ISA HDEZ

Sentada en el sofá del salón, abstraída y como sin querer, se le fue la mirada y la fijó en aquel retrato que presidía la mesita de cristal, sobre el tapete de ganchillo que parecía como un encaje blanco que cubría de lado a lado la mesa. En el centro había una pequeña maceta con una palmera y unas figuritas de cristal de bohemia. En el extremo, presidiendo, estaba la foto enmarcada en el porta foto de marco negro con filo dorado; destacaba entre los demás adornos. Sus ojos color cerveza la miraban fijo y hasta le pareció ver la luz brillante que reverberaba de su corazón y resaltaba en su mirada el recuerdo de cada vez que bromeaba o le decía alguna carantoña. Su boca entreabierta esbozada una sonrisa como si deseara decirle lo mucho que la amaba, como tantas veces lo hacía y ella se derretía al oírlo porque sentía que era de verdad y que nadie podía quererla como lo hacía él, con su gracia, ternura y sinceridad que conseguía que ella lo creyera con certeza y despejara todas sus dudas. Su mente recordó la felicidad de aquel tiempo, como si fuera un sueño. Lo miró largo rato y no se dio cuenta que solo era el retrato que estaba frente a ella sobre la mesita de cristal. No advirtió que su mente parecía como desvanecida. ©

Un comentario sobre “El retrato

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