ROSA BURGADA

Los bares están cerrados pero la montaña permanece abierta. De menú del día en el  Montseny tienen castañas, setas y unos colores otoñales que arrasan en Instagram. La oferta atrae a miles de personas de la región metropolitana de  Barcelona. Tantas, que un fin de semana más, a las diez de la mañana ya es imposible aparcar en el aparcamiento de 300 plazas de  Santa Fe del Montseny, uno de los lugares más populares de esta reserva de la biosfera que se ve cada otoño un poco más desbordada que el anterior.

Una vez colgado el cartel de completo en el parking, los excursionistas, de todas las edades y condiciones, empiezan a buscarse la vida en los arcenes de la carretera, marcados en algunos puntos con pintura amarilla en la calzada y cintas de balizamiento blancas y rojas. Todo coche que se salte esa prohibición o deje el vehículo invadiendo la carretera, se expone a multas que oscilan entre los 300 y los 600 euros.

Este punto es precisamente uno de los primeros en los que se han aplicado restricciones para tratar de frenar la masificación que sufría una pista forestal con vistas panorámicas espectaculares. Desde el inicio de la desescalada, una barrera impide el paso a los vehículos motorizados y el camino solo es accesible a pie o en bicicleta. La cosa ha mejorado ligeramente, aunque los coches ahora se amontonan de cualquier manera en los arcenes.

No exageramos si recurrimos al socorrido símil con la Rambla de Barcelona. Sin duda, a media mañana del sábado, hay más gente bajo los hayedos que guían el camino al pantano de Santa Fe que paseando por la Rambla. Y lo mismo podemos decir del paraje de Fontmartina, donde los coches buscan un hueco como pueden al borde de la carretera durante varios kilómetros. A la hora de comer, las mesas de picnic son insuficientes para absorber todos los bocadillos y tuppers de espaguetis que empiezan a salir de los maleteros y acaban tendidos en mantas desplegadas por cualquier lado.

Los gestores del parque forestal han aumentado la presencia de guardas forestales e informadores este fin de semana, pero ven la necesidad de actuar de manera decidida sobre la movilidad de la zona. No se trata de ponerle puertas al campo, sino de limitar el acceso en coche cuando ya no caben más y ofrecer una alternativa que satisfaga a los visitantes. El autobús que conecta gratuitamente la estación de Sant Celoni con los principales puntos de interés del parque no atrae a grandes masas, el coche sigue siendo la opción preferida por las familias que buscan castañas, setas y los colores del otoño.

Los bocadillos y la comida preparada previamente en casa son las alternativas al cierre de restaurantes ( hemos  vuelto  a  los  años sesenta  o principios  de  los  setenta)  cuando  a  bordo  del    flamante  coche nuevo  de  nuestros  padres  pagado a  plazos, nos  dirigíamos  al  campo, con  mesas  sillas  y  neveras  para  disfrutar del  domigo,  con el coche  bien  cargado  y con la esperanza   de  no  encontrar  caravana  a  la  vuelta  . 

Un comentario sobre “Domingueros

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