SARA LEVESQUE

La única niña que jugaba a las chapas. La que aprendió a patear una pelota desde que caminaba a gatas. La que supo pisar los malos momentos con la ferocidad de una novata. La que jugaba duro hasta sangrar, por su mala pata. La que logró ponerse en pie a pesar de las erratas. La que cosió sus heridas de guerra Vida con letras, sin recurrir a ahogar las penas en bebidas baratas.

Sentí que caía por un abismo y en realidad era mi Corazón sufriendo un sismo. Con el Alma con autismo preferí la soledad y abandoné cualquier –ismo. El bajo a la izquierda, el once, el veintiocho y el pasado con su sadismo. Las pastillas, la añoranza, nuevos pasos, nueva enseñanza, como un bautismo.

Un lápiz, papel marchitado del autor. El frío, absenta multicolor, París y su otoño de dolor. Tabaco intermitente, saber dar el paso siguiente. Mi padre, la madre que me parió. Menos frialdad, más de tu calor. La Bohemia, el Arte. El Arte de Amarte. La Escritura, tus mayúsculas. Alas rotas reparadas, ventanas selladas, penas borradas, heridas limpiadas, sonrisas saneadas, esperanzas renovadas e infinitas ideas alocadas me convirtieron en esta Mujer que solo quiere reírse contigo de los tropiezos a carcajadas. ©

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