ALMUTAMID

Ya estaba descubierta la mentira y la mentirosa. Ahora había que convencer a la engañada. Primero intentaría hablar con ella según el plan trazado con Silvia y si no funcionaba obligaría si era necesario a María a contarle la verdad.

Desde luego cuando salí de la última clase lo hice medianamente satisfecho de cómo había transcurrido el día. Sabía que Marta y yo habíamos sido víctimas de un engaño urdido por el despecho de María y que tenía solución. De hecho estaba hasta contento de como ya había sido capaz de ir descubriendo la trama. Hasta me dio la risa recordando que estaba dispuesto a pelearme con Óscar. Menuda paliza me habría dado. Así que comí con compañeros de clase y me fui a la residencia a intentar estudiar mientras esperaba el aviso de Silvia.

El día estaba siendo típico de primavera al que ras una mañana soleada le siguió una tarde que empezó a llenarse de nubarrones negros como los que había tenido en mi corazón los días anteriores. Por fin como a las 7 de la tarde me llegó un mensaje de Silvia:

“Está encerrada en su dormitorio con ropa de andar por casa, no creo que voy asir ya a ninguna parte”

Me vestí corriendo y salí disparado a su casa mientras ya caían las primeras gotas y se escuchaba rumor lejano de tormenta. Llegué al portal y llamé al porterillo. Me abrió Silvia. Subí raudo y me planté a la puerta llamando al timbre. Entré y escuché la voz de Marta desde su dormitorio:

-¿Quién es, Silvia?
-Vienen a buscarte, Marta…-gritó desde el salón.

Marta asomó al salón y al verme se detuvo. Estaba preciosa con unos culottes de deporte fucsias y una camisetita blanca corta dejando ver su barriguita y suelta dibujando la forma de sus pechitos. Su rostro mudo serio y dijo:

-Dile que se vaya, no tenemos nada que hablar…
-Marta, por favor…yo te explico y si no te convences me mandas a la mierda y no vuelvo a molestarte más, pero por lo menos déjame explicarme.
-No quiero que me hagas más daño del que ya me has hecho. Tenía mucha ilusión en ti y me has defraudado…-dijo con las lágrimas aflorando en sus ojos.
-Por favor…-supliqué.

Entonces Silvia dijo:

-Yo me retiro y os dejo hablando porque hay que escuchar antes de juzgar Marta…

Y diciéndolo se retiró a su dormitorio quedando Marta y yo solos en el salón cada uno en una puerta de la habitación.

-Marta te han mentido…te han usado para hacerme daño a mí…sin importarle el daño que te hacían a ti. María y yo no estamos saliendo…
-¿Y por qué me ha dicho que erais pareja y que el mismo lunes estuvisteis juntos?
-Marta, yo salí unas semanas con María pero no funcionó. Y el lunes estuve con ella como yo mismo te avisé que iba a hacer un trabajo. Pero no nos liamos. Ella me lo propuso pero yo me negué. Yo quiero estar contigo no con ella…
-Pero coméis juntos todos los días y os he visto iros juntos más de una vez. ¿Y si eres tú el que me está engañando?
-Marta me he paseado contigo delante de ella. Te he presentado como a mi novia. No oculto nada.

Según íbamos hablando yo me iba acercando poco a poco a ella que seguía clavada en la puerta que daba a los dormitorios.

-Pero me ocultaste que habíais salido…-me dijo muy bajito.
-Es en lo único que te he engañado. Temía que si sabías que había salido con alguien con quien tenía una amistad sintieras celos. ¡Es que lo mío con María no es salir con nadie!-dije llegando ya a su altura y atreviéndome a cogerla por los codos.
-Pero me has engañado Luis…-me dijo bajando la cabeza con las lágrimas bajando por sus mejillas.
-Le pedí salir a María porque confundí amistad con otra cosa. Pero ella se empeñó en que nadie lo supiera. No podíamos pasear de la mano, ni abrazarnos, ni besarnos nada. Pero ni en la calle ni en su casa. Nada. Cuando yo le pedía muestras de cariño me rechazaba hasta que me cansé y corté con ella. Después te conocí a ti y fue como si nunca hubiese salido con ella.

Para ese momento había conseguido abrazarla y la notaba pegada a mi cuerpo sollozando sin decir nada. Temblaba, unos temblores muy distintos a los que sufría durante sus orgasmos. Era como el llanto desconsolado de un niño. Yo seguía hablando:

-Sé que te ha dicho que el lunes nos acostamos, pero es mentira. Cuando ya me iba se me insinuó pero yo la rechacé porque sólo quiero estar contigo. Y creo que eso es lo que la tiene loca.
-¿Nunca te acostaste con ella?-preguntó entre sollozos.
-Nunca…ni el lunes ni antes…
-Entonces ¿sólo me quieres porque te acuestas conmigo?
-Noo, acuérdate de nuestra primera noche. No tenía prisa por eso, estar contigo es suficiente premio, aunque no me digas que lo has pasado mal conmigo haciendo…

No sé si Marta sonreía pues su cara estaba pegada a mi pecho. Guardaba silencio y había dejado de temblar y sollozar.

-Marta, no quiero perderte por culpa de una mala persona. Tú y yo no hemos tenido problemas todo ha sido esa ….mejor me muerdo la lengua…
-Pero Luis me has engañado…
-Si te digo que es mentira lo que María te ha dicho…-respondí separándome de ella para poder mirarla a la cara.
-Me has engañado ocultándome que saliste con ella. Y te he visto comer y quedar con ella. Y después de esto yo no te veo igual. Y aunque me equivoque y seas un buen tío, yo ya no me fío Luis. No puedo…
-No, Marta, por favor, me vas a romper el alma…
-No puedo ya. No voy a pasar otra vez por lo mismo…lo siento.

Y con lágrimas en los ojos se metió en su dormitorio dejándome allí de pie con las lágrimas saltadas. Vaya palo me acababa de llevar. Éste no me lo esperaba.

Salí de la casa como un autómata intentando comprender lo que acababa de ocurrir. Mi sentimiento era una mezcla confusa de incomprensión, desasosiego y deseo de venganza. Era la primera vez que me rompían el corazón y no podía imaginar que se pasara tan mal.

Para terminar de darle patetismo a la escena la mansa lluvia se transformó en tromba y los rumores lejanos de tormenta en relámpagos que encendían el atardecer oscuro de tormenta. Me estaba empapando pero me daba exactamente igual. Me limitaba a caminar hacia la residencia sumido en mis pensamientos y la angustia que apretaba mi estómago y mi respiración había vuelto a atenazarme como dos días antes.

En ese estado de confusión mental y huida de la realidad llegué a la residencia a la hora en que la mayoría de los residentes bajaban por las escaleras a cenar. Me imagino la cara que debía llevar aparte de estar chorreando dejando un reguero de agua por donde pasaba cuando Claudia salió a mi encuentro.

-Pero Luis, como vienes…
-Me ha dejado, Claudia…aun sabiendo que María la había manipulado me ha dejado…-dije con voz trémula.
-Ven, madre mía, estás fatal. Vamos a tu dormitorio.

Claudia me cogió de la mano y tiró de mí escaleras arriba mientras otros compañeros observaban mi estado lamentable. Llegamos al dormitorio, llamó a la puerta y Óscar nos abrió.

-Vaya pinta que traes, enano…-dijo al verme.
-Ven-apremió Claudia- ayúdame con Luis.

Me metieron en el dormitorio y Claudia me pidió que me cambiara de ropa pero yo no atendía a razones obcecado en repetir que María me había jodido la vida. Claudia le pidió a Óscar que sacara de mi armario ropa seca mientras me quitaba la camiseta empapada.

-Dame también unos calzoncillos…
-¿Lo vas a despelotar?-preguntó Óscar.
-Está empapado hasta en la ropa interior.-explicó mi amiga.- Si te da corte verle la churra a tu compañero salte fuera.
-No es por mí, morena-respondió Óscar- es por ti…

Claudia obvió el comentario tonto de Óscar y me desnudó totalmente cogiendo una toalla para secarme mientras yo tiritaba dejándome hacer ausente de lo que allí ocurría.

-Baja al comedor y sube un plato de comida, si fuese sopa caliente mejor.-ordenó a Óscar que esta vez salió sin decir nada.

Mientras Claudia consiguió que al menos me dejara hacer poniéndome unos calzoncillos secos. Al verla allí agachada delante de mí aun desnudo le pregunté:

-¿Por qué Claudia? ¿Por qué? No lo entiendo…

Una vez me colocó la prenda interior con cuidado de no rozarme mi polla colgona se levantó para ponerme una camiseta y me dijo:

-Luis ella ha debido sentir que tú le hacías mucho daño y te ha atacado sin medir las consecuencias. Lo peor es que ha contado con una debilidad en Marta que te ha hecho más daño aún. Te ha dado donde más te dolía, pero el mundo no se acaba aquí, no me gusta verte en este estado.
-Es que me ha jodido mucho, mucho, mucho…

En ese momento llegó Óscar con una sopa en una taza y un vaso de agua. Como si fuese un niño pequeño María me obligó a tomármelo y después me dijo que me acostara. Entre la falta de sueño de aquellos días, el nerviosismo y el shock en el que me encontraba en ese momento mi estado debía ser lamentable.

Me ayudaron a subirme en la litera y Óscar se bajó a cenar. Claudia me tapó y se fue también a cenar. A los 15 minutos volvió para ver cómo estaba. La verdad es que el agotamiento y la mojada me habían dejado machacado y estaba con tiritera en la cama. Claudia me preguntó si quería una manta pero yo le pedí que se quedara conmigo. Trepó por la litera y se tumbó a mi lado abrazándome por la cintura. Yo tapado con la sabana y la colcha y ella por fuera. Su calor y cercanía me relajaron y el agotamiento hizo que el sueño me venciera tras dos noches sin apenas dormir.

Me desperté sudando. Cuando fui a destaparme sentí el brazo de Claudia abrazando mi abdomen. No me acordaba que se había acostado conmigo. Pero no se fue. Se quedó cuidándome. Me destapé con cuidado para no despertarla y volví a colocar su brazo sobre mi cuerpo. Me gustaba que me abrazara.

Me giré para observarla dormida. Qué mujer. Además de su belleza, que me cautivo desde el primer día que la vi. Podía verla en mi mente con sus pantalones cortos de atletismo mostrando sus piernas larguísimas y una camiseta negra ajustada sin sujetador. Recuerdo como Vanessa y Óscar nos presentaron mientras los dos nos mirábamos en silencio. Bueno, seguramente yo la miraba más a ella pues me costaba evitar deslizar mi mirada a sus pezones marcados en la tela. Qué mal empecé con ella y sin embargo casi congeniamos desde el principio. Pero claro yo intentaba conquistara con armas de adolescente y ella es una mujer. Ya venía con la lección aprendida y no tenía que lidiar con niñatos como yo. Aun así siempre terminaba dándome un buen consejo ayudándome y yo con la necesidad de devolvérselo.

Es verdad que aguanté su mal humor durante los primeros exámenes. Sus motivos tiene. Se juega mucho y es tan madura que sabe qué hacer en cada momento. Y eso que tuvimos nuestros momentos de tensión sexual. Porque aunque hice el ridículo con el streep póker tuvimos algún momento donde yo creía que saltaba la chispa. El día que casi le veo las tetas durante el masaje. El calentón que me llevé cuando su estudio de anatomía cuando era ella la que veía y palpaba. Pero claro, ella siempre me veía como a un hermano pequeño a pesar de ser los dos de la misma edad. Normal. Mis estratagemas para forzar situaciones, mi nerviosismo, mis empalmes, jajaja. Incapaz de controlarlo y no me cortaba ni aunque ella se diera cuenta. Pero ella impasible. O se lo tomaba a broma o no le daba importancia.

Y yo mientras complicándome la vida en relaciones que no me llevaban a nada. Era imposible mantener una relación a distancia con Viqui y que ella estuviese dispuesta a mis caprichos sexuales siempre por más que la chiquilla lo intentara, pero fui egoísta y desconsiderado con ella hasta que se cansó. Empezaba a ser consciente de que me había implicado demasiado con Marta en muy poco tiempo. Sentí una ruptura de 5 días más que la de Viqui que fueron más de 6 meses. Había sido una montaña rusa desde que ella me buscó en el bar descaradamente, sentándose en mis rodillas y entrando en el juego de manos que nos traíamos tras los partidos. Yo sólo por su interés me interesé por ella. De nuevo pensar que podía sustituir a Viqui rápidamente me hizo implicarme. Pero a pesar de provocarme me paró los pies y con eso se ganó que yo pusiera más ahínco en estar con ella. Pero yo esta vez fui más tranquilo. No fui tan pesado como con Claudia al principio y mi paciencia tuvo su fruto. Una noche de cariño me dio el mejor sexo que había tenido en mi vida. Tampoco había tenido mucho así que tampoco podía comparar demasiado.

Pero en 4 días tenía una complicidad, una conexión, una sensación de unidad con Marta como no había tenido con nadie jamás. Y sin embargo cuando llegas a la cima de la montaña rusa viene el descenso vertiginoso. El problema es que con la mentira de María el mío se había quedado sin frenos y me había estrellado.

Y María. Ese había sido mi mayor error. Con ella fallé desde el principio. La forcé a situaciones donde nunca debía haber llegado porque yo no las sentía. Desde el día que le enseñé la polla debía haberme dado cuenta que yo le gustaba. Otra me habría mandado a la mierda o se lo habría tomado a cachondeo como Claudia. Pero ella aguantó y probablemente encontró en lo salido que yo estaba mi propia flaqueza. Me provocó con los masajes, y yo piqué. No era tan tonta como para no saber que me estaba haciendo una paja. De hecho el día que metí mi mano en su braga no reaccionó como cabría esperar de alguien con sus “limitaciones morales”. Representaba un papel hasta que piqué pidiéndole salir. Y ahí ya me tuvo. Ya no necesitaba disimular con el cuento de los masajitos. Ya no necesitaba cogerme la polla porque en realidad me había cogido por los huevos. No necesitaba darme sexo porque yo ya no iba a tener con nadie. Y cuando lo tuve. Más que sexo. Tuve una pareja que me gustaba, que me emocionaba. Sin más me la quitó. No para ser ella. Ya no me quería. Sólo quería que yo no estuviera con Marta. Creo que todo era una paranoia. Pero mi cabeza aún era incapaz de asimilar por qué María había sido capaz de llegar tan lejos. Pues era evidente que haciéndome mal yo nunca iba a volver con ella.

Y sin embargo. Allí estaba yo en mi litera con Claudia. La chica de mis sueños, la que podría haber evitado todas mis meteduras de pata. Más de una paja había caído a principio de curso imaginándola en el mismo sitio. De otra manera eso sí. Pero allí mismo dormida, desnuda a mi lado satisfecha por el sexo que acabábamos de tener y los dos felices. Pero la realidad era que yo estaba roto y ella me cuidaba. Pero tenía que levantarme.

Aun podía recuperar a Marta. Y la única manera era desenmascarar a María. Ella le reconocería la mentira y Marta me perdonaría. Tenía que pillarla por banda. Ya vería como. Pero me tenía que levantar y no llorar como una nena miedosa la pérdida.
Ojalá Claudia me deseara como yo a ella. Si ella quisiera me olvidaba de María, de Marta…de todo. Era casi perfecta. Sólo tenía un fallo: que me quería como a un amigo por el que todo se da menos lo que el amigo deseó desde el primer día que la conoció…

Entre tanto pensamiento amaneció. Y no me había dado cuenta que en todo ese tiempo había amanecido. Sentí que Claudia se estremecía probablemente por frío y con cuidado eché la colcha por encima de los dos tapándonos. Era curioso que cada vez que cambiaba de postura volvía a pasar su brazo por encima de mi abdomen como si no quisiera soltarme.

Por fin se despertó y me descubrió observándola:

-Buenos días…-dije.
-Ummmm-se estiró soltándome- buenos días, ¿cómo estás?
-Mejor…se me ha pasado el sofocón. No sé cómo darte las gracias.
-No tienes que dármelas. Supongo que tú harías lo mismo por mí…
-Hasta meterme en la cama contigo…-le dije sonriendo.
-Oye…eres muy cómodo para dormir, jajaja. He dormido muy bien. Hace tanto que no duermo con un hombre…
-Vaya, me ves como un hombre y no como un niño…-respondí con cierto sarcasmo.
-Te he visto desnudo, prenda, jajaja. Te aseguro que eres un hombre…
-Conque te fijaste…
-Te me pones de pie ahí delante y una aprovecha y mira…y con tu manía de ponerte contentillo a la primera de cambio…pues una se hace una idea…

Bueno. Empate. Yo me fijaba en sus tetas y ella en mi paquete.

-Como tú comprenderás. Uno no es de piedra. Y cuando una tía buena te desnuda y se pone a estudiarte y sobarte pues el resorte salta…-dije justificándome con sorna.
-Gracias por lo de tía buena. Pero yo estaba estudiando anatomía…-respondió en el mismo tono jocoso.
-Ya. Mi anatomía…
-Por tu reacción no te lo pasaste tan mal…
– Bueno…no todos los días se te agachan ahí delante mirándote tan cerca…
-Que sosas son tus amiguitas, ¿no?

La verdad es que ni yo mismo me estaba creyendo el tonteo tan descarado que estábamos teniendo Claudia y yo metidos en la misma cama. Pero no nos acordábamos que Óscar estaba debajo en la litera de abajo hasta que dijo:

-Parejita…si os vais a meter mano avisad y os dejo solitos…

Claudia y yo reímos a duo y nos bajamos de la litera. Ella se fue a su dormitorio y yo me puse unos pantalones para bajar a desayunar con Óscar. Su actitud conmigo de los últimos días había cambiado mi forma de verlo. Ahora me arrepentía de haberle hecho daño contándole lo de Marina.
A pesar del buen despertar que tuve Marta y María no salían de mi cabeza. Pese a ello fui capaz de ponerme a estudiar aquella mañana. Pero a cada rato me volvían a la cabeza. Empezaría por María. Y una vez desenmascarada volvería a por Marta. Pero ¿dónde encararla? En su casa no podía. Sus compañeras de piso no me soportaban. Tenía que ser o en los comedores universitarios o a la salida de un examen. Si no la pillaba el lunes en los comedores la esperaría a la salida del primer examen que era el miércoles.

Por la tarde me fui a estudiar con Claudia pero ni ella ni yo sacamos el tema. Parecía que todo hubiera pasado y volvíamos nuestra normalidad de compañeros. Si me dicen a principio de curso que me voy a meter en la cama con ese pivón sin que pase nada me hago el harakiri. Pero ahora la sensación era otra y la conversación al despertar demostraba que entre nosotros no había secretos ya.

Poco antes de la cena y retumbando de fondo otra tormenta como la del día anterior empezó a escucharse jaleo por la residencia. Claudia y yo nos asomamos al pasillo a ver qué pasaba. Los veteranos sacaban a los de primer año de sus dormitorios como en la novatada de principio de curso. Otra vez no…

Nos llevaron en algún caso a empujones al patio y nos pusieron en medio. Uno de los más veteranos se subió a una silla y empezó a soltar un discurso como si fuese el de una graduación. Víctor, Claudia y yo comentábamos que sonaba a nueva novatada y que o nos tirarían harina, o nos regarían, o nos desnudarían, a saber…

Pero al terminar el discurso los veteranos que nos rodeaban gritaron a coro: “Desde hoy dejáis de ser novatos…Enhorabuena”. Y aplaudieron. Nos acababan de graduar en la residencia como miembros veteranos para que nosotros hiciéramos las novatadas el siguiente curso. En el momento en que esto ocurría empezó a llover y corrimos todos dentro de la residencia a resguardarnos mientras se veían gestos de camaradería entre compañeros de dormitorio. Era el acto final en la residencia antes del enclaustramiento general por los exámenes.

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