LOLA BARNON

Y de pronto, sin reflexionar demasiado y respondiendo a un instinto muy básico y primitivo, como es la lascivia y la lujuria, añadí:

​—Como Mamen y yo…

​Javier se me quedó mirando sorprendido. Abrió los ojos y permaneció quieto, procesando la información que acababa de recibir. Noté que le gustaba. ​

—En fin… entiéndeme, no me refiero a que cada uno podamos irnos con quien queramos… —meneé los hombros y la cabeza al mismo tiempo como para explicar el tema intentando no parecer demasiado interesado en profundizar aquella conversación—… es más una cosa puntual, en alguna ocasión… No sé si me explico. —Sonreí con alguna torpeza.

Empezaba a pensar en Mamen, y si se enterara de lo que acababa de decir. ​Javier me observaba con indudable interés.

​—No lo sabía… —me dijo al fin—. En fin, cada cual que haga lo que quiera. Paula y yo, la verdad, es que tenemos casi total libertad —rio un par de veces con carcajadas cortas.

​Era indudable que aquello le atraía. Y no era de extrañar. Mamen es muy atractiva y sensual, y eso, a los hombres, de cualquier condición, nos pone mucho. ​

—Sí, bueno… Somos jóvenes aún, y atarnos como si de un matrimonio se tratara… —me encogí de hombros—, pues decidimos que no era lo mejor. ​

—Sí, eso es lo que yo pienso. —Mientras me lo decía asentía con la cabeza. ​

—Bueno, pues nada… Nos vemos por aquí —le dije moviendo mi mano al cuadro de los botones del ascensor.

​—Sí… claro. Por cierto, mañana viernes vendrán unos amigos a tomar una copa. Diez o doce, compañeros… Venid, si os apetece. ​

—¿Todo chicos?

​—No… Bueno, cuando digo compañeros me refiero a hombres y mujeres. ​

—No sé… ya sabes que son las mujeres las que deciden la vida social… —En mi cabeza ya se empezaban a dibujar las imágenes de Javier con Mamen y mi pene empezaba a endurecerse.

​—Díselo a tu chica… Seguro que se anima. —Sonrió de lado. ​

Entré en casa con aquella idea rondándome la cabeza. Y me estoy refiriendo a la de que le había dicho a Javier que Mamen y yo éramos una pareja liberal, sin muchas ataduras para poder estar con terceros. ¿Cómo había sido capaz? Me pregunté, arrepintiéndome nada más quitarme los zapatos.

​—¿Te pasa algo? Estás como pálido…

​No me había dado cuenta de que Mamen estaba allí, en casa. Con su camiseta de tirantes, su pantaloncito corto y una sonrisa espléndida. Me besó en los labios con un piquito suave y rápido.

​—No sabía que estuvieras… —dije sin que me abandonara la sensación de haberme excedido en esa confidencia inventada con Javier.

Seguía ensimismado en mis reflexiones sobre lo que le había dicho a nuestro vecino, cuando me percaté de que Mamen se subía a uno de los taburetes de la isla de nuestra cocina. Allí mismo me la había chupado delante de Jorge, bromeando y lanzándome ligeras pullas que me excitaron y humillaron.

Me acordé de que me corrí salpicándole el cuello y que luego, tras que ella le cogiera de la mano y se lo llevara al dormitorio, empezó a follar con él. ​

—Estás muy callado… —Mamen bebía de la lata de Coca Cola Zero.

Lo mismo que también bebía Jorge, me vino a la cabeza. En mi imaginación volvieron a asentarse las sonrisas, guiños y bromas que mi novia le había lanzado a su amante compartiendo la misma bebida que ahora tenía en la mano. La humillación y la excitación se mezclaron… Mamen ahora me miraba con cierta sorpresa e interrogación. Respiré. No podía arriesgarme a que descubriera por ella misma lo que le había dicho a Javier. No sería ni justo ni aceptable. Decidí ser directo. El no, lo tenía asegurado.

—Nena, no sé si me he pasado… —reí con algo de nerviosismo.

—Esa risita me asusta… —me dijo mi novia, aunque de bastante buen humor.

—Resulta que he coincidido con Javier en la puerta del portal… —dije fungiendo no darle ninguna importancia.

—Os vais a hacer amigos a este paso…

«Eso pretendo… pero no para irnos de cañas», pensé para mí.

—El hecho es que le he visto con una chica bastante potente…

—¿Tiene nueva novia…? —preguntó Mamen distraída.

Sonreí de lado.

—No sé… No creo que lo que él tenga sean novias.

Mamen me miro extrañada llevando el cuello un poco para atrás y arrugando el entrecejo no comprendiendo lo que yo quería insinuar.

—Me ha dicho que… —continué—, vamos que su chica y él tienen una relación abierta.

—Mira con Javier… —arrugó los labios y movió la cabeza en señal mezcla de admiración y sorpresa—. Fíate de los policías maduritos…

—Para que veas…

—La verdad es que está bien para su edad… —comentó Mamen encogiéndose ligeramente de hombros, justo antes de dar un nuevo trago a la lata de Coca Cola Zero.

No lo podía evitar. Otra vez esa picardía, quizás inintencionada de Mamen, me volvía a encender la excitación. Una lenta erección empezó a producirse en mi entrepierna. Volvieron las imágenes de mi novia con Jorge, pero sustituyendo la cara de este con la de nuestro vecino.

—¿Te gusta? —Inquirí intentando serenarme.

—No está mal… Para ser un cuarentón, el tío se cuida y se conserva. Está fuerte…

No dije nada durante unos segundos. Luego, la miré, y me lancé.

—Pues le he dicho que nosotros también… —solté de sopetón.

—¿También qué…? —Mi novia preguntaba intuyendo la respuesta mientras abría mucho los ojos, para luego entornarlos sospechando lo que iba a decirle.

—Lo de la libertad y eso…

(Este fragmento forma parte de la novela “Nuevas Sensaciones”. Todos los derechos están reservados y ualquier intento de copia o plagio, será perseguida en los tribunales)

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