ROSA LIÑARES

Durante siete años habíamos acudido a nuestra cita de los viernes en el “Jazz Château”, aquel local situado en los límites de la ciudad, en la calle Amores –curioso y apropiado nombre- bajo el hotel Luz de Luna –que sonaba a motel de carretera- donde disfrutábamos de nuestra compañía lejos de miradas indiscretas.
Cada noche, dúos, tríos y cuartetos de jazz hacían las delicias de todos los presentes. Todos entendidos en ese estilo de música, menos nosotros dos. Nosotros no entendíamos de música, pero la vivíamos. Aquellos acordes eran la antesala de nuestra pasión. Y tras disfrutar la música durante una o dos horas, subíamos a (la ya) nuestra habitación a dar rienda suelta a nuestro deseo, movidos por aquel ritmo contagioso.
Hacer el amor a ritmo de jazz… Era nuestro secreto inconfesable. Durante siete años, como vidas tiene un gato, compartimos esa pasión sin que nadie en nuestro entorno fuese consciente de ello.
Consumimos todas las vidas del minino y el final fue mortal. Ojalá fuese una metáfora, pero no. La realidad me golpeó donde más me dolía. Y te llevó sin despedida.
Hoy me he acercado a la calle Amores. Ya no existe el hotel y en el local del bajo hay una tienda de artículos de segunda mano. He entrado, a pesar de que sabía que nada iba a encontrar allí que me recordase a ti. Ya nada existía. Tú no existías. Con los ojos vidriosos recorrí las paredes, ahora mal pintadas y sin pizca de glamour. En la radio sonaba una canción de reguetón y sentí náuseas. Paseé lentamente por el local hasta que lo vi. Al fondo, en un rincón, un viejo piano. Lo conocía. Lo había visto tantas veces… Casi podía escucharlo.
Le pregunté al dependiente cuánto costaba. Lo vendía muy barato. Me dijo que se lo dejaron allí los anteriores inquilinos del local; era un club de jazz o algo así – me comentó a modo confidencia. Se lo compré. No sabía cómo lo metería en mi diminuto apartamento, pero me lo quedé. Me ofreció las señas de alguien que me lo podía
transportar. Le di las gracias. Le pagué. Esta tarde me lo traen. Ya no te echaré tanto de menos.
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