GILDEROY

Os voy a contar la historia de cómo conocí a mi alma gemela. Yo antes no creía en esas cosas, pero después de conocerla, empecé a pensar que si, que todos tenemos un alma gemela, alguien con el que encajamos perfectamente, simplemente que no tenemos la suerte de encontrarlo, y nos conformamos con alguien que medio encaja con nosotros, nos adaptamos y modificamos un par de cosas para funcionar. Yo no tuve que modificar nada. La pieza entró en el puzle tan fácilmente que parecía mentira.

  Me llamo Álex, y tenía 22 años cuando ocurrió. Aún estaba en la universidad, y la verdad es que no se me dan bien las mujeres. No soy feo, estoy en buena forma física, proporcionada y decente, del montón podríamos decir, del montón bueno. Sin embargo soy muy tímido, y me cuesta mucho hablar con las mujeres. Nunca sé qué decirles para empezar una conversación, y aunque sean ellas las que me hablen, siempre contesto con sí o no, y la conversación se apaga en breves minutos. Inevitablemente aunque les guste, ellas acaban yéndose.

Sólo he tenido dos relaciones. Una en el colegio, con 10 años, una tontería con una chica de mi clase. Salir, dar paseos, intercambiar deberes… nunca llegamos a nada, y un día sin más empezó a salir con el chico popular de clase. La siguiente, la conocí en el instituto, y estuve con ella 3 años, hasta que me dejó. Si yo no fuese tan tímido habríamos durado sólo uno, porque la habría dejado yo. Me gustaba mucho, pero no hacíamos buena pareja. En la cama no encajábamos. Ella era muy sumisa, le gustaba que le hiciera cosas, la atara, le dijera cosas guarras en la cama… y yo para eso soy muy cortado, apenas tengo imaginación. Nunca sabía qué decirle, me agobiaba cuando me insistía, perdía la erección… un desastre. Al final ella se cansó y me dejó, aunque seguimos siendo amigos. En ambos casos fue ella la que me buscó a mí. Yo nunca he ligado con nadie.

Después de cortar, no he vuelto a salir con ninguna chica. De eso hace ya 2 años. Salgo con mis amigos, y veo como ellos ligan, cambian de pareja etc. Pero yo me quedaba siempre solo. Algunas chicas me entraban en los bares y demás, hablábamos un poco pero yo siempre tan simple y monótono, acababa aburriéndolas.

En una desesperada, mis amigos decidieron llevarme a una fiesta que se organizaba en una residencia universitaria, un jueves 20 de abril, lo recuerdo muy bien. Las fiestas universitarias solían ser en jueves, porque muchos no teníamos clases los viernes. Esa en concreto, era una fiesta guarra donde la gente ya iba borracha, allí bebía más, y se liaban unos con otros. No eran orgías ni nada así, simplemente se utilizaban dos plantas, donde había dos espacios comunitarios por planta, salón con cocina, y muchas habitaciones. La gente se enrollaba sin parar y si tenían ganas de más, pues iban a una habitación. Las habitaciones estaban abiertas y eran de los estudiantes que habían organizado la fiesta, pero la fiesta costaba dinero, así que sacaban buen provecho por permitir que usasen su cama de picadero. Me emborraché como todos, aunque sin muchas esperanzas, porque a mí el alcohol tampoco me hace mucho. Tengo que beber mucho para que me haga efecto, y cuando bebo mucho me entra sueño, y me quiero ir a la cama, así que ya veis la situación.

Así que ahí me tenéis a mí, sentado en un sofá. Un amigo estaba sentado al lado con una tía encima a horcajadas, liándose y el resto de mis amigos les había perdido la vista ya. Sólo se me había acercado una tía en toda la noche, que apestaba a tabaco y de la que me deshice rápidamente. La verdad es que había más del doble de tíos, así que las tías se agotaban pronto, y si eras tan parado como yo, pues no pillabas ni segundo plato. Así que a eso de las 3 decidí irme ya. Fui al baño y me dispuse a salir. El ascensor estaba al fondo del pasillo, el cual tenía muchas puertas a cada lado. Casi llegando al final, vi una puerta a mi izquierda entreabierta, de donde venían gemidos. La gente estaba al otro lado del pasillo, en la zona común y nadie me prestaba atención, así que sin que nadie me viera, empujé un poco más la puerta y miré dentro. Era una habitación como todas las demás, pero en la cama al fondo, había un tío follándose a una tía. La luz del techo estaba apagada, la habitación se iluminaba tenuemente por la luz anaranjada de la mesilla. Él estaba encima, vestido y con el culo al aire, con los pantalones por las rodillas, entre las piernas de ella, que lo agarraba y atraía hacia sí rodeándolo. La cama no era de matrimonio pero era grande, de 1’05. Por lo tanto, de rodillas también sobre la cama, a la altura de la cabeza de la mujer, apoyándose sobre el reposacabezas, había otro tío, rubio, con la polla al aire y acercándosela a ella a la boca. El ángulo no me permitía ver si se la metía en la boca o no.

Era la primera vez que veía a alguien follando. Aparte de mi claro, y sin contar películas y demás. Era bastante morboso y excitante, la única persona a la que había oído follar era mi compañero de piso cuando se metía en su cuarto con la novia, y a veces solía quedarme junto a la puerta escuchando. Siempre me ha gustado mirar y espiar esas cosas, soy un poco voyeur, así que me quedé allí de pie observando. De vez en cuando miraba al fondo del pasillo por si venía alguien, pero intentaba no perderme detalle. El tío siguió embistiéndola unos minutos y entonces empezó a retorcerse y gemir, hasta correrse. Ella también aumentó los gemidos en ese tiempo, como si se hubiesen corrido a la vez. El rubio seguía arrimándole el paquete a la cara. En ese momento, a un par de puertas sonó un ruido y un instante después alguien salió de la habitación. Yo me giré todo lo veloz que pude, y pulsé el botón del ascensor, que estaba justo detrás, y disimulé. Era un tío, que se despedía de alguien dentro de la habitación.

– Venga, mañana nos vemos, xao, xao- sacó la cabeza de dentro y cerró la puerta tras de sí. Después caminó al ascensor, y se puso a mi lado- Buenas.

Yo le devolví el saludo. Aun podía percibir los gemidos que procedía de detrás de mí, aunque él parece que no se dio cuenta. El ascensor llegó en seguida y ambos nos subimos. Era una 6ª planta, y él se iba a su casa, así que pulsó en el 0. Yo en cambio le di al 5. No lo conocía de nada, dudaba que me hiciera preguntas sobre a dónde iba, y no quería alejarme mucho, para volver pronto. Así que bajé en la 5ª, y subí por las escaleras corriendo. El pasillo seguía vacío, salvo por los ruidos que venían del fondo. Me acerqué de nuevo a la puerta y miré de nuevo.

Ahora el rubio estaba encima de ella follándosela, mientras el primero que ya había terminado se limpiaba la polla con papel higiénico cerca del escritorio. El tío le sujetaba las manos sobre la cabeza, y la embestía con fuerza lamiéndole el cuello, lo que me permitió ver la cara de la chica. Tenía el pelo largo, moreno y rizado, no mucho sólo un poco ondulado, aunque en ese momento lo tenía revuelo, y algunos mechones le cruzaban la cara. Contraía la cara de placer, y se lamía los labios secos para humedecérselos. El rubio empezó entonces a besarla, y me volvió a tapar la vista. En ese momento, el otro tío se había terminado de limpiar, dejó los restos de papel sobre el escritorio, se abrochó el cinturón y se giró para salir. Yo pegué un salto y me alejé por el pasillo corriendo regresando a la fiesta. En un par de segundos dejé de correr y empecé a andar con normalidad, el tiempo que calculé que él tardaría en salir al pasillo y verme. Seguí andando como si nada, y justo antes de entrar en la zona comedor cocina, donde toda la gente bebía y hablaba, eché un vistazo sobre mi hombro. El tío estaba delante del ascensor esperando que llegara, y miraba hacia el fondo del pasillo hacia donde me había ido con mirada curiosa. No sé si me habría visto mirar a través de la puerta, pero tampoco parecía importarle, porque al ratillo me asomé y ya se había ido.

  Decidido regresé a la habitación. Me había fascinado aquella mujer, era preciosa y muy sensual. Sin embargo al llegar la puerta estaba cerrada. Maldije y me conformé con escuchar los gemidos de la chica que aun llegaban a través de la madera. Estaba muy excitado, y me apreté la polla para descargar un poco. Me habría masturbado pero me daba cosa que en cualquier momento alguien viniese del ascensor por mi espalda y me pillara de repente. Los gemidos de ella y un suave crujido de la cama eran frecuentes, y al par de minutos escuché también al tío exclamar gemidos guturales, señal de que se había corrido. Entonces escuché la voz de la chica exclamar suplicando “No, no pares… un poco más… más…ahh…”. La cama siguió moviéndose por lo que el tío a pesar de haber terminado cumplió y siguió moviéndose hasta que ella acabó también, con un gran suspiro. Después todo se quedó en silencio unos segundos, y después la cama empezó a crujir de nuevo. Oí unos ruidos inidentificables unos segundos, sin que nadie hablara. Entonces se acercó el sonido de unos pasos, y yo salí escopetado de nuevo. Éste fue más lento, ya que al llegar yo a la cocina y girar la cabeza, estaba aún cerrando la puerta del cuarto. Pude verle la cara de lado, y lo reconocí de una optativa que tenía yo los martes por la mañana. Se sentaba justo delante de mí, Manu creo que se llamaba.

Había sido excitante, me había encantado. Estuve a punto de ir al baño a hacerme una paja recordando todo el suceso, y lamentándome no haberlo grabado con el móvil. Habría estado bien, pero tampoco tuve mucho tiempo y no lo pensé. Sin embargo, y sólo por curiosidad decidí volver a acercarme antes de irme. Fue una suerte, porque la puerta volvía a estar entreabierta. Juraría haber visto que Manu la había cerrado. Normalmente las puertas se dejaban todas así, encajadas pero sin que se cerrase, porque los pomos exteriores no podían girarse. Para que todos pudieran entrar en cualquier habitación que necesitasen. Si estaba ocupada pues sólo tenían que cerrarla. Estuve varios segundos indeciso. ¿Qué podía hacer? Si la puerta estaba abierta es que alguien había entrado después que se fuera Manu. Pero no le había dado tiempo, yo había vuelto en seguida. ¿Estaría follando con otro tío diferente? O quizá era Manu, que se le había olvidado algo, e iba a salir en cualquier momento. Me quedé paralizado, pensando en eso. Si era cierto, abriría la puerta en cualquier instante y me pillaría allí, no me daba tiempo a huir… Me quedé allí parado sin reaccionar unos segundos. Sin embargo la puerta no se abrió. No oía ningún ruido, estaba todo tranquilo dentro. Decidí empujar un poco la puerta, lo más lentamente posible para echar un último vistazo, para ver por última vez a esa chica. Quizá al quedarse sola se estaba tocando y podía disfrutar de un último espectáculo.

Así pues empujé poco a poco la puerta, que gracias a dios no crujía, hasta el tamaño de mi ojo, y miré. Ella estaba sola, sobre la cama aun desnuda. Tenía el brazo sobre la cabeza, con los ojos tapados y descansaba. Ahora podía verle el cuerpo entero, que antes me tapaban los dos tíos. Tenía pelos en el coño, un hermoso bulto negro, y unos pechos enormes, tal vez talla 100, con los pezones salidos y rosados. Seguí recorriéndole el cuerpo de abajo a arriba, hasta llegar a su cara, y en ese momento el corazón me dio un vuelco. La chica había subido un poco el brazo hasta la frente, y tenía los ojos libres. Miraba directamente hacia la puerta, hacia mí. Me bloqueé totalmente, sin saber qué hacer. Mi primer instinto fue salir corriendo, pero me había quedado congelado por el susto de descubrirme espiando. Ya me había visto, salir corriendo sería una tontería. Pero tampoco podía estar allí eternamente. Lo normal habría sido disculparse y cerrar la puerta, pero ella tampoco se había asustado al verme, seguía quieta mirándome, de modo que hice lo mismo, esperando que ella rompiese el silencio, con un “vete cabrón” o “¿qué coño haces tío?”. Tras un par de horas allí parado sin saber qué hacer (en tiempo real fueron sólo 3 o 4 segundos), por fin ella habló.

– Cómeme el coño- dijo de forma seca y brusca.

¿Me estaba pidiendo que le comiera el coño? Me quedé aún más confuso, pero terminé de abrir la puerta y di un paso hacia delante. Iba a preguntar ¿qué? Pero me pareció estúpido, la había oído perfectamente. Entré en la habitación por completo, y cerré la puerta tras de mí. Ella no se asustó ni se tapó ni me echó, simplemente se quedó allí tumbada mirándome con una leve sonrisa curiosa en la boca. Hacía bastante calor en la habitación, era ya abril, y esa semana el sol había estado pegando fuerte. La ventana estaba cerrada y el aire cargado. Olía mucho a sexo y a sudor pero sobre todo, la habitación estaba inundada del inconfundible olor a coño, a jugos vaginales. No me desagradaba, así que seguí avanzando hacia la cama. Estaba totalmente tenso y en guardia, con los nervios a flor de piel, como quien anda de espaldas a un pelotón de fusilamiento, encogido esperando escuchar el disparo en cualquier momento. Estaba a punto de pegar un salto y salir corriendo en el momento en que ella hiciera el mínimo gesto de rechazo ante esta invasión de su intimidad, ante la manifestación de la más mínima mal interpretación de lo que me había pedido (ordenado). Sin embargo ella siguió allí quieta, observando lo que hacía, sin ningún tipo de vergüenza. La situación era muy violenta para mí, pero para ella debía de serlo mucho más, aunque no lo demostraba. Estaba allí totalmente desnuda, recién follada, y yo vestido, acercándome. Mientras me aproximaba, pude darme cuenta de detalles que no había apreciado desde la puerta. La cama estaba totalmente revuelta, y sólo quedaba puesta la sábana, la colcha y demás estaba todo en el suelo a los pies de la cama. Ella brillaba por el sudor de los dos polvos que acababa de echar, y respiraba aun agitadamente. Cuanto más cerca estaba más guapa y sexy me parecía. Sus pechos eran redondos y perfectos, algo aplastados por su propio peso ante la posición en la que estaba tumbada. Cuando llegué al amasijo de colchas y mantas que estaban tiradas a los pies de la cama, para mi sorpresa, ella abrió las piernas y se espatarró todo lo que pudo.

Aquello era ya inconfundible. Me había dicho que le comiera el coño, y no quedaba duda. Tenía la ingle colorada, y el coño algo abierto. Entonces fue cuando me percaté de algo. Miré a mí alrededor y efectivamente como pensaba, no había ningún condón. Los tíos habían dejado el escritorio hecho un asco lleno de bolas de papel higiénico usado para limpiarse, pero no había ningún condón usado. Los dos tíos se la habían follado a pelo. ¿Quería que le comiera el coño así? No se había limpiado ni nada. Ella mientras me miraba, y parecía entender mis pensamientos, porque la sonrisa curiosa de antes había pasado a una seria expresión de… ¿Decepción? ¿Pena? La mirada de ha sido un placer, pero ya veo que te vas. Era una chica preciosa cuando se reía y cuando gemía, pero con esa expresión no me gustaba nada. No me gustaba verla así. Después de tanto tiempo sin que una chica guapa me tirara los tejos, no pensaba dejar a esta con las ganas, así que me lancé. Estaba bastante cachondo y tampoco me importó mucho.

Anduve sobre el amasijo de sábanas del suelo y me puse de rodillas sobre el borde de la cama. Después apoyé los codos y me acerqué lentamente hasta su coño. Su mirada había cambiado de nuevo, ahora sonreía triunfadora. Me animé y pasé mis manos bajo sus piernas y las apoyé en sus caderas. Estaba muy caliente suave y todavía mojada. Su coño no olía a semen, sólo a coño, a sus flujos que ya inundaban la habitación, y a sudor. Fue muy agradable la primera vez que la toqué. Después me acerque hasta su muslo, y empecé a besarlo. En el momento en que la rocé con los labios, ella suspiró, cerró los ojos y se relajó, disfrutando. Era muy expresiva, y dejaba ver claramente lo que quería y lo que le gustaba en cada momento. Seguí lamiéndole los muslos, de arriba abajo, uno y el otro, acercándome a su coño para que pudiera sentir mi aliento pero sin llegar a tocarlo. Aún era reticente a chupárselo sabiendo lo que había pasado unos minutos atrás, y sabía que esto la calentaba. Sin embargo en poco tiempo, me cogió del pelo y me situó la cabeza contra su coño, aparentando para poder sentir presión y ese roce que le había estado negando. Ya de perdidos al río, empecé a lamerle el coño sin pudor, a comérselo. Le daba grandes lamidas, de arriba abajo, chupaba, me movía sin parar al tiempo que le agarraba las nalgas con las manos y le levantaba la pelvis.

Ella gemía y se retorcía sin parar, levantando también un poco el coño para aumentar la velocidad del roce con mi boca. En unos minutos empecé a encontrarme incómodo, encorvado y en pompa como estaba, así que la agarré de las caderas y la arrastré hacia el borde de la cama. Me puse de rodillas sobre el suelo y así pude seguir mi trabajo. El coño ya empezó a perder sabor, por mi propia saliva, y lo mucho que lo había chupado. Seguí lamiendo sin parar, y después de unos 5 minutos, le levante las piernas hasta la barriga para subirle el culo, y fui bajando desde su coño, por su perineo lentamente, esperando que me dijera algo o me apartase. No dijo nada, así que seguí bajando hasta su ano, y empecé a darle largos lametazos a través de su culo hasta su coño. Ella empezó a gemir más fuerte, y yo me puse súper cachondo. El sabor a culo y a coño era impresionante. Siempre había querido hacer eso, pero mi ex nunca me había dejado. Siempre me había parado y apartado, así que esta vez disfruté y me explayé largo y tendido. Después de dejarle toda la entrepierna empapada, volvía a su coño, y empecé a darle lametazos el clítoris, apretándoselo. Ella empezó a gemir más fuerte hasta que se corrió, mientras le temblaban los muslos y se retorcía. Cuando terminó, me apartó un poco la cabeza para indicarme que había acabado, sin embargo yo seguí lamiendo sus labios, suavemente para no hacerle daño. Cuando su respiración volvió a la normalidad, tiró de mi cabeza hacia ella, y me puso encima.

– Ahora puedes follarme…

No podía creerme la suerte que estaba teniendo. Sin pensarlo, me puse de pie y me bajé los pantalones y los calzoncillos, revelando mi polla dura como una piedra. No le había visto la polla a los otros dos, pero ella tampoco hizo ningún gesto al vérmela, de modo que supuse que me aceptaba y ya está. No es que la tenga muy grande, pero sí que sobrepaso la media. Ella se arrastró hasta la cabecera para darme espacio, y me recibió con las piernas abiertas. Yo me puse encima de ella y sin pensárselo, se la metí. No pensé en ponerme condón, después de que otros dos se la hubieran follado ya, supuse que ella tomaba precauciones con respecto al embarazo, y respecto a cualquier tipo de enfermedad… Con el calentón que tenía y el tiempo que llevaba sin mojar, la explicación de los universitarios jóvenes estamos sanos, bastó para tranquilizarme en aquel momento.

Esta chica tenía un aguante increíble. Se había follado ya a dos más, tenidos por lo menos 3 orgasmos, y seguía moviéndose sin parar, gimiendo, y acariciándome. Su aliento olía a alcohol, algún tipo de licor con refresco de frutas, y también a polla, de haber estado chupándosela a Manu antes, pero no me importó. Yo le había estado chupando el coño y todo lo que podía tener la entrepierna durante un buen rato, y a ella no le importaba, de modo que yo simplemente me dejé llevar. Nos besamos, ella me mordió el cuello, me dio palmadas en el culo y me araño un poco la espalda cuando me estaba corriendo, que fue pocos minutos después de empezar. Sin embargo, y antes de terminar como suelo hacer por costumbre, le pregunté

– ¿Me corro?

– Si… Si córrete, vamos…- me dijo ella entre gemidos.

Admito que fue una pregunta de cortesía. Si me hubiese dicho que no, no habría podido aguantarme ya en ese punto y me habría corrido igual, pero tuve suerte y pude terminar tranquilo. Al fin y al cabo ella acababa también de tener un orgasmo, así que no parecía querer más.

Tras terminar, y soltar los últimos espasmos, me derrumbé sobre ella. Ella respiraba agitadamente también, y ambos nos relajamos un par de minutos allí. Después ya me quité de encima de ella, no quería ser demasiado plasta, y me tumbé bocarriba a su lado. Permanecimos allí relajados un par de minutos, en silencio.

– ¿Te quieres quedar a dormir? – me preguntó al rato, girando la cabeza hacia mí. La verdad es que no me lo esperaba, pero tampoco me importaba. Me había encantado esta chica, y no tenía ninguna gana de separarme de ella. No sabía muy bien lo que conllevaba quedarme allí a dormir. Tal vez nada, sólo era un ofrecimiento amable por su parte, aunque a los otros dos no les había dicho nada… Un poco inseguro, me encogí de hombros, en señal de que no me importaba. Ella asintió y se levantó-. Voy a poner un poco el aire que me estoy asando-. Encendió el aire con un mando que tenía en la mesita, y después colocó de nuevo las colchas en su sitio a los pies de la cama-. Quítate la camiseta.

Me la quité, y ella la cogió, junto con más ropa mía del suelo, la suya propia y lo puso todo en la silla del escritorio. Estaba arreglando un poco por encima el cuarto.

– Toma- dijo pasándome el rollo de papel higiénico, después de arrancar un par de trozos, con los que limpió algunas manchas de la cama. Se limpió también un poco el coño y el culo. Yo me limpié también la polla. Recogió todos los papeles y los dejó en el escritorio junto a los demás. Después se tumbó en la cama junto a mí, y se tapó con la sábana y parte de la manta. Se volvió un instante pasó su brazo por encima de mí para apagar la luz de la mesita que estaba en mi lado, dejando sus pechos a escasos centímetros de mi cara. Después volvió a su sitio y se tumbó suspirando profundamente- Buenas noches.

– Buenas noches- le contesté, hablando por primera vez. Parecía increíble que hacía escasamente una hora acababa de conocerla, y en ese periodo de tiempo se había acostado con dos tíos, y conmigo. Y ahora iba a dormir con ella… Quizá a la mañana siguiente tuviese suerte también.

Me dormí enseguida. Debían de ser las 4 cuando nos acostamos, y sobre las 7 me desperté de nuevo. Empezaba a entrar luz del sol por la persiana, pero tardé unos segundos en darme cuenta de lo que me había despertado. Yo estaba boca arriba, y una chica junto a mí me abrazaba, colocando su pierna sobre mi barriga. Notaba el calor de su coño en mi muslo, ambos estábamos desnudos. Me lamía la oreja, al tiempo que me susurraba, ahora que veía que estaba despierto.

– ¿Sabes lo que estaba soñando cuando me he despertado?- permanecí en silencio a la espera de la respuesta-. Que me comías el coño. ¿Por qué no sigues?

Estaba aún medio dormido, pero no me lo pensé dos veces. Me puse cachondo de inmediato, y no dudé en repetir la experiencia de la noche anterior. Acerqué mi mano a su entrepierna, y empecé a acariciarla para irla calentando. Sin embargo ella al ver que le respondía positivamente, no se esperó. Se incorporó y se puso de rodillas sobre mí, colocando las piernas a ambos lados de mi cabeza. Después se sentó sobre mi boca, y me puso el coño al alcance. Yo enseguida empecé a chupar, aunque se me cansó el cuello en seguida de tener la cabeza levantada así. Ella al verlo me la aguantó con las manos detrás de la nuca y me apretaba contra su coño. Después me soltó la cabeza y empezó a restregar su entrepierna contra toda mi cara, sentándose sobre mí con su culo, para que se lo chupase, y también su coño. Yo sacaba la lengua y chupaba sin parar, mientras ella se movía adelante y atrás sobre mi cara. En unos minutos, se corrió encima de mí gimiendo con fuerza y temblando.

Se quedó encima unos segundos y después volvió a su lado de la cama, tumbándose boca arriba con la cabeza apoyada en mi hombro. En un par de minutos pude ver como se había vuelto a dormir. Esta vez no me dijo que la follara. Estaba bastante cachondo, pero no me importó demasiado porque estaba reventado de sueño y me volví a dormir enseguida.

A las nueve menos algo me volví a despertar, esta vez por el ruido. Ella estaba andando por el cuarto, metiendo algunas cosas en la maleta. Estaba vestida y tenía el pelo mojado, así que había ido al baño a ducharse, mientras yo dormía. Al ver que estaba despierto, me dijo:

– Tengo que ir a clase. A las 11 acabo, puedes quedarte si quieres. Si estás aquí cuando vuelva podemos ir a desayunar y hablamos- se arregló un poco el pelo en el espejo antes de salir-. Si te vas a levantar ya, arregla esto un poquillo en lo que vuelvo, anda- y se fue.

¿Me acababa de invitar a salir? Al menos a tomar algo y conocernos. A mí eso de hablar no me gustaba mucho. Ya os he contado mi problema, y seguramente cuando empezásemos a charlar, se daría cuenta de que soy un aburrido. Hasta ese momento no había dicho más que dos palabras, no había tenido muchos problemas. Sin embargo no sabía si quería establecer comunicación con ella. Quizá fuera mejor callarse y desaparecer y que pensase que era un tío raro, a hablar con ella y quitarle toda la duda de ello. No tenía clases los viernes, así que tampoco tenía prisa. Me di la vuelta y seguí pensando en ello, pero sin darme cuenta me quedé dormido.

Me desperté ya sobre las 10 y pico, por el calor y el sol que me estaba dando en la cara. Me revolví un poco pero fui incapaz de dormirme de nuevo, así que puse el aire, cerré la persiana y encendí la luz. Aún no sabía si quedarme o no, así que decidí al menos vestirme por si tomaba una decisión de repente y tenía que salir corriendo. Después hice la cama, y ordené un poco el cuarto, como me había pedido. En el escritorio seguían todo el papel higiénico arrugado de la noche anterior, estaba todo un poco hecho un desastre. Había bastantes que no serían míos, y la verdad es que no tenía por qué limpiar todo aquello, pero me pareció lo mínimo que podía hacer por pasar allí la noche, así que los recogí todos y los tiré a la papelera del baño (unas puertas a la derecha del pasillo). Después recogí la ropa de la silla, y la doblé un poco sobre la cama. Me detuve un poco sobre el tanga. Realmente no la había visto vestida hasta esta mañana, así que no me había fijado en la ropa que usaba. Era un tanga rosa muy elegante, que abarcaba sólo media nalga. Siempre he tenido mucha fijación por la ropa interior, soy muy fetichista. Viendo que todavía me quedaba tiempo allí sin que me molestaran, me puse examinarlo, y olerlo. Estaba un poco mojado por la zona del coño, sin duda algo de flujo vaginal, del que tanto me había saciado la noche anterior. Olía muy bien, y demostraba que se había puesto cachonda aun vestida. Quizá en la fiesta, o durante el día… Yo mismo hacía mis deducciones y me imaginaba mis historias para excitarme. Estaba usado así que lo tire a un cesto de ropa sucia que había junto al armario. Sin embargo me puse a hurgar un poco dentro, para ver que me encontraba. Encontré otro par más de tangas, similares, que olían también muy bien. El olor de su coño me encantaba, y en uno también pude oler su culo. Esta invasión tan grande de su intimidad me excitaba sobre manera, husmear (literalmente) sus cosas más privadas me encantaba. Después cotilleé los cajones de la mesita de noche. En el primero tenía tangas y bragas. En primera fila tenía una caja de condones de 24, de los que sólo quedaban la mitad. También tenía la caja de las píldoras anticonceptivas. ¿Para qué quería los condones? ¿Se los habría dejado algún tío como yo que había pasado allí la noche? La noche anterior desde luego no dio la mínima señal de querer que me los pusiera. Según creo la píldora anticonceptiva no siempre es eficaz, si se te olvida tomar un día, o si vomitas o tienes algún problema con la barriga puede fallar. Quizás fueran para esas ocasiones. Hurgando entre las bragas encontré algún modelito bastante picante, y también un bote alargado. De entrada parecía un consolador, pero era lubricante. La noche anterior había follado sin parar con 3 tíos, y no me pareció que tuviera problemas de lubricación, se mojaba bastante de hecho. ¿Sería para el culo? ¿Practicaría sexo anal?

Siempre he sido muy cotilla para estas cosas. Me gusta averiguar cosas de la gente. Incluso a pesar de que preguntando, sepa que me van a contar las cosas, prefiero indagar y cotillear para averiguarlo por mí mismo. Es un defecto que tengo, si me quedo solo en vuestra casa, tened por seguro, diga lo que diga, que acabaré cotilleando cajones y si tengo mucho tiempo, ordenador y demás. No siempre tiene que ver con el morbo, es simplemente desbocada e insaciable curiosidad. A mi compañero de piso le he revuelto ya el cuarto cientos de veces, averiguado la contraseña de todas sus cosas del ordenador, y visto los videos que tiene porno con su novia y sus ex. Él no lo sabe claro.

Y en este caso, el registro estaba resultando ser bastante interesante. Cada vez me gustaba más esta chica. Me la había follado, olido sus bragas y dormido con ella y lo más increíble es que todavía no sabía su nombre. Todo caería, ya miraría sus libros y cuadernos a ver si venía algo. Mientras tanto seguía por su segundo cajón, de sujetadores y una caja de tampones. También encontré entre la ropa lo que me pareció otro bote de lubricante, pero esta vez sí que era un consolador. Grande, largo y negro, con forma de polla, bastante bien conseguida, con sus tendones, venillas, cabeza, huevos y demás. Lo que tenía al final era una especie de solapa, que podía adherirse a la pared, u otra superficie plana. Muy interesante. Naturalmente lo olí, pero estaba limpio. Era más larga y gorda que la mía, y no pude evitar sentirme algo intimidado por ella. La dejé en su sitio y seguí mirando. El siguiente cajón tenía calcetines, medias pero nada picante. El último estaba cerrado. Fue entonces cuando me percaté que tenía una cerradura. Eso tocó mi fibra sensible, mi talón de Aquiles. No hay nada que me saque más de quicio que una puerta cerrada, o un archivo con contraseña. Es el colmo de la gente como yo. Supongo que habrá más gente así. Seguro que hasta tiene nombre, hoy día todo tiene nombre. Quienes también lo padezcan lo entenderán.

Tenía que abrir como fuera ese cajón, sin duda ahí estaba lo más interesante. No podía soportar no saber qué había dentro. Podía romperlo sin más, no era una caja fuerte, pero tampoco estoy tan enfermo. Si la persona a la que cotilleo descubre que le he cotilleado, pierde todo el morbo. Soy un cotilla pero de guante blanco. Lo interesante es saber cosas de los demás, sin que ellos sepan nada, que se sientan confiados y seguros de sus secretos. Tenía que encontrar la llave, debía estar entre esas cuatro paredes. Tal vez la llevara ella siempre encima, como las del piso. Pero tenía que tener una copia o algo, y si estaba allí, la encontraría. Eran las 10:30, y las residencias están por lo menos a diez minutos de cualquier facultad, de modo que tenía aun como mínimo 40 minutos para encontrar esa llave, y el cuarto tampoco era muy grande.

Yo ya tengo experiencia en esto de registrar cuartos. Me gusta mucho curiosear la vida privada de los demás. La mayoría de la gente busca en tres niveles. El primero es una pasada superficial, levantando el primer papel del montón, y mirando encima de las cosas. Después cuando no encuentran lo que buscan, empiezan a escarbar más, debajo de todos los papeles, detrás de todos los objetos, cajones etc. Y por último cuando se desesperan buscan ya objeto por objeto uno a uno por todas partes. Yo directamente empiezo por esta fase y me ahorro las demás. Decidí empezar a buscar de arriba abajo y de izquierda a derecha desde la mesita de noche. En la pared no había nada, ni en la lámpara, ni en la propia mesita, así que busqué de nuevo en los cajones y los registré bien, deshaciendo calcetines, bragas etc. Después miré en la cama, debajo del somier y del colchón. Luego la otra mesita, que no tenía cajones sino un hueco donde metía libros. Luego había una estantería y otra más en la siguiente pared, con sólo libros. Comprobé detrás de cada hilera de libros. Así seguí con el sofá, el cajón de zapatos y un par de cajones de trastos, miré luego la percha junto a la puerta, y luego el armario. Había varios cajones, con jerséis, camisetas interiores y demás cosas de invierno. En un cajón abajo del todo, con un montón de camisetas, al fondo había una bolsita con naftalina y 2 llaves unidas por una argolla. ¿Serían esas? Tenían el tamaño apropiado. Corrí hasta la mesita e introduje la llave. ¡Giró! Pude abrirlo. Qué sensación tan fabulosa, qué nervios… Merecía la pena encontrar una puerta cerrada sólo por lo que se siente al poder abrirla. Estiré del pomo, y miré dentro.

  Desde luego lo que había dentro estaba a la altura de las expectativas. Mirando por encima pude ver todo tipo de cosas sexuales, esposas, plugs, bolas chinas… Me excité al instante. Esa tía era de las mías, una pervertida de cuidado. Me abrumó un poco tanta cantidad de aparatos así que fui examinándolos uno por uno. Había unas esposas de acero inoxidable. Dos, de hecho. Con sus llaves. Eran bastante fuertes, y la cadena que las unía gruesa. No eran unas esposas cualesquiera de juguete, que ves en los sex shop y tiendas. Eran unas esposas buenas, de acero inoxidable, irrompibles. Diría que eran iguales que las de los policías. Las aparté, y cogí 3 plugs. Un plug era un cono de plástico, que se va ensanchando desde la punta y después se cierra. Continúa con un delgado cuello y luego vuelve a agrandarse de golpe formando un cilindro de un par de centímetros que hacía de tope. Cada uno era más grande que el anterior. Se supone que se mete en el culo, y se deja puesto, para ir preparando el culo para una penetración mayor.

También había una caja de bolas chinas. Vacía. ¿Dónde estarían? ¿Las llevaría puestas a clase? Anoche no las llevaba… ¿Se las había puesto esa mañana? Me habría dado cuenta, la habría oído abrir el cajón… Aunque se fue a duchar y todo y no me enteré de nada… Uf… que morbo. Según vi en la caja, eran de plástico, unidas por un hilo y en su interior cada una tenía una bola más pequeña, que con el movimiento chocaban con las paredes exteriores y vibraban. Había también un gag. Es una bola de plástico, conectada por una correa en cada lado. Se mete en la boca y se abrocha detrás de la cabeza, impidiendo que hables. Se suele usar en prácticas sado maso o bondage, ya fuera suave o más fuerte. También había una correa de cuero para el cuello, y un collar. No veía ningún perro, así que me imaginé que serían para lo mismo que el gag. Desde luego esta chica le iban las cosas fuertes… O a lo mejor no las había usado, simplemente las compró por curiosidad. Después también había un huevo vibrador. Estaba allí también un pequeño mando para activarlo a distancia. Bastante morboso, al parecer te lo metes en el coño, lo dejas ahí como un tampón, y con el mando lo puedes activar, y hacer vibrar desde la distancia, y sólo lo notas tú. Parecía bastante bueno, el mando tenía una pequeña pantallita, y fui capaz de encenderlo desde la otra punta de la habitación. Otra cosa que me llamó la atención fue un strap on. Es un arnés, que se coloca en la cintura como una braga normal, entre las piernas y se abrocha a la espalda, pero que en la parte de adelante tiene un consolador, un dilo con forma de polla. Ese no tenía consolador, era sólo el arnés, pero tenía un agujero, en el que se podía enganchar. Supuse que lo combinaría con la polla de plástico que había visto. Al ponérselo, una tía simula que tiene polla, y normalmente lo usan algunas lesbianas para follar entre ellas. ¿Se habría acostado con otra tía? Era una auténtica caja de sorpresas.

 También había una cajita de metal, pequeña, del tamaño de un puño. Se abría encajando la tapa, y dentro había un montón de pinzas, de diferentes tipos. Pinzas pequeñas, como las de tender la ropa pero en miniatura, del tamaño de un dedo meñique, y graduable. Se podía girar una pequeña ruedita, que soltaba el muelle que la mantenía cerrada. De ese modo se graduaba la presión con la que la pinza se cerraba. Eso, si no me equivocaba, eran pinzas para los pezones… Lo había visto en internet, en algunas sesiones de sado, se le ponen esas pinzas en los pezones, o en algún otro lado, aumentando la excitación de la tía. Por último y de la misma temática, había en otra bolsa un pasamontañas, de plástico negro. Muy apretado y estrecho, como un gorro de natación, pero más largo, cubría toda la cabeza hasta medio cuello. Tenía un único agujero a la altura de la boca. En el interior me percaté que tenía un par de parches redondos, donde debían estar los ojos. El borde tenía velcro para poder pegarlo al interior de la máscara. Se podían quitar, para que la persona que tenía el gorro pudiera ver, o no. Se usaba también en este tipo de bondage suave. La tía o quien fuera se lo ponía, y así era únicamente un cuerpo con 3 agujeros. El taparle la cara totalmente, le quitaba toda la personalidad, y se convertía sólo en un objeto al uso de quien quisiera…

Por último había una bolsita negra de tela, cerrada. En su interior había el objeto más curioso de todos. Era una caja con forma de pene flácido, alargada y estrecha, con agujeros como una jaula de pájaro. Era de metal, y tenía 3 aros de distintos tamaños, como argollas, que se abrían y se cerraban. Era lo que se conoce como cinturón de castidad para hombres, una jaula donde se mete la polla flácida, y esta se engancha al aro, que se coloca detrás de los huevos y se cierra. Así el tío no puede tener una erección. En el lugar donde se une la jaula y el aro se coloca un candado, que también estaba en la bolsa, y se cerraba con llave. Quien tuviera la llave, controlaba totalmente las erecciones del que lo llevaba puesto… Como todo, lo olí pero estaba totalmente limpio. Parecía nuevo, como si nunca se hubiera usado. Los botones del mando del huevo vibrador si estaban un poco gastados, y la cerradura de las esposas también tenía varios arañazos de haber introducido muchas veces la llave, pero por lo demás, estaba todo nuevo, o muy limpio. ¿Lo habría usado todo? ¿Con quién? ¿Por qué? La jaula esa desde luego no era para ella, tenía que ser para un novio que tuvo, del cual quería impedir que se liara con otra cuando ella no estaba… ¿Era muy celosa entonces?

  Cientos de preguntas inundaban mi mente. ¿Cuántas de esas cosas habría usado? ¿Con quién? ¿Cuándo? Quizá trabajase en un sex shop, y todas esas cosas le habrían sobrado de la tienda… La conocía tan poco, que podría ser cualquier cosa. Sin darme cuenta, miré en el reloj de la mesita que eran ya las once y cuarto. Debía de estar al caer. Como me pillase con las manos en la masa… Lo dejé todo como estaba y devolví la llave a su sitio. Después abrí la persiana, apague la luz, y me senté en la silla a jugar con el móvil. Decidí que iba a quedarme. Es posible que después de hablar un rato se diera cuenta de que era un cretino, pero tenía demasiada curiosidad por ella como para que me importase. Si me aguantaba una hora, pues una hora en la que podía descubrir cosas suyas. Ella llegó 5 minutos después. Llamó un par de veces a la puerta, y después abrió con su llave.

– ¡Hola!- parecía contenta de verme. Dejó la mochila en el suelo y miró a su alrededor-. Me has esperado… y has ordenado todo, ¿en serio?- sonrió-. Con que hicieras la cama me habría bastado…

Parecía muy contenta, y sonreía con ilusión. Yo me encogí de hombros quitándole importancia. Se acercó y se puso de rodillas frente a mí, entre mis piernas. Después y sin mediar palabra me desabrochó el cinturón y me bajó los pantalones. Mi polla todavía andaba algo morcillona por lo que acababa de ver en el cajón, así que cuando también me quitó los calzoncillos y los bajó hasta los tobillos, arqueó las cejas sorprendida, aunque no dijo nada. Después me miró picaronamente y empezó a lamerme, hasta que me puse duro. Luego se la metió en la boca, sin usar las manos y empezó a chupármela. Entonces recordé algo que con todo el ajetreo del cajón no había averiguado.

– Oye una cosa…- dije, separándola un momento de mi entrepierna-. No quiero cortarte el rollo ni nada, solo quería saber… ehh… ¿Cómo te llamas?

– Noemi- dijo ella sonriendo-. Me llamo Noemi. ¿Y tú?

– Álex.

– M… Álex…- dijo al tiempo que gemía y volvía a su tarea.

No tardé nada en correrme. Lo hacía increíblemente bien, apretaba los labios, me aprisionaba la polla, mojaba la boca de saliva sin parar, y tenía una rapidez con el cuello impresionante. Igual que yo con la mano cuando juego en solitario. Al correrme la avisé, pero ella no se separó, de modo que me corrí dentro de su boca. Cuanto terminaron todos los deliciosos espasmos finales, se la sacó de la boca, y se lo tragó. La espachurró un poco, arriba y abajo, para que salieran los últimos grumos, y lo limpio con su lengua.

– Bueno- dijo levantándose como si nada, y dándome una palmadita en los muslos-. ¿Vamos a desayunar?- En la planta baja de la residencia había un comedor. Era un self service que cambiaba según la hora que fuera. A los que vivían en ese edificio les salía gratis, y los que no, si eran universitarios pagaban 3 € y podían entrar y coger lo que quisieran. Decidimos bajar.

   Ella tan solo se limpió un poco los labios y la barbilla de la saliva con las manos y bajamos. No parecía importarle ir con la boca oliendo a semen. Entramos y Noemi cogió churros con chocolate y yo unas tostadas y un café. Nos sentamos y empezamos a comer. Como siempre no supe qué decir. Sin embargo, ella empezó a hablar, después de organizarse todo su desayuno en la mesa y probar el primer bocado.

– En realidad quería desayunar contigo para pedirte disculpas.

– ¿Por qué?- no sabía que había hecho mal. Más bien tendría que darle yo las gracias.

– Bueno… Está claro que no lo pillaste, y podría dejar las cosas como están, pero me gustaría ser sincera. Verás anoche… cuando te vi espiando, que ni entrabas ni salías, allí parado, y te dije que me comieras el coño…- eso último lo dijo en voz baja, para que nadie se enterara- No quería decir que entraras y me comieras el coño.

– Ah- me dio un retortijón la barriga. ¿No quería entonces que entrase?-. ¿Entonces?

– A ver, yo no le digo a cualquiera que veo por los pasillos en una fiesta o lo que sea, oye ven y cómeme el coño recién follado. No quiero que pienses así de mí. No soy una guarra, si me acuesto con alguien que no conozco me gusta estar limpia y eso, ya sabes. Me dio un poco de vergüenza que al final lo hicieses, estaba bastante guarra- me sonrojé.

– Pues imagínate si me da vergüenza a mí, que lo hice… Pensarás que soy un cerdo que va comiendo coños por ahí a cualquiera…- estuve a punto de levantarme e irme.

– No a ver, no me mal intérpretes. Me encantó que lo hicieras, eso que quede claro. No creo que seas un cerdo, creo que eres un encanto, de verdad. Sólo quería aclararte eso, que en una cita normal, me lavo y esas cosas.

– Bueno y si no querías que te comiese el coño, por qué me dijiste que te comiera el coño.

– A ver, está claro que la culpa es mía. Yo es que digo eso, cuando quiero mandar a alguien a la mierda- me estaba destrozando mi fantástica noche. No sólo no quería acostarse conmigo, sino que quería mandarme a la mierda…- Los tíos cuando queréis mandar a la mierda, pues decís, chúpamela ¿no? Que viene a ser algo así como “Que te jodan”. Pues yo a veces digo eso, “cómeme el coño”, como en plan, anda y que te den.

– Ah.- ya empezaba con mis monosílabos. Aunque creo que en esa ocasión estaba justificado.

– Te vi cuando me estaba liando con Luis, vi que estabas detrás de la puerta. No me importó, incluso me puso un poco. Luego supongo que te quedaste escuchando, y cuando se fueron, volví a abrir la puerta para ver qué hacías. Y volviste a asomarte, y te quedaste ahí parado… No sé, en realidad quería que entrases y tal, estaba aún caliente y bastante borracha… Si hubieras entrado, pues nos podríamos haber liado, pero claro te quedaste ahí de pie… me sentó un poco mal, me dio la impresión que te estabas riendo de mí, o algo así. Como si estuvieras pensando “Mira la guarra esa ahí con dos tíos y la puerta abierta en mitad del pasillo…” No sé, me sentó un poco mal, y entonces por eso te dije que te largases. Pero claro tú lo entendiste de otra manera, entraste… Y claro, no te corregí porque en realidad tenía ganas de que lo hicieras, pero nunca te lo habría pedido así sin conocerte ni nada, que me chuparas ahí, tal y como estaba… Pero lo hiciste, y me corrí como nunca. Me pusiste súper cachonda, y me excité mientras me lo comías como una loca.

La verdad es que estaba un poco confundido. No sé qué quería ni para qué me contaba todo eso.

– Bueno, que sepas que yo tampoco voy comiendo coños por ahí, simplemente pensé que me lo habías pedido y claro… o sea no pienses mal de mí tampoco.

– Jaja, yo no he pensado mal de ti en ningún momento. Te he dicho que me ha encantado que lo hicieras. Nunca había conocido a alguien así… Es decir, he tenido novios a los que se lo he pedido, y ninguno ha querido.

– El qué, ¿comerte el coño?

– A ver comerme el coño claro que no. Comérmelo así, en una situación así. Después de que alguien… Se acostara conmigo.

– Como te va a comer el coño tu novio después de que te acuestes con alguien. Después de que te acuestes con él, dirás ¿no?

– Con quien sea. La cuestión es que se hayan corrido conmigo, y después me coman el coño. A todos les daba asco. ¿A ti no?

– A ver yo qué sé…Si supongo que me daba asco claro, pero no sé. Como me lo pediste pues…- estaba empezando a querer irme de nuevo. Me daba vergüenza reconocer todo aquello.

– O sea, ¿habrías hecho cualquier cosa que te pudiese? Si te digo que me lamas el pie, ¿lo habrías hecho?

– A ver eso no sé… Sólo quiero decir que no soy gay, no me gusta el semen ni nada, en fin…

– Claro que no te gusta, si te gustase no tendría gracia, ¿no?- no entendía a donde quería llegar-. A ver, a mí me gusta que me coman el coño, claro está. Como a todas, pero no sólo por el placer físico. También me gusta porque… me parece muy humillante para el tío. No sé, me lo imagino que está ahí entre mis piernas, dándome placer, mientras él no recibe nada, yo lo sujeto y lo obligó a chuparme, todo el tiempo que yo quiera… Siento que lo domino, y hace lo que quiero, y eso me pone mucho. Y si me acaban de follar o algo pues… es como más humillante aun ¿no? Además la forma en cómo me lamiste entera, mi culo… todo. Fue genial. Y luego por la mañana, me puse encima, y también hice que me chuparas, como yo quería hasta que me corrí… Y luego te dejé a ti insatisfecho, como si fueras mi esclavo sexual… Uf, de verdad que me estoy calentando muchísimo- yo me había quedado con una cara de tonto que supongo que le llamó la atención-. Crees que soy una pervertida ¿no?

– No, no… Para nada. A mí también me estás excitando- el hecho de que fuera tan directa y tan clara me daba pie a abrirme yo también.

– ¿De verdad?- me dijo ilusionada-. ¿Te pone todo esto que te estoy diciendo? Porque todos los tíos que conozco, son muy machos. O eso se creen ellos. Sabes lo que digo, que tienen que dominar siempre ellos la situación. No soportan que una tía les diga haz esto, o que una tía sepa más de sexo que ellos. Siempre tienen que llevar las riendas, y la tía se la tiene que chupar cuando él quiera. Y nunca te comen el coño, sin recibir nada a cambio, como hiciste tú anoche. Y la verdad, tíos así pues de debajo de las piedras, ¿sabes? No tengo ningún problema para encontrar eso, si lo buscase. Pero alguien como tú, que le guste lo que a mí… Eres el primero de hecho.

– Exagerada…

– De verdad, no los hay. Eso para vosotros es algo malo, ¿sabes? Que tu novia te diga lo que tienes que hacer en la cama, o comerle el coño siempre que ella diga, y quedarse sin nada después… Eso es algo malo, está mal visto entre vosotros. La mujer tiene que ser complaciente, pero el tío no. Por eso no hay ninguno, porque está mal – pues si la verdad. Un tío así se conoce como pringado-. Que te diga una tía, ven aquí y cómeme el coño, y cuando se corra, te diga, ale ya puedes irte. Eso tú lo cuentas, y te dicen: Buah, que pringado tío. – Bingo-. Y me repatea bastante la verdad. ¿Tú no lo ves así?

– A ver, si te entiendo. Razón tienes. Todos sabemos lo que es un calzonazos ¿no?- Noemi asintió-. Pero eso es lo que la gente piensa. Lo que la sociedad piensa, y yo soy parte de la sociedad, así que lo pienso también. Y desde luego no se lo contaría a mis amigos, pero… Eso no tiene nada que ver con que me guste. Quizá por eso me gusta ¿no? Por lo que tú misma has dicho antes. Por la misma razón que te gusta a ti. Porque es humillante. Si la sociedad viera bien eso pues a lo mejor no te gustaba, porque no estás humillando a tu novio…

– ¿Te gusta que te humille?- la mirada de Noemi cambió mientras yo hablaba. Me miraba con un deseo y una lujuria impresionante. No había burla en su pregunta, sino un deseo irrefrenable de que le dijera que sí.

– Supongo…

– No sabes las ganas que tengo de follarte ahora mismo…- me dijo mientras me seguía mirando de aquella manera-. ¿Subimos?

– Tú mandas…

Eso fue la gota que colmó el vaso. Realmente estaba muy cachonda llevando las riendas. Se levantó, me cogió de la mano y fuimos derechos al ascensor. Allí se empezó a liar conmigo al tiempo que me agarraba la polla, para ponérmela dura. Salimos del ascensor, abrió la puerta y entramos directamente, liándonos sin parar y quitándonos la ropa. Ambos fuimos directamente a por los pantalones. Nos los desabrochamos mutuamente, y los bajamos. Después andamos hasta la cama, terminándonoslos de quitar con los pies, y nos tumbamos encima. Ella se puso sobre mí, y empezó a restregar su vello público por mi polla, moviendo la pelvis mientras me besaba. Gemía suavemente sin parar. Después se retiró un poco, bajó la mano hasta la entrepierna y se tocó el coño. Miré hacia abajo, y me fije que de su entrepierna salía una pequeña cuerdecita, como un tampón. ¡Eran las bolas chinas! Sí que las llevaba dentro, durante todo el día, en clase también. Me miraba sonriendo.

– Primero tengo que quitarme una cosa… No me mires anda que me da vergüenza.

– Pero qué dices… Me pone muchísimo…

– ¿Si?- se terminó de sacar las dos bolas, brillantes por los jugos. Se detuvo un momento con ellas en la mano indecisa, y después las acercó a mi boca. Las colocó justo encima, esperando que yo la abriese. Así lo hice, y después las bajó, y las metió dentro. Las chupé un instante, saboreando el coño de Noemi, que tanto me gustaba. Ella me miraba hacer esto mientras se masturbaba. Después de un instante, me las quitó y las dejó en la mesita. Se tumbó sobre mí de nuevo y empezó a besarme. Bajó un brazo y colocó mi polla ya dura en la entrada de su coño, y se la metió, arrancándonos un gemido a ambos. Empezó a moverse con mucha soltura y agilidad, metiéndose la polla de punta a fondo, al tiempo que con una mano se masturbaba. Yo estaba a punto de correrme ya, y ella parecía que también, porque se detuvo, se tumbó sobre mí y me besó.

– Un momento… espera.

Se sacó mi polla, y se levantó, caminando hacia el armario. Rebuscó un instante y volvió con la llave, que yo ya conocía. Intenté parecer sorprendido, aunque hubiera dado igual, porque ella no se estaba fijando en mí. Fue derecha al cajón, lo abrió un poquito, lo suficiente para sacar las esposas (no quería que viera más cosas de dentro), y lo cerró de nuevo. Se volvió a poner encima de mí, y se hundió mi polla hasta el fondo. Sonriendo aunque sin decir nada, me mostró las esposas. Me puso las manos al otro lado de los barrotes de la cabecera, y me colocó las esposas, cerrándolas después. Ahora no podía bajar los brazos, estaba allí atado ante ella. Cuando me aseguró los brazos, volvió a cabalgarme, al tiempo que lanzaba las llaves de las esposas con fuerza hacia el otro lado del cuarto. Continuó masturbándose, y en un par de minutos se corrió. Yo, excitadísimo con toda la situación, y viendo cómo se masturbaba delante de mí, y gemía al tiempo que cerraba los ojos, y se acariciaba los pechos, me corrí también. Estaba exhausta, su escote brillaba del sudor.

– Dios, que calor…- dijo quitándose la camiseta y tirándola a un lado. Llevaba un sujetador rojo, sin tirantes. Se sacó mi polla poco a poco, y después se tumbó sobre mí, apoyando la cabeza sobre mi pecho. Se quedó así varios minutos. Yo seguía atado, y cuando pensaba que se había quedado dormida, se incorporó sonriente me besó y se levantó-. Anda, voy a soltarte…- fue a por la llave, volvió y me liberó. Dejó las esposas sobre la mesita- ¿Qué tal? ¿Te ha gustado?- sonaba preocupada, sin saber mi reacción.

– Si claro… ha sido genial- en realidad sí que me había gustado. Un poco por sorpresa, pero el hecho de que supiera lo que tenía que hacer, y que lo hiciese sin preguntar me tranquilizaba. Las esposas estaban muy bien. Desde luego no tenías miedo a que por hacer algún movimiento brusco se rompieran. Podías moverte libremente, e intentar quitártelas, que no lo conseguías. Luego se me quedó una marca en las muñecas, señal de que cumplían su cometido.

– Verás Alejandro…- se tumbó a mi lado y se apoyó en la almohada junto a mí. Esta vez hablaba muy seria- Me he acostado con algunos tíos, que decían que les gustaba este rollo, pero simplemente querían liarse conmigo. El tema de las esposas y eso, es una chorrada. Hay muchas más cosas que me gustan, que son algo más… fuertes.- Tragué saliva, pensando en el contenido del cajón.

– ¿Sí? ¿Qué más tienes en ese cajón?- ella sonrió.

– Si te quedas conmigo lo sabrás. No tiene por qué gustarte las mismas cosas que a mí, está claro… Si no te gusta, pues ya está, no pasa nada. Hemos pasado un buen día al fin y al cabo. Pero si no te gusta, dímelo ya, y no me hagas perder el tiempo, ni llevarme más decepciones cuando quiera subir de nivel…

– Uy de nivel… ¿qué más cosas podemos hacer?- le dije bromeando. Ella me miró seria. Le contesté igual de serio- Noemi, estuve con una chica durante 3 años, y no funcionó por esto mismo. Ella era muy sumisa, le gustaba que le dijera lo que tenía que hacer en la cama, que simulara que la violaba, no sé, cosas así. Y yo simplemente no soy así, ¿sabes? Prefiero que me dominen, no sé… Tampoco me gusta admitirlo, por lo que hablamos antes, pero es así- Noemi sonrió.

– Pues si lo dices en serio… creo que tú y yo nos lo vamos a pasar muy bien- y me besó.

3 comentarios sobre “Cómeme el coño (1)

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