MAVERICK

Y llegó el día siguiente y me desperté. Parecía que había sido un sueño. Había dormido plácidamente, y en sueños, a veces me venía la imagen de su cuerpo, ese cuerpo que aún no conocía, pero que me imaginaba tan maravilloso como nunca había conocido ninguno, y mucho menos un inexperto como yo. Lo cierto es que mi hermana me recordaba mucho a una joven actriz que salía a veces en series de televisión, pero nunca me había planteado el verla como mujer. Pero bueno, había despertado a un nuevo día y estaba de vacaciones y pensando en todo lo que quería hacer durante el verano. A pesar de la felicidad que sentía en esos momentos no podía evitar sentirme turbado por lo que me estaba pasando; y fue entonces cuando me vino a la mente que ese fin de semana iban a venir a vernos mi tío, el único hermano de mi padre con su mujer, mi tía, y mi prima Amaya. Eso me alegró mucho porque además de la excelente relación que manteníamos con ellos, habían sido un gran apoyo para nosotros cuando falleció mi madre, sobre todo para mi padre, y también le apoyaron cuando decidió rehacer su vida con mi madrastra la madre de Melissa (Mel), mi espectacular hermanastra. Pero bueno, el caso es que llegarían por la tarde, antes de que fuese de noche. Ya tenía algo más en lo que distraer mi mente.

Pasé el resto del día esperando otra visita de María, pero no fue así. Me tenía ansioso recordando todo lo que había pasado con ella hacía tan poco tiempo, recordando sus gemidos, y ese único pecho que me dejó tocar; qué maravilla fue para mí, aún recordaba con intensidad la excitación y el placer que sentí. No la llegué a ver en toda la mañana, ni tan siquiera cuando pasé por el sitio donde habitualmente quedaba con sus amigas en la playa. No me apetecía demasiado ir a la playa, ni tan siquiera había quedado con mis colegas, pero después de esperarla en casa inútilmente me fui para estar ocupado y distraerme con mis amigos. Llegó la hora de la comida y todos nos reunimos con cierta excitación comentando sobre la llegada de mis tíos, qué íbamos a hacer y como nos íbamos a organizar. No hubo ningún tipo de acercamiento por parte de María, y todo ocurrió de la forma más normal. El único punto negro fue que en el reparto de camas y dormitorios yo era el que salía perdiendo, como siempre, y tendría que ceder mi habitación a mi prima, mis tíos ocuparían la habitación de mis padres que por cortesía se la cedían a ellos que a su vez se trasladaban a la habitación de Mel, que era la segunda habitación más grande en tamaño, y esta se iba a dormir con María, mientras que mi prima Amaya pasaría a mi habitación, con lo que yo era el “desterrado”, y me tenía que ir de la mía, a dormir al sofá del salón, pero bueno, que le vamos a hacer, -pensé-

La hora de la siesta pasó sin novedad, a pesar de que yo desease intensamente lo contrario, ni tan siquiera toqué la Play, y la tarde en la playa transcurrió con normalidad con los colegas. Regresé antes de lo habitual, siguiendo las instrucciones de mis padres, tal y como nos solicitaron en la comida, para estar en casa cuando llegaran mis tíos, y mis padres, también vendrían un poco antes de la tienda para recibirlos, mientras Mel se quedaría en la tienda hasta la hora de cerrar, para que mis padres pudieran disfrutar de más tiempo con mis tíos, ya que hacía mucho que no se juntaban. Solamente estarían el fin de semana y querían aprovechar el tiempo. En su momento habían aceptado con los brazos abiertos a Carmen, mi madrastra y a su hija Melinda (Mel), y estas estaban muy agradecidas con ellos por este gesto, por lo que imperaba el buen ambiente durante sus visitas y los encuentros familiares.

Y por fin sonó el timbre, subieron los recién llegados y mis padres los fueron a recibir a la puerta del ascensor. Besos, abrazos, risas

–         ¡Hola familia!

–         ¡Hola!

–         ¡Pero qué guapas estáis todas!

–         ¡Pero qué grande y que guapo estás Vicen!

–         Hola tía

–         ¿No saludas a tu primo Amaya?

–         Claro mamá

–         Hola prima

Y mi prima Amaya me dio dos sonoros besos en las mejillas mientras me ponía las manos en los hombros. Debo decir que soy solamente unos meses mayor que mi prima, y que desde la última vez que la había visto había cambiado bastante. Aunque teníamos muy buen royo desde siempre, nuestro contacto durante el año se reducía a algunos whatsapp, alguna llamada en fechas señaladas y los 15 días en que coincidíamos en el pueblo en agosto, todos juntos. Había cambiado bastante desde el año anterior, cuando todavía tenía un aspecto bastante aniñado. Amaya era una chica casi de mi edad como decía, de apariencia frágil aunque no lo fuera, prácticamente de mi estatura, (debía rondar ahora los 1,66cm), de piel ligeramente blanca aún cuando tomara el sol, con el cabello largo y un tanto ondulado, y sin ser tan linda como mis hermanas, era atractiva, con una graciosa nariz respingona, ojos pequeños de color negro, vivos, suaves facciones, con una barbilla fina y bien definida, unos labios de color sonrosado sin necesidad de maquillaje…en resumen era atractiva y, la verdad es que el verano pasado su cuerpo no tenía las actuales formas tan interesantes y femeninas. Mi sorpresa fue grande. Su culito se veía bien proporcionado, era un culo redondito y respingón, muy bien formado, la verdad, y sus pechos, aunque poco voluminosos, se marcaban bajo la parte superior del corto mono de verano de una sola pieza que vestía, (de color blanco con unos botones negros en la parte delantera que llegaban casi hasta su cintura), y permitía ver unas preciosas piernas, delgadas pero bien proporcionadas. Remataba su indumentaria con unas chanclas de verano, también en color blanco y negro, a juego con su vestimenta.

Cuando me dio los dos besos, clavó sus bonitos ojos negros en mí y me dijo

–         ¿qué tal Vicen?

–         Muy bien Amaia, de vacaciones, imagínate…

–         Te veo muy bien

Y se sonrojó, la verdad es que siempre había sido muy cariñosa conmigo desde muy niños.

Pasamos dentro y todos empezamos a hablar rápidamente, saludándonos y haciendo los comentarios de rigor, hasta que la cosa se fue calmando, como es habitual en estos casos. Los mayores salieron a la terraza a tomar algo, y mi hermana María y mi prima Amaya, se encerraron en la habitación de mi hermana para hablar de sus cosas. Las escuchaba reír desde mi habitación, sintiéndome un poco desplazado. Yo, para variar, me quedé solo con mi querida Play y decidí ver si alguno de mis amigos estaba conectado para jugar una partida online. Y así estuve un buen rato hasta que llamaron a la puerta de mi habitación y me sacaron de mi partida a tres, con los amigos. No estaba acostumbrado a que casi nadie llamase a la puerta de mi habitación y conteste:

      – si, ¿quién es?

Contestó mi hermana María

–         Nosotras, que venimos a hacerte una visita

–         Venga, pasad

Me pareció de lo más normal ese cambio en sus costumbres por parte de mi hermana, dado que había invitados en casa. Entró con mi prima Amaya que dejó su pequeña maleta que mi habitación, mientras me pedía disculpas:

–         Siento que te saquen de tu habitación por mi culpa, primo

–         no pasa nada Amaya, lo hago encantado

Mentira. Estábamos hablando de trivialidades mientras mi prima me miraba tímidamente, pero no se me escapaba que mi hermana María tenía una extraña sonrisa dibujada en la boca todo el tiempo y pronto conocí el motivo

– A todo esto, ¿sabes que Amaya también juega con la Play?

Si hubiese estado comiendo me hubiese atragantado. Al escuchar lo que dijo mi hermana, automáticamente me subieron los colores, y note como mis orejas se ponían rojas, casi ardiendo, y como mis mejillas hervían.  No se me escapó la doble intención que ponía María en su comentario. Por no responderle, medio tartamudeando le dije a Amaya

–         Ah, sí… ¿y, y… a qué…te gusta jugar?

Ella, que parecía que no conocía el trasfondo de lo qué estábamos hablando, me respondió con total normalidad

– Bueno, me gusta mucho jugar a juegos de rol, y a veces me conecto con mis amigos

Mi hermana María que se había sentado en mi camame dijo:

–         ¿Por qué no le enseñas nuestros juegos a nuestra prima?

¿Nuestros juegos?, pero si María no había tocado la Play hasta hacía bien poco, tal y como os he venido explicando.Yo no quise entender que el mensaje que me estaba lanzando María fuese el evidente, sino más bien pensé que se estaba divirtiendo a mi costa, que tal vez estaba jugando conmigo una vez más, no sabía que pensar…

–         Mira estos son los juegos que tengo…

Le fui acercando cada uno como un vendedor de un comercio a un cliente despistado, y entretanto miraba desconcertado a mi hermana que seguía sentada en la cama, inclinada hacia atrás, cómodamente, apoyada sobre sus manos, con una pierna cruzada sobre la otra mientras nos miraba con una sonrisa muy pícara en la cara. No tenía muy claro la deriva que tomaría todo esta situación y para ganar un poco de tiempo y aligerarme el sofoco, decidí ganar tiempo para ver como afrontaba la situación y les pregunté:

–         ¿queréis tomar alguna cosa?

–         Si primo, una Coca-cola estará bien

–         ¿y tú María

–     Yo voy contigo a la cocina y te ayudo

¡Mierda!, -pensé-, esta no me va dar ni un respiro, Y salió de la habitación detrás de mi dirección a la cocina; casi podía notar su mirada en mi cogote e imaginaba su sonrisa divertida dibujada en su cara.

Cuando llegamos a la cocina, no me atreví a decirle nada, aunque había una pregunta que rondaba mi mente con insistencia, y que estaba seguro que María no me respondería, no me lo pondría tan fácil. Mientras estaba abriendo la nevera ella cogió vasos del armario de la cocina, y mientras lo hacía y sin mirarme me soltó

– ¿sabes?, la prima Amaya está coladita por ti

– ¡pero qué tonterías dices María!

Le contesté sin mucha convicción, la verdad

-Vamos Vicen ya sabes que siempre ha estado por ti, desde niños

– Pero eso eran cosas de críos ahora ya somos más mayores

– bueno yo ya te he dado la información ahora tú verás lo que haces con ella.

Más preocupado que sorprendido regresé a la habitación, y mi hermana María lo hizo tras de mí. Le serví la Coca-Cola a mi prima Amaya que me respondió con su dulce sonrisa un –gracias-. Había elegido un juego de fútbol, y me extraño por lo que le comenté

      –     No sabía que te gustara el fútbol

–         Bueno pero a ti si, ¿verdad?

No me sorprendió su respuesta, porque siempre había querido complacerme, desde niños; mientras todo esto sucedía no podía quitarme de la cabeza lo que me había comentado mi hermana María. Desde luego la muy intrigante había conseguido llamar mi atención, despertar mi curiosidad. Mi hermana se ofreció a traer el asiento que faltaba de su habitación, y mientras tanto yo pude mirar a mi prima. Vaya, realmente estaba muy cambiada. Porque se había desarrollado mucho más desde la última vez que nos vimos, el año pasado. Había dejado de tener un aspecto aniñado y ahora sus formas habían pasado a ser las de una bella mujercita, ahora estaba diferente, tenía unas bonitas piernas que mantenía cruzadas una sobre la otra,  bien formadas, con una piel que se veía morena y suave. Al sentarse y cruzarlas, el pantaloncito del mono que vestía había subido un poco más, por lo que se podían apreciar sus muslos. Su cara, aún dulce, con esa bonita expresión casi inocente ya no era la de una niña si no la de una bella ninfa. Tal y como me fijé unas horas atrás, su pecho ahora sin ser muy grande, tenía una forma definida que le daba un punto sexy a su figura. Realmente estaba muy guapa.

Me dispuse a preparar la partida y le iba explicando el funcionamiento de cada uno de los botones, y sus funciones, preguntándome mientras tanto que coño hacía mi hermana María en la habitación y no hacía ningún caso y estaba muy entretenida con su móvil. Mientras estaba con todo esto, sonó el aviso de mensajes de mi móvil, estaba recibiendo un  WhatsApp de mi hermana María, “a qué está jugndo está” –pensé-.

En el mensaje me decía: “Vamos no te cortes, no ves que está deseando que le des un beso”.

Sin dar crédito a lo que estaba haciendo todavía mi hermana, (aunque desde luego, si lo  pensaba bien lo que había hecho las últimas horas tampoco me lo habría esperado nunca), le respondí:

–         “Pero a ti se te va la pinza tía, qué quieres que se monte un pollo familiar y me corten los huevos?”

Sonó la respuesta que llegaba a mi hermana, pero era demasiado lista como para que quedase en evidencia a que jugada y, sobre todo lo que estaba haciendo, para que mi prima no sospechase. Me respondió con otro mensaje:

–         “mira Vicen, desde luego no te enteras de nada, seguro k en lo que se refiere a chicas, aún menos. Se de lo k estoy hablando y tengo información k tú no tienes, pringao.”

Yo me quedé perplejo, sabía que siempre había sido el ojito derecho de mi prima, pero no me imaginaba que de esa manera; la verdad era que en las últimas horas me había dado cuenta de qué, en lo que se refería a chicas, era un auténtico idiota.

Pero, como no, caí en la trampa de mi hermana, ya había captado mi atención, y sin darme cuenta, empecé a mirar a mi prima mientras jugábamos un torpe partido en el que, dada su inexperiencia, Amaya pasaba más tiempo intentando averiguar hacia qué dirección se dirigían sus jugadores, totalmente fuera de control, qué a lo que realmente ocurría en el partido, por lo que en poco tiempo le había marcado dos goles sin el más mínimo esfuerzo, mientras atendía mi móvil y respondía a María. Estaba  mucho más disperso que ninguna de las otras partidas que hubiera jugado en mi vida, sin tener en cuenta, claro está, las últimas jugadas con María.

Mientras pasaba todo esto no pude evitar que me viniera a la mente, como en una ráfaga, los últimos acontecimientos me habían llevado a descubrir el sexo y lo caliente que era mi hermana María. Acontecimientos que me hacían mirarla de otra manera. Estaban despertando en mí tantas y tantas cosas, estaba trayendo muchas cosas buenas a mi vida tranquila vida, cosas fantásticas, pero la vez sin que yo me diese cuenta, todo esto me estaba arrebatando buena parte de mi inocencia. Pero tampoco pude dejar de pensar en por qué me sucedía esto a mí; tal como dije me considero un chico normal, es cierto que tengo un buen cuerpo, hago deporte, mido casi 1,75. También es cierto que no soy feo pero, de ahí a que mi hermana quisiese algo conmigo, cuando hasta ahora no  había tenido ésito con ninguna de las chicas de mi edad… y también me venía otra pregunta a la cabeza: ¿porque mi prima Amaya, un miembro de mi familia se sentía atraída por mí?. Lo de mi hermana no tenía ninguna explicación para mí, era mayor que yo, muy guapa… tampoco creo que fuese por mi rabo. Pero claro, yo no me podía comparar con aquellos cuerpos de tíos más adultos que yo, que están tan cachas, y que encima estaban súper buenos. Pero desde luego, algo me estaba sucediendo y la verdad es que me estaba volviendo loco, y lo peor es que no me disgustaba.

–         Oye Vicen, visto que a nuestra prima Amaya se le da tan mal jugar ¿por qué no le enseñas a jugar como lo hiciste conmigo?.

Estaba claro cuál era la estrategia de mi hermana, si yo no entraba en acción ella lo forzaría, y se la veía muy divertida en su papel de Celestina. Amaya miró primero a mi hermana y después a mí con cierta sorpresa, sin entender muy bien de que iba todo eso. Yo resignado por un lado y ya más excitado que otra cosa por otro, después de mirar segundos fijamente a mi hermana le dije a mi prima

–         Amaya, ¿qué te parece si hacemos lo que dice María?, la verdad es que es un buen sistema para aprender, es muy rápido y será mucho más divertido.

No puso objeción,  y no lo hizo porque no tenía ni idea de que estaba hablando…¿o realmente estaba de acuerdo con mi hermana María y conocía su plan?.

Aparté mí siento y me puse a la derecha del asiento de mi prima, agarré el mando, tal y como lo hice con mi hermana María en la ocasión anterior, me puse a su lado inclinado hacia adelante de manera que estaba muy cerca de ella, cogí su mando se lo entregué y después puse y puse mis manos en el mando sobre las suyas para guiar a Amaya. Automáticamente note como la piel de mi prima se erizaba y ella se ponía un poco tensa. Para tranquilizarla le dije:

–         Ya verás, es muy fácil, es mucho mejor así hasta que te familiarices con el movimiento de los botones.

Por toda respuesta recibí de su voz una única palabra:

– Vale

La partida, una vez llegados a este punto, era lo de menos. Yo me sentía muy cortado, pero sin embargo, el saber que tenía un cierto control de la situación, y también sobre mi prima Amaya, sumado a sentir el tacto de su piel, tan suave, percibir su aroma, su perfume, suave y dulzón, me excitaba mucho y, para colmo me sabía observado por mi  hermana María, un ingrediente más. A los 2 minutos más o menos de haber empezado de nuevo la partida, comprobando que no avanzábamos mucho, decidí que ya estaba bien de perder el tiempo, estaba tan excitado que no podía más, y a la vez notaba el nerviosismo de Amaya; esa sensación de control me encantaba. Hasta ahora en las breves experiencias que había tenido con mi hermana era ella la que controlaba la situación, pero en esta ocasión sería yo quién tendría el control. Decidí arriesgarme un poco más y de la forma más disimulada que podía iba acercando el mando hacia nosotros de la manera más disimulada, intentando que pareciese lo más casual posible. Y así me acercaba cada vez más hacia los pechos de mi prima. En un par de ocasiones conseguí tocarlos con mis muñecas e incluso, llegué a notar su tacto, y me pareció percibir que sus pezones estaban erectos. Sentía la mirada de mi hermana fija en nosotros y no pude evitar girarme hacia ella y observé que no perdía detalle de lo que yo estaba haciendo. Me miraba con una sonrisa descarada en su cara con la que sin duda intentaba animarme para que yo continuase: ella estaba disfrutando del espectáculo.

Tras un par de minutos en los que cada vez mis movimientos eran menos disimulados, al igual que mis intenciones, la presión que ejercía con mis manos y con mis antebrazos sobre los pechos de Amaya se habían convertido, prácticamente, en tocamientos descarados. En algún momento mire por el rabillo del ojo su cara y confirmé que, además de no quitar los ojos de la pantalla fingiendo un interés en la partida, que seguro que ya no tenía, mordía sus labios inferiores con sus preciosos dientes. Había comenzado a tener una importante erección y mis hormonas se abrían paso desordenadamente en mi cerebro, apartando a empujones lo que quedaba de mi raciocinio, que cada vez empezaba a estar menos presente. Decidí dar un paso más

-Bueno prima, yo creo que estás preparada para jugar sola, pero no te preocupes que yo te guío.

Y dicho esto le entregué el mando a ella, que lo cogió con cara de no entender muy bien porqué dejaba de hacer lo que estaba haciendo y qué venía ahora, y un tanto desconcertada puso cara de niña aplicada e intento concentrarse en el juego. Me incliné para estar más cerca de ella, y mientras lo hacía yo, como el que no quiere la cosa, puse mi mano izquierda sobre su muslo derecho. Me sorprendió, no solo su suavidad, sino también que en ese momento la piel se le erizó y que ella estaba ardiendo. No hizo ni un solo gesto, como si no hubiera notado mi mano en su muslo, como si lo que yo hice en aquel momento hubiese sido ajeno a ella o lo más normal del mundo. Siempre había tenido confianza con mi prima pero nunca en ese sentido. Aún más caliente por la falta de reacción de Amaya, y siempre bajo la atenta mirada de María, subí un poco más mi mano hasta ponerla cerca de su ingle y aquí sí, Amaya se removió en el asiento, echando un poco su culito hacia atrás, como en un intento fingido de escapar de mi mano, pero siguió sin dirigirme ni siquiera una palabra o una mirada. Dejé resbalar la mano al interior de su muslo, cerca de la ingle y ella empezó a mover sus piernas con nerviosismo. Estaba claro que mis caricias la estaban afectando mucho, (a mí también). Me incorporé junto a ella, para darle un par de indicaciones sobre el juego, para seguir con mi papel.

-Sí Amaya, mira si le das a la X harás un pase preciso, ves… así

Y presione el botón para hacer una demostración rápida. Ella solamente desvío la mirada del mando un momento me miro a la cara y comprobé que estaba totalmente colorada y tenía su boca entreabierta con los labios muy rojos

-Si, ya lo veo

Fue lo único que atinó a decirme. Enseguida volvió a dirigir su mirada a la pantalla. Me puse recto y aprovechando que estaba de pie apoye mi mano sobre su hombro izquierdo, cerca de su cuello, de manera que tocaba a la vez su piel y el tirante de su mono, y disimuladamente, despacio, dirigí mi mano primero hacia su cuello en una lenta y suave caricia con la yema de mis dedos y después hacia la derecha, en su hombro, de forma que podía deslizar, poco a poco, la tela de su tirante, y la parte de arriba de su mono quedó ligeramente caído de ese lado, descubriendo su hombro. Ella se dejaba hacer y María permanecía como convidada de piedra. Dada mi posición, de pie a su lado, disfrutaba de una perspectiva privilegiada del hueco que se creó, un observatorio en forma de pequeño escote que yo había improvisado hacia sus pechos. Solo podía ver la parte de atrás de su pecho, el resto quedaba oculto dentro del sujetador. Me moría de ganas por comprobar el tacto de aquella piel oculta y poder averiguar la forma y la dureza de aquel pecho juvenil. Ya con más atrevimiento dejé resbalar muy lentamente mi mano por aquel hueco.

Escuché a mi hermana María que nos hablaba, casi en un susurro desde nuestra derecha

–         Si eso es…

Pero no quise mirarla, no quería desviar mi mirada ni un segundo de mi objetivo que, en ese momento era alcanzar la gloria para mí.

Mi prima se dejaba hacer, como si no fuera con ella, pero el movimiento agitado de su pecho al respirar me decía que se estaba enterando perfectamente de lo que yo estaba haciendo, pero parecía un animalillo asustado. Mientras tanto mi hermana María miraba desde su privilegiada tribuna a un escaso metro y medio de nosotros. 

Dejé que mi mano resbalara lentamente en dirección a su pecho, por dentro del escote improvisado, y su respiración comenzó a agitarse. Su pecho subía y bajaba y su movimiento me proporcionaba una fantástica sensación en la mano, acompañando mi recorrido. El primer objetivo fue rozar su sujetador, pero esto duro solamente unos segundos. Deposité mi mano abierta sobre su pecho abarcándolo por completo por primera vez, en una caricia suave. Esto me permitió anotar que llevaba un sujetador sin ningún tipo de relleno, de un tejido que proporcionaba un tacto muy suave y pude percibir el calor qué emanaba de su piel. Volví a ascender un poco más por su pecho hasta llegar al principio de sujetador, y esta vez, sí, dejé resbalar mi mano por dentro de la prenda, y en ese preciso instante a mi prima se le escapó un pequeño gemido, acompañado de lo que me pareció una súplica a modo de pequeña resistencia

– Uffff,… primo…

Pude tocar por fin aquella maravilla. Su pecho era más firme de lo que esperaba, (también debo decir que yo no soy ningún experto), era redondo, con una cierta forma cónica y pude percibir su pezón, que estaba muy duro y formaban el vértice de aquel pequeño cono de forma exquisitamente redondeada. En ese momento de máxima concentración, recibía un nuevo mensaje de María en mi móvil –esta tía es gilipollas…-

– “ahora hermanito es el momento, tócale su coñito”

Era increíble, por un segundo casi me había olvidado de que existía María y supongo que ella, quería reclamar el protagonismo en aquella historia, por eso quiso controlar otra vez la situación y marcar su territorio. A fin de cuentas todo esto lo había preparado ella, era evidente. ¿Hasta donde sería capaz de llegar mi hermana?¿hasta donde sería capaz de llegar yo?.

Muy a mi pesar saqué despacio la mano de dentro de la ropa de mi prima Amaya, y volví a acercarme, agachado junto a ella para poner mi mano izquierda sobre su muslo derecho. Ella dejo escapar otro pequeño suspiro y por fín me habló

– hay primo, si sigues así me vas a distraer y no voy a dar una

Pero en ningún momento me miró, ni me hizo ningún otro gesto. Esta vez con menos miramientos acerqué mi mano y la puse sobre su pantalón, en el hueco que formaba el mono, justo encima de su entrepierna, hasta bajar a su vagina. Allí noté el gran calor que desprendía el cuerpo de Amaya y sin saber muy bien que hacer, presioné sobre su sexo haciendo pequeñas caricias en forma de círculo. Una pequeña Mancha de humedad se comenzaba a dibujar sobre el joven coño de mi prima y sus caderas habían iniciado un tímido movimiento de vaivén alante y atrás.

Envalentonado por esos signos, acaricié de forma más descarada entre sus piernas sobre la ropa, ella mientras tanto, comenzó a apretar con fuerza el mando de mi play contra su pecho izquierdo, pasándose la parte de atrás del componente electrónico con fuerza sobre la punta que marcaba claramente bajo su ropa el pezón de ese pecho. Yo no podía más, estaba tan sumamente caliente que pensaba que iba a reventarme la polla. De nuevo cogí la mano derecha de mi prima, que no opuso resistencia, y la llevé a mi miembro por encima del pantalón de deporte.

–         Vicen, qué haces…

Fue María quién le contestó

–         Confía en él prima, estamos en familia

Ella primero dejó la mano ahí, sin moverla, unos segundos para después comenzar a acariciarla, suavemente, de arriba abajo con la punta de sus dedos. Yo fuera de mí por la excitación, desabroché el cordón que aseguraba mi pantalón de deporte y me lo bajé despacio para dejar salir mi herramienta. Mi rabo salió disparado hacia arriba como un resorte y Amaya lo miraba con los ojos como platos, y su mano se quedó en el aire, cómo suspendida, a medio camino entre su cara y mi miembro. No le debió desagradar lo que vio, a fin de cuentas, yo no tenía un aparato feo. Si bien sobre todo comparado con lo que he visto en las películas porno, no es descomunal, sí que es cierto que yo la encontraba más bonita, pues tengo todo el glande a la vista cuando estoy en máxima erección y como todo adolescente salido me la he medido en varias ocasiones y me llega a 17 centímetros y le acompaña un buen grosor. Supongo que eso le debe de gustar a las tías… y por lo menos ahora tenía dos de ellas de público, si, digo bien, dos, porque mi hermana María se había levantado de mi cama y se había acercado para ver más de cerca la acción, con la cara marcada por la excitación. Enseguida se dirigió a Amaya

–         Vamos prima, no te cortes, ¿no es esto lo que querías?¿verdad que mi hermanito la tiene muy bonita?

Le contestó casi con un hilo de voz, sin quitar los ojos de mi polla, como hipnotizada, girada hacia mí desde su asiento y aún con su mano suspendida en el aire

–         No sé, es que es muy fuerte, aquí los tres y con toda la familia en casa…

–         No te preocupes, están en la terraza tomando cervezas y charlando, además saben que estoy yo con vosotros…

Desde luego, mi hermana lo tenía todo pensado…y Amaya llevada por la curiosidad y la calentura cedió. Volvió a acercar su mano despacio, tímidamente y, con la yema de sus dedos me obsequió con una suave caricia en el tronco de mi miembro que me hizo estremecer a mí y que mi aparato diera un importante respingo.

María le siguió hablando, con voz tranquila como para tranquilizarla

–         Ves Amaya como no pasa nada, ¿a qué te gusta su tacto?…y a mi hermanito también parece gustarle mucho verdad Vicen?

Yo solamente pude articular un

-Si

El siguiente movimiento de Amaya fue algo menos tímido y la agarró con suavidad junto a la parte de abajo de mi tronco, presionando ligeramente como para comprobar realmente cuál era la dureza. En ese momento y sin dejar de mirarme la polla mi prima dijo con un hilo de voz, producto de la excitación:

-Es muy suave y está muy caliente

María, que ya había dejado de guardar la distancia que mantenía, se había colocado junto a mi prima, a su izquierda, lo que le permitía ver toda la jugada a un escaso medio metro de distancia y a la vez ver perfectamente los movimientos y la expresión de nuestras caras. Pero de la gran habilidad de mi hermana no me di cuenta hasta tiempo después y de hasta dónde era capaz de llegar; en ese momento yo era demasiado inocente y la calentura me nublaba completamente el entendimiento.

-Vamos Amaya, no te cortes, acariciasela.

Amaya comenzó tímidamente a subir y bajar su mano por mi miembro, lo hacía de una manera un tanto torpe, pero ponía tanto cuidado y tanto cariño que sus caricias me daban mucho placer  y me estaban volviendo loco. Tiré un poco de atrevimiento, estire mi mano izquierda hacia mi prima y comencé a acariciar sus pechos sobre su ropa, esta vez de forma más evidente y magreando con ganas aquellas maravillas. María había comenzado también acariciar sus pechos sobre su camiseta mientras no dejaba de mirarnos. Ver la cara de excitación de mi prima, notar su pecho firme en mi mano, ver y sentir cómo me acariciaba el rabo, notar su entrega, tener a María, mi hermana, ejerciendo de Celestina, todo ese cóctel me estaba volviendo loco y estaba muy cerca de reventar pero, justo en ese instante mágico, unos golpes en la puerta de mi habitación nos sobresaltaron a todos

–         niños, venga ir preparando la mesa que vamos a poner el aperitivo y a cenar

Amaya soltó mi miembro como si quemara, yo me subí mi pantalón de deporte en 0,1 segundos, María tuvo un poco más de sangre fría que nosotros y fue ella la que respondió a mi madre

–         Sí, ahora salimos.

Amaya se levantó de un salto del sillón, y salió rápidamente de mi habitación mientras escuchaba que le decía a mi madre desde el pasillo que  -dime qué tengo que hacer-. Yo no podía dar crédito a lo que estaba pasando, en un instante había pasado de estar viviendo una de las mejores experiencias de mi vida a encontrarme medio acojonado y con un calentón de campeonato. Mire a mi hermana María sin saber que decir, sin embargo ella sí que supo que decirme a mí

– me temo hermanito que esta vez te vas a quedar con las ganas, tendrás que ser más rápido y espabilado la próxima vez

Y acto seguido, se acercó, me dio un beso en la mejilla y un ligero toquecito sobre mi miembro con toda su mano derecha

– venga chaval, una pajita rápida en el lavabo y ven a ayudar con la mesa, no lo vamos a hacer todo nosotras, ¿verdad?,

Y diciendo esto salió de la habitación y me dejó allí con el mayor calentón de mi vida, (hasta el momento), y lo que empezaba a ser una frustrante sensación de sentirme como una marioneta en manos femeninas, pero esto no podía seguir así…

Pero el calentón fue dejando paso al monumental cabreo que me está agarrando. A pesar de que entré en el baño con la firme intención de acabar con la calentura que mantenía mi rabo encendido, a los pocos segundos de empezar a masajear mi miembro las imágenes de lo ocurrido unos instantes antes y la desbandada de las dos chicas, dejándome colgado en mi situación, me producía un enorme cortocircuito de los cables mentales/hormonales con lo que dejé la paja a medias, salí del baño resignado, y me fui directo a la cocina para ayudar las tareas tal como me habían indicado.

Llegué a la cocina con cara de pocos amigos y esto se me debía de notar mucho porque mi tía Conchi, que estaba hablando con mi madrastra, Carmen, me preguntó:

– pero muchacho, ¿qué te pasa que estás tan serio?

– nada Tita, es que estoy pensando en mis cosas…

– Ya, seguro que la dos niñas, tu prima y tu hermana te han hecho rabiar y no te han dejado jugar tranquilo con tus amigos, como cuando erais pequeños…

Si, igualito que cuando éramos niños…-pensé-

– que no, de verdad que no me pasa nada

María contemplaba la conversación el otro lado de la cocina con cara divertida, y mi prima Amaya, que aún tenía las mejillas totalmente sonrojadas, me miraba de reojo con cara de circunstancias.

Entre todos acabamos con la tarea de preparar la mesa en la terraza,  que era donde se había decido cenar para aprovechar la maravillosa noche veraniega. Mientras mi padre y mi tío asaban carne y verduras en la barbacoa, como para un regimiento, nos dispusimos todos para la opípara cena en familia. Tuvimos que ampliar la mesa y utilizar el suplemento central, para poder caber todos. La mesa en su posición original tenía forma redonda, pero en este caso quedó ampliada en la parte central, de manera que los dos extremos se convirtieron en sendos semicírculos y la parte central quedó recta. En pocos minutos estuvo preparada e impecablemente adornada, con dos velas encendidas en los extremos, cerca de la parte central qué, junto con la tenue iluminación de la terraza, sumada a la luna de una clara noche de verano, proporciona un ambiente acogedor e íntimo, casi romántico. La distribución en la mesa de los comensales fue dispuesta de manera que, en el extremo más próximo al salón de casa, se sentaban juntos los dos matrimonios formados por mis padres y mis tíos, ocupando así la mitad de la mesa, y la otra mitad estaba ocupada por mis hermanas Mel y María que estaban sentadas una frente a la otra en la parte central y, en la posición, supongo que estudiada por mi hermana María, nos había colocado, a mi prima Amaya y a mí, en la otra parte del semicírculo de la mesa, que era demás la que quedaba más alejada del comedor y la menos iluminada, por cierto.

Cuando todos nos sentamos, yo lo hice a la izquierda de mi prima, a mi izquierda tenía a mi hermana Mel, y a la derecha de mi prima Amaya, enfrente de Mel estaba mi hermana María. Nos servimos todos y la cena empezó a transcurrir en una ambiente tan agradable y distendido que, entre la exquisita comida y los comentarios y chascarrillos, la verdad es que estaba olvidando, casi por completo, lo ocurrido un rato antes, sino fuera porque tenía tan cerca a las dos culpables del calentón, además del bombón de mi hermana Mel, que se había puesto un vestido veraniego para la ocasión, con un escote que dejaba ver el principio de su canalillo y le sentaba de muerte, lo que hacía que cada vez que mi vista se cruzaba con alguna de ellas, mi cuerpo reaccionara sin poder evitarlo.

Y así estuvimos hasta que llegó el momento de atacar la carne, y yo me disponía a degustar una estupenda hamburguesa de ternera, cuando casi me atraganto al notar unos suaves dedos que, con sus yemas, acariciaban el codo de mi brazo derecho desde abajo con mucha suavidad; era mi prima Amaya la autora de la caricia. La miré y me encontré con su mirada y con una dulce sonrisa en su rostro. Yo, que aún estaba un tanto desconcertado, (el cabreo se me iba diluyendo), la miré con sorpresa e hice un ademán interrogativo encogiéndome de hombros, como preguntando -¿qué haces?-. Por toda respuesta tiró de mi codo hacia abajo para que lo quitara de la mesa, supongo que fuera de la vista de los demás, por lo que dejé momentáneamente el cubierto, y enseguida ella siguió su caricia bajando por mi antebrazo hasta llegar a coger mi mano y tirar de ella hacia donde ella estaba. Dado que no estábamos lejos unos de otros, me comencé a poner muy nervioso y, aun más cuando la propia Amaya depositó mi mano sobre su muslo izquierdo. Qué gusto sentir de nuevo su suave piel, pero debo reconocer que me superaba el temor que se estaba adueñando de mí: como alguien se diera cuenta de aquello me iba a caer una bronca de las que hacen época. A pesar de ello, como no, las hormonas mandaban.

Como no podía ser menos, fue María la que nos descubrió, supongo que porque nos debía estar controlando todo el tiempo. Se movió hacia atrás disimuladamente en su silla y bajó un tanto la mirada hasta que vio mi mano, todavía inmóvil sobre la pierna de nuestra prima. Nos dedicó una sonrisa cómplice. Pero su movimiento no pasó inadvertido y siguiendole la mirada, Melinda también debió sentir curiosidad, y cuando giré mi cabeza, ligeramente a mi izquierda, me encontré con los ojazos de mi otra hermana que me miraban con una expresión que no logré descifrar. Tras unos segundos que me parecieron una eternidad, se acercó ligeramente hacia mí diciéndome:

–         Vaya, veo que te has tomado al pie de la letra la recomendación de buscarte novia, ¿eh?

Retiré la mano de la pierna de Amaya como si se tratase de una brasa ardiendo y me puse muy colorado; mi prima sobresaltada por la brusquedad de mi gesto me miró sin entender, y tras seguir la dirección de mi mirada, debió encontrarse con la sonrisa irónica de Mel y, comprendiéndolo todo se sonrojó como si hubiese corrido una maratón. María era la que más se divertía, sin duda, tanto es así que explotó en una carcajada

–         ¡Ja, ja, ja, ja!

Mel se rió, divertida como ella, y este jaleo atrajo por un instante la mirada de nuestros adultos, que miraron complacidos, pensando que todo era producto del buen rollo imperante entre los más jóvenes de la familia.

Estaba hasta los mismísimos de tanto jueguecito y del cachondeo que se traían conmigo las féminas de la familia. Hasta hacia un par de días yo era un tranquilo adolescente que tan solo pensaba en disfrutar del verano, y de mi tiempo libre, de mis merecidas vacaciones, salir con los colegas, ir a la playa, mirar las tías buenas, un poco de porno a escondidas, jugar con mi adorada Play; ahora ni eso podía hacer sin que me trajese otros pensamientos y se alterase mi ya de por sí nublado raciocinio juvenil. Esto no podía seguir así, ¿pero qué podía hacer yo?. Mientras reflexionaba degustando la cena, miraba discretamente a mis hermanas y a mi prima, y ya no había marcha atrás, ahora ya no las podía ver tan solo como a miembros de mi familia, ahora eran, además, preciosas y deseables mujeres que para colmo se me estaban poniendo a tiro…y que me estaban poniendo la vida patas arriba. Pero como todo, la cena llegó a su fin, y tras los correspondientes cafés de los mayores, y por decisión unánime se decidió irnos pronto a la cama, porque el sábado por la mañana queríamos madrugar para irnos temprano a la playa y aprovechar bien el día hasta la hora de comer, eso sí, cada uno por su lado. A mis padres y mis tíos los dejábamos a su rollo, suponía que Amaya y María se irían juntas, Mel abriría la tienda, y yo, claro está, con mis colegas.

Tocaba retirar la mesa, y ahí comenzó de nuevo mi calvario. Mi madre y mi tía estaban al fondo de la cocina organizando, junto con Mel, mientras mi padre y mi tío permanecían en la terraza recogiendo. Entré en la amplia cocina llevando platos, tras Amaya y detrás de mí venía María. Amaya se detuvo a mi derecha, para dejar platos en el lavavajillas, inclinándose hacia delante mientras flexionaba ligeramente sus rodillas y yo paré tras ella a una distancia prudencial esperando para llevar lo que transportaba pero, de repente, María, con un hábil y medido movimiento, fingió un ligero choque conmigo y me clavó sus magníficos pechos en la espalda; y tanto se acercó que pude notar hasta su perfume y, yo como un pardillo, sobresaltado, hice un movimiento de escape hacia delante, lo justo para que mi entrepierna fuese a impactar, eso si, sin demasiada brusquedad, contra el trasero de mi prima que se puso rígida, en un primer instante, pero que pasado ese primer momento de sorpresa, no hizo ningún ademán de separarse del inesperado contacto, muy al contrario, durante los tres segundos, (que a mí me parecieron una semana), que duró aquel contacto en el que yo parecía el relleno de un sándwich, presionó discretamente hacia atrás. Tras ese momento embarazoso aunque no por ello menos glorioso, y ya liberado de la celestial cárcel, dejé los platos en la encimera y sin mirar a nadie ni mediar palabra, salí de la cocina como alma que lleva el diablo, camino de la terraza. Necesitaba aire fresco…

No llevaba ni medio minuto allí cuando llego María, (su marcaje no tenía fin y se notaba que disfrutaba mucho con ello), y antes de que ella abriese la boca fui yo el que se adelantó:

–         ¿pero que coño os pasa a vosotras dos?¿qué queréis que se me vaya la olla?¿que me pillen y me castiguen todas las vacaciones de mi vida?, ya te vale tía…

María me puso una mano en un hombro con suavidad, me giró hacia la parte exterior de la terraza, me señaló la dirección hacia la que se encontraba el mar, a los lejos, y como quién hace una reflexión filosófica me dijo:

–         hermanito, el mar está lleno de peces, y hay quién se pasa toda la noche despierto intentado pescar uno y no lo consigue; tú sin embargo tienes la suerte de que te traen la pesca a casa y solo tienes que cocinarla…

–         Pero…¿qué cojones…?

–         ¡Qué pareces tonto joder!, y que me esperes despierto esta noche

Y dicho esto me dio un cariñoso azote en el trasero, como tantas veces había hecho desde que éramos niños y desapareció en dirección al comedor. La única diferencia es que ahora el gesto ya no me parecía tan inocente, y que era yo quien estaba deseando poner mi mano en el magnífico culo de mi hermana.

Llegó por fin la hora de acostarse y yo tuve que hacerlo prácticamente el último, dado que tenía que dormir en el sofá, y aunque nuestro salón era bastante grande, tanto por comodidad del resto de ocupantes de la casa, como por una cuestión de intimidad para mí, estaba claro que eso era lo mejor y me permitía apagar la luz y disfrutar de tranquilidad para dormir y minimizar la incomodidad de no poder dormir en mi habitación. Pero sería soportable, era solo por dos noches, el sofá era enorme y los asientos se extendían a placer para aumentar el tamaño. Otra ventaja era que, como se dejaba la puerta de la terraza abierta, desde mi posición podía ver la salida hacia ella e, incluso parte del cielo, además de recibir un poco de la brisa nocturna.

Todos se fueron a dormir y yo ocupé la que era mi cama temporalmente. Mi cabeza andaba revuelta con todo lo que había pasado, ¿cómo iba a estar tranquilo?. Encima María me había dicho que no me durmiese, ¡pero como narices me iba a dormir si andaba más caliente que el palo de un churrero!. Esto no podía seguir así y decidí que si que quería dormirme y que para conseguirlo me tenía que cascar una buena gayola. No me costó más de 30 segundos que el aparato se me pusiera tontorrón, solo tuve que rememorar la última escena en mi habitación y el sándwich que me habían hecho en la cocina, me bajé el pantalón de deporte que había puesto para dormir y empecé a subir y bajar mi mano para aliviarme -¡joder que tetas tiene María!, que ganas de verlas bien y metérmelas en la boca…o mejor poner mi rabo entre las dos y tener una buena corrida…y que morbo tiene la primita, vaya culo-…en todo eso andaba yo pensando, cuando un sonido me puso en alerta: eran como pasos descalzos y una voz apagada que se iban acercando, con lo que a toda velocidad me tapé con la sábana y me quedé inmóvil. En unos segundos pasómi hermana Mel dirección a la terraza y parecía hablar por el móvil muy bajito; salió y se quedó allí cerca; ahora la tenía a la vista y por poco se me salen los ojos de las órbitas. Estaba vestida, (por decir algo), solamente con una especie de camisón muy cortito, casi transparente, que apenas le tapaba el espectacular culo y este, estaba cubierto por una diminuta braguita de color blanco. Supongo que no reparó en mí y seguía hablando por el móvil. A mí se me encendió la bombilla en la cabeza del rabo y, automáticamente, esta pasó a mandar sobre el resto del cuerpo y era la que enviaba las órdenes al cerebro, y al cerebro le dijo “levántate y anda”, con lo que antes de que me pudiese dar cuenta, estaba saliendo del sofá a hurtadillas, pasando por detrás de este a cuatro patas, pegándome todo lo que podía a la pared, fuera del ángulo de visión de Melinda, llegando hasta la puerta abierta de la terraza, y mirando lo más cerca que podía de aquella preciosidad, como un espía en territorio enemigo. Ella seguía ajena a mi presencia, casi de frente a mí, a unos escasos cuatro metros, mirando en dirección a la calle y concentrada en su conversación en voz bastante baja, circunstancia que yo aproveché para hacerle una radiografía visual detallada: estaba de pie de lado, apoyada en la baranda de la terraza con su generosa cadera, lo que me permitía ver sin ser visto, tenía una pierna cruzada graciosamente por delante de la otra a la altura de las rodillas, y desde mi posición creaba algo de sombra y no podía ver con claridad dentro de la parte delantera de sus braguitas, pero si disfrutaba de una panorámica espectacular de sus espectaculares piernas, de sus generosas caderas y aquel culo de infarto, y, sobre todo, de la visión que me ofrecía su escaso y vaporoso camisón, que junto con la luz de la luna me permitían disfrutar de sus maravillosos pechos; eran sencillamente perfectos, se veían muy firmes, redondos con una parte inferior que formaba un medio círculo ascendente casi perfecto, y solo se interrumpía por unos pezones de tamaño considerable, erectos, que también  apuntaban hacia el cielo y estaban bordeados por unas aureolas de color claro y tamaño medio. No tenía ninguna marca de sujetador sobre el moreno de su piel, por lo que deducía que debía hacer topless. Y ya no podía más, con lo que antes de que me diese cuenta, ya me había bajado el bañador hasta medio muslo y me estaba acariciando la entrepierna, deseoso de terminar, por fin, con la tarea que había iniciado en varias ocasiones durante las últimas horas, y a ello me puse mientras me deleitaba con la visión de aquel cuerpazo y, de paso, escuchaba su conversación a medias. No sabía quién podía llamarle a esas horas, era tarde ya, la última vez que yo miré el reloj era casi la una de la madrugada

–         Que no, que te digo que ahora no puede ser

–         ……..

–         ¡pero es que no puedo hablar más alto!

–         ……..

–         Ya te he dicho que esta noche no estoy en mi habitación, que duermo con mi hermana

–         ………

–         Que quieres…¿qué despierte a todo el mundo?

–         ……….

–         Que sí, que solamente se quedan el fin de semana

–         ……….

–         Eres un guarrete, je, je, je…

–         ……….

–         Si, yo también te quiero, nos vemos el lunes…si, cuando salga de trabajar

–         …………

–         Que siiiii, pesado

–         ……….

–         Un besote, vale ciao…

Y tuve que moverme rápido porque acabó la conversación de repente y se disponía a entrar. Solamente me dió tiempo a apartarme de la puerta, y tirar del pantalón corto para arriba, pero me pilló de espaldas a ella dirigiéndome al sofá y creo que lo vio todo

–         ¿Vicen…?

Puse voz de dormido

–         ¿si…?

–         ¿qué haces levantado?

–         No..es que he oído un ruido y no sabía que era…

–         Ya…

Se pasó un brazo a modo de protección sobre sus pechos y apretó el paso dirección a las habitaciones, mientras en voz baja me daba las buenas noches con un tono de voz un tanto serio. -¡mierda!, esta me ha pillado, y lo que es peor, igual ha visto la tienda de campaña que tengo montada. Ya la he cagado-

Volví al sofá y me tumbé, más bien preocupado por lo que pudiese decir Mel, aunque en realidad yo solo estaba paseando por el salón, y ella sabía que yo estaba allí, no era culpa mía si ella deambulaba medio desnuda por la casa…y antes de que me diera cuenta, su imagen me golpeo en el cerebro y mi mano atrapó mi miembro con decisión. Estaba decidido y lo verbalicé  para convencerme

–         Ahora si que me la acabo

Pero lo que pasó es que me llevé otro susto de cojones

–         ¿Qué ahora si que te acabas qué?

–         Pero que coño…

¡la leche!, era María. Esta vez no me subí el bañador, solamente me tapé con la sábana, aunque el montículo que se formaba bajo ella era más que evidente

–         ¿Pero tú cuanto hace que estás ahí?

–         Lo suficiente

–         ¿Es que no me podéis dejar en paz?

–         ¿Seguro que eso es lo que quieres?

María salió de la oscuridad, desde la parte de atrás del sofá, y se sentó a mi lado en el borde. Estaba vestida con una de sus camisetas para dormir de color indefinido, tamaño XXL, nada provocativas y que le tapaban hasta las rodillas. También caminaba descalza.

–         ¿No te he dicho que no te durmieras?

–         Y no me he dormido,…pero

–         Pero te ibas a cascar una paja espiando a tu hermana mayor, que además, me parece que te ha pillado de marrón…

–         ¡coño!, es que me tenéis a punto de reventar

–         Veamos como está tu joystick

Me hizo gracia la comparación. Apartó la sábana y llevó su mano a mi aparato, lo agarró sin muchos miramientos y lo apretó entre sus dedos con fuerza

–         Vaya, vaya, listo para el combate

–         Oye, ten cuidado que me lo vas a desgraciar

–         Anda y cállate tonto del culo

Soltó mi rabo, se puso de pie, me agarró con fuerza de la muñeca izquierda y tirando de mí para que me levantase me dijo en voz baja

–         ven conmigo

Y tiró de mí dirección a zona de las habitaciones. Me dejé llevar, porque pensé – ya está esta me lleva al baño y me hace el pajote de mi vida-, porque las demás habitaciones estaban ocupadas, y no había otro sitio libre en aquella dirección, pero cuando pasamos la puerta del salón y pasamos de largo la puerta del baño empecé a preocuparme y, cuando paramos delante de la puerta de mi habitación, ya empecé a no entender nada. Muy nervioso le susurré

–         oye, pero donde vamos María

–         ssshhh ¡cállate!

Abrió la puerta de la habitación, que estaba prácticamente a oscuras, a excepción de la luz de la farola que entraba por la ventana desde la calle, una luz tenue a través de los huecos de la persiana que no estaba bajada del todo, pero suficiente, tiró de mí con fuerza para que entrase, y cerró la puerta despacio tras nosotros. En ese momento yo no acababa de entender nada, pero dado lo que iba conociendo de mi hermana en los últimos días, me estaba acojonando porque de nada bueno podía tratarse. Me hizo una señal de que me estuviese quieto y puso su dedo índice en mis labios para que me mantuviese callado. Acto seguido se acercó a la cama donde estaba acostada mi prima Amaya, que estaba de lado, de espaldas a nosotros y mirando hacia la pared, tapada con la sábana, se sentó en el borde con cuidado, le puso una mano en el hombro y la zarandeó suavemente mientras la llamaba en voz baja

–         Amaya…Amaya…despierta….prima, despierta

A los pocos segundos nuestra prima levantó un poco la cabeza y se giró hacia María y le hablo con voz de estar completamente dormida

–         María…¿qué pasa tía?…es muy tarde

–         Despierta prima, mira quién ha venido a verte

–         ¿qué…?

Se giró hacia mí, y por lo poco que pude ver con aquella luz deficiente, su cara mutó de repente de modo sueño a modo sorpresa; se incorporó en la cama apoyándose sobre sus codos, tapada por la sábana

–         Vicen…

Me quedé de pie, como un idiota y lo único que se me ocurrió fue levantar  mi mano derecha y decir

–         Hola Amaya

La mirada de Amaya pasó de mi cara, a la de María, que se había apartado para que nos pudiésemos ver bien, y de ella al evidente abultamiento de mis partes nobles. María rompió el incómodo silencio posterior haciéndonos evidente cual era su estrategia. Nos habló en voz baja, casi susurrada

–         Bueno chicos, os dejo para que habléis de vuestras cosas

Y sin decir nada más, salió de la habitación tan silenciosamente como había entrado. Me quedé como allí de pie, como un poste, mirando hacia mi prima sin saber que hacer ni qué decir, pero ella parecía tenerlo mucho más claro y con su voz aniñada, tan bonita como sensual aún recién despertada, me invitó a acercarme, estirando su mano

–         Ven Vicen,

Me acerqué despacio y cuando estaba a un palmo de la cama Amaya levantó la sábana y se movió hacia la pared para dejarme sitio e invitarme a acomodarme en mi propia cama. Miré su cara mientras sus ojos se clavaban en los míos, y me recibió con una bonita sonrisa. Su pelo, un tanto ensortijado, y revuelto le tapaba un poco la cara pero, aún así estaba muy guapa

–         Anda acuéstate a mi lado

Cuando levantó la sabana me mostró su preciosa anatomía; estaba vestida únicamente con una pequeña braguita de color rosa, que llevaba un lacito a la altura de la cintura, justo bajo el ombligo, que por cierto se veía muy apetecible en su plano y blanco vientre, y una camiseta de color rosa, tipo top recortada justo unos centímetros por debajo del final de sus pechos. Sus pezones se marcaban de forma evidente bajo la prenda, formando dos pequeños conos. No pude evitar mirarla de arriba abajo con deleite, de cerca y casi sin ropa estaba aún más buena. Amaya me sacó de mi ensimismamiento con su dulce voz, aún más sugerente, si era susurrada a tan solo un palmo de mí; estaba muy cerca

–         Primo, tenemos que hablar

–         Si…

–         Verás, todo lo que ha pasado antes…en fin…¿te ha gustado?

–         Si, claro…

–         Es que yo quería que pasara, pero no quería que tuvieras una idea equivocada de mí, ya me gustabas mucho el verano pasado…bueno siempre me has hecho tilín, pero desde el verano pasado empezaste a gustarme de otra manera…¿entiendes?

–         Creo que sí…

–         Entonces, cuando ya sabía que íbamos a venir estos días, estuve hablando con María…

Otra vez María

–         Y pensé que ya estaba bien, que tenía que intentarlo…y si me salía mal por lo menos lo había intentado…me gustas mucho…¿sabes?

–         ¿Y…?

–         No si al final va a tener razón María con que eres medio tonto

Y me plantó un beso en los labios y se me quedó mirando, expectante. Me acerqué lentamente y le di un dulce beso en la boca, tan suave como pude, y ella me lo devolvió separando sus labios y besándome menos candorosamente, luego me dio otro, y otro, y al siguiente se quedó literalmente pegada a mí, me hizo girar y tumbarme en la cama y en un rápido movimiento se puso sobre mí, cogió mi cabeza entre sus manos y esta vez su beso vino acompañado de la punta de su lengua y de un pequeño gemido; la recibí sorprendido y liberé la mía, (bastante torpemente creo), y comenzamos a jugar entrelazándolas, introduciéndola en la boca del otro, sacándola y jugando con ellas en unos besos cada vez más húmedos y calientes, más cercanos a lo sexual que a una demostración de amor o cariño, con lo que nuestras respiraciones se estaban alterando cada vez más, se aceleraban descontroladamente y nuestros cuerpos comenzaron a acompañarlas con movimientos involuntarios. Notaba los pechos de Amaya clavados en mi pecho, su vientre suave aprisionando mi rabo, y la suavidad de su cuerpo y su calor, con lo que llegué a pensar que iba a estallar y me correría de un momento a otro, por lo que creí prudente avisar a mi prima

–         Amaya, creo que no puedo más, si sigo así me voy a correr, estoy muy cachondo

Se separó de mí, se incorporó y poniéndose a horcajadas se sentó sobre mí de manera que su vagina estaba sobre mi verga, tan solo separados por mi pantalón corto y sus finísimas braguitas, le ardía y casi notaba su humedad. Con una mirada de lujuria en los ojos y pasando la punta de su lengua por la comisura de sus labios me miró durante un momento, luego se acercó a mi, me lamió con la punta de su lengua húmeda por el lóbulo de mi oreja izquierda y me susurró excitada

–         Pobrecito Vicente, esto lo vamos a tener que solucionar

Sentí un escalofrío que me recorrió toda la espina dorsal. Era la primera vez en mi vida que mi prima me llamaba por mi nombre completo. Solamente mis padres, cuando se cabreaban conmigo me llamaban así, o mis profesores. Se volvió a incorporar, tiró de mi pantalón de deporte hacia abajo y se movió para poder sacármelo del todo por los pies, se quitó el top sin dejar de mirarme, después las braguitas con un ágil movimiento, y nos quedamos los dos completamente desnudos; ahora si notaba sus labios sobre mi polla, que ya no podía estar más dura, ella  estaba muy mojada, estaba ardiendo también. Cogió mis manos y las llevó a sus pechos; eran suaves, más grandes de lo que me habían parecido inicialmente, tal vez porque estaban duros, firmes, tenían un tacto fantástico y sus pezones duros como piedras los hacían parecer más delgados. Agarré con suavidad aquellos pechos y ella gimió, los amasé con deseo, y comenzó a mover lentamente sus caderas. Luego me concentré en los botones que formaban sus pezones y los comencé a pellizcar. Amaya aceleró el ritmo de sus caderas y su respiración se escuchaba muy alterada. Se dejó caer un poco más hacia delante y se agarró de mis caderas, para después adelantar ligeramente su pelvis hacia mí, de manera que podía hacer más fuerza sobre mi miembro. Ahora sus labios se abrían acariciando mi polla que quedaba aprisionada bajo ella. Amaya comenzó un movimiento de adelante hacia atrás presionando sobre mi rabo, empapándolo de toda la humedad que brotaba de su interior producto de la excitación, movía sus caderas con una cadencia exquisita. Me aferré a su magnífico culo por primera vez, un culo redondo, respingón, rotundo, duro y presioné sobre él

–         Si…primo…si, apriétalo, tócalo, es tuyo….si…

Amaya ahora ya se frotaba sin miramientos sobre mí, de manera que conseguía rozarse desde su clítoris hasta casi el asterisco de su fantástico culo con cada movimiento, y estaba tan húmeda que resbalaba sobre mí miembro sin la menor dificultad, ya me había puesto perdidos los muslos, pero me daba igual, ahora mismo tenía una ninfa sobre mí y era lo más genial que había sentido nunca, eso si era una superpaja, ¡y con mi prima!. Aún no llevaba ni dos minutos en esa tarea

–         Ay, primo, que no puedo más…me voy a correr…aaayy…estoy muy mojada

–         Yo estoy a punto Amaya

–         Avísame Vicen…uuuuufff, avísame cuando te vayas a correr

–         Siii….falta…poocoooo…

Aceleró el movimiento de sus caderas y aumentó la presión todo lo que pudo sobre mi polla, no sé si tanto para satisfacerme a mí como para encontrar su ansiado orgasmo, y se le comenzaron a escapar algunos gemidos que a duras penas podía contener

–         Uuuuuummmmm, aaayyyyyy, uffff, uuuffff, casi me co…me corroooo

–         Y yo… Amaya

En ese momento, redujo sus movimientos limitándolos nada más a la parte delantera de mi miembro, de manera que me acariciaba solo el final de mi tronco y el glande, y eso me hizo estallar sin poderme aguantar más

–         Me corro prima, joder…me corroooo

–         Y yo Vicen, mi amor.. AAaaaaaaaahhhhhh

Y noté una intensísima sensación que me subía desde los huevos hasta el tronco y llegaba al glande, de manera que comenzó la madre de todas las eyaculaciones. El primer lefazo me llegó hasta la barbilla mientras ella presionaba mi rabo con fuerza, se tensaba, y solamente se movía unos escasos centímetros, seguramente presionado en el punto en el que se concentraba su placer en ese momento. Me estaba clavando las uñas en los costados, cerca de mi culo. El segundo y tercero disparo cayeron sobre mi vientre, cerca de mi pecho, hubo un cuarto que cayó en mi ombligo, y el quinto se quedó mezclado con los jugos de mi prima, que ya había aflojado la presión, (de su coñito sobre mi rabo y de sus uñas sobre mi piel), y me miraba con la boca y los ojos muy abiertos, como si buscara el oxígeno que le faltaba. Yo me había quedado en la gloria, aunque mi polla aún se agitaba dando pequeños saltitos

–         Joder Amaya…

–         Uuufff primo, que maravilla

Aún sobre mí, se echó el cabello hacia atrás con las dos manos, se lo recogió con un coletero que llevaba en la muñeca, (y que yo no había visto hasta el momento), me sonrió y se tumbó despacio encima de mí, muy pegada

–         ¿molesto?

–         Para nada, pero te vas a pringar…

–         No me importa si es tuyo Vicente

Otra vez Vicente, esto se ponía serio

–         no te importa que no hayamos follado ¿verdad?

–         No prima, ni lo había pensado

–         Es que todavía no lo he hecho nunca, y me apetecía mucho hacerlo contigo, pero ahora, aquí, con tanta gente…aunque tiene su morbo…

Y me sonrió. Otra a la que le iba el morbo, debía ser de familia. Me miró fijamente y descubrió parte del semen que había llegado a mi barbilla y que yo había olvidado, sacó su lengua, me lo limpió y se lo llevó a la boca

–         Ummmm, está bueno, como tú…vamos a probar más…

Se separó un momento de mí, buscó parte de la corrida que había quedado atrapada entre nosotros, la recogió con el dedo y sacando su lengua se la llevó a la boca; después bajó un poco la cabeza y me limpió el pecho de los restos de lefa que fue encontrando

–         pero que vicio tienes prima

–         no lo sabes tu bien…pero es solo para ti…

–         Bueno, no quiero ser borde, pero me voy a tener que ir a dormir al sofá antes de que se den cuenta

–         ¡no porfa!, quédate conmigo

–         Pero Amaya..

–         Solo un ratito, vaaaaa

Y se me acercó como una gatita mimosa, llenándome de tiernos besos. Como no podía ser de otra manera, accedí…y no fue solo un ratito, nos quedamos totalmente sobados toda la noche. Me dormí con mi prima Amaya pegada a mí, desnuda. Nunca me había sentido tan bien en toda mi vida

–         Vicen, ¡Vicen!, tonto del culo, despierta, ¡despierta!

–         Queeee paaaasa

–         Despierta, gilipollas, ¡que te la vas a cargar!

–         ¿queee…?

–         Que te van a pillar, idiota, espabila y vete cagando leches al sofá

Era María y, por lo que pude ver por el resquicio abierto de la persiana, estaba amaneciendo. Ella salió de la habitación al pasillo para vigilar, mientras yo me ponía el pantalón de deporte

–         Venga, ¡rápido!, que no hay nadie, pero deben estar a punto de levantarse

Me levanté, y me paré un momento para mirar a mi prima. Estaba preciosa, desnuda con su melena negra, ondulada y alborotada cubriéndole parte de la cara. Realmente estaba muy buena. Con una sonrisa triunfal en la cara salí de la habitación, me colé a toda prisa en el sofá y me tapé con la sábana. Prometía ser un fin de semana de lo más interesante…

Muchas gracias por leerlo. Espero que os agrade y entretenga. Vuestros comentarios, valoraciones y sugerencias serán muy bien recibidos.

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