MOISÉS ESTÉVEZ

  • ¿Disfrutando del paisaje? –
    Aquel desconocido individuo que se había convertido en su sombra, no
    pudo más que sorprenderse. Lo habían descubierto.
  • Tranquilo. No te levantes y deja que te invite a un café, y si te parece
    bien me cuentas el por qué de la vigilancia a la que me estás sometiendo. –
  • ¿Desde cuándo lo sabes? –
  • Desde hace varios días. No estaba seguro, pero al verte aquí en
    Sevilla…-
    En la Alameda de Hércules, en un local que tenía dispuestas apenas
    tres mesas en la plaza, una plaza que a esa hora tomaba unos agradables
    rayos de sol, que más tarde se convertirían en insoportables, ambos sicarios
    compartieron café, pensamientos y algunas palabras…

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