LOLA BARNON

—¿También qué…? —Mi novia preguntaba intuyendo la respuesta mientras abría mucho los ojos, para luego entornarlos sospechando lo que iba a decirle.

—Lo de la libertad y eso…

—¿Pero tú estás loco…?

—Es verdad… ¿O no?

—No, no es verdad. Nico… —se puso seria—, te dije que no quería continuar con aquello. No me apetecen más fantasías hechas realidad…

—Ya, ya… Lo sé. Y no pretendo nada…

—Te conozco… —me apuntó con un dedo.

Me quedé callado de nuevo. Tragué saliva. Tenía que intentarlo.

—Mira… solo pretendo un poco de picante en nuestra vida. Nada más.

—¿Y para eso me tengo que acostar con otros?

—Es una opción…

—… que no me apetece…

—Por eso, con que coquetees con él, será suficiente…

—¿Qué coquetee con él? Nico… —empezó a quejarse de nuevo mi novia con un mohín de fastidio.

—Escucha… —me acerqué a ella y la abracé—. Te quiero mucho, no pretendo otra cosa que divertirnos. Reírnos y que nos sirva para que en la cama, juguemos un rato.

—¿No te parece suficiente cómo follamos? —me dijo sonriendo—. ¿Tienes alguna queja?

—Ninguna, preciosa —la besé—. La más mínima. Eres fantástica, follas de cine y me cuesta imaginar otra que se te acerque. Guapa, tipazo, simpática, sensual… No se puede pedir más.

—¿Y entonces…?

—Bueno… ya sabes que me excita verte con otro.

—Nico… —inició nuevamente la protesta—. No quiero arriesgarme ni que nos pase nada…

—Lo sé, lo sé… pero un coqueteo, un sí pero no, un casi… —sonreí y la abracé—. No me digas que no te pone eso… Te he visto.

—Sí, me pone… o me ponía. Y sé que te excita, pero no quiero volver a ello. Presiento peligro si seguimos; como si se nos pudiera ir de las manos. Lo hemos hecho, nos gustó, pero creo que hay que olvidarlo.

—¿No te imaginas con Javier…? 

—Claro que no…

—¿Ni siquiera roneando un poco con él?

—No…

—¿Seguro…? —le fui metiendo mano mientras la besaba y lamía en el cuello.

Yo sabía que aquello le gustaba. Mientras, mi mano buscó el orificio de su culo y empezó a pulsarlo con una suave pero creciente presión. Gimió dulcemente.

Mamen enseguida funcionaba con esos resortes. Cierta excitación, besos suaves en lugares estratégicos, sexo improvisado… Mi novia, tal y como yo había previsto, desde que había estado con Jorge, follaba de una forma más ardiente, buscando más el sexo directo y no tanto hacer el amor como entre nosotros antes. Aquello, me excitaba, me parecía fantástico y, si únicamente pensaba en eso, me alegré de la decisión que tomé de meterlo en nuestras vidas.

—Eres un cabrito… —Me empezó a besar con pasión, se quitó la camiseta y con rapidez, desabrocho el sujetador.

Su mano derecha me acarició el paquete y yo, con mi pulgar desabotoné mi pantalón chino de verano, que enseguida estaba en el suelo, junto a sus braguitas blancas.

En un par de minutos, me estaba comiendo mi miembro, ella desnuda y de pie y yo sentado en la isla de la cocina, mientras me despojaba de mi camiseta. La escena era muy parecida a aquella del día que Jorge durmió por primera vez con ella en nuestra casa.

Mi erección se endureció recordándola. No quise correrme antes que ella y la hice tumbarse a lo largo de la encimera. La comí su sexo concentrándome en hacerlo bien, despacio, ardiente y metódicamente enfocado a que Mamen alcanzara un orgasmo intenso y profundo.

Se humedeció con rapidez, gimió con prolongados y cortos espasmos de placer, mientras me presionaba la nuca con ambas manos y presionaba con sus pantorrillas y pies mi espalda. No quise manchar aquello con ningún comentario sobre otra persona. Quería que Mamen disfrutara por ella y conmigo.

En mi cabeza, sin embargo, se iban sucediendo de nuevo las diferentes imágenes que yo ya tenía almacenadas y que me hacían ver a esa Mamen entregada al placer con otro. Mi lengua recorrió una y otra vez su clítoris, sus labios vaginales y mi pulgar derecho la masajeó el ano con suaves pero firmes movimientos que terminaron por hacer que se introdujera un par de centímetros en ese orificio. Aquello, nunca fallaba.

Dos minutos más tarde, Mamen explotaba de placer con un suspiró largo y continuado, acompañado de dos o tres gemidos roncos y largos que acompañaron al orgasmo que alcanzó. Me miro complacida y pícara.

—Me pones a cien, cari…

Se bajó de la isla y palmeó el lugar en donde ella había tenido sus hombros. Con toda la rapidez que pude, me senté donde decía y dejé que trabajara con mi polla y mis huevos. Hundió su boca en mi pene introduciéndose más de la mitad de él. Mamen hacía muy buenas mamadas. Lentas si se terciaba o profundas hundiendo el pene hasta su garganta si el momento lo requería.

Ascendía y lamía con fruición. Succionaba con suavidad de experta gozando con lo que hacía. A la vez, emitía ligeros gemidos y suspiros que ayudaban a excitarme. Su mano, mientras que su cabeza subía y bajaba por el tronco de mi pene, y su lengua lamía todo lo que tenía dentro de su boca, me acariciaba los huevos que ya empezaban a apretarse y a endurecerse. No aguanté mucho más y me corrí con un pequeño alarido, soltando dos o tres buenos disparos de semen que salieron con fuerza, salpicando su cuello y su precioso canalillo.

—Eres una maravilla… —bufé de gusto.

—¿Solo porque la chupo bien? —De nuevo la picardía de Mamen.

Siempre me había parecido una de sus armas de seducción más potentes y atractivas. Verla sonreír de forma provocativa con mi semen en sus tetas y en el cuello, hacía que mi erección se alargara, y mi excitación fuera, incluso, en aumento a pesar de haber soltado buena parte de mi virilidad.

—Es una de tus virtudes… —la sonreí y la besé.

Con un dedo, recogí una gota de mi esperma que le resbalaba por el cuello y se lo acerqué a su boca. Lo lamió sin dudarlo.

—Eres tan morbosa como yo… No lo puedes negar. Por eso, si roneas un poco con Javier, va a ser divertido y echaremos unos polvos magníficos a su costa…

—Vas a ir al infierno por pensar todas esas cosas… —me dijo sonriendo abiertamente, con un claro brillo de malicia en su mirada.

Luego, acto seguido, me lamió el glande mientras me seguía mirando con malévola picardía. En ese momento, vi una ventana abierta. Tenía que colarme por ella.

Tras esa tarde, Mamen se prestó al juego de incitar a Javier con la excusa de que éramos una pareja en buena medida liberal y sin ataduras entre nosotros. ​Si tomamos de ejemplo a Jorge, no mentíamos, pero a ojos de Mamen, Javier no era lo mismo.

Mi novia se prestó al juego de insinuaciones, dejar puertas entreabiertas, miradas en alguna medida incitadoras, manos que de forma casual y aparentemente inocente rozaban, posturas en la piscina que dejaban dudas… ​

Pero Mamen seguía en sus trece. No quería continuar con fantasías sexuales llevadas a la realidad. Lo de Jorge, según ella misma me decía, había sido una experiencia muy excitante, pero peligrosa. No entendía ese riesgo que me decía, pues yo conocía la decisión de Jorge de dejarlo por miedo a que se enganchara de Mamen. Era cierto que en algún momento con Jorge sentí una duda y que se encendió esa luz roja que me hizo intuir riesgos en aquella relación, pero lo achaqué a que yo, en mi subconsciente, había detectado que Jorge se estaba quedando con Mamen. ​

Fuera como fuese, mi novia no daba el paso. No iba más allá de sonreírle, mostrarse amable, simpática y lejanamente accesible. Y para mí, empezaba a no ser suficiente. Sí, los primeros días, echamos unos polvazos de primera y algunas risas a costa de nuestro vecino Javier.

Pero yo empezaba a necesitar más y no dejaba de imaginarme a ella debajo de él aguantando sus embestidas, que yo me imaginaba fuertes y decididas. Javier, sin ninguna duda, estaba dispuesto a dar el paso de tener una noche con mi novia, pero Mamen, no se planteaba más allá que excitarle ligeramente.

Él se había cambiado de gimnasio y ahora iba al mismo que Mamen, haciéndose el encontradizo y coincidiendo a las mismas horas que ella. Incluso salieron a correr algunos días juntos y quedaron a tomar una cerveza después de la sesión de pesas, mancuernas y elíptica de mi novia en el gimnasio.

—Este se está poniendo demasiado cachondo… —me decía Mamen enseñándome el mensaje de WhatsApp que acababa de recibir de Javier—. No voy a seguir con esto, cari…

Javier

«Te apetece quedar un día a cenar?»

—Tampoco me parece raro… ¿Tanto te extraña que le gustes? A mí no…

—Ya… El otro día, cuando nos tomamos una cerveza me dijo si a ti no te importaba que quedáramos él y yo…

—¿Y qué le dijiste…?

—Pues al principio dudé… pero como luego te pones tan pesado con este tema, le dije que no. Que no te importaba. Es que no sé qué decir… Pero no voy a ir más allá, que lo sepas.

—Y no me importa… ni que te lo folles.

—¡Nico! —me dio un pequeño cachete en el muslo.

—Ya, ya… sé que no quieres eso… Pero cena con él… Tómate una copa… En fin, ya sabes.

—No me voy a acostar con él, Nico. Y no quiero que me insistas.

—No te digo que te lo folles. Solo que cenes… O una copa.

—¿No es suficiente con que me ría con él como una tonta, que me ponga la mano en la cintura a la mínima, o me invite a cenar…?

—Hum… No, no me es suficiente. Pero haz lo que quieras.

—No me quiero acostar con él. Nico, te dije…

La tranquilicé con mis manos.

—Lo sé, lo sé… Perdona.

—Vale…

—… Pero toma una copa con él.

—¡Nico! —esta vez me dio en el hombro un pequeño puñetazo.

—No pasa nada por una copa… —argumenté con cierto aire de falsa inocencia en mi gesto.

—Solo que se va a pensar que yo estoy interesada…

—¿Y…? ¿Qué más da…? Venga, va… caliéntalo un poco…

Mamen me miraba extrañada y movía lentamente la cabeza. Empezó a teclear.

Mamen

Buf… no sé Javier. Somos vecinos…

Javier

Una cena, una copa y si no quieres nada, nos vamos a casa. Cada uno a la suya…

—¿Ves…? Ya está diciendo que si no quiero nada, no pasará nada. Dando a entender que podría suceder… —me decía mientras me mostraba la pantalla.

Leí el mensaje.

—Yo no leo eso. Solo que si no surge nada, pues que todos tan tranquilos.

Opté por una nueva estrategia. Mamen es orgullosa y cabezona. Para el trabajo es una excelente combinación, y para follar también. Se me ocurrió que, quizás, podría utilizar eso a mi favor.

—¿No será que no estás tan segura de no caer rendida ante un madurito?

(El contenido de este párrafo forma parte de la novela “Nuevas sensaciones” que está registrada. Cualquier intento de copia o plagio, será perseguido y denunciado antes los tribunales)

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