SUSPHYRIA


Suspirar de placer…
Tener sexo salvaje…
Arder como en el infierno
Alcanzar los límites del infinito…
Hedonysm…éxtasis en estado puro.

Llevo varias noches soñado con una mujer, pero en ninguno de mis sueños alcanzo a ver su rostro.
Lleva un antifaz blanco, y los labios color sangre, pero nada más recuerdo eso. No sé quién es, no sé qué me pasa.
Cada vez que me voy a dormir aparece ella, me agarra la mano y me lleva por un túnel oscuro, iluminado a penas por candelabros, hasta que llegamos a una sala llena de gente, todos con antifaces igual que ella y oscuras capas.
Es como si me llamara, pero no sé si realmente es un sueño, o alguien me está haciendo algún tipo de magia o manipulando mi mente.
Todas las noches me levanto sudado y mojado. Pero no por sudor precisamente…
En cada una de sus visitas a mi mente, ella me seduce con un baile que debería estar prohibido.
Cómo es posible que apenas rozándome yo me levante como si acabara de tener el sexo más salvaje de mi vida.
Decidí ir al psicólogo, quizás realmente me estuviese pasando algo de verdad.
-Cuénteme, que es lo que le preocupa exactamente.
Me dolía la cabeza, y no paraba de sentir una profunda llamada en mi interior, una voz que no auguraba nada bueno.
-Mire, sé que va a sonar como lo más normal del mundo, pero sueño con una mujer que no sé quién es.
– ¿Qué hace esta mujer en sus sueños exactamente?
Volví a sentir esa llamada profunda en la cabeza.
-Me llama, siempre me lleva por un pasillo hacia una sala donde hay más gente, todos llevan antifaces y largas capas sectarias.
-Bueno, los sueños suelen reflejar nuestros deseos más oscuros.
-Si, pero esto es casi real, me levanto todos los días mojado por…ella.
La psicóloga me miraba sonriendo, seguramente piense que estoy loco. Como adivinando mis pensamientos, se estiró hacia adelante y me tendió una tarjeta.
-Creo que debería visitar este grupo de apoyo para los adictos al sexo señor, quizás sufre de ninfomanía y ha creado una mujer ideal que satisfaga cada una de sus necesidades.
Abrió lentamente las piernas mientras hablaba, como en esa película en la que sale Sharon Stone, pues justo así. Creo que incluso atiné a ver unas bonitas bragas de encaje rosa.
– ¿Me está escuchando?
Sacudí la cabeza como alejando estos pensamientos lascivos y la miré.
-Puede que tenga razón, quizás sufra de ninfomanía.
Ella sonrió, no sé porque, pero tenía la sensación de que me estaba hipnotizando mientras me hablaba.
-Sólo está abierto por la noche, le aconsejo que se vista decentemente, los que frecuentan ese grupo son gente muy influyente.
Asentí. Cogí la tarjeta y leí el nombre.
– ¿Hedonysm?, más que un grupo de apoyo parece una especie de club sexual.
Volvió a sonreír, pero esta vez pude adivinar un cierto asomo de misterio y seducción, muy bien escondido tras esa faceta de profesional.
-Creímos que sería mejor poner un nombre para inspirar confianza en la gente.
-Bueno, puede ser. Le agradezco muchísimo su ayuda ¿señorita…?
-Llámame Leila.
Me tendió la mano y sentí la suavidad, ¿madre mía pero que me estaba pasando? No podía pensar de esa manera acerca de esa mujer.
Retiré la mano bruscamente y me dirigí hacia la salida.
Caminaba mirando absorto la tarjeta.
Hedonysm, seguro que me encontraría auténticos ninfómanos ahí, o gente que estaba peor que yo.
Sacudí la cabeza, esto era demasiado ridículo, en toda mi vida había follado con unas cinco mujeres, y todas eran novias con las que llevaba relaciones estables.
Yo nunca fui un adicto al sexo, siempre me consideré un tío simple, sin muchas expectativas en la vida.
Decidí dormir un rato hasta la hora de irme.
No entendí a que se refería con ir decentemente vestido, así que opté por mi traje negro de Armani y pedí un taxi.
Sentí una extraña inquietud en el estómago, como unas mariposas, y luego me alarmé pensando que quizás tendría que ir al baño.
El taxista sonrió cuando le tendí la tarjeta para ver la dirección.
-Es un grupo de apoyo sexual.
Su sonrisa se hizo más grande, creo que nunca pasé tanta vergüenza como en ese instante.
Las calles empezaban a cobrar vida, muchos iban de fiesta ya tambaleándose. Eso era Madrid, fiesta y alegría nocturna. No era de extrañar que pensaran que era el país de la fiesta, era como New York la ciudad que nunca duerme, pero en este caso refiriéndose a las famosas fiestas que atraía miles de turistas.
Llegamos a un pueblo cercano a las afueras de la ciudad. Al principio pensé que el taxista se equivocaba, que iba a hacer un grupo de apoyo en mitad de la nada.
Llegamos ante una enorme villa. Miré asombrado ante la majestuosidad y respeto que me infundía.
-Oiga, creo que se ha equivocado, esto no puede ser ni por asomo un grupo de apoyo.
El taxista me miró entornando los ojos.
-Señor, seguí la dirección que ponía en la tarjeta, y el GPS nos trajo hasta aquí.
Unos enormes guardias estaban en las puertas de hierro rojo, esto parecía un castillo gótico y sentí un escalofrío.
-Disculpe caballero, esto es una zona restringida y no puede parar aquí.
Me aclaré la garganta, pero mi voz sonó temblorosa.
– ¿Esto es el club de apoyo Hedonysm?
El guardia giró la cabeza para mirar a su compañero, ese le lanzó una sonrisa que hizo que mis temores aumentaran.
-Si señor, ¿tiene usted invitación?
– ¿Invitación?
-Sí, algo que indique que es miembro del club.
-Yo…, vengo por órdenes de mi psicóloga. No me dijo nada acerca de una invitación, sólo me dio esto. -le tendí la tarjeta y el guardia sonrió. Pero porque todo el mundo sonreía con esa tarjeta.
-Muy bien señor, acompáñeme.
No sabía si bajar o salir echando chispas.
Pague al taxista y bajé temblando, cualquiera diría que me daba miedo una enrome villa en medio de la nada.
-Tiene que ponerse su antifaz señor.
Me paré en seco.
– ¿Antifaz?
-Si, es un requerimiento obligatorio para poder entrar.
-Yo…, no tengo ningún antifaz.
El guardia hizo señas a su compañero y este desapareció tras la verja de hierro para después aparecer con una capa negra y un antifaz del mismo color.
-Póngase esto.
Obedecí y le seguí mientras nos internamos en la propiedad de aquella extensa villa.
Todo estaba decorado con antorchas que emitía destellos de luz dorada, pude ver algún que otro guardia, pero estos llevaban antifaces.
¿En dónde me estaba metiendo?
Llegamos a las puertas de la villa y apareció otro hombre.
-Bienvenido señor, su invitación.
Le tendí la tarjeta y este le lanzó una mirada a su compañero antes de fijar la vista en mí.
-Sígame caballero.
Le seguí al interior y quedé impresionado. Había hileras de túneles todos débilmente iluminados por antorchas. Era como si impidiese que los secretos saliesen a la luz, pero mostraban lo justo y necesario para no perderse.
-Espere aquí.
Me quedé en la entrada de un túnel temblando. No sé si de frio o de miedo.
Entonces sentí como mi corazón se aceleraba, la podría reconocer en cualquier parte del mundo, incluso con poca luz, destellaba como una estrella.
Empecé a sudar, venía hacía mi toda elegancia y erotismo.
Iba con el mismo antifaz blanco que en mis sueños. Y estaba completamente desnuda.
-Bienvenido al club Hedonysm. ¿Me permite acompañarlo?
Yo es que no se si conseguí decir una palabra, o simplemente balbuceé como un tonto.
Asentí con la cabeza y ella me agarro de la mano y empezó a llevarme por la entraña del túnel.
Sentí como las paredes vibraban, una música sensual y erótica se filtraba por cada poro de esa villa, y curiosamente mi ritmo cardíaco trataba de acompasarse con ella.
Llegamos a un enrome claro, en cuyo centro había gente con antifaces y capas. Todos me miraron sonriendo.
Ella mi situó en medio de la sala y empezó a moverse siguiendo los latidos de esa música.
Yo la miraba boquiabierto.
Un dorado triángulo de rizos distorsionaba toda aquella pureza angelical, revelando todos los pecados que podría cometer.
Sus pechos se movían jadeantes, tenía los pezones rígidos y pequeñas gotas de algo dorado bajaba sobre el valle de sus pechos hacía el ombligo.
Todos alrededor miraban con lascivia y deseo. No entendía nada.
Otras gotas de ese líquido dorado bajo hacia sus rizos, y vi como brillaban.
Ella jadeaba mientras no paraba de moverse como una gata, sensual y cargada de salvajismo.
Seguí el recorrido del pequeño chorro que salió de sus piernas y vi como bajaba por su muslo, entrelazándose como un brazalete.
De repente todos los presentes se quitaron la capa y varias mujeres y hombres aparecieron desnudos.
Sentí que dejaba de respirar. Varias mujeres se acercaron y empezaron a deslizar sus manos por todo mi cuerpo, abriendo mi traje y tirando de los pantalones para dejarme totalmente expuesto a sus caricias.
El resto de las presentes se sumergió en un tsunami sexual, era como una nueva tonalidad musical que te electrizaba los vellos corporales.
Algunos hombres se acercaron a ella y empezaron a tocarla. Vi como cerraba los ojos y lanzaba su cabeza hacía atrás mientras unos lamían esas exquisitas curvas y otros disfrutaban como locos chupando ese precioso líquido de su “uve”.
Quería ir hacía ella, pero estaba demasiado extasiado con todas las bocas que cubrían mi cuerpo.
Sentí una húmeda cavidad arropar la punta de mi pene, y un estremecimiento placentero recorrió mi cuerpo de arriba abajo.
Dejé que mi cabeza cayera hacia atrás mientras esa cavidad succionaba las gotas perladas que se asomaban en mi prepucio.
Vi como ella suspiraba, como acariciaba aquellas espadas que la acosaban. No tenía tiempo para satisfacer a todos puesto que una ola de intenso placer la recorrió dejando sus vellos más brillantes que antes.
Me miraba casi adormecida de deseo.
Traté de moverme hacía ella, pero sentí que estaba a punto de estallar en esa boca que pedía más.
Agarré el pelo de la chica, y empecé a follarle la boca mientras la miraba a ella.
La estaba quemando como hierro fundido, sentí que ella disfrutaba de lo que veía y vi cómo se agachaba para dar lentos lametazos a una polla.
Madre mía, me iba a correr, sentí como mis piernas se ponían rígidas.
Ella me sonreía mientras succionaba salvajemente el miembro erecto, el hombre la tenía agarrada por los pelos y empujaba hacía ella.
Sentí mi visión borrosa, y unas pequeñas gotas doradas me nublaron la vista.
Grité cuando un chorro caliente de lava salió disparado hacía la boca de la chica.
Y vi como el hombre llegaba a vez que yo, pero ella en vez de dejarle vaciarse en su boca lo saco y dejo que el perlado líquido le bañara el pecho, juntándose con las doradas gotas que cubrían su cuerpo.
Era la visión más sexy que he visto en mi vida.
Sacudí la cabeza aún incrédulo y de repente el escenario cambio.
Abrí los ojos y estaba en mi cama.
Otra vez no.

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