ALMUTAMID

Me desperté con las primeras luces del día. Había dormido bien. Abrí los ojos y me encontré con la carita de Marta mirándome.

-Que a gusto dormías…-me dijo iluminando aún más la mañana con su sonrisa.

Sonreí y me arrimé a ella. Ella pasó una pierna por encima de mi cuerpo tropezando con mi tienda de campaña.

-¿Siempre te despiertas tan activo?
-Especialmente cuando duermo con una niña tan bonita…
-Una pena que tengamos que irnos a clase porque se me ocurren varias cosas que hacer para que eso se relaje…
-Por ver qué cositas se te ocurren me perdería toda la mañana de clases…

Marta me sonrió. Pasó la pierna que rozaba mi bulto hasta el otro lado de mi cuerpo sentándose encima. Yo sin dudarlo puse mis manos en sus muslos desnudos confiando en que tendríamos un rollete mañanero. Me besó en los labios y se salió de la cama.

-Arriba campeón, que tenemos clase…

Se fue al baño recolocándose la camiseta después de haberme regalado una vista estupenda de su culito en las bragas blancas. Regresó y yo ya me había vestido. Fui al baño pero estaba ocupado por una de sus compañeras. Regresé al dormitorio y al entrar pillé a Marta vistiéndose. Se había puesto un sujetadorcito gris y se estaba terminando de abrochar el pantalón. Era la primera vez que veía su barriguita con un pequeño piercing en el ombligo y sus pechitos aprisionados por la prenda interior.

Me acerqué a ella y puse mi dedo en el minúsculo piercing.

-No sabía que tenías uno…-le dije.
-Sólo se me ve en verano. ¿te gusta?
-Me encanta.

Me agaché para verlo mejor e intentar besarlo pero Marta se puso una camiseta metiéndome prisa. Me fui al baño de nuevo que ya estaba libre. Meé, me lavé la cara y me enjuagué los dientes con un poco de pasta que había junto al lavabo y regresé al dormitorio. Teníamos que pasar por la residencia para coger mi mochila con libros, ordenador y apuntes.

Marta prefirió esperarme fuera de la residencia. Subí rápido para cambiar el macuto de deporte por la mochila de clases. Óscar me preguntó que donde había dormido y la dije tranquilamente que en casa de una amiga. Me miró con sonrisita cómplice. Para que explicarle que el único sexo que había tenido era cuando “su” Marina me la había mamado en el baño del bar.

No ví a ninguno de mis amigos y Marta y yo nos fuimos a la facultad. Como me llegaba apenas por encima del hombro me resultaba muy cómodo andar con ella pasándole mi brazo por detrás de los suyos. Así llegamos a clase, con muestras evidentes de ser pareja y sin que ninguno quisiera ocultarlo. Saludé a María y le dije que nos veíamos para desayunar, pero me senté con Marta más atrás en la clase.

María se excusó en el desayuno con que tenía que hacer algo con Teresa y Chusa pero quedamos en comer juntos como siempre. Así que tomamos café con otras compañeras que evidentemente nos preguntaron si estábamos juntos y lo comunicamos con naturalidad. Ya era oficial y no sospechas. Marta y Luis eran pareja.

Al terminar las clases Marta se fue a su piso y yo me fui con María a almorzar. Aparentaba normalidad y eso me tranquilizó. Hasta que nos sentamos en la mesa ya con la bandeja de comida delante:

-Conque estáis saliendo Marta y tú…-comentó como si nada.

Me puse tenso. No sabía por donde me iba a salir.

-Sí-comenté.-Anoche empezamos a salir.
-Me dijiste que no había nada entre vosotros.
-Y no lo había…
-Pero ahora estáis saliendo…-insistió.
-Sí, María. Nos hemos ido gustando y vamos a probar.
-¿Ya te la has follado?

Esa pregunta de María me descolocó. No era su forma normal de hablar. Era una clara muestra de que estaba enfadada o dolida.

-No. No me la he follado. Ni ella a mí tampoco. No hemos tenido sexo si tanto te preocupa pero seguramente lo tendremos, como las parejas normales.-contesté molesto.
-Si no te la follas le diré que vas a durar poco con ella…-dijo con desdén.
-Eso es injusto y es mentira María.-respondí ya enfadado.-No lo hemos hecho pero nos besamos, nos abrazamos, nos acariciamos, podemos ir de la mano en público…podemos decirle a todo el mundo que estamos juntos.
-Pero tú me engañaste, Luis- ahora ella me miraba con odio- Me dijiste que no te importaba llevar lo nuestro de forma oculta.
-No María. Te dije que no me importaba ocultarlo en público, pero tú ni en público ni en privado. Desde que empezamos a salir me evitaste. Como si ya tuvieras tu premio y lo demás te diera igual. Ni un beso a escondidas, ni enrollarnos en tu casa, nada…sólo sentirte que yo era tuyo y de nadie más pero sin nada a cambio.

María bajó la cabeza sopesando mis palabras.

-Tu problema siempre ha sido el sexo Luis- me sorprendió su respuesta- y la culpa fue mía. Te di demasiado con los masajes y te mal acostumbraste. Sólo querías estar conmigo para que la meneara.

No me creía su lenguaje. Parecía otra.

-Pues sí María. Me aproveché. Me gustaba que me tocaras. ¿A quién no? Pero resulta que empezamos a salir y justo cuando tenías que tocarme dejaste de hacerlo. Aclárate, coño. Tenemos 19 años. Somos adultos. No dependemos de lo que digan papá o mamá para tener novio o querer a alguien. Con 13 años funciona lo tuyo, con 19 no, Y no por lo que estás pensando de que si me puedo follar a otra para qué estar contigo. Es una cuestión de sentirte bien, de tener a quien abrazar, darle un beso, contarle tus cosas y si se tercia acostarse juntos. Te quiero mucho y me duele que esto te lo tomes así pero hasta que no madures no puedes plantearte una relación con nadie.

María se quedó en silencio tras mi riña y vi como caían unas lágrimas por su mejilla. Inmediatamente me levanté para consolarla pero me rechazó. No quería mi abrazo. De hecho se levantó y me dijo:

-Luis. Te entiendo. Pero es que yo no puedo…pero me has hecho mucho daño. Ya veremos que pasa cuando acabemos el trabajo que nos falta pero tenerte cerca me hace daño. Adios…

Y se fue rápidamente dejándome sentado en el comedor con cara de preocupación. Me dolía su actitud y creo que fui sincero con mis explicaciones. Ojalá el tiempo curara su dolor o al menos la hiciera madurar en sus relaciones con los chicos…hasta pensé que sería bueno que me odiara y se enamorara de alguien mejor que yo que no había sabido tratarla como ella esperaba.

A pesar de la pena que me había dado discutir con María no estaba dispuesto a que eso empañara mi relación con Marta. Era viernes y a pesar de la cercanía de los exámenes quería pasármelo bien. Marta y yo acordamos por teléfono salir el viernes y descansar el sábado para empezar ya a estudiar los primeros exámenes. Así que dediqué la tarde del viernes a ordenar los apuntes que ya tenía completos, especialmente los de las asignaturas de las que me iba a examinar antes.

La universidad preveía dos tandas de exámenes, cuatrimestrales y finales. Yo decidí presentarme de los cuatrimestrales de aquellas asignaturas que llevaba bien al día y jugarme las demás a los finales. De ese modo conseguí separar los exámenes a uno semanal aunque prolongando la temporada de exámenes hasta final de junio. Me quedaba un trabajo para entregar a medias con María que era el que yo había ido adelantando durante la feria.

Incapaz de hacer nada solo me gustaba estudiar acompañado aunque fuera de materias distintas, así que la tarde del viernes la pasé en la habitación de Claudia sentado en el suelo organizando apuntes y comprobando fechas mientras ella hacía algo parecido de Anatomía, Fisiología, Biología… y todas las “…ías” que estudian los médicos en su primera año de carrera. Aunque agobiada reconocía que se relajaba mejor en compañía.

Aquella residencia era una fuente de calor inagotable. Al calor de la calefacción aquel mes de mayo le sucedió la mala ventilación de las habitaciones de modo que para refrescarlas había que abrir las puertas, algo bastante incómodo si se pretende estudiar en silencio. Así que la opción era tirarse al suelo y ropa fresca. El atuendo veraniego seguía siendo el más común en la residencia pero ya sin pasar frío en los pasillos.
Claudia ya había rescatado sus camisetitas de tirantas, aquellas que tanto me habían marcado a principio de curso al marcar sus pechos puntiagudos desnudos bajo la tela, y yo dada la confianza me quitaba o me ponía la camiseta según tuviera más o menos calor. En un descanso Claudia se giró y me preguntó por María:

-¿Qué tal tu rubia?
-Está enfadada conmigo…-le dije.
-¿Y eso? ¿Se ha enterado lo de la novieta que tenías?
-No. Me ha visto aparecer de la mano de Marta…-respondí.
-¿Estáis saliendo?-preguntó extrañada.
-Sí, desde ayer…
-Qué calladito te lo tenías, Casanova. A rey muerto, rey puesto, ¿ehn bribón?
-No sé, Claudia. Ha ido surgiendo y me gusta.
-No la recuerdo bien, Luis, descríbemela.
-Pues es bajita, muy delgadita y morena. Morenita de piel, con los ojos marrones. No sé qué más decirte, jajaja.
-Huy, Luisito, se te cae la baba por la niña. Anda déjame que te felicite.

Nos levantamos y nos abrazamos mientras Claudia me daba la enhorabuena. No puedo engañaros si os digo que al sentir sus pechitos pequeños y duros clavarse en mi pecho desnudo sólo separados por la fina tela de su camiseta me estremeció. Bueno, me estremeció a mí y a mi amigo el de la entrepierna, pero Claudia era agua pasada e imposible por mucho que me hubiera atraído y sin duda seguía haciendo por su personalidad y belleza. Pero agua pasada no mueve molino aunque cuerpo pegado despierte polla.

Nos separamos y Claudia empezó a pedirme detalles. Lo típico, quien se había declarado, quien iba detrás de quien en un principio y esas cosas que a las chicas les gusta saber. Saciada su curiosidad volvimos al estudio hasta la hora de cenar. Bajamos y a Claudia le faltó tiempo para contárselo a Víctor, que se lamentó de no poder salir los 5 por tener que estudiar. Pero propuso juntarnos cuando termináramos los exámenes, y se le ocurrió decir:

-Bueno, Claudia tienes que buscarte un maromo para no quedarte descolgada, jajaja.
-No estoy para eso ahora, pero este verano si salgo limpia me tengo que dar un festín con un morenazo, jajaja.
-¿Alguno en concreto?-pregunté.
-Tenía uno en mente, pero creo que está pillado.-respondió.
-¿Alguno de tu pueblo o de la facultad?
-Uno de por aquí, pero para qué dar detalles si creo que no va a ser…aparte, niños. Que para salir de marcha y corrernos una juerga me sobra un novio. Lo único que os pido es que no os pongáis a liaros delante de mí dejándome a dos velas…
-Únete…-le dije guiñándole un ojo.
-Luisito, Luisito, eso quisieras tú montante una orgía, jajaja. No, niños, que no me va lo boyo. Yo cuando tengo a un tío lo quiero solito para mí, jajaja. Que desde que sé anatomía se me ocurren unas cosas, jajaja.

Así terminamos la conversación y yo me fui a duchar para ir a buscar a Marta.

Llegué a casa de Marta pero bajó a buscarme al portal. Nos tocaba comprar comida y bebida para la cena y después saldríamos. Le comenté que se me haría tarde para volver a la residencia y me preguntó si no quería dormir con ella. Se me iluminó la cara. Pero para darle más contenido sexual le dije:

-No traigo ropa para dormir…
-Me encantas en calzoncillo…-respondió con sonrisa juguetona.
-Vale…pero sólo si tú duermes como yo…
-¿Me quieres ver las tetitas?-preguntó.
-No, te quiero ver todo…

Me sonrió y me dio un pico en la boca para salir andando hacia un supermercado cercano. Regresamos al piso y como en la anterior ocasión en que estuve cenamos las tres chicas del piso y los dos novios, pero a diferencia de aquella vez al rato Silvia y Marta fueron a ducharse y vestirse para salir mientras yo me quedaba charlando con los dos estudiantes de derecho. A la media hora apareció Silvia. A pesar de estar un poco entrada en carnes sabía arreglarse de forma que lucía bastante con colores oscuros y ropa poco ajustada salvo en el pecho, donde le gustaba presumir de un buen canalillo apretado entre sus tetas.

Por fin llegó Marta. Venía preciosa con un vestido ajustado de flores sobre fondo negro, falda a medio muslo y un escote en pico. Además se había maquillado un poco resaltando sus grandes ojos y sus labios. Todo con grandes tacones para ganar altura. Nada más verla la piropeé diciendo:

-Mejor nos quedamos en casa porque voy a tener que pelearme con todos los buitres que van a querer quitarme a esta preciosidad…

A Marta se le encendieron las mejillas. Le gustaban mis piropos y yo estaba rápido a contentarla. La verdad es que estaba enchochandome con esta niña. Me ganaba su naturalidad, su picardía, su aparente debilidad al ser tan menuda pero a la vez con un carácter decidido. Me sentía feliz de haber dado con ella después de mis despropósitos con Viqui y María. Y en ese momento estaba metido en una bola que sólo me hacía verla y disfrutarla. Y no siquiera nos habíamos acostado…

Salimos de marcha con el grupo del equipo de fútbol mucho más relajado que la noche anterior y lo pasamos bien bailando, haciendo el tonto y charlando en distintos locales de marcha. A las 3 de la mañana había que ir ya de discoteca o a casa así que a la puerta ya cerrada del último pub nos quedamos debatiendo. Yo tenía en mente mi noche con Marta y le dije al oído:

-¿Quieres seguir bailando o nos vamos a casa?
-¿Estás cansado?-me preguntó.
-No…pero estoy impaciente…

Me sonrió y hablando en alto dijo:

-Gente, nosotros nos vamos ya que estamos cansadetes…
-Que lo paséis bien-dijo Silvia guiñándonos un ojo- yo me quedo un rato más de marcha.

Marta se puso colorada pero nos despedimos y tomamos el camino de su casa abrazada ella a mi cintura y mi brazo sobre su hombro. Tenía en mis pelotas ese cosquilleo que me entraba cuando sabía que iba a tener sexo a pesar de que íbamos charlando recordando las anécdotas de la noche.
Varias veces nos detuvimos para besarnos. Con sus tacones Marta me llegaba por la nariz y me resultaba muy cómodo besarla sujetándola por la cintura para pegarla a mi cuerpo. Por fin llegamos al portal y la abracé por la espalda pegando mi paquete a su culo mientras intentaba abrir la puerta, escena que se repitió al llegar a la puerta del piso.

-Ya estás como por las mañanas-me dijo mientras intentaba acertar con la cerradura.
-Y otra vez por la misma causa…

Entramos intentando no hacer ruido hasta su habitación donde empezamos a besarnos. Mi erección ya era evidente. Marta se soltó un momento:

-Luis, necesito hacer pipí, me meo…jajaja. Vete poniéndote cómodo que tardo nada.

Me empecé a desnudar quedándome en calzoncillos. Cuando Marta regresó me pilló de espaldas doblando la ropa en la silla.

-Vaya culito, jajaja-dijo cerrando la puerta.
-¿Te gusta?-respondí sacándolo hacia atrás.
-Me encanta, jajaja.-dijo dándome un cate en la nalga.
-Me muero de ganas por ver yo tu culito…

Marta me sonrió pero apagó la luz del dormitorio. Mientras mis ojos se acomodaban a la escasa luz que entraba desde la calle la sentí acercarse a mí. Una vez pegada a mí me besó un instante e inmediatamente pude ver en la penumbra como se sacaba el vestido por la cabeza y se soltaba el pelo. De nuevo se acercó a mí y me abrazó pegándose nuestras pieles en la barriga y piernas. Bajé la cabeza para besarla, pero sin tacones me quedaba muy bajita obligándome a encorvarme. Pude pasar mis manos por su espalda. Ella debía sentir perfectamente mi polla pegada a su ombligo. Entonces la cogí de sus manos y dije hablando suave:

-Me muero de ganas por hacerte el amor…

Nos besamos largo rato allí de pie en medio del dormitorio. Ninguno se atrevía con sus manos a tocar más allá de la espalda del otro. Yo llevaba un rato deseando quitarle el sujetador pero no me era capaz de lanzar mis manos al broche. Varias veces pasé la mano tocando la tirante o el broche pero no me atrevía ni a soltarlo o pasar mi mano hacia adelante para tocar sus pechos dentro del sujetador.

Marta parecía pasar por la misma tesitura acariciando mi espalda rozando en ocasiones el elástico de mis boxers pero sin sobarme el culo o intentar quitármelos. Pero entonces se separó de mí y echando su brazo atrás con esa habilidad femenina para soltar enganches soltó el sujetador. La luz me dejaba adivinar su forma pero no los veía con claridad. Apenas distinguí la aureola pero cuando volvió a pegarse a mí para besarnos de nuevo sentí como sus pezones muy duros y prominentes se clavaban en la piel de mi abdomen erizándome la piel.

Mi reacción fue un cambio en el ritmo de mi respiración e inmediatamente subir mi mano por su costado esperando que no la detuviera hasta poder alcanzar su pecho. Afortunadamente no ocurrió y pude tocar su pezón durísimo y seguramente sensible pues suspiró al sentir mi mano. No sé por qué tuve un flash y mi imaginé que así serían las tetas de Claudia, igualmente pequeñas y puntiagudas.

El primer paso estaba dado así que me agaché poniéndome de rodillas delante de Marta. Al levantar la cabeza mi cuerpo dejó de hacer sombra y pude ver mejor sus pechitos hermosos con sus pezones desafiando la gravedad. Quedaban a la altura de mi frente. Tomé su cintura y la acerqué mi cara a su vientre rozando con mi cabeza sus pechos y besé su estómago. Si diafragma subía y bajada por su agitación. Subí mi mano a su vientre y me encontré con su piercing, lo rocé con mi dedo. Su vientre se agitaba. Lamí su ombligo. Mi intención al ponerme de rodillas en realidad había sido chuparle los pechos pero me creí más alto de lo que realmente era y no llegaba con mi boca a sus pezones por lo que tuve otro arrebato de romanticismo y estando aun de rodillas la tomé por sus piernas y espalda y levantándome la cogí en brazos. No se lo esperaba y le dio risa, pero aprovechándome de su poco peso me giré hasta depositarla en la cama con cuidado. Una vez tumbada en la cama me coloqué sobre ella abriendo sus piernas con mis rodillas y bajé mi cara para besarla de nuevo bajando mi cuerpo poco a poco a la vez hasta que mi calzoncillo rozó sus bragas, eso sí obligándome a doblar el cuello por la diferencia de altura.

Cuando Marta sintió mi cuerpo sobre el suyo exhaló el aire de sus pulmones mientras me besaba. Lancé mi ataque. Besé su mejilla, su cuello y me resbalé entre sus piernas para dejar mi cara a la altura de sus pechos, ya por fin serían míos. Lamí uno de sus pezones enormes y duros y Marta gimió. Eran muy sensibles. Ahora entendía por qué a pesar de tener pechos pequeños siempre usaba sujetador. Sus pezones se debían marcar en la ropa mucho más que los de Claudia e incluso el roce de la tela la debía excitar comprobando como se retorcía de placer con mi lengua lamiendo sus pechos. Ni que contar cuando mis labios se apoderaron de uno de ellos succionando. Sus manos apretaban mi cabeza recordándome la reacción de Viqui cuando le comía el coño. Era tanto el placer que parecía provocarle que me entretuve un buen rato disfrutando de sus pechos como ella parecía hacerlo de mi boca viendo como se retorcía y gemía debajo de mi cuerpo moviendo sus piernas a ambos lados de mi cuerpo.
Era sorprendente como se agitaba y gemía con mis atenciones a sus pechos totalmente babeados por mí disfrutando de su placer. Pero quise continuar y me dejé resbalar hasta su ombligo hundiendo mi lengua en él y jugando con el pequeño piercing mientras su vientre subía y bajaba al ritmo de su respiración. Así llegué hasta sus bragas y sin preámbulos se las quité. Ante mis ojos en la tenue luz de la habitación apareció un triángulo perfectamente recortado de vello aparentemente áspero. Pero Marta, como en su día hiciera Viqui inmediatamente juntó sus piernas escondiendo su raja y dejándome disfrutar sólo de su pubis. Quise abrírselas pero se resistió a descubrirme su chochito. Hasta que no volví mi cara hasta la altura de la suya no se relajó dejando que me cuerpo se encajara de nuevo entre sus piernas.

-Déjame que te chupé ahí abajo para darte más placer que en los pechos…-le dije al oído mientras acariciaba una teta.
-Me da vergüenza que metas tu carita ahí debajo, Luis. Es la primera vez que estamos desnudos.-respondió acariciando mi espalda.-Pero déjame a mí.

Me empujó para que me tumbara boca arriba y poniéndose de rodillas a mi lado cogió el elástico de mi calzoncillo para quitármelo mientras yo cogí su culo desnudo por primera vez para mí. Mi polla saltó fuera y Viqui respondió con una risita mientras terminaba de sacarme los boxers por las piernas. Después siguiendo de rodillas a mi lado la agarró levantándola mientras me decía:

-Luis, Luis…que secretito tenías guardado…-su mano descubrió mi glande bajando mi prepucio- ummms Luis, Luis qué rico estás…

No sé si es algo que las chicas hacen cuando ven nuestra polla como piropo o forma de ponernos más cachondos pero ya me había pasado con Marina y Marta. Empezaba a creerme que estaba bien dotado a pesar de mis complejos con Óscar en las duchas de la residencia. Pero volviendo al relato ahora ya venido arriba del todo con los halagos de Marta, admito que mi polla en su manita tan pequeña se veía enorme, y le dije:

-Ahora es tuya para que hagas lo que quieras…
-¿Lo que quiera?-preguntó con voz mimosa mientras me pajeaba suave.
-Lo que más te guste…

Para animarla a dar cualquier paso la mano que jugaba con su culo intentó colarse entre sus nalgas y talones para llegar a su raja. Lo consiguió topándome con sus labios muy abiertos y mojados ya. El placer de mi boca en sus pechos o el calentón de tocármela la tenían totalmente empapada. O todo. De nuevo los gemiditos que daba cuando le chupaba los pezones. Se relajó dejando como mi dedo hurgara en su coño hasta encontrar su botoncito. Echó la cabeza atrás y se abandonó al placer de mi mano sin dejar de meneármela. Estaba verdaderamente disfrutando de mi mano así que empujé mi dedo hasta penetrarla lanzando un profundo “mmmmmm”.

-Ainsss, Luis….me matas de gusto…-decía acelerando la paja mientras mi dedo se hundía en sus entrañas.

Entonces sin esperármelo se echó hacia adelante y empezó a lamer mi glande siendo yo el que gemí.

-Marta…eso no me lo esperaba…
-Te dije que si entras en mi cama es para darte todo…

Y con un extraño sonido gutural empezó a tragarse mi polla casi entera. No me imaginaba como podía entrar tan profundo en una cabecita tan pequeña. Era un placer extraño sintiendo la estrechez de su garganta apretando mi glande. Así un instante para luego detenerse.

-Ahrg, Marta, qué rico…

Repitió la operación de sacarse mi polla de la boca apretando mucho con los labios para metérsela de nuevo despacio pero muy adentro. Yo gemía al sentir el roce de mi polla dentro de su boca y garganta y apretaba con mi dedo en su coño. Marta gemía con mi nabo en su boca y más me hacía disfrutar cuando de golpe a la cuarta o quinta vez que se tragaba mi miembro empezó a temblar con un largo “mmmmmmmmmm”.

Se había corrido comiéndome la polla…

Marta fue soltando mi polla de su boca tras dejármela babeada y con mis pelotas empapadas y fue recuperando su postura de rodillas a mi lado mientras yo ya no estimulaba su coño y acariciaba su espalda. Aún seguía temblando y en cierto sentido me tenía conmovido su orgasmo tan temprano mientras me daba placer a mí. Bueno, era mutuo pero yo tenía la sensación de que su mamada era más placentera para mí que la masturbación de mi mano en su entrepierna.

Al ser tan manejable me resultó fácil tirar de ella para tumbarla junto a mí abrazándola y besando su cara y cuello mientras su respiración empezaba a acompasarse y su temblor cesaba. ¿Podía ser tan intenso su orgasmo?

Apretándola a mi cuerpo, muy caliente en ese momento, su cuerpo se estremecía en escalofríos hasta que empezó a serenarse. Entonces le dije sorprendido:

-Guau, niña…esto no me lo esperaba…

Pero ello no entendió que me refería a su orgasmo y me respondió:

-Ufff, Luis, es que la tienes más grande que mi ex…jajaja, casi me ahogo. ¿Tendrás cuidadito?
-Por nada del mundo querría hacerte daño…-respondí girándome para retomar los besos y abrazos con nuestros cuerpos pegados.

Yo estaba ansioso por metérsela y rápidamente le dije que iba a por un condón. Pero Marta me detuvo. Pensé que esa noche no follaba. Tampoco iba a ser una tragedia. En Navidad creía que acababa virgen el curso y en dos meses había follado con dos chicas, aunque lo de Marina tuviera poca importancia para mí. Pero con Viqui no follaba desde final de febrero y ya empezaba a tener prisa a pesar de no atosigar a Marta. Pero viendo la fogosidad de Marta merecía la pena esperar. Entonces me descolocó una pregunta suya:

-¿Hace mucho que no te acuestas con nadie?
-Meses…-esta vez no mentí, dos meses y medio exactamente.
-¿Y siempre lo haces con condón?
-Nunca me han dejado hacerlo a pelo…-mentí a medias, porque Viqui no me dejó, fui yo aprovechando una calentura.
-Verás Luis, es que yo tomo la píldora anticonceptiva por unas historias hormonales de un tratamiento de crecimiento que me hicieron en la pubertad…

Me quedé igual así que Marta terminó:

-…si no me pegas nada, podemos hacerlo a pelo…

¡No me lo podía creer¡ ¡Esto era un chollo¡ ¡Una novia para follar a pelo y sin riesgo de otro susto como el de Viqui¡

Con cierta sorna le dije volviéndome hacia ella para vernos de frente:

-Si tenía algo me lo has limpiado del todo…

Me golpeó el pecho con la mano mientras adivinaba su sonrisa en la penumbra del dormitorio y sentí su mano en mi polla acariciándome.

-Sigue muy dura…-me dijo.
-Ya te lo he dicho, contigo pegaditos y si encima me la tocas…ya ni te cuento…

Retomamos los besos y no perdí ocasión de volver con mi mano a su culo y buscar de nuevo su raja. Seguía empapada y se lo hice notar…

-Y tú sigues mojadita…
-Lo mismo te digo…

Inmediatamente me posicioné sobre ella abriéndome paso entre sus piernas e intenté dirigir mi nabo tieso a la entrada de su coño, pero mi inexperiencia aun me hacía fallar cuando apuntaba. Tuvo que ser Viqui la que dirigiera con su mano mi torpedo a su lanzadera. Sentí de inmediato su calor en mi glande, su humedad y como resbalaba hacia su interior, pero antes de que pudiera empujar con mis caderas Marta me advirtió:
-Ten cuidado, que tu polla es muy grande y mi chochito pequeñito…

Sus palabras me excitaron aún más si cabe y dejé deslizarse lentamente mi mástil abriéndose paso en un coñito verdaderamente más apretado que los dos que había disfrutado hasta entonces en mi vida.

-Despacio…despacio…-me pidió Marta- deja que se acostumbre…

Fui haciendo ligeros empujoncitos y paradas hasta que sentir como nuestros pubis se unían. Había entrado entera. Me quedé quieto mientras nos besábamos y sus piernas rodeaban mi espalda para sentir con más profundidad la penetración. Jamás había sentido, aunque claro, no tenía mucho donde comparar una vagina que me apretara y se ajustara a mi polla de aquella manera. Era increíble la sensación de ajuste y como mis pelotas colgaban en su culo. No podía dejar de experimentar aquella sensación mientras Marta apretaba mi espalda.

Empecé a moverme despacio. Era una sensación extraña. La única vez que había follado a pelo no había sentido las pieles apretadas como aquel día. Mi excitación era tremenda tanto que en dos mete y saca lentos y profundos empecé a correrme dentro de su coño entre gemidos agudos…

Me salí de ella algo avergonzado por la inmediatez de mi orgasmo. Sin embargo mi polla seguía dura de tanta excitación. Aun así tumbado a su lado mientras Marta cerraba las piernas para evitar que se saliera mi corrida me disculpé:

-No sé que me ha pasado, yo no suelo durar tan poco…
-Es normal, Luis. Si llevas mucho tiempo sin hacerlo. No pasa nada, yo ya me había corrido…
-Pero quiero que te corras conmigo dentro y sentirte…
-Espera, que se me sale, jijiji…

Marta se levantó y salió corriendo al baño por el pasillo. Yo mientras la esperaba en la cama tumbado algo desconcertado por lo que me acababa de pasar. En un par de minutos regresó cerrando la puerta con sigilo. Ahora con los ojos acostumbrados a la oscuridad y llegando la luz de las farolas de la calle hasta el otro extremo de la habitación sí pude ver su cuerpo desnudo mientras venía andando hacia la cama. Se veía perfectamente su silueta con la forma de su cintura y caderas, con sus dos pequeños pechos casi sin aureolas pero con grandes pezones muy marcados y el triángulo invertido de su pubis de vello muy negro y ensortijado a pesar de tenerlo muy recortadito. Por un momento recordé el chochito rasurado de Viqui y como ella me dejó comérselo. Pero ya no estaba con Viqui y Marta y yo estábamos descubriéndonos.
Se tumbó de nuevo en la cama y la recibí con el brazo abierto para que se recostara de nuevo en mí. Me besó y me dijo:

-Esas pelotas estaban muy cargaditas…no veas cuanto ha salido de dentro…
-Pero todavía me queda más…
-Pues habrá que comprobarlo…

Y sin esperármelo se montó encima de mí con la misma agilidad que aquella misma mañana. Pero esta vez no se salió por el lado contrario. Mi polla que ya no estaba dura empezó a crecer y llenarse de nuevo al sentir su cuerpo encima. Pero lo que hizo después es lo que ya terminó de excitarme. Acercó su mano a mi cara mientras con la otra se apoyaba en mi pecho. Pasó su dedo índice por mis labios. Los abrí y chupé su dedo que ella movía en mi boca como si fuese una pollita succionándolo y pasándole mi lengua. Entonces cuando sintió su dedo suficientemente babeado y mi polla dura bajo su culo, flexionó sus piernas separando su cuerpo del mío y pasó su dedo mojado por su rajita autoexcitándose ante mis ojos. Cuando creyó conveniente cogió mi polla y la dirigió a su coño pero esta vez controlando ella misma como iba entrando. Muy despacio iba bajando su culo deteniéndose de vez en cuando hasta que sentí como de nuevo como unos minutos antes mi polla había entrado completa en su vagina con la misma sensación de presión y calor.

Marta soltó el aire de los pulmones mientras yo posaba mis manos en sus caderas. Juntó sus dos manos en mi pecho y empezó a acariciarme mientras relajaba su coño. Me miraba y yo no podía dejar de ver sus ojos como dos luceros en medio de la oscuridad de la noche. Entonces inició un leve movimiento de cadera hacia adelante y atrás en el que la piel de mi polla de nuevo se rozaba con el interior de su coño provocándome las mismas sensaciones. Su movimiento era muy leve para todo el roce que me provocaba. Así que empecé a gemir. Eso la animó a moverse más de arriba abajo cabalgándome suavemente pero haciendo que casi medio nabo saliera y entrara en cada saltito. A partir de ahí mis gemidos roncos como una respiración muy profunda se acompasaron a unos grititos como de gatito que emitía Marta cada vez que se dejaba caer sobre mí.
Una de mis manos buscó sus pechos y me encontré de nuevo la dureza y sensibilidad de sus pezones. Quise aumentar su placer mientras ella cabalgaba sobre mí y levanté mi cuello para alcanzar con mi cabeza sus pechos. En cuanto conseguí atrapar uno con mi boca sus gemidos subieron de intensidad. Así que mientras ella engullía mi polla en su coño yo succionaba sus pezones indistintamente. Aunque cada vez me lo ponía más difícil al aumentar el ritmo al que me montaba. Marta estaba muy excitada y lo podía sentir. Yo no soltaba sus pechos y ella cada vez gemía más agudo hasta que se repitió el milagro tembloroso de su orgasmo que pude sentir perfectamente en las contracciones de la estrechez de su vagina y como dejó de cabalgarme estirando sus brazos contra mi pecho obligándome a soltar sus pezones. Se estremecía sobre mí mientras yo apretaba mis nalgas para seguir sintiendo su roce.

Marta tuvo un orgasmo muy prolongado para la experiencia que yo tenía pero al acabar a pesar de estar dentro de ella estaba como derrotada sin energía. Como era tan pequeñita la bajé de mí y la puse boca abajo. Era como un pequeño saco manejable en ese momento con dos brazos y dos piernas. Me eché sobre su espalda y dirigí mi polla a su coño que encontré con torpeza. Como me había pasado con Viqui el día que follamos en su casa tras el orgasmo Marta se quedó como ausente, se dejaba hacer sin más, de modo que no tuve dificultad para penetrarla desde atrás sin más obstáculo que mi poca habilidad. Conseguí meterla y libre de su peso empecé a follarla desde atrás. Ella tumbada boca abajo con las piernas abiertas y yo sobre ella empujando con mis caderas con tantas ganas que tuve que apoyar mis brazos como si estuviera haciendo flexiones para controlar la penetración. Esta vez sí sentí como me llegaba el orgasmo. No fue tan repentino y todas las sensaciones, cosquilleos, aceleración del pulso, presión en el pecho y vértigo en el estómago me hicieron anticipar los chorros de semen que mi polla lanzó dentro de su coño entre las pulsaciones de mi polla que clavé en Marta pata dejar mi semilla en ella, que de golpe empezó a temblar de nuevo, o al menos eso sentí yo al dejar caer mi peso sobre ella con su cuerpecillo atrapado bajo el mío.

Efectivamente mi corrida había hecho que su libido saltase de nuevo a un tercer orgasmo. Me quedé tumbado sobre ella sin sacar mi polla de su coño. Ambos aun palpitaban cuando sacando una voz ronca de debajo de su pelo me dijo:

-Sabía que eras un toro…

Me fui a mover para besarla pero casi me rogó:

-No la saques, déjala que estoy supersensible….

Nos quedamos así tumbados hasta que mi verga redujo tanto su tamaño que se salió sola, me eché a su lado. Nos besamos y Marta se abrazó a mí. En apenas unos minutos nos quedamos dormidos desnudos uno junto al otro y con su chocho lleno de mi semen.

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