del edificio, también igual de contento. Subí hasta la 6ª planta, y al abrirse el ascensor vi a Noemi en su puerta, esperándome. Llevaba una camiseta de tirantes escotada, y unas mayas negras muy apretadas… Al verme sonrió y se hizo atrás para dejarme pasar. Yo sonreí también y entré. El cuarto estaba ordenado, y no había ningún resto de lo sucedido esa mañana. Nada más cruzar el umbral, ella cerró la puerta, me dio la vuelta y empezó a besarme. Sí que tenía ganas ¿no? Seguimos liándonos andando a tientas hasta su cama, igual que la vez anterior, la misma pasión. Ella me quitaba los pantalones, y yo le bajé las mayas, para poder acariciarle el coño.

Sin embargo, notaba algo raro en su boca. Estaba como pringosa, un tacto diferente a la saliva, no sabía detectar que… Mezclado con la saliva no sabía a nada, simplemente notaba un tacto extraño. Pero entonces, me habló, y pude olerle el aliento.

– Vamos, fóllame… aquí, ven…- me arrastró hasta el escritorio, y se sentó encima. Se quitó las mayas y las bragas y luego me metió entre sus piernas, meneándomela y poniéndome la polla bien dura.

Le olía la boca a polla. A semen, concretamente. Además un montón. Se la metí, y empecé a moverme. Ella me agarraba con ambas manos la cabeza, y me acercaba a escasos centímetros de su cara, mientras gemía. Podía sentir su aliento cálido, y el olor claramente. Recordé entonces que la semana anterior, después de chupármela, se tragó mi corrida, y fuimos a desayunar sin preocuparse en lavarse la boca. Si esa mañana había estado con el tío aquel, y se la había chupado… ¿Pero cuánto hacía de aquello? ¿Aún le duraba? Dejé de hacerme preguntas, y disfruté del momento. No me importaba, de hecho me ponía súper cachondo. Me recordaba lo que había estado haciendo esa misma mañana, lo que oí y lo que pude ver, y me calenté un montón. Fui a besarle los pechos, pero me llevó la cabeza de nuevo arriba. No dejaba de jadear y echarme todo el aire a la cara. Quería que estuviese allí, y pudiese sentir y oler su aliento. Sabía lo que quería, pude sentir su intención, y que ella sabía que la había entendido. Fue un momento increíble, nos compenetramos completamente, conectamos. No hacía falta hablar, nos guiábamos hacia donde queríamos… Empecé a besarla, le metí la lengua hasta el fondo, le lamí toda la boca, ella me daba su lengua para que la chupara, me pasaba su saliva… Después coloqué mi nariz en sus labios, aspirando cada gemido, cada suspiro que ella me daba… Eso le gustó, empezó a gemir cada vez más fuerte, a moverse….

– Si… si… si…ahh…- me decía sin parar- Me voy… Córrete… vamos, por favor…

No hacía falta que me lo dijera dos veces. La embestí profundamente un par de veces y me corrí. Al ver que estaba terminando, ella se corrió también. Había aguantado para correrse al mismo tiempo.

– No pares, no… sigue…-le seguí dando hasta después de terminar, aunque empezó a molestarme el roce después de haber tenido el orgasmo. Pero no me detuve hasta que ella me lo indicó- Dios… Uf. Vamos a la cama anda. – La cogí a horcajadas y la tumbé en la cama. Luego me puse a su lado, y descansamos unos minutos.- ¿Te ha gustado?

– Claro…

– ¿De verdad?- Se puso de lado, mirándome. Me llegaba aun el aliento a semen, que ahora me daba un poco de asco, después de haberme corrido.

– Mucho, ¿y a ti?

– Bastante… No recordaba un orgasmo tan intenso desde hacía tiempo…- me encantaba que me dijera esas cosas. No sé si serían ciertas, porque esa misma mañana también se había corrido, que la había oído yo, pero lo decía de una forma que me lo creía.

Estuvimos otro rato en silencio. En realidad no hacía falta hablar del semen de su boca. Ambos sabíamos lo que era, como ya dije mientras follábamos habíamos conectado, y sin saber muy bien cómo, yo sabía que ella quería que me diera cuenta, que supo que me di cuenta, y que me gustó. No hacía falta hablar de nada. Además prefería no sacar el tema porque me daba vergüenza ahora que el calentón había pasado.

– Bueno, y qué tal el día- me preguntó, por hablar de algo. Fui a decirle lo que diría siempre: “Nada bien, trabajando”. Frase corta que termina una conversación pronto. Sin embargo, recordé algo que me dijo el primer día. Quería ser sincero con ella también, y además no quería comerme más la cabeza.

– Pues esta mañana vine a verte- ella se calló. Noté la tensión en su cuerpo.

– ¿A sí? ¿Cuándo?

– A medio día- se puso nerviosa-. Como no me habías llamado ni nada, pensé en venirte a ver. ¿Te importa?

– No, no, claro que no… Es que no escuché el telefonillo ni nada. Perdona.

– No, si no llamé. La puerta estaba abierta y subí.

– Ah. Y… ¿llamaste a la puerta?

– No. Escuché algo que me hizo pensar que estabas ocupada.

– Puf…- se quedó un momento pensativa. Luego sonrió tímidamente- ¿Y te quedaste a escuchar…?- que bien me conocía. Me encantaba esa chica… Me hubiera gustado decirle que sí, la verdad. Seguro que se hubiera puesto cachonda, y habríamos follado de nuevo. Pero quería hablar seriamente, y aclarar las cosas.

– No. Me fui- le dije seriamente. Ella se puso seria también.

– Ah. Bueno- parecía un poco decepcionada-. ¿Entonces qué quieres decirme…?

– Pues no sé. Quizás te interpreté mal de nuevo, pero me pareció entender el otro día que teníamos algo especial. Que estábamos juntos.

– A ver… – se puso a la defensiva- Especial tenemos algo, desde luego. Ya te dije que me encantaba estar contigo, y que no eres un chico difícil de encontrar… Pero no sé, tanto como juntos… ¿En plan novios dices? Yo es que tampoco quiero exclusividad ni nada de eso… Es decir, estamos bien juntos, pero tampoco quiero estar siempre contigo, y sólo contigo… Yo creo que así es mejor ¿no?

– No sé… supongo- una de mis frases míticas. Si me dieran un céntimo cada vez que la digo…

– ¿Estás bien entonces? ¿Te molestó que esta mañana estuviera con otro?

– No, no… No estamos juntos ni nada, puedes hacer lo que quieras.

– Ya, pero me importa tu opinión. Creí… no sé, creí que te gustaría.- ¿Me gustaba? ¿Se refería al sabor a semen de su boca?- No sé… Me has dicho que te ha gustado mucho lo que hemos hecho ¿no?- se refería efectivamente a eso. ¿Me gustaba? Lo cierto es que si no hubiera estado esta mañana con él, no habríamos tenido un polvo tan morboso ni tan excitante.

– ¿Vive aquí en el edificio?

– Si, en el 2º. ¿Por?

– Nada, porque al subir lo he visto en el recibidor. Estaba bajando.

– Ah… Ps. Pensaba que se iría a su cuarto, y no te encontrarías con él. ¿Ha sido muy violento verlo?

– No, no… mientras no me conozca.

– Tranquilo, no le he dicho nada de ti. De todas formas ya te digo, no esperaba que os cruzarais. Por eso te dije lo del toque, para decirle que se fuera con tiempo.

Un momento. ¿Cuándo le hablé por el whatsapp estaba con él? Por eso no me cogió el telefonillo. Ella no se refería a esta mañana, sino a esa misma tarde. Claro, ahora todo encajaba. Menudo idiota que estaba hecho. ¿Cómo iba a durarle el semen en la boca desde las 11? Si se había duchado y todo. El tío se había quedado allí, habían almorzado juntos como él quería, y había quedado conmigo con él allí. Y justo antes de que llegase… Dios, ¡se la había estado chupando mientras yo esperaba abajo! Por eso tardó tanto, no tenía que arreglarse, tenía que hacerle terminar… Y yo la había besado menos de un minuto después…Ahora estaba todo claro… Y me había puesto cachondo de nuevo. Menudo morbazo…

– No sabías que se había quedado hasta ahora ¿verdad?- Noemi me leyó la expresión-. Menuda bocazas soy. De verdad, pensé que te gustaría, no que te fueras a sentir incómodo… Lo siento… – no me molestaba en realidad. Bueno un poco celoso si estaba, pero eso era también excitante… Estaba hecho un lío, pero en ese momento sólo sabía que estaba cachondo. ¿Se lo decía? Tenía la polla dura, pero estaba oculta por la sábana… Ojalá se diera cuenta, porque no iba a ser capaz de reconocérselo a la cara…

– No pasa nada- ella seguía sin entender, ni darse cuenta. Nos quedamos en silencio un rato. La conversación había terminado. Había perdido mi oportunidad de decir lo que pensaba. Como siempre.

– Bueno, ¿qué vas a hacer? ¿Te vas o…?- me estaba echando- Yo he quedado esta noche, pero si quieres podemos hacer algo hasta entonces.

– ¿Con otro tío?- me pasé. Noemi me miró con mala cara.

– Pues sí. Con otro tío. Para follármelo. Pensaba que quizás podrías quedarte hasta entonces, irte mientras estoy con él, y quedar de nuevo después, para que pudieras escuchar un poco como lo hacemos, y tras irse obligarte a comer mi coño recién follado. Pero veo que no te van esas cosas, así que mejor vete.

Sólo con la sugerencia de lo que dijo, me excité. La verdad… La verdad es que me hubiera gustado hacer todo eso. Debería haberle dicho, por favor, hagámoslo. Pero no. Me vestí, y me fui. Esperaba que me retuviese antes de irme, como siempre, esperaba que la otra persona actuase. Pero como es natural, el que tenía que haber dicho algo era yo. Por desgracia, de eso me di cuenta más tarde. Demasiado tarde. Fui hasta mi casa, y allí a pesar de estar triste y algo enfadado, estaba el doble de cachondo que las dos cosas juntas, así que me hice una paja, pensando en todo lo ocurrido, lo que habíamos hablado, que Noemi iba esa noche a acostarse con otro tío más… ¿Sería uno de los que yo ya conocía? ¿U otro distinto?

Cuando terminé, fui a ver la tele. Mis amigos habían salido ya, así que llamé a uno de ellos para ver donde estaban, y quedamos en el centro. Salimos a tomar algo, y hablamos. Les conté todo lo sucedido, versión light como ya imaginareis. Les dije que ella no quería nada    serio, pero no le importaba seguir acostándose conmigo. No les dije nada de la pelea.

   – Perfecto, yo creo. Una folla amiga es lo mejor que puedes tener – me dijo Pablo, uno de mis colegas-. No hay compromisos, ni regalos, ni chorradas, y si hay sexo. Tiene lo bueno de una relación, y te ahorras las cosas malas – la opinión de Pablo ya me la imaginaba. Era el más salido del grupo. Nunca había tenido una relación seria, sólo rollos.

   – Yo estoy de acuerdo, nunca viene mal un rollo. Ahora mismo tampoco tienes necesidad de empezar algo fijo – dijo otro colega. En general todos estaban de acuerdo.

– No sé la verdad- les comenté. No sabían lo de la pelea, así que tenía que decirles algo que justificase el que no la fuera volver a ver-. Creo que paso. Prefiero una tía sólo para mí. Una con quien poder contar y estar. Me gustaría tener una novia, la verdad- no era verdad, pero encajaba.

– Bueno pues nada, a seguir buscando- dijo Paco-. La hermana de Ana va a venir unos días a la ciudad, le puedo comentar a Ana algo. El año que viene va a estudiar aquí, así que… Puede salir algo. De todas formas, yo no perdería el contacto con esa chica. Créeme, nunca se sabe…

   – Tú hazme caso. Mantén el contacto siempre. Cuando menos te lo esperes, te llamará y zas, polvo gratis- insistió Pablo. Después empezó a contarnos otra de sus proezas sexuales. La verdad es que era un poco fantasma.

Decidí hacerles caso, aunque realmente no tenían mucha idea de lo que decían, ya que conocían de la misa la mitad. Al día siguiente me disculpé por el whatsapp, por haberme puesto borde, por recriminarle que fuera a ver a otro tío después de mí y por recriminarle que hubiese visto a otro tío antes de mí, pero no me contestó. Supuse que estaba enfada. Realmente una disculpa por whatsapp no vale una mierda, lo suyo habría sido ir y hablar con ella, pero me faltaba valor. Por suerte, Noemi encajaba perfectamente conmigo, y parece que el destino estaba de mi lado, así que ella dio de nuevo el paso por mí. El martes me envió un mensaje diciendo que no quería hablar de esas cosas por teléfono, pero que si quería quedar para hablar, ella estaba dispuesta a escucharme. Como quedásemos para hablar, yo hablar iba a hablar poco, pero algo era algo. Acepté, y quedé con ella al día siguiente después de clase, en el portal de su edificio.

Llegué puntual pero ella ya estaba allí esperando. Iba con una falda y una camiseta apretada muy sexy. Nos dimos nos besos y entramos para tomar un café. Como es habitual, nos quedamos en silencio un rato largo, hasta que ella rompió el silencio.

– Bueno, querías decirme algo ¿no?

– Si bueno… no sé, lo que te dije por whatsapp – si lo sé. Soy muy expresivo.

– Qué sientes haberte puesto borde, ¿no?- asentí. Noemi se quedó callada, pensativa-. A ver, si a mí eso en realidad no me molestó. Lo único es que me quedé un poco decepcionada. Después de lo que hablamos cuando nos conocimos, creí que eras distinto, que te gustaban las mismas cosas que a mí… Me hice muchas ilusiones, por eso organicé lo del sábado con este chico… Lo hice más pensando en ti que en verlo a él.

– ¿Qué quedaste con él por mí?- eso sí que no me lo esperaba.

– Pues sí. Desde que nos despedimos, estuve deseando volver a verte, pero al día siguiente me vino la regla, hasta ayer que se me quitó. Quedé con este tío con la intención de llamarte a ti después más tarde cuando se fuera. Pero se empeñó en salir de discoteca, volvimos muy tarde y luego por la mañana no quería irse… No sé, te llamé en cuanto pude librarme de él. Esperaba poder hacerlo contigo justo después de haberlo hecho con él, como la primera vez… Que seas el segundo, y tengas que estar conmigo cuando estoy ya… bueno, usada y sucia, cuando otro ya me ha follado es tan… humillante, no sé. Me excita mucho la idea de hacer eso con alguien, y tú eres el único al que le gusta. Bueno, que creí que le gustaba.

Tenía que hablar con ella. Tenía ya que dejarme de monosílabos y decirle la verdad, o podía perderla. Ella estaba siendo muy sincera, y contándome cosas íntimas, debía abrirme yo también.

– A ver… si a mí me gusta.

– Ya, si se notó- dijo ella sarcástica.

– No, de verdad. Me mosqueé no porque estuvieras con otros, sino porque pensé que habías pasado de mí toda la semana. Tenía ganas de estar contigo, y a pesar de haber estado ya con un tío, querías quedar después de mí con otro, y me sentí un poco desplazado. No sabía que en realidad estabas organizado eso pensando en mí…

– Ya no sé qué pensar la verdad.

– No me molestó enterarme de que el tío ese acababa de salir de tu cuarto cuando llegué yo, al contrario, me puse muy cachondo, sólo que me dio vergüenza admitirlo… Y te mentí cuando te dije que fui esa mañana, te escuché y me largué. Me quedé escuchando, y es más, me gustó tanto que tuve que mirar por la ventana.

– Qué ventana.

– La de tu cuarto

– Pero si vivo en un 6º.

– Saliendo desde el pasillo a la escalera de incendios se puede mirar.

– Venga ya… No me lo creo.

– En serio. No pude mirar mucho tiempo porque me daba algo de miedo pero pude ver que estabas a cuatro patas y tal… Y me gustó espiarte así…

– ¿De verdad te saliste al balcón ese?- asentí, y ella sonrió- Te podías haber matado…

– Mereció la pena.

– Sí que te gusta mirar- me encogí de hombros un poco avergonzado-. Pues no te preocupes, que si te gusta mirar… conmigo te vas a hartar- y me besó largo y tendido-. Ahora vamos a subir un momento a mi cuarto, y me vas a comer el coño.

Tal como dijo, subimos rápido y entramos en su cuarto. Ella se apoyó contra la puerta, de pie, y me puso de rodillas, luego se quitó las bragas, y con la falda aun puesta, la pasó por encima de mi cabeza, y me metió entre sus piernas. La boca se me empezó a llenar de sus flujos, mientras ella gemía. Me iba a explotar la polla, así que fui a hacerme una paja. Ella tenía los ojos cerrados y miraba hacia el techo, pero escuchó como me desabrochaba el cinturón, y levantó la falta para mirar hacia abajo.

– No… No, qué haces… – me quitó la mano de la polla.

– Una paja…

– ¿Y quién te ha dicho que puedes tocarte? ¿Me has pedido permiso acaso?

– ¿Tengo que pedirte permiso?

– Pues claro. La única que recibe placer cuando quiere, soy yo. Tú no.

– Vale… ¿Puedo hacerme una paja mientras te como el coño?

– No, ahora no. Para que la próxima vez no hagas lo que quieras- fue hasta la mesita de noche, y sacó unas esposas del segundo cajón. Esta vez las había dejado más a mano. Vino hasta mí y me esposó las manos a la espalda-. Y ahora sigue con lo tuyo.

Toda esa escena me había puesto cachondísimo, pero ahora no llegaba hasta mi polla, así que tuve que limitarme a seguir chupando, mientras la polla me palpitaba. Ella me agarraba la cabeza para facilitarme la tarea, apretando su coño contra mi boca. Tanto empujaba que terminé tumbado boca arriba en el suelo y ella sobre mí de rodillas. Me aplastaba las manos bajo mi espalda, pero seguí chupando sin parar, lamiéndole entera toda la raja, y también el culo, cuando ella me lo acercaba. Así estuvimos 10 minutos hasta que se corrió. Después se tumbó en el suelo a mi lado, lamiéndome la oreja.

– Bueno, pues ya está- dijo levantándose. Me levanté también y ella me soltó las manos-. Tengo que ponerme ya a trabajar. Te llamo mañana y quedamos para otro día, ¿no?- me iba a dejar con todo el calentón a propósito. Desde luego sabía cómo jugar.

– Vale- dije y sonreí. Me abroché el pantalón y me dispuse a salir.

– ¿Estás muy cachondo?

– Un poco, la verdad.

– Si quieres te la chupo o algo… Era sólo un juego.

– No, si estoy bien… A mí también me gusta, ya sabes. Que me digas lo que puedo y no puedo hacer. Cuando llegue a mi casa me haré una buena paja y ya está- Noemi me miró pensativa.

– ¿Y si yo te dijera que no puedes hacerte nada estando solo?

– Hombre… no creo que lo consiguiese la verdad. Me pone un montón sólo que me digas eso, imagínate. Seguramente me haría una paja pensando en cómo me has dicho que no me la hiciese. Es muy complicado.

– Ya, supongo…

– Por qué, ¿a ti si te pone?

– Claro. Me pone que me obedezcas, y me pone dejarte a medias, mientras yo estoy satisfecha… Seguramente dentro de un rato me tocaré un poco, pensando en cómo me corría de gusto en tu boca, mientras tu polla estaba sola y desatendida, a punto de explotar.

– Qué mala eres ¿no?

– Un poquito. El próximo día pide permiso antes de hacer las cosas mal, y veremos si tienes más suerte- sonreímos, ella me besó, y me marché, andando un poco a horcajadas por culpa del bulto de mi entrepierna.

Un comentario sobre “Cómeme el coño (2)

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