ALMUTAMID

El lunes llegamos a clase tarde y de nuevo hicimos una entrada en el aula de la mano a la vista de todo el mundo. María se mostró impasible cuando la saludé al pasar cerca de ella. Sin embargo en el cambio de clase me vino a buscar para acordar como quedábamos para terminar el trabajo. No se quedó a tomar café con nosotros pero quedamos en comer juntos como siempre, lo que me tranquilizó tras nuestra última discusión.
Al salir de clase al mediodía me despedí de Marta y me fui con María a comer. Parecía estar tranquila, normal. Ella siempre había pensado que estaríamos estudiando juntos pero entendía que teniendo novia y de la misma clase estudiara con ella. Me alegró su sinceridad y comprensión. Hablamos también de cómo nos habíamos organizado los exámenes. Ella haría todos lo cuatrimestrales seguidos así que a mediados de junio ya habría terminado y seguramente aprobado. Es muy buena estudiante.

Y la verdad que yo, que siempre fui de buenas notas en el instituto no lo era por matarme a estudiar. Lo mío era una lucha permanente entre el niño bueno de notas malas y el pretendido malote. Aunque gracias a mi habilidad con el balón gozaba de amistades de todo tipo nunca fui popular al estilo de las teen movies americanas. Blanco, delgado, no demasiado alto…y hasta los 16 años con gafas nunca destaqué. Así es más fácil entender como mi popularidad en la facultad gracias al fútbol sala y mis éxitos con las chicas me habían dado una autoestima desconocida y un descaro que a mí mismo me sorprendía en ocasiones. Enrollarte con cuatro chicas en el mismo curso, perder la virginidad y tener, por fin una novia que veía todos los días y con la casi siempre había sexo era algo con lo que ni soñaba en el instituto y ni mucho menos a principios de curso con mis intentos patéticos con Claudia y María.

Y qué distintas eran las dos. Claudia siempre capaz de dominar sus instintos, llevando las riendas de su vida y dándome una de cal y otra de arena. Con ella viví los momentos más excitantes y bochornosos del curso. Excitantes cuando le cedí mi camiseta para que no se transparentaran sus pechitos, el masaje que le di rozando esos mismos pechitos que me enloquecían y sobre todo la clase de anatomía donde casi creí que se lanzaba a por mí. Sin embargo siempre se había escabullido en esos momentos con salidas maduras a veces desconcertantes e incluso me humilló el día que yo entendí que se reía de mi desnudez en la partida de cartas.

María había sido otra cosa. Inocente. Aplicada. La tenté con mis salidas en su dormitorio aunque ella también me buscó. Sus masajes terminados en masturbación no casaban con su actitud puritana. Su incapacidad para canalizar sus sentimientos a través del contacto físico y su obsesión por aparentar siempre ser la niña más buena se habían cargado nuestra relación y sus celos por mi relación con Marta apuntaban a romper nuestra amistad. Pero allí estábamos los dos comiendo como buenos compañeros apenas unas semanas antes de separarnos durante el verano. De hecho me decía allí comiendo que si aprobaba todos los cuatrimestrales, algo que yo no dudaba, se volvería a su casa y ya no volvería salvo que tuviera que hacer algún examen final, pues las notas se podían ver por internet e incluso entregar la matrícula del curso siguiente.

La comida fue agradable, como antes de salir juntos. Estaba contento de ver cómo había asumido lo mío con Marta siendo capaz de mantener nuestra amistad. Incluso, yo le ofrecí quedar una tarde en la biblioteca de la facultad o en alguna cafetería para terminar el trabajo pero ella me ofreció su casa donde íbamos a estar más cómodos y sin ruidos. Me pareció bien. Así que como hacía calor quedamos en que iría a la residencia a cambiarme de ropa y coger el ordenador donde tenía guardado lo que ya había adelantado y me iba a su casa. Nos despedimos y me fui a ponerme ropa más cómoda. Lo propio de la época: pantalón corto y camiseta.

De camino a la residencia mandé un mensaje a Marta para avisarla que esa tarde no la vería. Me respondió con emoticono de penita pero quedamos en que si terminaba pronto antes de la cena me pasara a buscarla y vernos un ratito. Paseíto y algún achuchón que nunca viene mal.
Llegué a casa de María y nos metimos en su dormitorio. No le convenció mucho el planteamiento que yo había hecho del trabajo. No tanto por el contenido sino por el orden y la presentación. Yo viendo lo bien que me había ido con ella todo el curso acepté sus cambios y no pusimos mano a la obra. Parecía que no hubiera ocurrido nada entre nosotros yo retocando el trabajo sentado con el portátil mientras María se paseaba por la habitación con unos leggins negros y una camiseta de tirantas. Era la ropa que se ponía para darme los masajes.

La actitud de María me hizo trabajar relajado y aunque tardé más de lo inicialmente previsto sabía que nos iba a quedar bien. De hecho paré un momento para avisar a Marta de que aún no habíamos terminado. Me mandó un beso y quedamos en vernos para ir a clase en el mismo sitio que esa mañana al día siguiente.

María observaba como subía el trabajo terminado a la plataforma virtual de la universidad de pie detrás de mí, y en el instante en que apareció el mensaje en la pantalla de que el archivo había sido subido con éxito sentí sus manos en mis hombros. Giré la cabeza para sonreír mientras le dije:

-María, por fin hemos terminado.

Pero ella ajena a mi comentario me dijo:

-Luis, tienes los hombros muy tensos de tanto ordenador.-mientras hacía movimientos me masaje.
-Gracias, pero no te preocupes estoy bien…
-¿Ya no te gustan mis masajes?-preguntó sin soltarme.
-Sí me gustan, pero tengo novia. No estaría bien…-respondí levantándome de la silla para recoger el ordenador.
-Sólo es un masaje, Luis. Nada más. ¿O quieres acabar como otras veces?-preguntó con una extraña sonrisa maliciosa.
-María. No, por favor. Tú y yo somos amigos y yo tengo novia.
-Ya no te gusta que te toque ahí. ¿Antes me provocabas para que lo hiciera? No soy tonta, sé que me buscabas y yo te lo daba…
-María me estás asustando-dije terminando de guardar el ordenador en la mochila- Me voy y ya hablamos cuando pienses mejor…

Pero María se plantó en la puerta de la habitación para no dejarme salir.

-Cortaste conmigo porque no te hacía cositas…déjame que te las haga ¿no? Para que veas que puedo ser como otras chicas…
-María ya no. Ese tren ha pasado y ahora quiero tener una relación con Marta y poder seguir siendo tu amigo…déjame salir por favor…
-¿Quieres que te la chupe? Sé que eso os gusta a los chicos. ¿O quieres metérmela? Si esa es la diferencia entre esa niña y yo, yo te lo puedo hacer también…
-Por favor, no me hagas esto más difícil…-le rogué.

Pero María no atendía a razones. Estaba realmente convencida de que con sexo me recuperaría. ¿Fui tan frívolo con ella que le di esa imagen? ¿Realmente pensaba que mi problema con ella era sólo la falta de sexo?

Pero María estaba decidida en su plan de “recuperarme” con aquella encerrona pues sin moverse de delante de la puerta se quitó la camiseta quedándose en sujetador. Nunca la había visto en ropa interior y destacaba la blancura de su piel a pesar de que la prenda interior era del mismo color.

-María esto no es necesario. Te quiero mucho para verte así…
-Pues si me quieres ven y tómame…-dijo quitándose el sujetador dejando dos preciosos pechos desnudos firmes, muy blancos con dos pezones grandes y de color pálido.
-Esto es una locura María. Por favor no te humilles de esta manera.-le supliqué.

Estaba trastornada. No escuchaba mis súplicas y siguió quitándose la ropa. Se sacó el leggin negro quedándose en bragas blancas de encaje. Y cuando se sacó el leggin por los pies repitió la operación con las bragas dejando a mi vista un pubis con escaso vello rubio oscuro no recortado. María era una monada pero yo estaba firme en mi propósito.

-¿Por qué no me diste esto cuando yo te buscaba María?-pregunté con reproche.-¿Por qué me rechazaste cuando quería abrazarte y tocarte? Y que tú me tocaras…¿He tenido que salir con Marta para que tú me desees? Mientras yo estaba sólo te daba igual pero ahora te entra miedo a perderme y pierdes la ropa y la cabeza. ¡Es que estás loca? Marta me gusta, estoy muy bien con ella y no voy a volver contigo y menos así…

María avergonzada de golpe, como recobrando la lucidez se tapó el pubis y las tetas con los brazos y corrió a intentar ponerse su ropa. Al apartarse de la puerta aproveché para salir diciendo:

-Lo siento mucho María, pero ahora te quiero de otra manera…

Pasé muy mala noche. No entendía como María había podido llegar a ese extremo. Me sentía culpable y a la vez dentro de una situación que no alcanzaba a entender. No me imaginaba a mí mismo haciendo algo tan humillante con Viqui. Pero sobre todo sentía que ella me iba a odiar y nada sería como antes.

Por la mañana recogí a Marta y disimulé antes ella mis sentimientos de pesar por lo de María, pero mi preocupación aumentó cuando no la vi en clase. En el cambio de clases le pregunté Teresa y Chusa:

-¿Sabéis algo me María? Es muy raro que falte a clase y más esta semana…

Me miraron con desprecio y Chusa me dijo:

-Desde luego Luis que ya te vale…podías dejarla tranquila, ¿no?

Mis alarmas se activaron. ¿Qué estaba pasando?

-Pero, ¿se puede saber qué pasa?-pregunté aturdido.
-La tienes hecha polvo. Déjala tranquila para que pueda olvidarte.-respondió Teresa.

O sea, que María les había contado ¿todo?. No iba a indagarlo. Me fui a la cafetería a reunirme con Marta para desayunar. María no vino a ninguna clase en toda la mañana. Preocupado le mandé un mensaje para saber si estaba bien.

“María, anoche me dejaste muy preocupado. ¿Estás bien? Me ha extrañado no verte en clase.”

Lo leyó pero no respondió. Decidí obedecer a Teresa y Chusa. Mejor dejar un tiempo y no agobiarla.

Pero yo tenía que continuar. Así que aquel día comí en el comedor con un compañero del equipo. Me fui después a la residencia. Le mandé otro mensaje a María: “Si necesitas hablar ya sabes que me tienes. Nadie va a saber nunca lo que pasó anoche”. Igualmente sin respuesta.
Con ropa cómoda me fui a casa de Marta para estudiar toda la tarde. Por más que disimulé al cuando llevaba un par de horas junto a ella en su mesa de escritorio me preguntó si me pasaba algo:

-Estoy preocupado por los exámenes- mentí.
-Pero si el primer cuatrimestre te salió muy bien. No tienes motivos.-me animó Marta.
-Ya. Cosas mías, me da por preocuparme ahora…

Marta se levantó de la mesa y me hizo echar la silla hacia atrás para poder ponerse entre la mesa y yo. Hasta entonces no me había fijado en su ropa de tan ensimismado que estaba. Mi chica llevaba unos culottes cortitos dejando totalmente sus muslos a mi vista y haciéndole un culo espectacular pero arriba llevaba una camiseta de esas de lycra deportivas de tirantas y cortita como a ella le gusta con su piercing a la vista. Pero en lo que no me había fijado hasta entonces en las dos horas que llevaba esa tarde con ella es que iba sin sujetador y sus pezones se marcaban como dos grandes pinchos en la fina tela de su top. Cuando me fije no pude evitar decirle:

-¿Los otros hombres que pasan por la casa te han visto esta ropita?
-Es posible…-respondió sentándose sobre mí mirándome de forma que su sexo apretaba el mío y nuestras caras quedaban muy cerca.
-¿Y los has puesto tan nerviosos como a mí?
-No lo sé…tampoco los he provocado…-me contestó quitándose la camiseta dejando sus pechos a mi disposición.
-Pues a mí me estás volviendo loco…-respondí subiendo mis manos a sus pechos para comprobar la dureza de sus pezones.

Marta gimió al sentir el roce de mis dedos y la besé en los labios. Para a continuación decirme:
-Siento tu nerviosismo apretado ahí abajo…

Y diciendo esto se deslizo hacia atrás poniéndose de rodillas entre mis piernas. Tomó el elástico de las calzonas y los calzoncillos a la vez y tiró de ellos para desnudarme. Yo me levanté de la silla para ayudarla. Me dejó desnudo de cintura para abajo y me volví a sentar en la silla. Ella seguía entre mis piernas. Al sentarme agarró mi polla descubriendo mi glande hinchado y levantó la mirada para decirme:

-Estás muy nervioso y Marta ahora te va a relajar…

Acercó su cara a mi polla y sopló poniéndome atacado. Después lamió mi glande obteniendo mi primer suspiro.

-Shhhh, calladito, que nos oyen…

Retomó la lamida mientras yo sustituía los gemidos por respiraciones profundas hasta que se metió todo mi glande en la boca pasando la lengua por él. Mi respiración se aceleraba. Lo repitió varias veces mientras yo dejaba caer mis brazos a los lados de la silla. Entonces volvió a meterse mi polla en la boca pero esta vez se la tragó casi entera pegando su carita a mi vientre. No entiendo como una carita tan chica podía tragarse mi pedazo de carne. No tengo los pollones esos de los verracos de los vídeos porno, pero no ando mal parado por lo que veía en las duchas de la residencia y los compañeros de equipo. Sólo me acomplejaba con Óscar que sin empalmar tenía un buen trozo colgando.

Pero volviendo a Marta. Se tragó casi entera mi polla y la aguantó un ratillo así apretada contra su garganta hasta sacarla totalmente babeada. Sus babas chorreaban por mis pelotas.

-Qué rico está mi Luis…-dijo pasando su lengua por mi precum.

De nuevo otra mamada profunda. Aguntaba un poco y se la sacaba chupando fuerte. Hizo ruido pero me daba igual. Lo repitió, 3, 4, 5 veces más hasta que no aguanté y le dije:

-Marta necesito metertela…no quiero correrme sin sentirme dentro de ti…
Se levantó y me dijo:
-Ten cuidado que aún no estoy bien del todo…

Se quitó los culottes. Llevaba tanga. Uno de rayitas blancas y azules. Se lo quitó. No veía su raja, pero a la distancia en que estaba tenía su pubis delante de mí y en el hueco entre sus muslos asomaban sus labios un poco hinchados. Estaba excitada de mamarmela. Se acercó a mí. Yo junté las piernas para que pasara sobre ellas. En esa postura, ella de pie frente a mí con las piernas abiertas sus pechos quedaban justo frente a mi boca de modo que me lancé a chuparlos, succionando sus pezones mientras agarraba su culo y bajaba mi mano hasta su raja comprobando su humedad. Qué rico sus pezones y que rico su gemido sordo al chupárselos.

-Tú sí que estás rica…-le susurré.

Entonces Marta flexionó las piernas bajando por mi vientre mientras yo sujetaba mi polla para dirigirla a su coño. Cuando la sintió gimió. Y yo también. Estaba caliente y mojada. Metí mi glande sintiendo como su chocho se estremecía y Marta fue descendiendo despacio hasta quedar totalmente empalada por mí. Se abrazó fuertemente a mí y yo a ella. En ese momento nuestros cuerpos eran solo uno. Era increíble como su coñito envolvía totalmente mi polla en esa humedad caliente. Ni con Marina ni con Viqui había tenido esa sensación, de modo que cada movimiento de su cuerpo mi polla lo sentía como si la estuvieran apretando y ordeñando.

Pero además de su estrechez podía sentir como su humedad salía hacia fuera empapando más mis pelotas apretadas entre su culo y mis muslos por su peso. Pasamos varios minutos así ensartados. Marta además había subido sus piernas a ambos lados d ela silla para profundizar más la penetración. Yo movía mi polla dentro de ella sólo con mis esfínteres mientras Marta gemía suave en mi oreja.

-¿Me dejas vivir dentro de ti?-le dije acariciando su espalda.
-Me llenas entera, Luis…!cómo te siento¡
-Encajamos perfectamente, ¿será que estamos fabricados el uno para el otro?-pregunté justo antes de que Marta se lanzara a por mis labios.
-Pero yo quería relajarte…-respondió bajando las piernas de nuevo al suelo para empezar a subir y bajar su culo despacio.
-Contigo encima podría vivir toda la vida…
-Pero ahora voy a hacer que te corras…-me susurró al oído justo antes de empezar a montarme.

Era la primera vez que follaba así cara a cara viendo sus gestos de placer al sentir el roce de mi polla con su coño. Quise acelerar su orgasmo y jugué con su ano como había visto hacer en algún vídeo porno. A pesar de su sube y baja conseguí hacer presión con mi dedo corazón en su ano y en una de sus bajadas al relajar los músculos colé una falange. Marta gimió. Apreté un poco más. Aceleró el ritmo de su cabalgada y conseguí meterle más de medio dedo. Era una sensación extraña sentir como mi dedo rozaba con mi propia polla estando su ano y su vagina de por medio. Pero más sensacional fue cuando Marta empezó a temblar dejándose caer sobre mí ensartada del todo de nuevo y sentía las contracciones de su útero rozando mi polla. Era increíble. Toda ella era temblor caída sobre mí mientras yo la abrazaba.

Esperé que terminaran sus contracciones entre abrazos, caricias y besos.

-Mi niña se ha corrido, me encanta….
-Pero faltas tú…-me dijo- pero tengo el chochito un poquito escocido, espera.

Se salió de mí lanzando un fuerte suspiro y soltando todo el aire de sus pulmones.

-Tengo las piernas flojas.-dijo al ponerse de pie.

Se agachó otra vez de rodillas entre mis piernas y empezó a pajearme.

-Ahora vas a ser bueno-me dijo- y me vas a dar tu lechita.

Verla allí de rodillas a mis pies meneándomela me tenía a punto casi y Marta era consciente así que para provocarme más sujetó mis pelotas con la mano libre y siguió pajeándome con los labios rozando mi glande. Llevaba tanto tiempo con sensaciones preorgásmicas que cuando salió el primer chorro no me dio tiempo de avisar y se estrelló en sus labios. Marta se separó sin dejar de meneármela fuerte mientras mis lefazos saltaban a mi barriga y muslos hasta que los últimos ya sin fuerza resbalaron por el tronco de mi nabo. Marta entonces se agachó de nuevo rozándose mi glande supersensible contra sus labios cerrados manchados por mi primer lefazo hasta que tuve que rogarle que parara pues era demasiado sensible, casi molesto.

Entonces se levantó, se sentó de nuevo en mis piernas esta vez de lado y me besó con mi semen en sus labios. Me dio un poco de asquillo la verdad. Supuse que el sabor dulzón que me pasaba era el de mi propio semen así que no busqué su lengua ni ella me presionó. Se levantó y con la mano se limpió un poco los labios.

Tras semejante polvazo como comprenderéis me olvidé de María. Y más con esas cosillas que pasan después del sexo con complicidad que muchas veces unen más a una pareja que el propio sexo. Pues Marta y yo estábamos desnudos en su dormitorio otra vez llenos de semen. Esta vez no se escurría entre sus piernas sino más bien por mi barriga y pelotas, aunque le había dejado un buen plastón en los labios (el primero siempre es más espeso) que ella me había traspasado a mí en el beso a mis labios y barbilla.

Había que ir al baño. Marta se puso la camiseta y los culottes con el tanga y salió al pasillo. Cerró la puerta del salón y tras comprobar que todas las puertas estaban cerradas me avisó para que corriera por el pasillo al baño. Entré y lo primero que hice fue limpiarme y enjuagarme la boca. Después pasé a limpiarme con agua y jabón la barriga y la polla y las pelotas, totalmente llenas de babas, flujo y semen. Que pringosito es el sexo, jeje. Marta observaba mis abluciones mientras esperaba que dejara libre el lavabo. Ahí me di cuenta que no había cogido los calzoncillos ni las calzonas del dormitorio.

Mi chica salió del baño a buscármelos mientras yo terminaba de limpiarme, pero en el pasillo se cruzó con Silvia. Las hoy hablar y Marta le dijo que yo estaba en el baño. A los segundos entró Marta trayéndome mi ropa. Entonces me fijé que aún tenía mi pegotón de semen junto a la boca. Se lo quité con la mano. Y ella terminó de anjuagarse con agua.

-Silvia me lo ha visto…-me dijo con los ojos como platos.
-No sabrá que es- dije quitando importancia.
-Seguro que sí.
-Pues le das envidia…-dije tranquilo.

Marta me dio una colleja diciéndome:

-Creído…
-Que no es eso…envidia por ti, por tener sexo con tu novio, no por este pedazo de tío que está contigo…

Me dio ahora un cate en el culo.

-Te aseguro que Silvia no anda escasa viendo los tíos diferentes que he visto salir de su dormitorio…

Entonces me acordé del chico del fin de semana.

-¿No es su novio?-pregunté.
-Que va. Cuando le apetece se trae a uno. Este ya ha venido otras veces pero no es fijo…
-Vaya con Silvia…y se metía con nosotros…
-En esta casa la única que no follaba era yo, hijo…
-Pues ya está resuelto…-dije besándola.

Regresamos al dormitorio. Aun tenía una hora antes de tener que salir, pero cualquiera se ponía a estudiar. Nos tumbamos en la cama y Marta me pidió que los próximos días no podíamos enrollarnos hasta que no hubiésemos terminado de estudiar.

-Pero si has empezado tú.-me defendí.
-Bueno, hoy es que te veía apagado…pero prométeme que no me vas a buscar hasta que no paremos…
-¿Me vas a provocar?
-No me voy a vestir de monja en mi casa desde luego con la calor que hace…

Estábamos tan bien juntos que aunque no hubiésemos tenido sexo yo me habría ido igual de contento cuando llegó mi hora de volver a la residencia. Esa noche ni me acordé de María. Sólo pensaba en Marta. En su cuerpecito, el sexo que teníamos y nuestros planes de futuro en verano y en la universidad. ¿Sería mi chica definitiva?

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