ALMUTAMID

Poco a poco la residencia adaptaba sus horarios a los hábitos de estudio de los residentes. Era normal ver los flexos de las mesas de estudio encendidos hasta altas horas de la madrugada mientras por las mañanas se veía poco movimiento en el comedor para desayunar. Yo me acomodé a ese horario utilizando como base de estudio el dormitorio de Claudia donde también se sumaba algunas noches Víctor cuando no necesitaba la pantalla grande de su ordenador para dibujar o algún extraño cálculo físico-matemático.

El lunes me presenté en el comedor universitario en la hora de apertura. Comí y estuve allí tomándome un café hasta la hora de cierre. Y María no apareció. Evidentemente me estaba evitando. Decidí cambiar de táctica entonces. Para no entumecerme con tanto estudio desde el mismo domingo empecé la costumbre de levantarme tarde. Comer. Estudiar las horas de calor. A las 8 salir a correr. Ducharme. Cenar y empezar las horas de estudio en el dormitorio de Claudia. Esa rutina me ayudaba a estudiar y me hacía no pensar en otras cosas.

Pero cuando salía a correr también cogí la rutina de pasar por delante de la casa de María y por la de Marta, pos si sonaba la campana. No hubo suerte los primeros días. De hecho el mismo lunes mandé un mensaje a Silvia preguntando por Marta. Me respondió que vivía encerrada en su dormitorio estudiando o al menos eso parecía. Y que le había dicho que quería terminar los exámenes cuanto antes para volverse a su ciudad que además tenía playa. También se interesó Silvia por mí y tras responderle que iba tirando me respondió que cuando quisiera quedara con ella para desahogarme. Sabiendo que mis amigos no saldrían durante todos los exámenes le tomé la palabra.

Llegó el primer examen y estaba más nervioso por los encuentros que por cómo me saldría. Y no me salió mal a pesar de todo. Yo venía con buena base de latín de mi instituto y salí airoso del primer envite, o al menos eso me parecía. Esperé en el pasillo la salida de María, que seguía siendo mi primer objetivo. De hecho Marta salió primero. Me acerqué a saludarla pero me pidió por favor que la dejara tranquila. Acepté y me limité a decirle que esperaba verla antes de que se fuera a su ciudad. Me sorprendió con un beso en la mejilla y se fue por el pasillo. Iba tan mona con unos vaqueros ajustados y una de sus camisetitas cortas que se me escapó un suspiro tan fuerte que el ujier que andaba por allí recogiendo se me quedó mirando.

Después salió María. Quiso evitarme escabulléndose pero la llamé. No se detuvo y corrí hasta su altura por el pasillo.

-¿Temes algo?-dije cuando la tuve enfrente.

Se me aceleró el pulso al detenerme. Tanto era el odio que en ese momento le tenía.

-Tengo que irme…
-Pero antes tendrás que explicarme algo, ¿no?
-Déjame Luis o grito…
-¿Ya no me quieres? Bien que te me ofrecías hace nada…
-Voy a pedir ayuda…
-No hace falta, no soy un acosador. Pero que sepas que lo que me has hecho lo va a saber todo el mundo, incluido tu acoso, porque lo que tú me hiciste en tu dormitorio sí que es acoso de verdad. Pero para que veas que no soy como tú, te voy a dar hasta el próximo examen que es el viernes para que le digas a Marta que todo lo que le contaste es una gran mentira inventada por ti sólo para perjudicarme. Si lo haces tu único premio va a ser perderme de vista. Pero si no lo haces, te juro que hasta la última limpiadora de esta facultad va a saber quién eres…

María ni se inmutó con mis palabras. No me miró. Mantuvo su rostro impertérrito y cuando di por terminada mi amenaza se limitó a seguir andando. A mí se me iba a salir el corazón por la boca de los nervios. Pero ya estaba hecho. Ahora sólo quedaba esperar.

En la residencia me calmé contando durante el almuerzo lo sucedido con comentarios de todo tipo. La más dura fue Claudia, aunque conociendo su aversión por María era lógico. Yo por una parte estaba confiado en que María actuaría ante mi amenaza y por otra ansioso de ver a Marta en el examen para comprobar que al saber la verdad volvería conmigo.

A pesar de los nervios intentaba concentrarme aunque la más de las veces me contenía para no molestar a mis compañeros de estudios. Para ello la rutina ayudaba. Estudio, salir a correr, ducha, cena y estudio hasta la madrugada…De este modo los dos días de espera se me hicieron más cortos.
Yo no hacía el examen del viernes pues era de los que había decidido atrasar a los finales pero sí sabía que Marta se presentaba. El día del examen me presenté en el pasillo donde estaba el aula donde se celebraba el examen. Saludaba a las compañeras que iban saliendo hasta que apareció Marta. Le ofrecí tomar un café y aceptó. Buena señal.

Tras las preguntas de cortesía sobre cómo se encontraba y cómo le había salido el examen y tras darme consejos para cuando yo me presentara fui al grano.

-¿Has hablado con María?
-No, ¿por qué?
-Le he pedido que te explicara que todo era una mentira…
-Luis, de verdad, no quiero hablar del tema.
-Pero yo necesito hablarlo. Te echo mucho de menos…
-Luis, de verdad, te creo…me creo que no has estado a la vez con las dos.
-¿Entonces ya puedo ir a verte?
-Te creo, pero no me fío…
-¿Qué me estás diciendo?-pregunté incrédulo.-Yo te quiero…

Marta suspiró pero con serenidad me dijo:

-María te ha jodido, pero a mí me ha abierto los ojos. Ha actuado como una mala persona. Soy consciente de eso, pero me ha dado datos que tú me escondías y yo he perdido la confianza. Me gustas mucho, Luis. Te lo he demostrado. Pero tengo miedo a que esta desconfianza se convierta en otra cosa y yo no puedo tener una relación así…
-Pero yo no te he mentido…
-Me ocultaste tu relación a pesar de que te pregunté antes de empezar a salir contigo precisamente por María. Sabía que entre vosotros había algo especial y aun así di el paso de salir contigo. Pero me mentiste…
-Porque ella quería que fuese un secreto…yo te lo habría contado…-protesté.
-Pero no lo hiciste. Y para mí eso me genera inseguridad y desconfianza. Y no puedo tener una relación así. Tú sabes que lo doy todo, pero espero todo también…y tú no me lo diste.
-Pero no quería romper una promesa…
-¿De verdad lo hiciste por ella o por ti, Luis?

Dudé que responder y mi silencio para ella fue una respuesta por lo que continuó diciendo:

-Te voy a echar mucho de menos pero con tantas dudas no puedo, Luis. No puedo.

Se levantó y me besó la mejilla.

-Intenta ser feliz…-me dijo mientras me dejaba sentado en la cafetería con cara de no creerme lo que me pasaba.

María ya me daba igual. Vengarme de ella no servía de nada porque Marta no iba a volver. Era el fin. Las había perdido a las dos. Una por su maldad y la otra por su fragilidad. Y además había experimentado un sentimiento nuevo: había tenido su piel tan cerca y no la había podido tocar, había tenido su fragancia cerca y no me había podido embriagar de ella…pero sobre todo aquella conexión que había tenido con ella unos días antes se había roto por completo y no tenía contra quien desatar mi furia…

Estaba más triste que cabreado. Aunque la palabra que mejor exprese mi sentimiento sea desconcertado. Era una cuestión de asimilación. Mi intelecto era capaz de comprender lo que mi lógica dictaba. Ahí radicaba el primer error. ¿Cuándo el deseo y el corazón han tenido algo que ver con la cabeza? Ahí envidiaba a Claudia y como era capaz de racionalizarlo. Pero yo en ese momento era un mar de confusiones. No entendía y además mis conclusiones eran diferentes cada 5 minutos.

Mi zozobra debía ser tan evidente que cuando quedé con Claudia y Víctor para comer me lo notaron nada más verme. Expliqué la conversación y esta vez fue Víctor el primero en aconsejar:

-Luis, yo creo que te lo ha dejado claro. No quiere estar contigo. No busques el motivo…
-Pero si María no la hubiera engañado…-repliqué.
-Ella habría encontrado otro-terminó Víctor.- Esa chica tiene un trauma y una desconfianza que iba a hacer que lo vuestro fallara en cualquier momento. Y cuanto más tarde hubiese ocurrido peor sería para ti. Déjalo ir, aunque suene fácil decirlo…
-Ya te advertí de la rubia-dijo Claudia.-Esas mosquitas muertas son las peores. Van de buenas pero tienen malas artes. La Marina esa con la que te liaste es más fiable…
-¿Qué Marina?-dijo Víctor- Me he perdido algo…
-Te has perdido muchas cosas-replicó Claudia- que te cuente Luis cuando quiera sus aventuras…
-No será ¿Marina la amiga de Óscar?-preguntó Víctor.
-Esa misma le ha dado alguna alegría a nuestro Luis…-dijo con Claudia con sorna.

Supongo que lo hacía para levantarme el ánimo y dar a entender que había muchas chicas de todos los tipos a quien yo les podía gustar.

-¡Qué cabrón¡-dijo Víctor.
-Ejem…tosió Claudia.
-Es que está muy buena, jajaja. Y el cabrón este…¿Te la has foll…?-preguntó Víctor.

Yo asentí con la cabeza y acercándome al oído le dije:

-Y me la ha chupado…
-Jajajaja. Pero serás hijopu…
-Bueno, creo que esta dama sobra entre estos gallos…-dijo Claudia interrumpiéndonos.
-Perdón-dijo Víctor-es que se lo tenía muy callado…
-Mira Luis-dijo Claudia retomando el tema- ahora estás muy dolido porque estabas encoñado con Marta. El tiempo lo curará porque lo cura casi todo. Te lo digo por experiencia. Sólo te pido un favor. Que no te afecte en los estudios. Ni Marta ni la rubia se merecen que alguien tan válido como tú eche a perder un año de estudios por ella. Si quieres que te quieran empieza por quererte a ti mismo.
-Claudia tiene razón- apoyó Víctor.
-Si lo sé. De verdad que lo sé. Pero no es fácil. Pero seguro que con vuestra ayuda lo saco. Sois los mejores amigos que podría tener.-dije emocionado.

Pero una cosa es el dicho y otra el hecho. No me centraba aquella tarde intentando estudiar y además mantuve mi rutina. Era viernes por la tarde y salí a correr como todos los días pasando por los mismos sitios como si nada hubiera cambiado.

Al pasar corriendo frente a la casa de Marta escuché que me llamaban por mi nombre. Era Silvia. Me detuve.

-¿Dónde vas tan ligero?
-Pues ya ves, corriendo para no perder la forma.
-No tendrás miedo a engordar…
-No. Pero el ejercicio ayuda a despejar la mente.
-Yo no soy mucho de ejercicio pero está bien que te mantengas en forma. Ya me han dicho que eres una estrella futbolística.
-Una exageración. Demasiada euforia en la facultad porque hemos ganado la liga universitaria…
-Marta me contaba cuando iba a verte jugar. ¿Cómo estás?-preguntó.
-Bueno tirando…¿Te ha contado algo?
-Sé que ha hablado contigo pero está muy decidida. Por eso te pregunto.
-No estoy bien, la verdad, pero ¿qué voy a hacer?
-Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites- ofreció Silvia de nuevo-si necesitas salir, despejarte, tomarte algo, charlar, un hombro donde descargar la pena, aquí me tienes.
-La verdad es que hoy me cuesta concentrarme para estudiar.-respondí.
-Hoy es viernes. ¿Qué te parece si sales que te dé el aire? Te despejas. Te tomas un par de cervezas, descansas la mente y dejas de darle vueltas a lo mismo. Mira. Nos pegamos una duchita comemos algo y quedamos. Ya está. Conozco un par de locales tranquilos con música agradable donde tomar cerveza y charlar tranquilos. Te vendrá bien. Venga. ¿Qué tardas? Una hora…Te espero en …

La verdad que salir y despejarme me vendría bien. Regresé corriendo a la residencia me duché. Cuando le comenté a Claudia mi plan me dijo que era bueno que me despejara pero que no sabía si estar con la compañera de piso de Marta hablando del tema toda la noche me vendría bien. Ya vería.

Llegué al sitio convenido. Yo ni me había arreglado y me puse un polo con unos pantalones cortos. Pero Silvia si se había arreglado con un pantalón negro ajustado un top debajo muy escotado dejando asomar sus buenas pechugas y una sobrecamisa abierta para que se viera bien su escote. Además venía maquillada y con el pelo suelto.

Silvia no es del tipo de chicas que me gustan pues está algo rellenita sin estar gorda y gusta de remarcar sus puntos fuerte: culazo y pechugas. Tiene una buena talla de pecho que no esconde usando generalmente sujetadores apretados y generoso escote. Algún amigo mío se pirraría por ella debido a su voluptuosidad acompañada por una cara agradable de grandes ojos y boca casi siempre sonriente. Pero como sabéis a mi me gustan más las mujeres más delgadas y menudas. Me enloquecen unos pechos pequeños y un culito respingón más que una teta enorme. Ya se sabe el refrán, “teta que mano no cubre no es teta sino ubre…”

-Qué guapa…-le dije al saludarla-pensaba que sólo íbamos a dar una vuelta y poco más.
-Es viernes, Luis. Si no me arreglo hoy no me arreglo casi nunca, jajaja.

Silvia me llevó paseando y charlando a la parte alta de la ciudad donde hay bares podemos decir más bohemios con música en vivo generalmente de flamenco, blues o jazz y ambiente más sofisticado. Entramos en uno que tenía dentro un gran patio con mesas y nos sentamos mientras una chica tocando un violín y otro chico el piano amenizaban la velada tocando desde piezas clásicas, bossa nova, boleros o clásicos del pop.

La charla me resultaba agradable especialmente porque no hablamos ni una sola vez de lo mío con Marta. Me contó cosas de su facultad. Conocía a Vanessa y me contó algún cotilleo. Vanessa presumía ante sus compañeros de que salía con un chaval de Educación Física, evidentemente Óscar pero nunca iba con él. Yo le conté por encima que se enrollaba con Óscar pero no eran pareja. Y ella me dijo que todo el mundo la sabía.

Eran ya casi las 12 y en la terraza empezó a hacer fresco. Nos habíamos bebido ya unas cuantas cervezas. Yo le recordé que a las 2 debía estar en la residencia así que me propuso ir a un bar cercano. La acompañé por las cuestas entre muros blancos de esa zona de la ciudad hasta la calle que bordea el río, al pie del monumento más famoso de la ciudad. Allí entramos en un local estrecho como una especie de cueva en semisótano con música de jazz a un tono agradable. Al entrar un camarero nos saludó. Silvia me presentó como el exnovio de Marta. Total no era mentira.

Había una promoción de una marca de tequila así que el camarero nos invitó a una ronda con toda su parafernalia de sal y limón. Silvia se lo tomó como si nada mientras a mí se me entornaban los ojos. Entre risas y bromas nos pasamos una hora allí y cayeron 5 rondas de chupitos. Yo estaba bastante borracho con una sensación de falsa euforia. Pero suele ser la caída después con resaca y recuerdos.

Aun así fui capaz de ver la hora. Se lo dije a Silvia que en breve me tenía que ir a la residencia. Salimos a la calle tras despedirnos del amigo de Silvia. Yo iba algo mareado y dando algún tumbo mientras Silvia no aparentaba ningún síntoma de embriaguez. Caminamos por las estrechas calles de aquella zona de la ciudad intentando acortar camino hasta la residencia pero al pasar por una plaza oscura Silvia se detuvo y me dijo:

-¿Cómo estás Luis?
-Uff, algo borrachuzo. Mañana voy a tener resaca.
-¿Pero te sientes bien?
-La verdad que me ha venido muy bien salir…-respondí.

Entonces Silvia me empujó a un rincón oscuro y aprovechando lo nada transitada que estaba la calle en ese momento me agarró el paquete diciendo:

-Yo puedo hacer que estés mejor aún…

La sensación de euforia por el alcohol y la lentitud de pensamiento no me hicieron reaccionar y en apenas unos segundos la mano de Silvia había abierto mi bragueta y me sobaba la polla dentro del calzoncillo endureciéndose.

-Te está gustando lo que te hago, ¿verdad? No lo puedes negar, tu polla no engaña…

Yo seguía sin decir nada y cuando Silvia se acercó a besarme yo me limité a seguirla pasivamente.

-Verás que bien te lo vas a pasar…-me susurró al oído mientras me pajeaba ya con la polla fuera del calzoncillo.

Entonces se agachó quedando su cara frente a mi nabo tieso y dijo:

-Luis, Luis…qué rico estás. No me extraña que Marta gritara contigo…

Y se metió mi polla en la boca. Realmente no recuerdo si la mamaba bien o no. Seguramente sí. Pero yo al fin reaccioné:

-Silvia, esto está mal…yo quiero a Marta…

Sacándose la polla de la boca y pajeándome a la vez respondió:

-Marta no va a volver contigo y tú te mereces que te cuiden…

Y volvió a meterse mi polla en la boca engulléndola y tragándola con vicio y gemidos de aprobación.

-Para, para. No está bien…-respondía yo con voz lastimosa.

-¿No te gusta?-respondió desde abajo.
-No es eso. No puedo hacer esto pensando en que quiero estar con Marta…

Pero Silvia no atendía a razones. Entonces con cierta rabia la agarré de la cabeza y empecé a envestirla con mi polla follándome su boca como si la tuviera a cuatro patas desde atrás. Pensé que se enfadaría y me pediría que parara, pero en vez de eso se dejó hacer entre gemidos de aprobación. En cuatro pollazos le llené la boca de lefa siendo un orgasmo más de rabia que de placer. Y sin decir nada más me guardé la polla en los calzoncillos y me subí los pantalones marchándome a la residencia sin despedirme.

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