ECONOMISTA

44

Estaba Claudia en su despacho esperando el final del curso, ya había corregido los exámenes y publicado las notas. Apenas quedaban unos días de Junio, cuando de repente tocaron en la puerta. Se imaginó que sería otro profesor y se levantó a abrir, pero se encontró a Mario y Lucas, no sabía que es lo que querían.

– Hola chicos, ¿hay algún problema?, pasad…

Les ofreció sentarse, pero los chicos declinaron la oferta.

– Solo va a ser un momento, queríamos darle las gracias por el año de tutoría, la verdad es que nos ha venido muy bien, ya sabe que hemos aprobado inglés los dos y con buena nota, dijo Lucas que era bastante mas lanzado que Mario.

– No hay de que, el mérito es vuestro, aunque me gusta que haya servido para algo el esfuerzo que hemos hecho teniéndonos que quedar una hora más a la semana todo el curso.

– ¿El año que viene podríamos volver a esas tutorías?

– No Lucas, solo es para alumnos que o bien han suspendido o han aprobado muy justos…

– Ah vale, pues nada, ya hasta el curso que viene.

– De acuerdo, venga hasta luego.

– Y gracias, otra vez.

Se quedó bastante sorprendida de que dos alumnos fueran a agradecerle que les hubiera dado clase, era la primera vez que la pasaba, además sabía que tenía fama de bastante dura entre los alumnos y de primeras no caía nada bien. Se acordó de su amiga Mariola, estaba viéndose regularmente con Lucas para jugar al pádel y además le había dicho que tenía la intención de follar con él cuando tuviera la mayoría de edad.

Para Claudia era una situación cuanto menos delicada, una amiga suya estaba quedando con un alumno, aunque era algo en lo que no se quería meter pensó que seria mejor hablarlo otra vez con Mariola. No quería verse salpicada en un supuesto escándalo por un tema tan delicado como este.

Por la tarde quedó a jugar al padel con Mariola, cuando terminaron el partido se fueron a tomar algo como casi siempre en la cafetería.

– Bueno Claudia, ya me ha dicho Lucas que ha sacado notable en inglés, gracias a tus clases, me ha mandado un whatsapp ayer por la tarde, estaba muy contento.

– Si, ha sacado muy buena nota en el examen.

– Nos hemos apuntado a otro torneo para jugar en verano.

– Vale, oyes Mariola, llevo unos días dándole vueltas a una cosa…

– Si, dime…

– Verás ya sé que no es cosa mía, pero me dijiste que estabas esperando a que Lucas fuera mayor de edad para…bueno lo que queráis hacer…

– Si, para acostarme con él…

– Si, eso, verás, al fin y al cabo si te pediría por favor que no hagas nada antes, es que me estoy rayando un poco con esto,  tu eres amiga mía, él es alumno…

– Para, para, tranquila, ya te he dicho que si esto te perjudica en algo me lo dijeras y no pienso hacer nada con él hasta por lo menos que cumpla los 18, ¿de acuerdo?

– Siento ser tan pesada con este tema, pero soy su profesora, la jefa de estudios del instituto, ya supondrás lo que podría pasar, no quiero que haya malos entendidos al respecto…

– No te preocupes Claudia, esto es una cosa entre él y yo, mira para que te quedas mas tranquila, no te vuelvo a hablar de Lucas, como si no supieras que nos conocemos.

– Vale, lo prefiero.

– Y ahora vamos a pegarnos una ducha, que tengo que pasar a recoger a Alba por casa de su padre.

Entraron en el vestuario y mientras se desnudaban siguieron hablando.

– Tienes suerte de poder contar con tu ex…

– Si, es muy buen tío, no le pone problemas a quedarse con Alba, ahora ya se queda dos fines de semana con ella al mes y muchas tardes que yo me vengo a jugar al pádel o a crossfit también se la llevo para que cene en su casa y luego paso a buscarla…

– Se te nota lo del crossfit, menudo cuerpazo se te está poniendo, cada vez estás mejor, dijo Claudia.

– Eso me dice José Luis también, sigue intentando que volvamos, aunque no me lo ha pedido, pero esas cosas se notan y eso que se ha echado una novia, jajaja.

Claudia se fijó en el cuerpo de su amiga, cada mes que pasaban notaba una ligera mejoría, el vientre cada vez mas plano y definido, el culo mas redondo y duro, las piernas mas fibradas, se cuidaba con toda clase de cremas, iba a liposuciones y no dejaba pasar dos semanas sin ir a la peluquería, Mariola parecía que tenía un pacto con el diablo, cada vez estaba mas joven y guapa.

Posiblemente el follar con jovencitos la estarían haciendo rejuvenecer así, pensó Claudia.

Al salir de la ducha Mariola se vistieron y comenzaron a hacer planes.

– Acuérdate que dentro de dos fines de semana nos vamos a Madrid, ya hemos sacado las entradas para el teatro.

– Vale, se lo he dicho a David y sin problema, me quedo la noche del sábado, hace tiempo que no voy al teatro.

– No, vamos a pasar dos noches, viernes y sábado y luego de fiesta por Madrid, a ver si ligamos con alguno, jajajaja.

– Eso ya os lo dejo para las que estáis solteras.

Se despidieron y luego Mariola pasó por casa de su ex-marido José Luis para recoger a Alba. Llamó al telefonillo abajo y la dijo que subieran.

– Hola, que tal, se saludaron con un beso en la mejilla. – te he dicho que subieras porque Alba todavía no ha terminado de cenar.

– Venga Alba que es un poco tarde y mañana hay que madrugar, deja de ver la tele y cena, dijo Mariola pasando al salón de la pequeña casa que su ex tenía en alquiler.

Se sentaron juntos en el sofá, se habían separado hacia unos tres años y les había afectado de manera desigual a los dos. Mientras Mariola había rejuvenecido 10 años José Luís parecía que había envejecido otros 10, le habían salido canas, había perdido pelo, ganado peso y se le habían puesto unas ojeras en la cara que antes no tenía. Era un contraste muy curioso.

– Bueno ¿y que tal el partido de pádel?, preguntó él.

– Bien, bien, hemos ganado…voy mejorando cada vez mas.

– Oyes Mariola, he estado hablando con Alba y me gustaría llevármela un fin de semana al parque de atracciones de Madrid, iría con Loli también, ya sabes mi pareja…

– Eso lo tendremos que hablar y cuadrar fechas.

– Si es por Loli no te preocupes, se lleva muy bien con Alba y ella está deseando ir al parque, me lo ha pedido.

Loli era la novia de su ex marido, solo habían coincidido una vez y parecía una mujer agradable, eso sí, no tenia nada que ver con Mariola, 45 años, pelo rubio oxigenado, trabajaba en una empresa limpiando portales, posiblemente la hubiera conocido en un bar de estos donde va gente de cierta edad a buscar pareja. No le gustaba mucho que hiciera planes con ella y su hija aunque lo tendría que ir aceptando, al fin y al cabo la niña cada vez pasaba mas tiempo con su ex-marido y él tenía derecho a rehacer su vida. Además José Luis nunca le ponía pegas cuando ella le llamaba para que se quedara con Alba mientras se iba a jugar al pádel o a las clases de crossfit.

Quería seguir manteniendo buena relación con él.

– Venga Alba, ¿te queda mucho?, dijo Mariola levantándose para ponerse a su lado.

José Luís no pudo evitar quedarse mirando el culazo de Mariola en mallas deportivas, no tenía nada que ver ese culo a unos años atrás cuando estaban juntos, era mas grande, mas redondo y parecía mucho mas duro, ella le conocía muy bien y sabía que si se giraba rápido le iba a sorprender a su ex con los ojos pegados en sus posaderas.

– Estás muy guapa Mariola, cada vez estás mas cambiada. ¿y tú no te echas pareja?

Ella se incorporó y se quedó de pies ante él, los ojos de José Luis se le clavaron en el coño que se le marcaba, aunque rápidamente subió la mirada.

– No, estoy muy bien así, no me hace falta ninguna pareja.

– Pues será porque no quieres, porque estás estupenda…algún “amigo” tendrás…

– No te preocupes por eso, si me echo novio serás el primero en saberlo, mas que nada por Alba, pero prefiero no hablarte de mis “amigos”, que por supuesto tengo.

– Entiendo.

“Amigos” había dicho en plural, eso es que estaba follando con varios, pensó José Luis, desde luego que Mariola tenía un brillo especial en la cara, no tenía pinta de estar mal follada en ese momento, además con el cuerpazo que tenía ahora seguro que no le faltaban candidatos.

– ¿Y cuando sería lo de ir con Alba a Madrid al parque de atracciones?

– Para el finde que viene.

– ¿El finde que viene?, sabes que me toca a mi.

– Bueno, no creo que pase nada por eso, pues el siguiente que se quede contigo.

– El siguiente no puedo, me voy con un par de amigas a Madrid, ya tenemos hasta las entradas sacadas para el teatro.

– No te preocupes por eso, no me importa estar dos fines de semana seguidos con Alba.

– No me gusta que me avises con tan poca antelación de estos planes.

– Perdona Mariola, no volverá a pasar.

– Vale, ya vamos quedando esta semana, a ver cuando quieres que traiga a Alba.

El viernes siguiente Mariola llevó a su hija para que pasara el fin de semana con su padre y su nueva novia Loli. Regresó a casa y se hizo la cena tranquilamente para después ponerse cuatro o cinco capítulos de Shameless. Al día siguiente tenía que organizarse, quería aprovechar que se quedaba sola todo el finde para quedar con algunos de sus “follamigos”.

Había tres con los que quedaba normalmente de edades entre 22-26 años, uno se había echado novia y de momento no se veían, otro tenía partido de fútbol por la tarde y luego cena con los colegas y el otro iba a pasar el fin de semana con unos compañeros de facultad a Salamanca.

¡Vaya, que mala suerte!

Le daba mucha pereza tener que buscar alguna cita nueva por el Tinder, tampoco le apetecía salir de fiesta, así que después de comer se echó la siesta y luego salió a andar un par de horas a buen ritmo. Cenó sola en casa tranquilamente unas verduras al horno con una botella de vino y se vió otros dos capítulos de Shameless antes de acostarse.

En la cama se sintió sola, después de haberse tomado el vino se arrepintió de no haber buscado a un tío con el que follar, ahora le apetecía mucho. Cogió el móvil y entró en el Tinder a ver si encontraba a un chico. Después de un rato estableció contacto con uno de 27 años, que no estaba nada mal. Hablaron un rato y quedaron en verse el domingo por la tarde en una cafetería.

Al día siguiente después de comer y echarse otra pequeña siesta Mariola se metió en la ducha y luego comenzó a arreglarse. Se puso unos vaqueros claritos muy ajustados, zapatos de tacón y arriba una pequeña blusa azul de manga corta, estuvo un rato maquillándose y cuando terminó se fue a la cafetería donde había quedado con el chico desconocido a las 18:00.

Si congeniaba con él, tenía un par de horas para follar antes de pasar a recoger a Alba por casa de su ex-marido.

Cuando entró, el chico ya la estaba esperando en la barra, a primera vista no le gustó tanto como en las fotos, era mas bajito que ella, estaría sobre 1,65 y además estaba muy nervioso. Se dieron dos besos y empezaron a hablar, no tuvo ningún feeling sexual con él desde el principio y aunque tenía ganas de sexo ya fue interiorizando que no se iba a ir con él.

Era evidente por la diferencia de edad y por los gustos de ambos que habían quedado exclusivamente para echar un polvo, 35 minutos mas tarde Mariola le dijo que se tenía que ir.

– ¿No te he gustado?, le dijo él.

– No es eso, eres guapete, pero no he tenido eso que hay que tener para irme contigo, siento haberte echo perder el tiempo.

– No pasa nada, eres una tía muy agradable, lo he pasado bien.

– Bueno, pues nos vemos, dame dos besos.

Se despidieron y el chico se quedó solo en la barra apurando la cerveza. “Puta pija de mierda”, se dijo por lo bajo. Le jodió porque estaba muy buena, la hubiera echado un polvazo sin dudarlo, no siempre iba a tener oportunidad de follarse a una tía como Mariola. Cogió el móvil y se metió en el baño, buscó en el Tinder las fotos que ella tenía y se hizo una paja rápida mirando la pantalla. “Menudo culazo de zorra que tienes, te lo hubiera azotado bien”, dijo mientras se corría.

Estuvo dando un paseo antes de ir andando a casa de su ex, donde llegó sobre las 20:00. Al subir se encontró con José Luis que estaba con su nueva novia Loli.

– Hola, ¿que tal lo habéis pasado?, dijo dando dos besos a la pareja de su ex, – no os molesto, recojo a Alba y ya nos vamos, perdón por haber venido antes de tiempo.

– Nada, no te preocupes, que yo ya me iba, dijo Loli, – luego hablamos, dijo dando un pico a José Luis.

Se quedaron a solas en el piso y éste le acompañó hasta la habitación de Alba.

– Se ha quedado dormida al volver de Madrid, me ha dado pena despertarla.

– ¿Y ahora que hacemos?, dijo Mariola.

– Quédate a cenar si quieres, pedimos unas pizzas, despertamos a Alba y luego ya os vais, si te parece bien.

– Pobrecilla, dijo mirando a su hija.

– Está agotada, lo hemos pasado muy bien, pasa al salón en lo que voy llamando a la pizzería.

Mariola entró en el salón y se sentó en el sofá mientras José Luis iba llamando para pedir la cena, se quedó mirando con detalle la decoración, era un piso pequeño y poco acogedor, con cocina americana. Sintió un poco de pena que su ex hubiera terminado en un cuchitril así por culpa del divorcio. No es que José Luis tuviera problemas de dinero, pero no tenía buen gusto para haber elegido otro piso y por lo que parecía para elegir novia tampoco. Loli parecía una buena mujer, no cabía duda, pero físicamente no era el prototipo que le gustaba a su marido.

Su ex era el típico que siempre se quedaba mirando a todas esas buenorras, que van en minifalda enseñando muslo o en pantalones ajustados marcando culo. Y Loli era una teñida de 45 que aparentaba 55.

Se sintió un poco ridícula y fuera de lugar, tan arreglada como iba, sentada en aquel viejo y rancio sofá, pero al fin y al cabo ya le había dicho a su ex que se quedaba a cenar, así que no había vuelta atrás.

Media hora mas tarde llegó la pizza y no quisieron despertar a Alba que seguía en su cama dormida como un tronco.

– ¿Un vino?, me has dicho que no has traído coche, dijo José Luis.

– ¿Quieres emborracharme?, jajajajaja.

– Puede ser.

– Venga ábrela anda, que ya sabes que me gusta cenar con una buena botella de vino, aunque sea una pizza.

Puso un mantel sobre la mesa del salón y sacó una de sus mejores botellas.

– Estás hoy muy guapa, ¿habías quedado?, vamos no es que me importe, es solo curiosidad…

– Si, había quedado con las chicas para tomar algo, mintió Mariola.

La velada fue agradable, se pusieron al día de sus respectivos trabajos y la mitad del tiempo estuvieron hablando sobre su hija en común, para cuando se quisieron dar cuenta se habían pimplado la botella de vino. Mariola se puso en pies y tuvo que agarrarse a la mesa.

– Uyyy, creo que se me ha subido un poco el vino, voy a ver como está Alba.

– Si, a mi también, espera que te acompaño.

Volvieron a acercarse a la habitación y la niña seguía dormida, sin haberse movido de como la habían dejado.

– Está frita, ya sabes que cuando se duerme ya hasta el día siguiente no amanece.

– Pues si, tiene pinta, ¿y ahora que hacemos?, dijo Mariola, – mañana tiene clase.

– Vamos a hacer una cosa, dejas a Alba aquí durmiendo, tiene ropa para poderse poner, mañana te acercas a la entrada del cole y le llevas la mochila con lo que necesita y allí nos vemos.

– Vale pues eso hacemos, dijo Mariola caminando por el pasillo delante de José luís. – y deja de mirarme el culo.

– ¿Como sabes que…?

– Por favor, son muchos años….nos conocemos…

Llegaron a la cocina americana y se quedaron de pies uno de frente al otro.

– Estás increíble Mariola, perdona por haberte mirado el c…¿te apetece otra copa de vino?.

– Ahora si me quieres emborrachar, mejor lo dejamos, me voy a ir a casa.

– Insisto, dijo su marido sacando una botella del armario.

Mariola no era tonta, estaba claro que su ex la miraba con todo el deseo del mundo, para él ahora no era la madre de su hija, en 3 años se había convertido en un pibón y ahora estaba con unas copas de mas en su cocina. Pero, ¿que pretendía? se había echado novia y Mariola pasaba de él, eso era muy evidente. Por un instante se sintió una mujer sexy y atractiva en ojos de un hombre. Eso la gustaba, le ponía mucho que la desearan, como en ese momento percibía que la deseaba su ex.

Al fin y al cabo el fin de semana además había sido una mierda y todo había salido mal, no pudo echar ni un triste polvo. Eso la jodía mucho, con lo buena que estaba no había podido encontrar a un tío que se la follara. Y ahora estaba allí con su ex, mirándola con ojos de deseo, unas copitas de vino encima y a punto de aceptar beberse otra botella.

– Mañana voy a tener una resaca tremenda, dijo sentándose en un silla alta tipo bar en la barra americana.

– Solo una, dijo José Luis amablemente echándola vino en la copa.

Brindaron suavemente.

– Por nosotros, dijo él y luego bebieron mirándose a los ojos.

– Ummmm, que mareo, dijo Mariola dejando la copa en la barra, – creo que esto no es una buena idea, ahora si que me voy.

Dió un pequeño salto para bajar de la silla y sin querer tropezó un poco y fue a parar a los brazos de su ex.

– Espera Mariola, no te vayas, dijo rodeando su cintura.

– ¿Que quieres?, ¿que haces?, dijo Mariola cuando vio que él se acercaba a su boca para intentar besarla.

Cuando se quiso dar cuenta sintió la polla erecta de su ex contra la entrepierna, él la tenía agarrada por la cintura y la atraía hacía su cuerpo para que notara lo excitado que estaba. Por si ella no se hubiera dado cuenta José luis puso las manos sobre el culazo de Mariola e hizo que se pegaran mas, luego con un movimiento restregó la polla por el coñito de su ex-mujer.

Tenía que reaccionar rápido, José Luis tenía las manos pegadas a su culo y se estaba frotando contra ella. Entonces en ese momento tuvo ganas locas de sexo. No pensó que era su ex, o las futuras consecuencias de aquello. Mariola solo quería follar y allí estaba él dispuesto a darle lo que quería.

Pero ahora era una mujer moderna y sofisticada, segura de si misma y no iba a dejarse echar un polvo como si fuera una aburrida ama de casa.

– ¿Que pasa, quieres follarme?

José Luis se quedó muy sorprendido del tono de Mariola, ese lenguaje nunca lo había utilizado así con esa naturalidad.

– Si, claro que quiero follarte, estás buenísima, dijo intentado meter las manos por dentro del pantalón para sobarla el culo.

Estaba tan ajustado el vaquero que le fue imposible, mientras se lo desabrochaba intentó besarla pero Mariola retiró la cara.

– Nada de besos, dijo ella dejándose hacer.

Poco a poco fue tirando de los pantalones hacía abajo, se quedó mirando su tanguita blanca y de repente poniendo las manos en sus caderas giró a Mariola contra la barra y se agachó detrás de ella. Puso las manos manos sobre los glúteos de su ex y le abrió el culo y se quedó observando por donde se colaba la tela entre sus nalgas.

– ¡Joder que culo!

De un tirón brusco le bajó el tanguita y metió la cabeza lanzándose como un loco.

– Mmmmmmmmmmmmm, dijo lamiendo con la lengua en el ojete de ella.

Mariola dejó comerse unos segundos, pero no pensó que José Luis iba a actuar tan rápidamente. Se puso de pies tras ella y cuando se quiso dar cuenta la polla de su ex apuntaba directamente a su entrada trasera.

– ¡¡¿Que haces?!!, dijo Mariola sorprendida.

– ¡Dejame, voy a darte por el culo!, dijo José Luis fuera de sí.

– ¡¡No, por detrás no!!

Ni en sus mejores sueños José Luis pensó en volver a follar con Mariola, ahora su ex estaba buenísima y allí la tenía en su vieja cocina con el tanga bajado y ofreciéndole el culo para ser follado. A pesar de que ella había dicho que no él no lo iba a desaprovechar, dejó caer un escupitajo sobre su polla y luego volvió a restregársela entre las nalgas.

– ¿No te parece bien?, déjame por el culo, por favor, déjame tu culito, dijo José Luis rozando su verga contra el rosado ano de Mariola.

Ella se inclinó hacia delante y en un gesto soez y obsceno con la mano se abrió una nalga como para facilitarle el trabajo a su ex.

– ¡Está bien, métemela!, dijo orgullosa luciendo su culazo.

De un empujón su polla se fue abriendo paso sin prisa, pero sin pausa por las paredes rectales de Mariola que no dejo de abrirse el culo con la mano en ningún momento. José Luis enseguida se dió cuenta de que el tío que se estuviera tirando a su ex también la estaba sodomizando. Se la metió con demasiada facilidad.

– ¡Que pasada!, ¡¡ está toda dentro de tu culo!!, dijo José Luis sujetándola por la cintura y mirando hacia abajo sin terminar de creerse lo que estaba sucediendo.

Las tres primeras embestidas fueron duras y secas, ocasionado el típico sonido de los cuerpos al chocar.

– No tan fuerte, que haces mucho ruido.

– ¡Estás buenísima, estás buenísima!, dijo él siguiendo con la follada pero sin golpear tan fuerte contra sus glúteos.

Mariola se puso el pelo por detrás de la oreja justo cuando recibió otra embestida desde atrás, se quedó mirando el salón viejo y descolorido y por un momento se sintió ridícula dejándose follar el culo por José Luis. ¡Que estaba haciendo?, ¡Menudo error!.

Ahora era una tía con clase y se estaba dejando follar casi por pena hacia su ex. Si, en el fondo le daba mucha pena, pero el cabrón se la estaba metiendo por el culo. Además tenían una hija en común y eso podía confundirla tanto a la niña, como al padre.

No tenía ninguna intención de volver con él y regresar a su vida anterior, para ella solo era un polvete que nunca debiera haber pasado, pero estaba pasando y ya solo podía esperar a que terminara. Tampoco tuvo que esperar mucho.

– ¡Me corro, me corro!, avisó José Luis justo antes de llenarle las entrañas de leche caliente a su ex con un último golpe de caderas.

Mariola se echó hacia delante y con una mano se subió el tanga, apenas había disfrutado del sexo, José Luis con las piernas temblorosas se apoyó en la barra con los pantalones por los tobillos.

– ¡Que bueno, que bueno, pareces otra Mariola!, ¡que polvazo!, dijo visiblemente emocionado

– Esto no ha pasado y no va a volver a suceder, dijo ella subiéndose los pantalones, – mañana a las 8 estate en la puerta del colegio.

Los tacones de Mariola fue lo último que se escuchó antes de que ella cerrara la puerta. José Luis no se había movido de su sitio, seguía de pies con los pantalones bajados y al momento esbozó una sonrisa al pensar como le debía estar escurriendo el semen por el tanguita a Mariola.

Había sido el mejor polvo de su vida.

45

No había podido dormir en toda la noche, ya era lunes y tendría que afrontar el encontrarse en el hospital con su amigo Andrés. Apenas había tenido tiempo de asumir lo que había pasado la noche anterior. A primera hora antes de salir de casa recibió un mensaje de Paloma.

– No se lo he contado a Andrés, de momento no le digas nada.

Eso le tranquilizó un poco, pero tenía miedo de que cuando se encontrara con él pudiera notar que había ocurrido algo con Paloma en Barcelona. Pasó consulta hasta las 10:30 y luego bajó a la cafetería, miró a los lados, pero por suerte no se encontraba su amigo allí, se sentó con otros tres colegas en la mesa y se tomó tranquilamente el café. La que si que estaba era Judith sentada en una mesa con otras enfermeras, se miraron y se saludaron con la cabeza en un gesto imperceptible para el resto.

El martes tampoco vió a Andrés, el miércoles nada y el jueves tampoco. Cuando bajó el viernes a tomar café ya había bajado un poco la guardia, durante la semana había pensado pasarse directamente por la planta donde trabajaba Andrés y dejar zanjado el asunto. No le gustaba nada tener que levantarse con esa incertidumbre de que es lo que pasaría cuando se encontrara con su amigo, si es que Paloma se lo había contado, que suponía que si.

Pero el viernes si que estaba, al entrar en la cafetería Andrés se encontraba en una mesa con otras dos enfermeras y auxiliares que trabajaban con él, Víctor avanzó nervioso hasta donde estaban y se plantó delante. No sabía que iba a pasar, solo esperaba que Andrés no montara ningún escándalo en medio de la cafetería.

– Hola, dijo secamente.

Andrés le miró y casi de reojo le contestó el saludo.

– ¿Podemos hablar?, dijo Víctor.

– Nosotras ya nos íbamos, dijeron las chicas que salieron en estampida.

– Siéntate cabronazo, dijo Andrés.

Se quedaron sentados frente a frente sin decir nada.

– Eres un cabronazo, sigues igual, dijo Andrés muy serio.

– Ya sabes como soy, la verdad es que…

– Joder con Gemma, no me lo puedo creer, dijo Andrés esbozando una medio sonrisa mientras pronunciaba el nombre en un catalán muy cerrado, – ¡que cabronazo!.

– Ehhhh, si, bueno….ehhhhhh, ¿la conoces?

– Claro, estudió la especialidad con Paloma, eran muy amigas, ¡¡pero si estuvimos hasta en su boda!! y ahora vas tú y te la follas, que suerte tienes, la verdad es que estaba muy buena, no sé como estará ahora, menuda zorra está hecha la Gemma y parecía tan modosita…

– Sigue estando muy bien.

– Ya me ha dicho Paloma que has tenido un lío con ella, si es que no se te puede dejar solo.

Víctor nseguida entendió que Paloma todavía no le había contado nada a su marido de lo que había pasado en Barcelona. En un principio quería dar la cara y hacerlo él, pero no se atrevió, además si no lo había hecho su mujer es que prefería dejarlo correr y él no era quien para entrometerse en esa decisión. Ya habían pasado días para que Paloma resolviera el asunto, si no lo había hecho posiblemente es que ya no lo fuera a hacer. Poco a poco se fue relajando mientras estaba con su amigo e incluso tuvo que entrar en detalles sexuales de su relación con Gemma.

– Por donde vas solo dejas cornudos a tu paso, jajajajaja, dijo Andrés.

“Si tú lo supieras bien”, pensó Víctor para si.

– ¿Y que tal con Paloma?, ¿os habéis visto allí?

– La verdad es que muy poco, ya sabes en estos sitios, ves muchos viejos conocidos y te pasas el rato saludando a unos y a otros. Además tu mujer es muy seria para esto, enseguida se fue a la habitación y nos dejó solos de fiesta…

– Bueno, tenemos que hablar mas tranquilamente, hace tiempo que no salgo a tomar algo, ¿que te parece si salimos tu y yo a cenar el viernes que viene y luego a tomar algo como en los viejos tiempos?

– No sé Andrés, si a Paloma le parece bien.

– Si, no creo que ponga problema, me tengo que vengar de que me haya dejado un fin de semana a solas con las niñas, por una noche no va a decir nada.

– Está bien, dijo Víctor algo indeciso.

– ¿O tienes planes con la pelirroja?, jajajajaj

– No, no tranquilo, el viernes que viene nos vemos.

– Y ya me cuentas mas cosas de lo que hiciste en Barcelona y lo que hizo Paloma.

– Si ya te he dicho que tampoco nos dió casi tiempo ni a tomarnos una copa.

Tampoco quiso darle muchos detalles porque no sabía que información le había dado ella, cuanto menos dijera mejor, para no meter la pata. Se subió mas tranquilo a pasar consulta, Paloma no le había contado nada a Andrés y todo seguía igual, luego pensándolo fríamente se dió cuenta de que ella también había tenido su parte de culpa y que no le iba a decir nada a su marido.

Andrés era un buen tío y ella no quería tirar por la borda todo lo que habían construido durante años por un pequeño affaire. Seguramente le hubiera querido contar lo que pasó con Víctor, pero no había encontrado el momento, es difícil encontrar el momento para relatarle a tu marido algo así.

Víctor subía en el ascensor pensando en todo esto, ¿como le cuentas a tu marido que me has dejado entrar en la habitación?, como le cuentas que nos hemos comido la boca, que me has dejado sobarte los pechos y el culo, que te has desnudado de cintura para arriba y que me has dejado chuparte las tetazas. Si, es difícil contar a tu marido que has dejado a tu amigo babearte las tetas y morderte los pezones. Puedes hacerte la digna y decir que cuando te subió la falda y se sacó la polla frenaste todo aquello, pero seguramente en ese punto tu marido ya estaría histérico gritando que eres una jodida puta.

Es complicado tener que relatarle esto a tu marido y tu quedar medianamente bien, al fin y al cabo ella es su mujer y había consentido que sucediera todo aquello. Paloma como buena madre de familia prefirió pasar página y lo que pasó en Barcelona iba a quedar en Barcelona.

Su marido nunca se iba a enterar de lo que ocurrió en aquel congreso. Además ella sabía que Víctor tampoco le iba a contar nada.

Así fue transcurriendo el día y cuando terminó de pasar consulta a las tres de la tarde le picaron en la puerta.

– Si, adelante.

Era Judith que iba vestida con ropa de calle. Llevaba unos shorts vaqueros muy cortos y arriba una camiseta escotada con un bolso hippie a juego. A Víctor le gustaba mucho lo clara que tenía la piel y como se le marcaban las pecas por los hombro y el canalillo. Ella se quedó sorprendida al comprobar que todavía estaba una de sus auxiliares con Víctor y no supo muy bien que decir.

– Perdone doctor, me gustaría preguntarle una cosa.

Aunque había disimulado bien la auxiliar no era tonta, ya había visto varias veces a Judith merodear por la consulta y era bien sabida la fama que tenía Víctor en el hospital. Posiblemente medio hospital supiera de que estaban liados.

– Yo ya me iba, hasta mañana, dijo la auxiliar saliendo discretamente.

Judith pasó dentro y cerraron la puerta con el cerrojo.

– ¿Donde te metes toda la semana?, dijo ella.

– ¿Cuando podemos vernos?, dijo Víctor poniéndose frente a ella y dándola un muerdo rápido.

Después de la charla con Andrés se le habían pasado todas las preocupaciones y como por arte de magia había recuperado la libido. Además ahora no podía sacarse de la cabeza la imagen de las tetazas de Paloma ni su tacto. Solo el pensar en ellas hacía que se le pusiera dura.

– Este finde imposible y la semana que viene no sé si voy a poder algún día, dijo ella.

– Venga, no seas así, saca algo de tiempo para mi.

Judith le acarició la verga por encima del pantalón y en un habilidoso movimiento le sacó la polla. Se la sujetó con la mano y miró hacia abajo.

– Es que me encanta, es perfecta.

Comenzó a meneársela en medio de la consulta, Víctor se apoyó en la mesa y se dejó hacer. Judith le estaba cascando una señora paja mientras él la besuqueaba el cuello y la tocaba las tetas por encima de la camiseta.

– ¿Te gusta?, dijo ella.

– Lo haces de maravilla, sigue por favor.

Le había cogido el ritmo perfecto y el punto de agarre para rozar el frenillo cuando subía con la mano. En un gesto obsceno Judith dejó caer un salivazo sobre la punta de la polla para luego reanudar la masturbación.

– Mmmmmmmmmmmmmm, no voy a tardar mucho en terminar.

Ella aceleró el ritmo de la paja y Víctor sacó la cadera hacia delante mostrando la verga en todo su esplendor. Si se corría así iba a poner la consulta perdida de semen. De nuevo Judith se detuvo sosteniendo con fuerza la polla de Víctor por la base, quedó asomando el capullo rojo e hinchado, ella se inclinó sobre él y dejó caer otro reguero de saliva empapándolo por completo.

Volvió a acelerar la masturbación y Víctor se quedó mirando como se le bamboleaban las tetas mientras lo hacía, intentó estirar la mano para tocárselas, pero ella se la retiró.

– Nada de tocar.

– Mmmmmmmmmm, ¡voy a correrme!

Con la otra mano Judith estiró la camisa del médico metiendo la polla por dentro, justo en el momento que Víctor comenzó a correrse mojando su propio estómago, ella no dejó de meneársela decreciendo el ritmo y exprimiendo hasta la última gota de su abundante lefada, pues llevaba 6 días sin haber vaciado los huevos desde que lo hizo sobre Gemma.

– Ohhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh…

– Vaya, ¡si que ibas cargado!, no has durado nada, jajajaja dijo Judith sacando la mano manchada de semen y lamiendo la parte que queda entre el dedo pulgar y el dedo índice.

– ¡Joder, que señora paja!

Judith cogió un rollo de papel y se lo pasó a Víctor para se limpiara y luego le acarició con la mano por la mejilla.

– Que pases buen finde, dijo ella dejándole sentado en la mesa de su consulta con los pantalones bajados y el estómago manchado de su propia corrida…

46

Claudia seguía abierta de piernas, recuperando la respiración delante del ordenador, se mostraba lascivamente como si Toni24 pudiera verla a través de la cam en esa postura. Acababa de pegarse una de sus típicas corridas y yo detrás de ella la acariciaba su mojado coño y metía y sacaba un par de dedos en él.

En la pantalla nuestro ciber-amigo también se tocaba la polla después de haberse corrido.

– Me encantaría que algún día nosotros también conectáramos la cam, al fin y al cabo él no podría vernos la cara, solo te vería correrte, ¿no te daría morbo?, dijo yo.

– ¿Y eso?, ¿te gustaría que él me viera?

– Buffffffffff, me encantaría y se que lo estás deseando, te gusta demasiado todo esto…

– Pero puede ser un poco arriesgado…

– Tú déjame a mi, que yo lo arregle todo.

Cuando empezamos a conectarnos con Toni24 Claudia era muy reacia a este juego, pero ahora se pegaba unas corridas de tal calibre que estaba claro que quería seguir avanzando en este juego y la manera de hacerlo era que nosotros también conectáramos la cam, no solo Toni24. En el fondo yo sabía que Claudia siempre había tenido una vena un poco no sé si decir exhibicionista, pero sí que la ponía gustar al resto de gente, tanto con su cuerpo, como con su ropa. El mostrarse desnuda por cam ante Toni24 sabíamos que iba a potenciar sus orgasmos por 10.

Además ya estaba preparada para ello.

Al día siguiente era viernes, se levantó para ir al instituto, aunque habían terminado las clases tenía que seguir yendo, para ir preparando el curso siguiente, además como Jefa de estudios tenía varias competencias añadidas. Se puso una falda verde con unas deportivas blancas y camiseta también clara, iba bastante informal, se notaba que no había alumnos en el instituto. Antes de salir se preparó una pequeña maleta.

– Cuando venga, me pegaré una ducha, comemos rápido y luego me voy a Madrid con Mariola.

Se iba a pasar el fin de semana con su amiga del pádel, yo por lo menos había conseguido que se llevara a las niñas con sus padres, así que iba a estar solo dos días en casa. Podría haberme preparado algún plan con los amigos, pero me apetecía estar solo, hacer un poco de deporte, cortar el césped del jardín y luego verme una película tranquilamente para desconectar del trabajo y desayunar el domingo mientras leía la prensa en el patio con un par de tostadas calentitas.

Con esa idea me presenté en el trabajo, pero no tardó en ponerme de mala hostia mi cuñado Gonzalo.

Terminó lo que tenía pendiente y luego recogió su despacho hasta Septiembre. El curso había terminado, se saludó con un par de profesores y enfiló los pasillos vacíos del instituto. Se dió cuenta de que la puerta de Don Pedro estaba un poco abierta, fue andando hasta allí y tocó.

– ¿Se puede?

– Si, pasa.

– Bueno Don Pedro, que ya me despido, mantenme informada de lo del programa del intercambio y en Septiembre volvemos a vernos.

Pasó dentro y fue hasta la mesa del director pasando por un lado, se apoyó en el borde sentándose ligeramente en ella.

– ¿Y que tal el verano?, como se le presenta, dijo Claudia.

– Pues me iré a Benidorm, suele pasar un mes y medio allí en verano, tengo un pequeño apartamento y muchos amigos…

– Estupendo, que lo pase bien…

Claudia cruzó la pierna derecha sobre la otra y se le subió ligeramente la falda, le estaba mostrando sin ningún pudor todo el muslo y al viejo se le fue la vista instintivamente a sus piernas. No es que quisiera calentarlo en ese momento, pero sí quería darle a entender que lo que pasó la otra vez en su despacho cuando él metió la mano bajo su falda no suponía para Claudia ningún problema, ni le daba importancia. Estaba zorreando con él, había disfrutado mucho con ese juego y el año que viene tenía intención de volver a calentar al viejo.

Solo quería enseñarle un poquito mas las piernas para que no se olvidara de ella durante el verano.

– Vamos cuñadito, que llegas tarde.

Le había dicho tantas veces que no me llamara eso que ya había desistido de hacerlo, el muy cabrón me seguía faltando el respeto delante de todos y le dejé por imposible. Cuanto menos caso le hiciera al personaje éste mejor me iba a ir.

Me puse una bata y me metí a la fábrica dejándole solo en la oficina.

– ¿No te tomas un café?…

Es lo único bueno que tenia, por lo menos preparaba buen café, luego soltaba un par de chascarrillos que me hacían gracia y rebajaba un poco la tensión que había entre nosotros. Le gustaba tensar la cuerda, pero no llevarla al límite.

– He estado hablando con Pablo y hay que pegar un buen cambio en esta oficina, está muy vieja.

– ¿Y que te ha dicho?

– Que lo que quiera, ahora que llega el veranito la vamos a pintar y a cambiar el mobiliario.

Me metí dentro de la fábrica y estuve trabajando un rato y dando una vuelta, serían las 11 de la mañana cuando a lo lejos vi a una mujer que entraba en nuestra oficina. No podía ser, pero con esa altura, ese pelo, ese movimiento de caderas, estaba claro.

Se trataba de mi ex-novia Cristina. ¿Que cojones hacía en la fábrica donde yo trabajaba?

Rápidamente me fui para la oficina y efectivamente era ella, estaba hablando con mi cuñado Gonzalo, al verles juntos me asusté bastante, ¿que estarían tramando estos dos?, ¿de que coño se conocerían?

Pasé dentro y Cristina pareció sorprenderse cuando me vió.

– Vaya David, que casualidad, no sabía que trabajabas aquí, dijo ella.

– ¿Os conocíais?, dijo Gonzalo.

– Si, hemos puesto el dormitorio de Blanca en su tienda hace unos meses, dije rápido antes de que ella pudiera contarle algo a mi cuñado sobre nuestra relación.

– Ya deben de estar al llegar todos los muebles, dijo ella, – en cuanto esté os aviso.

– Bueno, pues esta es la oficina, ¿como lo ves?, queremos cambiarla por completo, dijo mi cuñado.

– Pues empezaría por cambiar las mesas por unas mas grandes y modernas, las sillas por otras mejores, aquí unas estanterías, aquí otras, si, mas o menos tengo una idea en mente, os va a quedar muy bien, ¿de que color vais a pintar la oficina?

– ¿Tu que nos recomendarías?

– Pues así un color claro, para que parezca mas grande, ya os le diré exacto para que pegue bien con los muebles, ¿y cuantas mesas tenías pensado poner?

– Tres mesas, una aquí grande para mi y luego otras dos así a los lados.

– Ya, pero las de los lados serían un poco mas pequeñas, dijo Cristina, – ahí no caben otras dos mesas grandes.

– No pasa, nada, dijo Gonzalo, – así hacemos como tres espacios diferenciados.

– Si, va a quedar muy bien, dijo ella.

Aquello ya era increíble, Gonzalo estaba preparando una pequeña reforma de la oficina sin tan siquiera haber consultado conmigo y no solo eso, se iba a poner él la mesa mas grande y luego otras dos mesas mas pequeñitas, una para mi y otra para uno de los encargados que llevaba muchos años en la fábrica, el señor Sebas. Lo de mi cuñado no tenía nombre, no contento de dárselas de jefe además se traía un tonteo descarado con Cristina delante de mis narices, pero lo peor no era eso, lo peor era que ella encima le seguía el juego.

Tengo que reconocer que mi ex estaba espectacular, ¡que mujerón!, llevaba unos shorts vaqueros ajustados que le hacían unas piernazas increíbles, los pantalones eran cortos aunque no tanto como para que la asomaran los cachetes del culo, pero casi, arriba llevaba una camiseta de manga corta de color blanco y unas sandalias con un poquito de cuña. Se pasó su larga melena hacia delante haciendo que le cayera el pelo por uno de sus hombros. Me gustó mucho el detalle que además del tatuaje de la pica en la muñeca lo acompañara de una pequeña pulsera de plata en el otro brazo, del que también colgaba una pequeña dama de picas.

– ¿Hay algún sitio donde se pueda desayunar algo por aquí?, dijo Cristina.

– Si, hay un par de bares, sobre todo uno que me gusta a mi, que te ponen un pincho con el café y la caña, dijo Gonzalo.

– Pues si me dices donde está ese bar te lo agradezco…

– Mejor te acompaño, ¿no?

– Por supuesto.

Salió mi cuñado de la oficina y luego sujetando la puerta le hizo el gesto con la mano a Cristina para que luego lo hiciera ella, al salir se la quedó mirando el culo.

– Gracias guapo.

– Las que tu tienes, jajajaja.

Hacían hasta buena pareja, mi cuñado era tan alto como ella a pesar de las cuñas de Cristina, sin cortarse un pelo la agarró por la cintura al abrir la puerta de la calle de la fábrica y salieron juntos. Y luego desaparecieron los dos.

Me quedé muy descolocado, no me acababa de acostumbrar de ver a Cristina y menos acabar de presenciar que se llevara tan bien con Gonzalo, además me era inevitable recordar lo que había pasado con ella en mi casa y luego en el almacén de su tienda. Era sumiso total a aquella mujer, desprendía un magnetismo que me dejaba paralizado. Y ella lo sabía y jugaba conmigo a su antojo. Y ahora estaba desayunando con mi cuñado y preparando una reforma de mi oficina.

Al rato volvió mi cuñado de tomar el almuerzo de media mañana con Cristina. Yo estaba sentado en la oficina rellenando unos papeles.

– Vaya, vaya, así que tú y la larguirucha fuisteis novios…

– ¡¡¿Como dices?!!, dije sorprendido levantando la vista.

– Si, me ha contado que fuisteis novios hace muchos años…

– Si, pero eso es agua pasada, fue en el instituto, hace mas de 15 años que lo dejamos…

– Que casualidad, que pequeño es el mundo, jajajaja, la verdad es que me la recomendó Pablo cuando le dije que quería cambiar los muebles de la oficina, es amiga de Marina, creo que van juntas al gimnasio…

– Si, algo me suena…

– Jajajajaja, que suerte tienes “cuñadito”, me parece a mi que ésta es mucha hembra para ti, no sé que te vería.

– Prefiero a Claudia mil veces…

– Hombre claro, mi cuñada favorita, tengo que reconocer que tienes buen gusto para las mujeres, la verdad es que son muy distintas, una rubia bajita con curvas, otra morena alta flaquilla, pero tienes mucha suerte con las mujeres…

– Yo no diría suerte…

– Pues yo si, no sé que verán en ti, “cuñadito”.

Luego salió de la oficina dejándome con la palabra en la boca. Se me hizo eterna la mañana, no veía la hora de irme para casa y disfrutar de mi tranquilo fin de semana. En el coche fui pensando en las palabras de Gonzalo, es verdad en lo de que las dos mujeres de mi vida eran muy distintas, Claudia apenas llegaba al 1,55 y Cristina estaba muy cerca del 1,80, mi mujer rubia y media melena, mi ex, pelo castaño y enorme melena, Claudia con buenas tetas, Cristina algo mas pequeñas, Claudia culo pequeño, redondo y compacto con piernas fuertes, Cristina caderas anchas, culo mas grande y piernas súper largas.

Físicamente me quedaría con mi mujer que me parecía mucho mas guapa, pero Cristina desprendía un morbo brutal y se había mejorado muchísimo con el trabajo de gimnasio, era toda una mujerona.

Llegué a casa y Claudia se estaba pegando una ducha, tenía la cuchilla encima del mueble del baño, como si se acabara de depilar el coño, eso me dió mucho morbo, al asomarme a la ducha efectivamente comprobé que se había rasurado sus partes íntimas para el fin de semana en Madrid. No empezaba mal el fin de semana con solo ese detalle. No le quise comentar nada de la visita de Cristina a la fábrica, no me apetecía hablar de ella. Comimos rápido y al rato le pasó a buscar por casa Mariola. Salí a despedirlas a la entrada, su amiga se bajó del coche y nos dimos dos besos.

– Portaros bien chicas…

– No lo dudes, dijo Mariola.- tranquilo que yo te cuido a Claudia.

“Eso sí que me da miedo”, pensé para mi. Se montaron en un Audi A3 blanco y se fueron, la verdad es que la amiga de mi mujer estaba muy buena, yo apenas había tenido contacto con ella, la conocía de un par de veces y poco más, sabía que era directora de un banco y que jugaba al pádel con mi mujer, bueno eso y que tenía las mejores piernas que había visto en mi vida. (mejores todavía que Claudia y Cristina, que ya era difícil). Últimamente se habían hecho inseparables, podía decir sin miedo a equivocarme que ahora era la mejor amiga de mi mujer y además posiblemente su única confidente. Nunca había tenido una amiga así, que le diera esa confianza.

Lo que no sabíamos es que aquel fin de semana en Madrid iba a cambiar nuestras vidas para siempre.

NOTA: Si estáis interesados en leer el relato completo, tenéis mas información en mi perfil.

Continuará…

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