MARC MELLADO

tu herencia la tengo siempre

delante, centelleando, con una vocación

de estampita o espejo antiguo, en el contorno

de las sombras que me acompañan, cruel

estribillo adhesivo y evidente

que no entiende de horario,

lenguaje o compañía.

qué mundo tan diferente

si pensaras en lo pírrico de tu regalo

-que a veces es un detalle insignificante

que vaga entre frases hechas

y otras es demasiado-,

si el valor de lo que conquistaste

no tuviera un áspero regusto

a esa consecuencia universal

llamada olvido: justo

castigo para aquél

que aún no ha abierto

la caja de la vida.

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