ECONOMISTA

1

Víctor era más atractivo de lo que me había imaginado, un poco más alto que yo, sobre 1,80, pelo oscuro, frondoso, rizado, peinado a raya y con unas pocas canas por los lados, se había dejado barba de tres días, la americana le quedaba como un guante y llevaba una camisa blanca con un botón abierto. Si Claudia iba perfecta él no se quedaba atrás, el vaquero skinny ajustado no llevaba una sola arruga, iba a la moda con el pantalón por encima de los tobillos, enseñando calcetines con unos bonitos zapatos italianos de ante azules.

Puso las manos sobre los hombros de Claudia y le dio dos besos.

– Cuanto tiempo, ¡estás muy guapa!, dijo mirándola de arriba a abajo. – Y este debe de ser David.

Me tendió la mano apretándome fuerte y firme al saludarnos. Llevaba un precioso reloj que relucía en el puño de su camisa blanca.

– Encantado.

– Ya estamos los tres, le dijo al camarero que estaba en la barra.

– Pueden pasar al comedor cuando quieran.

Entramos detrás de Víctor y nos pusieron en una mesa cuadrada que tenía tres cubiertos.

– ¿Que tal Víctor?, le saludó uno de los camareros.

– Pues bien, aquí a cenar con unos amigos, les he traído a mi restaurante favorito.

– Perfecta elección, no saldrán defraudados, les dejo la carta.

Se notaba que Víctor iba allí a comer o a cenar a menudo, el sitio era moderno y muy bien decorado, los platos quizás algo escasos, pero tenían una pinta estupenda, no debía de ser nada barato, ni tan siquiera miró la carta que estaba sobre la mesa. Tenía claro lo que iba a cenar.

– Tienen un menú degustación de 5 platos que es fantástico, lo suelen cambiar…podéis probar otra cosa, pero yo es lo que os recomiendo, por favor dejar que os invite…

– Pues nada, ese menú, si tú lo dices, dije poniendo la carta sobre la mesa sin tan siquiera abrirla.

Me estuvo tanteando un poco con la mirada, yo la verdad es que no sabía muy bien describir lo que estaba sintiendo. Había accedido a que mi mujer cenara con aquel tío, que dicho sea de paso tenía pinta de saber lo que se hacía, desde un principio la sensación que flotaba en el ambiente era que, si alguien sobraba de los tres, ese era yo. Desde que llegamos me empequeñecí al lado de Víctor. No sé qué clase de hombre hay que ser para servirle en bandeja a tu mujer a otro y tú quedarte allí viéndolo todo en primera fila

Estuvimos hablando de cosas normales, de nuestro trabajo, Víctor se interesó mucho por la fábrica de zapatos, le dije que eran de buena calidad, aunque viendo los que llevaba puestos dudaba mucho que fueran de su estilo, además se enteró de que la fábrica era de la familia Álvarez y lógicamente que yo estaba allí medio “enchufado” como encargado.

– ¿Y en que hotel os quedáis esta noche?, de todas formas, no hacía falta, os podíais haber quedado en mi casa, nos dijo amablemente.

Yo no supe ni que responder a eso, luego siguió hablando con Claudia sobre su trabajo y le estuvo contando también no sé qué de un viaje a Menorca, a lo que mi mujer escuchaba muy interesada.

– Ya te dije que estás invitada cuando quieras, si no has estado nunca te va a encantar la isla.

El tío con toda la desfachatez del mundo le acababa de ofrecer a mi mujer pasar unos días con él en Menorca sin cortarse porque yo estuviera allí, tan solo me dedicó una pequeña mirada para ver como reaccionaba. Me hice un poco más pequeño. Según avanzaba la cena cada vez participaba menos en la conversación que tenían, Víctor le contaba a Claudia como era el hotel y unas pequeñas calas de Menorca que al parecer eran ideales para hacer nudismo sin que nadie te molestara. Se refirió varias veces a ese lugar como “el paraíso”.

– Bueno, te ha costado venir a Madrid a verme, por fin, ¿te vendes cara para dejarte ver, ¿eh?, dijo Víctor empezando ya a tontear descaradamente con mi mujer. – ¿Y qué tal Mariola, la sigues viendo?

– Si claro, todas las semanas.

– ¿Y seguís saliendo juntas de fiesta?

– Alguna vez, pero muy poco.

– Anda que no tienen peligro estas dos, me dijo a mi intentando hacerme cómplice de las andanzas de mi mujer.

– Ya, ya lo sé, afirmé yo.

Había quedado como un completo imbécil con esa respuesta. Tampoco quería ponérselo tan fácil a Víctor, así que enseguida maticé.

– Pero confío en Claudia, siempre ha tenido facilidad para quitarse de encima a los moscones…

– Jajajaja, si, de eso ya me di cuenta, dijo Víctor, – Me costó aceptar que se dejara invitar a una copa…¿hoy si me dejas que os invite a una, ¿no?

– Claro, para eso hemos venido a Madrid, respondió Claudia.

La tensión sexual en la mesa cada vez se iba haciendo más evidente, cuando bebían de la copa Claudia y Víctor se miraban a los ojos, luego seguían hablando como si se conocieran de toda la vida y yo cada vez me iba quedando más y más al margen. Llegó un momento que parecía un espectador de lujo de una cena entre dos. Me sentí en ese momento tan terriblemente excitado que la erección que llevaba minutos luciendo bajo el pantalón se me empezó a hacer incómoda.

Si, estaba empalmado viendo como Claudia tonteaba con Víctor y éste intentaba seducir con mucha clase a mi mujer.

La cena fue estupenda, los platos eran pequeños, pero estaba todo buenísimo, sin duda había sido un gran acierto la elección de Víctor. Llegó el momento de los postres, Claudia repasó la carta sin decidirse a elegir.

– No debería comer nada de esto, pero todo tiene una pinta buenísima, ¿qué me recomiendas?, le preguntó a Víctor, estoy entre el brownie de chocolate con helado y la tarta de queso con frutas.

– Si quieres pedimos los dos y lo compartimos, ¿te parece?

Claudia me miró inmediatamente ante la propuesta de Víctor.

– Vale no pasa nada, yo iba a pedir la mouse de vainilla, dije yo.

Pero no se trataba de si pedir esto o de lo otro, eso era lo de menos, mi mujer iba a compartir el postre con otro tío delante de mí y lo peor es que me moría por verlo. Víctor levantó la mano y enseguida llegó el camarero.

– De postre nos traes, una mouse de vainilla y luego para compartir el brownie de chocolate caliente con helado y la tarta de queso con frutas, muchas gracias…

– Ahora mismo estoy aquí…

– Ya verás los postres, están buenísimos, me dijo Víctor.

No tardó el camarero en llegar con el pedido.

– ¿La mouse de vainilla?…

– Para mí, dije levantando la mano.

– Perfecto…y para compartir el brownie con la tarta de queso, dijo poniendo un plato más grande entre Víctor y mi mujer.

Víctor se apresuró a partir el brownie y enseguida salió el chocolate caliente de su interior, lo recogió con la cucharilla y se lo acercó a la boca de mi mujer.

– Prueba esto, es una delicia, es un chocolate especial que traen de Bélgica.

Claudia se quedó muy cortada y me miró mientras Víctor sujetaba la cucharilla suspendida delante de su boca.

– Uyyy perdón, yo no quería…he hecho algo que…?, dijo Víctor.

– No, no pasa nada, dije yo. – De verdad que no, tiene una pinta estupenda eso…

Claudia abrió tímidamente la boca mientras se pasaba el pelo vergonzosa por detrás de la oreja y Víctor le metió el brownie dentro. Aquel simple gesto me provocó una mezcla de morbo y humillación a partes iguales y mi polla palpitó bajo los pantalones. Pero mi mujer no estaba muy dispuesta a seguir con esa clase de tonteo y más si cabe hacerlo así en público. Luego siguieron comiendo el postre cada uno por separado, compartiendo plato y con un gesto de complicidad entre ellos cada vez que se miraban, mientras yo me terminaba mi mouse observando la escena.

– Estaba todo muy bueno, dije yo.

– Me alegro que os haya gustado.

Volvió a acercarse el camarero que nos ofreció café o algún chupito y terminamos aceptando uno que nos sirvieron en vaso de tubo.

– Si os parece bien ahora vamos a tomar una copa, dijo Víctor.

Claudia se me quedó mirando esperando mi respuesta y yo hice un gesto con los hombros hacia arriba.

– Me parece perfecto.

Víctor volvió a levantar la mano para que el camarero trajera la cuenta, cuando lo hizo se apresuró a sacar la tarjeta de crédito, luego le pidió que fuera llamando un taxi.

– Por favor, hoy invito yo y ahora si me disculpáis voy un momento al baño, nos dijo educadamente.

Nos quedamos Claudia y yo a solas en la mesa.

– ¿Qué tal?, pregunté yo.

– Bien, la verdad, mejor de lo que esperaba.

Yo me acerqué a darle un pequeño beso en la mejilla y Claudia apenas me dejó retirando la cara.

– No quiero llamar la atención, hay mucha gente, primero lo de Víctor con el postre, ahora no quiero darme un beso contigo, si alguno se ha fijado le parecerá raro…

– Perdona, no me había dado cuenta de eso.

– ¿Qué piensas de Víctor?

– Pues no sé qué decirte, parece majo y ha sido una cena agradable…le ha debido salir bastante cara…

– ¿Y tú que tal estás?

– Bufffffffff Claudia, ni te imaginas, me ha encantado, estoy excitado, muy excitado, ¿y tú?

– No lo sé, realmente todavía no sé ni que hacemos aquí con él…no sé ni como me siento…estoy rara, pero a la vez lo estoy pasando bien…

– Venga Claudia no empieces otra vez, vamos a tomar una copa y quiero que hagas lo que te apetezca…te lo digo en serio, puedes hacer lo que quieras… ¿de verdad no te da morbo todo esto?

– A ti ya veo que si…

– ¿Y a ti…?

Justo en ese momento llegó Víctor y yo aproveché para ir al baño después, no quise ir antes para no coincidir allí con él, me hubiera resultado algo violento, además quería que pasara algo de tiempo para que se me bajara el empalme y al menos poder mear, también quería dejarles un par de minutos a solas por si querían hablar de sus cosas. Cuando salí ya nos estaba esperando el taxi y nos montamos los tres detrás.

Víctor nos llevó a un local que nos dijo que estaba muy bien, eran casi la una de la mañana y había bastante gente, nuestro anfitrión se movía como pez en el agua y saludó a unas cuantas personas antes de llegar a la barra. Hasta el momento la noche estaba resultando como yo pensaba y aunque no había pasado nada entre ellos a mí ya me estaba dando mucho morbo la situación. Víctor me había calado desde hacía tiempo y cada vez se ocupaba más de atender a mi mujer y dejarme a mí de lado. Yo no se lo iba a poner difícil tampoco, al llegar a la barra nos pedimos tres copas y Víctor se puso a hablar con Claudia, como si yo no estuviera allí.

Poco a poco me fui separando de ellos, no mucho, apenas un metro, lo suficiente para dar a entender que quería dejarles solos. Cuando llevaba 20 minutos separado Claudia me buscó y me hizo un gesto con la mano para que me acercara, pero yo le dije que no con el dedo. Víctor se quedó callado, pero se dio cuenta del detalle.

Cada vez fue entrando más y más gente, por lo que la separación entre ellos y yo se hizo algo mayor, unos dos metros, pero ahora además con un grupo de gente por el medio.

Ya estaban solos.

Me encantaba observarles, no lo voy a negar, parecía un voyeur y a pesar de la situación Víctor no se sobrepasó en ningún momento, alguna vez ponía levemente la mano en la cintura de mi mujer al hablar con ella, pero muy poco. Claudia por su parte cada vez estaba menos pendiente de mí y ya hacía rato que no se había girado para ver donde estaba, yo miraba como se reía, como se ponía el pelo por detrás de la oreja, como se le tensaban las piernas al inclinarse para decirle algo al oído. Estaba coqueteando descaradamente con él delante de mí y eso me excitaba mucho.

No podía ni imaginar lo que sería verlos en actitud más íntima, si solo con esa situación ya estaba cachondo, el corazón me iba disparado y tenía un nudo de nervios en el estómago. De repente miraron hacia donde estaba yo y siguieron hablando, Claudia dijo que si con la cabeza y luego se giró de nuevo.

La tensión se me empezaba a hacer insoportable, en el bar hacía calor y yo tenía una buena mezcla de alcohol en el estómago, llevábamos casi una hora en aquel sitio y tuve que pedirme otra copa. Ellos seguían a lo suyo, estaba claro que se lo estaban pasando bien y yo había levantado ya mis cartas al dejarles solo. Le estaba sirviendo a mi mujer en bandeja al cabronazo ese y allí apartado tomándome una copa les observaba con la verga dura.

Un rato más tarde se acercaron a mí, Víctor se quedó un poco al margen y Claudia me dijo al oído.

– Dice Víctor que si vamos a su casa a tomar una copa…

Aquellas palabras en boca de mi mujer hicieron que mi polla palpitara literalmente bajo los pantalones. Era lo que llevaba queriendo escuchar toda la noche.

– Lo que tú quieras, ¿eh?, volvió a decirme Claudia.

– ¿A ti te parece bien?, ya sabes para lo que quiere que vayamos a su casa, si vamos no hay vuelta atrás…

– Si no quieres no vamos…

– Claro que quiero Claudia, para eso hemos venido a Madrid…ya lo sabes…

– De acuerdo.

Inmediatamente se dio la vuelta y le dijo a Víctor que sí. Luego salimos los tres y llamamos un taxi para ir a su casa. En el tiempo de espera a que llegara el taxi no sabíamos ni de qué hablar, la situación era incómoda para todos, por suerte no duró mucho. Llegó un taxi y nos sentamos en la parte de atrás, con mi mujer en medio de los dos. Ahí sí que no lo esperaba, pero Víctor se puso cariñoso con Claudia, seguramente ya se lo habría dicho a solas varias veces durante la noche, pero esta vez lo hizo para que lo escuchara yo.

– ¡Que ganas tenía de que vinieras a Madrid!

Luego se inclinó sobre ella y la besó en el hombro mientras ponía una mano en sus muslos, Claudia tímida se volvió hacia él y le dijo algo susurrando que no pude entender, algo así como “aquí no”.

– Llevo toda la noche queriéndote dar un beso, dijo Víctor un poco más alto, esta vez no solo lo escuché yo, sino también el taxista, – Anda ven aquí.

Abrí los ojos como platos y miré hacia ellos, no podía creerme que Claudia fuera a hacerlo con aquel tío en medio de un taxi. Parece que se resistió un poco, pero Víctor dijo algo en bajito que no escuché y aquello venció la última línea de defensa de Claudia que terminó dándole un pequeño pico en la boca. No fue el beso más erótico ni el más sensual de la historia, pero el ver a mi mujer besarse furtivamente con Víctor supuso para mí una gran victoria.

Claudia iba a hacerme un cornudo. Y Víctor iba a proclamar mi condición delante del taxista.

– Es fantástica tu mujer, tienes mucha suerte, me dijo inclinándose hacia delante.

Esta vez el que abrió los ojos como platos fue el taxista y Claudia le dio un pequeño manotazo a Víctor como a un chiquillo que ha cometido una travesura. A mi mujer no le gustaban esos juegos y quedar como una fulana delante de la gente, aunque fuera un desconocido. Sin embargo, a mí me encantó que lo hiciera y me dejara como un pobre cornudito. Creí que me corría en los pantalones.

Llegamos al piso de Víctor y nos bajamos del taxi que pagué yo. Nos subimos al ascensor y nada más entrar en su casa nos llevó al salón y abrió el mueble bar.

– Bueno, pues esta es mi casa, ¿Que queréis tomar?

– Está muy bien, dijo Claudia.

– Cualquier ron que tengas con Coca cola, dije yo.

– ¿Brugal?

– Si, me vale.

Se fue a la cocina y me extrañó que viniera solo con un vaso de tubo con dos hielos dentro y una lata de refresco en la mano.

– Toma échate lo que quieras, me dijo, – Ven Claudia, que te enseño la casa…

– Ehhh, vale, contestó ella.

La invitación para ver la casa fue solo para mi mujer, a mí me dejó plantado con el vaso en la mano y de pies preparándome la copa. Claudia no dudó en irse con él y antes de salir los dos por la puerta del salón Víctor puso una de sus manos sobre la cintura de mi mujer para guiarla y ella me miró tímida por última vez. Todavía les escuché unos minutos más, al ser de madrugada estaba todo en silencio y los tacones de Claudia retumbaban por la casa mientras Víctor se la iba mostrando, hasta que llegó un momento que se hizo el silencio.

El silencio más absoluto.

Aquella calma que precede la tormenta me puso de los nervios y entonces supe que iba a suceder lo que tanto deseaba

2

Con la polla dura y una copa en la mano me senté en uno de los lujosos sofás de la casa de Víctor. Era muy bonita su casa, decorada de forma muy moderna y exquisita, me pregunté cuántas mujeres se habría follado en ese piso que parecía preparado para atraer al género femenino. Todo estaba perfectamente limpio, ordenado y cuidado hasta el más mínimo detalle. Pero ahora lo que me preocupaba es que a la siguiente mujer que se iba a follar allí era la mía.

Habían desaparecido los dos y yo no sabía muy bien que es lo que se suponía que tenía que hacer. Ir a buscarles por una casa que no conocía y no me habían invitado a visitar o esperar como un gilipollas en el sofá a escuchar los primeros gemidos de mi mujer, que de momento no se producían.

Esta espera sí que se me hizo eterna, me levanté un par de veces y me acerqué hasta la puerta del salón para ver si oía algo, pero nada, todo seguía en silencio y después volví a sentarme. El tiempo no corría, solo habían pasado 6 minutos desde que me habían dejado solo y a mi me parecían una eternidad.

Estaba tan nervioso y excitado que instintivamente se me fueron las manos al paquete y tuve que agarrarme la polla y darle un par de sacudidas por encima. Tampoco mucho mas o me correría en los pantalones. Le di otro trago a la copa que ya había apurado hasta la mitad y volví a ponerme de pies. Me acerqué de nuevo hasta la puerta y seguía sin escuchar nada, solo que esta vez grité.

– ¡Claudia!, ¡Claudia, donde estáis!

Unos segundos más tarde mi mujer me respondió.

– ¡Ahora voy, ya salgo…!

Me quedé más tranquilo al escuchar la contestación de mi mujer, pero a la vez decepcionado porque no era la respuesta que esperaba. ¿Para qué cojones la había llamado? ¿Les habría interrumpido? Volví a sentarme en el sofá y un par de minutos más tarde les escuché. Los tacones de Claudia retumbaron por el pasillo de nuevo hasta que entró en el salón.

– Vámonos David.

Rápido cogí los abrigos y me dirigí hacia la puerta.

– ¿Estás bien, ha pasado algo?

– Si, estoy bien, tranquilo.

Antes de salir vino Víctor hacia nosotros. Me tendió la mano para saludarme y luego le dio dos besos a Claudia.

– Es una pena que os vayáis tan temprano, espero que podamos volver a quedar otro día.

Yo no sabía que es lo que había pasado entre ellos, así que no quise contestar, pero Claudia le dijo.

– Vale, vamos hablando…

– De acuerdo, espera ven aquí, dijo él.

Cuando estábamos saliendo Víctor agarró a mi mujer por el brazo y tirando de ella le plantó otro beso en los labios, solo que estaba vez no fue como en el taxi, fue algo más intenso y por supuesto correspondido por Claudia. Otro beso en los labios, sí, pero no tuvo nada que ver con el anterior. Estaba claro que algo había sucedido entre ellos.

– Te llamo, dijo Víctor a Claudia antes de cerrar la puerta.

Nos subimos al ascensor y Claudia se apoyó en mi pecho pasándome la mano por detrás de la espalda en un gesto cariñoso.

– ¿Que tal estás?, me preguntó.

– Ni te imaginas Claudia, muy nervioso.

– Yo también, pero no ha pasado nada entre nosotros, ufffff tienes el corazón a mil…

– Me da igual, ha sido muy morboso cuando me habéis dejado solo, he estado a punto de correrme encima, te lo juro…tú también estás con el corazón acelerado…

– Shhhhhhhhhhh tranquilo, espérate un poco a que lleguemos al hotel, dijo mi mujer con voz sensual.

No sabía que es lo que habría pasado en esos 9-10 minutos que habían estado a solas, pero estaba claro que había aumentado la complicidad entre ellos y que Claudia llevaba un calentón parecido al mío. Durante el viaje de vuelta en el taxi íbamos callados, cada uno pensando en sus cosas, pero los dos muy excitados no dejábamos de acariciarnos las manos.

Llegamos al hotel y entramos deprisa en la habitación, intenté besar a Claudia, pero ella me ordenó que me tumbara en la cama. Tenía prisa, se fue quitando la ropa, el jersey, luego el short y por último las medias. Se quedó tan solo en ropa interior y se subió en la cama sentándose sobre mí. Me gustó pensar que al final de la noche iba a ser yo el que disfrutara de esas braguitas y sujetador que Claudia se había comprado para Víctor. Mientras ella se desnudaba también me había ido quitando la ropa, tan solo me dejé el slip puesto que a duras penas me sostenía la erección.

Claudia apoyó el culo en mi polla y se restregó un par de veces, como si estuviéramos follando.

– Ummmmmmmmmmmmmm Claudia, no me hagas eso…

– ¿Ah no, por qué?

– Ya lo sabes.

– Quiero tenerte dentro ya.

Con un hábil movimiento me sacó la verga del calzón y apartándose las braguitas se la introdujo con mucha facilidad dejándose caer. Empezó a follarme muy despacio, el coño de mi mujer estaba caliente, húmedo y palpitante.

– Ahhhhhhhhhhhhh, despacio Claudia, despacio…

– Shhhhhhhhhhh tranquilo, tranquilo…

Ella intentaba calmarme para que no me corriera demasiado rápido, pero yo llevaba con la tensión acumulada de todo el día y sabía que iba a durar un suspiro. Le decía que se moviera más despacio, pero eso era imposible, Claudia me cabalgaba suave con muchísima calma. Yo gimoteaba porque no quería terminar y que ella se enfadara conmigo, ni tan siquiera quería mirarla o poner las manos sobre su cuerpo para no sentirla y que ocurriera lo inevitable.

– Ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhh, despacio, mas despaciooooo…más despacio Claudia.

– Shhhhhhhhhh, disfruta, tranquilo, tu solo disfruta…no puedo moverme más despacio…ven tócame, dijo cogiéndome la mano e intentando llevarla a su culo, pero yo la aparté.

– Ahiii Claudia, ohhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhh, ahhhhhhh…quita, no me toques, ahhhhhhh…

– Shhhh, ¿qué te pasa?, dijo pasándome un dedo por la comisura de los labios.

– No, no me hagas eso, gluppp, glupppp, noooooooo, nooooooo, dije mientras Claudia me metía el dedo en la boca.

– Chupa cornudo…

En cuanto me introdujo el dedo y me llamó cornudo mi polla explotó en su interior, un orgasmo lento que me fue subiendo poco a poco, pero que liberaba la tensión que había ido acumulando durante todo el día.

– Ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh, lo sientooo, lo sientoooooo, ahhhhhhhhhhhh, ¡¡¡¡me corrooooooooo, me corroooooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!, lo sientooooo, ahhhhhh…

– Mmmmmmmmmmmmmmm, muy bien, eso, córrete, córrete dentro de mí, mmmmmmm…

Por lo menos parecía que Claudia no se había enfadado, pero luego me di cuenta de cuáles eran sus intenciones, lo tenía todo perfectamente planeado desde que habíamos entrado por la puerta del hotel. En cuanto terminé de descargar ella se liberó de mi polla y tapándose la entrada de la vagina trepó hacia arriba para sentarse en mi cara.

– ¡Túmbate, deprisa!

Yo la obedecí y en cuanto ella me puso el coño en la boca retiró la mano y toda mi corrida empezó a salir para que me cayera dentro, mientras ella misma se apartaba las braguitas.

– ¡¡Trágatelo todo cornudo!!, ummmmmmmmmmmmmmm, asiiiiiiiiiiiii, dijo restregándose contra mí.

Pero se movía tanto que parte del semen me cayó también por la cara, Claudia no se paraba quieta, estaba nerviosa, inquieta y excitada y no tardó en buscar su propio orgasmo.

– ¡¡Saca la lengua, estoy a punto de correrme!!

Enseguida acertó a ponerme el clítoris donde ella quería, estaba hinchado y muy sensible, pero no me estaba pudiendo restregar bien el coño por la cara, pues las braguitas le molestaban en su tarea.

– Aggggggggggggggg joder, dijo poniéndose de pies y quitándoselas rápido para lanzarlas por el suelo.

Volvió a sentarse en mi cara, ahora sí que noté por completo el calor de su vagina, pero Claudia ya quería correrse. Se echó hacia delante y volvió a ponerme su hinchado botoncito en la lengua, luego comenzó a moverse rápido delante y atrás.

– ¡¡¡Ponla dura, ponla duraaaaaaa, asiiiiiiiiiiiiiiii!!!, ahhhhhhhh, ¡¡¡fóllame con la lengua!!!

Yo no podía mirar hacia arriba, puse las manos sobre su culo para acompasar los movimientos de los dos, me costaba hasta respirar de lo fuerte que se restregaba Claudia contra mi.

– ¡¡Joder, me viene, me viene!!, AHHHHHHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHH ¡¡¡me corrooooooooooooooo, me corroooooooooooooooooo!!!!

Menudo orgasmo tuvo, parecía interminable, luego estuvo medio minuto más dejando que siguiera lamiendo su coñito. Cuando terminó Claudia se dejó caer desfallecida a mi lado.

– Muy bueno cornudo…ahhhhhhhhhh, te has portado muy bien, dijo dándome un par de palmadas en el pecho.

Yo estaba empalmado de nuevo, tenía la cara y la boca rebosante de semen y al ver a mi mujer así jadeante, tan solo con el sujetador puesto me dieron unas ganas locas de follármela. Ella se giró hacia mi y comenzó a reirse. Podía imaginarme las pintas que tenía.

– ¿Te lo has tragado?, dijo recogiendo parte de semen que quedaba por mi cara para metérmelo en la boca.

– Siii, no he podido hacer otra cosa…

– Así me gusta, que me hagas caso.

Ella miró hacia abajo y vio que me estaba sujetando la polla.

– ¿Qué pasa, quieres más?

– Quiero follarte.

– De eso nada, ya me has follado una vez y por hoy ha sido suficiente, bastante que te he permitido metérmela, ¡por Dios, ha sido una mierda de polvo!

– Claudia por favor…

– Si quieres correrte hazte una paja mientras me miras, yo también quiero volver a correrme, pero de metérmela hoy otra vez vete olvidando… ¿de acuerdo cornudito?

Claudia se quitó el sujetador y se quedó completamente desnuda, sus tetas lucían perfectas, también tenía los pezones hinchados y erectos.

– ¿Me pongo como siempre y te haces la paja?, dijo poniéndose a cuatro patas sin esperar mi respuesta.

Claudia miró hacia atrás para ver como empezaba a masturbarme y luego fue ella la que se metió la mano entre las piernas. Me encantaba ver como meneaba las caderas y sus dedos jugueteaban en su coño. Claudia comenzó a gemir y yo aceleré el ritmo de la paja, me hubiera encantado follármela a cuatro patas en ese momento y embestirla bien duro, pero ella quería dejarme claro cuál era mi condición.

– ¿Terminas ya, cornudo?, dijo Claudia girándose.

– Todavía me queda un poco…

– Tú siempre, al contrario, ahora que tienes que correrte rápido…¡¡joder!!, mira me da igual, yo no puedo esperar más, necesito correrme otra vez, túmbate, ¡¡quiero que me vuelvas a comer el coño!!…

De nuevo repetimos la postura anterior, estaba claro que a mi mujer le encantaba correrse mientras me restregaba el clítoris por lengua. Esta vez no se tumbó hacia delante, sino que se quedó más recta y pude ver como se acariciaba las tetas mientras me follaba la boca. Yo me seguía masturbando y aceleré el movimiento cuando Claudia lo hizo.

Quería correrme a la vez que ella y no nos faltaba mucho.

Pero estaba vez mi mujer me sorprendió y a punto de llegar a su orgasmo echó el brazo hacia atrás y me agarró la polla. Esta vez no fue una paja sutil y suave, me la empezó a menear rápido y con fuerza a la vez que ella se restregaba cada vez más ansiosa.

– ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh, voy a correrme otra vez, voy a correrme otra vez!!!!!!!!

No aguantamos nada, exploté en su mano casi a la vez que ella, que no dejaba de chillar.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, eso essssssssssssssss, ¡¡¡córrete cornudo, córrete cornudoooo!!!

Ahora Claudia al quitarse de encima de mi se quedó tumbada boca abajo, y pude ver parte de mi reciente corrida por la espalda y por su pequeño culo, también tenía otro poco por los dedos que limpió en mi pecho.

– ¡Que bueno, nos hemos corrido a la vez!, dijo Claudia.

– Si, ha estado muy bien cariño.

Claudia seguía boca abajo, con la cara enrojecida, pegada contra la almohada y todavía jadeando. Se metió las manos de nuevo en la entrepierna y lanzó un pequeño gemidito.

– Ahhhhhhh, joder, no sé qué me pasa…quiero más…

Eso sí que ya me cogió descolocado, yo acababa de correrme y mi polla se había quedado flácida por completo, pero Claudia no lograba quitarse el calentón que llevaba encima.

– ¿Vas a masturbarte otra vez?, dije yo tímidamente.

– Si, no sé qué es lo que me pasa.

– Eso es que estás muy cachonda pensando en Víctor, ¿qué ha pasado entre vosotros?

– Solo nos hemos besado, pero tenía que haber estado toda la noche follando con él joder, ¡¡tú no me has durado ni un minuto!!, me soltó de repente.

Aquellas palabras me dejaron en estado de shock. Claudia estaba cachonda y furiosa a pesar de haberse corrido ya dos veces.

– ¡Pues llámale, aún estas a tiempo!, llámale y dile que venga aquí a follarte, te mueres de ganas, dije yo, retándola.

– ¡Joder no me tientes!

– ¡Vamos hazlo, es lo que queremos los dos!, si quieres le llamo yo y le digo que venga…

– ¡Eres un puto cornudo!, estoy segura que lo harías…

– Pues claro que lo haría, en lo que viene puedes darte una ducha y arreglarte otra vez para él, ahora pareces una puta así despeinada con el culo y la espalda llena de lefa…

– Ahhhhhhhhhhhhhhh, sigue hablando, dijo Claudia comenzando a masturbarse de nuevo tumbada boca abajo.

– Tardaría media hora en venir, podrías maquillarte y ponerte la ropa interior esa de zorra que te has comprado para él…

– Sigueeeee cornudooooo…

– Le recibirías así, como estás ahora, pajeándote, yo mismo le abriría la puerta de la habitación…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhh

– Dame su número para poder llamarle…

– Cornudooooooooooooo…ahhhhhhhhhhhhhhhh…

– ¡Follaríais como animales, os tenéis muchas ganas!, no sé por qué no has dejado que te follara en su piso, mientras yo os esperaba sentada en el salón como un puto cornudo…

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…siiiiii, cornudoooooo, ahhhhhh….

– Vamos a quedar otro día con él, en cuanto quieras, ese tío te va a follar bien follada…

– Voy a corrermeeeeeeeeeeee cornudo, voy a correrme…

– Eso es, córrete otra vez, ¡cierra los ojos y di su nombre!

– Ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, Víctor, Victorrrrrrrrrrrr, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, Victorrrrrrrrrrrr……ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…siiiiiiiii, ahhhhhhhhhhhhhhh…Victorrrrrrrr, ahhhhhhhhhhhhhhhh….ahhhhhhhhhhhhhhh…

Me parecía increíble como Claudia había vuelto a terminar. Ella se lo había tomado como una fantasía, pero yo lo decía en serio, estaba dispuesto a llamarle para que viniera a follarse a mi mujer al hotel. Solo de pensarlo ahora fui yo el que me volví a empalmar, pero esta vez sí que Claudia parecía haberse quedado satisfecha.

– Ahora siiii, voy a darme una ducha, buffffff que bueno, no sé ni cuantas veces me he corrido, dijo Claudia saliendo de la cama.

Serían sobre las 3 de la mañana y mientras oía el agua de la ducha correr estaba sentado pensando en lo que habíamos vivido durante todo el día. El quedar con Víctor había sido una experiencia muy morbosa, Claudia no había follado con él, pero tampoco nos había hecho falta para tener una gran noche de sexo, además había quedado algo pendiente entre ellos y seguramente la tensión sexual que se tenían iba a ir en aumento. Conociendo a Claudia, que ya se había quitado los miedos de ese primer encuentro con Víctor, sabía que no íbamos a tardar mucho en volver a quedar con él. Y efectivamente así fue.

Pero estaba convencido que la siguiente vez, Víctor no se iba a conformar solo con cenar y tomar una copa con mi mujer.

3

La chica de prácticas llamó a la puerta de la directora del banco antes de entrar.

– Perdona Mariola, tienes a una pareja esperando.

– Vale, diles que tardo un par de minutos, estoy con una llamada importante, cierra por favor.

Cuando se quedó a solas siguió hablando por el móvil.

– Así que todo bien por Madrid, ¿no?

– Si, mucho mejor de lo previsto, contestó Claudia.

– Jajajaja, lo que todavía no sé es por qué no llegaste hasta el final con Víctor.

– No sé, bueno mejor poco a poco.

– ¿Así que tienes intención de volver a quedar con él?

– Creo que sí, no lo sabemos todavía…

– ¿Y David que decía?

– Nada, estaba encantado.

– Que suerte tienes de que a tu marido le gusten estas cosas, tenemos que quedar esta semana y me cuentas con detalle todo lo que hicisteis, prométemelo.

– Vaaaaaale pesada, esta semana quedamos un día, ¿y tú que tal el finde?

– Ya te contaré, quedé con un chico por el Tinder, bastante bien la verdad.

– Mmmmmmmmm, también suena interesante…

– No hay mucho que contar, quedamos en un bar y luego fuimos a follar a un hotel un par de horas, no creo que le vuelva a ver.

– ¿No te gustaba?

– Si, no estaba mal, pero solo fue un desahogo, llevaba semanas sin hacer nada, al que quiero follarme de verdad es a Lucas, no veas que ganas tengo de que llegue Marzo y cumpla los 18, se me van a hacer eternos estos 5 meses, pero de estas cosas ya sé que no quieres hablar.

– Si, mejor pasamos a otro tema.

– Bueno Claudia te voy a dejar, que tengo aquí a un par de clientes esperando, esta semana hablamos.

– Vale, adiós.

– Adiós guapa.

Mariola se levantó alisándose la falda de su traje y salió a la puerta.

– Ya pueden pasar, le dijo a una pareja de treintañeros que posiblemente fuera a pedir una hipoteca.

Claudia se quedó sola en su despacho, todavía serían las 10,30 y tenía media hora libre para su siguiente clase. Se acordó de Víctor y de lo que había pasado en su casa, como le había ido enseñando la cocina, el baño, las distintas habitaciones hasta que llegaron a su dormitorio, luego entraron dentro, Víctor se acercó a ella sujetándola por la cintura y dijo que se lo había pasado muy bien y que tenía muchas ganas de verla.

No tardó en poner sus labios sobre ella e inmediatamente bajar las manos hasta su culo, “eres muy guapa Claudia, ni te imaginas lo que te deseo”. Al principio fueron unos besos furtivos, pequeños picos, pero estaba muy a gusto en sus brazos, le gustaba como olía, la seguridad que desprendía y luego le metió la lengua en la boca y Claudia le correspondió. Se estaban morreando de pies en medio de la habitación, mientras el cornudo de su marido estaba en el salón.

Las manos de Víctor no dejaban de tocar el culo de Claudia mientras el beso cada vez se iba volviendo más caliente y sensual. “Mi marido está esperando” le dijo, “pues que espere, no creo que le importe mucho”, contestó Víctor antes a buscar sus labios. Cuando entraron en la habitación Claudia estaba algo excitada, pero quizás le podían los nervios de la situación, hasta que se fue soltando poco a poco “Víctor, vas muy rápido”, le intentó detener un poco, “es que te deseo, desde que te vi la primera vez no he pensado en otra cosa que, en este momento, estar así contigo”.

Siguieron besándose un par de minutos más, Claudia apenas le tocaba a él, pero Víctor no se quedaba quieto, había subido las manos para sobar los pechos de ella por encima del jersey, apretándoselos hacia arriba, “Me gustas mucho”, dijo Víctor mientras Claudia empezaba a jadear sin saber que responder. Por un lado, vislumbró la idea de acostarse en ese momento con aquel médico tan guapo, pero había algo que se lo impedía, lo mismo era que su marido le estaba esperando a escasos metros en el salón o quizás no quería terminar de dar el último paso. En lo que se lo iba pensando seguían besándose y calentándose cada vez más. Estaba a punto de ceder por completo hasta que escuchó a David gritando “Claudia, donde estáis”, “me llama mi marido” le dijo a Víctor separándose de él, “dile que estás bien, que te quedas a pasar la noche conmigo”, “no Víctor, tengo que irme, es mejor parar ahora”, “espera no te vayas, dame otro beso y dime que vas a venir otra vez a Madrid, esto no puede quedar así”, “está bien, lo hablo con David y otro día…”, “eso no me vale, dime que quieres volver a verme”, dijo Víctor acercándose a ella para besarla otra vez. “vale, otro día quedamos”, dijo Claudia, “anda sal, que te espera tu marido”.

– ¡¡¡Aggggggggggg mmmmmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhhhhh!!!!, gimió Claudia espatarrada en su silla con una mano en su coño y la otra por dentro de la camisa pellizcándose los pezones.

Apenas habían pasado 36 horas y ya estaba deseando volver a tener una cita con Víctor, todavía se quedó unos segundos disfrutando del orgasmo antes de abrocharse los botones del pantalón y recomponerse la camisa. Luego cogió el móvil y le mandó un WhatsApp.

– Hola, ¿qué tal has empezado la semana?. 10:48

– Hola guapa, pues fenomenal, lleno de energía después de haber estado contigo este fin de semana, ya tengo ganas de otra cena. 10:56

– No corras tanto. 10:56

– Me da igual si tengo que ir donde me digáis, no tengo problema. 10:57

– Ya sabes que tenemos niñas, no podemos estar yendo todos los fines de semana a Madrid, 10:57

– Pues voy yo donde me digáis. 10:57

– Bueno, tu tranquilo, volveremos por Madrid, ya te diremos cuándo. 10.57

– ¿Como que volveremos?, ¿vas a venir con tu marido de nuevo?. 10.58

– Si. 10.58

– Prefiero que vengas solas. 10:59

– Y yo prefiero que venga David. 10:59

– Me da igual, ven con quien quieras, pero ya sabes lo que va a pasar la siguiente vez que nos veamos, vamos a terminar lo que tenemos pendiente tu y yo. 11:00

– Tengo que ir a clase. 11:00

– Un beso rubia. 11:00

Pasados tres minutos de las 11 Claudia llegó a la clase de los de último curso, iba imponente marcando culazo con el vaquero y una camisa blanca metida por dentro. Se cruzó con Lucas y Mario que se la quedaron mirando sin perder detalle, no pudo evitar en pensar que posiblemente dentro de unos meses Lucas se iba a estar follando a Mariola. Por un lado, le daba mucho morbo la idea, pero por otro le aterraba que se pudiera descubrir que uno de sus alumnos se estaba acostando con su mejor amiga. Podría verse en una situación bastante comprometida.

Cuando terminó la clase Lucas y Mario salieron al pasillo y se quedaron un rato charlando mientras veían a su profesora de inglés alejarse.

– Cada vez viene más tremenda, joder me he pasado toda la clase mirando ese pedazo de culo, tiene que ser la hostia follarte a esa mujer, dijo Lucas.

– Si, tienes razón, estoy haciendo unos buenos dibujos de ella este año.

– A ver si me pasas alguno para pajearme con él, tráemelo al insti…

– Vente a casa, que ya sabes que no me gusta traerlos aquí, no sea que se pierda alguno y me busque un lío.

– Vale, esta semana me paso un día, oyes tío hazme uno de Claudia desnuda en la cama abierta de piernas metiéndose algo por el coño, lo que se te ocurra.

– Jajajajaja hecho. ¿y qué tal con Mariola?, ¿hay avances o no?

– Si, yo creo que la zorra está esperando a que cumpla los 18, no me lo ha dicho así de claro, pero me lo ha insinuado.

– ¿Sí?

– Eso creo, también me tiene más salido que un mono, me estoy todo el día haciéndome pajas pensando en ella o en Claudia, o en las dos…

– Jajajajaj, pajero…

– Claro, tú como te has echado novia…

– Pues échate una tú también…si no tienes es porque no quieres

– Estoy centrado ahora en Mariola, estos días he visto bastante avance por su parte y paso de novias, algún rollete y vale…

– Pues como ella esté esperando que cumplas los 18, todavía te falta, ¿no?

– Si, unos meses, de todas formas, hoy hemos quedado, tenemos partido…cada vez que juego que ella me tengo que pajear luego en la ducha tío, me pone mucho el culo de pija que tiene…

– Jajajaja, lo que te decía antes, eres un pajero.

Sonó el timbre, señal de que empezaba una nueva clase, cuando iban a entrar a sus respectivas aulas Lucas se giró hacia Mario.

– Luego hablamos…

– Espera un momento, dijo Lucas, – ¿oyes podrías hacerme un dibujo de Claudia con Mariola?, preguntó Lucas.

– ¿Las dos juntas?

– Si, desnudas y en actitud cariñosa, no sé, por ejemplo, Mariola de pies contra la pared sacando el culo hacia fuera y Claudia de rodillas apartándole las nalgas con las manos mientras se lo come…

– Jajajajaja. Me parece bien, mañana por la tarde lo tienes, cuando quieras te pasas por mi casa…

4

El chico que estaba detrás de ella no dejaba de mirarla el culo en la clase de spinning. Se había puesto unas mallas negras y se le marcaba el tanguita descaradamente. Le encantaba como se movía su gran melena al pedalear, se notaba que tenía la piel mojada y se la había formado un charco de sudor en la espalda. Cada vez que se levantaba del sillín era tremendo como se le movían las nalgas a aquella MILF que debía rondar los 40 tacos o incluso les superaba.

Cuando terminó la clase ella se bajó de la bici estática y cogió una toalla para secarse el sudor de la frente. El chico se acercó intentando entablar relación con esa diosa.

– Ha sido dura la clase hoy.

– Ya te digo, menuda sudada, contestó Marina amablemente.

Entonces vio que entraba Cristina en la sala de spinning y se dirigía hacia ella, con un “hasta luego” despidió al chico y salió a su encuentro.

– Hola Marina.

– Hola.

– Hacía tiempo que no nos veíamos…

– Si.

– Quería disculparme por lo que ha pasado, lo de Gonzalo y eso…ya sabes…

– A mí no tienes que darme ninguna explicación, ya eres mayorcita y sabrás lo que has hecho.

– Me he equivocado, no ten…

– Mira Cristina, te voy a ser sincera, prefiero que no hablemos más, no me gusta la clase de personas que son como tú…

– Me gustaría que siguiéramos siendo amigas, esto no tiene nada que ver contigo…

– Te has metido en mi familia, la hermana de mi marido está jodida por tu culpa, tenías muchos tíos con los que podías haber estado, lo siento, pero yo tengo unos valores, ¿con que cara le digo a mi marido que he estado tomando un café contigo?, te saludaré por educación cuando nos crucemos, pero nada más…

– Joder Marina, me jode mucho que terminemos así.

– Haberlo pensado antes de acostarte con mi cuñado, venga, hasta luego…

A Cristina le sentó muy mal que su amiga le hablara así, tenía una gran relación con ella y apreciaba mucho a Marina. No se esperaba que ella se tomara tan mal el asunto de su affaire con Gonzalo, aunque éste ya se lo había advertido, los “Álvarez” son muy familiares y si te metes con uno no te lo va a perdonar el resto.

Cristina se pasó una hora en el gimnasio, pero estaba con la cabeza en otra parte, antes de tiempo dio por terminado su entrenamiento, no tenía ganas de más y se pegó una ducha. Cuando iba en el coche conduciendo le llamó a su marido desde el bluetooth.

– Hola, oyes que llegaré tarde, voy a ver a un amigo, le dijo de repente.

– No me habías dicho nada.

– Te lo estoy diciendo ahora, he salido del gimnasio con ganas de follar con él, ¿algún problema?…

– Joder Cris…

– ¿Que pasa, ya se te ha puesto dura?

– Mmmmmmmmm, sabes que si…

– Vete preparando algo de cena, voy a estar un rato en su casa follando.

– No tardes mucho…

– Tardaré lo que tenga que tardar, ¿qué prefieres que me dé por el culo o que se me corra en la boca?

– ¿Me lo vas a contar luego?

– No lo sé, depende con las ganas que llegue, y ¡contéstame a la pregunta que te he hecho, idiota!…

– Las dos cosas…quiero que te dé por el culo y se corra en tu boca Cris…

– ¡Sácate la polla y pajeate ahora!

– ¡¡¿Ahora?!!

– Si ahora, quiero oír como te pajeas pensando en que me van a follar, se van a follar a tu mujercita, ¿no tienes ganas de pajear tu cosita?

– Cris…

– ¡Que te la saques te he dicho!

– Voyyy..

– ¿La tienes ya fuera?

– Si.

– ¿Está dura?

– Siiii…

– Te pone saber que me van a follar, ¿eh?

– Ohhhhhh Cris.

– Pajeate, vamos, menéate la polla rápido cornudo…quiero escuchar cómo te corres…

– Ohhhhhhhhhh…

– Eso es, muy bien, vamos, sigue…

– Crissss…

– Vamos, déjalo ir, échatelo encima…

– Ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhh

– Asíiiiii córrete, muy biennnnn, córrete cornudito…

– Ahhhhhhhhhhh

– Jajajajaaj, eso es muy bien, hasta dentro de un rato, ah y vete preparando la lengua para comerme el coño cuando llegue…voy a llegar a casa con una buena corrida calentita dentro de mí…

Le colgó a su marido y luego se acarició la entrepierna, ese tipo de llamadas hacía que se pusiera muy cachonda. Llegó al piso de Gonzalo, al que no había avisado de su visita y tocó en el timbre del portal.

– Si, ¿quién es?

– Soy Cristina, ¿puedo subir?

– Si, claro.

Entró al piso de Gonzalo y de una fugaz ojeada se dio cuenta que la casa estaba hecha un desastre. Él no es que estuviera mucho mejor, despeinado, sin afeitar, llevaba una bata de estar por casa y tenía pinta de no haberse duchado en días.

– ¡Que sorpresa Cristina!, perdona el desorden, no te esperaba, me hubiera arreglado un poco.

– Tranquilo no pasa nada, es culpa mía por presentarme sin avisar.

– ¿A qué se debe la visita?

– ¿Tú qué crees?, dijo Cristina sentándose en el sofá y cruzando las piernas.

– Me alegra mucho que hayas venido, respondió Gonzalo sentándose a su lado.

– Lo sé, por cierto, esta tarde me he encontrado con Marina.

– ¿Y qué tal?

– Pues como dijiste, me ha dicho que no quería tener ningún tipo de amistad conmigo, que me había metido en su familia y alguna chorrada más, la verdad es que me ha jodido, me caía muy bien.

– Lo siento…

– No pasa nada, que les den…

– Que se jodan los Álvarez…

– Que se jodan, son unos hipócritas, van de buenos y de superiores y son una mierda, mira no te había contado nada, pero ¿sabes que he tenido un par de rollos con David hace unos meses?, soltó de repente Cristina.

– ¿Como que rollo?, ¿habéis follado?

– No exactamente, el día que fui a tomar las medidas a su casa para la habitación de su hija terminó de rodillas ante mí y corriéndose en los pantalones y otro día que vino a mi trabajo nos acercamos a una nave que tengo al lado y me comió el coño.

– ¡¡Joder con el cuñadito!!

– Puedo hacer con él lo que quiera, me dan ganas de contárselo todo a su mujercita, ¿te imaginas?, provocaría dos divorcios en la familia, jajajaja.

– Seguramente.

Cristina le empezó a dar besos por el cuello mientras le desabrochaba la bata, luego le bajó los pantalones del pijama y agachándose se metió la polla de Gonzalo en la boca, a pesar de no estar en sus mejores condiciones higiénicas.

– Ahhhhhhhhhhhh, diossssssssssss que ricooooooooooo…

– Me encanta como te huele la polla, dijo ella chupando con ganas.

– Eres muy zorra, joder, ¡pero que muy zorra!

Se levantó limpiándose la saliva de la boca y de un puntapié se quitó las dos deportivas, luego se bajó las mallas negras del gym a la vez que el tanguita y se puso sobre Gonzalo.

– Voy a follarte y no voy a parar hasta que te corras dentro de mí, se lo he prometido a mi marido…

Cumplió su palabra y le cabalgó con fuerza hasta que Gonzalo descargó en su interior sin apartar un segundo las manos de su culo. Inmediatamente se vistió y le dejó allí sentado con la bata abierta y los pantalones en los tobillos.

– Oye Cris, de lo que me has contado antes, mejor no digas nada, David es buen tío…deja a mi cuñado por favor, tienen dos hijas…

– Lo sé, no iba a hacerlo, era solo porque lo supieras.

– Ah vale, ¿cuándo volvemos a vernos?

– Te llamo.

– Ok.

La despedida fue fría y rápida, casi como el polvo que habían echado, se inclinó sobre él para darle un pico de despedida. Cuando salió del gimnasio le entró la imperiosa necesidad de ir a casa de Gonzalo, aunque no sabía muy bien porqué, era como que tuviera que descubrirlo y en cuanto terminó con él supo que iba a ser la última vez que se iba a ver con Gonzalo. Luego pensó en su marido, iba excitada y con una buena lechada entre las piernas y aunque le había hecho pajearse cuando estaba en el coche, al llegar a casa le iba a obligar a comerla el coño.

A él le encantaba hacerlo después de que otro tío se hubiera corrido dentro.

Para ella había sido muy duro escuchar las palabras de Marina, la tenía mucha estima y la consideraba muy buena amiga. Quizás se había juntado con Gonzalo como parte de un juego morboso y por estar más cerca de los Álvarez y sobre todo de David, pero aquello se había descontrolado y había tenido consecuencias graves. Ya no le veía ningún sentido seguir viéndose con Gonzalo, pensó que era mejor calmar las aguas y retirarse a tiempo. Al menos una temporada.

Sabía que en unos días Gonzalo la volvería a llamar para quedar con ella y como en los últimos encuentros se pondría pesado para que se fuera con él y dejara a su marido. Sin embargo, lo tenía muy claro y estaba decidida. Era la última vez con Gonzalo.

Ya no volvió a cogerle el teléfono nunca más.

5

Salió de su consulta y justo se cruzó con Teresa.

– ¿Bajas a tomar un café?, preguntó Víctor.

– Tengo que hacer una cosa, tardo un par de minutos.

– Pues te espero, sin problemas.

Le acompañó hasta su despacho y se quedó fuera esperando mientras ella terminaba la tarea pendiente. Teresa era la supervisora de planta de enfermeras, tenía 57 años y se conservaba estupendamente, rubia, pelo corto, con curvas y sobre todo con un par de tetas enormes. Víctor y ella se conocían desde hacía varios años y había confianza entre los dos.

– Hacía mucho que no me esperaba un hombre, jajajaja, dijo Teresa.

– Será porque no quieres.

– Eso se lo dirás a todas.

– Jajajaja, no, solo a las que me gustan…

– Anda, no empieces, vamos para la cafetería…

Entraron y a lo lejos les saludó Andrés con la mano, estaba con otros dos médicos y le hizo una seña como que luego hablaría con él. Mientras Víctor e tomó el café tranquilamente con Teresa.

– ¿Que tal van esos partidos de pádel enfermeras contra las médicas?

– Bien, bien, están igualados.

– Me gustaría veros algún día, a ver ese pique que tenéis, ahh, por cierto, el otro di te vi apuntada en la cena de despedida de Santisteban.

– Si, ¿tú también vas?, preguntó Teresa.

– Si, me llevaba bien con él, es una pena que se jubile.

– Pues sí, trataba muy bien a todo el mundo.

– Entonces en la cena nos vemos, ¿nos tomaremos una copa juntos, ¿no?, ¿o vas con Salvador?

– Si, vendrá mi marido..

– Nada, así no hay manera de ligar contigo, jajajaja

– Jajajajaja, anda me voy a subir que tengo mucho trabajo.

– Adiós guapa.

Teresa puso cara de resignación mientras negaba con la cabeza, aunque se notaba que le gustaba que Víctor siempre tuviera ese tonteo y complicidad con ella. Después de despedirse de la enfermera se acercó dónde estaba Andrés que se había quedado solo en la mesa.

– No quería interrumpir, veo que estabas ligando, jajaja, dijo Andrés en tono de broma.

– Pues tu ríete, pero un polvo sí que la echaba.

– ¡¿A Teresa?!, no me jodas, si tendrá 60 años.

– No hombre, debe tener 55 o así, pero tiene su morbo y es de las que sabe lo que se hace en la cama, créeme que entiendo de estas cosas…

– Joder, lo tuyo es la hostia, es que te follas a cualquier tía…con tal de que esté casada…

– Efectivamente, si está buena no me importa, Teresa ya tiene sus años, de joven tenía que estar bien buena, pero sigue teniendo unas tetas impresionantes.

– Vale que sí, bueno, vamos a lo importante y ¿qué tal el fin de semana con Claudia?, ¿quedaste al final a cenar con ella?…

– Pues sí.

– Cuenta, cuenta, mmmmmmmmmmm, ¿vino el marido?

– Si, apareció con él en el restaurante.

– Ohhhhhhh que putada.

– No te creas, en cuanto le vi lo tuve claro.

– ¿Que tuviste claro?

– Que era uno de esos.

– ¿Uno de esos?

– Si, uno de esos de los que les gusta mirar, de los que les gusta ver a su mujer con otros, se le notaba a kilómetros.

– Venga ya, ¿lo dices en serio?

– Lo que yo te diga, un cornudo de manual…

– Jajajajaja, no me jodas, ¿Y eso como lo sabes?

– Esas cosas se notan, no se puede explicar con palabras, estuvimos hablando un rato, pero él cada vez iba interviniendo menos.

– Que bueno.

– Yo hablaba con Claudia como si él no estuviera delante, alguna vez le hacía participar en la conversación, pero poco, más por educación, cuando llegaron los postres dije a Claudia que si compartíamos…

– ¿Y lo hicisteis?

– Si, era por asegurarme del todo de que su marido no iba a poner ninguna pega. Compartimos dos postres allí delante de él, hasta se lo metía en la boca con la cucharilla, nos mirábamos, nos reíamos.

– ¿Y su marido no decía nada?

– No, solo miraba, seguro que estaba muy excitado, se le notaba, estaba claro a lo que habían venido.

– Me estás dejando de piedra, sigue por favor…

– Pues yo estaba seguro de que iban, pero tampoco quería dar ningún paso en falso, les llevé a “La cabaña de la bruja” para tomarnos una copa.

– ¿Y qué pasó?

– Pues ahí el marido nos dejó solos, se apartó dos o tres metros, solo quería mirar, yo seguía poco a poco hablando con ella, de vez en cuando la sujetaba por la cintura y me acercaba, Claudia estaba claramente receptiva, mucho más que el día que nos las encontramos a ella y su amiga…

– Vaya historia…

– Luego me dijo algo de volver con su marido y yo le dije “déjale, parece que le gusta mirarnos” y nos giramos hacia él, te lo juro que el cabrón estaba sofocado, no nos perdía de vista, me pareció patético, en ese momento la dije a Claudia que si nos íbamos a mi casa a tomar una copa más tranquilos…

– ¿Y?

– Dijo que le iba a preguntar a su marido y le dije “sabes de sobra que tu marido va a decir que sí”.

– Y dijo que si…

– Por supuesto, nos cogimos un taxi y fuimos a mi casa, yo estaba ya que me subía por las paredes, a mí también me daba morbo la situación, ¡joder tenía a su marido delante!, y en el taxi intenté besarla y puse una mano en sus muslos para que lo viera bien el cornudo…

– Jajajaja, que cabrón, ¿y dijo algo?

– No, que va a decir…pero Claudia no estaba cómoda del todo, era como que le diera vergüenza que su marido la viera así.

– Es lógico…

– Si, por eso sabía que tenía que llevármela a solas, apartarla de él si quería tener alguna posibilidad, en cuanto entramos a mi casa le dije al marido que qué quería tomar y le dejé en el salón con un vaso con hielos en la mano y luego me llevé a Claudia de allí con la excusa de enseñarla la casa…

– ¡No fastidies!, ¿y ella se fue contigo?

– Pues claro, antes de salir por la puerta del salón le puse la mano en la cintura para que lo viera el marido, así me la llevé por toda la casa, me gustaba como movía el cuerpo al andar, Claudia iba espectacular con un suéter sin mangas, unos shorts, mmmmmmmmmm que cuerpazo…solo con poner una mano así en su cintura ya estaba excitado y lo que más me ponía era el ruido de los tacones al caminar…

– ¿Y te la follaste?

– Jajajajaj, tranquilo, no corras tanto, luego entramos en mi habitación y le pedí que me diera un beso.

– ¿Y te lo dio?

– Si, me puso las manos en el cuello y yo a ella la sujeté por la cintura, nos quedamos frente a frente, se notaba que Claudia estaba muy nerviosa, pero a la vez tenía ganas de estar conmigo y luego nos besamos…

– ¿Y el marido?

– Pues supongo que como un flan en el salón esperándonos, nos besamos como dos quinceañeros en una discoteca, te lo juro que con ninguna había estado tan cachondo como el otro día con Claudia (“exceptuando el día que tuve a tu mujer con las tetas fuera y casi me la follo en Barcelona”) …

– Vamos sigue…

– Pues de repente le llamó el marido, se puso a gritar su nombre, parecía que se hubiera arrepentido o tuviera miedo de dejar a su mujer conmigo a solas, no sé qué pasó, Claudia se puso muy nerviosa y dijo que se tenía que ir…

– ¡Ala que putada!, te dejó con un palmo de narices.

– Si te digo la verdad casi lo preferí, estoy seguro de que vamos a volver a quedar, esa noche no veía a Claudia acostándose conmigo mientras tuviera al marido en el salón, estaba muy nerviosa y para dar el paso necesita estar más relajada y tener a su marido allí no hacía que se soltara…

– Puede ser.

– Antes de que saliera de la habitación la agarré por el brazo y tiré de ella para darnos un último beso, no veas como me comió la boca, ¡con que ganas!, luego salimos y estaba el marido en mitad del pasillo esperándonos, les dejé que hablaran y antes de que se fueran la di otro beso delante de él y dije que quería volverla a ver.

– ¿Y ella que dijo?

– Que íbamos hablando…

– Lo mismo se ha echado atrás y…

Justo en ese momento sonó el móvil, Víctor le miró y vio que le había llegado un mensaje de Claudia. “Hola, que tal has empezado la semana?, 10:48”.

– Mira, dijo enseñándole la pantalla a su colega.

– Vaya, pues no tiene pinta de que vaya a echarse atrás…no han pasado dos días y ya te está escribiendo, ¿no contestas?

– Que se espere un poco, dijo Víctor dejando el móvil sobre la mesa.

– ¡Que cabrón!, otra que tienes detrás de ti, jajajaja, por cierto, dentro de tres semanas es la cena de despedida de Santisteban.

– Si, ¿tú también vas?

– Si y en principio también viene Paloma…

– ¡Qué bien!, no la veo desde el congreso de Barcelona, (“donde nos comimos la boca y sobé sus enormes tetazas”).

– Seguro que ella también se alegra de verte…

– Seguro.

– Bueno, me subo a trabajar, ya me irás diciendo que tal va lo de Claudia, mantenme informado, eh…

– Vale, hasta luego.

Cuando se quedó a solas lo primero que hizo fue contestar a Claudia y luego se acordó de Paloma y lo que había sucedido en Barcelona, no sabía cómo iba a reaccionar al verse con ella estando Andrés presente, no se habían vuelto a ver desde entonces. La situación podría estar muy tensa y su colega podría darse cuenta de que algo sucedía entre ellos

Mientras subía de nuevo a su consulta pensó que tenía muchos frentes abiertos, Judith, Claudia, ahora el reencuentro con Paloma…aunque en lo que volvía a quedar con Claudia la cena de despedida del “jubilado” Santisteban se presentaba muy interesante…

6

Habían pasado más de tres semanas y todavía seguía dándole vueltas a la cita que habíamos tenido con Víctor en Madrid. No podía sacármelo de la cabeza, Claudia ya me había contado los detalles de cuando se quedaron a solas, como se habían besado y él había sobado su culo. A mi todo esto me daba mucho morbo y a Claudia más o menos igual, estaba en permanente estado de excitación. no me daba tregua y teníamos sexo casi todos los días, incluyendo un par de conexiones semanales con Toni al que le ya le habíamos puesto al corriente de nuestra cita con Víctor.

Por suerte aquella tarde estaba solo en casa, sin mujer y sin niñas, hacía unos meses me había creado otra cuenta para chatear con Toni sin que se enterara Claudia, aunque apenas la había usado. Pero esa tarde había quedado con él, hacía tiempo que no hablaba con Toni en privado y teníamos muchas cosas que contarnos.

– Claudia lleva estos días hablando con Víctor, ya casi hemos concertado una segunda cita para mediados de diciembre, con la excusa de hacer las compras navideñas y tal en Madrid nos iremos solos.

– Mmmmmmmmmmmmm, ese día sabes que se va a follar a Claudia, ¿verdad?

– Siiiiiiii, solo de pensarlo me pongo a mil.

– Es una pena que no me tengáis en cuenta a mí, tu mujercita iba a saber lo que es una buena polla…

– Tú también le pones mucho a ella, yo creo que si acaba acostándose con Víctor luego va a querer hacerlo contigo…

– Mmmmmmmmmmmmm, y a ti te parece bien?, yo encantado.

– Sabes que me parece estupendo.

– Podemos hacer de todo, si quieres hasta te dejo que me agarres la polla para ponerla tú mismo dentro del coño de Claudia.

– Uffffffffff, no me digas eso…

– ¿Te pone la idea de agarrarme la polla delante de tu mujer, ¿verdad?

– Si, mucho.

– Me la chuparías delante de Claudia?

– Si a ella le da morbo verlo y me lo pide sí que lo haría…

– Yo te dejaría que me la comieras delante de ella, como un puto cornudo…

– Me estás poniendo muy cerdo.

– Lo sé, me pone muy cachondo tu mujer cuando nos conectamos por la cam, ella sí que se pone cerda, se pega unas corridas tremendas y yo ni te cuento, está buenísima, es una pena que su marido sea un cornudo como tú y no sepa follársela como dios manda, me hace hasta gracia cuando te corres tan rápido por la cam, pero tranquilo que Víctor le va a dar lo que necesita, cuando pruebe su polla tú no la vas a volver a tocar…

– Joder…

– Te estás pajeando cornudo?

– Si.

– La tienes dura?

– Si, mucho.

– Yo también me quiero pajear, dime algo que me ponga cachondo.

– Aquí en el portátil tengo fotos guardadas de Claudia y mis dos cuñadas, ¿te apetece que las veamos y las comentamos?

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm siiii…

Abrí un programa en el portátil para enseñarle las fotos sin que pudiera copiármelas, tenía una carpeta especial de fotos para mis cuñadas y mi mujer, fotos en bikini del verano o de comidas y cenas familiares que me apetecía compartir con Toni.

La primera foto que le mandé fue una en bikini de mi cuñada Carlota, la hermana de Claudia.

– Joderrrrrrrr!!! que tetones tiene esa guarra…se parece mucho a tu mujer

– Claro ¿te gusta?

– Ya lo creo, tiene un buen polvo, ¡¡¡vaya tetas!!!, ¿te has pajeado mucho con ella?

– Si, muchísimas veces.

– Y Claudia sabe que lo haces?

– Noooooooo, es su hermana, tenemos confianza y nos gusta jugar, pero hay unos límites…eso nunca lo hemos hablado.

Luego le enseñé una foto de Marina tumbada en una hamaca también en bikini de cuando estuvimos de casa rural en verano.

– Diossssssssssss, y esta belleza?, ¿es tu otra cuñada?

– Si, Marina, la mujer del hermano de Claudia.

– Esta es la que te saca la leche en las pajas, ¿no?

– Si, la que más, desde hace muchos años.

– No me extraña, está buenísima, muy guapa, me encanta su pelo, vaya morenaza, que piernas, que tetas, que todoooo, joder cornudo, me la estoy meneando duro…ponme alguna foto de Claudia también…

Yo le hice caso y fui poniendo fotos de Carlota, Marina y de mi mujer, para el final dejé una de las que más morbo me daba, la que estaba Claudia con su bikini blanco y Gonzalo detrás de ella le ponía las manos en los hombros, luego le pasé varias de la boda en las que mi cuñado sujetaba a Claudia por la cintura.

– Este es Gonzalo, ya hemos hablado mucho de él.

– Joderrrrrrr que fotos, las has hecho tú, ¿no?

– Si.

– Jajajajajaja, que cornudo, seguro que estabas empalmado mientras les hacías la foto juntos.

– Si, mucho.

– ¿Y esa es del día de la boda en la que metió los dedos en el coño de Claudia?

– Siiiiii

– Joooooooooooooooooder que bueno!!!! tiene pinta de cabronazo tu cuñado.

– Si, lo es.

– Menudo dedo le hizo a la zorra de tu mujer…y tu como un gilipollas les dejaste.

– Mmmmmmmmmmmmmm…

– Ahora Claudia está desatada, te va a poner los cuernos con muchos tíos, vas a ser un buen cornudo, pero de verdad.

– Toniiiii….

– ¿Qué pasa, vas a correrte?, sabes que es verdad…yo hoy voy a correrme con tu cuñada Marina, está muy buena.

– Vale, yo también…

– Venga cornudo, empieza a poner fotos de ella, me gustaría que estuvieras aquí a mi lado para que fueras tú el que me hicieras la paja…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm, siiiii

– Lo harías verdad?

– Siiii, te haría una buena paja, tengo ganas de probar mi primera polla.

– Tranquilo cornudo, cuando quedemos con Claudia la probarás y tu mujer se reirá de ti mientras tienes mi pollón en la boca.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm, voy a corrermeeee

– Venga, pon más fotos de Marina, dioossssssssssss que rica estaaaaaaaaaaaaaa….que es lo que más te pone de ella?

– Todo en general, me da mucho morbo, su culo, el pelo, la seguridad que transmite, lo buena madre que es…todo…

– La tengo que me va a reventar, me la estoy pelando bien con tu cuñada, te imaginas follártela?

– Mmmmmmmmmmmmmm siiiii…

– Es mucha tía para ti, como te vas a follar a ese pibón si ni se te pone dura?

– Con Marina sí que me empalmaría…

– Se te pondría a cuatro patas ofreciéndote el culito ese que tiene, te diría David me la quieres meter?

– Joderrrrrrrrrrr….

– Y tú en cuanto se la pusieras entre las piernas te correrías por sus nalgas, no se la llegarías ni a clavar, puto cornudo, jajajaja

– Voy a correrme, voy a correrme.

– ¿Hazlo y deja de gimotear como una putita, yo también voy a correrme, donde te gustaría echárselo a tu cuñada?

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, en la cara, me encantaría correrme en su cara!!!!

– Yo lo haría en su pelo, le llenaría toda esa melena de lefa bien caliente, ¿te gustaría verlo cornudo?

– Siiiiiiii siiiiiiiiiiii, me corroooooo, me corrooooooooooooo, Marinaaaaaaaaaa!!!!

– Yo también, mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm…me voy a correr con la zorra de tu cuñada.

Me pegué una buena corrida sobre mi cuerpo viendo las fotos de Marina, cuando terminé me limpié y volví a chatear con Toni.

– Ummmmmmmmm que bueno, ha estado muy bien la paja, dije yo.

– Si, ha estado muy bien, me has puesto muy cachondo con las fotos de Claudia y tus cuñadas, me he corrido con una foto de Marina al final.

– Yo también, me da morbo que te corras con ella…

– Ahora tienes que recuperarte cornudito, que mañana por la noche hemos quedado para conectarnos.

– Si, Claudia ya lo está deseando, ¿alguna petición especial?

– Si, dile a tu mujer que vaya solo con unas braguitas blancas normales sin nada encima, quiero ver sus tetas y para mañana me gustaría que se pusiera un arnés y te diera por el culo delante de la cam, ¿te parece bien?

– Tú qué crees?, solo de leer lo que has puesto ya se me ha vuelto a poner dura…

– Pues hasta mañana David y que se ponga el consolador más grande que tengáis, quiero que te rompa bien el culo.

– Mmmmmmmmmmmm, hasta mañana…

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