MARCELA VARGAS

 Una parte importante del circuito de historietas y novelas gráficas de Argentina conocía la obra artística de NeJo, el microemprendimiento de los jóvenes Nerea y Joaquín. La primera, de 26 años, era escritora y guionista. Joaquín, de 27, era el ilustrador. Ambos provenían de la provincia de Misiones y anhelaban fervorosamente conseguir empleos en ArgComic, una empresa de comics que, tras ver sus trabajos en circulación, les encargaron una novela gráfica. Si lograban hacerlo a término cumpliendo con el estilo de la compañía, esta les ofrecería dos puestos estables. Los artistas no dudaron ni un instante en aceptar la propuesta. Todos los días, religiosamente, se reunían a las 18:00, y trabajaban en la construcción de la historia. En ella, el protagonista era Mauricio, un joven de 18 años, quien soñaba progresar en la ciudad, para lo cual estudiaba con ahínco. Sin embargo, su objetivo era constantemente obstaculizado por su abuela Roberta, una agricultora que pretendía que su nieto se quedara en el campo trabajando la tierra y nada más.

La obra avanzaba viento en popa, pero se estancó en la mitad cuando Nerea, quien una tarde decidió ir en taxi a la casa de Joaquín para continuarla, tuvo un accidente, resultando fallecida debido a la gravedad de las lesiones que sufrió. Para el joven fue un duro golpe perder así a su compañera y socia. Tanto, que se sintió totalmente desorientado sobre cómo seguir, no solo con el microemprendimiento, sino también con el proyecto para ArgComic y con su propia vida. Esto lo llevó a intentar por todos los medios posibles contactarse con el alma de Nerea para preguntarle qué debía hacer al respecto. Pero jamás tuvo el éxito esperado. O eso era lo que creía, ya que el espíritu de la muchacha rondaba por ahí y estaba preocupada por él. Ella le mostraba muchas señales para intentar comunicarse, pero Joaquín no se percataba de ellas. Por ejemplo, una vez, este fue a visitarla al cementerio y vio una intensa luz sobre su tumba, pero la atribuyó a los rayos del sol. El rostro borroso de Nerea se formó en la pared del lavadero de él, pero el chico la confundió con la humedad creciente que luego debía limpiar. La radio se cambiaba sola de estación, pero él se decía que cuando cobrara nuevamente, se compraría una mejor. Su mascota miraba un punto fijo todas las tardes a las 18:00, pero él no le prestaba atención.

Joaquín estaba a punto de rendirse y de olvidarse de todo, hasta que, una tarde, le ocurrió algo extraordinario. Se disponía a archivar en la computadora los borradores y manuscritos del proyecto, cuando se dio cuenta de que no hallaba la carpeta contenedora, que tenía por nombre “Proyecto novela gráfica”. En su lugar, halló otra que se llamaba “Reescribir”. Al verla, no supo qué pensar puesto que, según los datos, fue creada a posteriori de la muerte de Nerea; cuestión más que extraña ya que él no volvió a tocar la computadora desde entonces. Con gran desconcierto, abrió la carpeta y halló toda la documentación que ya conocía. Abrió el archivo de las ilustraciones digitales y, para su sorpresa, se encontró con que Mauricio y Roberta, sus personajes… ¡habían cobrado vida! Ambos se movían dificultosamente, cual robots dentro de las viñetas, y se valían de globos de diálogo para poder hablar. “Te vinimos a dejar un mensaje de Nerea”, expresó Mauricio. “¡Ella sigue en la Tierra! Y nos dio este poder para decirte que continúes con el proyecto”. “¡No lo abandones! Trabaja como cuando ella estaba viva”, le instó Roberta.

Este personaje le contó al ilustrador que ahora él quedaba al frente del proyecto, puesto que Nerea no podía hacer más nada. Ya había hecho suficiente al animarlos a ellos, quienes actuaban por voluntad propia. La escritora no intervenía en eso.

―¡Manos a la obra, entonces! ―exclamó Joaquín, más que emocionado.

En los sucesivos días, el joven se empeñó en desarrollar la historia con la ayuda de Roberta, quien se convirtió en un gran personaje puesto que demostró tener una autonomía tal que daba muchas ideas al ilustrador. Estaba a gusto con las características que Nerea y Joaquín le habían proporcionado y con la forma de vida que habían elegido para ella, pero también le agradaba tener otras ocupaciones complementarias como participar en ferias para hacer circular sus productos, intercambiar diálogos con la gente y encontrarse con sus amistades. La mujer de dos dimensiones era tan positiva y laboriosa, que Joaquín decidió que fuera la protagonista: una persona que rompía con los prejuicios que la sociedad y sus propios autores le endilgaban a la vejez. Por su parte, Mauricio, el protagonista original, no quiso ayudar a reescribir nada. Quería llegar a sus objetivos sin tener que cambiar la historia que habían pensado inicialmente. Sobre todo, se enfureció al ver que su abuela cobraba protagonismo. De manera que Joaquín optó por convertirlo en el verdadero antagonista, que solo buscaba impedimentos para el desarrollo de la historia y el progreso de Roberta.

Llegó el día en que Joaquín logró finalizar la novela gráfica y entregarla a ArgComic. Pero no se limitó a proporcionarle el producto final. Junto con él, entregó los borradores y expuso el proceso del trabajo, resaltando la importancia que tuvo para él la reescritura de la historia. Los representantes de la empresa no dudaron un instante en incorporarlo como personal permanente.

www.relafabula.wordpress.com

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