ISA HDEZ

Amaba con todas sus fuerzas, o eso creía, a aquel hombre que la miraba por encima del hombro y siempre la insultaba en público. Callaba y no se le oyó jamás una mala palabra ni una queja hacia Jaime, compañero de Aleida. Ella lo justificaba ante su familia y amigos, y decía que “esa era su forma de ser, pero que él la amaba y la cuidaba”. Se quedó huérfana muy joven y conoció a Jaime que le prometió velar por ella, y se enamoró de él como una colegiala. No había conocido el amor, él la acaparó y la separó de todo su entorno familiar. Su hermana Amanda intentó advertirla, pero ella solo veía por los ojos de Jaime y se recluyó en la casa del río, prohibiendo este que saliera de allí y que visitara a su hermana y a sus amigas que pronto se dieron cuenta que Jaime era un maltratador al menos psicológico, por haberla apartado de la gente que la quería. Aleida enmudecía y aguantaba todo lo que él le hacía, solo escribía a escondidas, y narraba en su libreta secreta las muestras de celos de su amado Jaime. Un día él le encontró la libreta y enrojeció de ira; estuvo más de una semana sin salir a comprar el pan, para no mostrar las heridas. La panadera avisó a su hermana porque le extrañó, pero cuando Amanda se acercó a la casa del río, Aleida no le abrió la puerta por temor a Jaime, y para que no la viera con las lesiones en la cara, no quería que su hermana se alarmara. Amanda no se quedó tranquila y acudió a los servicios sociales y a la policía para denunciar la situación de su hermana. Cuando entraron en la casa y la vieron la sorpresa fue casi esperada, apenas se tenía en pie; la sacaron casi en camilla y la llevaron al hospital. Estaba herida, desnutrida y ajada, debido al mal trato continuado al que había sido sometida. La policía inquirió a Jaime y se lo llevó detenido. Aleida estuvo ingresada, y tuvo apoyo psicológico que le hizo ver que esa vida que llevaba no era por amor. “El amor es otra cosa” le decía la psicóloga. El apoyo del hospital y la diligencia de su hermana la salvó de una muerte casi segura a manos de un desaprensivo maltratador, que la sometía a todo tipo de vejaciones. Aleida tuvo la suerte de tener personas que la ayudaron a salir del abismo y, un horizonte de esperanza se presentó en su camino. Tras el alta médica comenzó una nueva vida junto a su hermana Amanda. ©

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