ALMUTAMID

Me desperté tarde con un resacón del quince. Dolor de cabeza, fotofobia, mareos, náuseas. Una resaca como Dios manda. Me acordaba de casi todo, incluido lo último. Mierda. Tanta amabilidad de Silvia. No lo entiendo. Si sabe que estoy colgado por Marta, ¿qué buscaba?

Pero entonces tuve un asomo de terror. ¿Y si se lo cuenta a Marta? Qué más da. Lo de Marta está acabado. Por eso Silvia se tiró a por mí. No tengo nada que hacer con Marta. Pero no quería hacer más daño. La había vuelto a cagar aunque esta vez me resistí. Pero terminé en su boca en vez de haberme ido antes. ¿Qué haría Silvia?

Miré el móvil. Vaya, tenía un mensaje de ella. Lo abrí nervioso. Leí:

“Perdona Luis, pensé que te gustaría aliviarte de tanta tensión. Tranquilo que no le contaré nada a Marta porque no fue culpa tuya. Pero la próxima vez por lo menos despídete. Te perdono por lo borracho que ibas y tu pena por Marta. Un beso guapo, que no tengas mucha resaca.”

Por educación le respondí:

“Perdona por irme de esa manera. Me sentía mal por lo ocurrido y estaba muy borracho. No me esperaba tu reacción y me asusté. Sé que no tengo nada que hacer con Marta pero tampoco quería tener nada tan pronto.”

No había terminado de mandar el mensaje cuando llamaron a la puerta. Desde lo alto de la litera di el paso. Era Claudia. Me buscaba para bajar a desayunar-almorzar. Entró a la habitación y bajé de la litera.

-Qué mala cara tienes Luisito. Te emborrachaste con la niña esa que quedaste…
-¿Me esperáis que me dé una ducha y me despeje?
-Te vendrá bien, apestas a alcohol…

Me duché en 10 minutos y bajé al vestíbulo de la residencia donde me esperaba Claudia.

-¿Y Víctor?-pregunté.
-Ha ido a buscar Lourdes. Hoy se viene a estudiar con nosotros. Vamos a la cafetería y los esperamos allí mientras desayunamos.

Nos sentamos en la mesa habitual y le dije a Claudia:

-La he cagado…
-¿Qué has hecho esta vez?-preguntó con cara de paciencia.
-Yo no he hecho nada pero Silvia se me tiró encima…
-Y tú ¿qué hiciste?
-Decirle que no…que pensaba en Marta.
-Bien entonces. ¿Cuál es el problema?
-Que le dio igual y siguió…
-¿Y qué pasó?
-Pues que me agarró y ella bueno, pues, que siguió. Pero yo me fui…
-El que aprende idiomas eres tú Luis, pero te juro que no me he enterado de nada, jajaja…Pasó algo ¿o no?
-Yo no hice nada. Pero pasó…
-Con la papa que llevarías anoche viendo la mala cara que tienes ni te enteraste casi…Que todavía me acuerdo de la que te cogiste en carnaval…
-Me siento mal por Marta.-respondí.
-¿Crees que vais a volver?
-No…-respondí bajando la cabeza.
-Pues Luis, si no hiciste nada y ella te ha dejado no tienes nada de que arrepentirte. ¿Te sientes mal?
-La verdad que sí…estos últimos días voy del bajón a la euforia y de la euforia al bajón, y los estudios, y los exámenes, y estoy empezando a agobiarme y…

Claudia se levantó se su silla y se sentó a mi lado abrazándome acariciándome la cabeza.

-Shhhh, Luis. Tranquilo. Estamos aquí contigo. Es una mala racha, pero creo que estás aprendiendo la lección y vas a salir más fuerte de todo esto. Hombre, yo he visto lo que tienes ahí abajo y no cabe toda la sangre de esta cabecita, jajaja. Porque a veces pareces que piensas más con la polla que con el cerebro. Tranquilo, no eres sólo tú. Es muy común en los de tu sexo. Pero sólo es una mala racha. Lo que tienes que hacer es poner de tu parte…

Justo mientras Claudia me abrazaba cariñosamente llegaron Víctor y Lourdes y ésta dijo:

-¿Cómo estáis parejita? Que hace tiempo que no veo a Luis…

Claudia se soltó de mí y levantándose de la silla para dar dos besos a su amiga respondió:

-Luis que está de bajón. Y aquí estamos en labores de dar ánimo…

Desayunamos con tranquilidad sin que Lourdes tampoco curioseara sobre mis males aunque supongo que Víctor se los habría contado. Después nos volvimos a la residencia y nos metimos los cuatro en la habitación de Víctor pues su compañero ya había terminado el curso y se quedaba sólo hasta que el acabara. Pasamos la tarde los cuatro estudiando con algún descanso hasta que a media tarde me fui a correr para sudar el alcohol de la noche anterior. Pero aquel día cambié el recorrido.

En realidad íbamos a hacer una pequeña trampa. Lourdes iba a entrar en la residencia a estudiar. A la hora de la cena le subiríamos algo al dormitorio de Víctor y se quedaría a estudiar y dormir allí el sábado por la noche. Los conserjes no se darían cuenta pues ella entraría el sábado al mediodía y no saldría hasta el domingo por la tarde con un conserje distinto en el turno. Y así Víctor y Lourdes dormirían juntos. O lo que les apeteciera hacer…

Pasamos toda la tarde estudiando y hacerlo en compañía me vino bien. De hecho me concentré bastante hasta que recibí un mensaje de Silvia:
“Hola Luis. Perdona por no contestar antes pero como te fuiste a las bravas después me fui de marcha y acabo de despertarme. Me alegro que estés bien y no te preocupes que no estoy enfadada contigo. Cuando quieras podemos dar otro paseo. Prometo no atacarte, jajaja”

Estaba claro que esta chica no se tomaba en serio lo que había pasado ni le daba importancia. Le contesté amablemente que tenía exámenes cerca y que ya hablaríamos.

A la hora de la cena bajamos los tres residentes y cogimos del bufet aquellos platos fáciles de subir a las habitaciones. Era algo habitual en época de exámenes y no levantamos sospechas al coger algo más de tortilla de patata, alguna botella de agua de más y varias piezas extra de fruta. Mientras cenábamos tirados en el suelo de la habitación de Víctor Lourdes propuso lo siguiente:

-Mis padres tienes un apartamento en la playa. ¿Qué os parecería que nos fuésemos los cuatro unos días cuando terminemos los exámenes?
-¿En serio?-preguntó Claudia.
-Sí. Mis hermanos lo usan para ir con sus amigos. Así que ahora que soy mayor de edad lo podré usar yo. Eso sí, tiene que ser entre semana porque los fines de semana van mis padres.
-Por mi perfe…-dije yo.
-Muchas gracias Lourdes-respondió Claudia.
-Bueno, os aviso. Es pequeñito. Sólo tiene dos dormitorios. Si os parece Víctor y yo podemos dormir en uno-explicó Lourdes ruborizándose un poco- y vosotros os podéis repartir entre el otro y el sofá-cama del salón.
-¿Cuántas camas tiene el otro?-preguntó Claudia.
-Dos…
-Entonces compartimos dormitorio- dije yo.-ya hemos dormido juntos.

Víctor y Lourdes se miraron sonriéndose pero yo me expliqué:

-Claudia me ha dejado dormir en la cama de Vanessa más de una vez, malpensados…
-Bueno, que rápido te olvidas de la otra noche…

Me puse colorado de golpe como un niño pequeño al que pillan haciendo algo malo.

-Jajaja-rió Claudia-Luis llegó empapado y con tiritera el otro día y me tocó arroparlo y me quedé dormida. El pobre no estaba para fiestas.

Con la ilusión de una escapada veraniega retomamos el estudio hasta la madrugada en que Claudia me dijo.

-Vámonos ya y dejamos a estos dos solos que se tendrán ganas. Tráete los bártulos a mi dormitorio y si quieres echamos un rato de estudio allí.
-Bueno-dije levantando la voz- yo ya estoy cansado. Me retiro a mi cuarto.
-Salgo contigo Luis, que también estoy cansada- repitió Claudia.

Nos despedimos y dejamos allí a la pareja. Por el pasillo Claudia me contó:

-Lourdes me ha dicho que llevaban tiempo planeando pasar una noche juntos y han visto ahora la oportunidad.
-Podían haberlo dicho y les dejamos antes más intimidad- respondí.
-A la muy tonta le daba vergüenza decirlo porque yo ya había propuesto lo de estudiar juntos…

Llegamos a su dormitorio y nos encontramos el calcetín puesto. Vanessa tenía compañía.

-¿Qué te apuestas que está con Óscar?-le dije.
-Eso es fácil de comprobar…

Nos fuimos a mi dormitorio y efectivamente mi compañero no estaba. Para no tener líos de idas y venidas puse un calcetín en la puerta para que Óscar no se nos metiera de madrugada o por la mañana en la habitación y echamos otro rato de estudio. Mis amigos habían conseguido entre lo de la playa y el estudio que no pensara en toda la tarde en Marta ni en Silvia pues María hacía días que casi había desaparecido de mi mente.
Como a las 5 de la mañana ya estaba embotado y se lo dije a Claudia. Fui al baño a lavarme los dientes y mear y cuando volví me fui a acostar. Cuando volví salió Claudia para supongo que hacer lo mismo. Cuando volvió yo ya estaba acostado en la litera.

-¿Tengo que dormir donde Óscar?-me preguntó de pie en la habitación.

No respondí porque no entendía su pregunta.

-Luis, a saber lo que hay en esas sábanas….semen o vete tú a saber de ese cerdo.
-Desde lo de Marina que yo sepa no ha traído a nadie.
-Me da cosita meterme ahí…
-Como no quieras compartir conmigo…-le dije.
-¿Puedo?
-Claro, pero estoy sólo en calzoncillos…
-Ya te tengo muy visto, Luis-decía mientras subía por la escalerilla de la litera.

Se tumbó a mi lado y nos dimos las buenas noches quedando los dos en silencio.

Dormir con la chica de tus sueños al lado sin que ocurra nada más que estar en el paraíso se puede convertir en un infierno, particularmente por el calor. Me desperté con el brazo de Claudia sobre mi abdomen desnudo y su pierna sobre mi muslo como si me abrazara. Desde luego no me molestaba sentir su piel sobre la mía. El problema estaba en que mi erección matutina era especialmente pronunciada y evidente. Tenía un señor empalme, de los que casi duelen por su dureza.

Cerré los ojos de nuevo y sentí que Claudia se movía. Creí oír su voz diciéndome: “Vaya como te levantas”

-¿Yo?
-Me pego un poco y mira cómo se te pone…
-Normal…estás muy buena…¿quieres verla?
-Yo te ofrecí enseñarte las tetas pero al final no te las enseñé.
-Pero yo no soy tan cobarde…
-Demuéstramelo…

Entonces me bajé el calzoncillo liberando mi nabo tieso, superduro, con las venas a punto de explotar y el glande estirado y brillante mostrando todo su esplendor y Claudia exclamó:

-Hijo de mi vida, cómo estás…

Y entonces alargó su mano…

-Luis, Luis…¿estás bien?-escuché la voz de Claudia al principio lejana y cada vez más cercaba.

Abrí los ojos y estaba recostada a mi lado en la litera.

-…Estabas haciendo unos ruidos extraños y tragabas mucha saliva. Pensé que tenías una pesadilla…
-No, no…estaba soñando pero no era malo.-respondí.
-Perdona por haberte despertado…
-¿Qué hora es?
-Voy a ver…-dijo levantándose para bajar por la escalera de la litera rodeando mis piernas.
-Es casi la 1…baja anda que perdemos toda la mañana.
-Ya voy, un segundo…-le contesté esperando que la erección matutina desapareciera antes de bajar y que se marcara totalmente en mi calzoncillo.
-Ya te he visto el bulto, Luis no me voy a asustar. Tengo tres hermanos…

Me puse colorado como un tomate y empecé a bajar por la escalera intentando estar de espaldas a Claudia pero aquello no bajaba. Disimuladamente cogí unas calzonas del armario y me las puse junto con una camiseta. Algo más se disimulaba.

-Voy a mi dormitorio a por mis cosas de aseo y cambiarme. Te busco ahora.

Salió y me dejó con cara de tonto y el mismo empalme que no bajaba. Me senté en la silla desperezándome y lamentándome de tener tan cerca a Claudia y a la vez tan lejos. Casi acababa de tener un sueño erótico con ella ¡al lado de ella! Me frotaba los ojos. Por fin salí al baño a mear y asearme un poco.

A la salida del baño Claudia ya venía con otra ropa de su dormitorio. No cambiaba mucho su repertorio aunque para salir fuera de la residencia cambiaba los pantalones de deporte por shorts vaqueros muy cortitos y a veces se ponía sujetador, supongo que dependiendo de la camiseta. Fuimos al dormitorio de Víctor y llamamos discretamente a la puerta. Al poco asomó la cabeza con cara de sueño y nos dijo que tardaban un poco. Los esperaríamos en la misma cafetería que el día anterior.

Bajamos Claudia y yo charlando no recuerdo de que. Nada importante seguro y al poco llegó la parejita abrazados y muy cariñosos. Me levanté con Víctor a pedir a la barra y al mirar a la mesa vi a las chicas abrazándose con risitas bajas y disimulando. Le dije a Víctor: “Enhorabuena”.
Me miró extrañado y me preguntó:

-¿Cómo te has dado cuenta?
-Habéis dormido juntos, venís muy acaramelados y las chicas cuchichean…

Víctor y Lourdes se habían acostado por primera vez. Llevaban meses juntos pero era la primera vez que dormían juntos y lo hacían. No sé qué tipo de sexo habrían tenido antes pues Víctor y yo éramos discretos en ese sentido, pero en ese momento miraba la sonrisa de Lourdes contándole a Claudia sus sensaciones y los envidié a pesar de haber tenido más sexo del que habría soñado antes tener. De nuevo me volvió la pesadumbre por haber perdido a Marta.

En todo el día no dejé de envidiar a Víctor y Lourdes, sus muestras de cariño, su cercanía. Poder hacer tantas cosas juntos, que era algo que yo había disfrutado brevemente con Marta y por culpa de la traición de María había perdido. Pero gracias al buen ambiente con mis amigos pude centrarme más o menos y aprovechar la tarde de estudio.

Cuando llegó mi hora de correr salí siguiendo la rutina y Víctor se fue a acompañar a Lourdes a su residencia. Le propuso a Claudia salir a correr y ella me dijo que prefería sus ejercicios de pilates. La imaginé en el suelo haciendo sus estiramientos y posturas forzadas y me vino a la mente el sueño que había tenido por la mañana. Menos mal que Claudia me despertó pues despertarme con los calzoncillos manchados habría sido aún más embarazoso.

Aquel día corriendo cometí el error de recuperar la ruta que pasaba por casa de Marta. Y no, no me la encontré a ella sino de nuevo a Silvia y además completamente de frente con lo que no pude evitar un encuentro bastante incómodo.

-Hey, chiquillo, que gusto el tuyo por correr…-me dijo mientras se acercaba para darme dos besos.
-Vengo sudado Silvia…
-Total niño, me has llenado de otras cosas, por un poquito de sudor, ya ves, jajaja…

Me puse colorado como un tomate mientras Silvia me daba los dos besos y me preguntaba:

-¿Qué tal, niño?
-Verás Silvia, yo quería disculparme…yo no soy así…y, bueno…
-Jajaja, chiquillo, que no es para tanto. Si fui yo la que te lo lio todo. Pensaba que tenías más aguante bebiendo y que te apetecería, pero no le des más importancia.
-Es que creo que fui un poco brusco contigo…
-Bueno, si soltaste la tensión, ya me doy por satisfecha…
-Pero es que creo que no estuvo bien que me hicieras eso estando yo por Marta y siendo como ha sido lo suyo de cortar conmigo…
-Luis, Luis…que no pasa nada. Que esto es entre tú y yo. No le des más vueltas…

Entonces se me acercó hablando bajito, tanto que me pegaba sus pechotes y me dijo:

-…a mí me apeteció darme festín de polla con un tío bueno y tú soltaste la rabia…los dos salimos ganando.
-Pero ¿no te molestó que lo soltara en la boca?

Silvia me apartó de la calle parándose conmigo en la entrada de la rampa de un garaje y me respondió:

-Lo único que me molestó es que te fueras sin decir nada chiquillo. Lo otro…¿cómo pensabas qué iba a terminar? Vestida en la calle desde luego no me lo ibas a echar encima…y entre tú y yo- se acercó de nuevo pegándome sus tetazas- estás muy rico, jajaja.

Me estaba dejando sin palabras. En mi reducida experiencia con las mujeres no había conocido a dos iguales. Las generalizaciones son inútiles. El espectro era de lo más variado, desde la santurrona de María que resultó ser una cabrona pasando por la inocencia abierta a descubrir de Viqui, la racionalidad de Claudia, la sensibilidad de Marta que era en cambio una bomba sexual y la desinhibición de Marina o Silvia…todas distintas.

Sumido en ese pensamiento casi perdí el hilo de la conversación con Silvia que siguió diciendo:

-Así que Luis, cuando se te pase el disgusto con Marta si te quieres pasar un buen rato, ya sabes dónde me tienes…que me he quedado con ganas de que me hagas gritar de gusto como a ella, jajaja.
-Pero…pero Silvia…yo no estoy enamorado de ti…-balbuceé intentando decir educadamente que en realidad no me gustaba, no era físicamente el tipo de chica con la que me gustaba estar.
-Jajaja…que inocente eres Luisito. Ni yo de ti, ricura-me respondió acariciándome la cara como a un niño pequeño- yo te estoy hablando de pasar un buen ratito nada más…

Me estaba ofreciendo sexo sin más a 30 metros del portal de la niña de la que yo seguía colgado. Educadamente le respondí:

-Silvia, yo te agradezco el ofrecimiento pero ahora no estoy para esas cosas.
-Venga niño, no te molesto más entonces pero ya sabes dónde estoy…

Me dio dos besos y se despidió con una sonrisa. Al verla cruzar la calle me fijé en sus formas exageradas, con su culazo apretado en un pantalón vaquero y su generoso escote que no tenía problema en refregarte. Si me pilla a principio de curso la pongo mirando a Cuenca en aquella misma rampa de garaje…

La verdad es que el ofrecimiento de Silvia me dejó aturdido. Para un salido de 19 años era una oferta muy tentadora, pero no yo para un corazón roto. Intenté centrarme en los estudios pues eran demasiados frentes abiertos en mi mente. A Marta y María ahora se sumaba Silvia, aunque tampoco me quitaba el sueño. Sueño, por cierto bien recuperado tras dormir dos veces con Claudia. Lástima que sólo fuese dormir.

El martes tenía examen pero esta vez no quería cruzarme por nada del mundo con María aunque deseaba ver a Marta aunque fuese sólo para saludarla. Llegué justo al examen y me tuve que colocar en uno de los pocos sitios que quedaban. Llevar levantándome tarde tanto tiempo me tenía los horarios cambiados y casi no llego al examen por no haber atendido al despertador.

Me senté al fondo. No veía desde allí a ninguna de las dos. El examen me estaba costando. El texto a traducir era más complejo de lo que me esperaba. No terminé tan rápido como yo estaba acostumbrado y cuando entregué el examen ya se debían haber ido las dos. A la que si saludé fue a Teresa. Se disculpó conmigo por lo mal que me había tratado la última vez pero me chocó su razonamiento:

-Luis, entendemos que estés dolido con María pero entiende su reacción. Estaba enamorada de ti y era capaz de todo por tenerte…lo pasaba muy mal viéndote con la otra chica.
-¿Hasta mentir?
-¿Dejarías escapar tú al amor de tu vida?-insistió.
-¿Te estás oyendo Teresa?. Mintió para joderme por puro egoísmo…
-Para recuperarte, Luis.
-Que no me hubiese dejado ir a la primera…
-Es que los tíos nada más que queréis sexo. Pero un amor más puro no lo necesita…
-Esto no es una película romántica de domingo por la tarde, Teresa. Yo nunca me empeñé en acostarme con ella. Pero ¿ni un beso? ¿Ni pasear juntos? Pero cuando empecé una relación muy bonita con Marta, bien que se me ofreció a tener sexo…así no, Teresa, así no…
-¿Cómo estás diciendo?
-Pues que el día que estuve en su casa para terminar el trabajo de literatura inglesa cuando me iba se ofreció a liarse conmigo y la rechacé…
-Eso ¿cómo va a ser? Si María nos dijo que fuiste tú el que te insinuaste…
-Para justificarse. Ella fue la que se me insinuó rebajándose bastante por cierto. Y yo la rechacé porque tenía novia. Y ella para vengarse le fue con mentiras a Marta y ahora ya no tengo novia. Ya ves…pero mira, ya que seguís siendo tan amigas. Dile de mi parte que mejor que no me cruce con ella porque le debo unas palabras. Aunque mejor dile que no. Que me da tanto asco que no quiero vomitar…
-Luis, eso es muy duro…
-Duro es que una loca mentirosa te joda el amor de tu vida por egoísta…¿eso también lo vas a justificar?

Teresa se quedó sin palabras y yo me fui airado. No conseguía acabar con aquello. Además se me aceleraba el pulso y me ponía muy nervioso cada vez que lo recordaba. Tenía que evitarlo. Tenía que aislarme en la residencia hasta que todo pasara.

Comí con compañeros del equipo en un bar con unas cuantas rondas de cerveza y por la tarde decidí descansar de tanto estudio. Necesitaba relajarme. Estaba tentado de llamar a Silvia, pero tampoco me gustaba tanto la chica y no sé si me vendría bien el sexo por el sexo. Marta estaba perdida, eso lo asumía. A María la daba por despachada. Y Claudia seguía siendo un imposible. Pero temía enredarme de nuevo con otro lío. ¿Qué hacer?

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