Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Eran las seis de la tarde de un mes de invierno. Por la ventanilla se podía apreciar aún la luminosidad de un bello atardecer. Las luces del tren ya estaban encendidas y Martha estaba concentrada en su lectura.

El compartimento era amplio, lujoso, acogedor, cómodo.

Ella iba a gusto y descansada después del trajín de los últimos días.  Cómodamente y despreocupada, pasabas las hojas de una revista que había comprado en un kiosco en la misma estación. De pronto sus manos cambiaron de ritmo al tropezar con unas imágenes que captaron su atención, eran las fotografías de la boda de su sobrina en la que había participado aquel fin de semana.

¡Un reportaje muy completo!

En primer lugar, la ceremonia con fotografías de los novios y los padrinos, y las seis damas de honor. A continuación, el banquete en los jardines del hotel Palas donde se hospedarían los novios aquella noche. Por último, una pequeña reseña de los personajes más ilustres que habían sido invitados.

Su mente volvió a aquel evento.

Llegó la tarde anterior a casa de su ahijada, esta le había pedido que le ayudara supervisando su arreglo personal. Todo había salido perfecto. Estaba hermosa, además era muy fotogénica y en la imagen irradiaba la felicidad del momento.

La ceremonia religiosa fue muy sencilla y emotiva. 

El banquete resultó muy acogedor y entrañable. Hubo un momento inolvidable cuando el padre de la novia habló de la semblanza de su única hija. A los padres siempre le impresiona el tener que desprenderse de ella, pues, aunque se quede a vivir en la misma ciudad, en la casa se la echará de menos.

Los novios abrieron la programación del baile con el clásico vals y a partir de ese momento la música no les dejó hasta el despido del último invitado.

Había convidada mucha gente joven por lo que se creó un ambiente festivo muy animado y bullicioso.

De todo esto, con mucho detalle daba información aquella revista.

Martha no pudo dejar de recordar otra boda de hace 23 años, la de su propio hermano Roberto, un joven ingeniero que comenzaba a abrirse paso en la vida laboral y se casaba con la hija de uno de sus profesores de la universidad.

¡cómo habían cambiado las cosas!

Ahora era todo un personaje se había hecho famoso y acomodado gracias a su trabajo y tesón y había podido holgadamente criar a su hija dándole una buena carrera y hoy disfrutaba de ello.

Gracias a su buena posición varios de los invitados eran gente notable de la sociedad local. El alcalde y su señora, el gobernador y su hija, varios empresarios con sus respectivas parejas… en fin que no se había escatimado nada para que la boda de su pequeña Emma resultara perfecta.

El tren llegó a su destino, Martha cerró la revista con mucha satisfacción diciendo:

‘Nada más que me queda desearles ¡que sean felices!’

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