PENÉLOPE

Recuerdo que al principio de estar juntos Philip y yo, me presentó a un amigo de la infancia, se llamaba Luis. En esos momentos eran socios de una pequeña compañía, que se dedicaba a la venta de material para ordenadores, era un chico amable. La gente comentaba de él, que le gustaban los hombres porque nunca le conocieron mujer alguna.

Una noche Philip invito a Luis a cenar a nuestro apartamento, tenían que celebrar la firma de un acuerdo importante con otra compañía, a la que tenían que servirle todo el material que necesitarán durante un año y había posibilidad de renovar por más tiempo.

Estaban felices y bebimos un poco más de la cuenta. El contrato que habían firmado les daba mucha tranquilidad, además de imagen para ampliar más el negocio, así que estaban contentos y felices.

Antes de la cena tomamos unos aperitivos….. embutidos, canapés de salmón, aceitunas, jamón….

bebimos martini y en la cena varias botellas de vino, la verdad es que yo menos que ellos, pero no me quedé atrás.

Philip en un momento dado, le hicieron efecto las copas y le adormilaron, cuando nos dimos cuenta se había dormido en el sofá. Luis me ayudo a llevarlo a la habitación y le acostamos para que siguiera durmiendo.

Al volver al salón seguimos hablando, bebiendo y la verdad nos reíamos mucho, lo estábamos pasando muy bien y no se si por ojos verdes penetrantes y misteriosos o lo que fuera que tuviera Luis, me sentía cómoda y contenta junto a él.

Noté como mi tanga estaba húmedo y mi coño estaba excitado, no paraba de mojar, en un momento dado me fije en el bulto de su pantalón, vi como su polla empujaba la cremallera ajustando su prenda, y de pronto supe que le gustaban las mujeres.

Su mirada penetrante me hizo estremecer, pero como no me decía nada, no se acercaba, estaba pendiente de que me hiciera una señal y no se que pasó por mi cabeza, pero me vi sentada en el sofá, y mandándolo con energía y fuerza que se bajara el pantalón, él me miró y con cara de sorpresa se levantó y se bajó el pantalón, luego le dije que era una niña y que se quitara también el bóxer.

Lo hizo sin rechistar y apareció ante mi una polla erecta, como no había visto ninguna antes, era de unos diecinueve centímetros y algo más de tres de diámetro, rosada y depilada. Uff ya me puso a tope, me abrí de piernas después de quitarme el tanga y le obligué a que se pusiera de rodillas frente a mi y chupara mi coño.

Me di cuenta que le gustaba que le ordenase y mandara porque de su polla salía un líquido gelatinoso, le excitaba que le dijera lo que tenía que hacer. Se puso de rodillas y empezó con delicadeza a chupar mi coño, recorría con su lengua cada rincón de mi coño, lo saboreaba y succionaba mi flujo como si se tratara de su comida favorita.

Estaba en una nube, disfrutando y dejándome llevar por la suavidad de su lengua, cuando oí mis propios gemidos como se iban acelerando y en un abrir y cerrar de ojos, exploté con gritos, a continuación sentí una gran satisfacción y el placer invadió cada centímetro de mi piel, fue la explosión mas fuerte que he tenido en mi vida. 

Después le dije que se pusiera de pie y yo sentada, le chupe aquella polla tan perfecta con fuerza y casi haciéndole daño, con desesperacion y deseo, la chupaba, me la tragaba, hasta me daban arcadas cuando me la metía hasta el fondo de mi garganta.

Estaba tan concentrada en aquella polla que sin darme cuenta exploto en mi boca, me sentí en otro mundo, no pensaba, solo seguía mis impulsos, me levanté y me agaché de espaldas a él, apoyándome en el sofá y hice que me metiera su polla por detrás.

Mi coño empezó otra vez a estar mojada, Luis se movía sin parar, pero notaba como iba bajando su ereccion y no iba a tardar mucho en quedarse pequeña, así que me agaché aún mas, abrí las piernas más y hice que volviera a chupar mi coño hasta que volví a explotar. Fue brutal mi corrida.

Cuando nos casamos Philip y yo, se lo conté, no quería que hubiera algo que enturbiara nuestra relación. El caso es que lo entendió, solo fue sexo llevado por el nivel de alcohol, que no fui consciente de lo que pasaba.

Desde ese momento Philip me obligaba a contárselo cuando estaba con ganas de follar y si no lo hacia, se enfadaba, así que ese fue el castigo que me impuso, tenía que contarle la historia continuamente, se ponía muy cachondo cuando me oía relatar la historia mientras follabamos.

Penelope2020

Womanpenelope.es

Un comentario sobre “El socio de mi pareja

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